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Ruidos a través de la pared - Capítulo 9

Con el tiempo,le tomé cariño a Gwen. Incluso nos vimos varias veces sin Christopher. Gwen yyo fumábamos marihuana, nos reíamos, hablábamos de la vida y yo le hacía sexooral. A pesar de lo que había hecho, me enamoré de ella. En realidad, no es miculpa. Así es como funciona mi cerebro.
 
Cuando todavíasalíamos, mi esposo y yo solíamos bromear sobre lo diferentes que éramos comopersonas. Cuando me acostaba con alguien, me enamoraba al instante. Cuando éllo hacía, era como quedar con un amigo para jugar al tenis. Gwen y yo nohablábamos de eso, pero creo que teníamos la misma dicotomía.
 
Un día,mientras estábamos acostadas en su cama absorbiendo las secuelas de nuestrosorgasmos, la perdoné formalmente por su chantaje. Ella se rió, me dio unapalmada en el culo y dijo: "Gracias".

Ruidos a través de la pared - Capítulo 9

Sin andarme conrodeos, ese mes no me bajó la regla. Esperé pacientemente, con la esperanza deque fuera un retraso. Pero no. Cuando me hice la prueba de embarazo, diopositivo. Había una pequeña posibilidad de que el bebé fuera de mi marido. Peroestaba bastante segura de que estaba esperando a mi propio nieto. Pensé enabortar. Pero una vez embarazada, sabía que no había forma de que pudieradeshacerme de la preciosa vida que habíamos creado. Dejé de fumar marihuana encuanto me enteré, lo cual fue una lástima. Después de todo, ahora era legal. Yrealmente estaba empezando a disfrutarlo. Pero, caramba, el sexo era una drogasuficiente para mantenerme. Y entre Christopher y Gwen, no hubo un solo día enque no tuviera varios orgasmos alucinantes.

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Christopher selo tomó bien cuando le conté sobre el bebé. Me preguntó si tal vez deberíaposponer ir a la universidad para ser un buen padre. Fue una oferta con muybuena intención, pero la rechacé de inmediato. Yo criaría al bebé con su padre.Él viviría su vida. Christopher estuvo de acuerdo. Cuando se lo conté a Gwen,casi se desmaya de la emoción. Mientras nos frotábamos las vaginas ese día,gritó más fuerte que nunca. Existe la posibilidad de que esa mujer de dieciochoaños fuera una pervertida. Pero yo también lo era. ¿Quién era yo para juzgar ala exnovia de mi hijo?
 
Ah, y habíaotra cosa. Gwen y Christopher comenzaron a "salir" de nuevo. Pero enrealidad no eran novios. Gwen me lo explicó.
 
"Enrealidad no quiero un novio ahora, Sra. Green." Gwen me besó el pechodesnudo.
 
"Oh,¿pensé que vos y Christopher habían vuelto?" Me estremecí ante su suavetoque.
 
"Eso fuesolo una pantalla para poder pasar tiempo con ustedes dos." Sonrió con mipezón en la boca. "Vos y Christopher son novios. Y también..." Chupómi pezón por un momento y luego lo soltó. "Y también, sos mi novia”.
 
“¿No esgracioso, Sra. Green? Es mi novia, la novia de tu hijo y la esposa del Sr.Green. No sé cómo lo hace." Sus dulces labios se movieron hacia mi otropecho.
 

"Yotampoco... lo... sé." Acaricié su sedoso cabello y gemí.

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Desde ese díaen adelante, me llamó su novia con orgullo. Pero solo en privado, por supuesto.Pasaron los meses y mi vientre se hinchó. Christopher y Gwen se acercaban a lagraduación. Me esperaba otra sorpresa. Era temprano en la tarde, y los dos meencontraron en la cocina después de la escuela
 
"Hola,mamá." La voz de Christopher me sobresaltó mientras cortaba verduras. Dejéel cuchillo, giré y les sonreí. "Qué linda pareja hacen." Empecé adesvestirme, sabiendo lo que se esperaba de mí. Me pregunté si Christopher y yolo haríamos mientras Gwen miraba. O si Gwen y yo haríamos que Christophermirara. Me encantaba verlo masturbándose mientras nos miraba con los ojos muyabiertos. O tal vez seríamos los tres juntos ese día.
 
