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Familia México-Colombiana 10

Raquel la hermosa sobrina de Hector, una colombiana con un cuerpo hecho para follar: piel morena brillante, cintura de avispa, unas tetas enormes, pesadas y naturales que rebotaban con solo caminar, y un culo gigantesco, redondo, firme y jugoso que parecía pedir verga a gritos. Sus nalgas eran gruesas, con una curva perfecta que se meneaba obscenamente. 
Esa noche, en la reunión en el departamento de Bogotá, llevaba un vestidito negro cortísimo y tan ajustado que sus tetas casi se salían del escote profundo y su culo se marcaba como si estuviera desnuda. Desde que llegó, no dejó de buscar a Héctor con la mirada. 
Héctor estaba allí con su esposa Alejandra, la tía de Raquel. Raquel estaba acompañada de Erika su madre, hermana de Alejandra, Erika sabía exactamente lo que estaba pasando.
Se sentó a su lado en el sofá, pegando su muslo contra el de él, y se inclinó hacia adelante sin vergüenza, dejando que sus tetas enormes se desbordaran casi hasta mostrar los pezones oscuros y gruesos.
—Hola, papi… ¿te gustan mis tetotas? —susurró con su acento caliente, mordiéndose el labio—. Me las puse bien apretadas para que se te pare la verga mirándome.
Alejandra conversaba con Erika en el otro sofá, ajenas a todo. Raquel deslizó la mano discretamente y apretó la verga de Héctor por encima del pantalón.
Héctor ya sentía su polla endureciéndose rápido. Raquel sonrió al notar el bulto y, sin que nadie viera, deslizó su mano directamente sobre él, apretando la verga gruesa por encima del pantalón.
—Uy, ya la tienes bien dura, papito… Qué verga tan rica y gorda. Me está mojando el coño solo de tocarla.
Se levantó y caminó hacia la cocina contoneando exageradamente ese culo enorme. Cada paso hacía que sus nalgas se movieran como gelatina, subiendo y bajando. Héctor la siguió. En la cocina, Raquel se inclinó sobre la encimera arqueando la espalda al máximo, levantando el vestidito. No llevaba bragas. Su coño estaba completamente depilado, hinchado, con los labios mayores gruesos y rojos, abiertos y chorreando hilos de jugo transparente que le bajaban por los muslos.
—Mírame el coño, tiito… —dijo girando la cabeza con cara de puta en celo—. Está empapado y abierto solo por ti. ¿Quieres meterme los dedos en este coño colombiano de puta? ábreme este coño colombiano mientras Alejandra está en la sala.
Héctor metió dos dedos de golpe en su vagina caliente y resbaladiza. Estaba tan mojada que entraron sin resistencia, haciendo un sonido húmedo y obsceno. Raquel gimió fuerte y empujó el culo hacia atrás.
—Más profundo, hijoeputa… méteme tres dedos y ábreme el coño. Quiero que sientas cómo me chorreo para ti.
Mientras la dedo-follaba con fuerza, Raquel movía las caderas como una perra, frotando su clítoris hinchado contra la mano de él. Sus tetas enormes colgaban y se balanceaban pesadamente bajo el vestido.
Oyeron la voz de Alejandra y Erika acercándose por el pasillo:
—¿Héctor? ¿Estás en la cocina?
Rápidamente se metieron en la pequeña habitación de servicio contigua, dejando la puerta entreabierta. El espacio era tan estrecho que apenas cabían de pie, pegados cuerpo contra cuerpo.
Alejandra y Erika entraron a la cocina buscando vasos. Desde la habitación, Héctor y Raquel podían verlas claramente a través de la rendija. Raquel, sin perder tiempo y con una sonrisa perversa, se arrodilló en silencio y le bajó el cierre. La verga gruesa de Héctor saltó fuera. Raquel escupió y se la tragó hasta la garganta de un solo golpe, haciendo arcadas húmedas y ruidosas que intentaba controlar.
—Gluck… gluck… gluck… —sonaban sus arcadas mientras lo mamaba como una puta barata, babeando profusamente. La saliva le chorreaba por la barbilla y caía sobre sus tetas. Sacó la verga un segundo para golpearla contra su cara y sus tetotas.
