You are now viewing Poringa in Spanish.
Switch to English

infiel con el tío de mi esposo en una boda

Esto pasó hace como un año. Yo en ese momento tenía veintidós, llevaba dos de casada y aún sin hijos, aún no estaba en nuestros planes tenerlos. Descubrí el sexo a los quince, siendo una adolescente, y antes de conocer a Fabián, mi esposo, tuve al menos tres novios. Con los tres tuve sexo, y la verdad, tengo muy buenos recuerdos de cada uno. Cada uno me enseñó algo distinto.

En el sexo, Fabián se defendía, la verdad, pero se venía rápido, en diez minutos o menos. Y su carácter... uf, complicado. Un orgullo que no lo dejaba ni ver sus propios fallos. Si yo le decía algo, aunque fuera con toda la buena onda, acabábamos a gritos. Y casi siempre, yo era la que tenía razón, pero él jamás lo aceptaba. Hubo un momento en que la discusión fue tan fuerte que dejamos de hablarnos por una semana. Él, en lugar de intentar remediar las cosas, se portaba aún más agresivo, así que me cambié de habitación. Nos dirigíamos la palabra solo para lo estrictamente necesario, y así pasaron unas semanas.

En unos días, dos grandes amigos contraían matrimonio, los dos éramos padrinos, teníamos qué asistir obligatoriamente. Asistimos, pero de igual forma, seguíamos sin hablarnos. Mi cara puede decir otra cosa, pero soy una mujer algo ardiente. Siempre me ha gustado vestir bien: vestidos, leggins, jeans, todo muy ajustado a mi cuerpo. mi cabello es rubio castaño, piel clara, mido alrededor de 1.65, tengo una bonita figura, senos de buen tamaño, un trasero firme y redondo que no pasa desapercibido. Aún estando casada, me llovían propuestas de conocidos y de extraños, todos buscaban lo mismo llevarme a la cama para solo cogerme. Pero yo siempre me tome el matrimonio muy en serio. Jamás había sido infiel con nadie… hasta esa noche…
infiel con el tío de mi esposo en una boda
infiel

Mi esposo tiene un tío que se llama Jorge. Es un hombre alto, mide al menos 1.80, y es guapo, no lo puedo negar. Su mayor atractivo era su físico; se nota que es un hombre de gimnasio por su musculatura: sus brazos y torso estaban muy desarrollados. A sus 35 años aún es soltero y, por supuesto, tiene cara de ser todo un mujeriego. Yo nunca le di mucha confianza, ya que en las pocas veces que habíamos coincidido antes, siempre me miraba con ojos de deseo, incluso enfrente de mi esposo, el tipo para nada disimulaba. Cada vez que me veía era como si quisiera desnudarme con la mirada.

Durante la fiesta, Fabián se fue con sus amigos y yo con las mías. Cuando fui por una bebida, me topé a Jorge, quien me saludó muy amablemente. Vestía un saco oscuro y una camisa de vestir, tipo sport. Quise evitarlo, pero comenzó a hacerme plática y así estuvimos hablando un par de minutos. Me invitó una copa de vino y me comentó;

:: Es raro no verte junto a Fabián, si siempre andan juntos.

—Estamos atravesando por unos problemas; le confesé.

:: Ese sobrino no tiene ni idea de la gran mujer que tiene a su lado. Pero voy a tener que regañarlo un poco.

—Bueno, tengo que ir con mis amigas… dije… y me marche enseguida.

Me senté en una mesa con ellas y estuvimos platicando. Pedimos unas copas de vino. Estando ahí, miraba a mi esposo, sentado en otra mesa, bebiendo y platicando con sus amigos. Pasó el tiempo. Yo seguía con mis amigas, platicando y riendo. Cuando, de pronto, miré a Fabián, estaba bailando con una mujer. Yo no la conocía. Es más, una de mis amigas me preguntó quién era la que estaba bailando con mi esposo. No pude ni responder; estaba llena de rabia y celos.

