Poco a poco tuve la confianza y las agallas de salir más seguido a la calle. Convivir un poco con los muchachos del barrio y saludar cortésmente a los adultos.
No tuve ni el más puto caso. Pero no importaba, solo quería ganarme a los padres de Vane, mi dulce vecina.
No tenía ni que acercarme o pasear por su casa, pues en cuanto me veía, iba corriendo hacia mí, para sentarse por largos ratos a conversar y reír.
Fue así que los demás muchachos, que eran sus amigos, comenzaron a tolerarme. Ahora paseaban y bromeaban aunque yo estuviera con ellos.
De hecho, una tarde jugamos a las escondidas. La cuenta regresiva la llevaba un gordito que vivía cerca, mientras los demás corrieron a buscar econdite. No hizo falta que volteara a ver a Vane, ella ya me había tomado de la mano y me llevaba a algún sitio.
Llegamos hasta una casa abandonada que tenía un patio delantero, rodeado de muros altos y nos metimos rápidamente. Yo estaba exhausto y moribundo; ella reía y de vez en cuando se asomaba para revisar que no nos encontrasen. Aún no había soltado mi mano.
Entonces, me fijé con detenimiento en Vane, en esos instantes que se daba la vuelta. Las vistas que tenía eran gloriosas... de pies a cabeza era una ricura.
LLevaba el pelo amarrado con un moñito rosado, un top que le dejaba expuesta la piel de los hombros y espalda... se podía ver con claridad el contraste entre su pálida piel y la parte bronceada de tanto jugar bajo el sol y tenía puestos unos shorts de licra gris.
Supuse que eran de una talla menos a la que debería usar, porque le quedaban cortísimos y demasiado ajustados. El relieve de sus calzones era muy evidente.
Me resultaba imposible enfocarme y razonar.
No pude más y la tiré del brazo que seguía tomando mi mano. Dio un giro brusco y terminó siendo acorralada por mí, contra el muro. Se le veía genuinamente asombrada y confusa.
Me encorvé para quedar a su altura y mirarla de frente. Le pregunté:
-¿Acaso esos shorts no son muy cortos incluso para ti..?
-E-eh..? -Abrió los ojos de sorpresa y vergüenza. -¿Y q-qué tiene...? -Me esquivó la mirada, luciendo apenada.
-Que se te marca el culo... y las braguitas.
Dicho esto, bajé mi mano derecha hasta su nalga y apretársela. La hice sonrojar y trató de esconder su rostro en mi hombro derecho.
La tenía arrinconada, atrapada en una travesura de la que difícilmente escaparía.
Me dejé de rodeos y con la otra mano le agarré la otra nalga. Ahora tenía su traserito entero a mi disposición, listo para jugar.
Comencé con unos suaves masajes circulares en sus pompas suaves. Sentía mis dedos amoldarse y subir de temperatura. Cada segundo me ponía más cachondo, aumentando la velocidad y pasando a directamente abrirle las nalguitas hasta más no poder. Azotándolas con mis manos, cuidando de no hacer mucho ruido.
Esto la tenía mordiendo mi hombro, babeándome la camiseta y ahogando sus gemiditos en él.
Sus manos se habían prensado en mí, mientras jugaba con ella.
Se me ocurrió otra peligrosa idea.
Me paré y le di vuelta, empotrándola contra el muro. Le tomé de las caderas para acercarla a mí, dejándole abierta de piernas.
Ahora estaba inclinada para mí, y perdí el control.
Primero le metí las manos bajo el short de licra y pellizqué sus braguitas para luego estirárselas hacia arriba, haciéndole "calzón chino". Esto la levantó unos centímetros del suelo, marcando más su culito y volvéndola loca.
Acto seguido, solté sus bragas para que le azotasen la piel y dejasen marca.
Me di cuenta que mi entrepierna la tenía apretadísima, así que me saqué la creciente e hinchada verga para dejársela reposada sobre su trasero en licra.
-E-espera! ¿Qué haces..? -Susurró de nervios, girando un poco la cabeza.
No le hice caso y apoyé todo mi cuerpo sobre el de ella. Quedando encorvado y doblando las piernas para que mi pene quedase a la altura.
Aquella escena era absolutamente vulgar. Un hombre y la hija de sus vecinos puestos como amantes a punto de realizar un acto inapropiado. Si alguien nos veía así... estaríamos jodidos...
Quería romperle la tela, traspasar y penetrarla con todas mis fuerzas. Tenía el deseo de usar su cuerpo e inseminarla. Pero una parte de mí me detuvo de hacerlo. No era el momento adecuado...
