Lo decidí yo. Eso es lo primero que tengo que decir, para mí más que para nadie. Lo pensé durante meses antes de proponérselo a Tomi. Me masturbé pensando en esto tantas veces que cuando finalmente se lo dije, en la cama, una noche cualquiera, ya tenía las palabras gastadas en la cabeza.
Tomi tardó tres semanas en contestarme en serio. Después me dijo que sí. Después elegimos juntos. Iván salió rápido. Era el amigo más cercano de Tomi, lo conocía desde la facultad, había venido a comer a casa cincuenta veces. Yo siempre lo había mirado un poco más de la cuenta y Tomi lo sabía. Hablamos los tres en un asado, sobrios, en la terraza, con una lista de cosas que yo había escrito en el celular. Iván leyó la lista. Hizo dos preguntas. Dijo que sí.
El sábado a la noche los hice esperar. No por estrategia, porque tenía miedo. Cuando tocaron el timbre se me cerró el estómago y pensé en cancelar. Abrí en jean y remera, como cualquier sábado, porque tampoco me iba a recibir a mi novio y a su mejor amigo disfrazada de algo.
Comimos pizza en la cocina. Iván trajo fernet. Yo tomé dos copas de vino rápido para sacarme el miedo. Iván contó un chiste malo y me reí más fuerte de lo que el chiste merecía y Tomi me apoyó la mano en la rodilla abajo de la mesa y yo entendí que era yo la que tenía que arrancar, porque si esperaba a que arrancara alguno de ellos, los iba a hacer esperar toda la noche.
Me paré. Les estiré la mano. Los llevé al cuarto.
Adentro me quedé sin saber qué hacer. Me reí.
"Esto es rarísimo", dije.
Tomi me dijo por enésima vez que podíamos parar cuando quisiera. Le dije que ya sabía. Iván no decía nada. Tenía las manos en los bolsillos como un pibe en un primer baile. Me dio ternura. Caminé hasta él. Le toqué la cara. Le pasé el pulgar por el labio de abajo. Cerró los ojos un segundo, como si yo lo estuviera lastimando despacio.
"¿Puedo?", le pregunté.
"Por favor."
Lo besé. Y ahí entendí. Ahí, en el primer beso, antes de que pasara nada más. La boca de Iván era distinta. Más grande, con barba que raspaba, con un gusto que no era el de Tomi. Mi cuerpo se prendió como un interruptor. No por Iván puntualmente, sino por lo otro. Por la novedad. Por estar haciendo algo que se suponía que no debía. Por la presencia de Tomi atrás mirándome besar a otro.
Sentí a Tomi acercarse. Me besó la nuca. Me pasó las manos por la cintura por adelante, por arriba de las manos de Iván. Quedé apretada entre los dos. Una pija contra mi estómago, otra contra el culo. Cerré los ojos. Pensé "está pasando".
Me desvistieron entre los dos. Tomi la remera. Iván el corpiño, atrás, con dificultad, riéndose una vez porque no encontraba el broche. Cuando se me cayó el corpiño y las manos de Iván me agarraron las tetas por primera vez solté un ruido bajo que no había planeado. Iván tenía las manos grandes, secas, ásperas. Me agarraba las tetas con un peso distinto al que les daba Tomi, como si fueran más. Me pellizcó un pezón y se me aflojaron las rodillas.
Tomi atrás me bajó el jean. Me bajó la bombacha. Quedé desnuda entre dos hombres todavía vestidos y eso fue, creo, el momento más intenso de toda la noche. Sentí los jeans contra mi piel. Sentí los cinturones. Me sentí ridículamente expuesta y ridículamente excitada al mismo tiempo. Cuatro manos en mi cuerpo. Una mano de Tomi adentro de mí. Dos dedos, los de él, los que él sabe. Yo estaba empapada. Goteando. Iván arriba me agarraba las tetas y Tomi abajo me sacó los dedos brillantes y se los mostró a Iván por encima de mi hombro y eso, por algún motivo, fue lo más obsceno que vi en mi vida.
