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La Puta Favorita de Papá - Parte 1: Seducción Prohibida

La Puta Favorita de Papá - Parte 1: Seducción Prohibida
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padre e hija
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Qué pasaría si el amor más prohibido de tu vida llevara años creciendo en silencio?
Evelyn, una mujer de 38 años, lleva más de una década obsesionada con su padre. Después de años de planificación cuidadosa, comienza una peligrosa danza de seducción: miradas cargadas, roces 'accidentales', fotos provocativas y mensajes que encienden el deseo.
Pero lo que empieza como un juego secreto entre padre e hija pronto se desborda. El incesto se expande por la familia. Un relato explícito, intenso y sin límites sobre deseo familiar, poder, humillación y placer prohibido.
Hola me llamo Evelyn tengo 38 años, les voy a contara  la historia de como seduci a mi padre y me volví su puta, aunque ya era una mujer adulta en mi interior seguía siendo esa niña que crecía con una fascinación prohibida por su padre. Todo había empezado años atrás, en la adolescencia, cuando nuestras miradas se cruzaban más tiempo del necesario, mi cuerpo reaccionaba de formas que no entendía. Con el paso del tiempo, ese sentimiento se convirtió en un amor profundo, obsesivo y carnal. Yo Estaba casada, tenía mi propia vida, pero nada llenaba el vacío que sentía cada vez que veía a mi papá: alto, fuerte aún a sus 62 años, con esa voz grave y esa forma de moverse que me hacía humedecerme solo con imaginarlo.
Durante años planie cada detalle. Observaba a mi madre, estudiaba las rutinas de la familia, conocía los horarios de mi padre. Sabía que tenía que ser cautelosa, lenta, casi imperceptible. No podía arriesgarme a que alguien sospechara. Empezaría con pequeñas cosas: roces “accidentales”, miradas prolongadas, comentarios inocentes que solo él entendería si prestaba atención.
Una tarde de verano, la familia se reunió en la casa de mis padres para un asado. Mi madre estaba ocupada en la cocina, mi esposo charlaba con los tíos en el patio, y ahí fue cuando vi mi oportunidad. Entre a la casa con la excusa de ayudar y encontre a mi padre solo en la sala, revisando unos papeles.
Papá… ¿necesitas ayuda con eso? —pregunte con voz suave, acercándome más de lo necesario. Mi vestido veraniego era ligero, casi transparente bajo la luz de la ventana. Me incline ligeramente sobre la mesa, dejando que el escote revelara el borde de mis pechos maduros y firmes.
Él levantó la vista y sonrió con esa calidez de siempre.
Tranquila, hija. Ya casi termino.
no me aparte. Deje que mi cadera rozara el brazo de él mientras fingía ordenar unos libros. El contacto fue eléctrico. Senti cómo mi panocha se humedecía al instante, imaginando esa mano grande y fuerte subiendo por mi muslo.
Sabes… a veces pienso en lo mucho que te extraño cuando no estoy aquí susurre, fingiendo que era solo cariño filial. Eres el hombre más importante de mi vida, papá.
Él me miró un segundo más de lo normal, pero no dijo nada. Yo solo sonrei por dentro. Primer paso dado. Esa noche, en mi antigua habitación, me masturbe pensando en él: imaginando cómo le confesaría todo, cómo me arrodillaría frente a él, cómo le bajaría los pantalones y me metería su verga gruesa en la boca, chupando con devoción mientras le diria“te he deseado toda mi vida, papi”.
Los días siguientes fueron calculados. Le enviaba mensajes “inocentes”: fotos mias con ropa ajustada y algunas en la playa con bikini, preguntándole si le gustaba el color. Lo llamaba más seguido, con voz melosa. Cuando hiba de visita a la casa, siempre encontraba momentos a solas. Una vez, mientras mi madre dormía la siesta,   entre al taller donde mi padre arreglaba algo. Llevaba una falda corta.
Papá, ¿puedes ayudarme con esto? dije, señalando el cierre de mi collar. Me di la vuelta, pegando mi culo redondo contra la entrepierna de él “sin querer”.
Senti cómo él se tensaba. Su respiración se volvió más pesada. Yo gire la cabeza ligeramente y le dedique una mirada cargada de deseo.
Eres tan fuerte todavía… me encanta cuando me ayudas así.
El roce duró unos segundos eternos. pude sentir el bulto creciente contra mi nalga. Mi corazón latía desbocado, pero me controle. Me dije Todavía no. Tenía que seducirlo más, provocarlo hasta que él no pudiera resistirse.
