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Miranda y su cornudito 46- Orgia lesbica en la escuela

LA PRIMERA ES CATI


Mónica estaba sentada en su sillón grande, completamente desnuda, con el arnés negro ajustado alrededor de sus caderas anchas y el dildo rosado de 10 cm apuntando hacia arriba. Sus tetas enormes, venosas y llenas de leche colgaban pesadas sobre su panza madura. Miró a las ocho nenas con una sonrisa cariñosa pero claramente excitada y preguntó con voz suave:
—¿Quién quiere ser la primera, mis bebitaaas?
Hubo un segundo de silencio nervioso. Entonces Cati, la más valiente de todas, levantó la manita y dio un paso adelante.
—Yo, seño… yo quiero ser la primera.
Mónica sonrió con ternura y orgullo. Le hizo una seña para que se acercara.
—Vení, Cati… mi nenita valiente.
La maestra la tomó de la mano y la sentó en su regazo, de frente a ella. Le subió despacito la pollerita tableada azul, le bajó la bombachita blanca hasta los tobillos y le separó suavemente las piernitas delgadas. El culito rosado y suavecito de Cati quedó completamente expuesto, contrastando brutalmente con el cuerpo maduro y voluptuoso de Mónica.
Antes de empezar, Mónica miró a todas las nenas y les explicó con voz paciente y maternal:
—Escuchen bien, mis amorcitas. Las vaginitas de las nenitas todavía están muy cerraditas y chiquitas. Son demasiado delicadas y la seño no quiere lastimarlas. Por eso hoy solo vamos a desvirgar los culitos. Los culitos infantiles son muy elásticos, se dilatan mejor y pueden recibir el dildito sin que duela mucho. ¿Entienden?
Las nenas asintieron con la cabeza, aunque algunas todavía tenían caritas de nervios.
Cati preguntó con su vocecita temblorosa:
—Seño… ¿me va a doler mucho el culito?
Mónica le acarició la mejilla y le besó la frente con ternura.
—Al principio vas a sentir un poquito de presión y ardor, mi amor… pero la seño va a ir muy despacito y con mucho lubricante. Después se va a poner rico, como cuando te metían el dedito pero más profundo. ¿Confías en la seño?
Cati asintió.
Entonces Mónica empezó la “clase práctica” mientras las otras siete nenas miraban sentadas en el piso con los ojos muy abiertos.
Primero lubricó bien el dildo de 10 cm con su propia saliva y con un poco de su leche que se exprimió de la teta. Después puso a Cati en cuatro sobre sus muslos gruesos, con el culito levantado hacia ella.
—Miren, mis bebitaaas —dijo Mónica mientras separaba suavemente las nalguitas suaves de Cati—, el culito de una nenita es rosadito, chiquito y muy apretado… pero se puede abrir despacito.
Empezó metiendo solo la punta del dildo, muy lento. Cati soltó un gemidito agudo y se agarró de las piernas de la maestra.
— ¡Ay, seño… está entrando… se siente raro…!
Mónica le acariciaba la espalda y le hablaba con voz calmada y sexy:
—Respira, mi amor… relaja el culito. La seño te está desvirgando el ano… siente cómo se va abriendo poquito a poco… qué culito tan elástico y rico tiene mi nenita…
Las otras nenas hacían preguntas con vocecitas curiosas:
Emma: — ¿Duele, Cati?
Cati, con la voz entrecortada: — Un poquito… pero también se siente lleno… y calentito…
Luna: — ¿Se siente como cuando nos metíamos el dedito?
Mónica contestó mientras seguía empujando despacito el dildo:
—Se siente parecido, pero más grande y más profundo. El culito se estira y abraza el dildito… miren cómo ya entró casi la mitad… qué valiente es mi Cati.
Cuando el dildo de 10 cm estuvo completamente adentro, Mónica empezó a moverlo muy suave, entrando y saliendo con movimientos cortos. Cati gemía y se retorcía un poco, pero pronto sus gemidos cambiaron de dolor a placer.
