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El verano de Faaris Bakir – Capítulo 3

Perdida en un mar de lujuria, pasé el verano en una neblina. Estabaagradecida por lo que esa universidad occidental le había enseñado a mi hijo.Sin embargo, con el paso del tiempo, mi gratitud hacia su educación setransformó en resentimiento. Sentí celos de su universidad como si fuera unaamante posesiva. Pronto me dejaría y viajaría lejos para sus estudios. Elverano casi había terminado.
 
"No podés volver a meterla ahí, Faaris." Miré por encima delhombro, tratando de poner una expresión severa. Tal vez ya lo sepas, pero esmuy difícil parecer severa estando desnuda de rodillas con el culo en el aire."Eso está prohibido." Frotó la cabeza de su verga una última vez enmi ano y luego lo bajó hasta mi vagina. Suspiré aliviada. Además de estarprohibido, también estaba bastante segura de que su tamaño destrozaría mi pobreagujero.

El verano de Faaris Bakir – Capítulo 3

"Las mujeres occidentales están encantadas de entregar su culo.Deberías oírlas. Suenan como ángeles extasiados cuando estoy ahí atrás."Faaris me agarró de las caderas y encontró su ritmo.
 
"Sabés... ugh... no... me gusta... oír hablar de... tusmujeres." Los celos me invadieron. Pronto volvería volando con esaspecadoras. Moví mis nalgas, plenamente consciente de que podía ponerlo en unestado febril con solo sacudirlas.
 
"Yo... debería ser suficiente... para vos... uh... uh... uh...hasta que te cases."
 
"Sos... ah... ah... suficiente para mí acá. Pero... tengo...demasiada pasión como para desperdiciarla... mientras estoy fuera."
 
"Te... di ugh... mi útero... Faaris. Ojalá pudierasesperar." Cerré los ojos y dejé que mi primer orgasmo alcanzara su puntomáximo.
 
Nos cogimos sin palabras un rato, aceptando en silencio estar endesacuerdo sobre sus actividades con otras mujeres. Bueno, tal vez no tan ensilencio. Canté como uno de sus ángeles a través de una serie de orgasmos. Élgruñía constantemente detrás de mí.
 

“¿Papá... también tiene tu... útero...?”. Faaris me dio una palmada enel culo. El sonido resonó en la habitación. Siempre que hacía eso, sentía comosi estuviera intentando espolear a una yegua al galope.

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“Sí”, chillé.
 
“Si te lo pidiera... ¿le... negarías... tu concha?”
 
“No... él es... ugh... mi marido”. No podía creer que preguntara algoasí.
 
“¿Te hace sentir... como una brasa humeante... consumida por su llama?”.Faaris siempre tenía esa forma de expresarse.
 
"Solo... vos lo hacés... Faaris." Grité mientras me tirabadel pelo. "Oooooohhhhhhhhh... lo siento... oooooohhhhhhh." Dejé quese descargara profundamente adentro mío, como se había convertido en nuestracostumbre.
 
Faaris se apartó de mí y se disculpó. Pasó las siguientes horas en suhabitación. Cuando su padre regresó, Faaris pasó junto a nosotros en la sala deestar, claramente de camino a la salida.
 
“No vayas detrás de ninguna dama, Faaris”, le gritó Imad.
 
Faaris se detuvo y miró a mi marido. “Ni se me ocurriría avergonzarte,papá”.
 

“Bien”. Imad parecía complacido consigo mismo. ¿Era tan tonto?

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“Por eso siempre soy discreto”, dijo Faaris haciendo una reverencia. “Ysi una flor no se inclina hacia el sol, otra siempre lo hará”. Mi hijo me guiñóun ojo y siguió su camino hacia la puerta principal. Era evidente que estabaenfadado conmigo por negarle ese lugar prohibido. Y tal vez también estabaenfadado porque yo cuestionaba que saliera con mujeres occidentales. Mepreguntaba en qué travesuras se metería con ese fuego en el corazón.
 
“Espera... ¿qué?”. Imad parpadeó confundido.
 