"Está chorreando", dijo Tomi.
Yo no dije nada. Me agarré del cuello de Iván.
Me llevaron a la cama. Me acosté boca arriba. Los miré desvestirse desde abajo. A Tomi lo conozco de memoria. A Iván lo estaba viendo por primera vez. Más flaco que Tomi, más alto, menos pelo en el pecho, una cicatriz vieja en el costado del abdomen que después le iba a preguntar de qué era. Cuando se bajó el boxer, le vi la pija. Distinta a la de Tomi. Más larga, un poco más fina, curvada hacia arriba como si apuntara a algo. Sentí que se me contraía la concha sola, sin tocarme nadie, de solo verla.
Tomi se subió primero. Se me acostó encima. Me besó. Me preguntó en la oreja si estaba segura. Le dije que sí. Me preguntó si quería que Iván mirara primero o si ya. Le dije que ya.
Tomi se corrió a un costado. Le hizo un gesto a Iván. Iván se acercó a la cama. Se arrodilló entre mis piernas. Me miró la cara y me dijo "hola" como un boludo, medio en chiste, y yo me reí y la risa me aflojó todo el cuerpo. Le dije vení.
Se acomodó arriba. Sentí su peso. Pesaba parecido a Tomi pero distinto, repartido distinto. Apoyó la pija en la entrada. Yo sentí la diferencia ahí mismo. La cabeza más ancha. Empujó despacio, mirándome a los ojos, y yo sentí cómo me iba abriendo de una forma que no era como me abre Tomi. Cuando entró del todo, cerré los ojos. La curva. La curva me tocaba un lugar adentro, más arriba, más adelante, contra el hueso del pubis por adentro, un lugar que Tomi no me toca porque su pija va derecha. Hice un ruido que no había hecho nunca.
"Ay", dije. "Ay, dios mío."
Iván se quedó quieto. Me preguntó si estaba bien. Le dije que sí, que se moviera, por favor.
Se empezó a mover. Despacio al principio. Yo miraba la cara de él pero también miraba la cara de Tomi a mi costado, que me miraba a mí. Tomi me agarró la mano. Me la apretó. Me besó la teta. Me chupó el pezón. Después metió la mano abajo y me empezó a tocar el clítoris mientras Iván me cogía y eso, esa combinación, esa cosa de tener a mi novio tocándome donde me toca siempre mientras otro hombre estaba adentro mío, me partió. Empecé a gemir fuerte, sin filtrar nada.
"Te miro y me muero", me dijo Tomi en la oreja. "Mirá cómo te coge. Mirá."
Miré abajo. Vi la pija de Iván entrar y salir de mi concha. Vi mi piel y la de él. Vi la mano de Tomi dando vueltas en mi clítoris al ritmo de Iván, como si los dos hombres estuvieran trabajando juntos en mí. Levanté la cabeza, le agarré la cara a Tomi y lo besé con la boca abierta, con saliva, con la lengua entera, mientras otro tipo me la metía hasta el fondo.
Me vine así. La primera vez. Fuerte. Apretándome entera. Iván sintió que me apretaba y paró, quieto, dejándome terminar contra él. Tomi me siguió tocando el clítoris hasta que le agarré la mano para que parara porque ya no aguantaba.
Iván salió. Tenía la pija brillante de mí. Se acostó al costado. Los tres nos quedamos un segundo respirando y yo pensé que con esto ya estaba, que con esto ya había sido suficiente, que ya había cumplido la fantasía y podíamos quedarnos los tres dormidos.
Y al segundo siguiente pensé que no.
"¿Cómo vas?", me preguntó Tomi.
"Quiero más."
"¿Qué más?"
Sabíamos los dos qué más. Lo habíamos hablado. Yo me había estado preparando sola en la ducha tres días seguidos. Primero un dedo. Después dos. Para saber si podía. Para saber cómo se sentía. Hoy a la mañana lo hice otra vez, con calma, antes de que llegaran. Sabía que estaba lista físicamente. No sabía cómo me iba a sentir con los dos al mismo tiempo, con una pija en cada lugar, con la sensación de estar llena por todos lados.
