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A la dentista y su asistente.

Necesitaba hacerme un chequeo de los dientes. Hacía más de un año que no iba al dentista y, si bien no tenía dolores ni molestias, quería ir a hacerme un control. Mucha gente odia a los dentistas porque sufre en cada consulta. Yo opté por ir cada año para que, en caso de tener caries, me las pudieran arreglar con casi nada de dolor. Creía que era hora de ir nuevamente.

Llamé al Dr. González, mi dentista de toda la vida, pero la voz de una señora atendió el teléfono:

—Buenos días… llamaba para pedir un turno…

—No, señor, está equivocado…

—Perdón, señora… ¿este es el 4951-xxxx?

—Sí, este es el número, pero no es ningún consultorio.

Quedé sorprendido, porque es el mismo número que tenía en la agenda… el que siempre usé para ir a lo del Dr. González, pero no fue así. Llamé a la obra social para averiguar el número, pero allí me informaron que el Dr. González se había ido del país para vivir en Chile…

Ahora sí que estaba jodido… ¿A quién llamo? ¿A dónde voy? La chica de la obra social me recomendó una y, como no conocía a otro dentista, acepté su sugerencia: doctora Sabrina López. Llamé por teléfono y pedí un turno para la última hora del jueves, así salía urgente del trabajo y me iba directo a la dentista.

El jueves tuve algunos problemas en el trabajo y llegué un poco más tarde al consultorio. Toqué el timbre, me dejaron pasar y pude ver el consultorio vacío. Claro, ¿quién iba a estar a las casi ocho de la noche? Entonces apareció una morocha espectacular. Calculé unos 22 años, pelo largo, excelente figura. Tenía unos pechos enormes y hermosos y un culo realmente envidiable. Tenía puesto un pantalón de jean ajustado y una blusa blanca que dejaba ver los detalles de su fino corpiño…

—¿Sr. Alejandro?

—Sí, perdón por la demora, pero tuve problemas para venir…

—No se haga problemas. Estábamos con la doctora preparándonos para irnos, pero creo que puede atenderlo.

Pude ver su camisa celeste de trabajo colgada en el perchero… y, señalándola, le digo:

—Sí… veo que ya te estabas yendo.

—Sí… la verdad que sí… pero no se preocupe que por usted me voy a quedar.

Bajó la vista con una sonrisa, fue hasta el perchero, tomó su camisa de trabajo y se sentó en el escritorio.

—¿Primera vez?

—Sí, primera vez…

Mientras ella anotaba mis datos, no podía dejar de ver su hermoso rostro y cómo su pelo rozaba su carita de ángel a medida que escribía la ficha técnica…

De repente se abrió la puerta del consultorio y una hermosísima mujer salió de él…

—¿Se te hizo un poco tarde?

—Sí, un poco…

—Pasá que te atiendo.

Por un momento dejé de ver a la recepcionista para enfocar mi vista en la doctora. Tal vez unos 25 o 26 años, pelo castaño claro y muy largo y lacio, hermosa cara, ojos marrones claros. No pude ver bien su cuerpo por el uniforme que llevaba (camisa y pantalón verde claro de trabajo), pero podía ver que tenía un culo monumental y unas tetitas muy apetitosas…

Me levanté y caminé hacia el consultorio. Sentí cómo la recepcionista me clavaba la mirada en la nuca y no pude resistir mirar hacia atrás y verla nuevamente. Ella estaba sentada en su escritorio, con lápiz y papel en mano, pero mirándome paralizada. Por un segundo nuestras miradas se cruzaron hasta que ella desvió la mirada para seguir con su trabajo. Debo reconocer que esa situación me calentó un poco, porque mis huevos iban a mil por hora sabiendo que esa terrible perra podría ser mía.

Entré al consultorio. Allí había un consultorio bastante bonito para ser el de un dentista: limpio, ordenado, buen aroma, cuadros colgados… se notaba que lo había decorado una mujer… Pero lo que más me atraía era la terrible yegua que era la dentista. Mientras preparaba sus cosas, no podía dejar de mirar su hermoso culo…

—Muy bonito…

—¿Qué cosa?

