Este secreto que quiero contar es muy privado y de verdad espero discreción ante ello.
Soy una mujer recién divorciada, apenas hace 3 meses que mi marido decidió alejarme a mi y a su hijo de su camino y al principio estaba destruida, a pesar del acuerdo beneficioso no podía dejar de sentir ese lado de la cama vacío, esa silla extra en la mesa o el silencio en la sala donde alguna vez Carlos me hizo suya mientras Oscar estudiaba en su alcoba.
A veces sentada en ese sofá no podía resistir la tentación de tocarme recordando cuando me pediste estar en cuatro, con el culo bien alzado para que su verga entre sin piedad.


De solo recordarlo me pongo cachonda.
En fin. Una noche que debía ser como muchas, me disponía a acostarme pero la soledad en el dormitorio era insoportable. Me acosté y sentía el lado contrario frío y solitario.
Me senté y pensé un momento mordiéndome el labio.
—¡Oscar!
Grité sin mucha fuerza, esperé un segundo, diez segundos y de repente. La puerta sonó
*TOC TOC TOC*.
—Pasa.
Entro Oscar, sosteniendo el mando de su consola y con sus audífonos sobre el cuello.
—¿Me hablaste?.
Tarde un momento en responder.
—Yo, eh... Que haces? Quieres ver una película?
Oscar entro, sentándose al borde de la cama.
—Puees estaba jugando con el Sebas...
Hice una mueca de disgusto.
—Mm ya, no prefieres ver algo? Podemos ver esa serie de héroes que te gusta, si?.
Oscar dudó un segundo.
—Bueno... Solo voy a apagar la consola.
Se fue, esperé al menos 15 minutos con cierta desesperanza hasta que la puerta se volvió a abrir y ahí estaba el, con el pijama de shorts y camiseta azul, se veía tan joven e inocente. Era un rasgo que adoraba de el.
—Listo ¿Que quieres ver?.
Me preguntó mientras se acostaba a mi lado cubriéndose con la cobija.
—Lo que quieras ver está bien.
Honestamente ni siquiera noté que había puesto, me sentí reconfortada con su sola presencia, tanto que no tarde mucho en dormir más allá de la intro. Lentamente mis ojos se cerraron y mi cuerpo se recostó en la cama, dándole la espalda.
Pasaron quizá algunas horas, lo mismo que duraba la película y un poco más. Cuando abrí los ojos la pantalla no mostraba ningún héroe, en su lugar había una escena escandalosamente erótica de una mujer, quizá de mi edad, siendo follada por dos chicos simultáneamente. Por la boca y por el coño.

Me escandalice pero mi cuerpo no reaccionó, la escena era demasiado intensa para hacer un drama, aún sentía el peso del lado contrario, no tarde en deducir que era Oscar quien puso eso. No dejaba de preguntarme ¿por qué en mi dormitorio?, ¿por qué junto a mi?.
Mis ojos no se despegaban de la televisión, la mujer estaba disfrutando de lo mejor atrapada entre dos varones que no le daban tregua y, he de confesar, eso me estaba mojando. Discretamente envidiaba como ella podía disfrutar de algo que a mí se me había prohibido hace tiempo, una liberación sexual en la que podía ser maltratada por uno o dos machos hasta que ellos se cansarán.
Me hundi en mis ideas a tal punto que mi mano bajo la cobija ya estaba buscando bajo mi camisón de satén, acariciando sobre mi calzón para aliviar esa incomodidad que solo aliviaba al meterme mi consolador.
—Mmmh~
Escuché un quejido a mi lado, seguido de un contundente sonido húmedo. La respiración de mi hijo se entrecortaba, podía sentirlo, su impaciencia, su desesperación y de repente... Su liberación.
Lo que no esperaba es que estoy me atacara en mi invulnerable posición.
Sentí perfectamente como uno, dos y tres chorros espesos caían sobre mi culo ligeramente expuesto, mi piel era manchada con la semilla de mi hijo y mi mente era un mar de emociones que casi me desmayaban pero en cambio sentí algo mucho más rico. Mi propio coño palpitó y sentí los fluidos acumularse, mordí la almohada para contenerme, mi propio hijo se estaba masturbando junto a mi y el morbo hizo que yo misma me corriera.