"Esperá,mamá." Christopher sonrió tímidamente.
 
"Sí,tenemos algo formal de qué hablar. No queremos que tus tetas cuelguen aldescubierto para esto." Gwen sonrió con picardía.
 
"¿Quées?" Me volví a poner el vestido y esperé.
 
"Se acercael baile de graduación, y..." Christopher jugueteó con sus dedos y bajó lamirada.
 
"Lo que elgrandulón intenta decir es que queremos que seas nuestra pareja para el bailede graduación." Gwen sonrió y extendió las manos con magnanimidad."Íbamos a echarlo a la suerte. Pero entonces, se me ocurrió la brillanteidea de que Christopher y yo podríamos fingir ser las parejas del otro. Y vospodrías fingir que nos acompañas." Se rió emocionada.
 
"¿Qué?"Miré alternativamente a ambos. ¿Me estaban invitando al baile de graduación másde dos décadas después de haberme graduado de la escuela secundaria?
 
“¿Querés ser miacompañante, mamá?”. Christopher me miró con la sonrisa más dulce.
 
“¿Quiere ser miacompañante, Sra. Green?” Gwen parecía genuinamente entusiasmada.
 
“Eh... estábien”. Extendí mis manos. Cada uno tomó una mano y la besó; los labios de Gwenestaban sobre el anillo de mi esposo. Ahora iba al baile de graduación. Otrohito más en mi regresión a la adolescencia.
 

Por supuesto,sus besos no se detuvieron en mis manos. Recorrieron mis brazos. Pronto, estabadesnuda, acostada boca arriba en el suelo de la cocina. La hermosa concha deGwen estaba presionando contra mi cara. La maravillosa verga de Christopherpenetraba mi concha.

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Más tarde,descansamos en la sala de estar. Estábamos todos desnudos, recuperando elaliento. "¿Podés pedirnos una limusina, mamá?"
 
"Sí."Miré su cuerpo duro de dieciocho años. Tendría que asegurarme de que lalimusina tuviera características de privacidad.
 
"Y megustaría que usara un vestido de graduación, Sra. Green." Gwen estabaacostada boca abajo, balanceando sus pies lánguidamente en el aire sobre susnalgas. Era tan linda, quería volver a probarla. Pero en cambio, pensé en loridículo que me vería con un vestido de graduación.
 
"Voy atener que decir que no a eso." Me estiré y levanté las caderas para que elesperma de mi hijo no se escapara demasiado rápido. Estaba sentada sobre unatoalla, pero no quería que se empapara. "Ya es bastante raro que sea tu'acompañante'. No voy a hacerlo más raro usando un vestido de graduación.Además, no creo que hagan vestidos de graduación para mujeresembarazadas." Me froté el vientre protectoramente. "Simplemente usaréuno de mis vestidos."
 
Gwen yChristopher intercambiaron una mirada. Puede que ya no fueran novios, pero sinduda seguían teniendo una conexión.
 
"Yaveremos, señora Green." Gwen puso los ojos en blanco y sonrió como si yoestuviera siendo una niña testaruda.
 
Por fin llególa gran noche, y me puse mi vestido de graduación con mucho esfuerzo. Resultaque hacen vestidos de noche de maternidad muy bonitos. Y Gwen es bastanteconvincente. Me preparé, revisando tres veces mi maquillaje y mis joyas. Luego,bajé las escaleras. Mi esposo y mi hijo me estaban esperando.
 
"Estáspreciosa, mamá." Christopher se sonrojó al verme. Pensar que todavía podíasonrojarse después de todo lo que habíamos pasado juntos.
 
"Gracias."Una vez al pie de las escaleras, le hice una pequeña reverencia.
 
"Sí",dijo Carl. "Estás estupenda." Mi tonto esposo me examinó. No tenía niidea de lo que me esperaba esa noche. "¿Segura de que querés hacer esto?No creo que necesiten alguien que los vigile, ¿verdad?"
 