— ¿Ves, mi amor? —susurró Mónica besándole la nuca—. Ya no duele… ahora se siente rico, ¿verdad? Tu culito virgen ya no es virgen… la seño te lo desvirgó con cariño.
Las demás nenas miraban fascinadas, preguntando todo el tiempo:
— ¿Se siente como cosquillas adentro?
— ¿El dildito es más grande que el dedito?
— ¿Después nos va a tocar a nosotras?
Mónica seguía moviendo el dildo dentro del culito de Cati mientras contestaba con paciencia y morbo:
—Sí, mis bebitaaas… se siente como cosquillas profundas y calientes. El dildito es más grande y más firme que el dedito, por eso se siente más lleno. Cuando les toque a ustedes, la seño va a ir despacito y con mucho amor, como con Cati.
Después de unos minutos, sacó el dildo lentamente. El ano de Cati quedó un poquito abierto y rosado. Mónica lo besó con ternura y le dijo:
—Miren qué bonito quedó el culito de Cati después de ser desvirgado… ahora ya no es virgen.
Cati se dio vuelta, todavía temblando un poquito, y abrazó a la maestra con carita de placer y orgullo.
Mónica miró al resto de las nenas y preguntó con una sonrisa:
—¿Quién quiere ser la siguiente, mis amorcitas?
Las siete nenas restantes se miraron entre sí, nerviosas pero claramente excitadas y ansiosas por su turno.


EL TURNO DE LUNA


Después de desvirgar a Cati, Mónica sacó el dildito lentamente del culito rosado de la nenita. Cati quedó temblando un poquito, con el ano ligeramente abierto y brillante de lubricante.
La maestra miró a las otras siete nenas, que estaban sentadas en el piso mirando con los ojos muy abiertos y las piernitas apretadas.
—¿Quién quiere ser la siguiente, mis bebitaaas?
Hubo un momento de silencio nervioso. Entonces Luna, una nenita de 7 años delgadita, de piel muy blanquita y carita angelical, levantó la manita con timidez.
—Yo… seño… pero tengo miedo…
Mónica le sonrió con ternura y la llamó con la mano.
—Vení, mi Luna… la seño va a ir muy despacito con vos. Vení al escritorio.
La maestra levantó a Luna y la puso en cuatro patas sobre el escritorio grande del salón. La pollerita tableada se le subió sola, dejando al descubierto su culito suavecito, redondito y extremadamente cerrado. Luna tenía el ano más chiquito y apretado de todas las nenas. Era un pequeño botón rosado casi sin abrir.
Mónica se colocó detrás de ella, sujetándola firmemente por las caderitas delgadas con sus manos grandes y fuertes. El contraste era impactante: el cuerpo maduro, tetón y culón de la maestra contra el cuerpito frágil y plano de Luna.
—Tranquila, mi amor… —le susurró Mónica mientras le acariciaba la espalda—. Tu culito es el más cerradito de todas. Por eso te va a doler un poquito más al principio, pero la seño va a ir muy despacito. Respira hondo.
Las otras siete nenas se acercaron y se sentaron en las sillitas y en el piso alrededor del escritorio, mirando todo con atención y nerviosismo.
Mónica lubricó bien el dildo de 10 cm con saliva y con un poco de su propia leche. Luego apoyó la punta redondeada contra el ano diminuto de Luna y empezó a empujar muy suavemente.
Luna soltó un gemido agudo y largo:
— ¡Ayyyyy, seño… duele… duele mucho… está muy apretado…!
Su culito se resistía. El ano era tan cerrado que el dildito apenas entraba. Mónica sujetaba firmemente las caderitas flacas de Luna para que no se moviera y seguía empujando con mucha paciencia.
—Shhh… respira, mi bebita… relaja el culito… la seño sabe que duele un poquito… pero tenés que dejarlo entrar… miren, nenas, cómo el culito de Luna es el más cerradito… se está abriendo despacito…
Luna gemía y lloriqueaba, agarrándose del borde del escritorio con sus manitas. Lágrimas le corrían por las mejillas.
