Mar Cosca caminaba de un lado al otro del living de su departamento en Buenos Aires, el teléfono temblando en su mano. Las lágrimas le corrían por las mejillas, pero no eran solo de tristeza: era rabia pura, caliente, que le quemaba el pecho.
- ¡Hijo de puta! ¡Sos un sorete de mierda, Turnitos! - gritó, la voz quebrada pero llena de furia.
Lucho estaba parado ahí, pálido, con la cara de quien sabe que lo agarraron con las manos en la masa. Las capturas de chat que Mar había descubierto esa tarde no dejaban lugar a dudas: mensajes hot con otra mina, fotos, audios.
- Mar, boluda, dejame explicarte… fue solo una vez, estaba pedo y... -
- ¡Cállate la boca! - lo cortó ella, tirándole un almohadón en la cara. - No quiero volver a verte nunca más en mi vida. ¡Nunca! Andate de mi casa ya, antes de que te rompa algo. -
Llorando de la bronca, Mar empezó a juntar las cosas de él a los manotazos: remeras, zapatillas, el cargador del celu. Todo volaba por el aire mientras él intentaba calmarla.
- Mar, por favor… nosotros convivimos, esto no puede terminar así… -
- ¡Sí puede! ¡Fuera! - Abrió la puerta de un tirón y le tiró una bolsa con sus porquerías. - Andate a la concha de tu hermana, sorete infiel. No existís más para mí. -
Lucho salió cabizbajo, murmurando disculpas que Mar ni escuchó. Cuando cerró la puerta de un portazo, se dejó caer contra la pared y lloró fuerte, con sollozos que le sacudían el cuerpo. Minutos después, respiró hondo, se limpió las lágrimas y agarró el teléfono.
Abrió Instagram. Grabó una historia rápida, con los ojos todavía rojos pero la mirada decidida. - Chicos… les cuento que me separé de Turnitos. No voy a dar muchos detalles, pero ya está. Se terminó. Gracias por el aguante siempre. Los quiero. -
Subió la historia, apagó el celular un rato y fue directo al baño. Necesitaba sacarse todo eso de encima.
El agua caliente de la ducha le cayó como una bendición. Se quedó ahí un buen rato, dejando que el vapor le aflojara los músculos tensos. Cuando salió, envuelta en una toalla, se miró en el espejo grande del dormitorio.

Se sacó la toalla despacio y se puso el conjunto de lencería blanca que más le gustaba: corpiño que le levantaba las tetas perfectas y una tanga que apenas le tapaba el culo redondo y firme.
Se paró frente al espejo, girando de costado, mirándose de arriba abajo. Acarició su cintura, subió las manos y apretó sus tetas con fuerza, sintiendo cómo se le endurecían los pezones contra la tela.
- Estoy re buena, la puta madre… - se dijo en voz alta, con una sonrisa mezcla de bronca y orgullo. - ¿Cómo este pelotudo me pudo haber engañado? Mirame… Que se joda. -
Apretó más fuerte sus tetas, sintiendo un calor que le subía por el cuerpo. La rabia se estaba transformando en otra cosa: deseo, ganas de venganza, de sentirse deseada y poderosa. - Que se pudra. Yo me voy a coger a alguien esta misma noche. Y no cualquier polvo… quiero que sea salvaje, quiero que se sepa. Venganza y placer, todo junto. -
Todavía en lencería, se paró frente al espejo. Se puso un poco de maquillaje: rímel, labial rojo intenso, un toque de iluminador en las tetas para que brillaran. Se sentía más sexy que nunca. Agarró el celular y empezó a sacarse fotos: una de frente, apretándose las tetas; otra de espaldas, mirando por encima del hombro con el culo bien marcado; otra más provocativa, mordiéndose el labio y con la mano entre las piernas.

Revisó las fotos y eligió la mejor: la que mostraba su cuerpo casi entero en lencería, mirada desafiante a cámara. La subió a sus historias con el texto: “New era 🔥”.
En minutos empezaron a llegar las respuestas. Cientos.
“Dios mío Mar, estás que rompes todo”
“Te como entera reina”
“Mandame ubicación que voy ya”
“Qué rica que estás, me pongo duro solo de verte”
Mensajes más respetuosos pero con la misma intención: “Sos una diosa, cualquier cosa que necesites…”
Y barbaridades directas: “Quiero llenarte la boca”, “Dejame cogerte toda la noche”, etc.
Mar sonreía mientras leía, todavía despechada pero cada vez más excitada. Fue bajando hasta que vio un mensaje nuevo. Agustín. Era la primera vez que le escribía.
Revisó su perfil rápido: 28 años, alto, buen físico, tatuajes, sonrisa canchera, fotos viajando y en gimnasio. Justo como le gustaban a ella. Le respondió:
- “¿Qué hacés esta noche, Agustín? Si querés venir a mi depto para conocernos… estoy sola y con ganas.” -
La respuesta llegó casi al instante: - “¿En serio? No puedo creer que me contestes. Sí, obvio. Decime dirección y en una hora estoy ahí.” -
Mar sonrió con picardía. Mientras esperaba, se puso a tirar todas las remeras y cosas que quedaban de Turnitos en una bolsa grande de basura. Después se colocó una bata de seda negra, corta, que apenas le tapaba el culo. Se perfumó, prendió unas velas y puso música bajita. El corazón le latía fuerte.

Cuando sonó el timbre, respiró profundo. Agustín entró al departamento con el corazón latiéndole a mil. Era alto, de hombros anchos, con una remera ajustada que marcaba los músculos del gimnasio y jeans oscuros. Miraba a Mar como si no pudiera creer que estuviera ahí, en carne y hueso, con esa bata apenas atada que dejaba ver el borde de la lencería.
Mar cerró la puerta despacio, con una sonrisa pícara y los ojos todavía cargados de esa rabia que se había convertido en fuego. Se dio vuelta y, sin decir nada al principio, soltó el nudo de la bata. La seda se abrió lentamente. No se sacó la bata del todo, solo la dejó abierta, colgando de sus hombros.
- ¿Estás listo para esto, Agustín? - preguntó con voz ronca, mirándolo de arriba abajo.
Él tragó saliva fuerte, los ojos clavados en sus tetas y en la curva de su cintura. - Estoy más que listo, Mar… La puta madre, estás hermosa. Sos un sueño. No aguanto más, te juro que desde que vi tu historia estoy duro como una piedra. -
Mar se acercó despacio, contoneando las caderas. Extendió la mano y le acarició el pecho por encima de la remera, bajando despacio hasta el bulto que ya se marcaba en sus jeans. Lo apretó suavemente con la palma, sintiendo cómo latía.
—Mirá vos… ya estás bien caliente. Espero que sepas usarla mejor que el estúpido de mi ex, eh. Ese sorete no servía ni para calentarme el agua. Quiero que me cojas como se debe, fuerte, sin piedad. ¿Entendés? -
Agustín respiró agitado. De repente la agarró del pelo con firmeza, jalándola hacia él. Mar soltó un gemidito de sorpresa y placer. La empujó contra la pared del pasillo, el cuerpo de ella quedando atrapado entre la fría pared y su pecho caliente.
- Te voy a coger mejor que nadie, te lo prometo - gruñó él contra su boca, antes de besarla con violencia.
