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El diario del Kun - abril 19

DISCLAIMER: esta saga de relatos es ficticia, con relatos que pueden o no ser anécdotas reales, propias o que me hayan contado. Reversionadas, adaptadas y cuidando personajes, con fotos meramente ilustrativas y que nada tienen que ver con las personas reales del mismo.


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Mi nombre es Mauro, pero mis amigos me dicen "Kun". No, no me parezco al jugador ni de cara ni físicamente (soy bastante más alto), y aunque tengo cuerpo atlético tampoco soy un gran jugador de fútbol cuando me junto con ellos a boludear un rato. El apodo viene por una tendencia que tengo: me encantan las rellenitas.
Gorditas, gordibuenas, tetonas, culonas o caderonas, cualquier mujer que tenga buena carne y cierta pancita me enloquece, me encanta. Me garché una buena cantidad de flaquitas, no lo niego... pero la mina carnosa tiene algo que me puede un montón. Sé que no soy el único de hecho, pero hay quienes se hacen los giles y no lo quieren admitir. Y la verdad que si, me da orgullo clavarme y engancharme con una linda gordibuena cada tanto, tienen algo especial que enamora. Acá algunas de las mejores historias que viví en estos años y que ilustran un poco este deseo irracional por las gorditas, espero que lo disfruten...

Todo empieza en 2019, con la mamá de un ex compañero de colegio. Si, la fantasía de todo el mundo que haya visto la película "American Pie", aunque no sea de mi época. Esto sucede cuando habíamos terminado la escuela, pero con la mujer nos conocíamos de antes por supuesto. Un sábado estaba en la casa de este compañero y su mamá, separada del padre hacía un tiempo, le avisa que iba a salir con unas amigas. Esa primera mirada fue clave para que lo que les voy a terminar contando haya pasado.
El diario del Kun - abril '19

La hembra estaba terrible, solamente la miré y ella me miró. Ambos sabíamos lo que dijimos en ese cruce de miradas aunque no dijimos una sola palabra. Nos saludó y se fue, así sin más. Yo me quedé un rato más y me fui a mi casa. Me fue inevitable pensar en esa mujer, en la noche que pasaría y la cantidad de manos que iban a tocar ese orto. Se me puso dura la pija enseguida de solo recordar ese vestido cortito... me imaginaba algun momento donde la mujer se agachara no se, a buscar algo accidentalmente caído.

gordibuena

Mi imaginación enseguida me dio la imagen perfecta y la erección se transformó en paja rápidamente... mis jóvenes 19 años hicieron que la intensidad de la masturbación fuera subiendo, acabé muchísimo y rápido. Mi cabeza iba más rápido que mi mano pensando que alguien se iba a comer ese culo y en mi imaginación la leche derramada entraba directamente en su ano... era tal la calentura que la erección no bajó del todo y atiné a seguir, en mi mente seguía viendo ese hermoso culo. Seguí pajeándome, fuerte y rápido como si no hubiera acabado antes... y el resultado fue un nuevo lechazo, potente y muy cargado también...

Completamente enchastrado de mi propio semen, agitado y con la pija ya a medio dormir, me fui a bañar para bajar la temperatura. Pero me fui a acostar con la cabeza pensando en quien sería el hijo de puta que se iba a comer semejante orto, lo puta que se veía la señora y las ganas que tenía de detonarla yo también.

Lo que mi cabeza morbosa nunca imaginó era lo que sucedería en la semana. Yendo a comprar a un supermercado cercano, me la encuentro. Ella se acercó a saludarme, casi con un abrazo me dijo "Hola Maurito, ¿como estás?". "Caliente" tenía ganas de decirle pero la saludé con un "Bien, ¿usted?". Entrando más en confianza me dijo "Tuteame nene, si el otro día vi como me miraste...". Me puse colorado, mientras ella se sonrió y me dijo que estaba todo bien.

De la nada, me contó que la salida del sábado había estado muy buena pero que ella se había quedado en la cabeza pensando en como la miré. Claramente ella notó que yo estaba en shock, apenas respondía con monosílabos porque no entendía si lo que pasaba era real o no. Para ahorrar tiempo, me dijo "Anotá mi número y hablame nene". Me pasó su whatsapp y me saludó nuevamente con un beso en la mejilla.

Estuve días con el número agendado ahí, sin saber que hacer... una noche, recordé las dos pajas del sábado en su honor. Estaba poniéndome gomoso de recordarlo, mi cabeza me dijo "hacelo, es lo que ella espera...", y ahí salió el mensaje. Eran las 11.40 de la noche de un jueves, imaginé que no respondería, que tal vez dormía para ir a trabajar al día siguiente... pero enseguida contestó, preguntando quien era porque no tenía el número agendado. "Soy Mauro", le respondí con timidez y me empezó a dar charla. Me apareció la foto de perfil, señal que me agendó enseguida.

Continuará...

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