Pasaron semanas de esta danza peligrosa. Yo fantaseaba constantemente: me imaginaba confesándole todo en el sótano, bajándole el cierre, sacando esa verga que tanto había imaginado y lamiéndola desde los huevos hasta la punta, mirándolo a los ojos mientras le decía “soy tuya, papá. Siempre lo he sido”. Soñaba con que él me tomara contra la pared, cogiendome duro, tapándome la boca para que no gritara de placer mientras mi madre estaba en la planta de arriba.
Quería que fuera lento, cauteloso, pero inevitable.
Yo no podía parar. Después de esos primeros roces “accidentales”, mi deseo se había convertido en una adicción que me consumía cada noche.
Después de un día bastante estresante en el trabajo, Volvi a casa con mi esposo, pero en mi mente estaba mi papá. Esa misma noche, ya en la cama, mientras mi marido dormía, abri el chat con mi padre y empeze a escribirle.
“Papá, que haces sabes no dejo de pensar en ti… siempre me haces sentir tan especial.”
Al día siguiente, comenze la escalada. Sabía que mi madre rara vez revisaba el teléfono de él, así que me arriesge. Le envie la primera foto: yo en mi recámara recién salida de bañar con un conjunto de lencería rojo sensual que apenas cubría mis pechos grandes y maduros, el escote profundo mostrando el valle entre ellos, y mi culo redondo y firme ocupando buena parte de la imagen mientras posaba de espaldas mirando por encima del hombro.
“¿Qué te parece este cordinado, papi? Lo compré pensando en ti… el otro día  que estaba contigo mire que en tu taller tienes fotos de mujeres así y pensé que te gustaría.”
Mi padre respondió con un simple “Estás muy guapa, hija”, pero note que tardó más de lo normal en contestar. Eso me encendió aún más. Esa noche, sola en el baño, me desnude y me masturbe furiosamente imaginando a mi papá sentado en su sillón favorito, con los pantalones bajados, su gruesa verga dura en la mano, masturbándose lentamente mientras miraba mis fotos. Fantaseaba con que él se jalaba la verga con fuerza, gimiendo mi nombre en voz baja, “Evelyn… mi niña… qué rica estás”, mientras su mano subía y bajaba por ese tronco venoso que yo tanto deseaba probar.
Al día siguiente le mande otra. Esta vez una foto que me.tome en la playa las vacaciones pasadas con un conjunto blanco que se transparentaba ligeramente con el agua, mis pezones oscuros apenas disimulados, los labios inferiores de mi panocha marcados contra la tela húmeda. La foto era más provocativa: piernas abiertas, sentada en la arena, con una mirada directa a la cámara llena de deseo.
“Este me queda más apretado… me aprieta justo donde no debe. ¿Te gusta cómo me veo, papá?”
A lo que el me respondió hija me dejas sin palabras, dentro de mi yo sabía que le había encantado.
Los mensajes entre nosotros se volvieron más frecuentes. le escribía buenos días con emojis de besos, le preguntaba cómo había dormido, si había soñado conmigo. Por las tardes le mandaba más fotos: una de espaldas, arqueando la espalda para resaltar mi culo; otra inclinada hacia adelante, casi dejando que mis pechos se salieran del sostén; una en la ducha, con la ropa interior mojada, gotas de agua corriendo entre los muslos.
Cada foto que le enviaba venía acompañada de un texto inocente por fuera, pero cargado de doble sentido:
“Papá, ¿crees que todavía tengo buen cuerpo para mi edad? Quiero que seas sincero… solo tú me das confianza para esto.”
En mi mente, la fantasía era cada vez más explícita y sucia. Me imaginaba a mi padre encerrado en el baño de la casa familiar, con la puerta apenas entreabierta por si mi madre se acercaba, sacando su verga gruesa y pesada, ya completamente dura y goteando precum. Lo veía escupiendo en su mano y empezando a masturbarse con violencia mientras pasaba una y otra vez mis fotos: “Evelyn… mi hija… qué puta y que rica te has puesto”, en mi imaginación. fantaseaba con que él aceleraba el ritmo, los huevos pesados golpeando contra su mano, hasta que explotaba chorros gruesos de semen caliente sobre la pantalla del teléfono, manchando mis pechos en la foto.
Me corría una y otra vez pensando en eso.  metía los dedos profundamente en mi panocha empapada, susurrando “Papi… córrete para mí… quiero tu leche”, mientras mi cuerpo se convulsionaba de placer prohibido.
Al tercer día subi la intensidad. Le mande una serie de fotos primero de pie, luego agachada recogiendo algo (mostrando mi culo y el bulto del camel toe), y finalmente una selfie en la que me mordía el labio y tenía una mano rozando uno de mis pechos como si el lo estuviera acariciando.
“Papá… estos días no dejo de pensar en ti. En cómo me mirabas el otro día en la sala. ¿Tú también piensas en mí a veces? Dime la verdad… no se lo diré a nadie.”
