En el último episodio dejé a la Señora de la casa, doña Josefa, es decir, mi esposa, y como recordarán los lectores de la serie, maestra prematuramente retirada a los 27 años por quedarse encinta, y recibir una fortuna de su primer y difunto marido, digo que la dejamos castigando a Esperanza, su actual criada y antigua alumna, una chica guapa, sumisa, y con tendencias lésbicas que se estaba enamorando de la que era a todas luces su Ama, en todos los sentidos.
En aquel tiempo, para ser sincero llevaba unos días disgustado con mi esposa, que parecía estar pendiente sólo de su criada y antigua alumna, le había cogido un celo, que no la dejaba tranquila ni un minuto, para muestra les contaré lo que pasó el día que nos ocupa en el desayuno.
-Esperanza, se puede saber que pasa con los huevos fritos, están duros, y ya sabes que me gustan bien blandos.
-Lo siento mucho Señora, no se que ha pasado, ¿quiere que le haga otros?
-¿Y estos qué? ¿A la basura? ¿Te crees que se puede estar tirando comida así como así?
-No Señora, lo siento de veras.
-Y más que lo vas a sentir, cuando se vaya el señor recuérdame que te castigue, que hasta que no pruebas la zapatilla, no empiezas a funcionar.
-Sí Señora, lo siento mucho Señora.
-Vamos a ver Josefa, los huevos están perfectos ¿quieres dejar tranquila a Esperanza? Te pasas el día amenazándola, y pegándole, pobre chica.
-No me gusta que me desautorices cariño, esto ya lo habíamos hablado, y Esperanza es mi criada, y hará lo que yo le diga, ¿está claro?
-A mí no me hables así, que te recuerdo que soy tu marido, y ya hablaremos tú y yo.
Tan cabreado estaba que tiré la servilleta a la mesa, fulminé a mi mujer con la mirada, pero esta me mantuvo la mirada, entonces me levanté, me puse la chaqueta y me fui de casa dando un portazo.
Mientras, Josefa se quedó dolida por la desautorización de su marido al que adoraba y quería con locura, pero también le gustaba mostrarse altiva, autoritaria y déspota con su criada sin que nadie le reprochara lo más mínimo, y esa desautorización le dolió, miró a la pobre Esperanza que no sabía dónde meterse y le espetó.
-¿Y tú que miras?
-Nada Señora, lo siento mi Señora.
-¿Nada? Ahora cuando termine de desayunar te vas a enterar, vete preparando.
-Si Señora, como usted diga.
La chica ya sabía que venía una buena paliza, y si le gustaban los propios azotes de su señora, le gustaban más aún las amenazas, y el anuncio de una buena azotaina, así que cuando su Ama le dijo que se fuera preparando, no pudo evitar mojar sus bragas.
Mientras tanto, me fui al Círculo Cultural, centro neurálgico del pueblo, donde nos juntábamos las fuerzas vivas, allí leería el periódico, y me metería un buen almuerzo, las penas con pan y con vino, son menos. Pero antes de llegar, al pasar por casa de mi suegra la vi por la ventana, y ella a mí también, nos saludamos efusivamente, y decidí hacerle una visita.
-Buenos días Pedro, cuanto bueno por aquí, ¿dónde vas de buena mañana con el frío que hace?
-Pues mire usted suegra, si le digo la verdad, vengo indignado de casa, su hija lleva unos días imposible, esa es la verdad, con decirle que apenas he desayunado.
-¿Pero, cómo puede ser? Anda siéntate, que ahora mismo te preparo yo lo que te apetezca, quieres un poco de tocino con unos huevos fritos, y un buen café.
-Es usted una madre, doña María, una madre.
-No me digas doña, y no me digas de usted, que me hace vieja, y yo no estoy tan vieja, ¿verdad?
-Claro que no, está usted bien lozana, ahí perdón, estás bien lozana, María, la verdad es que me cuesta tutearte.
-Pues que no te cueste hijo, que me gusta mucho, ah y me gusta mucho la palabra lozana, como se nota que eres maestro, en este pueblucho de campesinos y de paletos, no creo que nadie conozca esa palabra.
-Alguno la conocerá mujer.