"Creo quesí." Le sonreí a Carl.
 
"Tomá,mamá." Christopher me entregó un precioso ramillete.
 
"Muchasgracias, cariño." Lo tomé y lo coloqué en mi corpiño.
 
“¿No es esopara tu novia, Christopher?” Carl se rascó la cabeza.
 
“Sí, papá. Loes”. Christopher me guiñó un ojo.
 
“Entonces, ¿porqué estás...?”. Carl se encogió de hombros. “Oh, no importa. Que tengan una buenanoche”. Mi esposo me dio un beso en la mejilla y volvió a ver béisbol en lasala.
 
“No nos esperesdespiertos, llegaremos tarde a casa”. Salimos y subimos a la limusina que nosesperaba. Christopher se veía muy guapo con su esmoquin.
 
Fue incómodocharlar con los padres de Gwen mientras esperábamos a que nos recibiera en lapuerta principal. Era evidente por sus expresiones que no tenían ni idea de porqué iba vestida como los adolescentes. Cuando Gwen bajó las escaleras,Christopher y yo contuvimos la respiración. Se veía deslumbrante.
 
“¿Qué lesparece?” Gwen dio una vuelta para nosotros. Tuve que cerrar la boca con fuerzapara evitar comentarios inapropiados frente a sus padres.
 
"Estáspreciosa, Gwen." Christopher le ofreció un ramillete y posó para variasfotos con su supuesta novia.
 

Luego mellevaron a la sesión de fotos. Me paré entre mi novio y mi novia, con una gransonrisa tonta en mi cara.

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Cuando nosacomodamos en la limusina, Gwen me entregó otro ramillete. Mis mejillas sepusieron rojas. Un gesto así de esta joven no debería haber significado nadapara mí, pero me conmovió. ¡Era una locura! Me había estado chantajeando hacíasolo unos meses, y ahora estaba perdidamente enamorado de ella. El buen sexo esuna droga poderosa.
 
"Yo...eh... no te compré uno." Mi sonrisa se desvaneció.
 
"No sepreocupe, Sra. Green." La sonrisa de Gwen brillaba en su rostroperfectamente maquillado. "Soy como el hombre en nuestra relación, ¿nocree? Y se supone que los hombres les dan ramilletes a sus damas."
 
Asentí mientrasme prendía el ramillete en el pelo. Ahora tenía dos.
 
"Tebesaría, mamá, si no me preocupara arruinar tu vestido." Christopherparecía incómodo. Claramente tenía una erección.
 
"Gracias,cariño." Revisé la mampara que nos separaba del conductor. Estábamoscompletamente aislados
 
"Tebesaría si no me preocupara arruinar nuestro maquillaje." Gwen se rió.
 
“¿Te importa sime encargo de Christopher con mi mano, Gwen?” Me moví por el asiento hastasentarme junto a mi hijo. Alisé mi vestido y le bajé la cremallera. "Suerección parece francamente dolorosa."
 
"Sí."Gwen asintió. Tenía ese brillo en los ojos que siempre tenía cuando nos miraba."Adelante."
 

“¿Te gustaría eso,cariño?”. Sin esperar respuesta, liberé su verga, saqué una toalla de mano demi bolso y comencé a masturbarlo.

Ruidos a través de la pared - Capítulo 9

“¿Qué hace conla toalla?” Gwen levantó una ceja.
 
“Una madresiempre viene preparada”. Sonreí y trabajé con Christopher con ambas manos.Diez minutos después, estaba eyaculando en la toalla. Lo limpié y le volví aguardar la verga justo cuando entramos al estacionamiento. “¿Ya estás mejor?”
 
“Gracias, mamá”.La sonrisa de Christopher era perezosa.
 
"Necesitoalgo para relajarme." Gwen sacó un porro de su bolso.
 
"Porfavor, no fumes cerca del bebé." Me froté la barriga para enfatizar.
 
