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Mi alumna - parte 2: avances (100% real)

Esto comenzó acá: PRIMERA PARTE

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Gracias a quienes me regalan un rato de su tiempo para leer, compartir, y disfrutar esta historia. Como les dije, es experiencia personal totalmente real, a la que solamente le cambié nombres y detalles que puedan dar indicios de quiénes somos (ella y principalmente yo). Pero cuando vi que esto venía lindo, intenso y largo, tomé la precaución de ir copiando nuestro chat en un doc y guardarlo para poder revivirlo cuando sea, más allá del paso del tiempo.

Antes de seguir, quiero ponerles en contexto haciendo una salvedad. Cuando publiqué el texto de la primera parte, lo copié de la escritura original, que había sido hace unos años. Así que, nobleza obliga, puedo situarlos mejor ahora en tiempos para que sepan de cuándo estamos hablando. Hoy tengo 40 recién cumplidos, y esta historia sucedió hace unos 10 aprox. En ese momento estaba en pareja con la mamá de mi hijo, aún en la espera de su llegada.

Visto a la distancia, creo que el proceso de su embarazo, aunque me gustaba compartirlo, me dejaba afuera de muchas cosas. Un poco de mí se sentía desplazado en el día a día de casa. Y aunque no pretendo en absoluto hacerla responsable de mis “aventuras”, creo que el estar necesitando el encuentro apasionado con otra persona aumentó mi predisposición a curiosear con esta alumna que había irrumpido en mi cotidiano a través de un simple chat, pero en mi cabeza de modo constante, resonando sus palabras y tratando de dilucidar sus intenciones.

Continuemos.



Llevaba casi una semana de un chat que era casi constante. Las pausas eran siempre del tipo “voy a comer y vuelvo”, o “me duermo. ¿Seguimos mañana?”. Pero algo se estaba evidenciando en el intercambio: ninguno de los dos soltaba nada. Y ninguno quería soltar.

Una tarde estaba en el estudio donde daba clases, en un rato libre, y me llega su mensaje:

- Hola profe! En qué anda?
- Hola! Acá tocando la guitarra un rato. Vos?
- Ah que bien!!! me parecía que estaba ocupado por eso no le hablé.
- Jaja! no hay problema. Estoy jugando nomás.
- Ah bueno. Yo igual por ahí no quiero molestar... capaz su novia se enoja por las tontas preguntas que hago yo.

Listo. Estaba tanteando el terreno para avanzar. No había que aclarar mucho más. Desde este punto en adelante, me dije “Ok Fran: te vas a meter en una que solamente puede escalar, y no sabés hasta dónde. ¿Estás para esa?”. No sé qué cabeza mía pensó la respuesta, jaja! Sospecho que la que nos domina a los hombres en situaciones así. Entonces me decidí a ir más a fondo en la charla.

- Jaja! Nooo!! Nada que ver! estoy re tranqui acá. Si me tengo que ir o lo que sea, te aviso, no te preocupes.
- ☺️ Ah bueno, no vive con ella? Perdón, re metida, no pregunto jaaja!
- jaja! Sisi, vivimos juntos. Igual ahora no estoy en casa.
- Aahh… yo hice un par de fotos hoy a la tarde.
- Genial! las vas a subir acá?
- Sii en un ratito.
- Buenísimo. Después me pego una vuelta.
- Bueno, dele, espero que les guste.

Efectivamente, más tarde (ya de vuelta en casa) entro a ver y ahí estaban: claramente dibujó un poco la charla. No eran actuales, sino de hace unos meses: eran fotos en el río, un día soleado y cálido, que se contradecía con las tardes frescas otoñales que estábamos transitando en ese momento. Pero eso no le quitaban valor ni deleite a lo que veía: en las primeras, algunas poses como caminando, observando el paisaje (reconozco que no era la mejor posando, pero no necesitaba hacerlo para mostrar su belleza en cualquier situación). Y luego empezaba lo mejor: fotos a la orilla del río, con su cuerpo enfundado en una bikini rosada de tamaños normales, que dejaban disfrutar de su figura adolescente, que a pesar de sus 18 años aparentaba algunos menos, para el vuelo mental (y morboso) de cualquiera que entrara a verlas: su sonrisa a cámara, sus labios carnosos y el brillo de sus ojos que la mostraban divertida, despreocupada. Sus brazos en alto que alzaban sus pechos pequeños de formas exquisitas. Su cinturita recortada sobre el fondo natural, su abdomen plano y un lunar por debajo de su ombligo,  a un costado, que invitaban a fantasear con besarlo para saber cómo se sentía. Bajando por su cuerpo en primer plano, sus caderas se llevaban el premio mayor: amplias, redondeadas y levemente más grandes que el promedio de su pequeño cuerpo, eran el punto fuerte que coronaba con unas piernas suaves.