— ¡Seño… quítelo… me arde… está muy grande para mi culito…!
Las otras nenas miraban fascinadas y un poco asustadas. Algunas se tapaban la boca.
Mónica no se detuvo. Siguió empujando con cuidado, centímetro a centímetro, mientras le hablaba con voz maternal y caliente:
—Duele porque tu ano es virgen y muy chiquito, mi amor… pero miren cómo se va abriendo… ya entró la puntita… qué culito tan elástico tiene mi Luna… la seño te está desvirgando… ya casi está adentro…
Poco a poco, con mucha paciencia y lubricante, el dildo de 10 cm fue entrando completo en el culito de Luna. La nenita temblaba entera, sollozando bajito, con el culito muy estirado alrededor del dildo.
Cuando estuvo completamente adentro, Mónica se quedó quieta, sujetándola fuerte por las caderitas y besándole la espalda.
—Ya está, mi bebita… ya entró todo… respirá… el dolor va a pasar y después se va a poner rico… ¿sentís cómo te llena el culito?
Luna asintió entre sollozos, con la carita roja y lágrimas corriendo.
Las otras nenas miraban todo en silencio, con los ojos muy grandes. Algunas preguntaban bajito:
— ¿Duele mucho, Luna?
— ¿Se siente como si te estuvieran abriendo por dentro?
Mónica empezó a mover el dildo muy despacio, entrando y saliendo con movimientos cortos, mientras seguía sujetando las caderitas de Luna.
—Miren, mis amorcitas… esto es desvirgar un culito muy cerradito… duele un poquito al principio, pero después la nenita empieza a sentir placer… Luna ya está aprendiendo…
Poco a poco los sollozos de Luna se fueron convirtiendo en gemiditos más suaves y entrecortados. Su culito se iba acostumbrando al grosor del dildo.
Mónica empujó despacio, con paciencia.
—Relaja, mi amor… respira hondo… la seño va muy lento…
Luna sintió cómo el ano se estiraba. Era un ardor caliente, como si le estuvieran abriendo algo que no debía abrirse. El dolor era agudo pero no insoportable; era más una sensación de estiramiento intenso, de que su culito virgen estaba siendo forzado a dilatarse. Sintió un calor profundo dentro, como si le quemara por dentro, y al mismo tiempo una presión rara que le llegaba hasta la pancita.
— ¡Seño… duele… me arde… está muy apretado! —lloriqueó con vocecita quebrada, agarrándose fuerte del borde del escritorio.
Las lágrimas le corrían por las mejillas. Sentía cada milímetro del dildo entrando. Cuando ya había entrado unos 4 cm, el dolor se volvió más intenso: un ardor punzante mezclado con una sensación de lleno que nunca había sentido. Su ano se contraía alrededor del dildo, intentando expulsarlo, pero Mónica lo mantenía firme.
—Shhh… ya pasó lo peor, mi bebita… ya entró más de la mitad… tu culito es muy elástico, se está abriendo bonito para la seño…
Luna respiraba entrecortado. El dolor seguía, pero empezó a mezclarse con otra sensación extraña: una cosquilla profunda y caliente que le subía desde el culito hasta la pancita. Cada vez que Mónica movía el dildo un poquito, Luna sentía como si le tocaran algo por dentro que le provocaba un placer raro y desconocido. Era como cosquillas, pero más intensas, más internas.
— ¡Ay… seño… ahora se siente… raro… como cosquillas pero adentro…!
Su voz era entrecortada, mitad llanto, mitad sorpresa. El ano le ardía, pero al mismo tiempo sentía cómo el dildo rozaba paredes sensibles que nunca habían sido tocadas. Cada movimiento lento del dildo le provocaba una mezcla de ardor y un placer creciente que le hacía temblar las piernitas flacas.
Cuando el dildo entró completamente (los 10 cm), Luna soltó un gemido largo y tembloroso. Sentía el culito totalmente lleno, estirado al máximo. Era una sensación de presión profunda, como si tuviera algo grande y caliente dentro de ella. Su pancita se contraía y se relajaba sola.