Simplemente la agarré por la cintura y empecé a frotarme contra ella frenéticamente, como perro en celo.
No dejaba de jadear mientras me presionaba el tronco de mi pene entre sus nalgas. Por ratos mi glande chocaba con su conchita recién mojada, desviándose y quedando empapado en sus fluidos.
Cualquiera que nos hubiera visto pensaría que la estoy follando, pero no era así.
Finalmente, el hormigueo característico se hizo presente, momentos antes de eyacular.
Con mi brazo izquierdo la rodeé por encima de los hombros, mientras que mi mando derecha agarró mi pene para presionárselo en el culo.
Solté durante varios segundos, chorros potentes que salpicaban el suelo y nuestra ropa.
El pene quedó palpitando y rojizo, después de tanto roce brusco.
Me levanté para caer apoyado contra la pared, sintiéndome desfallecer. Ella seguía apoyada, le temblaban las piernas y no dejaba de gotear mi semen de sus shorts.
Recobré la razón.
-Perdóname Vane, no debí...
Me dirigió una tierna y aliviadora mirada, no había rencor en su rostro.
-T-tranquilo... volvamos con los demás... -Su voz sonaba melosa.
-Ven aquí y déjame limpiarte la ropa.
Ella obedeció, yo me quité los bóxers y fui pasándolos por todas las zonas manchadas. Lo hice con la gentileza que me faltó hace poco.
Terminé y no tuve más opción que guardarme mi prenda interior en los bolsillos.
Estuvimos unos segundos parados frente al otro, sin decir nada. Para calmarla, me acerqué y le di un cálido abrazo.
Quedamos en decir que nos habíamos encontrado luego de salir de nuestros propios escondites.
Las chicas, amigas de Vane, no paraban de mirarla y a mí también. Al llegar, la codeaban y hacían señas raras.
Le estaban bromeando sobre un supuesto romance entre nosotros. Lo cual comenzaba a ser cierto, pero ellas no tenían manera de saberlo, ja...
...
La noche de ese mismo día me atreví a hablarle a su cuenta de redes sociales, para pedirle perdón por lo que pasó. Le prometí que compraría helados y todo lo que quisiese.
Al cabo de unos minutos me leyó.
-No hay problema!! :) -Respondió además con un sticker de gatito con pulgar arriba. Y añadió: De hecho... hay algo que quiero mostrarte...
Recibí una inesperada foto.
No tuve ni el más puto caso. Pero no importaba, solo quería ganarme a los padres de Vane, mi dulce vecina.
No tenía ni que acercarme o pasear por su casa, pues en cuanto me veía, iba corriendo hacia mí, para sentarse por largos ratos a conversar y reír.
Fue así que los demás muchachos, que eran sus amigos, comenzaron a tolerarme. Ahora paseaban y bromeaban aunque yo estuviera con ellos.
De hecho, una tarde jugamos a las escondidas. La cuenta regresiva la llevaba un gordito que vivía cerca, mientras los demás corrieron a buscar econdite. No hizo falta que volteara a ver a Vane, ella ya me había tomado de la mano y me llevaba a algún sitio.
Llegamos hasta una casa abandonada que tenía un patio delantero, rodeado de muros altos y nos metimos rápidamente. Yo estaba exhausto y moribundo; ella reía y de vez en cuando se asomaba para revisar que no nos encontrasen. Aún no había soltado mi mano.
Entonces, me fijé con detenimiento en Vane, en esos instantes que se daba la vuelta. Las vistas que tenía eran gloriosas... de pies a cabeza era una ricura.
LLevaba el pelo amarrado con un moñito rosado, un top que le dejaba expuesta la piel de los hombros y espalda... se podía ver con claridad el contraste entre su pálida piel y la parte bronceada de tanto jugar bajo el sol y tenía puestos unos shorts de licra gris.
Supuse que eran de una talla menos a la que debería usar, porque le quedaban cortísimos y demasiado ajustados. El relieve de sus calzones era muy evidente.
Me resultaba imposible enfocarme y razonar.
No pude más y la tiré del brazo que seguía tomando mi mano. Dio un giro brusco y terminó siendo acorralada por mí, contra el muro. Se le veía genuinamente asombrada y confusa.
Me encorvé para quedar a su altura y mirarla de frente. Le pregunté:
-¿Acaso esos shorts no son muy cortos incluso para ti..?
-E-eh..? -Abrió los ojos de sorpresa y vergüenza. -¿Y q-qué tiene...? -Me esquivó la mirada, luciendo apenada.
-Que se te marca el culo... y las braguitas.
Dicho esto, bajé mi mano derecha hasta su nalga y apretársela. La hice sonrojar y trató de esconder su rostro en mi hombro derecho.