"Lo que hablamos", dije.
Tomi respiró hondo. Me preguntó si estaba segura. Le dije que sí. Me empezó a explicar las cuarenta cosas que ya me había explicado y le agarré la cara y le dije ya sé, amor, ya sé, dale.
Abrió el cajón de la mesa de luz. Sacó el lubricante. Le explicó a Iván sin mirarlo, con esa voz baja que tiene cuando se concentra en algo. Vos abajo, boca arriba, ella encima tuyo mirándote, despacio. Yo entro atrás.
Iván se acostó boca arriba. Me subí encima. Le agarré la pija con la mano. Sentir la curva en la palma. Me la apoyé en la entrada. Bajé despacio. Y ahora, sin la sorpresa de la primera vez, sentí mejor cómo me entraba. Cómo la curva me rozaba ese lugar al bajar. Cómo se me acomodaba.
Me quedé quieta arriba de él. Apoyé las manos en su pecho. Le miré la cara. Tenía los ojos cerrados.
"Mirame", le dije.
Abrió los ojos. Tenía los ojos marrones, más oscuros que los de Tomi. Me incliné adelante. Le pegué las tetas contra el pecho. Lo besé. Atrás sentí a Tomi subirse a la cama. Sentí sus manos en las cachas. Me las separó. Sentí el frío del lubricante caer. Después el dedo de él, el primero, que conozco. Uno. Dos. Tomi se tomó su tiempo. Yo abajo apreté la cara contra el cuello de Iván.
"Despacio, amor, por favor."
"Estoy yendo despacio."
Tomi sacó los dedos. Sentí la cabeza de su pija apoyada atrás. Más lubricante. Empujó. Yo respiré fuerte, hice ese ruido entre quejido y gemido. Iván abajo no se movía. Me tenía agarrada de la cintura, esperando. Sentí que me hablaba.
"Respirá."
"Sí."
Tomi empujó la cabeza adentro. Grité bajo, contra el cuello de Iván. Lo mordí sin querer.
"Pará, pará, pará."
Tomi paró. Quieto. Yo respiré tres, cuatro, cinco veces, con la cara en el hombro de Iván. Sentí las dos pijas. Esto es lo que cuesta describir bien. Sentí la de Iván adentro de la concha, sentí la de Tomi adentro del culo, y sentí, lo que más me sorprendió, que se tocaban. No directamente. Las separaba un pedazo de carne mía, fino, ese tabique interno que nunca había pensado en mi vida. Pero cuando una de las dos pijas se movía, la otra lo sentía a través mío. Yo era el medio. Yo era el lugar donde se encontraban.
Sentí que no entraba más nada en ningún lado. Sentí que estaba al límite, literalmente al límite, partida en dos por el medio. Y al mismo tiempo sentí un calor que me subía desde abajo, una cosa nueva, algo eléctrico, algo que no había sentido nunca en ningún otro encuentro de mi vida.
"Dale", dije. "Despacio. Dale."
Tomi empujó otro centímetro. Otro. La mitad. Tres cuartos. Hasta el fondo. Cuando sentí sus pelotas contra el culo, supe que estaba entero adentro. Estaba transpirando. Tenía la cara apretada contra el hombro de Iván. Iván me acariciaba el pelo, la espalda, me hablaba bajito al oído.
"Sos lo más hermoso que vi en mi vida. Sos lo más hermoso. Sos lo más hermoso."
Estuvimos así un minuto largo. Quietos. Yo acostumbrándome. Sintiendo el latido. Porque eso fue lo otro que no me esperaba, sentir el latido de las dos pijas adentro mío, dos pulsos distintos, dos hombres vivos contra mis paredes internas. Cerré los ojos. Pensé "este es el cuerpo que tengo. Esto es lo que se puede hacer con el cuerpo que tengo."
