Mi mujer y yo vajamos por las escaleras de "oye chico" nos encaminamos hacia la salida donde nos esperaba Sergio y Mauricio.
Seguimos por la avenida, bajamos por una callesuela y ahí estaba el auto de ambos.
Sergio me para y me dice podes manejar vos? Nosotros vamos atras con tu mujercita.
Arranque vieja luego de poner el gps del celular de Sergio y atrasemoezaba un show.
Mientras manejaba, mi atención se desviaba constantemente hacia los movimientos en el asiento trasero. Sergio y Mauricio estaban sentados a ambos lados de mi esposa, sus manos ya habían empezado a explorar su cuerpo. Sergio, sentándose más cerca, comenzó a besar su cuello, sus labios dejando un rastro húmedo mientras bajaba su pecho. Con una mano, le abrió las piernas, su vestido subiendo para revelar su tanga empapada. Mauricio, no queriendo quedarse atrás, se inclinó hacia adelante y comenzó a besar su boca, su lengua invadiendo mientras Sergio continuaba su camino hacia abajo.

La respiración de mi esposa se aceleró, sus cerrándose mientras disfrutaba de la atención. Sergio, sin perder tiempo, deslizó un dedo bajo su tanga, sintiendo sus jugos. Con facilidad, entró un dedo, luego dos, moviéndose dentro de ella mientras ella gemía, sus caderas moviéndose al ritmo de sus dedos. Mauricio, ahora besando su, desabrochó su blusa, sus manos amasando sus tetas mientras Sergio continuaba su asalto, sus dedos entrando y saliendo, ensanchando su entrada.
Sergio, con los dedos cubiertos de sus jugos, se los llevó a la boca, probando su sabor. Mauricio, ahora besando sus, introdujo su propia mano, sus dedos uniendo a los de Sergio, ambos follándola con sus manos mientras ella jadeaba, sus caderas moviéndose desesperadamente. Yo, mirando por el espejo, podía ver sus rostros, sus ojos llenos de lujuria mientras disfrutaban de su cuerpo.

El viaje se había convertido en un espectáculo de deseo, y yo, el conductor, no podía evitar sentirme excitado, mi polla dura mientras observaba cómo le daban placer a mi esposa.
Al llegar a la cabaña, la atmósfera era pesada con deseo. Sergio, con una sonrisa pícara, comenzó a bailar bachata con mi esposa. La música sensual llenaba aire mientras sus cuerpos se movían al ritmo. Sergio, con una mano en su cintura, la atrajo hacia él, sus caderas chocando mientras la otra mano se deslizaba por su muslo y hacia arriba, levantando su vestido para revelar su tanga. Con un movimiento lento le fue sacando la tanga se la pasó por sus narices le dijo algo al oido y ella se sonrió, luego me la tiró a mi y me dijo, esto si es olor a mujer, va! Que mujer a hembra!!
Olí desesperado su tanga y estaba viscosa y con ese olor que tanto me volvia loco.
Observaba, fascinado y excitado, cómo Sergio y mi esposa continuaban bailando, sus cuerpos pegados mientras él la besaba profundamente, su lengua invadiendo su boca. Las manos de Sergio no podían mantenerse quietas, explorando cada centímetro de su cuerpo mientras ella gemía suavemente, sus líquidos corriendo por sus piernas.

Mauricio, incapaz de resistirse, se unió a ellos. Juntos, la despojaron de su vestido, dejando a mi esposa expuesta y vulnerable ellos tambien se despojaron de sus ropas y ella no evitó relojear para ver lo grande y gruesa que tenía la verga Sergio, le agarraon ambas manos para que ella toque las vergas de mabos y se la llevaron a la pieza. Yo, desde el comedor , podía escuchar sus genidos, sus besos humedos y cada sonido de carne golpeando contra carne.
Me asomé, y lo que vi me dejó sin aliento. Uno de ellos, Sergio, tenía su cabeza enterrada entre sus piernas, su lengua lamiendo y chupando su concha, mientras el otro, Mauricio, besaba a sus tetas, succionando y mordiendo sus pezones. Mi esposa, con los ojos cerrados y la boca abierta, se entregaba por completo a su placer, sus gemidos cada vez más fuertes.