Pasé un dedo por mi muslo cubierto y recogí un poco de esa esencia, lo suficiente para probarla.
Fue una delicia, algo taboo y prohibido que, si me preguntarán, volvería a repetir.
Y lo hice.
A la noche siguiente repetí lo mismo, espere hasta la noche con nervios y está vez fui más consciente, rebusque entre mi armario alguna vieja lencería que usaba con Carlos antes de irse, encontré un perfecto conjunto de lencería color rojo. Me lo puse y me vi al espejo.

Siendo honesta, entendí porqué Carlos ya no quería nada conmigo, me veía tratando de ajustar la tanga pero mis caderas no dejaban subir los tirantes sin esfuerzo, mis tetas apenas entraban en el encaje, derramándose si respiraba muy fuerte y mi vientre ligeramente abultado ya no era el firme y tonificado que tenía hace años.
Con ese ligero desánimo volví a la cama y esperé a mi hijo, esta vez no me tape, espere de lado con una pierna levantada, fingiendo demencia cuando el entro.
Pobre, ni siquiera pudo ocultar su expresión de asombro, eso me hizo sentir mejor, era tierno. Tuve que hablar o probablemente el empezaría a babear ahí mismo.
—Que película quieres ver, cariño?.
Volvió en si.
—Ah, eh... Hay una que vi en Tiktok, ya la pongo...
Misma rutina, pero el descarado tampoco se cubrió, me acomodé en la cama en la misma posición y esperé un rato, ni siquiera las dos horas de ayer, quince minutos fueron suficientes para que la película cambiara al navegador preinstalado, veía el teclado en pantalla cambiar lentamente hasta deletrear
M-I-L-F-S.
Un listado de videos se desplegó de una página porno, todos con una portada atractiva, no entiendo la facilidad con que Oscar eligió un vídeo hasta que empezó. Por el humbral de un dormitorio entraba la víctima, una mujer con cabello café oscuro ondulado, piel morena y un vestido demasiado escotado que dejaba ver sus duras tetas apenas, tal vez copa E.
Sobre la cama, un chico, el galán de turno masturbándose, mientras ella actuaba pésimamente sorprendida.
Esas escenas tan absurdas que cualquiera entiende como ficción, excepto este pervertido...
Oscar acercó su mano, la sentí cerca de mi culo, apenas el dorso acariciando mi nalga, fue una caricia lenta y cuidada. Su mano estaba calida. Me mordi el labio con miedo, de repente me sentí vulnerable y expuesta en esta estúpida idea depravada.
Quise protestar pero la escena había avanzado y de repente pude sentir su mano entera sobre mi muslo, una caricia más atrevida, intenté moverme discretamente, su mano se levantó pero diez segundos después volvió al ataque y está vez con menos precaución. Su mano bajó entre mis nalgas, la tanga que apenas me cubría estaba siendo movida a un lado cuando su dedo torpe acarició por encima mi apretado ano.
Me paralice, realmente sentí temor de su tacto pero a la vez la sensación era extrañamente exquisita, su torpeza resultaba morbosa cuando intento ingresar un dedo sin lubricar a mi culo.
Dolió, si, pero el lo entendió con mis suspiros. Retiró su mano. El alivio se mezcló con esa extraña sensación de necesidad. Una sensación que se evaporó de nuevo.
Su dedo volvió a atacar pero está vez lo sentía resbalar fácilmente hacia dentro, probablemente había usado su salida por lo espeso que se sentía al entrar, giré los ojos hacia arriba y volví a morder la almohada. Estaba ida ya. Su dedo entró hasta el límite y empezó a sacudirlo con la misma inexperiencia. Era un dolor delicioso.

Volvió a sacarlo. Esta vez por más tiempo, me preocupe un momento de que se haya arrepentido e hice una maniobra muy desesperada de mi parte.
Giré mi cuerpo, con un quejido de adormilada, quedé boca arriba en la cama con las piernas semiabiertas. Totalmente expuesta a su deseo.
Lo vi en la comisura de mis ojos, el espantado se cubría, después inspeccionó que estuviera dormida y finalmente se acercó.
Mantener el aspecto de dormida fue más difícil, el se acercaba a oler mi cuello, su mano pasaba por mi vientre y bajaba lentamente hasta encontrar mi pelvis, tapando mi entrepierna con sus dedos, sintiendo la humedad ya empapando la tela mientras su otra mano bajaba el tirante de mi ropa exponiendo una de mis tetas. Esta se libero rebotando pesada cerca de su rostro, primero lamió un poco y luego metió toda a su boca.