—…el decorado…

¿Cómo decirle que lo “bonito” en realidad era la terrible doctora que estaba a punto de atenderme y el espectacular culo que tenía?

—Vení, sentate y ponete cómodo.

Me senté en el sillón y traté de ponerme cómodo y relajado. Mientras la doctora preparaba sus instrumentos, entró la recepcionista… Tenía mi ficha técnica en la mano y una birome. Entendí entonces que la recepcionista era en realidad asistente.

—Laura, ponéle el babero al señor…

Luego de las palabras de la doctora, Laura (la recepcionista o asistente) trajo el baberito y se inclinó levemente para ponérmelo. La muy puta hizo un movimiento muy lento y sexy, rozando sus hermosas tetas por mi brazo. Mientras hacía esto, separó levemente los labios para volver a cerrarlos y, con una mirada muy profunda, me dijo:

—¿Está bien así, señor?

Yo estaba muy, pero muy caliente, pero no quise quedarme atrás…

—¿No tenés uno más grande? Porque este tal vez me quede chico…

Laura sonrió un poco. Yo estaba muy caliente por la situación porque veía que Laura estaba calentita conmigo. Me lo hacía saber en cada mirada y cada gesto. A todo esto, la doctora estaba limpiando o acomodando sus herramientas de trabajo, por lo que no se había percatado de nuestro “franeleo”. Laura se acercaba a donde estaba yo, hacía como que hablaba con la doctora y apoyaba su culo hermoso en mi mano. No pude aguantar y, muy disimuladamente, moví la mano para acariciar su hermoso culo en forma lenta. Vi que la doctora iba a darse vuelta, por lo que retiré la mano del culo de Laura.

—Hola, ya estamos listos para empezar.

Yo estaba tan excitado que no pude controlar mi pija, que estaba a punto de estallar. Estaba acostado con pantalón de traje y, de forma indisimulable, se veía debajo mi terrible erección. La doctora inmediatamente se dio cuenta.

—¡Epa! Me parece que estamos un poco “contentos”…

Yo no sabía qué decir de la vergüenza… no sabía qué decir…

—Disculpame, pero es que creo que me quedé un poco dormido acá del cansancio… y… y me parece que tuve un pequeño sueñito erótico con mi mujer…

¿Quién se iba a creer esa estupidez? Lo que pasa es que algo tenía que decir…

—Así que un sueño erótico con tu mujer, ¿eh?

Las dos sonrieron, sabiendo que había mentido “piadosamente”.

—¿Por qué estás viniendo?

—Para hacerme un control.

—Mirá que yo te puedo hacer el control, pero de los dientes… ¡Deberías hacerte el control también con un urólogo!

Los tres nos reímos y nos distendimos un poco. Creo que luego de ese comentario mi pija volvió a caer.

—Mirá vos, parece que no hace falta que vayas al urólogo… Vas a tener que ir a un sexólogo, porque si te dura tan poco, tu señora va a pedirte el divorcio.

Tenía ganas de responderle a la doctora, pero no quise pasar por pajero… aunque mi respuesta hubiese sido: “¿Así que no dura mucho?… Ponete en cuatro, putita, y vas a ver cómo dura…”.

La doctora me revisó la dentadura y tenía una pequeña caries. Yo no podía dejar de pensar en Laura y en la doctora, que me calentaban demasiado…

—Tenés una pequeña caries en el premolar superior izquierdo… No pensarás que te lo voy a arreglar ahora, ¿no?

—Bueno, como quieras…

—Es una pavada, pero realmente estoy cansada y, si no te molesta, te voy a pedir que vayas con Laura y le pidas un turno para dentro de dos días. ¿Te parece?

No podía discutir mucho, ya que yo era el que estaba en falta y había llegado tarde a la cita…

Me levanté del sillón, siempre sin perder de vista a la doctora, y fui directamente donde estaba Laura.