-Como tú, nadie, te lo digo yo.
Mientras la mujer me hacía el desayuno, yo la miraba por detrás, y la verdad es que mantenía un tipazo, llevaba una bata de casa azul marino que le llegaba por las rodillas, pero muy pegada al cuerpo por lo que se le apreciaban muy bien todas las curvas, el hecho de llevarla tan ceñida la hacía muy atractiva, al menos a mis ojos, a eso se unía esa forma tan coqueta que tenía ella de hablar conmigo, algo que unido a que llevaba unos días sin follar, me puso un poco verraco, pero tenía que quitarme aquella idea de la cabeza, era mi suegra, joder.
La mujer me sirvió un abundante y apetitoso desayuno, y mientras me preparaba el café, me dijo con desenvoltura.
-Ahora cuéntame que te ha pasado con esa hija mía.
-Pues mira María, la verdad, es que la veo muy obsesionada con la chica esta que está en casa, Esperanza, siempre pendiente de ella, no deja de acosarla, de reñirle, incluso de pegarle, pero luego le digo yo algo, y entonces la defiende, me dice que no me meta, no sé, la veo algo obsesionada con esa criada la verdad, y lo que es peor, me tiene un poco abandonado.
-¿Abandonado? Pues no debes de permitirle eso Pedro, es tu mujer, y se debe a ti, así que házselo saber.
-A veces me dan ganas de cogerla por mi cuenta y darle unos buenos azotes, creo que le vendrían bien, la verdad.
María que venía con una bandeja cargada con la cafetera, el azucarero, unas tazas, y unos dulces, levantó la cabeza, cerró los ojos, y antes de dejar la bandeja sobre la mesa dijo.
-Mmmmmm que envidia le tengo a esta hija mía.
-¿Envidia? ¿Por qué dices eso María?
-Por tener el marido que tiene… Un marido así me hubiera hecho falta mí, alguien que me metiera en cintura cuando lo necesitara, que, por cierto, era bastante a menudo, lo reconozco.
A mi empezaba a gustarme mucho el cariz que iba tomando esa conversación, así que mientras degustaba el maravilloso desayuno mezclando los huevos con el tocino bien frito le dije a mi suegra.
-Te diré una cosa María, yo también le tengo un poco de envidia a mi difunto suegro.
-¿Envidia a tu suegro? ¿Pero que dices? ¿por qué dice eso hijo?
-Pues, por la mujer que tuvo.
-Ahí que cosas dices hijo mío, pero si yo soy muy normalita.
-No digas eso María, eres una mujer de bandera, y hace unos años no quiero ni imaginarme, y no sólo valoro tu físico, además eres alegre, dispuesta, divertida, lo que yo te diga, que le tengo envidia a mi difunto suegro, pero dime una cosa, dices que alguna vez lo necesitaste, pero que él nunca te metió en cintura.
-Nunca Pedro, nunca, y ya te digo que más de una vez lo merecí, sin embargo, mi padre era otra cosa, mi padre sí que era un hombre como Dios manda, en mi casa la que se desmandaba probaba la correa, y te digo que te bajaba los humos, vaya si te los bajaba, yo siempre he sido una mujer rebelde, pero si me padre me miraba serio me meaba encima, con perdón.
-¿Tan duro era?
-Buf, no te das una idea, recuerdo un día que me quise a ir una fiesta de carnaval, yo no era más que una adolescente, y me empeñé en ir, mi madre no me dejaba, y me puse tan pesada, que se quitó la zapatilla y me dio una buena somanta, pero yo era una buena potra, así que aprovechando que él no estaba en casa, me escapé, y me fui al carnaval; a la media hora lo vi aparecer por la puerta, se vino hacia mí y me dio dos guantazos tremendos, en el segundo me tiró al suelo, me sacó de una oreja, y cuando estábamos en la puerta lo vi como empezaba a quitarse el cinturón.
-“Papá con la correa no, en medio de la calle no por Dios, te lo suplico.”
