El juego había dejado de ser una simple cacería para convertirse en una guerra de desgaste. Esteban era un muro de lealtad, pero yo sabía que hasta el muro más sólido tiene una grieta si sabes dónde presionar. Durante los primeros días, la batalla se libró en el terreno digital. Paola, mi cómplice y el motor de esta perversión, me reenviaba cada movimiento en tiempo real.
[CHAT LAURA A ESTEBAN]: Laura le envió una foto frente al espejo del baño. Estaba con un buso mío ver una nalga firme y pálida asomando por el borde. La curva de su cintura era una invitación al pecado. [CHAT ESTEBAN A LAURA]: "Lau, por el amor de Dios, borra eso... me vas a meter en un problema. Daniel es mi hermano, no puedo hacer esto". [CHAT LAURA A ESTEBAN]: "Tranquilo, Estebancito... si solo quiero que nos conozcamos muy a fondo. A un amigo no se le niega una miradita 😉".

Miraba la foto de mi novia en la pantalla del celular y sentía una excitación enferma. Ver cómo usaba ese cuerpo —mi cuerpo, el que yo poseía cada noche— para derretir la voluntad del "santo" era un afrodisíaco más potente que cualquier droga.
[CHAT PAOLA A DANIEL]: "Mire a su santico cómo se hace el rogado, mi Dani... pero tranquilo que esos son los que caen más sabroso. Laura lo tiene en la palma de la mano".
El Descenso al Abismo
La tensión escaló en las salidas furtivas que Laura organizaba mientras yo fingía estar en el gimnasio.
[AUDIO DE LAURA A PAOLA]: "Pao, no te imaginas lo que fue el cine. Nos sentamos en la última fila y me le pegué tanto que sentía su verga dura contra mi muslo. Le saqué unos besos que casi lo mato ahí mismo mientras él temblaba de los nervios. Está a un paso de romperse". [AUDIO DE PAOLA A LAURA]: "Síguelo apretando, mami, no le des respiro. Quiero que cuando se lo coma le quede doliendo el culo de tanto desearte".
El clímax de la tensión ocurrió días después en un parqueadero a oscuras. A través de los reportes de Paola, supe que Laura había acorralado a Esteban en el carro. Lo obligó a bajar el cierre y se lanzó sobre su miembro con una mamada agresiva y voraz. Pero el destino, o la ironía, intervino: una patrulla de policía se estacionó justo al lado, alumbrando el interior del vehículo con linternas potentes. Tuvieron que separarse en seco, asustados y con la respiración rota.
[AUDIO DE LAURA A PAOLA]: "¡Pao, nos cayó la policía! Estaba en lo mejor, mamándole esa verga tan sabrosa y nos tocó parar en seco. Quedamos los dos hirviendo... ¡necesito meterlo a una cama YA!". [CAPTURA DE ESTEBAN A LAURA]: "Me dejaste a medias, Laura... no sabes las ganas que me quedaron de atravesarte toda la puta noche".
Me imaginé ese momento y la verga se me puso dura , ya no me reconocía , l exitacion de ver en lo que se estaba convirtiendo mi Lau era extraordinaria

Cuando leí ese mensaje de Esteban, sentí un escalofrío de triunfo. El santo había muerto; ahora solo quedaba el animal.
El domingo llegó con una coincidencia perfecta. A mi papá se le varó el carro y me pidió que lo acompañara al taller.
—Amor, a mi papá se le dañó el carro y voy a estar todo el día con él en el taller mecánico. ¿Me acompañas? —le pregunté a Laura mientras nos preparábamos para salir. —Ay no, mi amor, qué jartera ir a un taller todo el domingo. Ve tú mismo que yo me quedo descansando —respondió ella con una naturalidad que ahora yo sabía que era un disfraz.
Apenas cerré la puerta del apartamento, Laura puso en marcha el plan final. [CHAT LAURA A PAOLA]: "Dani se fue todo el día. Lo voy a meter a mi propia cama".
Yo estaba en el taller, con las manos manchadas de grasa y la ropa sucia, con mi padre a un metro de mí pidiéndome herramientas y hablándome de motores. En ese momento, mi teléfono vibró en el bolsillo.
[CHAT PAOLA A DANIEL]: "Mi Dani... Laura acaba de meter a Esteban a la casa. Conéctese a las cámaras del cuarto ya y mire la sorpresa que le tengo". [CHAT DANIEL A PAOLA]: "Mierda, Pao... esto es demasiado. Estoy aquí con mi viejo al lado y siento que la verga me va a romper el pantalón. No puedo ni moverme".
Me encerré un momento detrás del carro de mi papá, conecté los audífonos y el mundo se detuvo. Abrí la aplicación de la cámara. Vi a Esteban entrar en mi alcoba principal. Se veía asustado, mirando hacia la puerta como si esperara que yo apareciera en cualquier momento, pero Laura no le dio tiempo de dudar. Lo desnudó con una urgencia animal, tirando de su ropa con una voracidad que me dejó sin aliento.
Laura se arrodilló frente a él. Vi cómo tomaba el miembro de Esteban con una devoción pura y lenta. Subía y bajaba por el cuerpo del pene, succionando con fuerza, lamiéndole los testículos y pasando la lengua por el frenillo con una técnica que nunca había usado conmigo.



