Estabas tranquilo en casa de tu primo, sentado en la sala esperando a que saliera del baño. De pronto escuchaste pasos y levantaste la vista…
Tu tía apareció de la nada, completamente en pelotas.
Se quedó parada frente a ti, con esas tetotas enormes y pesadas colgándole, los pezones oscuros y grandes. Tenía las manos en la cintura, como si nada, riéndose de algo que le había dicho tu primo por el pasillo.
Tú te quedaste congelado.
No sabías dónde meter los ojos. Intentaste mirar hacia otro lado, pero era imposible. Esas tetas se movían un poco cada vez que ella se reía, y se te empezó a poner dura sin querer. Tragaste saliva y bajaste la mirada un segundo, pero volviste a subirla otra vez, como si no pudieras controlarlo.
Ella se dio cuenta.
Te miró, todavía sonriendo, y te dijo con tono de burla:
—¿Qué pasa, sobrino? ¿Nunca habías visto tetas o qué?
Tú te pusiste rojo y balbuceaste:
—N-no… es que… no me esperaba…
Ella se rio más fuerte y se acomodó un poco el cabello, haciendo que se le movieran todavía más.
—Ay, por favor. Si aquí todos andamos en confianza. ¿O te están poniendo nervioso?
Tú no contestaste. Solo seguías mirándolas de reojo, sintiendo cómo se te paraba más y más dentro del pantalón.
Ella dio un paso más cerca, todavía desnuda de la cintura para arriba, y te habló más bajito:
—¿Quieres tocarlas o solo te vas a quedar viéndolas como idiota?
Tu tía apareció de la nada, completamente en pelotas.
Se quedó parada frente a ti, con esas tetotas enormes y pesadas colgándole, los pezones oscuros y grandes. Tenía las manos en la cintura, como si nada, riéndose de algo que le había dicho tu primo por el pasillo.
Tú te quedaste congelado.
No sabías dónde meter los ojos. Intentaste mirar hacia otro lado, pero era imposible. Esas tetas se movían un poco cada vez que ella se reía, y se te empezó a poner dura sin querer. Tragaste saliva y bajaste la mirada un segundo, pero volviste a subirla otra vez, como si no pudieras controlarlo.
Ella se dio cuenta.
Te miró, todavía sonriendo, y te dijo con tono de burla:
—¿Qué pasa, sobrino? ¿Nunca habías visto tetas o qué?
Tú te pusiste rojo y balbuceaste:
—N-no… es que… no me esperaba…
Ella se rio más fuerte y se acomodó un poco el cabello, haciendo que se le movieran todavía más.
—Ay, por favor. Si aquí todos andamos en confianza. ¿O te están poniendo nervioso?
Tú no contestaste. Solo seguías mirándolas de reojo, sintiendo cómo se te paraba más y más dentro del pantalón.
Ella dio un paso más cerca, todavía desnuda de la cintura para arriba, y te habló más bajito:
—¿Quieres tocarlas o solo te vas a quedar viéndolas como idiota?
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