Mónica empezó a moverlo muy despacio, entrando y saliendo solo un par de centímetros.
— ¿Sentís, Luna? Ahora la seño te está follando el culito virgen… duele un poquito pero también se siente rico, ¿verdad?
Luna asintió entre sollozos, con la carita roja y mojada de lágrimas.
— Sí… duele… pero también… se siente caliente… y como si me hiciera cosquillas muy adentro… me tiemblan las piernitas…
Las otras nenas miraban en silencio. Luna sentía vergüenza porque todas la veían en cuatro patas, con el culito abierto alrededor del dildo, pero al mismo tiempo esa vergüenza la ponía más caliente.
Mónica siguió moviéndolo con cuidado, sujetándola fuerte por las caderitas.
—Qué culito tan apretadito y rico tenés, mi Luna… la seño te está desvirgando despacito… ya casi no duele, ¿verdad? Ahora solo se siente lleno y caliente…
Luna empezó a gemir más suave, ya no de dolor puro, sino de una mezcla de ardor y placer. Cada vez que el dildo entraba, sentía una oleada de calor que le subía por la pancita y le hacía contraer los deditos de los pies. Su culito se iba acostumbrando y abrazaba el dildo con más naturalidad.
—Seño… ya no duele tanto… se siente… raro pero rico… como si me estuviera llenando por dentro…
Mónica sonrió satisfecha y le besó la espalda.
—Así, mi bebita… tu culito virgen ya no es virgen… la seño te lo abrió con cariño. Ahora vas a saber lo que se siente cuando una mujer grande te desvirga el culito.
Luna quedó temblando sobre el escritorio, con el ano ligeramente abierto y rosado, respirando agitada y con una mezcla de dolor, vergüenza y un placer nuevo que no entendía del todo.


Mónica sintió cómo el ano de Luna se había relajado un poco después de los primeros minutos de dolor. La nenita seguía en cuatro patas sobre el escritorio, temblando, con el culito rosado estirado alrededor del dildo de 10 cm.
La maestra le acarició la espalda con una mano y le habló con voz ronca pero cariñosa:
—Ahora que el dolor inicial ya pasó, mi bebita… la seño te va a desvirgar como se debe. Voy a moverme más fuerte. Agárrate bien, Luna.
Sujetó con fuerza las caderitas delgadas y frágiles de Luna con sus dos manos grandes y fuertes, casi cubriéndolas por completo. Sus dedos se hundieron suavemente en la piel blanquita de la nenita.
Luego empezó a penetrarla con más fuerza, progresivamente.
Al principio fueron embestidas lentas pero firmes. El dildo entraba y salía casi completo, estirando el ano virgen de Luna con cada movimiento. La nenita soltó un gemido largo y agudo:
— ¡Ayyyyy, seño… duele… está muy adentro…!
Sentía cada centímetro del dildo abriéndola más profundo. Era un ardor intenso, una presión fuerte que le llegaba hasta la pancita. Su culito se contraía alrededor del dildo, intentando resistirse, pero Mónica lo mantenía firme y seguía empujando.
Poco a poco, las embestidas se volvieron más rápidas y profundas. El sonido húmedo y rítmico del dildo entrando en el culito de Luna llenaba el salón. Luna gemía más fuerte, con la carita roja y lágrimas frescas corriendo por sus mejillas.
— ¡Seño… me duele… pero… ay… ay… se siente raro… muy adentro…!
Las otras nenas miraban en silencio, con los ojos muy abiertos.
Mónica aceleró el ritmo, sujetándola con más fuerza por las caderitas, casi levantándola un poco del escritorio con cada embestida. El dildo entraba y salía ahora con fuerza, golpeando profundo dentro del culito infantil.
Luna empezó a cambiar. El dolor seguía allí, pero se iba mezclando con una sensación nueva y más intensa: un placer caliente y profundo que le subía desde el ano hasta la pancita y le hacía temblar las piernitas. Sus gemidos se volvieron más agudos y entrecortados.
