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Anita, mi amiga de la infancia.

Era un día normal como cualquier otro, salí del gimnasio, llegue a casa. Me senté a revisar las redes, entro a Instagram y veo una notificación que me llamo la atención. Una solicitud de amistad de una chica, “Anita Cáceres” desea seguirte, Aceptar-Rechazar, las opciones.

Me invadió una sensación de nostalgia, Anita era unaamiguita de la infancia. Precisamente era la hija de la señora que limpiaba enla casa de mi abuela.
Cada vez que iba a la casa de mi abuela, jugábamos juntos, ella 2 años mayor que yo. De chiquitos siempre fue mi amor platónico, diría mi primer amor.

Recuerdo que jugábamos al papa y a la mama, hacíamos que dormíamos juntos sin remera, nos tapábamos y nos dábamos besitos debajo de las sabanas, siempre en la habitación de huéspedes. A escondidas, a oscuras.

Hubo años de esos juegos con ella, hasta que a los 13 comenzó a salir con un chico de la escuela. Más grande. Y desde ahí ya no medio bola.

Me llamo mucho la atención que tantos años después me hayaenviado la solicitud de amistad, hace muchos muchos años que no sabía nada de ella. Fácil 20 años.

La acepte, comencé a mirar su perfil, veo que tiene 3 hijos varones. Uno de 17. Otro de 10 y otro de 8 años. Que está casada con un señor grande, el verdadero Suggar Daddy, un abuelito prácticamente.
Después de estar revisando su perfil un rato, recibo un mensaje de ella:
Ana: “¿Cómo estas? Tanto tiempooooo!
Comenzamos a hablar, a ponernos al día, me conto de sus hijos, que está casada, que su marido es camionero y que viaja mucho, y que bueno ella es mama de tiempo completo. Hablamos un poco más ese día, de su mamá, de la secundaria y demás.

La charla continuó durante la semana, amena, se sentía cierto nivel de confianza como si el tiempo no hubiera pasado. Llego el fin de semana, y curiosamente no me escribió, revise sus historias y vi que salió acenar con la familia, su marido incluido. Ahí intuí que entre semana su marido no estaba.

Llego lunes y su mensaje llego:
Ana: Que tal tu finde corazón?
Yo: Todo bien querida, el tuyo? Vi que estuviste con lafamilia.
Ana: Si aprovechamos que Juan viene los findes para salir con los chicos. Los demás días me re aburro, no salgo de la casa jaja
Yo: Y porque no salis? Tus amigas?
Ana: la verdad no tengo amigas cercanas. No hago nada de mivida.
Yo: avisa cuando podes y tomamos unos mates – tire lainiciativa
Ana: y yo no puedo Salir de casa, vos vendrías?
Yo: siii, porque no? Me tenes que avisar nomas .
Ana: los chicos van a la escuela por la tarde, a la mañana temprano podes?
Yo: Si, podría pasar tipo 7:00 AM a las 9 ya entro atrabajar, le comento.
Ana: y venite mañana, y tomamos unos mates, te parece?
Yo: dale si! Tengo ganas de verte
Ana: yo también! Tengo ganas de verte.

Quedamos asi, al otro dia 7 am estaba en su casa, donde me paso ubicación.
7.05 estoy afuera de su casa, le escribo
Y ella sale a atenderme, bastante de entre casa, una remerita, un jean, cara lavada y mucho perfume.
La salude, nos dimos un abrazo y entramos.

Anita, estaba muy cambiada, a pesar de que ella solo tenia 2 años mas que yo, ella era literalmente una señora, algunas arrugas, un cuerpo ya mas cuadrado, sin mucha actividad física evidentemente. Su cuerpo flácido dealguien que jamás hizo ejercicio.

Tomamos unos mates 20 minutos y le digo que ya me iba, que llegaba tarde al trabajo.
Me agradeció haber ido a verla, y nos arrimamos a la puerta. Donde obviamente no desaproveche la oportunidad y le comi la boca.

Nos comenzamos a besar desesperadamente, yo era mucho mas grande que ella. Le agarraba del culo y casi la levantaba, ella me agarraba los brazos y me los apretaba y se dejaba llevar, claramente estaba muy caliente.

Me separo un momento, la agarro del cuello, la miro a los ojos y la sigo besando. Ella mete las manos por debajo de mi remera para tocar mis pechos y mis abdominales. Estaba entregada, y me encataba.

Le agarre la mano y se la puse en mi verga completamente dura, para que sepa que crecí, para que sepa que ya no soy ese nene de 8 años que conoció, para que sienta la enorme verga que se estaba por comer. Ella me apretó la verga y trataba de moverla por encima del pantalón.
La situación estaba en su mejor momento, cuando escuchamos unos pasos.

“Mamá?”, un nene de 8 años se asomaba caminando apenas desde el pasillo. Su hijo mas chico de 8 años iba a la escuela por la tarde, y por algún motivo se había levantado antes de lo previsto.
Nos separamos, agitados, ella se acomodó un poco la ropa y fue rápido a recibirlo. Le dijo que lo espere en la cocina que ya iba.

Volvió hacia a mi y me dijo: “Te dejo, hablamos después”. Salí con la verga dura hacia el trabajo.

Continuará...

Anita, mi amiga de la infancia.


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