—La doctora me pidió que te pidiese un turno para dentro de dos días.

—Mmmmm, a ver… Miércoles a las 18:30 horas, ¿está bien?

—Sí, está bien… Esta vez prometo estar a tiempo.

Laura sonrió y tomó un papelito, de esos donde los dentistas anotan el día y la hora de los turnos. Empezó a escribir los datos. Yo no podía dejar de ver sus hermosas tetas y su hermoso pelo rozando su carita… Laura terminó de escribir los datos en el papel, lo dio vuelta, escribió algo adicional y me lo dio. Tomé el papel y justo salió del consultorio la doctora, que ya estaba cambiada y lista para irse a su casa.

—No te olvides de llegar a tiempo esta vez, ¿eh? —me dijo Laura mientras me daba el papel.

—No, no… prometo llegar a tiempo esta vez.

La doctora sonrió…

—¿Tenés para mucho, Laura? —le preguntó.

—En 15 minutitos me voy, Sabrina. Si querés andá yendo, que yo cierro todo.

—OK. Vamos, Alejandro, que te abro y salimos juntos.

—Bueno…

Saludé a Laura, que se sonrió muy pícaramente, y tomé el ascensor con la doctora. Estaba ansioso por ver lo que Laura había escrito en el reverso del papel, pero debo admitir que estar en el ascensor con esa terrible perra me hacía ilusionarme y pensar cosas disparatadas, como parar el ascensor y cogérmela allí… Llegamos a la planta baja y cada uno tomó su rumbo.

—Chau, Alejandro, nos vemos el miércoles, ¿sí?

—Sí, gracias por todo y perdón por la demora de hoy…

La verdad es que estaba muy intrigado por ver lo que había escrito Laura. Tomé el papel que había guardado en el bolsillo, vi la cita anotada en un lado y, al dar vuelta el papel, se leía: “Volvé dentro de 15 minutos que te espero. L.”.

¡Yo no lo podía creer! En realidad esperaba, como mucho, su número de teléfono, pero la muy puta estaba preparando el terreno para quedarnos solos en el consultorio.

Volví rápido y toqué el timbre.

—Consultorio.

—Soy Alejandro.

—¡Pasá, bombón!

Subí por el ascensor y toqué el timbre del departamento. La puerta se abrió y la pude ver… ¡Laura estaba espectacular! Solamente tenía su camisa celeste de trabajo con tres botones desabrochados que dejaban ver sus hermosas tetas, sostenidas por un corpiño muy chiquito negro… No tenía puestos los pantalones y, como su camisa no era muy larga, se podía ver una tanguita muy chiquitita negra que se asomaba por debajo. Hermosas piernas que se estilizaban aún más con los zapatos de taco que tenía puestos… La pija estaba a punto de estallar…

—¿Sr. Alejandro? Pase al consultorio que enseguida lo voy a atender…

Dijo esas palabras, se sonrió y me hizo pasar. Me tomó de la mano y me llevó hasta el consultorio, donde me hizo sentar en el sillón… Mi erección era indisimulable. Laura puso su mano sobre mi pija parada, que todavía estaba oculta debajo de los pantalones. Tomó la pija y empezó a masajearla lenta pero firmemente. Mientras hacía este movimiento, me miraba y se relamía los labios, sabiendo que dentro de muy poco iba a saborear mi pija. De repente dejó de masajearme la pija para bajarme el cierre del pantalón. Yo la ayudé desabrochándome el botón y el cinturón que sujetaban el pantalón. Aún así, Laura metió la mano y agarró mi pija. Como estaba extremadamente parada, le costó sacarla del pantalón, pero finalmente lo logró.

