Les voy a contar cómo ha sido mi vida sexual, porque en todo lo demás siempre he tenido lo mejor. Ropa nueva, carros nuevos, teléfonos nuevos, hasta casas nuevas. Odio las cosas usadas, semi-nuevas o que otro wey ya haya estrenado. Me parto el culo trabajando para tener siempre lo top. Pero en las putas, ahí sí me tenía que fallar la vida.
Desde que éramos adolescentes, apenas empezando a descubrir el sexo, yo iba en primer año de prepa. Ahí conocí (o mejor dicho reencontré) a una chava que había sido mi amiga desde que éramos bien morros. Empecé a hablarle más seguido. Ella ya había dado su primer beso, yo ni eso. Poco a poco nos fuimos acercando, salíamos, nos mandábamos mensajes, besitos en la mejilla… pero nada más.
La morra no estaba nada mal: güerita, con lentes, cabello castaño clarito, chaparrita, pero con unas tetas enormes que se le marcaban rico y un culito bien parado que se le notaba cuando se ponía falda. Era tierna, pero se le veía la puta por dentro.
Un día hubo una fiesta en una casa con alberca. Era nuestra primera fiesta de verdad. Pasé por ella en taxi (ni Uber existía todavía, andábamos en la era del Metroflog). Llegamos, había un chingo de gente de primero y unos weyes de prepa más grandes. La entrada eran 20 varos, y cada rato te cobraban otros 20 para seguir surtiendo cerveza y comida.
Yo nunca había tomado, ella tampoco. Unos weyes de la prepa nos invitaron vodka con jugo de mango. Estaba rico el cabrón, en vasos rojos con hielos. Empezamos a ponernos pedos mientras sonaba “Infinity” y el ambiente se ponía bien vergas.
De repente noté que mi casi novia se estaba acercando demasiado a los chavos más grandes. Yo sabía que era virgen, nunca había visto ni una verga en su vida. Estaba a punto de pedirle que fuera mi novia, la tenía bien ganada.
En eso me dice que iba por otro vaso de vodka. Se tardó un rato. Cuando la busqué, la vi agarrada de la mano de uno de los weyes más grandes que habían llegado tarde, como de 25 años, bien tatuado. Los seguí discretamente y los vi meterse al baño que estaba en obra negra, con huecos y todo.
Me trepé como pude a un árbol para ver. Y lo que vi me dejó helado.
El wey se bajó el short y sacó una verga gruesa, larga y venosa. Mi casi novia, sin pensarlo dos veces, se hincó como puta barata y se la empezó a meter a la boca. La chupaba con ganas, bien torcida, metiéndose casi la mitad. Yo, que ni siquiera le había dado un beso, estaba viendo cómo le mamaba la verga a un desconocido.
El tipo se corrió en su boca y le dijo que se tragara toda la crema. Ella obedeció como perra y se la tragó toda. Luego el wey la levantó de las greñas, la puso sobre la mesa del lavabo, le bajó el short y las bragas de un tirón y le empezó a lamer el culo y la vagina bien rico. Ella gemía como puta en celo.
Sin más, el wey le escupió en el coño y se la metió de un solo golpe. Ella soltó un grito. Empezó a cogérsela duro, bien salvaje, metiéndole toda esa verga gruesa. Le estaba abriendo el hoyo de una forma brutal. Al rato le pidió que se la dejara adentro y el wey le descargó toda la leche bien profundo en el útero.
Pero no acabó ahí. Le dio la vuelta y también le metió la verga por el culo. Le abrió el ano como si nada. Se la folló por el culo bien rico mientras ella gemía y pedía más. Le dejó el culo totalmente destruido, abierto, rojo y chorreando.
Cuando salieron, yo ya estaba afuera esperándola. Ella se acercó toda cariñosa, me llevó a un árbol y me empezó a besar. Sus besos sabían a verga y semen. Aun así, yo le seguí el juego.
Tiempo después la hice mi novia. En dos meses que duramos, lo único que logré que me hiciera fue que me mamara la verga de vez en cuando. Al terminar el primer año se cambió de escuela.
