Nuestra zona tuvo y tiene una gran oleada migratoria de parte de los países caribeños, entre ellos Cuba.
Ante la necesidad de limpieza y cocina en casa, me recomendaron a Yanelis, una cubana cuarentona que se destaca en la profesión.
Luego de trabajar limpiando la casa, me ofreció su servicio de cocina casera. El cual acepté, ya que por unos pesos más, podría disfrutar de alguna delicia hecha a mano.
Un día le di la plata para que comprara todo y cocinara en casa. Ella aceptó, y luego de una jornada de limpieza que se extendió hasta tarde, le dije de que se quedara a cenar.
La vi amasando con una fuerza impresionante, sus manos curtidas por el trabajo tallaban las masas de una manera perfecta. Quedé realmente admirado.
En un momento, me retiro al baño. Resulta que tenía la cámara de seguridad de la cocina prendida, me había olvidado de apagarla, pero filmó todo cuando Yanelis estuvo trabajando.
Empecé a analizar todo con otros ojos, es decir, me la imaginé desnuda, con ese cuerpo de cubana impresionante, su culo, sus tetas, etc. Me quedé impresionado por el movimiento de sus manos, entonces me empecé a pajear. Pero necesitaba algo más.
No quería faltarle el respeto pero mi fantasía era cada vez mayor. Entonces la encaré, preguntandole como se sentía a nivel económico.
"Mal, señor, si no fuera por usted, no sé cómo haría. Dígame qué más necesita, yo no puedo dejar de venir. Si conoce a más gente, recomiéndame". No me animaba a dar el paso, hasta que lo hice.
Le ofrecí dinero por verla con menos ropa. "Ay, usted es un atrevido, ¿Qué se piensa?" Mientras se reía, pensando que era broma. Pero no, me le acerqué y le volví a ofrecer. Ella quedó mirando, lo pensó y aceptó mis 200 dólares.
Se quitó su calza negra de a poco donde pude ver su culo trigueño, bien parado, y una tanga que apenas se podía lucir entre tanta nalga. Encima le quedaba un delantal, que era tapado por una camiseta blanca, obvio que se lo quitó de a poco y pude ver la forma de sus tetas. No sé llegó a desnudar del todo.
Yo ya en frente de ella, me empecé a masturbar. A lo que le solicité el último favor, que lo hiciera con sus manos. De a poco se acercó y comenzó a masturbarme.
Sus manos curtidas apretaban mi pija de una manera inexplicable. al comienzo suave, y luego dura, como si estuviera amasando. Para arriba, para abajo, tocaba mi glande al mismo tiempo que lo iba escupiendo. Yo sentía cada textura de su mano con un calor inigualable.
En un momento al sentir la dureza, lo empezó a golpear en su mano. "Está duro esto, jefe". Mientras, lo acercaba a sus tetas. Allí pude ver cómo al sacarse el sostén, las mismas se caían y casi que sin saber cómo hacer, intentó hacerme una paja con ellas.
No aguanté más y le ofrecí más plata para tener sexo. "Es que con eso jefe yo no voy a aguantar, no creo que pueda, no, no." No podía creer como arrugó la cubana.
Pero en fin, siguió masturbándome con sus manos. Ella casi que no hablaba. Estaba como concentrada, cada aplastada y amasada a mi verga, era un paso más a venirme.
Así lo hice, le pedí que pusiera sus dos manos como para recibir algo, y me vine muchísimo. "Jefe, esto no lo puedo desperdiciar", lo dijo sin asco y se lo llevó a sus tetas. Que obviamente amasó, mirándome a los ojos diciendo "¿Le gusta?".
Me exprimió cada centilitro de leche que me salió. Yo por supuesto quedé agradecido con ella.
- ¿Va a venir mañana?
- Si, jefe, ¿Quiere comer algo especial?
- Su concha quiero comerme mañana.
- Pero sin cobrarle nada.
- Está bien, mañana a las 09:00 la quiero acá.
Esto lo escribo a las 08:30. Ya viene en camino. Voy a cumplir la fantasía de cogerme a una caribeña. Les cuento en la próxima parte.
