El portazo sonó durísimo en el pasillo. Me encerré en mi cuarto y pegué la espalda contra la puerta, sintiendo cómo el corazón me iba a mil por hora. Las manos me sudaban de los nervios y todavía sentía el calor de la pierna de Camilo pegada a la mía en el sofá, la respiración aguantada de los dos y el pánico que me dio justo antes de salir corriendo.
Afuera no se escuchó nada durante un buen rato. La casa estaba en un silencio total. Después, escuché los pasos de Camilo levantándose de la sala y caminando hacia su cuarto, cerrando la puerta con cuidado. Ninguno de los dos volvió a salir en toda la noche.
Al día siguiente, la tensión en la casa se podía cortar con un cuchillo. Ninguno le hablaba al otro. En los días siguientes, ni nos mirábamos a los ojos y si nos cruzábamos en el pasillo apenas nos decíamos un "hola" rápido. Pero lejos de apagarme las ganas, esa distancia solo hizo que me obsesionara más con él.
El miércoles por la tarde, en las bancas de la universidad, mis amigas hablaban entre risas de cómo llamar la atención de un man que les gustaba. Yo me hacía la que miraba el celular, pero les estaba prestando toda la atención del mundo.
—A los hombres no hay que decirles nada directo —decía una de ellas—. A ellos les entra todo por los ojos. Una camiseta apretada, unos shorts cortos como si no te dieras cuenta... que ellos piensen que te están descubriendo.
Llegué a la casa con esa idea metida en la cabeza. Entré a mi cuarto, tiré el bolso en una esquina y me miré al espejo. Me quité la ropa ancha de la universidad y busqué en el cajón lo más corto y apretado que tenía: una blusa de tirantes escotada y una pijama corta que me dejaba las piernas al aire.
Me senté en la cama y empecé a ponerme ansiosa. El recuerdo de lo que pasó en el sofá me vino de golpe. Metí la mano debajo de la ropa para tocarme rápido como siempre, pero ya no me servía. Los dedos se me quedaban cortos para las ganas que tenía acumuladas.
Ah... aah...

Me dio rabia no poder calmarme. Apreté los dientes, agarré la almohada más grande de la cama y me la acomodé entre las piernas. empecé a frotarme con ganas contra la almohada, moviendo las caderas rápido y desesperada.
Mmh... hnnngh... ah...

La presión continua contra la almohada me hizo soltar un gemido contra la sábana. Cerré los ojos duro, imaginándome a Camilo al otro lado de la pared, hasta que me vino un escalofrío fuerte por todo el cuerpo. Me quedé quieta unos segundos, respirando hondo, con la cara metida en la almohada y el corazón latiéndome en la cabeza. Ya no me iba a aguantar más.
A las dos horas escuché la puerta principal: era Camilo llegando solo, mis papás se quedaban trabajando hasta tarde. Sentí cómo se cerró la puerta de su cuarto apenas entró. Esperé unos minutos a que se me pasara lo roja de la cara, pero vi que Camilo no salía para nada.
Ahí se me ocurrió la idea. Me quité la pijama corta y me quedé caminando por la casa solo en un topsito delgado que me marcaba todo el pecho y en tangas, dejando mis nalgas y mis piernas completamente al descubierto. Salí a la cocina haciéndome la desentendida a buscar un vaso de agua, esperando a que el ruido lo hiciera salir.
A los dos minutos, la puerta de su cuarto se abrió. Camilo salió a la cocina sin sospechar nada, pero cuando me vio parada al lado del mesón, casi en ropa interior, se congeló en el acto. La mirada se le fue directo a mis caderas y mis piernas antes de obligarse a mirar al piso, todo apenado.

CAMILO (Aclarando la garganta, incomodísimo) Ejem... Hola. No sabía que estabas así... en la cocina.
Yo (Recostándome en la barra de la cocina, dejándome ver sin pena) Ah, hola... Es que tenía calor y estaba descansando. Oye, ¿tienes un minuto? Quería preguntarte algo.
CAMILO (Mirando hacia su cuarto, sin saber dónde meter las manos) Eh... sí, dime. ¿Pasó algo?
Yo(Sirviéndome agua despacio, haciéndome la inocente) No, nada. Es que estaba pensando en algo que hablaban las niñas en la u. Me dio curiosidad... ¿Tú cómo vas con tu novia? Hace días no escucho que hables de ella.
CAMILO (Rascándose la cabeza, sorprendido) Ah, eso... bien. Normal. Casi no hay tiempo por los parciales. ¿Por qué me preguntas eso así de la nada?