El beso fue brutal, lenguas enredándose, dientes chocando. Le mordió el labio inferior con fuerza, tirando un poco, y Mar respondió gimiendo en su boca, mordiéndolo de vuelta. Sus manos subieron por el cuello de él, clavándole las uñas.
- Así me gusta… - jadeó ella entre besos. - No seas suave, boludo. Hoy quiero que me trates como una puta. -
Agustín bajó una mano y le apretó una teta por encima del corpiño, pellizcándole el pezón duro hasta que Mar arqueó la espalda. Con la otra mano le agarró el culo, metiendo los dedos bajo la tanga y apretando la carne firme. - Sos una diosa, Mar. Estas tetas… este culo… me volvés loco. -
Ella se frotaba contra él, sintiendo la pija dura presionando contra su panza. Lo empujó un poco para separarse, respirando agitada, los labios hinchados del beso.
- Bajate los pantalones ya - ordenó con voz autoritaria pero cargada de deseo.
Agustín obedeció rápido, desabrochando el botón. Se bajó los jeans y el bóxer de un tirón. Su pija saltó libre: gruesa, venosa, con una cabeza grande y brillante, completamente dura y apuntando hacia arriba. Medía fácil 20 centímetros, curvada ligeramente hacia arriba.
Mar la miró con los ojos brillantes, mordiéndose el labio.
- Uy, la concha… Esto sí que es una pija de verdad - dijo agarrándola con la mano derecha. La sintió caliente, palpitante, pesada. La movió despacio, masturbándolo con fuerza. - Mirá el grosor… mucho mejor que la mierda que tenía mi ex. Esto va a destrozarme la concha y me va a encantar. -
Agustín gruñó de placer, empujando las caderas hacia adelante. - Chupámela, Mar. Por favor… -
Ella sonrió con malicia y se arrodilló despacio sobre la alfombra, sin soltarle la pija. Primero le dio besitos en la cabeza, lamiendo el precum salado. - Mmm… rico - susurró.
Después abrió la boca y se la metió. Empezó despacio, pero pronto fue profundo. La chupaba con ganas, babosa, haciendo ruidos húmedos y obscenos. Bajaba hasta la mitad, luego más, hasta que la cabeza le tocaba la garganta. Saliva le chorreaba por la barbilla, cayendo sobre sus tetas.
- Así, nena… que garganta profunda… - gemía Agustín, agarrándole el pelo con las dos manos.
Mar lo miró con ojos llorosos, ahogándose un poco a propósito. La pija le llenaba la boca, le estiraba los labios. Sacó la lengua y lamió las venas mientras subía y bajaba la cabeza rápido. En un momento, mientras la tenía bien adentro, agarró su celular con la mano libre. Apuntó la cámara hacia su cara (sin mostrar la de él) y grabó unos segundos: se ahogaba con la pija, saliva chorreando, ojos rojos de esfuerzo, gimiendo alrededor del grosor.
Cortó la grabación, sacó la pija de la boca con un “pop” húmedo y sonrió jadeando, un hilo de saliva conectando sus labios con la cabeza brillante.
- Esto me lo guardo por las dudas… para recordar cómo me vengué del otro pelotudo - dijo con una risita traviesa, todavía masturbándolo con la mano llena de saliva. - ¿Te gusta que sea así de puta, Agustín? -
- Sos una diosa… la mejor chupada de mi vida - respondió él, la voz ronca.
Mar se puso de pie, limpiándose la boca con el dorso de la mano, pero dejando la baba brillando en su mentón y tetas. Lo tomó de la mano.
- Vení, seguime. Vamos al sofá… el mismo donde cogía con ese sorete. Hoy lo voy a profanar con una pija de verdad. -
Lo llevó al living. Agustín se sentó en el sofá, la pija parada como un mástil, brillante de saliva. Mar se paró frente a él y dejó caer la bata de seda al piso con un movimiento lento y sensual. Quedó solo con el conjunto de lencería.
- Mirame bien - dijo girando despacio, dándole la espalda y arqueando la espalda para mostrar el culo perfecto. - ¿Te gusta lo que ves? -

- Estás para cogerte toda la noche - respondió él, tocándose la pija mientras la miraba. - Vení acá, sentate en mi cara. -
Mar sonrió, pero primero se acercó y le dio un beso profundo, metiéndole la lengua. Después se subió al sofá, se sacó la tanga de un tirón y se sentó directamente sobre la cara de Agustín.
- Comeme la concha, boludo. Haceme sentir lo que ese hijo de puta nunca supo - ordenó, agarrándole el pelo y presionando su concha húmeda y depilada contra la boca de él.
Agustín empezó a lamer con hambre. Le pasaba la lengua plana, chupándole los labios hinchados, metiendo la punta en la entrada. Luego se concentró en el clítoris, succionándolo y moviendo la lengua rápido en círculos.
- Ay, sí… ahí, chupá más fuerte - gemía Mar, moviendo las caderas, frotándose contra su cara. - Meteme los dedos… dos primero. -
Él obedeció, metiendo dos dedos gruesos en su concha empapada. Entraban fácil, haciendo ruidos mojados. Los movía adentro y afuera mientras seguía chupando el clítoris.
- Más… meteme tres - pidió ella, jadeando alto.
Agustín metió el tercero. La cogía con los dedos rápido, curvándolos para tocarle el punto G. Mar empezó a temblar.
- ¡Sí, así! ¡Comeme toda, hijo de puta! - gritaba, cabalgando su cara con fuerza.
El orgasmo le llegó fuerte. Se corrió gritando insultos, apretando los muslos alrededor de la cabeza de Agustín, inundándole la boca con sus jugos. Se sacudió entera, las tetas saltando dentro del corpiño.
- Ahora te voy a montar, boludo - dijo con voz ronca, casi un gruñido. - Y te voy a coger como si quisiera romperte la pija. Preparate, porque no pienso parar hasta que me duela. -
Agustín estaba tirado en el sofá, la cara brillante de sus jugos, la pija parada como una barra de hierro, venosa y palpitante. Sonrió con esa mezcla de nervios y lujuria. - Montame, Mar. Usame todo lo que quieras. Esta pija es tuya esta noche. -
Ella se acomodó encima de él, de frente, las rodillas a cada lado de sus caderas. Agarró la pija gruesa con una mano, la frotó contra su clítoris hinchado un par de veces, provocándose a sí misma, y después la alineó con su entrada empapada. Bajó despacio al principio, sintiendo cómo la cabeza gruesa le abría los labios y se metía adentro.
- Ay, la puta madre… qué gruesa - gimió, cerrando los ojos un segundo. - Me está abriendo toda… es mucho más grande que la mierda de mi ex. -
Se dejó caer de golpe, tragándose hasta el fondo la pija de Agustín. Los dos soltaron un gemido al unísono. Mar sintió que la llenaba completamente, que le tocaba el fondo. Empezó a moverse despacio al principio, girando las caderas en círculos, adaptándose al tamaño.
- ¿Sentís eso? - le preguntó ella, mirándolo fijo a los ojos mientras subía y bajaba más rápido. - ¿Sentís cómo mi concha te traga toda la pija? Está apretadita, mojada solo para vos esta noche. -
- Está re caliente y apretada… me estás apretando la pija, Mar. Sos una diosa - respondió él, agarrándole las caderas con fuerza, los dedos clavándose en su carne.
