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Historia real: Paula mi alumna universitaria

Les voy a contar todo tal cual pasó, bien crudo, como a mí me gusta. Soy profesor universitario, treinta y cinco años (historia de abril de este año), y ella era mi alumna: Paula, veintisiete años, una blanca altísima, pelo castaño claro, lacio, que le llegaba a la mitad de la espalda. Flaca, sin tetas, casi plantita, pero tenía un culo que era una locura, redondo, parado, y justo en la parte baja de la espalda, asomando apenas cuando usaba esos jeans de tiro bajo, llevaba un tatuaje tribal que le rodeaba las caderas como invitando a mirar más abajo. En clase se sentaba siempre en la primera fila, cruzaba las piernas despacio, se inclinaba para mostrarme el escote de remeras que no tenían nada que mostrar pero ella lo hacía igual, con una sonrisa pícara. Me miraba fijo cuando explicaba, mordiéndose el labio inferior, y cuando yo devolvía la mirada, ella no bajaba los ojos, me los sostenía, como un desafío. Me volvía loco. Una noche de jueves, tipo once y media, me llega un WhatsApp. Era ella. La foto de perfil: un selfie con un filtro de esos de animalitos, pero se le veía el hombro desnudo. El mensaje decía: "Profe, disculpe que moleste a esta hora, pero no entiendo bien lo del TP integrador, la parte del marco teórico, ¿hay que citar autores específicos o puedo usar los que encontré yo?". Yo estaba en casa, con una birra en la mano, medio al pedo. Le respondí al toque: "Hola Paula, podés usar los que encontraste vos, pero asegurate de que sean relevantes. Igual, si querés, mañana te ayudo en el horario de consulta." Y después, no sé bien por qué, le mandé otro mensaje: "No sabía que las alumnas lindas también se preocupaban por el marco teórico." Me arriesgué, fue de leonino calentón, lo sé. Ella tardó como dos minutos en responder. Vi los tres puntitos aparecer y desaparecer un par de veces. Al final mandó: "Jajaja, se nota que es de Leo. Me encanta ese signo, son re directos." Yo ya estaba prendido fuego. Sin pensarlo dos veces, le escribí: "A mí me encantás vos, Paula." Se hizo un silencio. Pasaron cinco minutos eternos. Ya me quería matar, pensé que la había cagado, que iba a ir a denunciarme o algo. Pero entonces vibró el teléfono. Su mensaje decía: "Profe, usted es un zarpado... pero me gusta. ¿Quiere venir a mi depto? Necesito ayuda con el TP." Y al toque me mandó la ubicación. No lo dudé ni un segundo. Agarré las llaves, me puse lo primero que encontré, un jean y una campera de cuero, y salí disparado. Llegué en quince minutos. Era un edificio viejo de departamentos chicos, en una calle tranquila. Toqué el timbre y me abrió ella. Cuando abrió la puerta, casi me quedo sin aire. Tenía puesta una campera larga, de esas de jean, que le llegaba hasta las rodillas, cerrada hasta arriba. El pelo suelto, la cara recién lavada, sin maquillaje, y una sonrisa nerviosa en la boca. "Pase, profe", dijo, haciéndose a un lado. Entré al departamento. Era chico, un living comedor con una cocina chica al fondo, un sillón de dos cuerpos, una mesa con una computadora prendida. Ella cerró la puerta con llave. Escuché el clic del pestillo y se me paró la piel de gallina. Paula se dio vuelta, me miró fijo, y sin decir una palabra, se empezó a sacar la campera. La desabrochó lenta, botón por botón, con una sonrisa que era una mezcla de timidez y puterío. La campera cayó al suelo. Y ahí estaba ella. Tenía puesto un body negro, de esos de encaje, pero con transparencias en los costados y en los pezones. No tenía tetas, como te dije, pero las puntas se le marcaban duras contra la tela, dos bultitos perfectos. El body le apretaba las caderas y se le metía entre las nalgas, marcándole todo.