"Losiento." Guardó el porro. "Tiene razón. Me puse nerviosa. Voy adescargar mi energía en la pista de baile."
 

Al entrar,pensé que podría quedarme al margen mientras los jóvenes bailaban. Meequivoqué. Gwen me arrastró a la pista de baile con sus amigas. Al principioestaba rígida, pero todas esas miradas jóvenes sobre mis tetas que rebotaban ymi culo que se movía me animaron. Pronto, era una más del grupo. Estabasudorosa y agotada cuando empezó una canción lenta. Varios jóvenes se acercarona mí a la vez. Un tipo grande y corpulento llegó primero. Creo que era delequipo de fútbol. Me invitó a bailar y dije que sí.

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Mi corazónlatía con fuerza, siendo deseada por tantos. Pero Christopher me interrumpiórápidamente. No podía culparlo, pero ahora estaba bailando una canción lentacon mi hijo. Sentía que toda la sala nos estaba mirando. Le di un beso maternalen la mejilla y me alejé. Encontré una mesa con algunas sillas vacías y mesenté. Pero Gwen me arrastró de vuelta a la pista de baile poco después. Bailéel resto de la noche. Sin embargo, me aseguraba de abandonar la pista de bailecada vez que el DJ ponía algo lento.

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Varios amigosde Gwen y Christopher nos invitaron a una fiesta. Pero estaba claro que minovio y mi novia me querían solo para ellos. Nos fuimos y le dijimos alconductor de la limusina que nos llevara a dar una vuelta. Hasta el día de hoyme pregunto si sintió el vehículo balanceándose y escuchó nuestros gemidos.¡Debió haberlo hecho!
 

Una vez devuelta en la limusina, no nos preocupamos por el maquillaje ni por arruinarnuestros vestidos. Gwen se levantó la falda antes incluso de que yo hubieracerrado la puerta. Rápidamente me metí debajo. La pequeña traviesa no llevaba bombacha.Eso fue una pequeña sorpresa. Le hice sexo oral debajo del vestido mientrasChristopher se desvestía.

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 Después de queGwen llegó al orgasmo, salí gateando y vi la verga dura esperándome. Con laayuda de Gwen, me quité el vestido, me quité la ropa interior y me subí encimade Christopher.
 
Toda la nochehabía sido una gran acumulación, así que llegué a mi orgasmo casi de inmediato.
 
"Cariño...oooohhhhhhh... es tan grande... ooohhhhh... soy la chica más afortunada delbaile... por tenerlos a ustedes dos." No sabía lo que estaba diciendo.Sonaba estúpido, pero yo, una madre casada y embarazada, realmente me sentíacomo una chica afortunada.
 
"Móntelo,Sra. Green." Gwen se tocó debajo del vestido. "Tal vez... cuandotenga ese bebé... ugh... Christopher le haga otro. Ustedes dos son tan sexysjuntos." Sabía cómo provocarme. Me froté contra mi hijo con fuerza hastaque explotó adentro mío.

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El viaje enlimusina duró unas horas. Sin duda, valió la pena el dinero. No trajesuficientes toallas pequeñas para limpiar el desastre de nuestros cuerpos. Perohicimos lo mejor que pudimos y nos vestimos. Justo antes de las dos de lamañana, dejamos a Gwen. Me besó apasionadamente antes de abrir la puerta ysubir corriendo por el camino de entrada.
 
La limusina nosdejó un rato después. Le di una generosa propina al conductor. Su rostro nodelató nada. Mientras se alejaba, Christopher y yo entramos a nuestra casa delbrazo. Sabíamos que mi esposo estaba profundamente dormido y que Christopheraún no se había desahogado del todo. Así que me levantó el vestido y me cogióuna vez más en el recibidor. Apoyé las manos contra la pared cerca de nuestroretrato familiar y eché el culo hacia atrás. Gemimos lo más bajo que pudimos.Finalmente, volvió a llenarme por última vez en la noche del baile degraduación.

 
Ruidos a través de la pared - Capítulo 9
Desaliñados,cada uno nos duchamos y nos fuimos a la cama. Estaba completamente agotada.
 

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