Yo(Suspirando y mirándolo de reojo) No sé... porque todas hablaban de sus novios y yo me ponía a pensar que a mí nadie me mira. La verdad no sé cuándo voy a conseguir novio... con esto de que uno es feíta y no le atrae a nadie.
Camilo se me quedó mirando un segundo. Me repasó de arriba a abajo, fijándose en lo marcada que me quedaba la tanga y en mis piernas descubiertas. Soltó una risa nerviosa para disimular.
CAMILO (Negando con la cabeza, riéndose torpe) Por favor... no diga pendejadas. ¿Usted fea? Tampoco exagere.
Yo(Pasándome la mano por el pelo, provocándolo) A ver Camilo, tú lo dices porque eres mi hermano. Pero afuera ningún hombre me mira así.
Camilo (Soltando la lengua sin pensar, hablando más bajo) Pues la verdad, acá entre nos... yo sé que usted es mi hermana y todo, pero fea no es para nada. De hecho... está bien buena. Mire no más los pechos que le salieron y ese culote... Cualquier mae en la u quisiera estar con usted.
La cocina se quedó en un silencio total. Yo me hice la sorprendida, pero me le quedé mirando con una sonrisa traviesa.
Yo(Poniéndome la mano en el pecho, en tono bajo) ¡Oiga! ¿Qué es ese vocabulario? ¿Cómo me va a decir eso? Es su hermana, no sea descarado...
CAMILO (Poniéndose rojo como un tomate, echándose para atrás) ¡No! O sea... no lo dije por mal. No se lo tome a mal. Solo le digo la verdad para que no diga que es fea. Cualquier mae quisiera andar con usted y ya, eso era todo.
No me eché para atrás. Le di un paso encima, quedando bien cerca de él con la tanga marcándome todo.
Yo(Casi susurrándole al oído) Bueno... y si yo no fuera tu hermana... ¿tú estarías conmigo?
Camilo se congeló. Se le cortó la respiración. Me miró la boca, después los ojos, bajó la vista a mi cintura y le vi temblar las manos. El silencio daba miedo.
Shhh...
CAMILO (En un hilo de voz, tragando saliva) ...Usted no debería estar preguntándome eso.
Yo (Sin quitarle la mirada de encima) Pero no me respondiste. ¿Estarías o no?
Camilo apretó los puños, miró hacia el pasillo a ver si no había nadie y me volvió a mirar, completamente llevado por la situación.
CAMILO (Murmurando, apenas para que yo escuchara) ...Sí. Claro que sí.
En eso sonó la puerta . Mis papás habían llegado antes de tiempo. Camilo pegó un brinco del susto y se encerró en su cuarto corriendo. Yo me fui al mío con el corazón a mil, sabiendo que ya los dos nos habíamos dicho lo que sentimos.
A las tres de la mañana todo estaba a oscuras. Se escuchaban los ronquidos de mi papá al fondo.
Yo no podía dormir. Lo que me dijo Camilo me daba vueltas en la cabeza. Las ganas me volvieron a dar fuísimo. Me levanté de la cama despacio, descalza para no hacer ruido.
Caminé por el pasillo en silencio. Llegué a la puerta de Camilo y giré la perilla muy despacio.
Clic.
Me metí a su cuarto. Estaba todo oscuro, solo con la luz de la luna que entraba por la ventana. Camilo dormía profundamente boca arriba, medio tapado hasta la cintura con la cobija.
Me acerqué a la orilla de la cama aguantando la respiración. Me arrodillé al lado, sintiendo el calor que salía de la cama. Estiré la mano temblando y ya iba a jalar suavemente la cobija para destaparlo cuando sonó un piso crujir durísimo en el pasillo. Pasos pesados venían directo hacia la puerta.
Del puro pánico, sin pensarlo dos veces, me trepé al colchón y me metí de un brinco debajo de la cobija con él. Me pegué contra su costado, tapándome hasta la cabeza y aguantando el aliento para que no me descubrieran.
Ssshh...
Escuché cómo abrieron la puerta del baño y después de un par de minutos eternos, los pasos regresaron por el pasillo y sonó el clic de la puerta del cuarto de mis papás al cerrarse.
El corazón me iba a mil por hora contra las costillas. Estaba a oscuras debajo de la cobija, sintiendo el cuerpo de Camilo pegado al mío. Cuando me acomodé despacio para no despertarlo y buscar cómo salirme, la mano me rozó con algo al descubierto.