Y después fui yo la que se empezó a mover. Subí un centímetro. Bajé un centímetro. Sentí las dos pijas moverse adentro de mí, una saliendo cuando la otra entraba, deslizándose contra el tabique. Hice un ruido que no había hecho nunca, un ruido animal, bajo, largo, que salió de un lugar que no sabía que tenía.
"Despacio", dijo Tomi atrás. "Decinos vos."
Empecé a moverme de a poco. Arriba y abajo. Las dos pijas me cogían con cada movimiento. Iván abajo me agarraba las tetas. Me pellizcaba los pezones. Tomi atrás me agarraba las caderas, me ayudaba a subir y bajar, me besaba la espalda. Yo empecé a sentir algo que se iba armando adentro, una ola que no terminaba de llegar.
"Más rápido", dije. "Más."
Se empezaron a coordinar los dos. Tomi empujaba cuando yo subía. Iván empujaba cuando yo bajaba. Yo estaba en el medio, llena, llena en un nivel que no sabía que existía, sintiendo que las dos pijas me tocaban algo adentro que se rozaba a sí mismo a través de mí. Sentía los dos pares de manos en mi cuerpo. La barba de Iván en mis tetas. La boca de Tomi en mi espalda. Los dos respirando fuerte. Los dos para mí.
"Me voy a venir", dije. "Me voy a venir, me voy a venir."
"Vení", dijo Tomi atrás. "Vení."
Me vine así. Atravesada por los dos. Gritando contra el hombro de Iván. El cuerpo se me tensó entero, se me contrajo todo al mismo tiempo, las paredes de adelante y de atrás cerrándose sobre las dos pijas a la vez. Sentí que Iván abajo gritaba algo. Sentí que Tomi atrás me clavaba los dedos en las caderas. Y después se me aflojó todo. Me caí encima de Iván, con la cara en su pecho, temblando, mientras los dos me seguían cogiendo despacio dejándome terminar.
Iván terminó adentro mío un minuto después. Le agarró las caderas con las dos manos y se vino con la boca abierta, sin sonido, mirándome la cara. Sentí los chorros calientes adentro. Le pasé la mano por la mejilla.
Tomi salió antes de venirse. Acabó en mi cintura, en la curva de la espalda baja. Sentí el calor en la piel, los chorros, la respiración entrecortada de él atrás.
Nos quedamos así. Yo todavía con Iván adentro, con Tomi abrazándome desde atrás, los tres respirando, transpirados, con el olor a sexo metido en las sábanas y en mi pelo y en el aire del cuarto.
Después de un rato largo, me reí. Una risa rara, medio histérica.
"Qué hicimos."
Tomi se rió contra mi nuca.
"No sé."
Iván abajo abrió los ojos.
"¿Estás bien?"
Y ahí me di cuenta de que era a mí a quien le preguntaban, los dos, todo el tiempo. Eso también lo decidí yo. Eso también fue mío.
"Estoy bien", dije. "Estoy bien, bien, bien."
Salí de encima de Iván. Tomi salió de mí. Los tres nos quedamos acostados en mi cama, yo en el medio, mirando el techo. La mano de Tomi en mi cintura. El brazo de Iván abajo de mi cabeza. Yo pensando, muy claro, una sola cosa: "esto lo decidí yo, esto lo hice yo, esto fue mío."
Iván habló primero.
"¿Esto fue una sola vez o..."
Giré la cabeza. Lo miré. Después giré para el otro lado y miré a Tomi. Tomi se encogió de hombros, con esa media sonrisa que tiene cuando no quiere dar una respuesta antes de tiempo.
"Lo hablamos mañana", dijo.
Me reí. Me tapé la cara con las dos manos.
"Sos un hijo de puta. Mañana lo hablamos."
Apagamos la luz. Me acomodé entre los dos. Me dormí pensando que mañana iba a ser una conversación rarísima, que no sabía si iba a querer hacerlo de vuelta, que no sabía si iba a querer no hacerlo de vuelta, que tenía que pensarlo con la cabeza fría a la mañana siguiente. Y antes de dormirme del todo pensé una última cosa, casi en voz alta: lo hice. Lo hice yo.