Mi padre respondió esta vez con más palabras: “Hija, estás jugando con fuego con estas fotos. Eres una mujer muy hermosa.” mi corazón dio un vuelco. Sabía que lo estaba afectando. Esa noche, en mi habitación, me toque durante casi una hora, imaginando a papá ya completamente entregado: sentado en la cama, pantalones en los tobillos, jalándose la verga con ambas manos mientras miraba todas mis fotos seguidas, respirando agitado, murmurando “Ven aquí, mi niña… papá te va a coger como te mereces”.
Estaba cada vez más cerca. La seducción avanzaba con cautela, pero mi panocha palpitaba de anticipación por el momento en el que por fin pudiera confesarle todo y entregarme completamente a él.
sentía que el fuego en mi interior crecía con cada mensaje. No podía dejar de mirar el teléfono, esperando la respuesta de papá como si fuera oxígeno. Los días siguientes intensifique la comunicación. Le enviaba buenos días con fotos recién levantada, en ropa interior ligera “por casualidad”, y por las tardes bombardeaba con más imágenes de mis pechos desde diferentes ángulos.
“Papá, mira cómo me veo hoy… escribi junto a una foto donde estaba de lado, con unos leggins negros que se metian entre mis nalgas y un top que apenas contenia mis pechos pesados, los pezones marcados contra la tela, y mi culo en primer plano mientras fingía mirar hacia otro lado.
Mi padre respondía cada vez con más detenimiento: “Estás espectacular, hija. Esa ropa te queda… muy bien.” me mordía el labio al leerlo, imaginando que él estaba en su taller o en el baño, con la verga dura latiendo en su mano. En mi mente sucia, lo veía claramente: sentado en el borde de la cama matrimonial que compartía con mi madre, pantalones bajados hasta las rodillas, su verga gruesa y venosa completamente erecta, la cabeza morada brillando de precum. Se jalaba lento al principio, pasando el pulgar por la punta mientras miraba la foto de mis pechos, luego aceleraba, habalndo bajito “Evelyn… mi puta hija… qué ganas de metértela toda”. Fantaseaba con que él se corría fuerte, chorros espesos de semen saliendo a presión y cayendo sobre la pantalla, manchando mi imagen mientras susurraba mi nombre.
Esa misma tarde le mande una foto más arriesgada: agachada en la sala, las piernas abiertas, el leggins tan apretado que se marcaba perfectamente el contorno de mi panocha hinchada y húmeda.
“Papá… este calor me tiene muy sensible hoy. No dejo de pensar en tus manos fuertes. ¿Tú también sientes calor cuando ves mis fotos? Dime qué piensas de verdad… soy tu hija, puedes confiar en mí.”
Él tardó casi media hora en responder: “Hija, me estás volviendo loco con esto. Eres demasiado hermosa. Cuidado con lo que envías.”
El mensaje hizo que me mojara al instante. Me encerre en el baño y me quite los leggins me baje la tanga, me masturbe con dos dedos hundidos en mi panocha chorreante mientras imaginaba a papá corriéndose una y otra vez con mis fotos, jalándose la verga con furia, los huevos pesados balanceándose, hasta dejar el teléfono lleno de leche espesa.
Mientras tanto, en la casa, mi esposo empezó a notar el cambio. siempre había sido cariñosa con el teléfono, pero ahora pasaba horas pegada a él, sonriendo sola, mordiéndome el labio, y a veces hasta me sonrojaba. Esa noche, después de la cena, mi esposo se acercó por detrás mientras yo estaba en el sofá, el teléfono iluminando mi rostro.
Cariño, ¿todo bien? Llevas días pegada al celular. ¿Es algo del trabajo? preguntó con tono casual, pero con un leve ceño fruncido.
Me sobresalte ligeramente y cerre la aplicación de mensajes en un movimiento rápido, gire rápidamente con una sonrisa inocente.
Ah, nada importante, amor. Solo chateando con papá. Ya sabes cómo es… le estoy ayudando con unas cosas de la casa y me manda fotos del jardín. Se levantó y le di un beso rápido en la mejilla, presionando mi cuerpo contra él para distraerlo. Acaso estás ¿Celoso de mi papá? Qué tonto eres.
Mi esposo se rio, pero no pareció completamente convencido. Me pasó una mano por la cintura y me atrajo más cerca.