Ahí a oscuras me di cuenta de que por el calor de la noche él estaba durmiendo solo con ropa interior Y para rematar, la erección mañanera que le había dado mientras dormía le tenía el miembro completamente duro y levantado, se le notaba y estaba milímetros de mi cara.
Afuera no se escuchó nada durante un buen rato. La casa estaba en un silencio total. Después, escuché los pasos de Camilo levantándose de la sala y caminando hacia su cuarto, cerrando la puerta con cuidado. Ninguno de los dos volvió a salir en toda la noche.
Al día siguiente, la tensión en la casa se podía cortar con un cuchillo. Ninguno le hablaba al otro. En los días siguientes, ni nos mirábamos a los ojos y si nos cruzábamos en el pasillo apenas nos decíamos un "hola" rápido. Pero lejos de apagarme las ganas, esa distancia solo hizo que me obsesionara más con él.
El miércoles por la tarde, en las bancas de la universidad, mis amigas hablaban entre risas de cómo llamar la atención de un man que les gustaba. Yo me hacía la que miraba el celular, pero les estaba prestando toda la atención del mundo.
—A los hombres no hay que decirles nada directo —decía una de ellas—. A ellos les entra todo por los ojos. Una camiseta apretada, unos shorts cortos como si no te dieras cuenta... que ellos piensen que te están descubriendo.
Llegué a la casa con esa idea metida en la cabeza. Entré a mi cuarto, tiré el bolso en una esquina y me miré al espejo. Me quité la ropa ancha de la universidad y busqué en el cajón lo más corto y apretado que tenía: una blusa de tirantes escotada y una pijama corta que me dejaba las piernas al aire.
Me senté en la cama y empecé a ponerme ansiosa. El recuerdo de lo que pasó en el sofá me vino de golpe. Metí la mano debajo de la ropa para tocarme rápido como siempre, pero ya no me servía. Los dedos se me quedaban cortos para las ganas que tenía acumuladas.
Ah... aah...

Me dio rabia no poder calmarme. Apreté los dientes, agarré la almohada más grande de la cama y me la acomodé entre las piernas. empecé a frotarme con ganas contra la almohada, moviendo las caderas rápido y desesperada.
Mmh... hnnngh... ah...

La presión continua contra la almohada me hizo soltar un gemido contra la sábana. Cerré los ojos duro, imaginándome a Camilo al otro lado de la pared, hasta que me vino un escalofrío fuerte por todo el cuerpo. Me quedé quieta unos segundos, respirando hondo, con la cara metida en la almohada y el corazón latiéndome en la cabeza. Ya no me iba a aguantar más.
A las dos horas escuché la puerta principal: era Camilo llegando solo, mis papás se quedaban trabajando hasta tarde. Sentí cómo se cerró la puerta de su cuarto apenas entró. Esperé unos minutos a que se me pasara lo roja de la cara, pero vi que Camilo no salía para nada.
Ahí se me ocurrió la idea. Me quité la pijama corta y me quedé caminando por la casa solo en un topsito delgado que me marcaba todo el pecho y en tangas, dejando mis nalgas y mis piernas completamente al descubierto. Salí a la cocina haciéndome la desentendida a buscar un vaso de agua, esperando a que el ruido lo hiciera salir.
A los dos minutos, la puerta de su cuarto se abrió. Camilo salió a la cocina sin sospechar nada, pero cuando me vio parada al lado del mesón, casi en ropa interior, se congeló en el acto. La mirada se le fue directo a mis caderas y mis piernas antes de obligarse a mirar al piso, todo apenado.

CAMILO (Aclarando la garganta, incomodísimo) Ejem... Hola. No sabía que estabas así... en la cocina.
Yo (Recostándome en la barra de la cocina, dejándome ver sin pena) Ah, hola... Es que tenía calor y estaba descansando. Oye, ¿tienes un minuto? Quería preguntarte algo.
CAMILO (Mirando hacia su cuarto, sin saber dónde meter las manos) Eh... sí, dime. ¿Pasó algo?
Yo(Sirviéndome agua despacio, haciéndome la inocente) No, nada. Es que estaba pensando en algo que hablaban las niñas en la u. Me dio curiosidad... ¿Tú cómo vas con tu novia? Hace días no escucho que hables de ella.
CAMILO (Rascándose la cabeza, sorprendido) Ah, eso... bien. Normal. Casi no hay tiempo por los parciales. ¿Por qué me preguntas eso así de la nada?
Yo(Suspirando y mirándolo de reojo) No sé... porque todas hablaban de sus novios y yo me ponía a pensar que a mí nadie me mira. La verdad no sé cuándo voy a conseguir novio... con esto de que uno es feíta y no le atrae a nadie.