Tomi tardó tres semanas en contestarme en serio. Después me dijo que sí. Después elegimos juntos. Iván salió rápido. Era el amigo más cercano de Tomi, lo conocía desde la facultad, había venido a comer a casa cincuenta veces. Yo siempre lo había mirado un poco más de la cuenta y Tomi lo sabía. Hablamos los tres en un asado, sobrios, en la terraza, con una lista de cosas que yo había escrito en el celular. Iván leyó la lista. Hizo dos preguntas. Dijo que sí.
El sábado a la noche los hice esperar. No por estrategia, porque tenía miedo. Cuando tocaron el timbre se me cerró el estómago y pensé en cancelar. Abrí en jean y remera, como cualquier sábado, porque tampoco me iba a recibir a mi novio y a su mejor amigo disfrazada de algo.
Comimos pizza en la cocina. Iván trajo fernet. Yo tomé dos copas de vino rápido para sacarme el miedo. Iván contó un chiste malo y me reí más fuerte de lo que el chiste merecía y Tomi me apoyó la mano en la rodilla abajo de la mesa y yo entendí que era yo la que tenía que arrancar, porque si esperaba a que arrancara alguno de ellos, los iba a hacer esperar toda la noche.
Me paré. Les estiré la mano. Los llevé al cuarto.
Adentro me quedé sin saber qué hacer. Me reí.
"Esto es rarísimo", dije.
Tomi me dijo por enésima vez que podíamos parar cuando quisiera. Le dije que ya sabía. Iván no decía nada. Tenía las manos en los bolsillos como un pibe en un primer baile. Me dio ternura. Caminé hasta él. Le toqué la cara. Le pasé el pulgar por el labio de abajo. Cerró los ojos un segundo, como si yo lo estuviera lastimando despacio.
"¿Puedo?", le pregunté.
"Por favor."
Lo besé. Y ahí entendí. Ahí, en el primer beso, antes de que pasara nada más. La boca de Iván era distinta. Más grande, con barba que raspaba, con un gusto que no era el de Tomi. Mi cuerpo se prendió como un interruptor. No por Iván puntualmente, sino por lo otro. Por la novedad. Por estar haciendo algo que se suponía que no debía. Por la presencia de Tomi atrás mirándome besar a otro.
Sentí a Tomi acercarse. Me besó la nuca. Me pasó las manos por la cintura por adelante, por arriba de las manos de Iván. Quedé apretada entre los dos. Una pija contra mi estómago, otra contra el culo. Cerré los ojos. Pensé "está pasando".
Me desvistieron entre los dos. Tomi la remera. Iván el corpiño, atrás, con dificultad, riéndose una vez porque no encontraba el broche. Cuando se me cayó el corpiño y las manos de Iván me agarraron las tetas por primera vez solté un ruido bajo que no había planeado. Iván tenía las manos grandes, secas, ásperas. Me agarraba las tetas con un peso distinto al que les daba Tomi, como si fueran más. Me pellizcó un pezón y se me aflojaron las rodillas.
Tomi atrás me bajó el jean. Me bajó la bombacha. Quedé desnuda entre dos hombres todavía vestidos y eso fue, creo, el momento más intenso de toda la noche. Sentí los jeans contra mi piel. Sentí los cinturones. Me sentí ridículamente expuesta y ridículamente excitada al mismo tiempo. Cuatro manos en mi cuerpo. Una mano de Tomi adentro de mí. Dos dedos, los de él, los que él sabe. Yo estaba empapada. Goteando. Iván arriba me agarraba las tetas y Tomi abajo me sacó los dedos brillantes y se los mostró a Iván por encima de mi hombro y eso, por algún motivo, fue lo más obsceno que vi en mi vida.
"Está chorreando", dijo Tomi.
Yo no dije nada. Me agarré del cuello de Iván.