"No es nada, Imad. Sabes lo enigmático que es." Puse mi manoen el muslo de mi esposo. "Con nuestro hijo a punto de irse por la noche,¿quizás podríamos tener un poco de romance?" Me alegré cuando asintió conaprobación. Necesitaba que mi esposo siguiera el ritmo de mi hijo. Si mequedaba embarazada, quería que pensara que era suyo. Y quería pensar lo mismoen mi propia mente. Aunque sospechaba que las cosas de Faaris nadarían más quelas de su padre.
 
Faaris no regresó hasta después de que me quedé dormida. A la mañanasiguiente, durmió hasta tarde. Esto era habitual en él en tiempos normales.Pero desde que nos habíamos unido durante el verano, había estado listo para levantarsetodos los días justo después de que su padre se iba a trabajar.
 
Lo esperé en la cocina, tamborileando con el pie mientras perdía eltiempo con mi teléfono. Eran pasadas las once cuando mi paciencia se agotó.Estaba desperdiciando el tiempo en que podríamos estar juntos. Subí a suhabitación.
 
"Despertate, Faaris." Abrí su puerta sin llamar. Todavíaestaba dormido, acostado desnudo sobre sus sábanas. Incluso mientras soñaba, suverga se mantenía erguida y orgullosa. "Estás desperdiciando tu día. Levantate."Fui y abrí sus cortinas, dejando entrar el brillante sol del mediodía.
 
“¿Mamá?”. Faaris abrió los ojos y me miró. "Estás muy linda hoy.Ahora dejá de molestarme."
 
"Me estás poniendo a prueba. Querés lo que no puedo darte. ¿Porqué tus ojos siempre tienen que mirar más allá del horizonte?" Crucé losbrazos y lo miré con el ceño fruncido, tratando de evitar que mis ojos sedesviaran hacia su verga. "No dejaré que desperdicies estos últimos díaspreciosos que tenemos."
 

“¿No me vas a preguntar sobre mi noche?”. Faaris examinó mi rostrocomo si buscara información. Estaba tratando de ponerme celosa.

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“Ya perdimos la mitad del día”. No llevaba hiyab, así que me pasé losdedos por el pelo. Luego me quité el vestido y me paré frente a él en ropainterior. “No puedo darte lo que pedís, pero ¿quizás haya algo más que todavíano hicimos?”. No estaba segura. Había aprendido mucho sobre sexo de Faaris.
 
"Oh, está bien." Sonrió. "Sí, suena como un buen compromiso."Faaris se sentó en el borde de su cama. "Veamos..." Se frotó elmentón mientras su mirada se fijaba en mis tetas. "¿Qué tal una mamada contetas?"
 
“¿Una... mamada... con tetas?” Ladeé la cabeza hacia él.
 
"Es fácil. Solo tenés que masajear mi verga con tus tetas."Faaris me hizo señas para que me acercara.
 
"De acuerdo." Me quité el corpiño y me senté en el sueloentre sus piernas. "¿Qué hago exactamente?"
 
"Primero mojala." Me miró como un entrenador mira a unanimal antes de que realice trucos.
 
"Bien." Lo agarré y le chupé la verga. Mi hijo me habíaenseñado bien. En un instante lo tenía casi todo enterrado en mi garganta. Sinembargo, no me dejé llevar. Cuando pensé que había babeado lo suficiente, losaqué de mi boca. Miré a mi hijo y esperé mi siguiente instrucción.
 
Faaris se rió. "Excelente. Sí. Ahora agarrá una teta en cadamano. No, no así. Ahí abajo sí... sujetalas. Bien, ahora envolvelas alrededorde mi verga. Bien, bien. Sí, ahora bombea hacia arriba y hacia abajo. No, tenésque bombear las dos tetas al mismo tiempo. Sí... así... eh... sos una experta,mamá."
 