Mar aceleró el ritmo. Empezó a rebotar con fuerza, subiendo casi hasta sacar la pija y cayendo de golpe, haciendo que sus tetas saltaran violentamente dentro del corpiño. El sonido húmedo de piel contra piel llenaba el living: plap, plap, plap, cada vez más fuerte y rápido.
- ¡Así! ¡Más fuerte! - gritaba ella, rebotando como una loca. - ¡Cógeme, boludo! ¡Dame todo lo que ese sorete infiel nunca supo darme! -
Agustín empujaba desde abajo, embistiéndola cada vez que ella bajaba. Sus bolas chocaban contra el culo de Mar. Le subió las manos y le bajó el corpiño de un tirón, dejando que sus tetas perfectas, firmes y con pezones duros como piedras, quedaran libres. Las agarró con las dos manos, apretándolas fuerte, pellizcándole los pezones.
- Estas tetas son una locura… mirá cómo rebotan. Estás hecha para coger, Mar. Sos una puta vengativa y me encanta. -
Ella se rio entre gemidos, arqueando la espalda para que él las apretara más. - ¡Sí, apretá! ¡Marcame las tetas! Quiero que mañana me duelan y me acuerde de cómo me cogiste. ¡Más fuerte, Agustín! ¡Rompe la concha! -
- Decime que soy mejor que tu ex - pidió él, jadeando, mientras le daba una nalgada fuerte en el culo.
- Sos mil veces mejor, boludo - gritó ella, acelerando más. - Esa pija no me hacía ni la mitad de esto. Vos me estás destrozando y me encanta. ¡No pares! ¡Metémela más profundo! -
Mar se inclinó hacia adelante, apoyando las manos en el pecho de Agustín, y empezó a cabalgarlo. Sus tetas le golpeaban la cara a él, que las chupaba y mordía los pezones cuando podía. El sofá crujía bajo ellos. El olor a sexo llenaba el ambiente: sudor, jugos, excitación pura.
- Estoy por correrme otra vez… - avisó ella, la voz quebrada por los gemidos. - Seguí así, no cambies el ritmo. ¡Cógeme como si me odiaras! -
Agustín le agarró el culo con las dos manos, separándole las nalgas, y embistió desde abajo con fuerza brutal. Mar explotó en un segundo orgasmo, gritando insultos: - ¡Hijo de puta! ¡Síííí! ¡Me corrooo! -
- Dios, Mar… estás apretando tanto que casi me corro yo también - gruñó él, mordiéndole una teta.
- Todavía no, boludo. Todavía no terminé con vos - dijo ella, bajando el ritmo un momento para besarlo con violencia, mordiéndole el labio. - Vamos a la habitación. Quiero que me cojas de perrito frente al espejo. Quiero verme la cara de puta mientras me das. -
Se levantó despacio, sacando la pija de adentro con un sonido húmedo. Un hilo de sus jugos conectó su concha con la cabeza brillante de él. Lo tomó de la mano y lo llevó casi corriendo al dormitorio, el mismo donde dormía con su ex.
La habitación estaba en penumbras, solo con la luz de una lámpara de noche. Mar se paró frente al espejo grande del placard. Se inclinó hacia adelante, apoyando las manos en el espejo, arqueando la espalda y separando las piernas.
Agustín se puso detrás de ella, le dio una nalgada fuerte que resonó en la habitación y dejó una marca roja inmediata en la piel blanca.
- Sos una puta vengativa, Mar. Mirá ese culo… está pidiendo que lo destroce - gruñó, agarrando su pija gruesa y frotándola contra la entrada empapada.
De un solo empujón fuerte metió toda la pija hasta el fondo. Mar soltó un grito largo y gutural, antes de levantar la cabeza para mirarse en el espejo.
- ¡Ay, la concha! ¡Entera de una! ¡Sí, así! - gritó.
Agustín empezó a embestirla con ritmo brutal. Cada embestida hacía que sus pelvis chocaran con un sonido húmedo y fuerte. El sudor les corría por el cuerpo. Mar se miraba fijamente en el espejo: pelo despeinado, cara de placer total, boca abierta gimiendo sin control, tetas colgando y balanceándose con cada golpe.
- Mirame… mirame cómo me estás cogiendo - jadeaba ella. - Este sorete de Turnitos nunca me dio así. Más fuerte, boludo. Dame nalgadas. -
Agustín no se hizo rogar. Le soltó una serie de cachetadas fuertes en el culo, alternando lados, dejando las marcas rojas bien visibles. Cada nalgada hacía que Mar apretara más la concha alrededor de su pija.
- Tomá, puta. Tomá por ese ex tuyo de mierda - decía él mientras la penetraba profundo, tirando de sus caderas para clavársela más.
Mar empujaba hacia atrás, encontrando cada embestida, haciendo que la pija entrara hasta las bolas.
Él le agarró el pelo largo con fuerza, tirando su cabeza hacia atrás mientras aceleraba las embestidas. La pija entraba y salía completa, brillante, haciendo ruidos obscenos de tanto jugo. El dolor y el placer se mezclaban para Mar, que sentía cada centímetro golpeándole el fondo.
- Sos mi puta esta noche - gruñó Agustín, tirándole más fuerte del pelo. - Mirate en el espejo mientras te destrozo. Ese infiel no merecía este culo perfecto. -
- ¡Sí! ¡Más profundo! Me duele y me encanta… ¡No pares, hijo de puta! - gritaba Mar, los ojos llorosos de placer.
Mar extendió la mano, agarró su celular y empezó a grabar trozos cortos. Apuntaba la cámara hacia su propia cara y cuerpo, hacia el culo recibiendo las embestidas, pero nunca mostrando la cara de Agustín. Grababa sus gemidos, el movimiento salvaje, los cachetazos.
- Esto es para recordar mi venganza… - dijo jadeando mientras grababa, sin dejar de empujar hacia atrás. - Mirá cómo me coge una pija de verdad… que se joda Turnitos. -
Cortó la grabación y tiró el teléfono a un lado, concentrándose en el placer. Agustín la penetraba cada vez más salvaje, sudando a chorros, las venas del cuello marcadas por el esfuerzo.
- Estás apretando tanto… me vas a sacar todo - gruñó él.
Mar se incorporó un poco, todavía de perrito pero más erguida, y empezó a mover las caderas en círculos mientras él seguía adentro. Después se dio vuelta completamente, empujándolo para que se acostara en la cama. Se subió encima de él de espaldas, en posición de vaquera invertida. Agarró la pija y se la metió otra vez hasta el fondo, soltando un gemido largo.
- Ahora te voy a cabalgar yo - anunció, empezando a mover las caderas en círculos amplios, luego adelante y atrás, sintiendo cómo la pija gruesa le frotaba todas las paredes internas.
Agustín estaba debajo, con una vista perfecta de su culo rebotando y la espalda arqueada. Le subió las manos y le apretó las tetas con fuerza desde atrás, pellizcándole los pezones duros.
- Estas tetas son una locura… apretadas y firmes - decía mientras las masajeaba y las tironeaba.
Ella aceleró, rebotando y girando las caderas, haciendo que sus tetas saltaran en las manos de él. Se inclinó hacia atrás, girando la cabeza para besarlo torpemente por encima del hombro. Lenguas enredadas, mordidas, saliva.