Ante la necesidad de limpieza y cocina en casa, me recomendaron a Yanelis, una cubana cuarentona que se destaca en la profesión.
Luego de trabajar limpiando la casa, me ofreció su servicio de cocina casera. El cual acepté, ya que por unos pesos más, podría disfrutar de alguna delicia hecha a mano.
Un día le di la plata para que comprara todo y cocinara en casa. Ella aceptó, y luego de una jornada de limpieza que se extendió hasta tarde, le dije de que se quedara a cenar.
La vi amasando con una fuerza impresionante, sus manos curtidas por el trabajo tallaban las masas de una manera perfecta. Quedé realmente admirado.
En un momento, me retiro al baño. Resulta que tenía la cámara de seguridad de la cocina prendida, me había olvidado de apagarla, pero filmó todo cuando Yanelis estuvo trabajando.
Empecé a analizar todo con otros ojos, es decir, me la imaginé desnuda, con ese cuerpo de cubana impresionante, su culo, sus tetas, etc. Me quedé impresionado por el movimiento de sus manos, entonces me empecé a pajear. Pero necesitaba algo más.
No quería faltarle el respeto pero mi fantasía era cada vez mayor. Entonces la encaré, preguntandole como se sentía a nivel económico.
"Mal, señor, si no fuera por usted, no sé cómo haría. Dígame qué más necesita, yo no puedo dejar de venir. Si conoce a más gente, recomiéndame". No me animaba a dar el paso, hasta que lo hice.
Le ofrecí dinero por verla con menos ropa. "Ay, usted es un atrevido, ¿Qué se piensa?" Mientras se reía, pensando que era broma. Pero no, me le acerqué y le volví a ofrecer. Ella quedó mirando, lo pensó y aceptó mis 200 dólares.
Se quitó su calza negra de a poco donde pude ver su culo trigueño, bien parado, y una tanga que apenas se podía lucir entre tanta nalga. Encima le quedaba un delantal, que era tapado por una camiseta blanca, obvio que se lo quitó de a poco y pude ver la forma de sus tetas. No sé llegó a desnudar del todo.
Yo ya en frente de ella, me empecé a masturbar. A lo que le solicité el último favor, que lo hiciera con sus manos. De a poco se acercó y comenzó a masturbarme.
Sus manos curtidas apretaban mi pija de una manera inexplicable. al comienzo suave, y luego dura, como si estuviera amasando. Para arriba, para abajo, tocaba mi glande al mismo tiempo que lo iba escupiendo. Yo sentía cada textura de su mano con un calor inigualable.
En un momento al sentir la dureza, lo empezó a golpear en su mano. "Está duro esto, jefe". Mientras, lo acercaba a sus tetas. Allí pude ver cómo al sacarse el sostén, las mismas se caían y casi que sin saber cómo hacer, intentó hacerme una paja con ellas.
No aguanté más y le ofrecí más plata para tener sexo. "Es que con eso jefe yo no voy a aguantar, no creo que pueda, no, no." No podía creer como arrugó la cubana.
Pero en fin, siguió masturbándome con sus manos. Ella casi que no hablaba. Estaba como concentrada, cada aplastada y amasada a mi verga, era un paso más a venirme.
Así lo hice, le pedí que pusiera sus dos manos como para recibir algo, y me vine muchísimo. "Jefe, esto no lo puedo desperdiciar", lo dijo sin asco y se lo llevó a sus tetas. Que obviamente amasó, mirándome a los ojos diciendo "¿Le gusta?".
Me exprimió cada centilitro de leche que me salió. Yo por supuesto quedé agradecido con ella.
- ¿Va a venir mañana?
- Si, jefe, ¿Quiere comer algo especial?
- Su concha quiero comerme mañana.
- Pero sin cobrarle nada.
- Está bien, mañana a las 09:00 la quiero acá.
Esto lo escribo a las 08:30. Ya viene en camino. Voy a cumplir la fantasía de cogerme a una caribeña. Les cuento en la próxima parte.
1 comentarios - Las manos de Yanelis