Justo en ese momento, Jorge se acercó a la mesa y me preguntó 

:: ¿Bailamos ?

Sin dudarlo, me puse de pie y me fui con él. Quería que Fabián me viera también. La música era bailable, tipo salsa y merengue. Jorge resultó ser muy buen bailarín; sabía perfectamente bailar ese tipo de música. Apretaba mi cuerpo contra el suyo y me daba muchas vueltas. Sus manos sujetaban con firmeza mi espalda y, en ocasiones, las bajaba muy cerca de mis nalgas.

"Yo llevaba puesto un vestido azul, largo de corte sirena, ajustado al cuerpo, con un escote en V y algo transparente en la parte del busto."
esposa infiel
cornudo

Jorge varias veces me dijo: 

:: Pero qué hermosa te ves esta noche. Luces espectacular con ese vestido.

Yo solo respondía con leves gestos y una que otra sonrisa, seguimos bailando un par de canciones más. Mi esposo y la otra mujer aún seguían bailando; no estaban muy lejos de nosotros. Miraba cómo ella le coqueteaba y él se dejaba. En ocasiones, Jorge estrujaba mi cuerpo contra el suyo, casi frotándolo. Mis senos, pegados a su torso, y sus manos, a centímetros de mis nalgas, provocaban que mi respiración se acelerara sin querer. Esos roces, sumados a las copas de vino, estaban despertando una excitación en mi. Él se dio cuenta y, mirándome a los ojos sin decir nada, me llevó de la mano fuera del jardín, ahí en un rincón del patio, estaba casi a oscuras. Yo no puse resistencia alguna. 

:: Natalia, tú mereces estar con un hombre que te haga sentir mujer. Si me lo permites… esta noche, yo quiero ser ese hombre.

Dijo susurrándome al oído.

Comenzó a besar mi cuello. Quiso buscar mi boca, pero yo lo esquivé. Entonces, volvió a besar mi cuello y las orejas. Descendió sus manos hacia abajo y agarró mis nalgas a través del vestido comenzó a tocármelas y a apretarlas. Cada apretón enviaba una sacudida eléctrica directo a mi entrepierna.

—Oye, Jorge... emm… espera. Detente….para.

Pero él lo estaba haciendo todo muy bien. En eso, no supe ni cómo, me bajó uno de los tirantes de mi vestido, descubriendo uno de mis senos. Hizo a un lado el sostén y comenzó a mamarlo. Luego hizo lo mismo con mi otro tirante y empezó a lamerla mi otra teta, chupaba y con su lengua trazaba círculos lentos sobre mi pezon. Las apretaba y mamaba muy rico. Con una de mis manos tape mi boca para ahogar mis gemidos, y así evitar que se escucharan.

Pero lo detuve. 

—Ya, ya...es suficiente…espera, Jorge. Alguien nos puede ver. Me subí los tirantes del vestido, acomodé mi sostén, y regresamos al centro del jardín a seguir bailando. Al parecer, Fabián ni cuenta se había dado de mí ausencia. El aún seguía bailando. Jorge estaba muy acelerado, por no decir caliente. Me pegaba más contra él; con sus músculos fuertes me tomaba como si fuera una muñeca entre sus manos. En eso, cambiaron de música, ahora era romántica. Pensé que Fabián se iría a sentar a la mesa para que yo hiciera lo mismo, pero no… ahora bailaba más pegado a esa mujer.

Mis celos crecieron aún más al verlos así. Entonces, jalé a Jorge hacia el rincón oscuro de hace rato. Pero, para mi desgracia, ya estaba ocupado por otra pareja que se comía a besos también. Seguimos caminando más al fondo, alejándonos un poco de la fiesta. Encontramos un lugar oscuro; ahí, nadie nos molestaría. Ya estando ahí solos, tomé la iniciativa y besé a Jorge. Nos besábamos de una manera intensa: mi lengua buscaba a la suya, y la suya a la mía. Parecían serpientes en celo por cómo jugaban y se revolcaban entre ellas.