— ¡Ahhh… seño… duele… pero… se siente rico… más fuerte…!
Poco a poco los gemidos de dolor se transformaron en gritos de placer. Luna ya no lloriqueaba, ahora soltaba gemidos más largos y altos:
— ¡Aaaahhh… seño… sí… así… me gusta… más adentro…!
Su culito se había abierto lo suficiente y ahora abrazaba el dildo con cada embestida. Mónica la follaba con ritmo constante y fuerte, sujetándola firmemente por las caderitas, haciendo que el cuerpito delgado de Luna se sacudiera sobre el escritorio.
— ¡Seño… se siente muy rico… me tiemblan las piernitas… aaaahhh!
Luna ya gritaba de placer sin vergüenza. Su vocecita aguda y infantil llenaba el salón mientras era penetrada analmente por primera vez. Su culito se contraía y relajaba alrededor del dildo, y un calor intenso le recorría todo el cuerpo.
Mónica gemía de excitación y le hablaba mientras la follaba con más fuerza:
—Así, mi putita… mira cómo tu culito virgen ya disfruta… grita más fuerte, Luna… dile a la seño lo rico que se siente que te desvirgue el culito…
Luna gritaba entre gemidos:
— ¡Seño… me gusta… me gusta mucho… el culito se siente lleno y caliente… aaaahhh… más fuerte…!
Las otras nenas miraban fascinadas cómo su compañerita pasaba del dolor al placer, gritando y temblando sobre el escritorio mientras la maestra la sujetaba por las caderitas y la penetraba con ritmo firme.
Mónica sonrió satisfecha, sin dejar de follarla:
—Qué bien, mi Luna… ya estás disfrutando como una nenita grande… tu culito ya no es virgen…
Luna seguía gritando de placer, con la carita roja, la boca abierta y las piernitas temblando, completamente entregada a la sensación nueva y profunda que le provocaba el dildo moviéndose dentro de su culito.


Primera escena – Emma (6 años, la más chiquita)
Después de Luna, Mónica miró al grupo y señaló a Emma, la nenita más pequeña y delicada de todas.
—Vení, Emma… ahora te toca a vos, mi bebita más chiquita.
La levantó en brazos y la puso en cuatro patas sobre el escritorio, igual que a Luna. Emma era tan pequeña que sus piernitas apenas llegaban al borde. Su culito era diminuto, un botón rosado casi cerrado por completo.
Mónica lubricó bien el dildo y sujetó con fuerza las caderitas flaquitas de Emma.
—Tu culito es el más chiquito de todas… la seño va a ir muy despacito, ¿sí?
Empezó a empujar. Emma soltó un grito agudo y largo desde el primer momento:
— ¡Ayyyyy, seño… duele mucho… está muy grande para mi culito…!
El ano de Emma se resistía con fuerza. Mónica tuvo que sujetarla más firme por las caderitas para que no se escapara. Centímetro a centímetro, el dildo fue entrando. Emma lloraba y temblaba, con lágrimas cayendo sobre el escritorio.
— ¡Seño… me arde… me está abriendo demasiado… duele… duele…!
Mónica le hablaba con voz maternal mientras empujaba:
—Shhh… respira, mi princesita… tu culito es muy chiquito y virgen… pero se está abriendo para la seño… ya entró la mitad… qué culito tan apretadito y rosadito tenés…
Cuando el dildo estuvo completamente adentro, Emma sollozaba con la boca abierta. Sentía una presión enorme, como si le hubieran metido algo demasiado grande en un lugar demasiado pequeño. El ardor era intenso y le llegaba hasta la pancita.
Mónica empezó a moverlo despacio. Poco a poco los sollozos de Emma se fueron mezclando con gemiditos extraños. Su culito se iba acostumbrando y el dolor se transformaba en una sensación caliente y profunda.
— ¡Seño… duele… pero… ahora se siente raro… como cosquillas muy adentro… aaaahhh!