Solo digo que últimamente estás muy… distraída. Si necesitas hablar de algo, aquí estoy.
senti un leve pinchazo de culpa mezclado con excitación por el riesgo. Esa noche, mientras mi esposo dormía a mi lado, me gire de espaldas a él y abri de nuevo el chat con mi papá. Le mande una foto tomada en secreto: mi mano dentro de las bragas, mis dedos metidos acariciando mi panocha, con el texto:
“Papá… con solo pensarte haces que pierda el control. Mira cómo me pones. Quiero que seas tú quien me toque así ”
No recibi respuesta inmediata, pero sabía que él la había visto. En mi fantasía, papá estaba en ese momento en la oscuridad de su habitación, con mi madre durmiendo al lado, sacando la verga dura y masturbándose desesperadamente con esa foto nueva, mordiéndose el labio para no gemir mientras se jalaba con fuerza, imaginando cómo hundiría su verga en la panocha prohibida de su hija.
había enviado esa foto provocativa la noche anterior y me dormi con la panocha todavía palpitando de excitación, imaginando la reacción de papá. Apenas amaneció, alrededor de las 6:30 de la mañana, teléfono vibró sobre la mesita de noche. Lo tome con manos temblorosas, aún somnolienta, y abri el chat.
El mensaje de mi padre era directo, sin rodeos. Había respondido con una foto tomada en la penumbra de su taller, probablemente mientras mi madre aún dormía en la planta alta. En la imagen se veía su verga gruesa y completamente erecta, venosa y pesada, con la cabeza hinchada y brillante de precum que goteaba por el tronco. La verga estaba tan dura que se curvaba ligeramente hacia arriba, palpitante. Debajo de ella, claramente visible sobre una mesa de trabajo, había una pantalla encendida mostrando una de mis fotos más recientes: aquella en la que estaba sentada en la arena con las piernas abiertas, el bikini marcando mi panocha hinchada. Se notaba que la pantalla tenía pequeñas manchas blancas recientes, como si acabara de correrse encima de ella.
El texto que acompañaba la foto era corto pero devastador:
“Mirá lo que me provocas, hija. Me desperté duro como piedra pensando en ti. Me estoy jalando la verga otra vez mirándote… eres una puta tentación, Evelyn. Quiero metértela toda.”
senti que mi corazón se detenía y luego aceleraba salvajemente. Un chorro caliente de excitación me empapó las bragas al instante. Me mordi el labio con fuerza para no gemir en voz alta y abri las piernas bajo las sábanas, deslizando una mano hacia mi panocha empapada mientras miraba la foto una y otra vez. En mi mente, veía claramente a papá en ese momento: sentado en el banco del taller, pantalones bajados, mano grande rodeando esa verga gruesa, subiendo y bajando con fuerza mientras decia mi nombre, los huevos pesados balanceándose, corriéndose chorros espesos sobre la la pantalla con mi foto.
Papi… sí… por fin, susurre excitadísima, tocándome el clítoris hinchado con movimientos rápidos.
Estaba tan absorta, tan mojada y desesperada que me descuide completamente. No escuche los pasos de mi esposo acercándose desde el baño. Mi esposo, que se había levantado temprano, entró al cuarto justo cuando tenía la foto de la verga de mi padre ocupando toda la pantalla del teléfono, ampliada, mientras me masturbaba con la otra mano bajo las sábanas.
Mi esposo se quedó congelado a unadonde la cama por un segundo, viendo claramente la imagen: una verga dura, gruesa, venosa, con una con una pantalla debajo mostrando una foto provocativa de su propia esposa.
¿Qué carajos estás viendo, Evelyn?, preguntó con voz tensa, acercándose de golpe. ¿Eso es… una verga? ¿De quién mierda es esa foto?
di un sibresalto violento, el teléfono casi se me cae de las manos. Cerre la aplicación a toda prisa, el rostro completamente rojo, el corazón latiéndome en la garganta. Mi panocha chorreando de excitación por la foto de papá, pero ahora el pánico me invadía.
Amor… no es nada… es… un error —balbucie, tratando de recomponerme. Me mandaron esa foto de alguien que no conozco, un mensaje equivocado de un número desconocido. Lo iba a borrar ahora mismo.
Vi como mi esposo frunció el ceño profundamente, visiblemente alterado. Se sentó en el borde de la cama, mirándome fijamente.
—¿Error? Se veía tu foto en una pantalla debajo de esa verga . Y estabas… tocándote. No me mientas, Evelyn. Llevas días rara con el teléfono. ¿Qué está pasando?, ¿Acaso me estás poniendo los cuernos?
Mi esposo estaba furioso pero también confundido y excitado de una forma extraña y enfermiza.  El me estaba presionando más, queriendo ver hasta dónde llegaba su esposa. Me dije a mí misma, una parte de él ya sospecha que algo turbio involucraba a su suegro, pero no estaba muy seguro.
logre calmar a mi esposo con besos y promesas de que era solo un mensaje raro que borre inmediatamente, pero sabía que había estado a punto de ser descubierta. El riesgo me ponía aún más cachonda. Apenas mi esposo salió del cuarto para irse al trabajo, volvi a abrir el chat y le respondi a papá con una foto nueva: mis dedos sacados de mi panocha brillante, cubiertos de mis jugos, y el texto:
“Papi… acabo de ver tu verga y casi me descubre mi marido. Estoy empapada. Quiero que me cojas pronto… por favor.”