La imagen era muy excitante. Laura al fin había logrado sacar mi pija, que estaba “enredada” dentro del pantalón. La tenía con firmeza, la contempló un segundo, sonrió de felicidad, apenas levantó la mirada para ver mi cara de excitación, bajó la mirada nuevamente para contemplar mi pija… y esa pija desapareció dentro de la boca de Laura. Con mucha calentura, experiencia y ganas, Laura me estaba chupando la pija de una forma infernal. Yo estaba acostado en el sillón y Laura a un costado chupándomela. El movimiento de su cabeza de arriba hacia abajo hacía que su hermoso pelo se moviese en el mismo sentido y rozara su cara para caer y acariciar mi pubis. Su camisa entreabierta dejaba ver sus hermosos pechos, todavía protegidos por el corpiño. No pude resistirme y estiré el brazo para tocar esas hermosas y enormes tetas. Laura no paraba de chuparme espectacularmente la pija y mi mano derecha se “coló” por arriba de su camisa para tocar sus pechos. Primero manoseé lentamente el derecho, luego el izquierdo, para volver al derecho y meter la mano por debajo del corpiño y poder tocar libremente sus tetas.

Corrí su corpiño para ver sus pezones, que estaban parados de excitación. Verdaderamente las veía muy apetitosas y me moría de ganas de comérmelas, pero a la vez no quería que Laura dejase de chuparme la pija, que lo estaba haciendo muy bien.

De repente Laura sacó mi pija de su boca, siguió pajeándome el pene para mantener el placer que estaba teniendo y, mientras hacía esto, me miró a los ojos con cara de lujuria. Sus labios aún estaban húmedos por su propia saliva y respiraba rápidamente y con fuertes jadeos. Creo que es el propio jadeo de la desesperación de chuparme la pija y no poder respirar bien al tener ese terrible pedazo de carne en su boca…

De a poco su respiración se fue regulando y, mientras me seguía pajeando, su mirada me comía más y más…

—Papito, quiero que me recojas con esta pija deliciosa que tenés.

Al decir esto se subió al sillón donde estaba sentado, abrió las piernas delante de mi pija parada y acercó su hermoso rostro a mi cara. Tomó con los brazos mi cabeza y sus labios buscaron apasionadamente los míos. Nuestras lenguas juguetearon primero dentro de mi boca y después en la de ella. Esta situación me excitó muchísimo porque estaba besando a una yegua terrible, sus enormes tetas se apoyaban en mi pecho y su conchita calentita (aún con la bombachita puesta) rozaba y se movía arriba de mi pija erecta y desnuda. Laura sintió mi pija dura apoyando su conchita y empezó a moverse y excitarse con ese movimiento. Siguió así por un tiempo hasta que separó su boca de la mía, jadeando desesperada, y dejó de hamacarse arriba de mi pija.

—Metémela que no aguanto más…

¿Cómo iba a negarme a semejante propuesta? Con la mano izquierda le corrí la bombachita a un costado y con la derecha tomé mi pija y la penetré. Un alarido de placer se escuchó en la habitación. Mi pija sintió el calor y la humedad de Laura, que se volvió loca con la sensación que estaba sintiendo. Laura se incorporó un poco, apoyando las manos al costado del sillón y extendiendo los brazos. Haciendo esto lograba una mejor penetración y mejoraba mi placer. Sus tetas ahora estaban enfrente de mis ojos. Laura se movía muy bien con mi pija dentro de ella. Sus tetas se movían rítmicamente delante de mí y no pude resistir tocarlas con las manos. Tomaba sus tetas y, con los pulgares, empecé a pajearle los pezones. Para tener mejor lubricación, llevé un pulgar a la boca de Laura, que lo chupó con gusto, y luego el otro, para después llevar su humedad a los pezones y seguir toqueteándolos. Esto pareció excitar mucho a Laura y empezó a moverse más fuerte sobre mi pija.

Me di cuenta de que delante del sillón había un espejo. Me calenté mucho al ver el reflejo de esa situación y pude ver el culo perfecto de Laura y mi pija entrando y saliendo de ella.

De repente vi a la doctora asomándose por la puerta del consultorio. Me paralicé completamente. Dejé de tocar a Laura y dejé de moverme al ritmo de ella. Laura se dio cuenta de que algo malo pasaba porque dejé de jugar con ella y vio mi cara de pánico. Se dio vuelta y también vio a la doctora, que estaba parada y asombrada mirando.

