Después de separarnos, Carla y yo seguimos hablando de vez en cuando. Ella vive en Bernal Oeste con los chicos y cada tanto le pregunto lo mismo: “¿En qué andás? ¿Te estás cogiendo a alguien?”. Al principio se hace la difícil, me dice “¿y a vos qué te importa?”, pero siempre termina contándome. Y cada vez que lo hace, me pongo la pija dura imaginando lo puta que se volvió mi ex mujer.La última historia que me contó me dejó completamente loco.Me dijo que un conocido del barrio, un flaco que vive a pocas cuadras, apareció un mediodía en la casa mientras los chicos estaban en la escuela. Llegó con la excusa de tomar mates. Carla estaba sola, vestida con un short cortito y una remera ajustada. Se sentaron en la cocina al principio, charlando pavadas, pero la mirada del tipo ya estaba clavada en sus tetas y en sus piernas.Al rato el clima se puso denso. Él le puso la mano en el muslo, subió despacio y terminó con los dedos adentro del short, tocándole la concha que ya estaba empapada. Carla me confesó que empezó a gemir bajito mientras él la masturbaba.Después lo llevó a la pieza. Sí… a la pieza que yo dejé cuando nos separamos. Esa misma habitación donde dormíamos juntos durante años. Ahora era el lugar donde mi ex se iba a hacer coger por otro.Se arrodilló frente a él en el borde de la cama (nuestra cama de antes) y le bajó el jogging. La pija del flaco saltó dura y gruesa. Carla me dijo que tenía un olor fuerte a hombre y que eso la calentó todavía más. Sin decir nada, se la metió en la boca y empezó a chupársela con ganas: le pasaba la lengua por el glande, se la tragaba hasta donde podía, babeando todo el tronco mientras él le agarraba el pelo y le gemía “qué puta que sos, Carla”.Ella estaba enojada porque el tipo no quería usar forro. “Le dije mil veces que sin gomita no me cogía”, me contó. Pero el flaco insistía en que estaba limpio y que quería sentirla en carne viva. Carla dudó un rato… pero el morbo y el calor del momento pudieron más. Se sacó el short y la bombacha, se subió a la cama a cuatro patas y le dijo: “Metémela, pero acabá afuera, eh”.El tipo no se hizo rogar. Se puso atrás de ella, le escupió la concha y le metió la pija cruda de una sola empujada, bien profundo. Carla gimió fuerte, agarrando las sábanas. Me contó que sintió cómo la abría toda, cómo la cogía con fuerza, agarrándola de las caderas y dándole cachetadas en el culo mientras le decía guarradas:“Mirá cómo te gusta que te cojan en tu propia pieza… tu ex no te daba así, ¿no? Ahora esta cama es para que te la metan otros”.Carla estaba descontrolada. Le pedía “más fuerte”, “más profundo”, moviendo el culo contra él. El cuarto se llenó de los ruidos húmedos de la pija entrando y saliendo de su concha mojada, de sus gemidos y de las nalgadas. En un momento él la agarró del pelo, la puso boca arriba, le abrió las piernas y siguió cogiéndosela mirándola a la cara, diciéndole lo puta que estaba.Cuando sintió que él estaba por acabar, Carla se bajó rápido, se arrodilló en el piso de la pieza y le chupó la pija con desesperación hasta que el flaco explotó. Le llenó la boca de leche espesa. Ella tragó una parte y el resto le chorreó por las tetas y la barbilla.Cuando terminó de contármelo, casi riéndose me dijo:“¿Estás contento ahora? Ya sabés lo puta que estoy… y sí, lo hice en la pieza que dejaste vos”.Y la verdad… sí, estoy muy contento. Y muy caliente. Saber que mi ex Carla de Bernal Oeste se está cogiendo a tipos del barrio en la misma pieza donde dormíamos juntos me pone como loco. Cada vez que me cuenta estos encuentros me doy cuenta de lo zorra que se volvió.Ahora solo pienso en la próxima vez que le pregunte: “Carla… ¿quién te está cogiendo esta semana en esa pieza?”.
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