La seducción había escalado peligrosamente. Mi padre ya había cruzado la línea enviando esa foto explícita, y yo estaba dispuesta a todo.
Paso una hora desde que recibí esa foto y todavía con el corazón acelerado por como casi me descubre mi esposo y la panocha chorreando por la foto explícita le volví a mandar mensaje.
“Papi… acabo de ver tu verga otra vez y casi me muero de placer y de miedo al mismo tiempo. Me encanta verte tan duro por mí, jalándotela pensando en mi. Me tocó viendo esa foto y casi me corro gritando tu nombre… pero mi marido casi me descubre. Vio la pantalla. Tuve que inventar que era alguien que por error me mandó la foto. Tenemos que bajarle la intensidad un poco, papá. Él ya empezó a sospechar. No podemos arriesgarnos a que todo se vaya a la mierda ahora que por fin estamos viviendo esto. Pensemos bien los dos cómo seguir con nuestro incesto… con calma, como siempre planeé. Quiero que me cojas, quiero chuparte esa verga gruesa hasta que me llenes la garganta de leche, pero tenemos que ser más listos. Te amo, papi. Dime tu qué piensas.”
Envie el mensaje junto con una foto rápida de mi cara toda excitada, Sabía que era riesgoso, pero no podía resistirme del todo.
Mi padre leyó el mensaje casi inmediatamente y respondió con voz de audio corta y grave: “Tienes razón, mi niña. Me tienes loco, pero no quiero perderte. Bajaremos el ritmo… por ahora. Pero cuando estemos solos, te voy a comer esa panocha hasta que tiembles y te voy a llenar como la puta hija que eres.”
Pasé todo el día ajena a lo que hacía mi marido, pase todo el día fantaseando con mi papá: pensando en cómo planear encuentros más seguros, imaginando cómo él me tomaría en el sótano de la casa familiar, bajándome la tanga y metiéndome esa verga gruesa de una sola estocada mientras me tapaba la boca, follándome duro y susurrándome “eres mi hija puta… mi coño favorito”. Me toque dos veces en el baño del trabajo pensando en eso, corriéndome en silencio con el nombre de mi papá en los labios.
La situación se estaba complicando, pero el deseo incestuoso era más fuerte que nunca.
Cómo lo mencioné decidimls bajar el ritmo, pero el fuego entre nosotros no se apagaba. Los mensajes continuaron, aunque ahora con más precaución: menos fotos explícitas, más textos cargados de doble sentido y emojis inocentes. No queríamos echarlo todo a perder justo cuando las cosas empezaban a avanzar.
“Papi, te extraño mucho… Quiero que cuando por fin te tenga dentro de mí sea perfecto y sin riesgos”, le escribi esa tardenoche, acompañando el mensaje con una foto normal de ella en la cocina, pero con un escote sutil que sabía que a él le encantaría.
Su padre respondió con calma: No quiero perder esto. Te amo como nunca debí amar a mi hija, pero te deseo como loco. Cuéntame de tu día cuando puedas… y yo te cuento del mío.”
Mantuvieron una comunicación diaria, pero más “normal”: buenos días, cómo amaneciste, qué hiciste. Yo le preguntaba detalles tontos del jardín o del taller, y él le respondía con voz grave y cariñosa. En privado, yo seguía masturbándome pensando en esa verga gruesa que me habia mandado, imaginando cómo mi papá se la jalaba despacio en el baño, mordiéndose los nudillos para no gemir mi nombre mientras mi madre estaba cerca.
Para disipar las sospechas, retome con fuerza mi rol de esposa dedicada. Esa misma noche, cuando mi esposo llegó del trabajo, lo recibi con un beso profundo, presionando mis tetas grandes contra su pecho y rozando su entrepierna con la cadera.
Amor, perdón por estos días… he estado un poco distraída con cosas de la familia. Hoy soy toda tuya  le susurre al oído, mordiéndole el lóbulo.
Lo lleve al dormitorio y le hize el amor con más pasión de la habitual. Me arrodille frente a él, le baje los pantalones saque su verga que era tan gruesa y cabezona como la de mi papa y me dispuse a chuparle la verga con devoción, mirándolo a los ojos mientras pensaba en mi papá. Me imaginaba que era la polla gruesa y venosa de mi padre la que tenía en la boca, tragándomela hasta la garganta, babeando y gimiendo “Papi… dame tu leche”. Mi esposo se corrió tan rápido como de costumbre en mi boca, con un gemido de placer, trague todo fingiendo que era el semen de mi padre. Después de una rato se le volvió a poner dura la verga y me deje follar duro en cuatro, corriéndome mientras susurraba en silencio el nombre prohibido.