Camilo se me quedó mirando un segundo. Me repasó de arriba a abajo, fijándose en lo marcada que me quedaba la tanga y en mis piernas descubiertas. Soltó una risa nerviosa para disimular.
CAMILO (Negando con la cabeza, riéndose torpe) Por favor... no diga pendejadas. ¿Usted fea? Tampoco exagere.
Yo(Pasándome la mano por el pelo, provocándolo) A ver Camilo, tú lo dices porque eres mi hermano. Pero afuera ningún hombre me mira así.
Camilo (Soltando la lengua sin pensar, hablando más bajo) Pues la verdad, acá entre nos... yo sé que usted es mi hermana y todo, pero fea no es para nada. De hecho... está bien buena. Mire no más los pechos que le salieron y ese culote... Cualquier mae en la u quisiera estar con usted.
La cocina se quedó en un silencio total. Yo me hice la sorprendida, pero me le quedé mirando con una sonrisa traviesa.
Yo(Poniéndome la mano en el pecho, en tono bajo) ¡Oiga! ¿Qué es ese vocabulario? ¿Cómo me va a decir eso? Es su hermana, no sea descarado...
CAMILO (Poniéndose rojo como un tomate, echándose para atrás) ¡No! O sea... no lo dije por mal. No se lo tome a mal. Solo le digo la verdad para que no diga que es fea. Cualquier mae quisiera andar con usted y ya, eso era todo.
No me eché para atrás. Le di un paso encima, quedando bien cerca de él con la tanga marcándome todo.
Yo(Casi susurrándole al oído) Bueno... y si yo no fuera tu hermana... ¿tú estarías conmigo?
Camilo se congeló. Se le cortó la respiración. Me miró la boca, después los ojos, bajó la vista a mi cintura y le vi temblar las manos. El silencio daba miedo.
Shhh...
CAMILO (En un hilo de voz, tragando saliva) ...Usted no debería estar preguntándome eso.
Yo (Sin quitarle la mirada de encima) Pero no me respondiste. ¿Estarías o no?
Camilo apretó los puños, miró hacia el pasillo a ver si no había nadie y me volvió a mirar, completamente llevado por la situación.
CAMILO (Murmurando, apenas para que yo escuchara) ...Sí. Claro que sí.
En eso sonó la puerta . Mis papás habían llegado antes de tiempo. Camilo pegó un brinco del susto y se encerró en su cuarto corriendo. Yo me fui al mío con el corazón a mil, sabiendo que ya los dos nos habíamos dicho lo que sentimos.
A las tres de la mañana todo estaba a oscuras. Se escuchaban los ronquidos de mi papá al fondo.
Yo no podía dormir. Lo que me dijo Camilo me daba vueltas en la cabeza. Las ganas me volvieron a dar fuísimo. Me levanté de la cama despacio, descalza para no hacer ruido.
Caminé por el pasillo en silencio. Llegué a la puerta de Camilo y giré la perilla muy despacio.
Clic.
Me metí a su cuarto. Estaba todo oscuro, solo con la luz de la luna que entraba por la ventana. Camilo dormía profundamente boca arriba, medio tapado hasta la cintura con la cobija.
Me acerqué a la orilla de la cama aguantando la respiración. Me arrodillé al lado, sintiendo el calor que salía de la cama. Estiré la mano temblando y ya iba a jalar suavemente la cobija para destaparlo cuando sonó un piso crujir durísimo en el pasillo. Pasos pesados venían directo hacia la puerta.
Del puro pánico, sin pensarlo dos veces, me trepé al colchón y me metí de un brinco debajo de la cobija con él. Me pegué contra su costado, tapándome hasta la cabeza y aguantando el aliento para que no me descubrieran.
Ssshh...
Escuché cómo abrieron la puerta del baño y después de un par de minutos eternos, los pasos regresaron por el pasillo y sonó el clic de la puerta del cuarto de mis papás al cerrarse.
El corazón me iba a mil por hora contra las costillas. Estaba a oscuras debajo de la cobija, sintiendo el cuerpo de Camilo pegado al mío. Cuando me acomodé despacio para no despertarlo y buscar cómo salirme, la mano me rozó con algo al descubierto.
Ahí a oscuras me di cuenta de que por el calor de la noche él estaba durmiendo solo con ropa interior Y para rematar, la erección mañanera que le había dado mientras dormía le tenía el miembro completamente duro y levantado, se le notaba y estaba milímetros de mi cara.
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