-Pero no dijo nada, él era hombre de pocas palabras, me llevó por todo el pueblo a punta de correa, no he pasado más vergüenza en mi vida, cuando llegamos a casa, me llevó a mi cuarto, y allí sobre la cama, terminó con la azotaina, y al día siguiente me enteré, que a mi madre le dio otra tunda por dejarme escapar, para que aprendiera… aquello eran hombres Pedro, y tú me recuerdas mucho a mi padre, por esto te digo que con mi hija no aflojes, que es otra potra como era yo, y necesita que la amansen.
-¿Usted no la amansó cuando era una cría?
-No creas hijo, hice lo que pude, esa ha probado la zapatilla día sí día también, pero no es lo mismo una azotainna de una madre, que una buena paliza de un padre, ¿me entiendes verdad?
-Perfectamente María, perfectamente, y te prometo que algo haré al respecto, no le voy a permitir que se desmande, yo la meteré en vereda, no te preocupes.
La madura y atractiva mujer suspiró, cerró los ojos y se levantó con los restos del desayuno al fregador, mientras que se lamentaba diciendo.
-Que poca suerte he tenido en esta vida, buaaaa, y empezó a llorar de forma quejumbrosa.
Creo que lo hizo con el propósito de que me levantara a consolarla, y poder así sentirse cerca de un hombre, o quizá fueron lágrimas sinceras, el caso es que me levanté y la abracé por detrás mientras que ella estaba con el grifo abierto, simulando que fregaba, aunque la verdad es que lo único que hacía era sollozar lastimeramente.
-No llores más María, ahora todo va bien, y mejor que va a ir.
-Perdóname hijo, perdóname, tú no tienes la culpa de nada, pero estoy tan sola, y sé que a estas alturas no voy a encontrar a ningún hombre, y lo hecho tanto de menos.
Yo con las manos puestas en sus hombros por detrás, quise consolar a aquella mujer y pese a ser mi suegra no pude evitar una erección bastante evidente, y lo peor es que me estaba rozando contra su bata, aunque fuera de forma casi imperceptible.
-No digas que no vas a encontrar a un hombre María, eres todavía una mujer de muy buen ver, y seguro que aquí en el pueblo o en la capital encuentras los hombres que quieras.
Ella se echó un poco hacia atrás dejándose abrazar mientras seguía sollozando, se notaba que no quería abandonar aquella posición.
-Yo no busco un hombre cualquiera, no quiero otro flojo como era el pobre de mi marido, Dios lo tenga en su gloria, yo quiero un hombre como era mi padre… o como tú, que sepa tratar a una mujer, y que sepa ponerla en su sitio, y de esos hombres ya no hay Pedro, ya no hay.
Ese discurso fue toda una declaración de intenciones, mi suegra se había ido dejando caer contra mí, hasta que estuvimos bastante pegados, pero lo que más me animó a dar el siguiente paso, fue que su culo no paraba de moverse contra mi paquete, empezó muy suave, pero ya no disimulaba, aquel cuerpo estaba pidiendo guerra y yo ni supe, ni quise darle calabazas, así que le eché un brazo por debajo de sus pechos, y me arrimé bien a su trasero haciéndole sentir mi miembro, y le dije al oído de forma bastante melosa.
-¿No crees que estás siendo un poco desvergonzada, María?
Creo que no se esperaba esta especie de regañina, porque pude sentir como se ruborizó, y como trató instintivamente de separarse de mi cuerpo, pero no la dejé, la apreté contra mí de nuevo con fuerza, para que sintiera mi herramienta en todo su esplendor.
-¿Qué crees que hubiera hecho tu padre en este caso María?
-Madre mía, no quiero ni pensar en el palizón que me hubiera dado…
-Pues yo no soy tu padre, pero creo que estoy bastante de acuerdo con él, así que voy a hacer lo que hubiera hecho él.
Me separé de ella, y le di tres azotazos a mano llena, ZASSSSSSSSSSSSSS ZASSSSSSSSSSSSS ZASSSSSSSSSSSSSSSS fueron espaciados y duros, para que pudiera sentirlos bien, y creo que los degustó uno a uno, no se quejó en ninguno, sólo gimió, con los ojos cerrados, los estaba saboreando, y se notaba que quería más, muchos más, así que la cogí de la mano, y le dije.
-Vamos a tu habitación María, que te lo voy a explicar allí.