Mi esposo parecia más tranquilo, aunque todavía tenía alguna duda rondándole. “Te quiero, Evelyn. No me ocultes nada”, me dijo después de abrazárme.
El fin de semana que se aproximaba sería especial: mi hijo mayor, que vivía en otro estado, vendría de visita por unos días. lo que significaba más riesgo pero también más oportunidades para tener “coincidencias y salidas rápidas a casa de mi papá.
aproveche para mantener el contacto cauteloso. Durante la semana le mandaba mensajes preguntándole por su día:
“Papi, ¿qué hiciste hoy? Cuéntame todo… ¿arreglaste algo en el taller? Imagino tus manos fuertes trabajando y me pongo caliente pensando en ellas tocándome después.”
Él respondía con detalles: “Arreglé la podadora y corté el césped. Sudé bastante… ojalá estuvieras aquí para ayudarme a ducharme después, mi niña.”
Yo me mordía el labio y respondía: “Me encantaría… lamerte el sudor del cuerpo y bajarte los pantalones para chuparte esa verga gruesa que tanto me vuelve loca. Pero paciencia. Cuando Mateo esté aquí tendremos que ser muy cuidadosos. Te quiero, papá.”
En mis fantasías, ya tenia planeado cómo escabullirme durante la visita: para tener un momento en el sótano o en el taller mientras mi hijo estaba con mi esposo en la casa, me imaginé llegando a casa de mis padres yo estando en el taller mientras mi padre me levantába la falda y metia los dedos en el coño empapado antes de follarme contra la pared, tapándome la boca para que no gritara de placer mientras miadre estaba a unos metros.
Mi hijo de 22 años, llegó el viernes por la noche emocionado de ver a toda la familia de nuevo. Era un chico alto y guapo, muy parecido a su abuelo.
Senti un escalofrío prohibido recorrerme por todo el cuerpo, apenas cruzó la puerta de la casa, era alto, de hombros anchos, con esa mandíbula fuerte y esos ojos oscuros que eran un calco perfecto de su abuelo. El mismo porte, la misma forma de moverse con esa seguridad masculina que tanto la volvía loca en su padre. El parecido era tan marcado que, por un segundo, senti que estaba mirando a mi papá con 40 años menos. lo abraze fuerte, sintiendo una mezcla de cariño maternal y culpa por mis secretos.
¡Mamá! —exclamó mi hijo abrazándome con fuerza.
lo aprete contra mk cuerpo más de lo necesario, sintiendo el pecho firme y los brazos musculosos de su hijo rodeándola. Mi coño se contrajo involuntariamente. El olor de él, mezcla de colonia y juventud, me recordó de inmediato el aroma de mi padre. Mientras lo abrazaba, mi mente se llenó de morbo puro y sucio: imagine a mi propio con la verga gruesa y venosa de su abuelo, dura y palpitante, goteando precum para ella, preguntandome si también había heredado eso también.
Mi amor… cuánto has crecido, murmure contra su cuello, dejando que mis tetas grandes y maduras se presionaran contra el pecho de él un poco más tiempo del normal. Mi mano bajó “sin querer” por la espalda hasta rozar la cintura firme—. Estás hecho todo un hombre… igualito a tu abuelo.
Mi hijo rio inocentemente y la soltó, pero yo ya no lo veía igual. Durante la cena, mientras el charlaba y reía con mi esposo, yo no podía dejar de mirarlo. Cada vez que se levantaba a servir algo, sus ojos se clavaban en la entrepierna se marcaba ligeramente un bulto en sus pantalones. Empecé a Fantasear en la cena, si mi hijo tendría la misma verga gruesa de mk papá, obviamente sería más joven, más dura, más viril. No puedo negar que al ver el gran parecido me imaginaba arrodillándome frente a mi propio hijo bajándole los pantalones y viendo por primera vez esa verga, para después admirarla y decirle “eres igual que mi papi…
Para este punto yo me cuestionaba por tener esos pensamientos sobre mi hijo, pero para ser sincera me gustaba la idea de involucrar también a mí hijo.
Mi coño estuvo empapado toda la noche. Tuve que cruzar las piernas varias veces para contenerme.
Más tarde, cuando lo ayudaba a acomodar sus cosas en la antigua habitación de el, me acerque por detrás mientras él estaba inclinado sobre la maleta.
Déjame ayudarte, hijo susurre, rozando mi culo contra la cadera de él “accidentalmente” al pasar. Senti el calor del cuerpo joven y fuerte de el y tuve que morderme el labio para no gemir.