Decidí unirme a ellos, sentándome en un sillón de la habitación. Los observé mientras Sergio se preparaba para ser el primero en poseerla , la abrio de piernas y le clavo si enorme pija rapidamente y empezo a darle un ritmo frenetico, mauricio solo atinaba a pajearse y ver el espectaculo, lo mismo que yo, despues de un rato así le dijo vení sentate vos que quiero que vea tu marido como te la calvas vos toda.
Yo sabía perfectamente que esa era su posicion favorita y que desde el primer día en que la vi fantasee con verla así, ella enloquecida sibia y bajaba por todo el tronco de la verga de Sergio, los liquidos chorreban y hacian un ruido delicioso hasta correr y perderse por los huevos de Sergio, ella solto un gemido y luego Sergio otro, gritando mirá como se acaba tu mujer, que hermosa puta que tenés.
Luego fue el turno de Mauricio se la cogio en cuatro mientras le mandaba uno, dos y hasta tres dedos por la cola, diciendole, ya te voy a ir preparando, una vez listo Mauricio, Sergio volvió a sentarse Mauricio la agarro de los pelos la sentó arriba de el y ella volvio a cabalgarle, mientras mauricio se posicionaba atrás y le inteoducia toda su verga por el culo, mi sueño era realidad , verla a mi mujer gozando de dos vergas de las cuales una era descomunal. Ambos entraban y salían de ella, sus movimientos sincronizados, mientras ella gritaba de placer, su voz un eco en la habitación.

Prinero acabó Sergio cuando mi mujer le acabo a el y le apreto su pija el no aguantó más, quedó un rato quieto y Mauricio le daba fuerte por el orto hasta que en un gemido le solto toda su leche, mi esposa estaba exhausta, tirada en la cama, su cuerpo cubierto de sudor y leche que brotaba a borbotones de sus agujeros, Sergio y Mauricio se unieron a mí, y yo, excitado más allá de lo imaginable, decidí tomar mi turno. La agarré por la concha, aún llena de la leche de ellos, y la penetré fuerza, dándole toda mi leche en cada embestida.

Ella quedó dormida, y nosotros nos fuimos a tomar, dejando atrás una escena que nunca olvidaré. Ellos me miraron, con una sonrisa pícara en sus rostros, y me dijeron: "Espero que entiendas que ahora tu mujer va a ser nuestra puta". El clima era tenso, yo sabía que esto solo era el comienzo de una tercera parte aún más intensa.
Seguimos por la avenida, bajamos por una callesuela y ahí estaba el auto de ambos.
Sergio me para y me dice podes manejar vos? Nosotros vamos atras con tu mujercita.
Arranque vieja luego de poner el gps del celular de Sergio y atrasemoezaba un show.
Mientras manejaba, mi atención se desviaba constantemente hacia los movimientos en el asiento trasero. Sergio y Mauricio estaban sentados a ambos lados de mi esposa, sus manos ya habían empezado a explorar su cuerpo. Sergio, sentándose más cerca, comenzó a besar su cuello, sus labios dejando un rastro húmedo mientras bajaba su pecho. Con una mano, le abrió las piernas, su vestido subiendo para revelar su tanga empapada. Mauricio, no queriendo quedarse atrás, se inclinó hacia adelante y comenzó a besar su boca, su lengua invadiendo mientras Sergio continuaba su camino hacia abajo.

La respiración de mi esposa se aceleró, sus cerrándose mientras disfrutaba de la atención. Sergio, sin perder tiempo, deslizó un dedo bajo su tanga, sintiendo sus jugos. Con facilidad, entró un dedo, luego dos, moviéndose dentro de ella mientras ella gemía, sus caderas moviéndose al ritmo de sus dedos. Mauricio, ahora besando su, desabrochó su blusa, sus manos amasando sus tetas mientras Sergio continuaba su asalto, sus dedos entrando y saliendo, ensanchando su entrada.
Sergio, con los dedos cubiertos de sus jugos, se los llevó a la boca, probando su sabor. Mauricio, ahora besando sus, introdujo su propia mano, sus dedos uniendo a los de Sergio, ambos follándola con sus manos mientras ella jadeaba, sus caderas moviéndose desesperadamente. Yo, mirando por el espejo, podía ver sus rostros, sus ojos llenos de lujuria mientras disfrutaban de su cuerpo.

