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El plan perfecto 6 fin

El chasquido del vaso de vidrio al estrellarse contra el piso de baldosa congeló el aire de la habitación, pero a ninguno de los tres nos dio vergüenza. Ni un solo movimiento brusco para taparnos. Ninguno se bajó.
Don Gerardo ni siquiera me sacó el miembro de la boca; solo giró la cabeza con lentitud, mirándola con esos ojos fríos de hombre de campo que no le debe explicaciones a nadie. Gerardo, encima de mis nalgas, detuvo las embestidas por dos segundos, respirando agitado sobre mi espalda, fijando la mirada en su mamá con un cinismo que me erizó la piel. Y yo, lejos de asustarme, abrí los ojos, apreté los labios alrededor de la verga del viejo y miré a mi suegra a la cara, sosteniéndole la mirada con una sonrisa victoriosa.
El plan perfecto 6  fin




La viejita se llevó las manos temblorosas a la cabeza. Sus ojos desorbitados iban de las piernas de su hijo a la boca de su esposo. Soltó un alarido seco, un gemido de puro espanto que le desgarró la garganta, dio media vuelta y salió corriendo torpemente por el pasillo hacia la sala, sollozando fuera de sí.
Don Gerardo (Con la voz ronca, agarrándome más fuerte del pelo) "Deje que llore la vieja. Siga en lo suyo, Claudia."
Yo exitada por. Todo lo que estaba pasando solo lo mire a los ojos y seguí saboreando esa verga , sentía como mi suegro botaba chorros de líquido preseminal y se mezclaban con mis babas seguido de un pensamiento muy morboso
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Claudia (Pensando, sintiendo cómo Gerardo volvía a empujar por detrás con más ganas) "Qué delicia... ver a la viejita desbaratada allá afuera solo me puso más caliente. Sentir que nos estaba escuchando, que sabía la clase de puercos que éramos, nos encendió a los tres."
No nos detuvimos. Al contrario, el ritmo se volvió salvaje. Mientras en la sala se escuchaban los llantos ahogados y las oraciones desesperadas de mi suegra, en la habitación la cama de madera retumbaba contra la pared sin ningún tipo de pudor.
Plak, plak, plak, plak, plak.
Grité más duro, a propósito, arqueando la espalda para que mis gritos atravesaran la madera de la casa y le retumbaran en los oídos a la anciana.
Claudia (Gritando fuera de sí, con la boca abierta para que el eco inundara la casa) "¡Aaaah!... ¡Eso, jueputa, qué rico!... ¡Leche, echen más!... ¡Rellénenme como a un pavo entre los dos, machos míos!"
Me estaban dando por mis dos agujeros , y el escuchar a mi suegra , llorar me hizo sentir un orgasmo espectacular
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Terminamos la sesión envueltos en sudor y fluidos, celebrando la pillada como si fuera un triunfo.
Minutos después, nos vestimos despacio. Salimos a la sala los tres, en fila, con la calma de quienes no han hecho nada malo. La vieja estaba tirada en el sofá, abrazando un trapo, hiperventilando y temblando de la cabeza a los pies. Al vernos llegar juntos, se puso de pie de un salto, señalándonos con el dedo tembloroso.
Suegra (Llorando a moco suelto, con la voz entrecortada por la rabia) "¡Enfermos! ¡Malditos sean! ¡Puercos, eso es lo que son! ¡Ustedes no tienen perdón de Dios! ¡En mi propia casa, con la mujer de mi hijo! ¡Gerardo, por Dios Santísimo, es su papá!"
Gerardo dio un paso al frente. No había culpa en su cara; solo una frialdad absoluta.
Gerardo "Cálmese, mamá. Deje la joda de una vez y escúcheme bien."
Suegra "¡Que me calme nada! ¡Voy a salir ya mismo a buscar al cura, voy a contarle a todo el pueblo la porquería de familia que tengo!"
Don Gerardo (Avanzando con paso firme, alzando la voz con esa autoridad pesada que siempre la dominó) "¡Usted no va a ir a ninguna parte, María! ¡Usted se me sienta y se me calla la boca!"
La vieja se apaciguó un poco por el susto de la voz del esposo, pero seguía sollozando. Gerardo se le acercó, la tomó de los hombros con brusquedad y le habló directamente a los ojos.
Gerardo "¿Usted quiere que el pueblo se entere de qué, mamá? ¿Quiere salir a decir que su hijo es un inútil que no sirve para preñar a su mujer? ¿Quiere que los vecinos se burlen de nosotros y digan que los apellidos de esta casa se acabaron conmigo? Mi papá hizo lo que tenía que hacer para que la sangre no se pierda. Claudia tiene en la panza al heredero de esta finca."
Claudia (Paso al frente, cruzándome de brazos con aire superior) "Así es, suegra. El bebé que llevo aquí es el que va a heredar todo esto. Si usted sale con sus chismes, la que va a quedar como una loca desquiciada ante la gente es usted. Piense bien qué van a decir las vecinas cuando sepan que usted armó un escándalo por nada."
La vieja miró a su hijo, luego a su esposo y finalmente a mi vientre. La duda y el miedo social empezaron a carcomerle la moral. La idea de la vergüenza en la vereda, del qué dirán los paisanos y de perder el respeto de la gente la aplastó por completo.
Suegra (Limpiándose las lágrimas con rabia, bajando la cabeza, derrotada) "Virgen del Carmen... ¿qué van a decir los vecinos si esto se sabe?... ¡Dios mío, qué vergüenza con la gente!... ¿Qué van a pensar de nosotros?"
Don Gerardo "Nadie va a pensar nada porque usted no va a abrir la boca. Esto se queda entre los cuatro y punto."
Pasaron los meses. El bebé nació en la capital, un varón robusto y sano. A las tres semanas de dar a luz, Don Gerardo y mi suegra viajaron desde el pueblo a nuestro apartamento en Bogotá con la excusa oficial de "conocer y cuidar al nieto".
La casa cambió de dueña. La viejita llegó apagada, envejecida diez años, con la mirada clavada en el piso. El viejo, en cambio, llegó más arrogante que nunca, caminando por el apartamento como el rey de la propiedad.
Don Gerardo (Cargando al recién nacido en la sala, sonriendo con orgullo) "Miren a este machito... este nieto mío va a salir igual de fuerte al abuelo."
Esa misma tarde, mientras Gerardo estaba trabajando en la oficina, el viejo no aguantó las ganas. Apenas almorzamos, Don Gerardo me miró con descaro y me hizo una seña con la cabeza hacia la habitación principal.
Claudia "Suegra, hágame el favor y se queda lavando los platos del almuerzo, barre la cocina y se fija si el niño llora en la cuna. Nosotros vamos a descansar un rato."
La vieja no protestó. Asintió en silencio, agarró la esponja con sus manos gastadas y empezó a fregar la loza.
Entramos a la habitación y el viejo me tiró sobre la cama sin darme tiempo de acomodarnos. Me levantó la bata de maternidad y me abrió de piernas. Mientras en la cocina se escuchaba el choque de los platos y el chorro de agua del lavaplatos, el viejo empezó a empujar con fuerza.






