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Me cogí a la esposa de mi amigo

Me cogí a la esposa de mi amigo

 
Terminaba unos trabajos de albañilería en mi casa, un hábito que lo hago por placer más que por oficio, cuando llegó mi amigo Marcelo, halaga mi trabajo y me dice que tiene problemas semejantes de humedad en la casa. “Si vos querés, me comprás los materiales y te hago el arreglo” le dije, e inmediatamente acordamos que iría a la casa a reparar las manchas de humedad.
 
A media semana, por la mañana temprano, compré los materiales y fui para la casa, la reparación la íbamos a hacer juntos, más que un trabajo era una actividad de amigos, pero problemas en su empresa hicieron que Marcelo se tenga que ir. “Ya viene Andy del gimnasio. Disculpá que me tenga que ir” me dijo, en el mismo momento en que su esposa abría la puerta me saludaba y entraba a su casa yendo hacia la planta alta.
 
Andy es una hermosa mujer, pero distante. Ojos vivaces, tez clara, pechos grandes, una cola hermosa, cabello castaño, 1,60 m de altura y una postura que siempre me llamó la atención, parecía que era ardiente pero muy contenida. Madre de 3 hijos, 39 años, casada por segunda vez con Marcelo, se encargaba de la casa y su figura era espectacular.   
 
Marcelo se fue y yo quedé haciendo la reparación bajo una ventana. Pensaba que esa no era la idea, sino compartir un tiempo con mi amigo, no quería tener la sensación de estar haciendo un trabajo, sino una actividad lúdica. Pero me había comprometido y soy hombre de palabra.
 
La casa estaba en silencio, como si no hubiera nadie; mi amigo se había ido a trabajar, los chicos estaban en la escuela y la esposa de mi amigo había saludado y desaparecido. Luego de un rato de trabajar tuve sed. Me lavé las manos, ingresé a la cocina buscaba agua fresca: “Andy, Andy …” la llamé, sin que haya respuesta, no quería abusar de la confianza y abrir la heladera, entonces decidí buscarla. La casa estaba en silencio, por la planta baja no la encontré, subí las escaleras al sector íntimo en donde están los dormitorios de los hijos y el matrimonial, mis pasos no se sentían por la alfombra, miré a un lado nada miré al otro y la puerta del dormitorio estaba entreabierta, el cuarto matrimonial en penumbras. Me acerque, desde afuera sentí unos ruidos, me preocupé por que la mujer de mi amigo le haya pasado algo, me acerqué y me asomé sin ser visto. Mientras mis ojos se acostumbran a la oscuridad la vi.
 
Allí estaba Andy, en las penumbras, casi desnuda despatarrada sobre su cama matrimonial masturbándose. Tenía un dildo en la concha y con otro mas pequeño jugaba en la boca de su culo. Su cuerpo brilloso de transpiración se arqueaba de placer, gemía en voz baja y con los ojos cerrados parecía estar en un trance imaginándose que era cogída con dureza.   

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Tuve el impulso de irme, pero esa escena sensual y mi calentura pudieron más. Sigilosamente entré al amplio dormitorio y me quedé en un recoveco cercano al vestidor. La observé, la disfruté, la sentía gozar, la habitación tenia su aroma, mezcla de transpiración, hembra en celo y sus fluidos. El olor ingreso a mi mente como una flecha e inmediatamente me excitó e inconscientemente comencé a tocarme la verga dura sobre el pantalón. Ella seguía con los ojos cerrados, pero yo presentía que sabía que estaba allí, aunque en la oscuridad quizás no me viera.
 

