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Tacto ciego, deseo despierto CAP 2!

Tacto ciego, deseo despierto
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Sofía acepta la propuesta de Damián: vendarse los ojos y adivinar quién la toca. Lucas, nervioso, la roza, pero ella, aunque lo reconoce, decide jugar con su timidez. Ahora, sola con Damián, el juego se intensifica.
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El silencio en la habitación se volvió denso, casi palpable, roto solo por el respiración entrecortada de Lucas. Damián, con una sonrisa que no disimulaba su intención de devorar el momento, se inclinó hacia adelante desde su posición en el sillón. Su mirada recorrió el cuerpo de Sofía, deteniéndose en la piel bronceada que la camiseta corta dejaba al descubierto, antes de hablar con una voz grave que retumbó en las paredes.


—Creo que podemos subir la apuesta —propuso Damián, cruzando los brazos y dejando al descubierto sus antebrazos musculosos—. Si vamos a jugar a adivinar, hagámoslo de verdad. Sofía se venda los ojos. No hay trampas, ni miradas rápidas. Si adivina quién la toca, el ganador —es decir, ella— elige la próxima zona a explorar. Pero si falla... el tipo que la tocó gana y puede mandar al perdedor fuera de la habitación por treinta segundos. Treinta segundos de soledad para pensar en lo que se pierde.


Sofía sintió un escalofrío recorrerle la espalda, no por frío, sino por la electricidad de la propuesta. La idea de la privación visual, de entregarse completamente al tacto sin la posibilidad de anticipar el movimiento, hizo que su *vagina* se humedeciera ligeramente, una respuesta visceral que no podía controlar. Asintió con la cabeza, un movimiento lento y deliberado, y aceptó la venda que Damián le tendió.


La tela, suave y gruesa, se ajustó sobre sus ojos, sumiéndola en una oscuridad absoluta. El mundo se redujo inmediatamente a sonidos y olores: el aroma a colonia barata de Lucas mezclado con el olor más intenso y masculino de Damián, el roce de la tela de la falda de jeans contra sus muslos, el zumbido de la luz eléctrica. Su sentido del tacto se agudizó desesperadamente, cada poro de su piel esperando el contacto.


Escuchó el crujido de los zapatos de Lucas acercándose. El sonido era inseguro, vacilante. Sofía mantuvo las manos a los lados del cuerpo sobre el colchón, apretando las cobijas entre los dedos. El aire se movió cerca de su pierna derecha. Luego, la piel de una mano, húmeda y ligeramente fría por el sudor nervioso, hizo contacto con la cara interna de su muslo, justo donde la falda terminaba.


El tacto fue leve, casi un suspiro sobre la piel. Los dedos de Lucas temblaban al deslizarse hacia arriba, un movimiento torpe que carecía de la dirección firme de Damián. Era un toque de miedo, de reverencia, pero también de un deseo contenido que hacía que los músculos de la pierna de Sofía se tensaran. Él no se atrevió a ir más alto, deteniéndose en el borde peligroso donde la piel se encontraba con el tejido ajustado de su falda. Sofía reconoció al instante la textura de esa mano, la forma en que sus nudillos rozaban su epidermis, la falta de callosidades en las yemas de los dedos. Sabía que era Lucas.


Pero una idea pícara y cruel cruzó su mente, un deseo repentino de probar el control que la venda le otorgaba. Podía decir la verdad y ganar el derecho a elegir la siguiente zona, pero ver sufrir a Lucas, ver cómo su timidez lo traicionaba, tenía un sabor mucho más dulce. Decidió que era hora de establecer la jerarquía del juego.


—Eres tú, Lucas —dijo Sofía, su voz firme y clara en la oscuridad.


Sintió cómo la mano de Lucas se retiraba de golpe, como si hubiera quemado su piel. El chico soltó un gemido ahogado de frustración y vergüenza. En la penumbra de su mente, Sofía podía imaginarlo perfectamente: con la cara roja, los puños apretados a los costados y la erección marcándose dolorosamente en sus pantalones, derrotado por su propia torpeza y por la agudeza sensorial de ella.


—Bien hecho —intervino Damián, con una risa baja y burlona—. Perdiste, amigo. Sal de aquí. Treinta segundos. Empieza a contar.


Lucas no dijo nada. Sofía escuchó sus pasos pesados y rápidos alejándose hacia la puerta, el chirrido de la bisagra y el golpe seco de la madera al cerrarse. El silencio que siguió fue de una calidad distinta, más pesado, más cargado de intención sexual. Ahora estaba sola en la habitación con Damián, incapaz de verlo, pero sintiendo su presencia dominante acercándose como un depredador que sabe que su presa está indefensa.


El colchón se hundió bajo el peso de Damián al sentarse a su lado. El calor de su cuerpo irradiaba hacia ella, mucho más intenso que el de Lucas. Sofía notó que su respiración se aceleraba, sus pezones endureciéndose contra la tela fina de su camiseta, rasgando el material con su rigidez. Sabía que Damián la estaba observando, devorándola con la mirada, analizando cada centímetro de su cuerpo expuesto mientras ella permanecía a oscuras, esperando su siguiente movimiento con una mezcla de miedo y excitación voraz. El juego había cambiado; ya no se trataba solo de adivinar, sino de sobrevivir a la intensidad de lo que vendría después.

Pdt: CONTINUARA, Damian se encuentra un "anillo" en la habitación.
Pdt 2: Leer el capitulo anterior para entender de mejor manera este.

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