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Me puso en cuatro sobre la cama y me lo me tio suave y rico , sentir la verga de mi suegro después de varios meses fue espectacular pero para rematar alcance a ver a mi suegra por una pequeña abertura de la puerta con los ojos aguados , pero apenas se percató que la vi se fue eso con el sonido de mis nalgas con yra su pelvis me hizo salir lo perra que soy y de aposta empeze a gritar
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Plak, plak, plak, plak.
Claudia (Gritando a todo pulmón para que atravesara el pasillo hasta la cocina) "¡Uuuuy, jueputa!... ¡Qué rico me clava, viejo divino!... ¡Siga así, métamelo con ganas que la casa es suya!"
Claudia (Pensando, gimiendo mientras agarraba las sábanas con fuerza) "Qué morbo tan hp... saber que la viejita está ahí afuera fregando el piso, cuidando al bebé que le engendró el propio esposo a la nuera, mientras escucha cómo el viejo me deshace en la cama matrimonial."
Cada impacto del cuerpo de Don Gerardo retumbaba en la pared que colindaba con la cocina. Cada gemido mío le caía a la vieja como una bofetada, quebrándole lo poco que le quedaba de dignidad.
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En la noche, Gerardo llegó del trabajo. Encontró a la mamá sentada en la mecedora de la sala, con los ojos hinchados y cargando al bebé en brazos. Se le acercó, le dio un beso frío en la frente y le habló con tono socarrón.
Gerardo "¿Qué tal la tarde, mamá? ¿Si ve que no era para tanto? ¿Ya se va acostumbrando a la nueva realidad de la familia?"
La anciana no respondió; solo apretó al niño contra su pecho y miró hacia la ventana en silencio, aceptando su papel de sirvienta y cómplice en su propia casa.
Gerardo "Bueno, vaya a dormir al cuarto de huéspedes que nosotros vamos a descansar."
Mándamos a la vieja a encerrarse en el cuarto pequeño al fondo del pasillo. En la habitación principal, los tres nos quitamos la ropa y nos acomodamos en la misma cama de siempre. Yo quedé en el centro, con el viejo a un lado y Gerardo al otro.
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La noche se convirtió en una maratón descarada de dominación. Entre los dos me tomaron de todas las formas posibles, alternándose, usándome como les dio la gana.
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Y yo también los acomode en la cama de frente , y chupaba esas vergas una a una con una lujuria y sin miedo a nada
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Plak, plak, plak, plak, plak.

Claudia (me dió un morbo en medio del choque de los dos cuerpos) "¡Uff, jueputa, qué rico!... ¡Rellénenme entre los dos!... ¡Abran más, metan todo!... ¡Sigan, mis machos, rellénenme como un pavo que esta perra es de ustedes!"
Claudia (Pensando, sofocada en el clímax, mirando hacia la puerta de la habitación) "Al otro lado de la pared, en la oscuridad, la vieja está despierta escuchando todo. Escucha las risas de su esposo, los jadeos de su hijo y mis gritos de perra satisfecha. Se tuvo que tragar su religión, su orgullo y su moral para no quedar en vergüenza con el pueblo. Ahora la casa es nuestra, la ley es la nuestra, y esta familia se mueve a mi ritmo."

1 comentarios - El plan perfecto 6 fin

ZeroCum +1
Felicidades daysi! Estas prendida fuego com estas historias!!