—Mmmh... Mhg...
Los gemidos me salían solos, su mano encontró como mover la tanga lo suficiente, sufri pánico pero era tarde, sus dedos ya estaban entrando a mi coño y su boca no dejaba descansar a mi oscuro pezón. Mis piernas temblaron un poco y eso provocó que el se detuviera, casi sacaba sus dedos y entonces... Hablé.
—N-no, no pares...
Eso lo sorprendió, aterrado saco sus dedos pero mi mano sostuvo su muñeca y la regresó dentro, gemi esta vez sin contenerme.
—M-mami, yo...
Se quiso apartar y lo atraje de nuevo abrazando su cuello.
—No importa, amor. Tu sigue, por favor no pares...
El con ligero temor obedeció, sus dedos volvieron a trabajar dentro de mi coño, entrando y saliendo mientras su lengua jugaba haciendo círculos en mi teta.

—Ohh si cariño! Dale a mami...
Mi mano confiada se deslizó hasta tomar la verga de Oscar, no tenía pantalones, pude tomarla en mi mano y eso lo hizo gemir. Mi pulgar pasó sobre la cabeza recogiendo su preseminal y lubricando el glande.
—Te han chupado la verga alguna vez?
No supo responder, solo se quitó de encima mío y se acostó esperando. No lo dejé así, me acerqué hasta su pelvis con mi culo casi en su cara.
Su verga no era más grande que la de Carlos, pero estaba erecta, palpitando de deseo y cubierta de esa deliciosa esencia que me hizo mojar aún más. Estaba tan mal pero mi boca no aceptó reproches, me lancé primero a la cabeza empezando a chupar su glande, ahuecando mis mejillas mientras cada centímetro entraba hasta casi tocar mi garganta.

—Glup, glhup, mmh~
Disfrute como loca, su mano tomó mi cabello rizado con fuerza, pidiendo clemencia mientras lo chupaba intensamente, sus caderas empujaban al frente con desesperación y entendía la razón cuando su vena gorda palpitó.

Me la saqué de la boca.
—Quieres acabar cariño? Quieres darle a mami tu lechita?
No entendía de dónde me salieron esas oraciones pero no podía discutir conmigo misma ahí. Mi mano masturbaba su polla que apenas sobresalía del puño.
—S-si, mami... Quiero darte lechita caliente...
Uff... Me puso a mil, volví a engullir su verga y esta vez no tuve compasión, metí y saque esa verga de mi boca mientras el protestaba advirtiendome de su corrida, que para mí parecía más un premio.

—Mami, voy a acabar, mami...
Metí únicamente el glande en mi boca, succionando mientras mi lengua acariciaba la puntita. Fue lo único que necesite hacer para recibir su corrida en mi boca. El empujó sus caderas al frente y su semen cayó en mi garganta, fue una carga más grande de lo que esperaba, casi se me cae una gota por la comisura del labio.
—Mmm mami~ estoy acabando en tu boca...
—Mmh~ Mff-Si~...

Tragué lo que pude y seguí lamiendo hasta dejar limpia su verga, no fue difícil llevarla a mi garganta, frotando mi nariz con su vello pubico.
La saqué lamiendo la vena gorda.
—Mmm cielo ¿Por qué no me contaste que querías esto?
Se cubrió la cara con las manos.
Sonreí acariciando su polla ligeramente flácida y, para mí sorpresa, está se volvió a endurecer con algunas caricias, volviendo a esa rigidez que caracteriza a los jóvenes.
—Uy cariño, cuánta energía...
No espere respuesta, volví a chuparla esta vez concentrando mi saliva en la cabeza, lubricando toda la extensión con mi puño. El empezó a sobar mi culo y lamer mi coño necesitado, sabía lo que quería.

Me moví en la cama hasta quedar sobre el, sostuve su verga en mi mano y lentamente la metí en mi coño bajando mis caderas. Su verga entró sin protección o alguna barrera, la carne expuesta se froto en mi interior haciéndome jadear.