—Llevaba mucho rato esperando para poder hacerte esto bien... —susurró Laura en el video mientras miraba a Esteban desde abajo—. Me moría por probarte esta verga.
Sentí una rabia atroz mezclada con una excitación aplastante. Estaba en un taller mecánico asqueroso, rodeado de chatarra y grasa, sin un baño donde esconderme para masturbarme, mientras veía cómo mi mujer se entregaba al hombre que más debía respetarme. La frustración física era una tortura; sentía el bulto de mi verga de piedra reventando la costura de mi pantalón mientras escuchaba a mi padre gritar desde el fondo: "¡Daniel, pásame la llave de 12!".
En la pantalla, Laura se puso en cuatro sobre mi colchón, arqueando la espalda y ofreciéndole su culo en un primer plano obsceno. Esteban sacó un preservativo, pero Laura lo detuvo con un gesto imperativo.

—No, sin esa vaina... —dijo ella con la voz ronca—. A mí me gusta así, lo quiero sentir bien adentro, directo en la piel.
Esteban no resistió más. Se posicionó detrás de ella y la penetró de un solo empujón violento que hizo que Laura soltara un gemido sordo. El sonido del impacto fue visceral: ¡Plap, plap, plap!. Esteban la agarró de las caderas con fuerza, hundiéndose en ella con un ritmo frenético.

—Daniel es un hijueputa muy afortunado... tiene una novia demasiado hermosa —gruñó Esteban mientras la embestía con saña. Laura giró la cabeza y miró directamente a la cámara, como si supiera que yo la estaba mirando desde el taller. Se mordió el labio inferior con una expresión de placer corrupto.

—Sí, mi Dani es muy afortunado... pero tú también vas a poder disfrutar de esto siempre que quieras, mientras sepas que esto es solo nuestro secreto y no hay que mezclar las cosas.
El sexo escaló en intensidad. Laura se puso arriba, montándolo y cabalgándolo con una fuerza salvaje. A través de mis audífonos, el audio me entraba limpio, taladrándome la cabeza. Podía escuchar cada jadeo, cada gemido sucio y el rechinar del colchón bajo su peso.

—¡Aaah... sí! ¡Eres mucho mejor de lo que me imaginaba! —gritó Laura, gimiendo sin pena mientras sus pechos rebotaban contra el pecho de Esteban. Se inclinó, mirándolo desde arriba con un descaro absoluto, y soltó la frase que terminó de destrozarme la mente—: ¡Me encanta ser una perra, esto es lo mejor! ¡Eso, mi amor, hágale duro, no le dé pena! ¡Déjeme bien marcada para que me acuerde de usted toda la semana!

Esteban, completamente fuera de sí por la provocación, le respondió igual de sucio entre embestidas: —Usted es una perra deliciosa... no sabe las putas ganas que le tenía.
Luego pasaron al misionero; Esteban se hundió en ella hasta el fondo, y entonces ocurrió lo que más me destrozó: Laura besó a Esteban con una pasión desesperada, entrelazando sus dedos con los de él y torciendo los ojos de un placer que nunca me había mostrado a mí. Se entregaron el uno al otro con una devoción obscena, gimiendo fuera de sí mientras el colchón de mi hogar era profanado en cada estocada.