Emma terminó gritando de placer mezclado con dolor, temblando entera sobre el escritorio mientras Mónica la sujetaba fuerte por las caderitas y la penetraba con ritmo constante.
Segunda escena – Sofía (8 años, la más curiosa)
Sofía fue la siguiente. Era una nenita un poco más grande y curiosa, de piernitas delgadas y culito redondito.
Mónica la puso también en cuatro patas sobre el escritorio y le separó bien las nalguitas.
—Tu culito es más grande que el de Emma, pero todavía muy virgen… la seño te va a desvirgar bien rico.
Cuando empezó a entrar el dildo, Sofía soltó un gemido fuerte y se arqueó:
— ¡Ay, seño… se siente muy lleno… me está estirando mucho… duele un poquito!
Mónica la sujetó firmemente por las caderitas y siguió empujando hasta meterlo completo. Sofía respiraba agitada, con la boca abierta.
— ¡Está muy adentro… siento como si me estuviera llenando toda la pancita…!
La maestra empezó a follarla con movimientos más firmes. Sofía gemía y se movía, pero pronto su tono cambió. El dolor se convirtió en placer y empezó a empujar ella misma hacia atrás.
— ¡Seño… ahora se siente rico… más fuerte… me gusta… aaaahhh!
Sofía fue una de las que más rápido disfrutó. Gritaba de placer sin vergüenza, moviendo su culito contra el dildo mientras Mónica la sujetaba y le decía:
—Miren cómo disfruta mi Sofía… su culito virgen ya aprendió a gustarle la verga de la seño…
Tercera escena – Valentina (9 años, la más tímida)
Valentina era la más tímida y callada del grupo. Cuando le tocó su turno, temblaba visiblemente.
Mónica la puso en cuatro patas con mucho cariño y le besó la espalda.
—No tengas miedo, mi amor… la seño va a ir despacito.
Cuando la punta del dildo tocó su ano, Valentina soltó un sollozo largo:
— ¡Seño… tengo miedo… está muy grande…!
Mónica la sujetó con fuerza por las caderitas y empezó a penetrarla. Valentina lloraba bajito al principio, sintiendo cómo su ano se estiraba dolorosamente. El dildo entraba lento pero constante.
— ¡Ayyy… duele… seño… me está abriendo mucho…!
Pero Valentina tenía un culito sorprendentemente elástico. Cuando el dildo entró completo, el dolor empezó a convertirse en placer más rápido de lo esperado. Sus gemidos cambiaron de tono y pronto empezó a empujar ella misma hacia atrás.
— ¡Seño… ahora… se siente muy rico… más adentro… por favor…!
Valentina terminó gritando de placer, con la carita roja y la boca abierta, moviendo su culito contra el dildo mientras Mónica la follaba con ritmo firme, sujetándola fuerte por las caderitas.
—Así, mi nenita tímida… mira cómo disfrutas… tu culito virgen ya sabe lo que es una verga…
Primera escena – Martina (8 años, la más delgadita)
Después de Valentina, Mónica miró al grupo y señaló a Martina, una nenita muy delgadita, de piernas flacas y culito pequeño pero bien redondito.
—Vení, Martina… ahora te toca a vos, mi flaquita.
La levantó y la colocó en cuatro patas sobre el escritorio. Martina temblaba visiblemente. Su culito era tan pequeño que el ano apenas se veía.
Mónica le separó las nalguitas con cuidado y apoyó la punta del dildo.
—Tu culito es muy chiquito y apretado… la seño va a ir despacito.
Cuando empezó a empujar, Martina soltó un grito agudo y largo:
— ¡Ayyyy, seño… duele mucho… está muy grande para mí…!
Su ano se resistía con fuerza. Mónica tuvo que sujetarla firmemente por las caderitas delgaditas para que no se escapara. Centímetro a centímetro, el dildo fue entrando. Martina lloraba y temblaba, con las piernitas flacas sacudiéndose.
— ¡Seño… me arde… me está estirando demasiado… por favor más despacio…!