—Yo… yo… te puedo explicar, Sabrina…

—No, ¿qué vas a explicar? ¡Está todo muy clarito!

—Te pido que me perdones, realmente es la primera vez que hago algo así en el consultorio, por favor perdoname… no sé qué decir…

—Yo sí sé qué decir, putita…

Hubo un silencio sepulcral… Laura se incorporó, bajó la cabeza y, con mucha vergüenza, estaba esperando las palabras de la doctora…

—¡Sos una putita! ¡Eso es lo que sos! Lo viste al cliente, te calentaste y por eso te lo estás cogiendo, ¿no?

—Sabri… perdoname…

Una lágrima asomó por la mejilla de Laura… Sabrina se acercó y secó la lágrima con un dedo…

—Lo que no te dije es que ya me imaginaba que eras así y es lo que más me gusta de vos.

Laura, sorprendida, levantó la mirada y la miró a los ojos…

Sabrina prosiguió:

—Me calienta mucho la idea de que te estés cogiendo a él en el consultorio y me calienta mucho más la idea de que me invites a esta fiesta…

Sin decir nada más, Sabri besó apasionadamente a Laura, que al principio se sintió sorprendida, pero después aceptó cálidamente los besos de Sabrina. Las dos siguieron besándose apasionadamente y empezaron a manosearse entre ellas. Yo estaba atónito, pero a la vez me calentaba mucho ver a esas dos perras transando y manoseándose como lo estaban haciendo. De repente Sabrina dejó de besar a Laura y me miró a los ojos.

—No te preocupes que vos también sos parte de la fiesta, papito.

Dejó por un momento a Laura y se me acercó. Miró mi pija, que estaba muy parada…

—Mmmm… Si Laura se la comió todita debe ser que está rica… Como no estoy segura, voy a tener que probarla.

Al decir esto tomó mi pija entre las manos y empezó a chupármela muy suavemente. Un estilo distinto al de Laura, pero realmente muy, pero muy bueno. Creí que mi pija no podía estar más dura, pero me equivoqué. Sintiendo las chupadas de Sabri, mi pija se endureció más y más.

—¡Mmmm, qué rica que está!

—¿Te gusta, perrita?

—¡Mucho! Me encanta el sabor que tiene. Ahora me surge una duda…

—¿Qué duda?

—Me encanta el sabor, pero no estoy segura si es el sabor de tu pija o el sabor de la conchita de Laura… ¡Me parece que voy a tener que averiguarlo!

Al decir esto dejó mi pija y se acercó nuevamente a Laura. La besó apasionadamente otra vez, mientras con las manos le bajó la bombachita, que estaba empapada de sus jugos. La tomó de los brazos y la sentó en una mesada. Laura estaba ahora sentada en la mesada con las piernas abiertas, mostrando su hermosa conchita. Las manos estaban apoyadas detrás del cuerpo, arqueando el torso hacia atrás y dejando ver sus hermosas y enormes tetas. Sabrina se paró delante de ella e inclinó el cuerpo hasta llegar a la conchita de Laura, que empezó a lamer muy suavemente. Laura gritaba de placer y retorcía el cuerpo hacia atrás mientras con una mano se manoseaba una de sus tetas. Sabri siguió chupándole la conchita a Laura con mucha, pero mucha dedicación. No pude evitar participar de esa escena espectacular, por lo que me bajé del sillón y me arrodillé delante de Sabri. Le desabotoné el pantalón y bajé el cierre. Empecé a bajarle el pantalón y la pequeña bombachita que tenía puesta, a lo que Sabri ayudó con movimientos y con ayuda de las manos, pero no dejaba de chupar los labios sexuales de Laura. Le saqué el pantalón y la bombachita y pude ver una hermosísima conchita depiladita y muy prolijita. Estaba muy, pero muy húmeda de la calentura que tenía. No pude aguantar mucho hasta que empecé a lamerle el clítoris con la punta de la lengua.