Mar se corrió por tercera vez, gritando insultos y el nombre de él mezclado con puteadas a su ex. Se sacudió violentamente, los jugos chorreando por la pija y los muslos de Agustín.
Pero ella no paraba. Siguió moviéndose, más lento pero profundo, prolongando el orgasmo. Agustín estaba al límite.
- Mar… estoy a punto de correrme… no aguanto más - avisó, la voz quebrada.
Ella se bajó rápido de la pija, se arrodilló frente a él en la cama y abrió la boca, sacando la lengua. - Corréte en mi cara y en mis tetas, boludo. Quiero todo tu semen - pidió, masturbándolo con las dos manos rápido y fuerte.
Agustín gruñó fuerte y explotó. Chorros gruesos y calientes de semen le cayeron en la cara, en la lengua, en las tetas, salpicando hasta el cuello. Mar tragó lo que le cayó en la boca, saboreándolo, y con las manos se untó el resto por las tetas, frotándolo, untándose las tetillas.
- Mmm… rico… mirá cómo me marcaste - dijo lamiéndose los labios, todavía con semen chorreando por su mentón.
Aun así, no estaba satisfecha. Lo miró con ojos hambrientos. - Todavía no terminé con vos… vení, que te voy a poner duro otra vez. -
El chico estaba tirado en la cama, jadeando, la pija empezando a bajar después del orgasmo explosivo. Pero ella no había terminado. Se arrodilló entre sus piernas, agarró la pija semi-dura con una mano y empezó a lamerla despacio, saboreando la mezcla de sus propios jugos y el semen de él.
- Mmm… mirá cómo te dejé - susurró, pasando la lengua por toda la longitud, desde las bolas hasta la cabeza sensible. - Pero yo todavía quiero más. Te voy a poner dura otra vez y vas a cogerme contra la ventana. -
Agustín soltó un gemido cuando ella se metió toda la pija en la boca de nuevo, chupando con ganas, usando la lengua para estimular la parte de abajo. La saliva chorreaba, haciendo ruidos babosos mientras lo revivía. En pocos minutos la pija volvió a endurecerse, gruesa, venosa y lista.
- Sos insaciable, Mar… la puta madre - dijo él, agarrándole el pelo.
- Hoy sí, boludo. Hoy soy una puta en modo venganza total - respondió ella, sacando la pija de la boca.
Lo tomó de la mano y lo llevó hasta la ventana grande del dormitorio, que daba a la calle de Palermo. Las luces de la ciudad entraban, y cualquiera que mirara desde un edificio de enfrente o pasara por la vereda podía ver siluetas si se fijaba bien. El riesgo la ponía más caliente.
Mar se apoyó contra el vidrio frío, arqueando la espalda y separando las piernas. Su culo perfecto quedó ofrecido, la concha hinchada y roja todavía chorreando.
- Metémela acá. Cógeme fuerte contra la ventana. Que si alguien mira, que vea cómo me están cogiendo como se debe - ordenó, mirando por encima del hombro.
Agustín empezó a embestirla con fuerza. Cada empujón hacía que el cuerpo de Mar se golpeara contra la ventana. Desde afuera se podía ver claramente la silueta de una mujer siendo cogida salvajemente.
- Mirá si nos ven… - dijo Agustín, excitado por el peligro, agarrándole las caderas y tirando de ella hacia atrás mientras empujaba.
- Me importa una mierda. Que vean que estoy cogiendo con una pija mucho mejor que la de mi ex. ¡Más fuerte! ¡Dame todo! - gritaba Mar, empujando el culo hacia atrás.
Agustín aceleró, cogiéndola como un animal. Le metía la mano entre las piernas y le frotaba el clítoris hinchado mientras la penetraba. Mar sentía cada centímetro, la pija curvada tocándole puntos que la volvían loca.
- Estoy por correrme de nuevo… no pares, boludo. Seguí rompiéndome - suplicó ella, la voz quebrada.
Él le tiró del pelo, le mordió el hombro y siguió embistiendo sin piedad. Mar explotó en otro orgasmo intenso, gritando contra el vidrio, las piernas temblando, chorros de jugos corriendo por sus muslos. Su concha apretaba la pija con fuerza.
- Ahora vos… correte adentro - pidió, todavía temblando.
Agustín gruñó fuerte y se corrió profundo dentro de ella, llenándola de semen caliente. Se quedaron así unos segundos, pegados contra la ventana, recuperando el aliento.
Después cayeron en la cama deshecha, sudados, exhaustos. Mar se dio vuelta, se arrodilló y le chupó la pija con cariño, limpiándola toda, tragando los restos de semen y sus propios jugos.
- Tragué todo… buen chico - dijo sonriendo, lamiéndose los labios.
Se acostaron un rato, Mar apoyada en el pecho de él, todavía con semen seco en la cara y las tetas.
- Agustín… gracias por venir esta noche - dijo ella con voz más suave, aunque todavía cargada de satisfacción. - Me ayudaste con esta venganza de una forma que ni imaginaba. Estuvo mucho mejor de lo que pensé. Me cogiste como nadie, boludo. Esa pija tuya es una locura. -
Él sonrió, acariciándole el pelo despeinado. - Fue un sueño, Mar. Sos increíble. ¿Hay chance de volver a vernos? ¿De repetir esto? -
Mar se rio bajito, incorporándose un poco. - Fue un polvo de despecho, Agustín. Solo eso. Estaba re caliente, re dolida y necesitaba sacarme al sorete de Turnitos del sistema. Pero… con vos nunca se sabe. Me encantó tu pija, te lo admito. Es gruesa, dura y sabés usarla. Si en otro momento estoy con ganas, capaz te escribo. Pero por ahora, esto fue venganza y placer. Nada más. -
Se levantó, se puso la bata de seda negra otra vez, cubriendo su cuerpo marcado de nalgadas, mordidas y semen. Lo acompañó hasta la puerta, caminando descalza.
- Gracias de nuevo - dijo en la entrada, abriéndole la puerta.
Agustín se acercó, le dio un último beso profundo y le agarró el culo con las dos manos, apretándolo fuerte. Después subió las manos y le apretó las tetas por encima de la bata.
- Estás demasiado buena, Mar. Cuidate - murmuró antes de irse.
Ella cerró la puerta con una sonrisa, sintiéndose poderosa.
Volvió a la habitación. La cama era un desastre: sábanas arrugadas, manchas de jugos y semen, olor a sexo puro. Agarró el celular, se miró en la cámara frontal: pelo totalmente despeinado, labial corrido, un resto de semen todavía en la mejilla y el mentón, ojos brillantes de satisfacción. La cama desordenada se veía de fondo.
Subió una historia a Instagram. Solo una foto en primer plano, sin texto, solo el emoji 🔥 y otro de una carita con diablito. La dejó ahí, sabiendo que sus seguidores iban a enloquecer.

Mar se tiró en la cama, todavía con la bata abierta, tocándose distraídamente una teta. Se sentía poderosa. Adicta. La venganza le había sabido deliciosa, pero más que eso, se había vuelto adicta al placer crudo, a ser deseada, a coger sin filtro.
- Qué noche… - murmuró sonriendo. - Turnitos debe estar llorando en algún lado y yo acá, llena de semen de otro y más viva que nunca. -
Empezó a pensar si esto era el fin de su venganza o solo el principio. Capaz mañana buscaba otro. O al mismo Agustín de nuevo. O alguien nuevo.