Siguiente foto, y la cosa no paraba de mejorar. Ahora sonreía a cámara por sobre su hombro izquierdo, de espaldas a la lente. Su pelo castaño claro, muy lacio y largo hasta el final de su espalda, dejaba adivinar una brisa suave en esa tarde de fotos al aire libre. Por la posición, la cintura se arqueaba un poco, mostrando más todavía que su cuerpo joven y delgado tenía cada cosa en su justo lugar, en proporciones deliciosas para fantasear con mil cosas. Y finalmente, el plato fuerte de M: por detrás, la parte de abajo de su bikini parecía de tamaño normal. Pero era su cola la que la hacía verse más chica: dos glúteos grandes para su cuerpito, muy firmes, redondos y de piel suave (el zoom que hice a esa foto para apreciarlos era de precisión quirúrgica), muy parado por el quiebre suave pero intencional de su cintura me quitaron el aliento.

Como un chico que se mandó una cagada, levanté la vista constatando que mi novia no estaba en el comedor de casa donde me encontraba en ese momento, para fijar toda mi atención en la foto. Ahí estaba M: mi ex-alumna, la que todavía me decía “profe” y me trataba de usted, me dejaba ver un perfil que, aunque intuía, todavía no conocía de ella. Las siguientes fotos no decepcionaron: más de frente, de espalda, a la orilla del río y un poco más adentro, entrando al agua y sumergiéndose para salir con el pelo mojado. La última en especial dejaba sin aliento: todo lo que podía tener de “modelo” amateur salió a relucir en esa última toma: Primer plano de su cara, con un par de mechones de su pelo enmarcándola. Sus ojos fijos en la lente, parecían mirarme, hablarme, querer absorverme desde la pantalla. La boca relajada, los labios apenas separados. Esta chica emanaba una sensualidad propia de alguien maduro, que sabe lo que hace. O, lo que podía ser peor, la intensidad de una adolescente ávida de conocerlo todo. Sea cual fuere la circunstancia, ahí me encontraba dispuesto a avanzar.



Día siguiente. Media mañana. Nuestro chat continúa así:

- Hola M! Ayer vi tus fotos. Sos toda una modelo!
- Hola profe! jaja! Noo! me da vergüenza que las haya visto!
- Jaja! En serio? Pero por qué? Están muy bien… las fotos y vos, lo digo bien!
- Jeje! No seee… es que fueron fotos que me hizo una persona con la que… pasaron cosas. Pero ya es historia pasada.
- Ah… pero terminó bien la cosa? O preferís dar vuelta la página y olvidar?
- Creo que era muy inocente, por así decirlo, y dije que sí a hacer cosas que no sé si hoy las haría.

Explosión cerebral: mi morbo escaló a niveles inimaginables fantaseando con la situación: un tipo más grande que la lleva a hacer fotos. Ella que empieza a jugar, divertida con la cámara y con toda la situación. El tipo que entiende su “disponibilidad”, y entonces empieza a tantear a ver hasta dónde llega. El resto, prefería que ella me lo cuente antes de seguir fantaseando. Con la pija parada adentro del pantalón de solo imaginarla, le sigo escribiendo.

- mmm… de una. Bueno, lo importante es que te quedaron unas lindas fotos! jeje! (dije queriendo aflojar la tensión o hacerla sentir cómoda).
- Sí, tengo esas y algunas más… por ahí más adelante se las muestre.

Agarré la (poco sutil) indirecta, obvio. Pero tenía que irme a laburar y no podía estar con la cabeza dividida entre esto y mis obligaciones. Así que desvié la charla a trivialidades para seguir generando confianza, cercanía.



Más tarde ese día, continuamos por acá:

- Cómo va por ahí?
- Profe! Bieeeen…Tengo ganas de salir a algún lado, a hacer cualquier boludes para no pensar y ponerme como anoche. (La noche anterior me dijo que estaba enojada y no podía hablar con nadie. No quise ahondar mucho, así que seguí)
- Ni hablar...! Y vas a salir?
- No lo sé.
- Con quién salís cuando haces algo a la noche? Amigos?
- amigas… ahora que tengo 18 me hago la agrandada y voy al casino, je!
- Jaja! Posta!? 18? Ni hablar…
- Jeje sí, 18 aunque no parezco. Yo fui al casino el miércoles con amigas a comer.
- El casino está bien para dar una vuelta, y no mucho más… Bah, a mi me aburre un poco. Yo creo que hoy voy a salir con un amigo también.
- Ok.anota: (le pasé mi celular. Me la jugué, quería seguir acercándome). Si salís más tarde y queres, avisa! Yo quizás esté dando vueltas con mi amigo.. Abrazo! Nos vemos…

Si quería avanzar, necesitaba llevarla “a mi terreno”. El cual todavía no tenía tan en claro cuál era. Pero quería ver qué tipo de “encuentro casual” podía salir para concretar.

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