Ella me miró con una cara impostada de cordero degollado, pero en sus ojos se adivinaba que nada quería más en el mundo que la llevara a su habitación como si fuera una niña pillada en falta, y así lo hice, mientras la llevaba agarrada del brazo, noté como temblaba de emoción, y para tranquilizarla un poco, le daba de vez en cuando un azote en ese culazo que tenía, a lo que ella respondía ruborizándose a más no poder, pero sin ninguna intención de decirme que parara.
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Llegamos a su cuarto, y se quedó mirando al suelo, desde luego estaba interpretando el papel de niña pillada en falta a las mil maravillas, porque ella no era así por carácter, era claramente un papel, y yo estaba dispuesto a seguirle el juego.
-Quítate la bata María.
Estábamos ambos de pie junto a la cama, y ella me miró sin decir nada, recuerdo que tenía una cara mezcla de rubor y placer a la vez, que no podía ser más expresiva, y muy lentamente empezó a desabrocharse el lazo que sujetaba su bata de casa, hasta quedarse con un viso color crema que le llegaba por las rodillas, unas medias oscuras, y unas abrigadas zapatillas de casa de cuadros marrón claro y marrón oscuro, y pude notar como de nuevo temblaba de pura expectación y quiero pensar que de puro placer.
-Ahora te voy a enseñar modales. Y empecé a desabrocharme el cinturón.
De lo más profundo de su ser le salió un gemido gutural antes de decirme de forma sumisa.
-Sí, Pedro, como tú digas.
-Date la vuelta, y apoya las manos en la cama.
No dijo nada, sólo me miró y obedeció.
Aquella mujer se me había entregado sin condiciones pese al lazo familiar que nos unía, si ahora es un tema tabú, imaginaros en aquellos años, pero el sexo siempre ha encontrado su camino pese a los tabús, pese a los tiempos, y pese a todas las circunstancias que se le han interpuesto a lo largo de los siglos, y quizá cuanta más coerción, más morbo y más desenfreno, la naturaleza siempre gana.
Pese a tener el cinto doblado en dos para empezar a azotarla, preferí palparle las nalgas a través del suave viso que llevaba, se vislumbraban unas bragas blancas y generosas, como su culo, y ahí empecé a sobarla a mi gusto, ella no decía nada, sólo gemía, y se movía de forma indecente, lo que valió un buen azotazo a mano abierta.
-ZASSSSSSSSSSSSSSS, ¿te parece bonito María?
-Ayyy, lo siento mucho Pedro, no sé lo que me pasa, espero que sepas perdonarme, pero no lo puedo evitar.
-ZASSSSSSSSSSSSS ZASSSSSSSSSSSSSS ZASSSSSSSSSSSSSSS ZASSSSSSSSSSSSSSSSSSS
Vi cómo se mordía el labio inferior para intentar que no se oyeran demasiado los gemidos de placer que le estaban provocando aquellos azotes,fin del primer capitulo, parte 2 en la red social del autor original todos los creditos reservados https://x.com/leonelly777/status/2086916664256278908
En aquel tiempo, para ser sincero llevaba unos días disgustado con mi esposa, que parecía estar pendiente sólo de su criada y antigua alumna, le había cogido un celo, que no la dejaba tranquila ni un minuto, para muestra les contaré lo que pasó el día que nos ocupa en el desayuno.
-Esperanza, se puede saber que pasa con los huevos fritos, están duros, y ya sabes que me gustan bien blandos.
-Lo siento mucho Señora, no se que ha pasado, ¿quiere que le haga otros?
-¿Y estos qué? ¿A la basura? ¿Te crees que se puede estar tirando comida así como así?
-No Señora, lo siento de veras.
-Y más que lo vas a sentir, cuando se vaya el señor recuérdame que te castigue, que hasta que no pruebas la zapatilla, no empiezas a funcionar.
-Sí Señora, lo siento mucho Señora.
-Vamos a ver Josefa, los huevos están perfectos ¿quieres dejar tranquila a Esperanza? Te pasas el día amenazándola, y pegándole, pobre chica.
-No me gusta que me desautorices cariño, esto ya lo habíamos hablado, y Esperanza es mi criada, y hará lo que yo le diga, ¿está claro?