Las manos de Jorge tomaron mis nalgas nuevamente; las acariciaba y apretaba con mucha fuerza. Repitió lo mismo de hace unos momentos: bajó ambos tirantes de mi vestido y otra vez comenzó a mamar mis senos con deseo. Chupaba, lamía, dándole pequeñas mordidas a mis tetas y pezones, los cuales estaban duros y firmes como rocas. Jaló mi vestido hacia arriba, levantándolo hasta descubrir parte de mis nalgas, y metió sus manos entre ellas, delineando mi panty, que era tipo tanguita.

Sentía que estaba completamente empapada. Jorge sabía exactamente cómo hacerle para que una mujer se mojara. Por un instante, su boca dejó de comerse mis senos y volvió buscando la mía, para después volver a bajar y devorarlos de nuevo. Estaba segura de que ya habían pasado más de 10 minutos, pero de nuevo decidimos parar y volver a la fiesta para no levantar sospechas. Así que me arreglé el vestido y acomodé mi cabello. En sí, era un evento con demasiadas personas, pero de igual forma no nos íbamos a arriesgar a que alguien nos reconociera.

Cuando regresamos a la fiesta, me dijo que iría por unos tragos. Yo volví a la mesa con mis amigas, quienes no tardaron en preguntar: '¿En dónde estabas?' ¿Quién era el galán que estaba bailando contigo? Es muy guapo y, aparte, baila muy bien. Les dije que era el tío de mi esposo. Ahorita que regrese se los presento.

Jorge volvió con un trago para mí y otro para él. Se los presenté y enseguida lo invitaron a sentarse en nuestra mesa. Sin dudarlo rápidamente aceptó, y se sentó a mi lado. Al paso de unos minutos, Jorge colocó la palma de su mano en mi muslo izquierdo, comenzando a subir y bajar suavemente. Las mesas eran de manteles largos, y nadie se daba cuenta. 

Sin dejar de platicar y aprovechando que mis amigas ya estaban un poco ebrias, metió una de sus manos abajo del mantel y comenzó a subirme el vestido muy lentamente hasta dejarlo a la mitad de mis piernas. Siguió deslizando su mano buscando mi entrepierna. Yo aún estaba algo caliente; abrí un poco las piernas y su mano comenzó a acariciar mi vagina sobre mi panty. Como era tela fina, podía sentir muy bien el roce de sus dedos. El movimiento que estaba haciendo me estaba calentando cada vez más. Entonces, alargué mi mano y comencé a tocarle su bulto por encima de su ropa. Se sentía muy duro; Jorge tenía una gran erección, como si su pene quisiera romper su pantalón.

Para ese momento ya estaba muy excitada, quería ser penetrada por él en ese mismo instante. Se acercó y me dijo al oído:

:: ¿Te parece si nos vamos a otro lugar? Si aceptas, te espero en la salida, en el estacionamiento.

Se levantó, se despidió de todos nosotros y mire que también se fue a despedir de Fabián. Mi mente me decía que no fuera, que no cometiera una infidelidad, pero mi cuerpo me pedía a gritos ir tras él. Ya estaba muy caliente, llevaba mucho tiempo sin tener sexo y esta vez no me quedaría con las ganas. Esperé que pasaran unos minutos y fui a donde estaba Fabián. Me paré enfrente de él y le dije que me sentía mal, que me iría a casa y que una de mis amigas me llevaría. Él, sin darle mucha importancia, asintió con la cabeza diciendo que estaba bien.

Regresé con mis amigas. Ya habían pasado varios minutos más, entonces Laura una de mis amigas dijo que ya se iba. Aproveché para decir que yo también me retiraba y salimos juntas. 'Bueno, Laura, después nos vemos', y me despedí de ella ya en la salida.