En mi mente sucia, la fantasía se volvió aún más retorcida: me imaginaba a mi papá y a mí hijo juntos, los dos con la verga dura, turnándose para cogerme. Primero mi padre metiéndomela profundo mientras mi hijo me metía la verga en la boca, llamándome “mamá puta” y “nieta consentida” al mismo tiempo. El incesto se estaba volviendo una cadena familiar en mi cabeza: padre → hija → hijo.
Esa noche,  apenas  pude dormir. Me toque en silencio en mi habitación, imaginando el rostro de mi hijo superpuesto en el de mi padre mientras me corría con fuerza, mis jugos chorreando por mis muslos.
Los mensajes con mi papá continuaron con precaución. le escribió esa misma noche:
“Papi… Mateo llegó. Es idéntico a ti. Me tiene muy mojada solo de mirarlo… me recuerda tanto a ti y a tu verga. Tenemos que tener mucho cuidado este fin de semana cuando estemos en tu casa para darle la bienvenida, pero no dejo de fantasear contigo y con él.”
Mi padre respondió con un audio grave y excitado: “Joder, hija… no me digas eso. Me estás poniendo duro otra vez. Sé cuidadosa hija porfavor.
Me revolcaba en la cama matrimonial sin poder conciliar el sueño. Mi esposo dormía profundamente a mi lado, ajeno a todo, pero mi mente era un torbellino de deseo prohibido. Cada vez que cerraba los ojos veía el rostro de Mateo: esa mandíbula marcada, los hombros anchos, el mismo porte dominante de mi padre. Mi coño estaba empapado, palpitando sin control. No aguante mas me baje, me hize aúnado la pantaleta en silencio y abri las piernas bajo las sábanas, deslizando dos dedos entre mis labios hinchados y resbaladizos.
—Mateo… mi amor… eres igualito a papi —susurre casi sin voz mientras me frotaba el clítoris hinchado con círculos rápidos. Fantaseaba con entrar a su habitación, despertarlo con la boca alrededor de su verga joven y dura, chupándola con la misma devoción con la que quería chupar a mi padre. Imaginaba a Mateo agarrándome del pelo y follándome la garganta mientras me decía “mamá, qué rica eres… trágatela toda”. Mi cuerpo se arqueaba de placer, los jugos chorreando por mis muslos mientras me corría en silencio, mordiéndo la almohada para no gemir el nombre de mi hijo.
Pero el orgasmo no fue suficiente. Seguía cachonda, pensando en cómo sería tener esa verga joven y vigorosa metiéndose en mi coño maduro, cogiéndome mientras mi padre nos miraba y después uniéndose a nosotros.
Al día siguiente recibí un mensaje de mi padre dándome los buenos días, cargado de mucho deseo,,, hija ya no soporto necesito verte, ahora tu me haces falta, todo el tiempo pienso en ti, a cada rato veo tus fotos y cuando tú madre no está cerca de mi, me jalo la verga pensando en ti.
Leí el mensaje y senti un escalofrío de placer recorrerme todo el cuerpo. Esa voz grave y dominante me mojaba al instante. Guarde el teléfono y sonrei. Aunque habíamos acordado bajar el ritmo, la necesidad era demasiado fuerte.
Dos días después, encontre el momento perfecto. Mi madre me llamo y me dijo que saldria temprano a una cita con la estilista que duraría toda la mañana. Apenas terminamos la llamada, le mande un mensaje a mi padre:
“En un momento más estaré en tu casa vamos aprovechar que Mamá no está. Te necesito ahora.”
Solo deja le invento algo a mi esposo, le diré que iré a comprar algo para la reunión de esta tarde.
Me puse un vestido que me llegaba arriba de las rodillas sin brasier y una tanga para que tuviera fácil acceso a mi panocha
Llegue a la casa de mi padre en menos de veinte minutos. El ya me esperaba en la sala, con la puerta entreabierta. Apenas entre, él cerró con llave y me acorraló contra la pared.
Mi niña… por fin gruñó con esa voz ronca que me volvía loca.
Me beso con hambre, metiendo la lengua profundamente mientras sus manos grandes me subían el vestido y me arrancaba la tanga de un tirón, yo ya estaba empapada.
Papi… cómeme la panocha como prometiste  suplique jadeando.
Mi papá se arrodilló, me abrió las piernas con fuerza y hundió la cara entre mis muslos. Su lengua gruesa lamió toda mi panocha peludita de un solo lametón, saboreando mis jugos.
qué coño tan rico y mojado tienes, hija,e lo dijo contra mi clítoris antes de chuparlo con fuerza.
grite de placer, agarrándole la cabeza con ambas manos mientras empujaba mi cadera contra su cara.