"Me alegro de que te guste." Sonreí mientras bombeaba mispechos alrededor de su erección. Por su expresión, supe que me estabaperdonando por mantener prohibidas las cosas prohibidas. Le hice una mamada aFaaris durante un buen rato. Tuve que volver a mojar su verga varias veces. Secansó de nuestra posición y me tiró sobre la cama. Continué usando mis tetas sobreél mientras estaba acostada boca arriba. Finalmente, eyaculó sobre mí. Cerrélos ojos, dejando que su semen salpicara donde fuera. Mi cara, cuello y pechosestaban cubiertos. Me limpié los ojos y lo empujé de vuelta a su cama.

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“¿Querés más? Sos insaciable... mamá”.
 
"Callate, pequeño diablo. Sé que no tendrás ningún problema envolver a empezar." Me subí encima de él y deslicé su verga hasta el fondo.
 
"Aaaaahhhhhhh." Mis caderas ondularon. Gemí. Me pregunté sisus mujeres occidentales sonaban igual. Cerré los ojos con fuerza y ​​traté deno pensar en ellas. Me concentré en la forma en que presionaba profundamentedentro de mí. Me deleité con mi creciente placer. Era bueno ser perdonada.
 

Lo cabalgué hasta varios orgasmos. Por supuesto, terminó eyaculando profundamentedentro de mí, otra vez. Después, limpiamos y preparé el almuerzo. No habíaterminado de recoger los platos cuando me tenía inclinada sobre la mesada. Cogimos,como un marido y una mujer perdidos hace mucho tiempo, durante el resto de latarde.

El verano de Faaris Bakir – Capítulo 3

La urgencia de nuestro sexo solo aumentó después de eso. Incluso lohicimos una vez cuando Imad estaba en casa. Aunque era tarde por la noche y miesposo duerme profundamente, tuvimos cuidado de mantenerlo lo más silenciosoposible. Faaris, tan considerado como siempre, me metió la bombahca en la bocacuando empecé a gemir. Imad no se enteró de nada.
 
Y entonces, así sin más, llegó el último día de sus vacaciones deverano. En el segundo en que mi esposo salió por la puerta, Faaris se abalanzósobre mí. Lo aparté. Continuó manoseándome, así que me puse seria con él."Esperá, Faaris. Necesitamos hablar."
 
"¿Ah, sí?" Pudo ver que hablaba en serio, así que retrocedióy esperó.
 
Respiré hondo. "Me enseñaste tanto este verano. Llegué a un puntoen la maternidad que no podría haber imaginado hace tan solo unos meses. Dehecho, ninguna madre esperaría encontrar un vínculo así con su hijo. Puede quesea la primera."
 
Faaris se rió entre dientes.
 
"Quiero agradecerte por la forma en que me abriste los ojos y porcompartir tanta alegría conmigo." Alisé mi vestido, dudando. "Como...um..." Se me atascó la voz en la garganta. No sabía si estaba haciendo locorrecto.
 
"Podés decirme lo que quieras, mamá. Sos la criatura más magníficade la creación de Alá. Tenés toda mi confianza."
 
"Como una forma de mostrarte cuánto voy a extrañarte, cuánto tequiero y lo agradecida que estoy, te voy a conceder el pedido que me hiciste aprincipios de esta semana." Tragué saliva con dificultad. Realmenteesperaba que no doliera demasiado.
 
"Oh, qué inesperado." Faaris aplaudió y comenzó adesvestirse.
 
"Entonces... ¿cómo funcionará esto?", dije viendo aparecersu verga rígida.
 
"Primero, tenés que desnudarte." Se acercó a mí y me quitóel vestido. Me quitó el corpiño y me bajó la bombacha. "Segundo, teacostarás boca abajo en tu cama. Yo me encargaré del resto."
 

"¿Tenemos que hacer esto en la cama que comparto con tu papá?"Observé cómo le daba a mi vagina unas cuantas lamidas rápidas. Luego se levantóy me echó al hombro como un saco de cebollas.

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"Oh, debemos hacerlo ahí." Me llevó escaleras arriba. "Sí,debemos hacerlo ahí." Entramos en su habitación y buscó algo de un cajón.Luego me llevó a mi habitación y me dejó caer sobre la cama. Me giré de lado ylo miré fijamente. No iba a negarme. ¿Qué importaba el lugar cuando le estabadando mi culo? Se roció algo de una botellita en el verga. "¿Qué eseso?"
 
