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Mi esposa y el negro

Después de varias cervezas y luego de que casi todos los invitados se fueran el alcohol terminó por vencerme y me "quedé dormido" en el sofá de la sala.
Recosté mi cabeza al sofá, pero seguía observando el espectáculo que inconscientemente empezaba a disfrutar.
El metía su muslo entre los de ella y ella estregaba su concha contra su muslo, yo seguía en la misma posición, para que no se inhibieran.
Poco a poco empezaba a meterle mano a mi esposa, ella sólo se limitaba a voltear a ver si seguía dormido, pero en ningún momento hizo nada por detenerlo.
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Un beso, luego otro, el alcohol había echo lo suyo con ellos dos también; hasta que tuvieron que parar y se sirvieron otro trago.
Tomó entonces la decisión mi mujer de llamarme para llevarme a mi cama, y me sacudía para levantarme, al no poder despertarme le dijo a Joaquín que la ayudara a llevarme e mi cama.
Se paró al lado de mi cama unos segundos, se inclinó me sacudió levemente, me llamó y al no recibir respuesta apagó la luz y cerró la puerta.
Esperé unos minutos y me levanté, sigilosamente me acerque a la ventana que da a la sala y desde allí cuidadosamente me ubique para tener todo el panorama sin ser visto.
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Ella siempre trataba de quedar mirando hacia nuestro cuarto, pero no podía quedarse mucho tiempo en esa posición, de tal manera que tenía que dar la espalda.
Él estaba fascinado con el coño peludo de mi mujer, ella estaba hipnotizada con la tranca enorme de ese negro.
Nunca había tirado con alguien que lo tuviera tan grande, y sabía que le iban a dar bien duro esa noche, el mejor placer del mundo.
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-Diablos el pene de ese hombre está enorme-
-Maldita sea va a enamorar a mi mujer-
Pensaba todo nervioso tratando de fingir que no tenía una erección por todo lo que estaba presenciando.
Mi pija no era tan grande ni larga como la del morocho.
Se nota que le gustó el tipo. Era un hombre muy grande, corpulento, con una sonrisa muy agradable y parecía un buen tipo con el que ella podía ir a la cama y divertirse sin problemas.
Ella sabe que Joaquin es casado, no le importa, sólo quiere que la empotre duro esa noche y no la deje con las ganas como la dejo yo cada noche.
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Violeta ofrecía sus grandes y gordas tetas a joaquín, esos deliciosos senos adornados con dos duros pezones que invitaban al placer.
Mismas tetas que yo siempre le decía me daban asco mamar, pues le decía que todo eso no era más que grasa.
El negro empezó lamerlos y chupárlos con avidez dándole suaves mordiscos en los pezones, ella se retorcía, inclinaba su cabeza hacia atrás y frotaba su sexo fuertemente contra el bulto del negro, mojándoselo por completo con los fluidos de su concha.
Violeta movía las caderas como pidiendo que le clavara su erguida herramienta, pero él seguía succionando sus pezones, quería tragarse por completo sus grandes tetas.
El caso es que yo conozco a la esposa de Joaquín, una rubiecita de 1.50 de estatura que encima es toda tabla pues no tiene ni tetas ni culo.
El muy desgraciado sabe muy bien que en Violeta encuentra todo lo que no hay en casa, es como comer pollo hervido todos los dias y de pronto te sirven un asado de puta madre.
Se estaba dando un festín con el cuerpo de mi mujer.
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Ella temblaba y poco a poco comenzaba a moverse lentamente en un suave movimiento arriba abajo, y mientras salía yo veía salir un pene cubierto de una viscosidad blanca y llena de grumos que corrían lentamente hacia sus testículos y a medida que aumentaba la velocidad de las arremetidas, cada vez los mojaban más, mi mujer movía violentamente sus nalgas y parecía querer ser atravesada por aquel enorme falo o que el negro no volviera a sacarlo jamás.
Temblaba frenéticamente, su piel adquiría una tonalidad rosa que no había visto antes en ella, de repente le pego la cara al negro a sus senos y lo abrazó mientras se introducía completamente el miembro duro y mojado y lo dejaba allí moviendo solamente sus caderas en un intento por hacer venir al negro consigo.
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El negro la asió fuertemente por las caderas y como si quisiera partirla en dos, elevo su pelvis levantando consigo a Violeta, quien en un momento de cordura rápidamente se sacó el aparato, le agarró la verga y con avidez se la chupaba, el negro se retorcía, de repente mi mujer puso el pene sobre su pecho y recibió el gran baño de blanquísima leche tibia.
