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El pacto 18

[…] Abrí los ojos con la pesadez de quien ha pasado la noche en una vigilia de placer y tormento. Miré al techo un momento, reviviendo la maratón de imágenes que mis ojos habían devorado por la cámara en la alcoba de huéspedes. Al girarme, noté que el lado de la cama de Laura estaba vacío y todavía conservaba un rastro de calor. Un presentimiento, una mezcla de ansiedad y una adicción que ya no podía controlar, me obligó a buscar el celular en la mesa de noche.
Abrí la aplicación de la cámara espía y la imagen de la sala se encendió en mi pantalla. El corazón me dio un vuelco violento. Esteban estaba sentado en el sofá y Laura estaba montada sobre él, en un ritmo lento y tortuoso. La cámara captó en un primer plano obsceno el trasero de Laura; era hipnótico ver cómo apretaba y contraía las nalgas con una fuerza rítmica para hundir el miembro de Esteban cada vez más profundo mientras subía y bajaba con una parsimonia exasperante. Sentí una erección instantánea y violenta que me hizo apretar los dientes. "A esta flaquita ya no le da ni vergüenza que yo me despierte y pronto los pille en esas...", pensé, sintiendo cómo la rabia y el morbo se fundían en mi sangre.
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Por el micrófono de la cámara, la voz de Esteban sonó temblorosa, cargada de un miedo que solo alimentaba mi excitación: 
 Lau, esto es muy arriesgado... ¿y si Daniel se levanta y nos ve aquí en la sala?

Laura no se detuvo; lo miró con una chispa de descaro y le tomó la mano para levantarlo.
 Cálmese, vamos rápido al cuarto del lavadero le susurró con una complicidad que me rompió el alma y me encendió el cuerpo al mismo.

No pude evitarlo. Me levanté de la cama con movimientos felinos, descalzo y en silencio, siguiendo el rastro de su traición por el pasillo. Me detuve en el umbral del cuarto del lavadero, oculto en las sombras. La escena era aún más salvaje. Laura estaba de frente, montada sobre Esteban mientras en el piso ; era imposible no notar cómo sus pechos rebotaban con cada embate violento y cómo su rostro se contraía en una mueca de placer absoluto.

 ¡Eso, mi amor... hágale rápido, rápido antes de que mi Dani se levante, que tengo que ir a hacerle el desayuno a mi gordito! jadeó ella entre suspiros contenidos, usando ese apodo cariñoso mientras su cuerpo se entregaba al otro hombre.
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Me retiré a la alcoba antes de ser descubierto, con la respiración rota y la verga lateando con una frustración insoportable. Me eché en la cama y me masturbé con una rapidez desesperada, tratando de calmar el incendio que sentía en las entrañas, mientras esperaba el inevitable regreso de la normalidad
Cuando salí del cuarto, lo hice con la actuación de mi vida. Me desperezé y estiré los brazos, fingiendo un despertar lento y aburrido.
 ¡Laura!... ¡Mi amor, flaca! ¿Dónde estás? llamé con un tono de voz tierno y carente de sospecha.
La encontré en la cocina. Estaba en pijama, irradiando una luz de pureza que me resultó insultante. Se veía radiante, sonriente, preparando los huevos y el café como si no hubiera acabado de ser poseída en el lavadero. Esteban estaba sentado en el comedor, con la mirada baja y un sudor frío que intentaba disimular mientras bebía café. Laura se acercó a mí y me plantó un beso dulce en la boca. Sentí el rastro sutil de Esteban en su aliento, un sabor metálico y prohibido que me hizo querer gritar.
 Hola, mi vida, ya casi está el desayuno me dijo con una dulzura que me erizó la piel.
Comimos los tres en un silencio que yo llenaba con charlas triviales, mientras Esteban se despedía agradecido por la hospitalidad y se marchaba con la cabeza gacha.
La tarde transcurrió en una calma engañosa. Nos quedamos en el sofá viendo una película; Laura se recostó en mi pecho, mimosa, acariciándome el brazo con una atención que parecía real. Pero bajo la cobija, mi pulgar se movía frenéticamente sobre la pantalla del celular.
[CHAT PAOLA A DANIEL]: "Me alegra que te lo estés disfrutando, mi Dani. Por fin Laura se liberó de esa máscara de santa".
[CHAT DANIEL A PAOLA]: "Pao, me impresiona lo mucho que ha cambiado Laura... está desinhibida a un nivel que no me esperaba".
[CHAT PAOLA A DANIEL]: "Sí, Dani... mi amiga progresó harto. Tanto que yo creo que hay cosas que Laura ni a mí me muestra o me cuenta. Esa perra debe tener sus guardados ocultos".
Esa frase se clavó en mi mente como un puñal. La duda se convirtió en una obsesión asfixiante.
A la medianoche, cuando el silencio del apartamento era absoluto y la respiración de Laura se volvía pesada y rítmica por el sueño profundo, alcancé su celular en la mesa de noche. Con las manos temblorosas, lo desbloqueé y entré en el corazón de su mentira: la galería oculta, Telegram y los chats archivados. Lo que encontré no fue una traición; fue un imperio de infidelidad.

Primero apareció **Camilo**. Una carpeta llena de videos explícitos grabados en la oficina; Laura estaba subida en el escritorio, cabalgándolo con una furia que nunca me había mostrado, gritando su nombre mientras se desvivía en orgasmos frente a la cámara de su propio teléfono.
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Luego vino **Esteban**. La evidencia era abrumadora: una cadena de mensajes diarios llenos de promesas y besos, fotos en moteles donde ella le mostraba su culo en primer plano mientras él la rellenaba, y un audio sucio donde se escuchaba el sonido rítmico de sus cuerpos chocando: *¡Plap, plap, plap!*, mientras la voz de Laura decía entre gemidos: "Mi novio en el gimnasio y yo aquí haciendo cardio contigo...".
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El tercer hombre era un **desconocido**. No tenía nombre en mis contactos, pero su rastro era un desengreno: videos de sexo rápido y salvaje en un carro con vidrios polarizados, una urgencia animal que denotaba encuentros furtivos y sin escrúpulos.
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Y finalmente, el golpe de gracia: **Su exnovio**. Un historial interminable de chats que nunca se cerraron. Audios con murmullos de nostalgia por cómo lo hacían antes, fotos íntimas cruzadas y una vida paralela que se extendía por años, una relación secreta que yo nunca supe que seguía viva.
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El colapso mental fue instantáneo. Sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies. Entendí que yo no era el director de esta obra; yo era solo un espectador en una función que ella controlaba con una maestría terrorífica. Laura no era una mujer que se había dejado llevar; era una devoradora insaciable que había construido un mundo de carne y mentiras mientras yo dormía a su lado.

Con el celular iluminando mi rostro en la oscuridad total, mi mente se fracturó. Miré la foto de Laura dándole el culo a Esteban y luego giré la cabeza para verla dormir a mi lado, con esa cara de ángel inocente que ahora me resultaba la cosa más asquerosa del universo.
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El pánico y una excitación brutal y enferma chocaron en mi pecho. Me agarré la verga de piedra y me comí mi propia frustración, venciéndome salvajemente en silencio sobre las cobijas, mientras las lágrimas de rabia y el deseo de destrucción se mezclaban en mi interior.

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