Me llevaron a la cama. Me acosté boca arriba. Los miré desvestirse desde abajo. A Tomi lo conozco de memoria. A Iván lo estaba viendo por primera vez. Más flaco que Tomi, más alto, menos pelo en el pecho, una cicatriz vieja en el costado del abdomen que después le iba a preguntar de qué era. Cuando se bajó el boxer, le vi la pija. Distinta a la de Tomi. Más larga, un poco más fina, curvada hacia arriba como si apuntara a algo. Sentí que se me contraía la concha sola, sin tocarme nadie, de solo verla.
Tomi se subió primero. Se me acostó encima. Me besó. Me preguntó en la oreja si estaba segura. Le dije que sí. Me preguntó si quería que Iván mirara primero o si ya. Le dije que ya.
Tomi se corrió a un costado. Le hizo un gesto a Iván. Iván se acercó a la cama. Se arrodilló entre mis piernas. Me miró la cara y me dijo "hola" como un boludo, medio en chiste, y yo me reí y la risa me aflojó todo el cuerpo. Le dije vení.
Se acomodó arriba. Sentí su peso. Pesaba parecido a Tomi pero distinto, repartido distinto. Apoyó la pija en la entrada. Yo sentí la diferencia ahí mismo. La cabeza más ancha. Empujó despacio, mirándome a los ojos, y yo sentí cómo me iba abriendo de una forma que no era como me abre Tomi. Cuando entró del todo, cerré los ojos. La curva. La curva me tocaba un lugar adentro, más arriba, más adelante, contra el hueso del pubis por adentro, un lugar que Tomi no me toca porque su pija va derecha. Hice un ruido que no había hecho nunca.
"Ay", dije. "Ay, dios mío."
Iván se quedó quieto. Me preguntó si estaba bien. Le dije que sí, que se moviera, por favor.
Se empezó a mover. Despacio al principio. Yo miraba la cara de él pero también miraba la cara de Tomi a mi costado, que me miraba a mí. Tomi me agarró la mano. Me la apretó. Me besó la teta. Me chupó el pezón. Después metió la mano abajo y me empezó a tocar el clítoris mientras Iván me cogía y eso, esa combinación, esa cosa de tener a mi novio tocándome donde me toca siempre mientras otro hombre estaba adentro mío, me partió. Empecé a gemir fuerte, sin filtrar nada.
"Te miro y me muero", me dijo Tomi en la oreja. "Mirá cómo te coge. Mirá."
Miré abajo. Vi la pija de Iván entrar y salir de mi concha. Vi mi piel y la de él. Vi la mano de Tomi dando vueltas en mi clítoris al ritmo de Iván, como si los dos hombres estuvieran trabajando juntos en mí. Levanté la cabeza, le agarré la cara a Tomi y lo besé con la boca abierta, con saliva, con la lengua entera, mientras otro tipo me la metía hasta el fondo.
Me vine así. La primera vez. Fuerte. Apretándome entera. Iván sintió que me apretaba y paró, quieto, dejándome terminar contra él. Tomi me siguió tocando el clítoris hasta que le agarré la mano para que parara porque ya no aguantaba.
Iván salió. Tenía la pija brillante de mí. Se acostó al costado. Los tres nos quedamos un segundo respirando y yo pensé que con esto ya estaba, que con esto ya había sido suficiente, que ya había cumplido la fantasía y podíamos quedarnos los tres dormidos.
Y al segundo siguiente pensé que no.
"¿Cómo vas?", me preguntó Tomi.
"Quiero más."
"¿Qué más?"
Sabíamos los dos qué más. Lo habíamos hablado. Yo me había estado preparando sola en la ducha tres días seguidos. Primero un dedo. Después dos. Para saber si podía. Para saber cómo se sentía. Hoy a la mañana lo hice otra vez, con calma, antes de que llegaran. Sabía que estaba lista físicamente. No sabía cómo me iba a sentir con los dos al mismo tiempo, con una pija en cada lugar, con la sensación de estar llena por todos lados.
"Lo que hablamos", dije.