Sabri gimió un poco, pero no quería dejar de chupar a Laura. Seguí acariciando el clítoris de Sabrina con la punta de la lengua hasta que decidí utilizar toda la lengua en su clítoris, chupándola con todas mis ganas y dedicación. Estaba tan rica que cada vez me la comía más y más apasionadamente, mientras Sabri seguía gimiendo más y más y continuaba su tarea con Laura.

La imagen era increíble. Laura estaba arriba de la mesada, apoyándose con una mano y con la otra tocándose un pezón, y a la vez con las piernas abiertas recibiendo la lengua de Sabrina, que no paraba de trabajar; y debajo de ella estaba yo comiéndome la sabrosa conchita de Sabri. Creo que seguimos en esta posición por varios minutos.

Laura quiso incorporarse, pero Sabri la llevó hacia el sillón. Laura quedó acostada en el sillón y Sabri se subió arriba de ella y empezó a chuparle las hermosas tetas. Laura quedó fascinada con las chupadas de Sabri, que se las chupaba con muchas ganas.

—¿Sabés hace cuánto tiempo que tenía ganas de chapártelas? Ahora me voy a empachar y te las voy a comer.

Dijo esto y siguió con su tarea. Yo me dirigí hacia el sillón y me puse detrás de Sabri, que estaba en cuatro chupándole los pechos. ¡Qué culo espectacular! El culo de Sabri era perfecto y no pude tentarme en acercarme y manosearlo. Sabri estaba muy receptiva y aceptaba cálidamente mi manoseo. Fui cada vez más abajo, le abrí los cachetes del culo y pude ver su hermosa conchita, que todavía estaba húmeda de sus jugos y de mi saliva. No pude resistirme y metí nuevamente la lengüita a juguetear con su clítoris. Ahora Laura estaba acostada en el sillón y acariciaba el pelo de Sabri. Sabri arriba de ella, en cuatro, chupándole las tetas, y yo acostado boca arriba chupándole la conchita a Sabri. Laura quiso tomar la iniciativa…

—Sabri, ahora te las quiero chupar yo. ¡Quiero ver cómo son tus tetas!

Al decir esto, Sabri dejó de chupar, se sacó la blusa que todavía tenía, luego se sacó el corpiño y mostró unas hermosas tetas. No eran tan grandes y pulposas como las de Laura, pero realmente eran unas tetas de tamaño mediano, bien paradas y con unos pezones rosaditos que se veían muy apetitosos…

—Sabri, son hermosas… ¡ahora te las voy a comer yo!

Al decir esto, Sabri se subió un poco para que Laura, que todavía estaba acostada en el sillón, pudiese alcanzar las hermosas tetas de Sabri. Laura tomó las tetas, las contempló un segundo y las empezó a chupar. Sabri gemía como una perra en celo del placer que Laura le estaba dando con su lengua. En ese entonces yo estaba nuevamente incorporado porque no podía seguir chupándole la conchita a Sabri. Como ella se corrió un poco para arriba, ahora podía ver la conchita de Laura, que estaba expuesta a que yo la atacara. Todavía estaba húmeda de la lubricación que tuvo cuando la penetré y de la terrible chupada de Sabri. Dificultosamente me subí al sillón, abrí las piernas de Laura; Sabri se corrió un poco más adelante, sabiendo que estaba a punto de penetrar a Laura, y con mi pija a punto de estallar, penetré a Laura nuevamente.