- ¡Hijo de puta! ¡Sos un sorete de mierda, Turnitos! - gritó, la voz quebrada pero llena de furia.
Lucho estaba parado ahí, pálido, con la cara de quien sabe que lo agarraron con las manos en la masa. Las capturas de chat que Mar había descubierto esa tarde no dejaban lugar a dudas: mensajes hot con otra mina, fotos, audios.
- Mar, boluda, dejame explicarte… fue solo una vez, estaba pedo y... -
- ¡Cállate la boca! - lo cortó ella, tirándole un almohadón en la cara. - No quiero volver a verte nunca más en mi vida. ¡Nunca! Andate de mi casa ya, antes de que te rompa algo. -
Llorando de la bronca, Mar empezó a juntar las cosas de él a los manotazos: remeras, zapatillas, el cargador del celu. Todo volaba por el aire mientras él intentaba calmarla.
- Mar, por favor… nosotros convivimos, esto no puede terminar así… -
- ¡Sí puede! ¡Fuera! - Abrió la puerta de un tirón y le tiró una bolsa con sus porquerías. - Andate a la concha de tu hermana, sorete infiel. No existís más para mí. -
Lucho salió cabizbajo, murmurando disculpas que Mar ni escuchó. Cuando cerró la puerta de un portazo, se dejó caer contra la pared y lloró fuerte, con sollozos que le sacudían el cuerpo. Minutos después, respiró hondo, se limpió las lágrimas y agarró el teléfono.
Abrió Instagram. Grabó una historia rápida, con los ojos todavía rojos pero la mirada decidida. - Chicos… les cuento que me separé de Turnitos. No voy a dar muchos detalles, pero ya está. Se terminó. Gracias por el aguante siempre. Los quiero. -
Subió la historia, apagó el celular un rato y fue directo al baño. Necesitaba sacarse todo eso de encima.
El agua caliente de la ducha le cayó como una bendición. Se quedó ahí un buen rato, dejando que el vapor le aflojara los músculos tensos. Cuando salió, envuelta en una toalla, se miró en el espejo grande del dormitorio.

Se sacó la toalla despacio y se puso el conjunto de lencería blanca que más le gustaba: corpiño que le levantaba las tetas perfectas y una tanga que apenas le tapaba el culo redondo y firme.
Se paró frente al espejo, girando de costado, mirándose de arriba abajo. Acarició su cintura, subió las manos y apretó sus tetas con fuerza, sintiendo cómo se le endurecían los pezones contra la tela.
- Estoy re buena, la puta madre… - se dijo en voz alta, con una sonrisa mezcla de bronca y orgullo. - ¿Cómo este pelotudo me pudo haber engañado? Mirame… Que se joda. -
Apretó más fuerte sus tetas, sintiendo un calor que le subía por el cuerpo. La rabia se estaba transformando en otra cosa: deseo, ganas de venganza, de sentirse deseada y poderosa. - Que se pudra. Yo me voy a coger a alguien esta misma noche. Y no cualquier polvo… quiero que sea salvaje, quiero que se sepa. Venganza y placer, todo junto. -
Todavía en lencería, se paró frente al espejo. Se puso un poco de maquillaje: rímel, labial rojo intenso, un toque de iluminador en las tetas para que brillaran. Se sentía más sexy que nunca. Agarró el celular y empezó a sacarse fotos: una de frente, apretándose las tetas; otra de espaldas, mirando por encima del hombro con el culo bien marcado; otra más provocativa, mordiéndose el labio y con la mano entre las piernas.

Revisó las fotos y eligió la mejor: la que mostraba su cuerpo casi entero en lencería, mirada desafiante a cámara. La subió a sus historias con el texto: “New era 🔥”.
En minutos empezaron a llegar las respuestas. Cientos.
“Dios mío Mar, estás que rompes todo”
“Te como entera reina”
“Mandame ubicación que voy ya”
“Qué rica que estás, me pongo duro solo de verte”
Mensajes más respetuosos pero con la misma intención: “Sos una diosa, cualquier cosa que necesites…”
Y barbaridades directas: “Quiero llenarte la boca”, “Dejame cogerte toda la noche”, etc.
Mar sonreía mientras leía, todavía despechada pero cada vez más excitada. Fue bajando hasta que vio un mensaje nuevo. Agustín. Era la primera vez que le escribía.
Revisó su perfil rápido: 28 años, alto, buen físico, tatuajes, sonrisa canchera, fotos viajando y en gimnasio. Justo como le gustaban a ella. Le respondió:
- “¿Qué hacés esta noche, Agustín? Si querés venir a mi depto para conocernos… estoy sola y con ganas.” -
La respuesta llegó casi al instante: - “¿En serio? No puedo creer que me contestes. Sí, obvio. Decime dirección y en una hora estoy ahí.” -
Mar sonrió con picardía. Mientras esperaba, se puso a tirar todas las remeras y cosas que quedaban de Turnitos en una bolsa grande de basura. Después se colocó una bata de seda negra, corta, que apenas le tapaba el culo. Se perfumó, prendió unas velas y puso música bajita. El corazón le latía fuerte.

Cuando sonó el timbre, respiró profundo. Agustín entró al departamento con el corazón latiéndole a mil. Era alto, de hombros anchos, con una remera ajustada que marcaba los músculos del gimnasio y jeans oscuros. Miraba a Mar como si no pudiera creer que estuviera ahí, en carne y hueso, con esa bata apenas atada que dejaba ver el borde de la lencería.
Mar cerró la puerta despacio, con una sonrisa pícara y los ojos todavía cargados de esa rabia que se había convertido en fuego. Se dio vuelta y, sin decir nada al principio, soltó el nudo de la bata. La seda se abrió lentamente. No se sacó la bata del todo, solo la dejó abierta, colgando de sus hombros.
- ¿Estás listo para esto, Agustín? - preguntó con voz ronca, mirándolo de arriba abajo.
Él tragó saliva fuerte, los ojos clavados en sus tetas y en la curva de su cintura. - Estoy más que listo, Mar… La puta madre, estás hermosa. Sos un sueño. No aguanto más, te juro que desde que vi tu historia estoy duro como una piedra. -
Mar se acercó despacio, contoneando las caderas. Extendió la mano y le acarició el pecho por encima de la remera, bajando despacio hasta el bulto que ya se marcaba en sus jeans. Lo apretó suavemente con la palma, sintiendo cómo latía.
—Mirá vos… ya estás bien caliente. Espero que sepas usarla mejor que el estúpido de mi ex, eh. Ese sorete no servía ni para calentarme el agua. Quiero que me cojas como se debe, fuerte, sin piedad. ¿Entendés? -
Agustín respiró agitado. De repente la agarró del pelo con firmeza, jalándola hacia él. Mar soltó un gemidito de sorpresa y placer. La empujó contra la pared del pasillo, el cuerpo de ella quedando atrapado entre la fría pared y su pecho caliente.
- Te voy a coger mejor que nadie, te lo prometo - gruñó él contra su boca, antes de besarla con violencia.
El beso fue brutal, lenguas enredándose, dientes chocando. Le mordió el labio inferior con fuerza, tirando un poco, y Mar respondió gimiendo en su boca, mordiéndolo de vuelta. Sus manos subieron por el cuello de él, clavándole las uñas.