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Andy parecía otra mujer: se contorneaba, se metía el consolador en la concha, el otro en la boca, gemía, se apretaba los pezones, un espectáculo pornográfico en el cual yo estaba en primera fila. “Si, siiii…así rómpeme” dijo, agregando “soy una puta, necesito que me cojan así siiiii...”.como una gata en celo se dio vuelta sobre la cama se puso en cuatro boca abajo, tiro sus dildos, levantó el culo y comenzó a meterse los dedos. Su concha era un mar, su culo se abría recibiendo las caricias de la yema de sus dedos

Me recosté por un mueble, observé el espectáculo y escuché sus gemidos de perra en celo. Saqué mi pija del pantalón, estaba muy dura y toda babeada y comencé a pajearme lento mientras la observaba. Pensé: “que puta hermosa tiene Marcelo, como puede ser que no la satisfaga. Andy necesita pija, no solo amor, que hermosa hembra. Tan seria que parece y es una puta”. Allí estaba ella metiéndose los dedos en la concha yen culo, mordía la almohada y ahogaba sus gritos en ella, tenía tres dedos metidos en la concha y dos en culo, se penetra con dureza, con furia, con bronca, como si dos machos la estuvieran reventando. De pronto estiró las piernas, levantó la cadera, separado las rodillas del colchón, tembló, quedó apoyada solo por tu cabeza y la punta de sus pies y gritó de placer “ahhhhggg….”

Se sacó los dedos de sus agujeros y un chorro brotó de su concha mojando la cama y sus piernas. Por unos instantes quedó dura y temblorosa a la vez, cayendo luego rendida sobre la cama. Miró hacia un costado y me vio con el pantalón por las rodillas, la pija afuera dura a reventar, pajeándome y mirándola desde un rincón de la pieza.

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No pareció sorprendía, no se ofendió, miró mi pija y me miró a los ojos, mientras me regaló una sonrisa de costado mezcla de burla, satisfacción y placer. Recuperó el aliento y entre jadeos me dijo:
 
Andy: “¿te ayudo?”
Yo: Si hacélo por favor. Que hermoso verte así. ¿No te molesta? Me metí en tu dormitorio como un intruso, sin permiso y sin medir las consecuencias
Andy: Sabía que estabas
Yo: ¿Si?
Andy: …esperaba que esto pasara.
Yo: Pero, no sé, soy amigo de tu marido, pero la verdad me calentás hace años, tenerte así me enloquece. ¿Me vas a ayudar? ¿Me acerco? ¿Querés?
 
Mientras camine hacia la cama ella me muestrea un mensaje de su marido en el celular: “amor quedó Héctor en casa, espero que no te moleste, pero pensá que la casa va a quedar linda”. Tirada boca abajo en el borde de la cama, se rio picara. Eso me excitó y a la vez me dió culpa, su marido es mi amigo desde hace años. Pero la deseo tanto que no me importo y a ella tampoco. Sacándome la ropa me acerque a ella que esperaba ansiosa tirada boca abajo enla punta de la cama. La penumbra, su cuerpo sudado y mi calentura la hacen más bella. Mi verga se acerca a su rostro, siento su respiración, el leve roce de su lengua por la punta de mi pija succionado esa gota de líquido preseminal que cuelga, su mano tocándome los huevos. “Ufff por favor...así, que bien lo haces, como siento tu boca caliente, que hermoso como me la chupas” le digo mientas ella me mira, mete los huevos en la boca y me pajea.
 
No me sale otra cosa que decirle: “Hay hija de puta que bien lo haces” ella para y con voz de puta y sabiendo la repuesta me dice “¿Te gusta?, me encanta tu pija gruesa... puto de mierda”. En ese punto se cruza la línea de la calentura que se transforma en insulto sin ofender. “Abrí, abrí más, tragála toda putita, vas a poder, se que tu marido la tiene fina y chica, te gusta esta pija gruesa”, le digo y se la paso por la cara. “Me encanta, la deseo, sueño con una verga así, hijo de puta” dice ella y agarra mi verga con la mano y la aprieta “mmm…que dura q está” me dice y contesto: “es toda tuya, tragála completa, hasta el fondo”. Boca arriba y con la cabeza colgando del borde la cama, me comienza a engullir la verga, no para hasta que se la traga toda. “Por Dios que buena chupapija que sos” le digo mientras mis bolas le pegan en la frente y siento que la tiene en la garganta.