—Mami, se siente tan rico...
—Lo se cariño, te gusta el coño de mami?.
Asintió. Mis manos sostuvieron el reposacabezas de la cama y mis caderas se movieron con intensidad hacia atrás y adelante, primero lento, luego más rápido. No quería que se corriera pronto pero el contacto y su inexperiencia tal vez lo hacían más precoz, pensé.

Sus manos atacaron mis tetas, bajando totalmente el sosten para amasar y chupar mis pezones uno por uno, aunque mientras su boca chupaba hasta el dolor, sus dedos presionaban el otro punto sensible.

—Uhgg~ si cariño, chupa las tetas de mami, son tuyas bebé.
El vídeo porno se seguía reproduciendo en la pantalla y eso le daba un añadido al morbo de follarme a mi hijo, mientras la actriz genia falsamente yo montaba sin control a un joven adolescente mientras chupaba mis tetas y balgueaba mi culo gordo.
—Eres tan sexy mami.
Sonreí con ternura, mirándolo directamente a los ojos y dándole un pequeño y suave beso en los labios antes de volver a mi ritmo insistente, saltando sobre su verga mientras mis tetas rebotaban cerca de su cara.

—Me voy a correr de nuevo, mamá!~
Me detuve, sudando, jadeando del esfuerzo.
—¿Quieres estar arriba, corazón?
Sonrió bobamente, con dificultad saqué su verga con mis fluidos espesos resbalando en su erección mientras me acostaba, abriendo las piernas para presentar mi coño a su mirada hambrienta.
Para mí sorpresa, no fue directamente a la penetración, primero se inclinó y lamió mi coño añadiendo más placer que me hacía temblar y atrapar inconscientemente su cabeza entre mis muslos.
—Cariño! No tortures así a mami, no puedo aguantar más...
Pero el no obedeció, en cuestión de segundos me provocó un nuevo orgasmo solo con su lengua y la sensibilidad de la que ya mostraba mi coño.

—Ohh cielos~ mierda, cariño!
Me corrí sobre su cara, atrapé todo su rostro entre mis piernas hasta que el orgasmo me hizo colapsar unos segundos, jadeando con pesar antes de que pudiera levantarse. Yo ya estaba satisfecha pero el iba por todo.
Se inclinó y su polla resbaló en mi interior con facilidad, sostuve sus nalgas con mis manos y empuje hacia adentro alentandolo a ir más allá de lo que su verga podía ofrecer pero para mí era suficiente, cada embestida era deliciosa y más cuando entraba toda.
—Mmm ay si, amor! Tómalo, toma mi coño!
El movía sus caderas y obsesionado volvía a chupar mis tetas gordas.

—Esto te gusta, las tetas de mami y mi coño?
Asintió.
A pesar de su silencio, mi escándalo solo aumentaba como si cada confesión prohibida aumentará mi placer.
—Si, cielo, llena el coño de mamá... Dame tu leche, trátame como tú puta.
Esa última frase lo alteró tanto, lo note por como se movía más despacio, no quería correrse pero yo no soportaba más. Tomé su cuerpo entre mis brazos y lo acerqué moviendo mis caderas, atrapandolo entre mis muslos.

Se movió con intensidad renovada, la cama crujía bajo el intenso golpeteo y el sonido de cada embestida me hacía sentir vigorosa, estaba en el punto del clímax.
—Asi cielo, así, si, si, si. Amor, me vengo, me vengo!!!
Cómo advertí, me corrí y el igual ambos terminamos y pude sentir su fluido espeso y caliente derramado en mi interior mientras mis fluidos goteaban bajo las sábanas, mi mirada volvió a subir mientras gemía intensamente.
—Ohh si, es tanto, es tan cálido... Termina todo en mami, no dejes nada fuera...
El obediente no se alejó y en lugar de eso, me beso...
Dejó de ser un beso tierno y más bien era apasionado, su lengua buscó la mía con deseo, en ese instante supe que quien me estaba penetrando no era mi hijo sino mi nuevo amante y eso era lo mejor. Correspondi su beso como pude, ya desgastada y satisfecha, como una recompensa final.