Finalmente, Esteban se vino profundamente dentro de ella con un gemido de liberación. Se vistió a toda prisa, con el rostro desencajado por una culpa que ya era demasiado tarde para remediar. Salió del apartamento aterrorizado. Yo me quedé en el taller, sudando frío, con la respiración agitada y la mente completamente destruida por la imagen de mi mujer llena del semen de mi mejor amigo en mi propia cama.
[CHAT LAURA A ESTEBAN]: Laura le envió una foto frente al espejo del baño. Estaba con un buso mío ver una nalga firme y pálida asomando por el borde. La curva de su cintura era una invitación al pecado. [CHAT ESTEBAN A LAURA]: "Lau, por el amor de Dios, borra eso... me vas a meter en un problema. Daniel es mi hermano, no puedo hacer esto". [CHAT LAURA A ESTEBAN]: "Tranquilo, Estebancito... si solo quiero que nos conozcamos muy a fondo. A un amigo no se le niega una miradita 😉".

Miraba la foto de mi novia en la pantalla del celular y sentía una excitación enferma. Ver cómo usaba ese cuerpo —mi cuerpo, el que yo poseía cada noche— para derretir la voluntad del "santo" era un afrodisíaco más potente que cualquier droga.
[CHAT PAOLA A DANIEL]: "Mire a su santico cómo se hace el rogado, mi Dani... pero tranquilo que esos son los que caen más sabroso. Laura lo tiene en la palma de la mano".
El Descenso al Abismo
La tensión escaló en las salidas furtivas que Laura organizaba mientras yo fingía estar en el gimnasio.
[AUDIO DE LAURA A PAOLA]: "Pao, no te imaginas lo que fue el cine. Nos sentamos en la última fila y me le pegué tanto que sentía su verga dura contra mi muslo. Le saqué unos besos que casi lo mato ahí mismo mientras él temblaba de los nervios. Está a un paso de romperse". [AUDIO DE PAOLA A LAURA]: "Síguelo apretando, mami, no le des respiro. Quiero que cuando se lo coma le quede doliendo el culo de tanto desearte".
El clímax de la tensión ocurrió días después en un parqueadero a oscuras. A través de los reportes de Paola, supe que Laura había acorralado a Esteban en el carro. Lo obligó a bajar el cierre y se lanzó sobre su miembro con una mamada agresiva y voraz. Pero el destino, o la ironía, intervino: una patrulla de policía se estacionó justo al lado, alumbrando el interior del vehículo con linternas potentes. Tuvieron que separarse en seco, asustados y con la respiración rota.
[AUDIO DE LAURA A PAOLA]: "¡Pao, nos cayó la policía! Estaba en lo mejor, mamándole esa verga tan sabrosa y nos tocó parar en seco. Quedamos los dos hirviendo... ¡necesito meterlo a una cama YA!". [CAPTURA DE ESTEBAN A LAURA]: "Me dejaste a medias, Laura... no sabes las ganas que me quedaron de atravesarte toda la puta noche".
Me imaginé ese momento y la verga se me puso dura , ya no me reconocía , l exitacion de ver en lo que se estaba convirtiendo mi Lau era extraordinaria

Cuando leí ese mensaje de Esteban, sentí un escalofrío de triunfo. El santo había muerto; ahora solo quedaba el animal.
El domingo llegó con una coincidencia perfecta. A mi papá se le varó el carro y me pidió que lo acompañara al taller.
—Amor, a mi papá se le dañó el carro y voy a estar todo el día con él en el taller mecánico. ¿Me acompañas? —le pregunté a Laura mientras nos preparábamos para salir. —Ay no, mi amor, qué jartera ir a un taller todo el domingo. Ve tú mismo que yo me quedo descansando —respondió ella con una naturalidad que ahora yo sabía que era un disfraz.
Apenas cerré la puerta del apartamento, Laura puso en marcha el plan final. [CHAT LAURA A PAOLA]: "Dani se fue todo el día. Lo voy a meter a mi propia cama".
Yo estaba en el taller, con las manos manchadas de grasa y la ropa sucia, con mi padre a un metro de mí pidiéndome herramientas y hablándome de motores. En ese momento, mi teléfono vibró en el bolsillo.
[CHAT PAOLA A DANIEL]: "Mi Dani... Laura acaba de meter a Esteban a la casa. Conéctese a las cámaras del cuarto ya y mire la sorpresa que le tengo". [CHAT DANIEL A PAOLA]: "Mierda, Pao... esto es demasiado. Estoy aquí con mi viejo al lado y siento que la verga me va a romper el pantalón. No puedo ni moverme".
Me encerré un momento detrás del carro de mi papá, conecté los audífonos y el mundo se detuvo. Abrí la aplicación de la cámara. Vi a Esteban entrar en mi alcoba principal. Se veía asustado, mirando hacia la puerta como si esperara que yo apareciera en cualquier momento, pero Laura no le dio tiempo de dudar. Lo desnudó con una urgencia animal, tirando de su ropa con una voracidad que me dejó sin aliento.
Laura se arrodilló frente a él. Vi cómo tomaba el miembro de Esteban con una devoción pura y lenta. Subía y bajaba por el cuerpo del pene, succionando con fuerza, lamiéndole los testículos y pasando la lengua por el frenillo con una técnica que nunca había usado conmigo.