Y desde ese día supe la verdad: me encanta ser un pinche cornudo hijo de la chingada. Me excita ver cómo otros weyes le meten verga a mi vieja mientras yo solo miro.(no ibamos en prepa pero como para no poner exactamente, ya saben un poco antes de prepa) 🙂
Desde que éramos adolescentes, apenas empezando a descubrir el sexo, yo iba en primer año de prepa. Ahí conocí (o mejor dicho reencontré) a una chava que había sido mi amiga desde que éramos bien morros. Empecé a hablarle más seguido. Ella ya había dado su primer beso, yo ni eso. Poco a poco nos fuimos acercando, salíamos, nos mandábamos mensajes, besitos en la mejilla… pero nada más.
La morra no estaba nada mal: güerita, con lentes, cabello castaño clarito, chaparrita, pero con unas tetas enormes que se le marcaban rico y un culito bien parado que se le notaba cuando se ponía falda. Era tierna, pero se le veía la puta por dentro.
Un día hubo una fiesta en una casa con alberca. Era nuestra primera fiesta de verdad. Pasé por ella en taxi (ni Uber existía todavía, andábamos en la era del Metroflog). Llegamos, había un chingo de gente de primero y unos weyes de prepa más grandes. La entrada eran 20 varos, y cada rato te cobraban otros 20 para seguir surtiendo cerveza y comida.
Yo nunca había tomado, ella tampoco. Unos weyes de la prepa nos invitaron vodka con jugo de mango. Estaba rico el cabrón, en vasos rojos con hielos. Empezamos a ponernos pedos mientras sonaba “Infinity” y el ambiente se ponía bien vergas.
De repente noté que mi casi novia se estaba acercando demasiado a los chavos más grandes. Yo sabía que era virgen, nunca había visto ni una verga en su vida. Estaba a punto de pedirle que fuera mi novia, la tenía bien ganada.
En eso me dice que iba por otro vaso de vodka. Se tardó un rato. Cuando la busqué, la vi agarrada de la mano de uno de los weyes más grandes que habían llegado tarde, como de 25 años, bien tatuado. Los seguí discretamente y los vi meterse al baño que estaba en obra negra, con huecos y todo.
Me trepé como pude a un árbol para ver. Y lo que vi me dejó helado.
El wey se bajó el short y sacó una verga gruesa, larga y venosa. Mi casi novia, sin pensarlo dos veces, se hincó como puta barata y se la empezó a meter a la boca. La chupaba con ganas, bien torcida, metiéndose casi la mitad. Yo, que ni siquiera le había dado un beso, estaba viendo cómo le mamaba la verga a un desconocido.
El tipo se corrió en su boca y le dijo que se tragara toda la crema. Ella obedeció como perra y se la tragó toda. Luego el wey la levantó de las greñas, la puso sobre la mesa del lavabo, le bajó el short y las bragas de un tirón y le empezó a lamer el culo y la vagina bien rico. Ella gemía como puta en celo.
Sin más, el wey le escupió en el coño y se la metió de un solo golpe. Ella soltó un grito. Empezó a cogérsela duro, bien salvaje, metiéndole toda esa verga gruesa. Le estaba abriendo el hoyo de una forma brutal. Al rato le pidió que se la dejara adentro y el wey le descargó toda la leche bien profundo en el útero.
Pero no acabó ahí. Le dio la vuelta y también le metió la verga por el culo. Le abrió el ano como si nada. Se la folló por el culo bien rico mientras ella gemía y pedía más. Le dejó el culo totalmente destruido, abierto, rojo y chorreando.
Cuando salieron, yo ya estaba afuera esperándola. Ella se acercó toda cariñosa, me llevó a un árbol y me empezó a besar. Sus besos sabían a verga y semen. Aun así, yo le seguí el juego.
Tiempo después la hice mi novia. En dos meses que duramos, lo único que logré que me hiciera fue que me mamara la verga de vez en cuando. Al terminar el primer año se cambió de escuela.
Y desde ese día supe la verdad: me encanta ser un pinche cornudo hijo de la chingada. Me excita ver cómo otros weyes le meten verga a mi vieja mientras yo solo miro.(no ibamos en prepa pero como para no poner exactamente, ya saben un poco antes de prepa) 🙂
0 comentarios - Se cogieron a mi novia virgen antes que yo