Miré a los alrededores y no vi a Jorge. Caminé un poco y ahí estaba, recargado sobre un auto. Cuando me miró, sonrió. '

:: Por un momento imaginé que ya no vendrías', dijo

—Perdón. Tenía que inventar una excusa perfecta para salir de ahí y que no se viera sospechoso. 
Después te cuento. ¿Te parece si nos vamos? No sea que alguien nos vaya a reconocer.' 

:: Mi auto está a la vuelta de la esquina. Vámonos en el tuyo, ya después regreso por él', dijo Jorge.

—Bueno, maneja tú.

le dije Nos subimos y salimos. 

:: Conozco un hotel aquí cerca. ¿Te parece si vamos a ese?' 

—Sí, claro... por mí está bien

le respondí. 

Él y yo sabíamos a lo que íbamos. Pronto, Jorge puso su mano en mis piernas y yo puse la mía sobre su bulto. Nos fuimos tocando todo el camino hasta llegar al hotel.

Cuando llegamos, enseguida pedimos una habitación. Apenas atravesamos la puerta, comenzamos a comernos a besos, esta vez más desenfrenadamente que las anteriores. Jorge me giró quedando de espaldas hacia él, bajó los tirantes y después bajó el cierre del vestido, el cual cayó al suelo sin dificultad. Me giró de nuevo hacia él, bajó su rostro a la altura de mi vagina y, mientras besaba mi vientre, sus manos deslizaron mis pantys hacia abajo.
putita
:: Qué linda vagina tienes, Natalia. Además, estás depilada. Eso me excita aún más.

Eso alcancé a escuchar antes de que sumergiera su cara en mi entrepierna.

Comenzó a lamer. Cada lengüetazo era una descarga eléctrica. Sus dedos separaban mis labios vaginales mientras hundía su lengua dentro de mí. Mis gemidos fluían naturalmente, ya no los retenía más. Con mis manos sobre su cabeza, lo empujaba más hacia mí... Parecía un niño comiéndose un dulce, no se despegaba de mí. Era muy hábil con los dedos y la lengua. Sus dedos salían embarrados de mis jugos, y él los llevaba a su boca y los chupaba. No pude aguantar y terminé corriéndome en su boca. En ningún momento Jorge se apartó y terminó bebiendo todos mis fluidos como si fueran un néctar.

Comenzamos a besarnos. Me sentó en la cama. Me quité mi sostén mientras él se quitaba su camisa. Bajé el cierre de su pantalón, metí la mano y saqué su pene. Era grande y duro como una flecha apuntando hacia mí. Comencé a frotarlo con ambas manos para después meterlo a mi boca. Le daba tremendas chupadas con fuerza que lo estaban haciendo gemir de gusto. Estaba gozando tanto que me sujetó de la cabeza y hundió su pene hasta tocar mis amígdalas. Sentía un sabor a semen, posiblemente era su líquido preseminal.

Jorge sacó su pene de mi boca y se separo un poco

:: Quiero penetrarte Natalia, ya no aguanto más..

Se agachó, recogió su saco del suelo y metió la mano en sus bolsillos, sacando un par de condones, rompió el envoltorio de uno.

—Espera, Jorge... así. Sin condón. 

:: ¿ estás segura ?

asentí con la cabeza mientras lo miraba directamente a los ojos.

Jorge se acostó sobre la cama, su pene erguido, duro y firme como un mástil. Yo me coloqué sobre él, arrodillándome a horcajadas. Con mi mano, guié su miembro, palpitante y caliente, hasta la entrada de mi vagina ya empapada. Me fui sentando lentamente hasta que todo su pene desapareció dentro de mi. Un gemido brutal, gutural, escapó de mis labios: "Mmm… haayy… aaahh… ¡¡Dios!!. 

Comencé a subir y bajar despacio, para después intensificar el ritmo. Su miembro había llenado cada rincón de mi vagina. Jorge aprovechó y comenzó a mamar mis tetas, mordía y chupaba mis pezones. Mis gemidos se escuchaban por toda la habitación. 