—Llevaba mucho rato esperando para poder hacerte esto bien... —susurró Laura en el video mientras miraba a Esteban desde abajo—. Me moría por probarte esta verga.
Sentí una rabia atroz mezclada con una excitación aplastante. Estaba en un taller mecánico asqueroso, rodeado de chatarra y grasa, sin un baño donde esconderme para masturbarme, mientras veía cómo mi mujer se entregaba al hombre que más debía respetarme. La frustración física era una tortura; sentía el bulto de mi verga de piedra reventando la costura de mi pantalón mientras escuchaba a mi padre gritar desde el fondo: "¡Daniel, pásame la llave de 12!".
En la pantalla, Laura se puso en cuatro sobre mi colchón, arqueando la espalda y ofreciéndole su culo en un primer plano obsceno. Esteban sacó un preservativo, pero Laura lo detuvo con un gesto imperativo.

—No, sin esa vaina... —dijo ella con la voz ronca—. A mí me gusta así, lo quiero sentir bien adentro, directo en la piel.
Esteban no resistió más. Se posicionó detrás de ella y la penetró de un solo empujón violento que hizo que Laura soltara un gemido sordo. El sonido del impacto fue visceral: ¡Plap, plap, plap!. Esteban la agarró de las caderas con fuerza, hundiéndose en ella con un ritmo frenético.

—Daniel es un hijueputa muy afortunado... tiene una novia demasiado hermosa —gruñó Esteban mientras la embestía con saña. Laura giró la cabeza y miró directamente a la cámara, como si supiera que yo la estaba mirando desde el taller. Se mordió el labio inferior con una expresión de placer corrupto.

—Sí, mi Dani es muy afortunado... pero tú también vas a poder disfrutar de esto siempre que quieras, mientras sepas que esto es solo nuestro secreto y no hay que mezclar las cosas.
El sexo escaló en intensidad. Laura se puso arriba, montándolo y cabalgándolo con una fuerza salvaje. A través de mis audífonos, el audio me entraba limpio, taladrándome la cabeza. Podía escuchar cada jadeo, cada gemido sucio y el rechinar del colchón bajo su peso.

—¡Aaah... sí! ¡Eres mucho mejor de lo que me imaginaba! —gritó Laura, gimiendo sin pena mientras sus pechos rebotaban contra el pecho de Esteban. Se inclinó, mirándolo desde arriba con un descaro absoluto, y soltó la frase que terminó de destrozarme la mente—: ¡Me encanta ser una perra, esto es lo mejor! ¡Eso, mi amor, hágale duro, no le dé pena! ¡Déjeme bien marcada para que me acuerde de usted toda la semana!

Esteban, completamente fuera de sí por la provocación, le respondió igual de sucio entre embestidas: —Usted es una perra deliciosa... no sabe las putas ganas que le tenía.
Luego pasaron al misionero; Esteban se hundió en ella hasta el fondo, y entonces ocurrió lo que más me destrozó: Laura besó a Esteban con una pasión desesperada, entrelazando sus dedos con los de él y torciendo los ojos de un placer que nunca me había mostrado a mí. Se entregaron el uno al otro con una devoción obscena, gimiendo fuera de sí mientras el colchón de mi hogar era profanado en cada estocada.


Finalmente, Esteban se vino profundamente dentro de ella con un gemido de liberación. Se vistió a toda prisa, con el rostro desencajado por una culpa que ya era demasiado tarde para remediar. Salió del apartamento aterrorizado. Yo me quedé en el taller, sudando frío, con la respiración agitada y la mente completamente destruida por la imagen de mi mujer llena del semen de mi mejor amigo en mi propia cama.
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