- Así me gusta… - jadeó ella entre besos. - No seas suave, boludo. Hoy quiero que me trates como una puta. -
Agustín bajó una mano y le apretó una teta por encima del corpiño, pellizcándole el pezón duro hasta que Mar arqueó la espalda. Con la otra mano le agarró el culo, metiendo los dedos bajo la tanga y apretando la carne firme. - Sos una diosa, Mar. Estas tetas… este culo… me volvés loco. -
Ella se frotaba contra él, sintiendo la pija dura presionando contra su panza. Lo empujó un poco para separarse, respirando agitada, los labios hinchados del beso.
- Bajate los pantalones ya - ordenó con voz autoritaria pero cargada de deseo.
Agustín obedeció rápido, desabrochando el botón. Se bajó los jeans y el bóxer de un tirón. Su pija saltó libre: gruesa, venosa, con una cabeza grande y brillante, completamente dura y apuntando hacia arriba. Medía fácil 20 centímetros, curvada ligeramente hacia arriba.
Mar la miró con los ojos brillantes, mordiéndose el labio.
- Uy, la concha… Esto sí que es una pija de verdad - dijo agarrándola con la mano derecha. La sintió caliente, palpitante, pesada. La movió despacio, masturbándolo con fuerza. - Mirá el grosor… mucho mejor que la mierda que tenía mi ex. Esto va a destrozarme la concha y me va a encantar. -
Agustín gruñó de placer, empujando las caderas hacia adelante. - Chupámela, Mar. Por favor… -
Ella sonrió con malicia y se arrodilló despacio sobre la alfombra, sin soltarle la pija. Primero le dio besitos en la cabeza, lamiendo el precum salado. - Mmm… rico - susurró.
Después abrió la boca y se la metió. Empezó despacio, pero pronto fue profundo. La chupaba con ganas, babosa, haciendo ruidos húmedos y obscenos. Bajaba hasta la mitad, luego más, hasta que la cabeza le tocaba la garganta. Saliva le chorreaba por la barbilla, cayendo sobre sus tetas.
- Así, nena… que garganta profunda… - gemía Agustín, agarrándole el pelo con las dos manos.
Mar lo miró con ojos llorosos, ahogándose un poco a propósito. La pija le llenaba la boca, le estiraba los labios. Sacó la lengua y lamió las venas mientras subía y bajaba la cabeza rápido. En un momento, mientras la tenía bien adentro, agarró su celular con la mano libre. Apuntó la cámara hacia su cara (sin mostrar la de él) y grabó unos segundos: se ahogaba con la pija, saliva chorreando, ojos rojos de esfuerzo, gimiendo alrededor del grosor.
Cortó la grabación, sacó la pija de la boca con un “pop” húmedo y sonrió jadeando, un hilo de saliva conectando sus labios con la cabeza brillante.
- Esto me lo guardo por las dudas… para recordar cómo me vengué del otro pelotudo - dijo con una risita traviesa, todavía masturbándolo con la mano llena de saliva. - ¿Te gusta que sea así de puta, Agustín? -
- Sos una diosa… la mejor chupada de mi vida - respondió él, la voz ronca.
Mar se puso de pie, limpiándose la boca con el dorso de la mano, pero dejando la baba brillando en su mentón y tetas. Lo tomó de la mano.
- Vení, seguime. Vamos al sofá… el mismo donde cogía con ese sorete. Hoy lo voy a profanar con una pija de verdad. -
Lo llevó al living. Agustín se sentó en el sofá, la pija parada como un mástil, brillante de saliva. Mar se paró frente a él y dejó caer la bata de seda al piso con un movimiento lento y sensual. Quedó solo con el conjunto de lencería.
- Mirame bien - dijo girando despacio, dándole la espalda y arqueando la espalda para mostrar el culo perfecto. - ¿Te gusta lo que ves? -

- Estás para cogerte toda la noche - respondió él, tocándose la pija mientras la miraba. - Vení acá, sentate en mi cara. -
Mar sonrió, pero primero se acercó y le dio un beso profundo, metiéndole la lengua. Después se subió al sofá, se sacó la tanga de un tirón y se sentó directamente sobre la cara de Agustín.
- Comeme la concha, boludo. Haceme sentir lo que ese hijo de puta nunca supo - ordenó, agarrándole el pelo y presionando su concha húmeda y depilada contra la boca de él.
Agustín empezó a lamer con hambre. Le pasaba la lengua plana, chupándole los labios hinchados, metiendo la punta en la entrada. Luego se concentró en el clítoris, succionándolo y moviendo la lengua rápido en círculos.
- Ay, sí… ahí, chupá más fuerte - gemía Mar, moviendo las caderas, frotándose contra su cara. - Meteme los dedos… dos primero. -
Él obedeció, metiendo dos dedos gruesos en su concha empapada. Entraban fácil, haciendo ruidos mojados. Los movía adentro y afuera mientras seguía chupando el clítoris.
- Más… meteme tres - pidió ella, jadeando alto.
Agustín metió el tercero. La cogía con los dedos rápido, curvándolos para tocarle el punto G. Mar empezó a temblar.
- ¡Sí, así! ¡Comeme toda, hijo de puta! - gritaba, cabalgando su cara con fuerza.
El orgasmo le llegó fuerte. Se corrió gritando insultos, apretando los muslos alrededor de la cabeza de Agustín, inundándole la boca con sus jugos. Se sacudió entera, las tetas saltando dentro del corpiño.
- Ahora te voy a montar, boludo - dijo con voz ronca, casi un gruñido. - Y te voy a coger como si quisiera romperte la pija. Preparate, porque no pienso parar hasta que me duela. -
Agustín estaba tirado en el sofá, la cara brillante de sus jugos, la pija parada como una barra de hierro, venosa y palpitante. Sonrió con esa mezcla de nervios y lujuria. - Montame, Mar. Usame todo lo que quieras. Esta pija es tuya esta noche. -
Ella se acomodó encima de él, de frente, las rodillas a cada lado de sus caderas. Agarró la pija gruesa con una mano, la frotó contra su clítoris hinchado un par de veces, provocándose a sí misma, y después la alineó con su entrada empapada. Bajó despacio al principio, sintiendo cómo la cabeza gruesa le abría los labios y se metía adentro.
- Ay, la puta madre… qué gruesa - gimió, cerrando los ojos un segundo. - Me está abriendo toda… es mucho más grande que la mierda de mi ex. -
Se dejó caer de golpe, tragándose hasta el fondo la pija de Agustín. Los dos soltaron un gemido al unísono. Mar sintió que la llenaba completamente, que le tocaba el fondo. Empezó a moverse despacio al principio, girando las caderas en círculos, adaptándose al tamaño.
- ¿Sentís eso? - le preguntó ella, mirándolo fijo a los ojos mientras subía y bajaba más rápido. - ¿Sentís cómo mi concha te traga toda la pija? Está apretadita, mojada solo para vos esta noche. -
- Está re caliente y apretada… me estás apretando la pija, Mar. Sos una diosa - respondió él, agarrándole las caderas con fuerza, los dedos clavándose en su carne.