::Qué ricas estas, Natalia. Estás tan apretadita, tienes un horno entre las piernas.

Las penetraciones eran brutales. Mi cuerpo se movía por sí solo. "¡Dame más duro, qué rico, qué rico! Sus manos apretaban fuerte mis nalgas. Jorge les dio un par de cachetadas, sentía choques eléctricos por todo el cuerpo. Pasaron 10 minutos y aún seguía sobre el, Jorge me puso en cuatro. Se puso atrás y comenzó a penetrarme, metiéndola de un solo golpe. La cama crujía con cada embestida, cada vez más fuerte.

Sus huevos golpeaban fuerte mis nalgas provocando un sonido en toda la habitación, me tomó de mi cintura y me llevaba más hacia el, su pene rozaba cada vez más profundo dentro de mí por instantes me hacía alucinar del placer. Ya no eran gemidos eran gritos los que salían de mi boca.

—¡Aaahhh! ¡Dios! !Mmm! ¡siii! ¡aahhh!

:: ¿Te está gustando como te estoy cogiendo putita? ¿ cuánto tiempo llevabas sin probar verga?

¡Siii! Mmm ¡Justo así!!! No pares… por favor… decía con la voz entrecortada.

Jorge aumentó su velocidad y fuerza. Mi cuerpo se sacudía con cada choque, su pene se hacía más grueso y caliente. Podía sentir que rozaba el cuello de mi útero, una y otra vez, una sensación tan intensa que casi dolía. —¡Aaahhh! ¡Mierda! —grité, mis dedos se aferraron a las sábanas.

—¡Sí! ¡Ahí, ahí! —respondí, casi llorando del placer—

Me estoy… me estoy viniendo! 
El calor explotó en mi vientre, extendiéndose por todo mi cuerpo. Mi vagina se apretó violentamente alrededor de su pene, una y otra vez, en espasmos incontrolables. Un grito largo y desgarrado salió de mi garganta. —¡¡AAAAHHHHHH!! 

Jorge siguió moviéndose, sus manos se aferraron a mis nalgas. Ya no podía mantener el ritmo De repente, un empujón final, tan hondo que me hizo ver estrellas. —¡UGH! — pegó un gruñido gutural. Su pene palpito en mi vagina… Y entonces, adentro de mí un chorro espeso y caliente de semen, inundó me vagina sentí como se expandía. Tembló encima de mí por unos segundos y ambos nos desplomamos en la cama.

Mi cuerpo todavía vibraba y, boca arriba, notaba cómo su semen se deslizaba por mi entrepierna.

 —¡¡Woo!! ¡¡Dios!! ¡¡Mio!! Y entre jadeos.

::Qué buena estás, Natalia, lo haces increíble… y no se diga en la forma en que te mueves… ¡¡Que rico Decía Jorge, mientras sus labios besaban mis hombros y sus manos apretaban mi cuerpo.

:: Eres una maravilla de mujer en la cama… lo haces tan bien… en verdad… no tengo ni idea de qué le pasa a ese pendejo de mi sobrino para soltar a una mujer como tú.

Me giré para mirarlo a la cara, todavía con el cuerpo caliente y el pelo pegado a la frente, mientras pasaba mi mano por su barbilla. —Mmm, sí, verdad... el se lo pierde —dije con algo seria. En ese momento, el sentimiento de culpa y traición comenzó a invadirme. Pensaba en Fabián el aún seguía en la fiesta, y yo aquí en la cama de un hotel con su propio tío, con el semen de él escurriéndose entre mis piernas. Me sentía la peor mujer del mundo en ese instante, pero al mismo tiempo una parte de mí no se arrepentía absolutamente de nada, pasó un rato y Jorge seguía hablando sin parar y en mi mente solo había culpa y silencio. Enseguida notó mi seriedad y preguntó:

:: ¿Qué te sucede, Nat? Acaso, ¿no te gustó, mi amor? A mí me encantó, espero y se vuelva a repetir.