Se fue incorporando lentamente con las piernas aún temblorosas, se dirigió al baño de donde vino con grandes cantidades de papel higiénico para limpiar la huella de aquella inolvidable culeada, que había caído sobre el sofá que por suerte era de cuero.
Pero al mismo tiempo que ella venía de limpiarse la corrida de Joaquín, él ya la esperaba con el falo nuevamente firme y listo para el segundo asalto.
Así que la sesión de sexo se alargó hasta el amanecer, copularon como dos animales en celo esa noche.
Él un macho que plantó (varias veces) su semilla en el vientre de mi mujer, y ella una hembra en celo que porfin encontró el macho adecuado para aparearse con plenitud.
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Hubo un momento donde ella parecía darse cuenta del reguero que tenían y lo mucho que tendría que lavar las sábanas y ventilar el olor a sexo.
Se aprestaba para despedir a Joaquín que intentaba reiniciar la faena chupándole los pezones mientras Violeta hacía débiles esfuerzos por no sucumbir nuevamente al placer que sabía le proporcionaría.
Esperó unos instantes y la empezó a introducir de nuevo lentamente con movimientos adelante-atrás poco a poco hasta hundírsela completamente y quedarse allí trémula, moviendo lentamente las caderas en forma giratoria con la cabeza echada hacia atrás mientras el negro con salvajismo chupaba sus pezones.
De pronto vi como la levantó, con esos brazos que parecen echos de concreto, se la subió a la verga como seguramente hace con su esposa, mi mujer es un reto mas difícil supongo pero él lo hacía ver realmente fácil.
Joaquín la levantaba a mi mujer lo mas que podía y la azotaba con furia contra su verga, ella estaba en trance, se encontraba en el cielo de las putas.
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Llegó un orgasmo, y luego otro, dejé de contar después de 10.
Ella se volvía loca, todo su cuerpo se erizada y le buscaba la boca para enredar sus lenguas.
La tenía soltando alaridos de loba, la escena era simplemente increíble.
Yo veía como al negro se le iba poniendo la tranca brillante por la lubricación del coño de mi mujer, de repente el negro empezó a bombearla con mayor rapidez , ya estaba a punto de derramarse, cuando mi mujer le agarró la base del enorme pene y la apretó con todas sus fuerzas.
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Ella se quedó inmóvil, como inerte, completamente relajada mientras el esperma de Joaquin le chorreaba desde la cuca, pensando que por fin se había acabado, pero lejos estaba Joaquin de saciar su hambre de coño.
Era demasiado fácil para ese hombre volver a ponerse duro con el cuerpo de mi mujer, bastanba con llevarse sus gordas tetas a la boca o chuparle el coño, incluso los pies o las axilas y ya tenía nuevamente el tronco como un mástil.
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Hubo pasión, hubo besos, casi que salieron enamorados el uno del otro de esa habitación.
Cuando ella sintió que le disparaban el semen bien adentro, lo abrazó, se puso a besarlo metiéndole la lengua en la boca, y le dijo una y otra vez: «Te amo, te amo.»
Él sólo sonrió, como quien ya sabe por experiencia que las mujeres siempre dicen eso cuando tienen un orgasmo intenso.
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Sacando fuerzas de flaqueza se retiro del negro y le suplicó que se fuera, no sin antes prometerle que esa noche se repetiría en otras ocasiones y en otro lugar, sellaron su despedida con un apasionado beso que estuvo a punto de hacer flaquear a violeta nuevamente en su intento de despedirse.
Cerró la puerta y se quedó recostada en ella unos segundos, casi como acariciando el recuerdo de aquel memorable encuentro, se acarició los senos y lentamente bajo su mano hasta su humedecida vagina, metiendo sus dedos y luego oliéndolos después, con los ojos cerrados tratando de guardar en la memoria el fuerte olor a semen que Joaquín había dejado en ella.
Se dirigió al baño e inmediatamente me acosté y adopte mi posición de "sueño profundo", minutos después entró ella vistiendo un precioso Baby doll, que días atrás le había regalado para el día de los enamorados, así pensaría al despertar que con quien tuvo sexo fue conmigo.
Besó mi frente y durmió profundamente, rato después, encendí la luz de mi lámpara de noche, le quité la cobija y le mire detenidamente por la manga del baby doll su vagina aún húmeda y las nalgas todavía coloradas por la brutal manera en que el negro se las apretaba mientras hundía en ella su poderosa verga.
La volví a cobijar y me dormí.

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