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Así comienzo a moverme y a cogerle la boca entrando y saliendo lentamente para que pueda respirar, me apoyo en la cama y empiezo a pajearla. Su concha esta tan mojada como el mar que se ve por la ventana, esta dilatada, sus labios hinchados, jugosa, mis dedos juegan sin penetrarla, hasta que me agarra la mano y me obliga a meterla. Le hago una paja hermosa metiéndole dos dedos y tocando su punto G, luego salgo y busco su culo totalmente abierto y la pajeo con una mano el culo y con la otra la concha, mientras muevo la cadera y le cojo la boca.
 
Allí estamos los dos en la semioscuridad, desnudos, transpirados, calientes, la habitación matrimonial de ella tiene olor a sexo y lujuria. Tirada sobre la cama boca arriba, con la cabeza colgando, siendo cogida por la boca, yo inclinado sobre ella metiéndoles los dedos en la concha y en el culo. La imagen es delirante, caliente, lujuriosa, prohibida. La ama de casa seria, la esposa de mi amigo, la madre de tres hijos; entregada como una puta a mis deseos más perversos. Ella esta emputecida así lo desea, lo goza, lo necesita.        

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Saca mi verga de la boca y grita: “¡Pará hijo de puta, pará!. Me vas a hacer acabar culeame ya” se zafa, se pone en cuatro y ve como subo a la cama para montarla. La tómo de la nuca le hago bajar la cabeza, automáticamente levanta el culo, con la otra mano guío mi verga dura y caliente hacia su concha y se la ensarto de una y hasta el fondo. “Hay puto de mierda me duele” grita Andy, yo se la dejo en el fondo y la agarro del pelo, con furia le grito: “cállate puta esto estabas buscando…”. Un silencio atronador llena el ambiente, su concha se acostumbra a mi verga y lentamente comienzo a moverme, ella gime, me mira de reojo con clara de placer, de sumisión, de hembra gozando a su macho, de dolor, pero no de desaprobación.
 
Como una bestia, inclinado sobre ella la cojo sin piedad, quiero entrar en ella, quiero atravesarla, llegar a lo más profundo, entro y luego salgo hasta el borde de su concha caliente que me succiona la verga. “Te voy a preñar Andy, te voy a hacer un hijo, puta de mierda” le digo desaforado, “si, si, si… dale hijo de mil puta preñáme” me contesta ella. En ese instante sentí el irrefrenable impulso de verle la cara, me paro, la empujo hacia un costado, la pongo boca arriba, coloco sus piernas en mis hombros y le ensarto mi verga que se desliza sin dificultar por su vagina hasta su útero. Su ceño está fruncido, sus ojos cerrados y solo balbucea insultos: “hijo de puta, pajero de mierda, puto…dale cógeme”, yo contesto “tomá más puta de mierda, tomá, te voy a embarazar”.

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Allí en ese instante, se produce la simbiosis de nuestros cuerpos que parecen uno, siento sus latidos, su cajeta caliente, sus tetas duras, ella siente mi calentura, mi fuerza, mi furia y como dos almas transitando al mismo ritmo, su concha se contrae y mi verga se hincha, empezamos a acabaren un orgasmo conjunto. Ninguno de los dos quiso que sea de otra forma, yo no me quite y ella me tomó de la cintura para que terminara adentro, sabíamos las consecuencias.
 
Abrió las piernas y yo caí sobre ella. Nuestros cuerpos estaban calientes, transpirados, pegajosos, jadeantes, extasiados de placer. Mi verga seguía descargando leche, el orgasmo era infinito, la cama -su cama matrimonial, en la que dormía con mi amigo- estaba toda mojada. “Besáme”, me dijo al oído y nos fundimos en un largo beso de lengua. El destino tiene esas curvas inesperadas, esta fue una de ellas.                 
 
COMO SEIMPRE SE AGRADECEN LOS PUNTOS Y SE LEEN LOS COMENTARIOS 

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