—Qué verga tan deliciosa, papito… Me la voy a comer toda.
Volvió a tragársela entera, lamiendo los huevos pesados y chupando el precum que salía a chorros. Regresaron a la sala. Durante la siguiente hora, Raquel se volvió una provocadora insaciable. Se sentaba frente a Héctor con las piernas bien abiertas, mostrándole su coño hinchado y chorreante. Cada vez que pasaba cerca, frotaba su culo grande contra la verga dura de él. En un momento, mientras todos miraban algo en el celular, metió la mano debajo de la mesa y le pajeó la verga con fuerza, apretando el tronco y frotando el glande con el pulgar mojado de precum.
—Cuando se vayan todos te voy a dejar el culo y el coño destrozados —le susurró al oído, lamiéndole el lóbulo. Apenas el último invitado cerró la puerta, Raquel se arrancó el vestido quedando completamente desnuda. Sus tetas enormes rebotaron libres, pesadas y con los pezones duros como piedras. Se tiró de rodillas y le chupó la verga con furia animal: saliva volando, arcadas profundas, saliva corriendo por su barbilla y sus tetas.
—Quiero que me folles como a una perra —exigió.
Se subió al sofá, se abrió el coño con dos dedos y se empaló de golpe en la verga gruesa. Su chocho caliente y apretado tragó toda la polla hasta el fondo.
—¡Aaaahhh, carajo! Qué verga tan gruesa… me estás rajando el coño, papi… ¡fóllame!
Empezó a cabalgarlo como una loca, saltando con fuerza. Sus tetas rebotaban salvajemente, golpeándose entre sí con sonidos húmedos. El coño le chorreaba tanto que los huevos de Héctor estaban empapados y el sofá se mojaba.
Héctor la agarró de las nalgas enormes y la embistió desde abajo con brutalidad, haciendo que su culo chocara con sus muslos con golpes fuertes y mojados.
—Más duro, hijoeputa… ¡rómpeme el coño!
La puso en cuatro, le escupió en el culo y le metió la verga en el coño de una estocada violenta. Luego sacó la polla chorreante de jugos y la puso contra su ano apretado.
—Quiero que me des por el culo… métemela toda, sin piedad.
Empujó fuerte. El culo de Raquel se abrió poco a poco, tragándose la verga gruesa hasta los huevos. Ella gritó de placer y dolor mezclado:
—¡Síííí! ¡Qué rico me duele! ¡Fóllame el culo, cabrón! ¡Destrózame este culote colombiano!
Héctor la folló por el culo con embestidas salvajes, mientras le metía cuatro dedos en el coño chorreante y le pellizcaba los pezones duros. Raquel se corrió como una loca, su ano apretando la verga como un puño, chorros de squirt saliendo a presión de su coño mientras gritaba y temblaba.
Héctor no aguantó más. Sacó la verga del culo y se la metió de nuevo en el coño, follándola con furia hasta que explotó dentro de ella, llenándole el útero de chorros espesos y calientes de semen. Raquel se corrió otra vez al sentir cómo la inundaban.
Cuando terminó, se giró, se arrodilló y le limpió la verga con la boca, tragándose todo el semen mezclado con sus jugos y el sabor de su propio culo.
Al terminar, con las piernas temblorosas y semen escapando de su cuerpo bajo el vestidito, miró a Alejandra desde lejos. Su tía sonreía inocentemente, ajena a todo. Raquel sintió una oleada de placer competitivo: “Tú tienes el anillo, Tía… pero yo tengo su verga, su leche y su atención. Y lo voy a seguir robando cada vez que quiera”.
Más tarde, cuando nadie miraba, le susurró a Héctor al oído:
—Esto apenas empieza, papi. La próxima vez quiero que mi Tía esté más cerca… quiero competir más fuerte. Quiero que sepas que mi cuerpo perfecto siempre va a ganar contra el de tu esposa. Erika, que había cubierto todo, le guiñó un ojo. Raquel ya planeaba la siguiente jugada … solo para sentir la adrenalina de la competencia en su punto máximo.
—. Mañana te quiero otra vez. Mi cuerpo de puta es tuyo para que me uses como quieras: tetas, coño, culo… todo

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