Oscar cayó rendido a mi lado, quedándose dormido un instante después, su mirada de tranquilidad y satisfacción me enternecio
mientras sentía su semen escurrir de mi interior.
Definitivamente tendríamos que hablar de esto pero ahora no es el momento.
Apagué la tele y me incline hacia el para darle un último beso en la boca antes de dormir plenamente a su lado.
Soy una mujer recién divorciada, apenas hace 3 meses que mi marido decidió alejarme a mi y a su hijo de su camino y al principio estaba destruida, a pesar del acuerdo beneficioso no podía dejar de sentir ese lado de la cama vacío, esa silla extra en la mesa o el silencio en la sala donde alguna vez Carlos me hizo suya mientras Oscar estudiaba en su alcoba.
A veces sentada en ese sofá no podía resistir la tentación de tocarme recordando cuando me pediste estar en cuatro, con el culo bien alzado para que su verga entre sin piedad.


De solo recordarlo me pongo cachonda.
En fin. Una noche que debía ser como muchas, me disponía a acostarme pero la soledad en el dormitorio era insoportable. Me acosté y sentía el lado contrario frío y solitario.
Me senté y pensé un momento mordiéndome el labio.
—¡Oscar!
Grité sin mucha fuerza, esperé un segundo, diez segundos y de repente. La puerta sonó
*TOC TOC TOC*.
—Pasa.
Entro Oscar, sosteniendo el mando de su consola y con sus audífonos sobre el cuello.
—¿Me hablaste?.
Tarde un momento en responder.
—Yo, eh... Que haces? Quieres ver una película?
Oscar entro, sentándose al borde de la cama.
—Puees estaba jugando con el Sebas...
Hice una mueca de disgusto.
—Mm ya, no prefieres ver algo? Podemos ver esa serie de héroes que te gusta, si?.
Oscar dudó un segundo.
—Bueno... Solo voy a apagar la consola.
Se fue, esperé al menos 15 minutos con cierta desesperanza hasta que la puerta se volvió a abrir y ahí estaba el, con el pijama de shorts y camiseta azul, se veía tan joven e inocente. Era un rasgo que adoraba de el.
—Listo ¿Que quieres ver?.
Me preguntó mientras se acostaba a mi lado cubriéndose con la cobija.
—Lo que quieras ver está bien.
Honestamente ni siquiera noté que había puesto, me sentí reconfortada con su sola presencia, tanto que no tarde mucho en dormir más allá de la intro. Lentamente mis ojos se cerraron y mi cuerpo se recostó en la cama, dándole la espalda.
Pasaron quizá algunas horas, lo mismo que duraba la película y un poco más. Cuando abrí los ojos la pantalla no mostraba ningún héroe, en su lugar había una escena escandalosamente erótica de una mujer, quizá de mi edad, siendo follada por dos chicos simultáneamente. Por la boca y por el coño.

Me escandalice pero mi cuerpo no reaccionó, la escena era demasiado intensa para hacer un drama, aún sentía el peso del lado contrario, no tarde en deducir que era Oscar quien puso eso. No dejaba de preguntarme ¿por qué en mi dormitorio?, ¿por qué junto a mi?.
Mis ojos no se despegaban de la televisión, la mujer estaba disfrutando de lo mejor atrapada entre dos varones que no le daban tregua y, he de confesar, eso me estaba mojando. Discretamente envidiaba como ella podía disfrutar de algo que a mí se me había prohibido hace tiempo, una liberación sexual en la que podía ser maltratada por uno o dos machos hasta que ellos se cansarán.
Me hundi en mis ideas a tal punto que mi mano bajo la cobija ya estaba buscando bajo mi camisón de satén, acariciando sobre mi calzón para aliviar esa incomodidad que solo aliviaba al meterme mi consolador.
—Mmmh~
Escuché un quejido a mi lado, seguido de un contundente sonido húmedo. La respiración de mi hijo se entrecortaba, podía sentirlo, su impaciencia, su desesperación y de repente... Su liberación.
Lo que no esperaba es que estoy me atacara en mi invulnerable posición.
Sentí perfectamente como uno, dos y tres chorros espesos caían sobre mi culo ligeramente expuesto, mi piel era manchada con la semilla de mi hijo y mi mente era un mar de emociones que casi me desmayaban pero en cambio sentí algo mucho más rico. Mi propio coño palpitó y sentí los fluidos acumularse, mordí la almohada para contenerme, mi propio hijo se estaba masturbando junto a mi y el morbo hizo que yo misma me corriera.

