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como me calento mi espoos , me coje mi jefe

somos un matrimonio bastante morboso en el sentido de decirnos palabras fuertes o picantes, inventarnos situaciones morbosas, cosa que nos gusta sobremanera a ambos y nos calienta hasta extremos muy altos, siendo luego el sexo en esa situación magnífico. , a mi espoos le encanta el rol de cornudo y a mi me da mucho morbo  Pero cuando fuimos padres  tuvimos que cortar esa afición nuestra pues ella siempre estaba pendiente de nuestras conversaciones (quien tenga un niño pequeño sabe de que hablo, pues aunque estén jugando en otra habitación apenas hablas algo que les llama la atención ya los tienes encima)
Así por este motivo dejamos nuestra afición, lo que unido a que ya no podíamos disfrutar del sexo de la misma forma, primero por lo agotadoras que eran las noches sin dormir al principio y luego por que te despierta cada dos por tres el cansancio hace mella y nuestra vida sexual ya no era la misma. 
Esta situación me tenia bastante frustrada supongo que también a mi marido, lo disimulábamos como podíamos, pero ahí estaba la frustración. Por otro lado mi jefe me hacia bastantes insinuaciones, aunque debo decir que con simpatía y ante mis reiteradas negativas no se molestaba ni intentaba ir mas allá. Bueno voy a los hechos, un día estaba en la oficina trabajando, tenia el msn conectado, en el tengo a mi marido , a algún amigo o amiga y poco más, debo decir que en horarios de trabajo no suelo utilizarlo, pero así mi marido si surge algún imprevisto me lo puede comunicar rápidamente. En ese momento me surgió el mensaje, era el  y en lugar del mensaje tradicional para comunicarme cualquier cosa leo: -¿Cómo está mi perra caliente?
Como ya he dicho hace tiempo nos gustaba mucho este tipo de lenguaje, pero hacia tanto que no lo habíamos utilizado…En mi provocó un efecto  toda esa frustración y deseo aletargado de que les hablaba anteriormente saltó como el tapón del cava, y rápidamente le conteste: -Cachonda perdida, esperando una buena pija 
Bueno eso fue lo más suave, el tono de nuestra conversación subió de forma paralela a mi excitación. En un momento dado me pidió que me desabrochase el pantalón y me masturbase, yo pese a mi calentura le recordé que estaba en la oficina con mi jefe en el otro despacho, mi esposo por toda respuesta me ordenó: -Hazlo.
La orden fue tajante y en mi surtió un efecto , así que obedecí, no sin mirar antes que la puerta del despacho de mi jefe que esta a mis espaldas estaba cerrada. Yo ese día iba vestida con un pantalón vaquero de cintura baja una camisa  y el sujetador y tanga. Me desabroché el pantalón e introduje mi mano, pero al estar sentada la posición no era muy cómoda. mi esposo  me pidió en un momento dado que le hablase al micrófono para así escuchar mis jadeos, este está sujeto encima del monitor, y como no quería hablar a distancia para que no se oyera nada, me levanté y acerqué mi boca al micro, en esta posición estaba de pie ligeramente inclinada sobre la mesa, con la mano izquierda apoyada en la mesa y la derecha introducida en
mi pantalón acariciándome. le decia  lo caliente que estaba y los gemidos que le susurraba en el micro.
No me di cuenta de como, pero de pronto una mano me sujetó la cintura, otra se introdujo en mi pantalón con mi mano y apretó su pelvis contra mi culo aprisionándome contra la mesa, yo di un grito y él me susurro al oído, que no se entere tu marido. Mi marido pensó que el grito formaba parte de mis gemidos, y en mi cabeza se formó un torbellino de pensamientos y sentimientos. Por un lado la soberana excitación en la que estaba, por otro la profunda vergüenza de que mi jefe me hubiese sorprendido haciéndome una paja, además del miedo de que hubiese pasado a la acción en vez de decirme algo, y un miedo aún mayor de que mi marido se enterase de lo que realmente pasaba ahora mismo. No se ¿por que? si por la excitación la vergüenza o el miedo mi decisión fue que mi marido no se enterase, así que permanecí quieta, si acaso elevé bastante el tono de mis gemidos para así ahogar cualquier ruido que pudiese hacer mi jefe, mi marido  seguía igual: -Acaríciate las tetas.
Pero ahora era Juan, mi jefe el que introduciéndome la mano por debajo de mi camisa y subiéndome el sujetador sin desabrocharlo lo hacía. Mi posición ahora era totalmente inclinada en la mesa apoyada con los dos brazos y mi boca literalmente pegada al micrófono jadeando y gimiendo fuertemente  Esto excitaba mucho a los dos y mentiría si dijese que no producía un efecto morboso en mí. Alberto seguía con sus órdenes de cibersexo mientras mi jefe me había subido la camisa hasta el cuello junto con el sujetador, y había bajado mis pantalones junto con la tanga 
Por un momento dejó de acariciarme, con una de sus manos me sujetó el pelo , y con la otra desbrochó y bajó su propio pantalón, enseguida noté como con su pija  buscaba la entrada de mi concha  lo que no le costó mucho, de dos embestidas me la metió por completo lo que yo acompañé con un profundo  gemido  Eso sin duda excitaba aún más a Juan que empezó a entrar y salir de forma violenta, al tiempo que tiraba fuerte de mi pelo hacia él y me estrujaba las tetas sin compasión.
En medio de ese torbellino, se abrió paso en mi mente que esos días eran peligrosos, pues estaba ovulando, y traté de pensar como parar aquello. Si le decía que no se corriese dentro mi marido se enteraría de todo, así que como a mi esposo  le gusta sodomizarme, dije en voz alta por el culo, esperando que mi jefe no desaprovechase la ocasión de sodomizarme, pues se que es algo que les gusta mucho a los hombres. Pero los jadeos de Juan se hacían más profundos y no parecía que fuese a cambiar de orificio, así que sin dejar de gemir y gritar muy alto intenté empujarle con mis manos hacia atrás para sacársela, pero él me dio un fuerte tirón de pelo hacia él lo que arrancó un grito real que ahogó el hondo suspiro que él emitió al enterrarse por completo dentro de mí y empezar a soltar su descarga.
Esa noche hice el amor como loca con mi marido, claro que despue sle conte lo caliente que fue mi jefe y el ma saliente se pone  de lo que pasó. Y hoy les escribo delante de mi nuevo niño, un precioso hijo que tiene 1 año y tres meses.

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