Tomi respiró hondo. Me preguntó si estaba segura. Le dije que sí. Me empezó a explicar las cuarenta cosas que ya me había explicado y le agarré la cara y le dije ya sé, amor, ya sé, dale.
Abrió el cajón de la mesa de luz. Sacó el lubricante. Le explicó a Iván sin mirarlo, con esa voz baja que tiene cuando se concentra en algo. Vos abajo, boca arriba, ella encima tuyo mirándote, despacio. Yo entro atrás.
Iván se acostó boca arriba. Me subí encima. Le agarré la pija con la mano. Sentir la curva en la palma. Me la apoyé en la entrada. Bajé despacio. Y ahora, sin la sorpresa de la primera vez, sentí mejor cómo me entraba. Cómo la curva me rozaba ese lugar al bajar. Cómo se me acomodaba.
Me quedé quieta arriba de él. Apoyé las manos en su pecho. Le miré la cara. Tenía los ojos cerrados.
"Mirame", le dije.
Abrió los ojos. Tenía los ojos marrones, más oscuros que los de Tomi. Me incliné adelante. Le pegué las tetas contra el pecho. Lo besé. Atrás sentí a Tomi subirse a la cama. Sentí sus manos en las cachas. Me las separó. Sentí el frío del lubricante caer. Después el dedo de él, el primero, que conozco. Uno. Dos. Tomi se tomó su tiempo. Yo abajo apreté la cara contra el cuello de Iván.
"Despacio, amor, por favor."
"Estoy yendo despacio."
Tomi sacó los dedos. Sentí la cabeza de su pija apoyada atrás. Más lubricante. Empujó. Yo respiré fuerte, hice ese ruido entre quejido y gemido. Iván abajo no se movía. Me tenía agarrada de la cintura, esperando. Sentí que me hablaba.
"Respirá."
"Sí."
Tomi empujó la cabeza adentro. Grité bajo, contra el cuello de Iván. Lo mordí sin querer.
"Pará, pará, pará."
Tomi paró. Quieto. Yo respiré tres, cuatro, cinco veces, con la cara en el hombro de Iván. Sentí las dos pijas. Esto es lo que cuesta describir bien. Sentí la de Iván adentro de la concha, sentí la de Tomi adentro del culo, y sentí, lo que más me sorprendió, que se tocaban. No directamente. Las separaba un pedazo de carne mía, fino, ese tabique interno que nunca había pensado en mi vida. Pero cuando una de las dos pijas se movía, la otra lo sentía a través mío. Yo era el medio. Yo era el lugar donde se encontraban.
Sentí que no entraba más nada en ningún lado. Sentí que estaba al límite, literalmente al límite, partida en dos por el medio. Y al mismo tiempo sentí un calor que me subía desde abajo, una cosa nueva, algo eléctrico, algo que no había sentido nunca en ningún otro encuentro de mi vida.
"Dale", dije. "Despacio. Dale."
Tomi empujó otro centímetro. Otro. La mitad. Tres cuartos. Hasta el fondo. Cuando sentí sus pelotas contra el culo, supe que estaba entero adentro. Estaba transpirando. Tenía la cara apretada contra el hombro de Iván. Iván me acariciaba el pelo, la espalda, me hablaba bajito al oído.
"Sos lo más hermoso que vi en mi vida. Sos lo más hermoso. Sos lo más hermoso."
Estuvimos así un minuto largo. Quietos. Yo acostumbrándome. Sintiendo el latido. Porque eso fue lo otro que no me esperaba, sentir el latido de las dos pijas adentro mío, dos pulsos distintos, dos hombres vivos contra mis paredes internas. Cerré los ojos. Pensé "este es el cuerpo que tengo. Esto es lo que se puede hacer con el cuerpo que tengo."
Y después fui yo la que se empezó a mover. Subí un centímetro. Bajé un centímetro. Sentí las dos pijas moverse adentro de mí, una saliendo cuando la otra entraba, deslizándose contra el tabique. Hice un ruido que no había hecho nunca, un ruido animal, bajo, largo, que salió de un lugar que no sabía que tenía.