-A mí no me hables así, que te recuerdo que soy tu marido, y ya hablaremos tú y yo.
Tan cabreado estaba que tiré la servilleta a la mesa, fulminé a mi mujer con la mirada, pero esta me mantuvo la mirada, entonces me levanté, me puse la chaqueta y me fui de casa dando un portazo.
Mientras, Josefa se quedó dolida por la desautorización de su marido al que adoraba y quería con locura, pero también le gustaba mostrarse altiva, autoritaria y déspota con su criada sin que nadie le reprochara lo más mínimo, y esa desautorización le dolió, miró a la pobre Esperanza que no sabía dónde meterse y le espetó.
-¿Y tú que miras?
-Nada Señora, lo siento mi Señora.
-¿Nada? Ahora cuando termine de desayunar te vas a enterar, vete preparando.
-Si Señora, como usted diga.
La chica ya sabía que venía una buena paliza, y si le gustaban los propios azotes de su señora, le gustaban más aún las amenazas, y el anuncio de una buena azotaina, así que cuando su Ama le dijo que se fuera preparando, no pudo evitar mojar sus bragas.
Mientras tanto, me fui al Círculo Cultural, centro neurálgico del pueblo, donde nos juntábamos las fuerzas vivas, allí leería el periódico, y me metería un buen almuerzo, las penas con pan y con vino, son menos. Pero antes de llegar, al pasar por casa de mi suegra la vi por la ventana, y ella a mí también, nos saludamos efusivamente, y decidí hacerle una visita.
-Buenos días Pedro, cuanto bueno por aquí, ¿dónde vas de buena mañana con el frío que hace?
-Pues mire usted suegra, si le digo la verdad, vengo indignado de casa, su hija lleva unos días imposible, esa es la verdad, con decirle que apenas he desayunado.
-¿Pero, cómo puede ser? Anda siéntate, que ahora mismo te preparo yo lo que te apetezca, quieres un poco de tocino con unos huevos fritos, y un buen café.
-Es usted una madre, doña María, una madre.
-No me digas doña, y no me digas de usted, que me hace vieja, y yo no estoy tan vieja, ¿verdad?
-Claro que no, está usted bien lozana, ahí perdón, estás bien lozana, María, la verdad es que me cuesta tutearte.
-Pues que no te cueste hijo, que me gusta mucho, ah y me gusta mucho la palabra lozana, como se nota que eres maestro, en este pueblucho de campesinos y de paletos, no creo que nadie conozca esa palabra.
-Alguno la conocerá mujer.
-Como tú, nadie, te lo digo yo.
Mientras la mujer me hacía el desayuno, yo la miraba por detrás, y la verdad es que mantenía un tipazo, llevaba una bata de casa azul marino que le llegaba por las rodillas, pero muy pegada al cuerpo por lo que se le apreciaban muy bien todas las curvas, el hecho de llevarla tan ceñida la hacía muy atractiva, al menos a mis ojos, a eso se unía esa forma tan coqueta que tenía ella de hablar conmigo, algo que unido a que llevaba unos días sin follar, me puso un poco verraco, pero tenía que quitarme aquella idea de la cabeza, era mi suegra, joder.
La mujer me sirvió un abundante y apetitoso desayuno, y mientras me preparaba el café, me dijo con desenvoltura.
-Ahora cuéntame que te ha pasado con esa hija mía.
-Pues mira María, la verdad, es que la veo muy obsesionada con la chica esta que está en casa, Esperanza, siempre pendiente de ella, no deja de acosarla, de reñirle, incluso de pegarle, pero luego le digo yo algo, y entonces la defiende, me dice que no me meta, no sé, la veo algo obsesionada con esa criada la verdad, y lo que es peor, me tiene un poco abandonado.
-¿Abandonado? Pues no debes de permitirle eso Pedro, es tu mujer, y se debe a ti, así que házselo saber.
-A veces me dan ganas de cogerla por mi cuenta y darle unos buenos azotes, creo que le vendrían bien, la verdad.
María que venía con una bandeja cargada con la cafetera, el azucarero, unas tazas, y unos dulces, levantó la cabeza, cerró los ojos, y antes de dejar la bandeja sobre la mesa dijo.