Pasé un dedo por mi muslo cubierto y recogí un poco de esa esencia, lo suficiente para probarla.
Fue una delicia, algo taboo y prohibido que, si me preguntarán, volvería a repetir.
Y lo hice.
A la noche siguiente repetí lo mismo, espere hasta la noche con nervios y está vez fui más consciente, rebusque entre mi armario alguna vieja lencería que usaba con Carlos antes de irse, encontré un perfecto conjunto de lencería color rojo. Me lo puse y me vi al espejo.

Siendo honesta, entendí porqué Carlos ya no quería nada conmigo, me veía tratando de ajustar la tanga pero mis caderas no dejaban subir los tirantes sin esfuerzo, mis tetas apenas entraban en el encaje, derramándose si respiraba muy fuerte y mi vientre ligeramente abultado ya no era el firme y tonificado que tenía hace años.
Con ese ligero desánimo volví a la cama y esperé a mi hijo, esta vez no me tape, espere de lado con una pierna levantada, fingiendo demencia cuando el entro.
Pobre, ni siquiera pudo ocultar su expresión de asombro, eso me hizo sentir mejor, era tierno. Tuve que hablar o probablemente el empezaría a babear ahí mismo.
—Que película quieres ver, cariño?.
Volvió en si.
—Ah, eh... Hay una que vi en Tiktok, ya la pongo...
Misma rutina, pero el descarado tampoco se cubrió, me acomodé en la cama en la misma posición y esperé un rato, ni siquiera las dos horas de ayer, quince minutos fueron suficientes para que la película cambiara al navegador preinstalado, veía el teclado en pantalla cambiar lentamente hasta deletrear
M-I-L-F-S.
Un listado de videos se desplegó de una página porno, todos con una portada atractiva, no entiendo la facilidad con que Oscar eligió un vídeo hasta que empezó. Por el humbral de un dormitorio entraba la víctima, una mujer con cabello café oscuro ondulado, piel morena y un vestido demasiado escotado que dejaba ver sus duras tetas apenas, tal vez copa E.
Sobre la cama, un chico, el galán de turno masturbándose, mientras ella actuaba pésimamente sorprendida.
Esas escenas tan absurdas que cualquiera entiende como ficción, excepto este pervertido...
Oscar acercó su mano, la sentí cerca de mi culo, apenas el dorso acariciando mi nalga, fue una caricia lenta y cuidada. Su mano estaba calida. Me mordi el labio con miedo, de repente me sentí vulnerable y expuesta en esta estúpida idea depravada.
Quise protestar pero la escena había avanzado y de repente pude sentir su mano entera sobre mi muslo, una caricia más atrevida, intenté moverme discretamente, su mano se levantó pero diez segundos después volvió al ataque y está vez con menos precaución. Su mano bajó entre mis nalgas, la tanga que apenas me cubría estaba siendo movida a un lado cuando su dedo torpe acarició por encima mi apretado ano.
Me paralice, realmente sentí temor de su tacto pero a la vez la sensación era extrañamente exquisita, su torpeza resultaba morbosa cuando intento ingresar un dedo sin lubricar a mi culo.
Dolió, si, pero el lo entendió con mis suspiros. Retiró su mano. El alivio se mezcló con esa extraña sensación de necesidad. Una sensación que se evaporó de nuevo.
Su dedo volvió a atacar pero está vez lo sentía resbalar fácilmente hacia dentro, probablemente había usado su salida por lo espeso que se sentía al entrar, giré los ojos hacia arriba y volví a morder la almohada. Estaba ida ya. Su dedo entró hasta el límite y empezó a sacudirlo con la misma inexperiencia. Era un dolor delicioso.

Volvió a sacarlo. Esta vez por más tiempo, me preocupe un momento de que se haya arrepentido e hice una maniobra muy desesperada de mi parte.
Giré mi cuerpo, con un quejido de adormilada, quedé boca arriba en la cama con las piernas semiabiertas. Totalmente expuesta a su deseo.
Lo vi en la comisura de mis ojos, el espantado se cubría, después inspeccionó que estuviera dormida y finalmente se acercó.
Mantener el aspecto de dormida fue más difícil, el se acercaba a oler mi cuello, su mano pasaba por mi vientre y bajaba lentamente hasta encontrar mi pelvis, tapando mi entrepierna con sus dedos, sintiendo la humedad ya empapando la tela mientras su otra mano bajaba el tirante de mi ropa exponiendo una de mis tetas. Esta se libero rebotando pesada cerca de su rostro, primero lamió un poco y luego metió toda a su boca.