Historia real: Paula mi alumna universitaria
El tatuaje tribal le asomaba justo arriba del elástico, como un marco para ese culo que era una obra de arte. No pude ni hablar. Me le acerqué, le agarré la cara con las dos manos y la besé. Fue un beso húmedo, con lengua, de esos que no tienen vuelta atrás. Ella se apretó contra mí, me agarró de la nuca, y me mordió el labio inferior suavemente. Sentí su cuerpo flaco contra el mío, sus costillas marcadas, sus caderas huesudas. Bajé las manos y le agarré el culo con las dos palmas. Era duro, redondo, llenaba mis manos perfectamente. Ella gimió contra mi boca. La llevé hasta el sillón, la empujé suavemente para que se siente. Me arrodillé frente a ella. Ella abrió las piernas, y vi que el body tenía una abertura en la entrepierna, con broches. Los fui abriendo uno por uno, despacio, viendo cómo se iba abriendo el camino hacia su concha. Cuando terminé, el body le quedó abierto, mostrando todo. No tenía nada de vello. Estaba completamente afeitada, lisa, suave. Los labios de su concha eran gorditos, rosados, y ya estaban brillando de lo mojada que estaba. Se le veía el clítoris asomando, chiquito, duro. Me acerqué y le pasé la lengua despacio, de abajo para arriba, sintiendo su sabor salado, caliente. Ella se dejó caer contra el respaldo del sillón, abrió más las piernas, y se agarró el pelo con las dos manos. —Ay, profe... —susurró, con la voz temblorosa. Le metí la lengua adentro, bien profundo, y ella apretó las piernas contra mi cabeza. Le chupé el clítoris con ganas, pasando la lengua alrededor, en círculos, mientras metía un dedo adentro de ella. Estaba apretada, caliente, y se mojaba cada vez más. Gemía fuerte, sin vergüenza, moviendo las caderas contra mi cara. Sentí que se ponía tensa, que empezaba a temblar, y apretó mi cabeza contra ella mientras se venía, largando un chorro de líquido caliente que me mojó toda la barbilla. Me paré, me saqué el jean y el boxer de un tirón. Tenía la pija dura, parada, con la punta roja y brillante de precum. Ella la miró, se lamió los labios, y se arrodilló frente a mí. Me la agarró con la mano, despacio, y se la llevó a la boca. Me chupó la punta, haciendo círculos con la lengua, y después se la metió toda hasta el fondo, sin arcadas. Me la chupó como una profesional, mirándome fijo, con los ojos llorosos. Le agarré la cabeza y empecé a cogerle la boca, moviéndome al ritmo de sus succiones.
La pare, le di un beso para sentirme mi gusto a verga en su boca, le escupí adentro de la boca y le pegue una cachetada fuerte en la cara. Le gustó y me dijo trátame como tu hermanes forro, la agarré del pelo y le mordí fuerte el pecho.
la arrodillé y le dije:
-Gatea hasta mi pija y pedime por favor que te coja.
camino en 4 y me la chupo sin manos, se la saco de la boca y con voz bien de trola me dijo:
-Me la das profe? Porfis y se golpeó la cara con mi chota.
La levante y la empecé a coger parado, La tiré en la cama y me tiré encima, fuerte, luego patitas al hombro. 5 minutos a todo ritmo . Sentí el hormigueo en los huevos . La saqué y la puse en la boca, empezó a chupar como loca. Vibre de placer, me retorcí como un forro sorete hdp
—Dame la leche, profe —dijo, sacándosela de la boca por un segundo, y después se la volvió a meter. No aguanté mucho. Sentí que me venía, y le disparé todo en la boca, un chorro espeso y caliente que ella tragó sin perder una gota.
Cuando terminé, se limpió la comisura con el dedo y se lo chupó. Me miró, sonriendo con picardía. Yo le sonreí también, y le dije: —Bueno, Paula, como desaprobaste el escrito, tenés que aprobar el oral. Así que preparate, porque esta noche vamos a tener examen hasta que te saques un diez. Ella se rio, se paró, y me llevó de la mano hasta su dormitorio. Esa noche no dormimos nada. Pero esa parte te la cuento después, si querés.

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