Mar aceleró el ritmo. Empezó a rebotar con fuerza, subiendo casi hasta sacar la pija y cayendo de golpe, haciendo que sus tetas saltaran violentamente dentro del corpiño. El sonido húmedo de piel contra piel llenaba el living: plap, plap, plap, cada vez más fuerte y rápido.
- ¡Así! ¡Más fuerte! - gritaba ella, rebotando como una loca. - ¡Cógeme, boludo! ¡Dame todo lo que ese sorete infiel nunca supo darme! -
Agustín empujaba desde abajo, embistiéndola cada vez que ella bajaba. Sus bolas chocaban contra el culo de Mar. Le subió las manos y le bajó el corpiño de un tirón, dejando que sus tetas perfectas, firmes y con pezones duros como piedras, quedaran libres. Las agarró con las dos manos, apretándolas fuerte, pellizcándole los pezones.
- Estas tetas son una locura… mirá cómo rebotan. Estás hecha para coger, Mar. Sos una puta vengativa y me encanta. -
Ella se rio entre gemidos, arqueando la espalda para que él las apretara más. - ¡Sí, apretá! ¡Marcame las tetas! Quiero que mañana me duelan y me acuerde de cómo me cogiste. ¡Más fuerte, Agustín! ¡Rompe la concha! -
- Decime que soy mejor que tu ex - pidió él, jadeando, mientras le daba una nalgada fuerte en el culo.
- Sos mil veces mejor, boludo - gritó ella, acelerando más. - Esa pija no me hacía ni la mitad de esto. Vos me estás destrozando y me encanta. ¡No pares! ¡Metémela más profundo! -
Mar se inclinó hacia adelante, apoyando las manos en el pecho de Agustín, y empezó a cabalgarlo. Sus tetas le golpeaban la cara a él, que las chupaba y mordía los pezones cuando podía. El sofá crujía bajo ellos. El olor a sexo llenaba el ambiente: sudor, jugos, excitación pura.
- Estoy por correrme otra vez… - avisó ella, la voz quebrada por los gemidos. - Seguí así, no cambies el ritmo. ¡Cógeme como si me odiaras! -
Agustín le agarró el culo con las dos manos, separándole las nalgas, y embistió desde abajo con fuerza brutal. Mar explotó en un segundo orgasmo, gritando insultos: - ¡Hijo de puta! ¡Síííí! ¡Me corrooo! -
- Dios, Mar… estás apretando tanto que casi me corro yo también - gruñó él, mordiéndole una teta.
- Todavía no, boludo. Todavía no terminé con vos - dijo ella, bajando el ritmo un momento para besarlo con violencia, mordiéndole el labio. - Vamos a la habitación. Quiero que me cojas de perrito frente al espejo. Quiero verme la cara de puta mientras me das. -
Se levantó despacio, sacando la pija de adentro con un sonido húmedo. Un hilo de sus jugos conectó su concha con la cabeza brillante de él. Lo tomó de la mano y lo llevó casi corriendo al dormitorio, el mismo donde dormía con su ex.
La habitación estaba en penumbras, solo con la luz de una lámpara de noche. Mar se paró frente al espejo grande del placard. Se inclinó hacia adelante, apoyando las manos en el espejo, arqueando la espalda y separando las piernas.
Agustín se puso detrás de ella, le dio una nalgada fuerte que resonó en la habitación y dejó una marca roja inmediata en la piel blanca.
- Sos una puta vengativa, Mar. Mirá ese culo… está pidiendo que lo destroce - gruñó, agarrando su pija gruesa y frotándola contra la entrada empapada.
De un solo empujón fuerte metió toda la pija hasta el fondo. Mar soltó un grito largo y gutural, antes de levantar la cabeza para mirarse en el espejo.
- ¡Ay, la concha! ¡Entera de una! ¡Sí, así! - gritó.
Agustín empezó a embestirla con ritmo brutal. Cada embestida hacía que sus pelvis chocaran con un sonido húmedo y fuerte. El sudor les corría por el cuerpo. Mar se miraba fijamente en el espejo: pelo despeinado, cara de placer total, boca abierta gimiendo sin control, tetas colgando y balanceándose con cada golpe.
- Mirame… mirame cómo me estás cogiendo - jadeaba ella. - Este sorete de Turnitos nunca me dio así. Más fuerte, boludo. Dame nalgadas. -
Agustín no se hizo rogar. Le soltó una serie de cachetadas fuertes en el culo, alternando lados, dejando las marcas rojas bien visibles. Cada nalgada hacía que Mar apretara más la concha alrededor de su pija.
- Tomá, puta. Tomá por ese ex tuyo de mierda - decía él mientras la penetraba profundo, tirando de sus caderas para clavársela más.
Mar empujaba hacia atrás, encontrando cada embestida, haciendo que la pija entrara hasta las bolas.
Él le agarró el pelo largo con fuerza, tirando su cabeza hacia atrás mientras aceleraba las embestidas. La pija entraba y salía completa, brillante, haciendo ruidos obscenos de tanto jugo. El dolor y el placer se mezclaban para Mar, que sentía cada centímetro golpeándole el fondo.
- Sos mi puta esta noche - gruñó Agustín, tirándole más fuerte del pelo. - Mirate en el espejo mientras te destrozo. Ese infiel no merecía este culo perfecto. -
- ¡Sí! ¡Más profundo! Me duele y me encanta… ¡No pares, hijo de puta! - gritaba Mar, los ojos llorosos de placer.
Mar extendió la mano, agarró su celular y empezó a grabar trozos cortos. Apuntaba la cámara hacia su propia cara y cuerpo, hacia el culo recibiendo las embestidas, pero nunca mostrando la cara de Agustín. Grababa sus gemidos, el movimiento salvaje, los cachetazos.
- Esto es para recordar mi venganza… - dijo jadeando mientras grababa, sin dejar de empujar hacia atrás. - Mirá cómo me coge una pija de verdad… que se joda Turnitos. -
Cortó la grabación y tiró el teléfono a un lado, concentrándose en el placer. Agustín la penetraba cada vez más salvaje, sudando a chorros, las venas del cuello marcadas por el esfuerzo.
- Estás apretando tanto… me vas a sacar todo - gruñó él.
Mar se incorporó un poco, todavía de perrito pero más erguida, y empezó a mover las caderas en círculos mientras él seguía adentro. Después se dio vuelta completamente, empujándolo para que se acostara en la cama. Se subió encima de él de espaldas, en posición de vaquera invertida. Agarró la pija y se la metió otra vez hasta el fondo, soltando un gemido largo.
- Ahora te voy a cabalgar yo - anunció, empezando a mover las caderas en círculos amplios, luego adelante y atrás, sintiendo cómo la pija gruesa le frotaba todas las paredes internas.
Agustín estaba debajo, con una vista perfecta de su culo rebotando y la espalda arqueada. Le subió las manos y le apretó las tetas con fuerza desde atrás, pellizcándole los pezones duros.
- Estas tetas son una locura… apretadas y firmes - decía mientras las masajeaba y las tironeaba.
Ella aceleró, rebotando y girando las caderas, haciendo que sus tetas saltaran en las manos de él. Se inclinó hacia atrás, girando la cabeza para besarlo torpemente por encima del hombro. Lenguas enredadas, mordidas, saliva.
Mar se corrió por tercera vez, gritando insultos y el nombre de él mezclado con puteadas a su ex. Se sacudió violentamente, los jugos chorreando por la pija y los muslos de Agustín.