—Mmmh... Mhg...
Los gemidos me salían solos, su mano encontró como mover la tanga lo suficiente, sufri pánico pero era tarde, sus dedos ya estaban entrando a mi coño y su boca no dejaba descansar a mi oscuro pezón. Mis piernas temblaron un poco y eso provocó que el se detuviera, casi sacaba sus dedos y entonces... Hablé.
—N-no, no pares...
Eso lo sorprendió, aterrado saco sus dedos pero mi mano sostuvo su muñeca y la regresó dentro, gemi esta vez sin contenerme.
—M-mami, yo...
Se quiso apartar y lo atraje de nuevo abrazando su cuello.
—No importa, amor. Tu sigue, por favor no pares...
El con ligero temor obedeció, sus dedos volvieron a trabajar dentro de mi coño, entrando y saliendo mientras su lengua jugaba haciendo círculos en mi teta.

—Ohh si cariño! Dale a mami...
Mi mano confiada se deslizó hasta tomar la verga de Oscar, no tenía pantalones, pude tomarla en mi mano y eso lo hizo gemir. Mi pulgar pasó sobre la cabeza recogiendo su preseminal y lubricando el glande.
—Te han chupado la verga alguna vez?
No supo responder, solo se quitó de encima mío y se acostó esperando. No lo dejé así, me acerqué hasta su pelvis con mi culo casi en su cara.
Su verga no era más grande que la de Carlos, pero estaba erecta, palpitando de deseo y cubierta de esa deliciosa esencia que me hizo mojar aún más. Estaba tan mal pero mi boca no aceptó reproches, me lancé primero a la cabeza empezando a chupar su glande, ahuecando mis mejillas mientras cada centímetro entraba hasta casi tocar mi garganta.

—Glup, glhup, mmh~
Disfrute como loca, su mano tomó mi cabello rizado con fuerza, pidiendo clemencia mientras lo chupaba intensamente, sus caderas empujaban al frente con desesperación y entendía la razón cuando su vena gorda palpitó.

Me la saqué de la boca.
—Quieres acabar cariño? Quieres darle a mami tu lechita?
No entendía de dónde me salieron esas oraciones pero no podía discutir conmigo misma ahí. Mi mano masturbaba su polla que apenas sobresalía del puño.
—S-si, mami... Quiero darte lechita caliente...
Uff... Me puso a mil, volví a engullir su verga y esta vez no tuve compasión, metí y saque esa verga de mi boca mientras el protestaba advirtiendome de su corrida, que para mí parecía más un premio.

—Mami, voy a acabar, mami...
Metí únicamente el glande en mi boca, succionando mientras mi lengua acariciaba la puntita. Fue lo único que necesite hacer para recibir su corrida en mi boca. El empujó sus caderas al frente y su semen cayó en mi garganta, fue una carga más grande de lo que esperaba, casi se me cae una gota por la comisura del labio.
—Mmm mami~ estoy acabando en tu boca...
—Mmh~ Mff-Si~...

Tragué lo que pude y seguí lamiendo hasta dejar limpia su verga, no fue difícil llevarla a mi garganta, frotando mi nariz con su vello pubico.
La saqué lamiendo la vena gorda.
—Mmm cielo ¿Por qué no me contaste que querías esto?
Se cubrió la cara con las manos.
Sonreí acariciando su polla ligeramente flácida y, para mí sorpresa, está se volvió a endurecer con algunas caricias, volviendo a esa rigidez que caracteriza a los jóvenes.
—Uy cariño, cuánta energía...
No espere respuesta, volví a chuparla esta vez concentrando mi saliva en la cabeza, lubricando toda la extensión con mi puño. El empezó a sobar mi culo y lamer mi coño necesitado, sabía lo que quería.

Me moví en la cama hasta quedar sobre el, sostuve su verga en mi mano y lentamente la metí en mi coño bajando mis caderas. Su verga entró sin protección o alguna barrera, la carne expuesta se froto en mi interior haciéndome jadear.

—Mami, se siente tan rico...
—Lo se cariño, te gusta el coño de mami?.
Asintió. Mis manos sostuvieron el reposacabezas de la cama y mis caderas se movieron con intensidad hacia atrás y adelante, primero lento, luego más rápido. No quería que se corriera pronto pero el contacto y su inexperiencia tal vez lo hacían más precoz, pensé.