"Despacio", dijo Tomi atrás. "Decinos vos."
Empecé a moverme de a poco. Arriba y abajo. Las dos pijas me cogían con cada movimiento. Iván abajo me agarraba las tetas. Me pellizcaba los pezones. Tomi atrás me agarraba las caderas, me ayudaba a subir y bajar, me besaba la espalda. Yo empecé a sentir algo que se iba armando adentro, una ola que no terminaba de llegar.
"Más rápido", dije. "Más."
Se empezaron a coordinar los dos. Tomi empujaba cuando yo subía. Iván empujaba cuando yo bajaba. Yo estaba en el medio, llena, llena en un nivel que no sabía que existía, sintiendo que las dos pijas me tocaban algo adentro que se rozaba a sí mismo a través de mí. Sentía los dos pares de manos en mi cuerpo. La barba de Iván en mis tetas. La boca de Tomi en mi espalda. Los dos respirando fuerte. Los dos para mí.
"Me voy a venir", dije. "Me voy a venir, me voy a venir."
"Vení", dijo Tomi atrás. "Vení."
Me vine así. Atravesada por los dos. Gritando contra el hombro de Iván. El cuerpo se me tensó entero, se me contrajo todo al mismo tiempo, las paredes de adelante y de atrás cerrándose sobre las dos pijas a la vez. Sentí que Iván abajo gritaba algo. Sentí que Tomi atrás me clavaba los dedos en las caderas. Y después se me aflojó todo. Me caí encima de Iván, con la cara en su pecho, temblando, mientras los dos me seguían cogiendo despacio dejándome terminar.
Iván terminó adentro mío un minuto después. Le agarró las caderas con las dos manos y se vino con la boca abierta, sin sonido, mirándome la cara. Sentí los chorros calientes adentro. Le pasé la mano por la mejilla.
Tomi salió antes de venirse. Acabó en mi cintura, en la curva de la espalda baja. Sentí el calor en la piel, los chorros, la respiración entrecortada de él atrás.
Nos quedamos así. Yo todavía con Iván adentro, con Tomi abrazándome desde atrás, los tres respirando, transpirados, con el olor a sexo metido en las sábanas y en mi pelo y en el aire del cuarto.
Después de un rato largo, me reí. Una risa rara, medio histérica.
"Qué hicimos."
Tomi se rió contra mi nuca.
"No sé."
Iván abajo abrió los ojos.
"¿Estás bien?"
Y ahí me di cuenta de que era a mí a quien le preguntaban, los dos, todo el tiempo. Eso también lo decidí yo. Eso también fue mío.
"Estoy bien", dije. "Estoy bien, bien, bien."
Salí de encima de Iván. Tomi salió de mí. Los tres nos quedamos acostados en mi cama, yo en el medio, mirando el techo. La mano de Tomi en mi cintura. El brazo de Iván abajo de mi cabeza. Yo pensando, muy claro, una sola cosa: "esto lo decidí yo, esto lo hice yo, esto fue mío."
Iván habló primero.
"¿Esto fue una sola vez o..."
Giré la cabeza. Lo miré. Después giré para el otro lado y miré a Tomi. Tomi se encogió de hombros, con esa media sonrisa que tiene cuando no quiere dar una respuesta antes de tiempo.
"Lo hablamos mañana", dijo.
Me reí. Me tapé la cara con las dos manos.
"Sos un hijo de puta. Mañana lo hablamos."
Apagamos la luz. Me acomodé entre los dos. Me dormí pensando que mañana iba a ser una conversación rarísima, que no sabía si iba a querer hacerlo de vuelta, que no sabía si iba a querer no hacerlo de vuelta, que tenía que pensarlo con la cabeza fría a la mañana siguiente. Y antes de dormirme del todo pensé una última cosa, casi en voz alta: lo hice. Lo hice yo.
1 comentarios - Cómo se siente tener dos pijas adentro