Mónica le hablaba con voz maternal mientras seguía empujando:
—Respira, mi amor… tu culito es el más chiquito… pero se está abriendo bonito… ya entró más de la mitad… qué culito tan elástico tiene mi Martina…
Cuando el dildo de 10 cm entró completo, Martina soltó un gemido entrecortado. Sentía una presión enorme, como si le hubieran metido algo que no cabía. El ardor era intenso, pero poco a poco empezó a mezclarse con una cosquilla profunda y caliente que le subía por la pancita.
Mónica comenzó a moverse con ritmo lento pero constante. Martina pasó del llanto a gemidos más suaves y luego a grititos de placer.
— ¡Seño… ahora… se siente rico… más adentro… aaaahhh… me tiemblan las piernitas!
Martina terminó empujando ella misma hacia atrás, gritando de placer mientras su culito virgen era follado por primera vez.
Segunda escena – Lucía (9 años, la más tímida y callada)
Lucía era la más callada y tímida del grupo. Cuando le tocó su turno, casi no podía hablar del nerviosismo.
Mónica la puso en cuatro patas con mucho cariño y le besó la espalda.
—No tengas miedo, mi Lucía… la seño te va a cuidar.
Al sentir la punta del dildo contra su ano, Lucía soltó un sollozo bajito y se agarró fuerte del escritorio.
—Seño… tengo mucho miedo…
Mónica la sujetó por las caderitas y empezó a penetrarla muy despacio. Lucía lloraba en silencio al principio, mordiéndose el labio. Su ano era muy cerrado y el dildo entraba con dificultad.
— ¡Ay… duele… seño… está muy adentro… me duele mucho…!
Pero Lucía tenía una sensibilidad especial. Cuando el dildo entró completo, el dolor se transformó rápidamente en un placer intenso y profundo. Sus gemidos cambiaron de tono y pronto empezó a respirar agitada, con la boca abierta.
Mónica aumentó un poco el ritmo, sujetándola fuerte.
—Miren cómo disfruta mi nenita tímida… ya no llora… ahora solo gime de placer…
Lucía empezó a soltar gemiditos cada vez más altos y agudos:
— ¡Seño… se siente muy rico… más… por favor… aaaahhh!
Su culito se contraía alrededor del dildo y empujaba hacia atrás. Lucía terminó gritando de placer, con la carita roja y los ojos entrecerrados, completamente entregada.
Tercera escena – Valentina (9 años, la más curiosa)
Valentina ya había sido desvirgada antes, pero Mónica quiso reforzar la lección y la llamó de nuevo.
—Vení otra vez, Valentina… la seño quiere follarte el culito más fuerte ahora que ya no eres virgen.
La puso en cuatro patas y esta vez entró con más decisión. Valentina soltó un gemido fuerte pero de placer desde el primer momento.
— ¡Seño… ahora entra más fácil… se siente lleno y caliente…!
Mónica la sujetó por las caderitas y empezó a penetrarla con embestidas más firmes y profundas. Valentina gemía y empujaba hacia atrás, disfrutando abiertamente.
— ¡Más fuerte, seño… me gusta… se siente muy rico adentro… aaaahhh!
Valentina fue una de las que más rápido y abiertamente disfrutó. Gritaba de placer sin vergüenza, moviendo su culito contra el dildo mientras Mónica la follaba con ritmo constante.
— ¡Seño… me tiemblan las piernitas… se siente como cosquillas pero mucho más fuerte… no pares!
Mónica sonreía satisfecha mientras la penetraba fuerte, sujetándola por las caderitas.
—Miren cómo disfruta mi Valentina… su culito ya aprendió a gustarle la verga de la seño…

Miranda y su cornudito 46- Orgia lesbica en la escuela


Después de que todas las ocho nenas fueron desvirgadas analmente, las orgías en el salón durante los recreos (y a veces después de clases) cambiaron de nivel. Ya no era solo leche, besos y deditos. Ahora la maestra Mónica penetraba analmente a sus alumnitas de forma regular, mientras el resto participaba de otras formas. Todo se volvió un sexo lésbico sucio, desordenado y muy cargado de contraste entre el cuerpo maduro de Mónica y los cuerpitos infantiles.