-Mmmmmm que envidia le tengo a esta hija mía.
-¿Envidia? ¿Por qué dices eso María?
-Por tener el marido que tiene… Un marido así me hubiera hecho falta mí, alguien que me metiera en cintura cuando lo necesitara, que, por cierto, era bastante a menudo, lo reconozco.
A mi empezaba a gustarme mucho el cariz que iba tomando esa conversación, así que mientras degustaba el maravilloso desayuno mezclando los huevos con el tocino bien frito le dije a mi suegra.
-Te diré una cosa María, yo también le tengo un poco de envidia a mi difunto suegro.
-¿Envidia a tu suegro? ¿Pero que dices? ¿por qué dice eso hijo?
-Pues, por la mujer que tuvo.
-Ahí que cosas dices hijo mío, pero si yo soy muy normalita.
-No digas eso María, eres una mujer de bandera, y hace unos años no quiero ni imaginarme, y no sólo valoro tu físico, además eres alegre, dispuesta, divertida, lo que yo te diga, que le tengo envidia a mi difunto suegro, pero dime una cosa, dices que alguna vez lo necesitaste, pero que él nunca te metió en cintura.
-Nunca Pedro, nunca, y ya te digo que más de una vez lo merecí, sin embargo, mi padre era otra cosa, mi padre sí que era un hombre como Dios manda, en mi casa la que se desmandaba probaba la correa, y te digo que te bajaba los humos, vaya si te los bajaba, yo siempre he sido una mujer rebelde, pero si me padre me miraba serio me meaba encima, con perdón.
-¿Tan duro era?
-Buf, no te das una idea, recuerdo un día que me quise a ir una fiesta de carnaval, yo no era más que una adolescente, y me empeñé en ir, mi madre no me dejaba, y me puse tan pesada, que se quitó la zapatilla y me dio una buena somanta, pero yo era una buena potra, así que aprovechando que él no estaba en casa, me escapé, y me fui al carnaval; a la media hora lo vi aparecer por la puerta, se vino hacia mí y me dio dos guantazos tremendos, en el segundo me tiró al suelo, me sacó de una oreja, y cuando estábamos en la puerta lo vi como empezaba a quitarse el cinturón.
-“Papá con la correa no, en medio de la calle no por Dios, te lo suplico.”
-Pero no dijo nada, él era hombre de pocas palabras, me llevó por todo el pueblo a punta de correa, no he pasado más vergüenza en mi vida, cuando llegamos a casa, me llevó a mi cuarto, y allí sobre la cama, terminó con la azotaina, y al día siguiente me enteré, que a mi madre le dio otra tunda por dejarme escapar, para que aprendiera… aquello eran hombres Pedro, y tú me recuerdas mucho a mi padre, por esto te digo que con mi hija no aflojes, que es otra potra como era yo, y necesita que la amansen.
-¿Usted no la amansó cuando era una cría?
-No creas hijo, hice lo que pude, esa ha probado la zapatilla día sí día también, pero no es lo mismo una azotainna de una madre, que una buena paliza de un padre, ¿me entiendes verdad?
-Perfectamente María, perfectamente, y te prometo que algo haré al respecto, no le voy a permitir que se desmande, yo la meteré en vereda, no te preocupes.
La madura y atractiva mujer suspiró, cerró los ojos y se levantó con los restos del desayuno al fregador, mientras que se lamentaba diciendo.
-Que poca suerte he tenido en esta vida, buaaaa, y empezó a llorar de forma quejumbrosa.
Creo que lo hizo con el propósito de que me levantara a consolarla, y poder así sentirse cerca de un hombre, o quizá fueron lágrimas sinceras, el caso es que me levanté y la abracé por detrás mientras que ella estaba con el grifo abierto, simulando que fregaba, aunque la verdad es que lo único que hacía era sollozar lastimeramente.
-No llores más María, ahora todo va bien, y mejor que va a ir.
-Perdóname hijo, perdóname, tú no tienes la culpa de nada, pero estoy tan sola, y sé que a estas alturas no voy a encontrar a ningún hombre, y lo hecho tanto de menos.