—No habrá una segunda vez —contesté rápidamente… Esto nunca debió de haber sucedido, Jorge. Engañé a mi esposo, al cual nunca le había sido infiel... me dejé llevar por el momento y por el coraje que sentía al verlo con otra mujer, pero esto fue cosa de una sola vez y no se volverá a repetir.

En cuanto me disponía a levantarme, Jorge me sujetó del brazo. 

:: Oye, si ya no va a haber otra vez, aprovechemos ahora —me dijo. Tengo ganas de volverte a coger de nuevo, quiero hacerte mía otra vez… por favor.

Miré para abajo y su pene ya estaba duro y firme otra vez. Empezó a besarme el cuello suave y sus manos me recorrían todo el cuerpo. Vaya, de verdad que sabía cómo poner a una mujer caliente de nuevo bien rápido. 

—Está bien… respondí… entrecortados gemidos, pero solo una vez más y se acabó, ¿de acuerdo?

Sonrío con lujuria. Me jaló hacia él y me volteó boca abajo con fuerza.

;:Ahora así te quiero coger, nat —murmuró en mi oído.

Metió su pene de un solo golpe, esta vez más profundo que antes. Cada embestida me hacía gritar y gemir fuerte contra la almohada. Sus penetraciones eran más fuertes, una tras otra. Sus manos apretaban con fuerza mis nalgas y por momentos sentía sus dedos alrededor de mi ano, me quedé quieta por un segundo, nunca había hecho eso, pero el placer era tan intenso que no pude protestar. Sus dedos comenzaron a jugar, rozando la entrada, presionando suavemente, mientras seguía cogiéndome sin piedad. Por momentos sentía una mezcla de culpa y vergüenza, pero la excitación del momento era mayor a todo y me volvía completamente loca. Mi cuerpo estaba cedido por completo en ese instante a dicha locura.

Jorge se corrió dentro de mí una vez más. Con las fuerzas que nos quedaban, lo volvimos hacer una última vez más. Pasamos lo que quedaba de la noche en el hotel y ya de madrugada nos marchamos. Lo llevé a su coche, nos despedimos con un beso profundo e intenso, como si ambos supiéramos que eso nunca más volvería a pasar.

Tan pronto como llegué a casa, fui a checar si Fabián ya había llegado y para mi fortuna, lo hallé profundamente dormido. Sin demora alguna me fui a mi habitación y me metí a bañar para borrar toda evidencia de mi infidelidad. 

Unas horas después, mientras desayunaba, lo escuché levantarse… el miedo y la curiosidad me hizo preguntarle, ¿A qué hora llegaste anoche? le pregunté sin voltearlo a ver.

—Ni idea, no me acuerdo de nada. Llegué bien tomado, lo último que recuerdo es estar en la fiesta.

Al escucharlo, sentí un alivio inmenso. Era obvio que no se había percatado de nada. Jamás sabría que le fui infiel con su tío... desde ese instante, la culpa por haberlo engañado me hizo tratarlo como antes, y al cabo de unos días nuestra relación volvió a ser la misma.

Transcurrieron algunos meses y recibí un mensaje. Era Jorge. No tenía idea de cómo había obtenido mi número. Me decía que no podía olvidarme y que deseaba verme de nuevo. Ignoré sus mensajes por varios días y luego por semanas, pero cada vez que Fabián y yo hacíamos el amor, me resultaba imposible no pensar en Jorge. Una parte importante de mí deseaba que fuera él quien estuviera conmigo en ese momento, y la otra me decía que no… mi relación ya había vuelto hacer la de antes y esta vez por más ganas que tuviera de estar con Jorge no pensaba arruinar de nuevo mi matrimonio.
infiel con el tío de mi esposo en una boda

🙂‍↕️💙🫶🏻

1 comentarios - infiel con el tío de mi esposo en una boda