Sus manos atacaron mis tetas, bajando totalmente el sosten para amasar y chupar mis pezones uno por uno, aunque mientras su boca chupaba hasta el dolor, sus dedos presionaban el otro punto sensible.

—Uhgg~ si cariño, chupa las tetas de mami, son tuyas bebé.
El vídeo porno se seguía reproduciendo en la pantalla y eso le daba un añadido al morbo de follarme a mi hijo, mientras la actriz genia falsamente yo montaba sin control a un joven adolescente mientras chupaba mis tetas y balgueaba mi culo gordo.
—Eres tan sexy mami.
Sonreí con ternura, mirándolo directamente a los ojos y dándole un pequeño y suave beso en los labios antes de volver a mi ritmo insistente, saltando sobre su verga mientras mis tetas rebotaban cerca de su cara.

—Me voy a correr de nuevo, mamá!~
Me detuve, sudando, jadeando del esfuerzo.
—¿Quieres estar arriba, corazón?
Sonrió bobamente, con dificultad saqué su verga con mis fluidos espesos resbalando en su erección mientras me acostaba, abriendo las piernas para presentar mi coño a su mirada hambrienta.
Para mí sorpresa, no fue directamente a la penetración, primero se inclinó y lamió mi coño añadiendo más placer que me hacía temblar y atrapar inconscientemente su cabeza entre mis muslos.
—Cariño! No tortures así a mami, no puedo aguantar más...
Pero el no obedeció, en cuestión de segundos me provocó un nuevo orgasmo solo con su lengua y la sensibilidad de la que ya mostraba mi coño.

—Ohh cielos~ mierda, cariño!
Me corrí sobre su cara, atrapé todo su rostro entre mis piernas hasta que el orgasmo me hizo colapsar unos segundos, jadeando con pesar antes de que pudiera levantarse. Yo ya estaba satisfecha pero el iba por todo.
Se inclinó y su polla resbaló en mi interior con facilidad, sostuve sus nalgas con mis manos y empuje hacia adentro alentandolo a ir más allá de lo que su verga podía ofrecer pero para mí era suficiente, cada embestida era deliciosa y más cuando entraba toda.
—Mmm ay si, amor! Tómalo, toma mi coño!
El movía sus caderas y obsesionado volvía a chupar mis tetas gordas.

—Esto te gusta, las tetas de mami y mi coño?
Asintió.
A pesar de su silencio, mi escándalo solo aumentaba como si cada confesión prohibida aumentará mi placer.
—Si, cielo, llena el coño de mamá... Dame tu leche, trátame como tú puta.
Esa última frase lo alteró tanto, lo note por como se movía más despacio, no quería correrse pero yo no soportaba más. Tomé su cuerpo entre mis brazos y lo acerqué moviendo mis caderas, atrapandolo entre mis muslos.

Se movió con intensidad renovada, la cama crujía bajo el intenso golpeteo y el sonido de cada embestida me hacía sentir vigorosa, estaba en el punto del clímax.
—Asi cielo, así, si, si, si. Amor, me vengo, me vengo!!!
Cómo advertí, me corrí y el igual ambos terminamos y pude sentir su fluido espeso y caliente derramado en mi interior mientras mis fluidos goteaban bajo las sábanas, mi mirada volvió a subir mientras gemía intensamente.
—Ohh si, es tanto, es tan cálido... Termina todo en mami, no dejes nada fuera...
El obediente no se alejó y en lugar de eso, me beso...
Dejó de ser un beso tierno y más bien era apasionado, su lengua buscó la mía con deseo, en ese instante supe que quien me estaba penetrando no era mi hijo sino mi nuevo amante y eso era lo mejor. Correspondi su beso como pude, ya desgastada y satisfecha, como una recompensa final.

Oscar cayó rendido a mi lado, quedándose dormido un instante después, su mirada de tranquilidad y satisfacción me enternecio
mientras sentía su semen escurrir de mi interior.
Definitivamente tendríamos que hablar de esto pero ahora no es el momento.
Apagué la tele y me incline hacia el para darle un último beso en la boca antes de dormir plenamente a su lado.
2 comentarios - Provoque a mi hijo y el me cogió...