La imagen era espectacular. Laura acostada con Sabrina encima, le chupaba las tetas y yo me movía como un animal dentro de Laura, teniendo a Sabri delante de mí. La penetraba profunda y violentamente. Tanto así que Laura no pudo tener más las tetas de Sabri en la boca porque no podía jadear bien. Soltó las tetas de Sabri y empezó a gemir y gritar de los pijazos que le estaba dando, hasta que dio un grito furibundo que anunció el primer polvo de Laura. Sabri quería volver a participar, así que me corrió suavemente hacia atrás con el culo y yo saqué mi pija de la conchita de Laura. Sabri seguía en cuatro, se corrió hacia abajo para volver a chuparle las tetas a Laura, que todavía estaba explotando. Laura empezó a gemir nuevamente con las chupadas de Sabri. ¡Esta era mi oportunidad! Sabri estaba en cuatro chupándole las tetas a Laura y me mostraba ese hermoso culo que tenía. Me acerqué por detrás y, con mi pija durísima, la penetré desde atrás. Puse la cabecita dentro de la conchita de Sabri y me di cuenta enseguida de que ella estaba muy, pero muy estrecha, lo que me hizo calentar mucho más. Sabri dejó de chuparle las tetas a Laura del placer que estaba sintiendo en ese momento. Empujé lentamente mi pija dentro de ella. Cada centímetro que entraba sentía que desgarraba esa conchita hermosa, deliciosa y estrechita cada vez más y más, a la vez que Sabri gritaba de placer centímetro a centímetro hasta que entró toda.

—¡Perrita, estás muy estrechita!

—Sí, papito, hace más de dos meses que nadie me coge y se me achicó la conchita. ¡Rompémela toda!

Esas palabras me calentaron mucho y empecé a cabalgar dentro de Sabrina fuerte y firme, y sentí lentamente cómo su conchita se iba amoldando a mi pija. Pude sentir cómo se fue humedeciendo más y más y su calorcito interno casi quemaba mi pene. Muy rápidamente pude sentir su primer polvo, pero no dejé de moverme dentro de ella. Estaba gritando con cada estocada mía…

—¡Papito, sos un potro! ¡Ya me acabé y todavía tenés la pija durísima!

Seguí moviéndome con mucha fuerza y firmeza. Mi pija entraba y salía, entraba y salía al compás de los gritos de Sabri. Mientras tanto, Laura estaba debajo de Sabri acariciándole las tetas. Seguí a un buen ritmo por varios minutos hasta que mi pija estaba a punto de estallar. Sabri sintió que mi pija se ensanchaba un poco porque se estaba preparando para acabar y esa sensación le provocó su segundo e infernal polvo, que lo gritó casi hasta quedarse afónica. Seguí moviéndome cada vez más fuerte hasta que sentí que me acababa y es ahí donde saqué mi pija; en un segundo tomé a Laura, que estaba en una posición bastante pasiva acariciando a Sabri. La tomé de ambos muslos, la atraje hasta donde estaba yo (un poco más abajo) y la penetré con fuerza. Laura estaba excitadísima por ese movimiento mío mientras Sabri todavía estaba acabando. Con mi pija a punto de estallar hice cinco o seis movimientos fuertes dentro de Laura y me acabé dentro de ella. Laura, al sentir que estaba bombeando toda mi lechita dentro de ella, se acabó por segunda vez con un grito feroz.

Saqué mi pija de la conchita acabada de Laura. Sabri también se incorporó y pudo ver a Laura acostada y muy acabada en el sillón. Todavía estaba con las piernas abiertas y con la conchita húmeda. Al parecer saqué la pija goteando de leche, porque se podía ver en la conchita de Laura que había restos de mi leche alrededor. Sabri lo vio y se desesperó…

—¡Ahora puedo probar la lechita de papi dentro de tu conchita!

Al decir esto, Sabri empezó a chuparle la conchita a Laura y a limpiarle y tomarse toda mi lechita que estaba en ella.

—¡Mmmm… riquísimo! ¿No será más rico tomar la leche del pico?

Me miró. Se incorporó, tomó mi pija (que estaba media caída) y se la puso en la boca para tomarse las pocas gotitas de leche que me quedaban. Realmente me secó las bolas. No podía acabar mejor de lo que había acabado.

—Qué pija espectacular que tenés, Ale. ¡Me mataste!

