Golpeé con fuerza mi escritorio, harto de perder una y otra vez en ese juego de porquería.
Decidí dejarlo un rato y salir a respirar para despejarme un poco. Caminando sin ánimos abrí la puerta principal y el bullicio de los vecinos caló en mis oídos, fastidiándome, y recordando el porqué no salía a menudo.
Dejé caer mi flacuchento y descuidado cuerpo sobre la banqueta, para luego quedarme observando el suelo en silencio. Me sentía avergonzado de estar ahí, impropio de ese ambiente.
Entre risas infantiles y el humo de la carne asada, sentí una fría ráfaga de viento que me recorrió la espalda, hasta captar una presencia a mi lado izquierdo.
-¿Qué haces..? -Preguntó una voz femenina, aguda, suave y sarcástica cerca a mi oído.
Con pesadumbre giré mi apagado rostro hacia ella, hasta mirarla de frente... y fijarme en su aspecto.
Estaba parada a mi costado, inclinada para observarme mejor. Sonreía como boba y sus labios reflejaban la luz de las farolas. Su pálida piel lucía ligeramente quemada por el sol como siempre, pero había algo diferente en ella esta vez.
Sus padres solían vestirla con vestidos largos y holgados, pomposos como ella misma. Adornada con vinchas, flores de plástico y clips para el pelo. Su madre malamente le hacía los moños y quedaban chuecos. Pero ahora...
LLevaba una coleta alta que amarraba la parte superior de su cabello, dejando el resto caer sobre sus hombros expuestos; pues llevaba un crop top color guinda.
Esto obviamente dejaba a la vista su terso vientre, formándole rollitos al estar inclinada.
Y bajo esos rollitos, un short de mezclilla tan corto como su edad.
Iba descalza.
Apenas pude vocalizar un "Nada", para luego girarme y evitar mirarla más de lo necesario y causar problemas con los vecinos.
Ante mi actitud esquiva, se sentó a mi lado y apoyó su delicado brazo sobre mi pierna izquierda.
-Hace mucho que no te veía fuera. Ya no has salido a jugar con nosotros. ¿Estás bien?
-¿Por qué tendría que estar mal? Simplemente crecí y tuve otras cosas que hacer.
Podía sentir el roce de su mano fina en mi muslo, erizándome la piel y poniéndome más nervioso.
-Yo también crecí! -Se paró de un salto para ponerse delante de mí y extender sus brazos y piernas, como una estrellita de mar.- Lo ves?!
Volvía a sonreír ampliamente, pero esta vez me miraba expectante. Su pecho se inflaba de agitación y orgullo.
Pude notar sus pezones endureciendo tapados por el crop top, además del relieve de sus muslos bajo la presión de sus shorts.
-Sí, ya te vi. Estás más alta y ahora no usas tus crocs. Eres muy grande... -Otra vez me vi forzado a evitar mirarla y me dispuse a levantarme.- Nos vemos, Vane. Cuídate y duerme temprano.
Le quise dar una palmadita en la cabeza, pero se apartó. Parecía un poco ofendida y soprendida, pero lo disimuló con altanería.
-Hmph! -Se giró de brazos cruzados y me dio la espalda.
Quise soltar una risa de incredulidad, pero antes de eso me di cuenta de que se le marcaba el trasero con esos shorts. Tenían una redondez y presunta suavidad que yo solo conocía por mis largas y solitarias búsquedas por internet.
Fue entonces que volví a la realidad, espantado de mis pensamientos, y me refugié de nuevo en mi habitación.
Esa noche no pude masturbarme...
Decidí dejarlo un rato y salir a respirar para despejarme un poco. Caminando sin ánimos abrí la puerta principal y el bullicio de los vecinos caló en mis oídos, fastidiándome, y recordando el porqué no salía a menudo.
Dejé caer mi flacuchento y descuidado cuerpo sobre la banqueta, para luego quedarme observando el suelo en silencio. Me sentía avergonzado de estar ahí, impropio de ese ambiente.
Entre risas infantiles y el humo de la carne asada, sentí una fría ráfaga de viento que me recorrió la espalda, hasta captar una presencia a mi lado izquierdo.
-¿Qué haces..? -Preguntó una voz femenina, aguda, suave y sarcástica cerca a mi oído.
Con pesadumbre giré mi apagado rostro hacia ella, hasta mirarla de frente... y fijarme en su aspecto.
Estaba parada a mi costado, inclinada para observarme mejor. Sonreía como boba y sus labios reflejaban la luz de las farolas. Su pálida piel lucía ligeramente quemada por el sol como siempre, pero había algo diferente en ella esta vez.
Sus padres solían vestirla con vestidos largos y holgados, pomposos como ella misma. Adornada con vinchas, flores de plástico y clips para el pelo. Su madre malamente le hacía los moños y quedaban chuecos. Pero ahora...
LLevaba una coleta alta que amarraba la parte superior de su cabello, dejando el resto caer sobre sus hombros expuestos; pues llevaba un crop top color guinda.
Esto obviamente dejaba a la vista su terso vientre, formándole rollitos al estar inclinada.
Y bajo esos rollitos, un short de mezclilla tan corto como su edad.
Iba descalza.
Apenas pude vocalizar un "Nada", para luego girarme y evitar mirarla más de lo necesario y causar problemas con los vecinos.
Ante mi actitud esquiva, se sentó a mi lado y apoyó su delicado brazo sobre mi pierna izquierda.
-Hace mucho que no te veía fuera. Ya no has salido a jugar con nosotros. ¿Estás bien?
-¿Por qué tendría que estar mal? Simplemente crecí y tuve otras cosas que hacer.
Podía sentir el roce de su mano fina en mi muslo, erizándome la piel y poniéndome más nervioso.
-Yo también crecí! -Se paró de un salto para ponerse delante de mí y extender sus brazos y piernas, como una estrellita de mar.- Lo ves?!
Volvía a sonreír ampliamente, pero esta vez me miraba expectante. Su pecho se inflaba de agitación y orgullo.
Pude notar sus pezones endureciendo tapados por el crop top, además del relieve de sus muslos bajo la presión de sus shorts.
-Sí, ya te vi. Estás más alta y ahora no usas tus crocs. Eres muy grande... -Otra vez me vi forzado a evitar mirarla y me dispuse a levantarme.- Nos vemos, Vane. Cuídate y duerme temprano.
Le quise dar una palmadita en la cabeza, pero se apartó. Parecía un poco ofendida y soprendida, pero lo disimuló con altanería.
-Hmph! -Se giró de brazos cruzados y me dio la espalda.
Quise soltar una risa de incredulidad, pero antes de eso me di cuenta de que se le marcaba el trasero con esos shorts. Tenían una redondez y presunta suavidad que yo solo conocía por mis largas y solitarias búsquedas por internet.
Fue entonces que volví a la realidad, espantado de mis pensamientos, y me refugié de nuevo en mi habitación.
Esa noche no pude masturbarme...
0 comentarios - Mi única amistad es la joven hijita del vecino. ep1(ficcion)