Escena típica de los días siguientes:
Mónica cerraba la puerta con llave, se quitaba la blusa y la falda, se colocaba el arnés con el dildo de 10 cm y se sentaba en su sillón grande con las piernas abiertas. Sus tetas enormes, venosas y siempre llenas de leche colgaban pesadas, goteando un poco.
—Vengan, mis putitaaas del jardín… hoy la seño va a follar culitos.
Las ocho nenas, todavía con sus uniformes escolares, se acercaban ansiosas. Mónica organizaba el juego sucio:
Dos o tres nenas se prendían de sus tetas al mismo tiempo, mamando con avidez mientras tragaban leche tibia. Sus boquitas chiquitas succionaban los pezones grandes y oscuros, haciendo ruiditos húmedos. La leche les corría por la barbilla y les manchaba las camisas blancas.
Mientras tanto, Mónica elegía a una nenita para follarla analmente. Ese día le tocó a Sofía.
La puso en cuatro patas sobre el escritorio, le subió la pollerita, le bajó la bombachita y sujetó sus caderitas delgadas con fuerza. Sin mucho preámbulo, alineó el dildo y entró de una sola embestida hasta el fondo.
Sofía soltó un grito agudo y largo:
— ¡Aaaahhh, seño… está muy adentro… me llena todo el culito…!
Mónica empezó a follarla con ritmo firme y constante, haciendo que el cuerpito delgado de Sofía se sacudiera sobre el escritorio. El sonido húmedo y obsceno del dildo entrando y saliendo del ano de la nenita llenaba el salón.
Mientras follaba a Sofía, otras nenas seguían mamando de sus tetas. Cati y Lali estaban prendidas de una teta cada una, tragando leche con los ojos entrecerrados. Emma y Luna se besaban con lengua entre ellas al lado, babándose mutuamente mientras miraban cómo la maestra penetraba a su compañera.
Mónica gemía de placer y les hablaba sucio mientras follaba:
—Miren cómo follo el culito de Sofía… tan chiquito y ya sabe recibir verga… mientras ustedes maman leche como putitas golosas… besense más, mis nenitas… métanse la lengua como les enseñé…
Sofía gritaba de placer:
— ¡Seño… más fuerte… me gusta… el culito se siente lleno y caliente… aaaahhh!
Otra escena del mismo día – Rotación sucia
Mónica cambió de nenita. Sacó el dildo del culo de Sofía (que quedó abierto y rosado) y llamó a Valentina.
La puso en cuatro patas sobre una manta en el piso y la penetró analmente mientras dos nenas mamaban de sus tetas y otras tres se besaban y se metían deditos entre ellas.
Valentina gemía con voz aguda:
— ¡Seño… se siente más rico que ayer… métalo más profundo…!
Mónica la follaba con embestidas fuertes, sujetándola por las caderitas, mientras Luna y Emma mamaban de sus tetas con fuerza, tragando leche y dejando que les corriera por el cuello del uniforme.
Al mismo tiempo, Cati y Lali se besaban con lengua de forma sucia y babosa, intercambiando saliva y restos de leche, mientras se metían deditos en el culito mutuamente.
Mónica jadeaba y les decía:
—Qué orgía tan sucia… ocho nenitas uniformadas siendo folladas por su maestra… unas maman leche, otras se besan como putitas, y yo follando culitos vírgenes que ya no son tan vírgenes…
Escena final del día – Todas participando
Hacia el final del recreo largo, Mónica se acostó en el piso boca arriba. Puso a Lucía encima de ella, en posición de vaquera anal, y la hizo bajar despacio hasta que el dildo entró completo en su culito.
Lucía gemía y se movía torpemente arriba y abajo, con su culito apretado tragando el dildo.


Personajes: Veronica 32 años.
Cati, de 9 años, y Lali, de apenas 7 años. Matilda 12 años.

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