Pero ella no paraba. Siguió moviéndose, más lento pero profundo, prolongando el orgasmo. Agustín estaba al límite.
- Mar… estoy a punto de correrme… no aguanto más - avisó, la voz quebrada.
Ella se bajó rápido de la pija, se arrodilló frente a él en la cama y abrió la boca, sacando la lengua. - Corréte en mi cara y en mis tetas, boludo. Quiero todo tu semen - pidió, masturbándolo con las dos manos rápido y fuerte.
Agustín gruñó fuerte y explotó. Chorros gruesos y calientes de semen le cayeron en la cara, en la lengua, en las tetas, salpicando hasta el cuello. Mar tragó lo que le cayó en la boca, saboreándolo, y con las manos se untó el resto por las tetas, frotándolo, untándose las tetillas.
- Mmm… rico… mirá cómo me marcaste - dijo lamiéndose los labios, todavía con semen chorreando por su mentón.
Aun así, no estaba satisfecha. Lo miró con ojos hambrientos. - Todavía no terminé con vos… vení, que te voy a poner duro otra vez. -
El chico estaba tirado en la cama, jadeando, la pija empezando a bajar después del orgasmo explosivo. Pero ella no había terminado. Se arrodilló entre sus piernas, agarró la pija semi-dura con una mano y empezó a lamerla despacio, saboreando la mezcla de sus propios jugos y el semen de él.
- Mmm… mirá cómo te dejé - susurró, pasando la lengua por toda la longitud, desde las bolas hasta la cabeza sensible. - Pero yo todavía quiero más. Te voy a poner dura otra vez y vas a cogerme contra la ventana. -
Agustín soltó un gemido cuando ella se metió toda la pija en la boca de nuevo, chupando con ganas, usando la lengua para estimular la parte de abajo. La saliva chorreaba, haciendo ruidos babosos mientras lo revivía. En pocos minutos la pija volvió a endurecerse, gruesa, venosa y lista.
- Sos insaciable, Mar… la puta madre - dijo él, agarrándole el pelo.
- Hoy sí, boludo. Hoy soy una puta en modo venganza total - respondió ella, sacando la pija de la boca.
Lo tomó de la mano y lo llevó hasta la ventana grande del dormitorio, que daba a la calle de Palermo. Las luces de la ciudad entraban, y cualquiera que mirara desde un edificio de enfrente o pasara por la vereda podía ver siluetas si se fijaba bien. El riesgo la ponía más caliente.
Mar se apoyó contra el vidrio frío, arqueando la espalda y separando las piernas. Su culo perfecto quedó ofrecido, la concha hinchada y roja todavía chorreando.
- Metémela acá. Cógeme fuerte contra la ventana. Que si alguien mira, que vea cómo me están cogiendo como se debe - ordenó, mirando por encima del hombro.
Agustín empezó a embestirla con fuerza. Cada empujón hacía que el cuerpo de Mar se golpeara contra la ventana. Desde afuera se podía ver claramente la silueta de una mujer siendo cogida salvajemente.
- Mirá si nos ven… - dijo Agustín, excitado por el peligro, agarrándole las caderas y tirando de ella hacia atrás mientras empujaba.
- Me importa una mierda. Que vean que estoy cogiendo con una pija mucho mejor que la de mi ex. ¡Más fuerte! ¡Dame todo! - gritaba Mar, empujando el culo hacia atrás.
Agustín aceleró, cogiéndola como un animal. Le metía la mano entre las piernas y le frotaba el clítoris hinchado mientras la penetraba. Mar sentía cada centímetro, la pija curvada tocándole puntos que la volvían loca.
- Estoy por correrme de nuevo… no pares, boludo. Seguí rompiéndome - suplicó ella, la voz quebrada.
Él le tiró del pelo, le mordió el hombro y siguió embistiendo sin piedad. Mar explotó en otro orgasmo intenso, gritando contra el vidrio, las piernas temblando, chorros de jugos corriendo por sus muslos. Su concha apretaba la pija con fuerza.
- Ahora vos… correte adentro - pidió, todavía temblando.
Agustín gruñó fuerte y se corrió profundo dentro de ella, llenándola de semen caliente. Se quedaron así unos segundos, pegados contra la ventana, recuperando el aliento.
Después cayeron en la cama deshecha, sudados, exhaustos. Mar se dio vuelta, se arrodilló y le chupó la pija con cariño, limpiándola toda, tragando los restos de semen y sus propios jugos.
- Tragué todo… buen chico - dijo sonriendo, lamiéndose los labios.
Se acostaron un rato, Mar apoyada en el pecho de él, todavía con semen seco en la cara y las tetas.
- Agustín… gracias por venir esta noche - dijo ella con voz más suave, aunque todavía cargada de satisfacción. - Me ayudaste con esta venganza de una forma que ni imaginaba. Estuvo mucho mejor de lo que pensé. Me cogiste como nadie, boludo. Esa pija tuya es una locura. -
Él sonrió, acariciándole el pelo despeinado. - Fue un sueño, Mar. Sos increíble. ¿Hay chance de volver a vernos? ¿De repetir esto? -
Mar se rio bajito, incorporándose un poco. - Fue un polvo de despecho, Agustín. Solo eso. Estaba re caliente, re dolida y necesitaba sacarme al sorete de Turnitos del sistema. Pero… con vos nunca se sabe. Me encantó tu pija, te lo admito. Es gruesa, dura y sabés usarla. Si en otro momento estoy con ganas, capaz te escribo. Pero por ahora, esto fue venganza y placer. Nada más. -
Se levantó, se puso la bata de seda negra otra vez, cubriendo su cuerpo marcado de nalgadas, mordidas y semen. Lo acompañó hasta la puerta, caminando descalza.
- Gracias de nuevo - dijo en la entrada, abriéndole la puerta.
Agustín se acercó, le dio un último beso profundo y le agarró el culo con las dos manos, apretándolo fuerte. Después subió las manos y le apretó las tetas por encima de la bata.
- Estás demasiado buena, Mar. Cuidate - murmuró antes de irse.
Ella cerró la puerta con una sonrisa, sintiéndose poderosa.
Volvió a la habitación. La cama era un desastre: sábanas arrugadas, manchas de jugos y semen, olor a sexo puro. Agarró el celular, se miró en la cámara frontal: pelo totalmente despeinado, labial corrido, un resto de semen todavía en la mejilla y el mentón, ojos brillantes de satisfacción. La cama desordenada se veía de fondo.
Subió una historia a Instagram. Solo una foto en primer plano, sin texto, solo el emoji 🔥 y otro de una carita con diablito. La dejó ahí, sabiendo que sus seguidores iban a enloquecer.

Mar se tiró en la cama, todavía con la bata abierta, tocándose distraídamente una teta. Se sentía poderosa. Adicta. La venganza le había sabido deliciosa, pero más que eso, se había vuelto adicta al placer crudo, a ser deseada, a coger sin filtro.
- Qué noche… - murmuró sonriendo. - Turnitos debe estar llorando en algún lado y yo acá, llena de semen de otro y más viva que nunca. -
Empezó a pensar si esto era el fin de su venganza o solo el principio. Capaz mañana buscaba otro. O al mismo Agustín de nuevo. O alguien nuevo.
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