El viaje se había convertido en un espectáculo de deseo, y yo, el conductor, no podía evitar sentirme excitado, mi polla dura mientras observaba cómo le daban placer a mi esposa.
Al llegar a la cabaña, la atmósfera era pesada con deseo. Sergio, con una sonrisa pícara, comenzó a bailar bachata con mi esposa. La música sensual llenaba aire mientras sus cuerpos se movían al ritmo. Sergio, con una mano en su cintura, la atrajo hacia él, sus caderas chocando mientras la otra mano se deslizaba por su muslo y hacia arriba, levantando su vestido para revelar su tanga. Con un movimiento lento le fue sacando la tanga se la pasó por sus narices le dijo algo al oido y ella se sonrió, luego me la tiró a mi y me dijo, esto si es olor a mujer, va! Que mujer a hembra!!
Olí desesperado su tanga y estaba viscosa y con ese olor que tanto me volvia loco.
Observaba, fascinado y excitado, cómo Sergio y mi esposa continuaban bailando, sus cuerpos pegados mientras él la besaba profundamente, su lengua invadiendo su boca. Las manos de Sergio no podían mantenerse quietas, explorando cada centímetro de su cuerpo mientras ella gemía suavemente, sus líquidos corriendo por sus piernas.

Mauricio, incapaz de resistirse, se unió a ellos. Juntos, la despojaron de su vestido, dejando a mi esposa expuesta y vulnerable ellos tambien se despojaron de sus ropas y ella no evitó relojear para ver lo grande y gruesa que tenía la verga Sergio, le agarraon ambas manos para que ella toque las vergas de mabos y se la llevaron a la pieza. Yo, desde el comedor , podía escuchar sus genidos, sus besos humedos y cada sonido de carne golpeando contra carne.
Me asomé, y lo que vi me dejó sin aliento. Uno de ellos, Sergio, tenía su cabeza enterrada entre sus piernas, su lengua lamiendo y chupando su concha, mientras el otro, Mauricio, besaba a sus tetas, succionando y mordiendo sus pezones. Mi esposa, con los ojos cerrados y la boca abierta, se entregaba por completo a su placer, sus gemidos cada vez más fuertes.

Decidí unirme a ellos, sentándome en un sillón de la habitación. Los observé mientras Sergio se preparaba para ser el primero en poseerla , la abrio de piernas y le clavo si enorme pija rapidamente y empezo a darle un ritmo frenetico, mauricio solo atinaba a pajearse y ver el espectaculo, lo mismo que yo, despues de un rato así le dijo vení sentate vos que quiero que vea tu marido como te la calvas vos toda.
Yo sabía perfectamente que esa era su posicion favorita y que desde el primer día en que la vi fantasee con verla así, ella enloquecida sibia y bajaba por todo el tronco de la verga de Sergio, los liquidos chorreban y hacian un ruido delicioso hasta correr y perderse por los huevos de Sergio, ella solto un gemido y luego Sergio otro, gritando mirá como se acaba tu mujer, que hermosa puta que tenés.
Luego fue el turno de Mauricio se la cogio en cuatro mientras le mandaba uno, dos y hasta tres dedos por la cola, diciendole, ya te voy a ir preparando, una vez listo Mauricio, Sergio volvió a sentarse Mauricio la agarro de los pelos la sentó arriba de el y ella volvio a cabalgarle, mientras mauricio se posicionaba atrás y le inteoducia toda su verga por el culo, mi sueño era realidad , verla a mi mujer gozando de dos vergas de las cuales una era descomunal. Ambos entraban y salían de ella, sus movimientos sincronizados, mientras ella gritaba de placer, su voz un eco en la habitación.

Prinero acabó Sergio cuando mi mujer le acabo a el y le apreto su pija el no aguantó más, quedó un rato quieto y Mauricio le daba fuerte por el orto hasta que en un gemido le solto toda su leche, mi esposa estaba exhausta, tirada en la cama, su cuerpo cubierto de sudor y leche que brotaba a borbotones de sus agujeros, Sergio y Mauricio se unieron a mí, y yo, excitado más allá de lo imaginable, decidí tomar mi turno. La agarré por la concha, aún llena de la leche de ellos, y la penetré fuerza, dándole toda mi leche en cada embestida.

Ella quedó dormida, y nosotros nos fuimos a tomar, dejando atrás una escena que nunca olvidaré. Ellos me miraron, con una sonrisa pícara en sus rostros, y me dijeron: "Espero que entiendas que ahora tu mujer va a ser nuestra puta". El clima era tenso, yo sabía que esto solo era el comienzo de una tercera parte aún más intensa.
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