La tenía arrinconada, atrapada en una travesura de la que difícilmente escaparía.
Me dejé de rodeos y con la otra mano le agarré la otra nalga. Ahora tenía su traserito entero a mi disposición, listo para jugar.
Comencé con unos suaves masajes circulares en sus pompas suaves. Sentía mis dedos amoldarse y subir de temperatura. Cada segundo me ponía más cachondo, aumentando la velocidad y pasando a directamente abrirle las nalguitas hasta más no poder. Azotándolas con mis manos, cuidando de no hacer mucho ruido.
Esto la tenía mordiendo mi hombro, babeándome la camiseta y ahogando sus gemiditos en él.
Sus manos se habían prensado en mí, mientras jugaba con ella.
Se me ocurrió otra peligrosa idea.
Me paré y le di vuelta, empotrándola contra el muro. Le tomé de las caderas para acercarla a mí, dejándole abierta de piernas.
Ahora estaba inclinada para mí, y perdí el control.
Primero le metí las manos bajo el short de licra y pellizqué sus braguitas para luego estirárselas hacia arriba, haciéndole "calzón chino". Esto la levantó unos centímetros del suelo, marcando más su culito y volvéndola loca.
Acto seguido, solté sus bragas para que le azotasen la piel y dejasen marca.
Me di cuenta que mi entrepierna la tenía apretadísima, así que me saqué la creciente e hinchada verga para dejársela reposada sobre su trasero en licra.
-E-espera! ¿Qué haces..? -Susurró de nervios, girando un poco la cabeza.
No le hice caso y apoyé todo mi cuerpo sobre el de ella. Quedando encorvado y doblando las piernas para que mi pene quedase a la altura.
Aquella escena era absolutamente vulgar. Un hombre y la hija de sus vecinos puestos como amantes a punto de realizar un acto inapropiado. Si alguien nos veía así... estaríamos jodidos...
Quería romperle la tela, traspasar y penetrarla con todas mis fuerzas. Tenía el deseo de usar su cuerpo e inseminarla. Pero una parte de mí me detuvo de hacerlo. No era el momento adecuado...
Simplemente la agarré por la cintura y empecé a frotarme contra ella frenéticamente, como perro en celo.
No dejaba de jadear mientras me presionaba el tronco de mi pene entre sus nalgas. Por ratos mi glande chocaba con su conchita recién mojada, desviándose y quedando empapado en sus fluidos.
Cualquiera que nos hubiera visto pensaría que la estoy follando, pero no era así.
Finalmente, el hormigueo característico se hizo presente, momentos antes de eyacular.
Con mi brazo izquierdo la rodeé por encima de los hombros, mientras que mi mando derecha agarró mi pene para presionárselo en el culo.
Solté durante varios segundos, chorros potentes que salpicaban el suelo y nuestra ropa.
El pene quedó palpitando y rojizo, después de tanto roce brusco.
Me levanté para caer apoyado contra la pared, sintiéndome desfallecer. Ella seguía apoyada, le temblaban las piernas y no dejaba de gotear mi semen de sus shorts.
Recobré la razón.
-Perdóname Vane, no debí...
Me dirigió una tierna y aliviadora mirada, no había rencor en su rostro.
-T-tranquilo... volvamos con los demás... -Su voz sonaba melosa.
-Ven aquí y déjame limpiarte la ropa.
Ella obedeció, yo me quité los bóxers y fui pasándolos por todas las zonas manchadas. Lo hice con la gentileza que me faltó hace poco.
Terminé y no tuve más opción que guardarme mi prenda interior en los bolsillos.
Estuvimos unos segundos parados frente al otro, sin decir nada. Para calmarla, me acerqué y le di un cálido abrazo.
Quedamos en decir que nos habíamos encontrado luego de salir de nuestros propios escondites.
Las chicas, amigas de Vane, no paraban de mirarla y a mí también. Al llegar, la codeaban y hacían señas raras.
Le estaban bromeando sobre un supuesto romance entre nosotros. Lo cual comenzaba a ser cierto, pero ellas no tenían manera de saberlo, ja...
...
La noche de ese mismo día me atreví a hablarle a su cuenta de redes sociales, para pedirle perdón por lo que pasó. Le prometí que compraría helados y todo lo que quisiese.
Al cabo de unos minutos me leyó.
-No hay problema!! :) -Respondió además con un sticker de gatito con pulgar arriba. Y añadió: De hecho... hay algo que quiero mostrarte...
Recibí una inesperada foto.
0 comentarios - Mi única amistad es la adorable hija del vecino. ep5