Si bien tenía la pija roja de tanto coger, todavía estaba muy calentito con las dos putas que me estaba cogiendo. Tomé a las dos y las llevé a la sala de espera. Ellas aceptaron la idea y me acompañaron. Puse a Laura en cuatro, apoyándose en el sofá. Quedó con las rodillas en el sofá y agarrándose del borde del respaldo. Me mostró el culo espectacular que tenía y que estaba a punto de comérmelo todito. Metí la mano en su conchita y pude notar que aún estaba muy húmeda. Tomé parte de su flujo y lubriqué su ano. Ella entendió que quería hacerle el culito…

—Papito, ¿así que me querés romper el culito? ¡Tomálo que es todo tuyo!

Me dijo esas palabras y la penetré muy fuerte por el culo. Ella gimió de placer. Estaba bastante estrechita, pero a medida que entraba y salía su culo se iba dilatando más y más, dejando que pudiese moverme cada vez más rápido y fuerte. Laura gritaba de placer mientras bajaba la mano derecha para pajearse la conchita mientras me la cogía por el orto.

—¡Me encanta, papito, cogeme bien por el culo que me encanta!

—¿Así que te gusta, putita? Te voy a abrir bien el orto con mi pija.

Me calentaba mucho ver cómo Laura gozaba con mis movimientos y realmente me calentaba mucho romperle el culo. Estaba gozando tanto que quería seguir hasta acabar bien adentro de ella. Miré rápidamente al costado y pude ver a Sabri, que estaba muy caliente viendo cómo me culeaba a su amiga y empleada. Se calentó tanto que se puso al lado de Laura y en la misma posición que ella. Es decir que ahora estaba Laura arrodillada en el sofá, apoyándose con la mano izquierda en el respaldo y con la derecha pajeándose; yo parado detrás de Laura culeándomela muy fuerte, y Sabri a la izquierda de Laura, también arrodillada en el sofá, con la mano izquierda apoyada en el respaldo, con la derecha pajeándose y mirándonos coger.

Entendí que Sabri también quería que le rompa el culo. Me calentó tanto que creo que empujé más y más fuerte a Laura hasta que sentí su alarido anunciando su tercer polvo. Ella se desarmó en el sofá y me dio la oportunidad de sacar mi pija, que estaba muy parada, dura e hirviendo. Me corrí para mi izquierda para penetrar a Sabri, que todavía estaba pajeándose en cuatro.

Metí la mano en la conchita muy acabada de Laura y, con sus jugos, lubriqué el ano de Sabri, que estaba listo para ser penetrado. Tomé mi pija y la penetré. Realmente estaba muy, pero muy estrechita y tuve que empujar muy fuerte para llegar a meterla toda. Sabri gritó enfurecida. Fue un grito que mezclaba dolor y placer.

—¡Acabas de desvirgarme el culo, papito! ¡Sos el primero que me rompe el culo, así que rompemelo bien roto!

Las palabras de Sabri me calentaron como nadie. Ahora entendía por qué estaba tan estrecha. La muy putita era virgen del culo y, de lo calentita que estaba al ver a Laura gozar tanto por atrás, quiso probar el mismo placer. De a poco su culito se dilataba, pero de lo estrecho que estaba no pude moverme por muchos minutos más. Estaba muy caliente desvirgando el culo de esa terrible yegua. No podía creer que estaba culeándome ese hermosísimo culo virgen. Sentí que mi pija estaba a punto de estallar dentro de Sabri. Ella se dio cuenta al sentir mi pija agrandándose dentro. Sentí que Sabri estaba a punto de venirse otra vez y aceleré el ritmo. Sabri no aguantó más y se acabó con un grito que se pudo escuchar en toda la cuadra. No pasaron 10 segundos y mi pija estalló dentro de su culo y empecé a bombear mi leche dentro de ella. ¡Fue un polvo increíble! Sabri seguía gimiendo tirada en el sofá con el culo bien roto y mi leche dentro de ella. Me acerqué y la besé apasionadamente. Luego se acercó Laura y entre los tres nos confundimos en una apretada final. Sonreímos, nos vestimos y nos fuimos a comer.

Ya se imaginarán que voy muy seguido a mi nueva dentista para hacer controles. ¡No sea que me aparezcan nuevas caries!

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