"Esto es lubricante. Te hará sentir de maravilla ahí atrás."Faaris se masturbó, frotándolo por todo su miembro erecto. "Te encantará.Te lo prometo."
 
"De acuerdo." Entonces giré y enterré mi cara en lassábanas, tal como me había indicado. "Estoy lista." Todos mismúsculos se tensaron.
 
"Veo que estás preocupada." Faaris se subió a mi espalda yme juntó las piernas. "No tengas miedo. El dolor durará solo unos minutos.Pero el éxtasis... toda la vida." Me separó un poco las nalgas. La cabezahúmeda de su verga presionó la abertura que ahora le estaba dando. Mordí lasábana con anticipación. "No te engañaría, mamá. Ahora... allá vamos."
 
"Aaaaaaaahhhhhhhhhh." Me dolió cuando me empujó. Parecía quemi culo se resistía con éxito por un momento, y luego, con un chasquido, serelajó. Estaba adentro. Me aferré a las sábanas espasmódicamente. "Oh...Faaris... ooohhh, esto fue… una mala idea."
 
"Iré despacio.", dijo, pero hundió su verga más profundo.
 
"Oooooohhhhhhhhh." Mis pies patearon el colchón. Pero no lodetuve. No quería negarle su placer en nuestro último día. Pronto, encontró unritmo suave. Mi culo se adaptó a él. El dolor disminuyó.
 
"Ya está. Veo por los músculos de tu espalda que te estásrelajando." Faaris se inclinó hacia adelante y besó mi hombro con ternura.
 
"Iré un poco más rápido."
 
"Esperá... ugh... es… aaaahhhhhhhh."
 

Una sensación completamente nueva me invadió. Era un placer diferenteal que estaba acostumbrada. Me gustó. Tenía razón. Me gustaba tenerla ahíatrás. Mi cuerpo era gelatina. Los sonidos de piel chocando llenaban mihabitación. Ahora iba tan fuerte que mis caderas se levantaban del colchóndespués de cada embestida.

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"Sos tan... hermosa... mi... flor que siempre da fruto."Faaris devastó mi culo durante un buen rato. Luego nos volteó y me encontrécabalgándolo. Me incliné hacia atrás y golpeé mi propio culo con grandesrebotes.
 

"Es tan... bueno... tan bueno." Mi cabeza se balanceaba deun lado a otro.

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"Ahora... jugá con tu concha... al mismo... eh... eh... eh...tiempo." Faaris me agarró del brazo y guió mi mano hacia mi vagina. Hicelo que me pidió. Un orgasmo monstruoso me recorrió. No hizo falta mucho máscabalgando antes de que llegara su propio clímax. Estaba emocionada cuandoeyaculó dentro de mi culo.
 
Tuvimos sexo dos veces más ese día, pero solo ofrecí mi vagina. Mi culoestaba demasiado dolorido. Luego limpiamos y lo ayudé a empacar. Traté de nollorar mientras llamaba a un taxi.
 
"Si tu papá no vuelve pronto a casa, se perderá la despedida."Miré el reloj. ¿Estaba Imad evitando esta partida a propósito?
 
"Solo me importás vos, mamá." Faaris cerró su maleta y meatrajo hacia sus brazos. Nos besamos apasionadamente durante varios minutos.Luego, me apartó. "¿Por qué no venís a visitarme?" Llevó su maleta ala puerta.
 

“¿Yo? No podría”. Dejé que me besara de nuevo y me acariciara lastetas. Echaría de menos el anhelo en esas manos fuertes.

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Terminó el beso y me miró a los ojos. "Espero que vengas avisitarme. Y no traigas a papá. Solo vos."
 
"De acuerdo." Asentí.
 

"Entonces está decidido." Abrió la puerta. El taxi estabaesperando afuera. "Te veré pronto, mamá." Me dio un último beso en lamejilla, caminó hacia el taxi con su maleta y se subió. Y luego, con un últimosaludo, se fue. Mi verano más mágico había terminado.

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