Yo con las manos puestas en sus hombros por detrás, quise consolar a aquella mujer y pese a ser mi suegra no pude evitar una erección bastante evidente, y lo peor es que me estaba rozando contra su bata, aunque fuera de forma casi imperceptible.
-No digas que no vas a encontrar a un hombre María, eres todavía una mujer de muy buen ver, y seguro que aquí en el pueblo o en la capital encuentras los hombres que quieras.
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-Yo no busco un hombre cualquiera, no quiero otro flojo como era el pobre de mi marido, Dios lo tenga en su gloria, yo quiero un hombre como era mi padre… o como tú, que sepa tratar a una mujer, y que sepa ponerla en su sitio, y de esos hombres ya no hay Pedro, ya no hay.
Ese discurso fue toda una declaración de intenciones, mi suegra se había ido dejando caer contra mí, hasta que estuvimos bastante pegados, pero lo que más me animó a dar el siguiente paso, fue que su culo no paraba de moverse contra mi paquete, empezó muy suave, pero ya no disimulaba, aquel cuerpo estaba pidiendo guerra y yo ni supe, ni quise darle calabazas, así que le eché un brazo por debajo de sus pechos, y me arrimé bien a su trasero haciéndole sentir mi miembro, y le dije al oído de forma bastante melosa.
-¿No crees que estás siendo un poco desvergonzada, María?
Creo que no se esperaba esta especie de regañina, porque pude sentir como se ruborizó, y como trató instintivamente de separarse de mi cuerpo, pero no la dejé, la apreté contra mí de nuevo con fuerza, para que sintiera mi herramienta en todo su esplendor.
-¿Qué crees que hubiera hecho tu padre en este caso María?
-Madre mía, no quiero ni pensar en el palizón que me hubiera dado…
-Pues yo no soy tu padre, pero creo que estoy bastante de acuerdo con él, así que voy a hacer lo que hubiera hecho él.
Me separé de ella, y le di tres azotazos a mano llena, ZASSSSSSSSSSSSSS ZASSSSSSSSSSSSS ZASSSSSSSSSSSSSSSS fueron espaciados y duros, para que pudiera sentirlos bien, y creo que los degustó uno a uno, no se quejó en ninguno, sólo gimió, con los ojos cerrados, los estaba saboreando, y se notaba que quería más, muchos más, así que la cogí de la mano, y le dije.
-Vamos a tu habitación María, que te lo voy a explicar allí.
Ella me miró con una cara impostada de cordero degollado, pero en sus ojos se adivinaba que nada quería más en el mundo que la llevara a su habitación como si fuera una niña pillada en falta, y así lo hice, mientras la llevaba agarrada del brazo, noté como temblaba de emoción, y para tranquilizarla un poco, le daba de vez en cuando un azote en ese culazo que tenía, a lo que ella respondía ruborizándose a más no poder, pero sin ninguna intención de decirme que parara.
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-Ahora te voy a enseñar modales. Y empecé a desabrocharme el cinturón.
De lo más profundo de su ser le salió un gemido gutural antes de decirme de forma sumisa.
-Sí, Pedro, como tú digas.
-Date la vuelta, y apoya las manos en la cama.
No dijo nada, sólo me miró y obedeció.
Aquella mujer se me había entregado sin condiciones pese al lazo familiar que nos unía, si ahora es un tema tabú, imaginaros en aquellos años, pero el sexo siempre ha encontrado su camino pese a los tabús, pese a los tiempos, y pese a todas las circunstancias que se le han interpuesto a lo largo de los siglos, y quizá cuanta más coerción, más morbo y más desenfreno, la naturaleza siempre gana.
Pese a tener el cinto doblado en dos para empezar a azotarla, preferí palparle las nalgas a través del suave viso que llevaba, se vislumbraban unas bragas blancas y generosas, como su culo, y ahí empecé a sobarla a mi gusto, ella no decía nada, sólo gemía, y se movía de forma indecente, lo que valió un buen azotazo a mano abierta.
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Vi cómo se mordía el labio inferior para intentar que no se oyeran demasiado los gemidos de placer que le estaban provocando aquellos azotes,fin del primer capitulo, parte 2 en la red social del autor original todos los creditos reservados https://x.com/leonelly777/status/2086916664256278908
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