¡Aaaahhh, papá! ¡Así! ¡Chúpame el coño! ¡Come a tu hija como la puta que soy! ¡Síííí!
Mi padre me devoraba sin piedad: lamía, chupaba, metía la lengua dentro de mi y succionaba mi clítoris hinchado. Dos dedos gruesos entraron en mi coño, follándome mientras seguía comiéndoselo.
¡Me voy a correr, papi! ¡No pares! ¡Aaaahhh!  tuve un orgasmo intenso, temblando y soltando un chorro de jugo en la boca de el, quien tragó todo lo que pudo.
Sin darme tiempo a recuperarme, mi papa se levantó, sacó su verga gruesa, venosa y completamente dura, me levantó de los brazos. Me llevo a la cocina y me sentó sobre la mesa, me abrió las piernas al máximo y me penetró de una sola estocada brutal hasta el fondo.
¡Aaaahhh! ¡Papi! ¡Qué verga tan gruesa! ¡Me estás partiendo!  grite, clavándole las uñas en la espalda.
El empezó a cogerme con una fuerza salvaje, sus huevos pesados golpeandome contra mk culo con cada embestida.
El me decia este coño es mío, Yo te creé y yo te voy a follar siempre que quiera, me lo dijo mientras me taladraba sin misericordia. ¿Sientes cómo te abre la verga de tu papá?
¡Sí, papá! ¡Más duro! ¡Fóllame como la puta hija que soy! ¡Quiero que me dejes el coño destruido! ¡Aaaahhh! ¡Más profundo!
La follada era brutal. La mesa crujía, el sonido húmedo y obsceno de su verga entrando y saliendo de mi coño chorreante llenaba la cocina. Yo gemía sin control, mis tetas grandes rebotando con cada golpe.
Me giró, me puso en cuatro sobre la mesa y me embistió desde atrás agarrándome fuerte de las caderas.
El decia a quién pertenece este coño, hija de puta.
¡Es tuyo, papá! ¡Solo tuyo! ¡Fóllame más fuerte! ¡Quiero que me llenes hasta que me chorree por las piernas!
Me dio varias nalgadas fuertes mientras me penetraba sin piedad. Me corri por segunda vez, gritando el nombre de mi padre mientras mi coño apretaba su verga gruesa.
Mi papa no aguantó más. Se enterró hasta el fondo de mi y rugió:
¡Toma, hija! ¡Toma toda la leche de papá!
Sentí Chorros espesos y calientes inundandome el interior de mi utero, llenándome completamente. Siguió empujando mientras se vaciaba, hasta que su semen empezó a escurrir alrededor de su verga y me corría por mis muslos.
Ambos quedamos jadeando, sudados y satisfechos. Me giró, besó a mi padre con pasión y le susurre:
Esto es lo que más quiero, papá. Solo tú y yo… cuando podamos. Te amo.
El me acarició el pelo y sonrió.
Mi puta favorita… siempre serás mía.
Después de aquel encuentro intenso en la sala y la cocina, yo y mi padre planeamos una rutina secreta pero constante la cual pondríamos en marcha después de la reunión. Nos veriamos al menos dos veces por semana, siempre que mi madre salía de casa o que en mi casa no estuviera mi esposo. Sentía que ya no necesitaba planear tanto; el deseo entre nosotros era tan fuerte que fluía naturalmente.
Después de platicar sobre nuestra rutina, me volví a entregar por completo. Mi padre me folló durante casi una hora sin parar: primero contra la mesa, luego sobre el sillon y finalmente en la cama donde dormía con mi madre. Me penetraba con esa verga gruesa y madura que tanto adoraba, llenándome de semen una y otra vez mientras yo gemía y gritaba su nombre como una perra en celo.
Papi… eres el único que me hace sentir así  le confese entre jadeos, con el coño rebosante de leche. Te amo. Esto es lo que siempre quise.
Mi padre me besó en la frente, todavía con su verga enterrada profundamente en mi.
Mi niña… mi puta… mi todo. Esto recién empieza.
Vi la hora y me regresé rápido a casa para que no sospechara mi esposo, pase por algo de carne para la reunión y unas bebidas, ya en casa yo seguía manteníendo la fachada perfecta con mi esposo Era la esposa cariñosa de siempre, pero con mi padre era la puta que tanto deseaba ser.
mientras prepara las cosas en la cocina para la reunión s
Me toque la entrepierna y senti como tenía el coño lleno de su semen y me dije.
“Lo logré. Tengo a mi padre solo para mí y pronto tendré a mi hijo también ya nunca volverá a ser la misma… y me encanta.”
Se fue a bañar, sintiéndose poderosa, deseada y completamente liberada en su mundo prohibido.

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