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La Familia De Mi Novia Pt4

Episodio IV: Vueltas a la normalidad



Los días siguientes volvieron a la rutina. Jesi vive con su mamá y su hermana en esa casa grande, yo sigo solo en mi departamento de dos ambientes en Capital. A veces ella se escapaba a dormir conmigo, pero la mayoría de las veces nos veíamos y después ella volvía. Esa semana fue más de lo mismo: laburo, mensajes calientes con Jesi, y yo tratando de no pensar en esa casa.

El miércoles Jesi vino a mi depto después de la facu. Apenas cerró la puerta se me tiró encima. La besé contra la pared, le saqué la ropa rápido y la llevé a la cama. Esa tarde estuve más sádico: le até las manos con mi cinturón, le di unos buenos azotes en el culo hasta dejarle la marca roja y después la cogí fuerte por atrás, tirándole del pelo.

—Más fuerte, Esteban… tratame de puta —gemía ella.

Le acabé adentro, profundo, y después, todavía con la pija mojada, se la puse en la cara. Jesi, obediente y ninfómana, me la chupó toda, tragándose mi leche mezclada con sus jugos sin asco. Me encantaba eso de ella.

Después, mientras fumábamos un pucho en la cama, Jesi me dijo:

—Este finde mi viejo vuelve. Va a estar Darío en casa. Pero igual vení, ¿sí? Ma quiere hacer un asado.

Pensamiento mío: “Darío… el cornudo ausente. Saber que Sofía no está satisfecha con él me calienta y me da culpa al mismo tiempo. No, Esteban. Tenés que alejarte un poco.”

El viernes fui igual. Llegué con unas cervezas. Darío abrió la puerta. Era un tipo común, 37 años, un poco panzón, cara de cansado. Me dio la mano con una sonrisa floja.

—Así que vos sos Esteban. Bienvenido, pibe.

Durante el asado Darío hablaba poco, tomaba birra y miraba el celular. Sofía estaba al lado de la parrilla, con un vestido liviano de verano que se le pegaba al cuerpo con el calor. Cada vez que se agachaba a buscar algo se le marcaba el culo. Mica ayudaba a poner la mesa, más callada que nunca.

Pensamiento de Sofía: “Mirá a Darío… ni siquiera me ayuda. Esteban en cambio se ofreció a prender el fuego. Y esa espalda… Basta, Sofía. Es el novio de tu hija.”

En un momento Darío se sentó a la mesa y Sofía pasó por atrás mío para llevar una fuente. Su cadera me rozó el hombro. Fue un segundo, pero sentí el calor de su cuerpo a través de la tela.

—Perdón —dijo ella bajito.

—No hay drama —respondí, y sentí que la pija se movía dentro del short. Me senté rápido para disimular.

Pensamiento mío: “Otra vez. Te está pasando algo raro cada vez que estás cerca de ella. Es la mamá de Jesi, boludo. Tenés que controlarte.”

Mica estaba enfrente. Cada tanto levantaba la vista y me miraba, después bajaba rápido. Durante el asado se le cayó un poco de salsa en la remera y cuando se limpió se le transparentó un poco el corpiño. Nada grave, pero me quedé mirando un segundo de más.

Pensamiento de Mica: “Me vio las tetas… creo. Me da vergüenza pero al mismo tiempo… no sé, me late fuerte. Es tan grande y serio al lado de Jesi. Yo ni siquiera sé cómo besar a alguien todavía.”

Darío se levantó temprano diciendo que estaba cansado del viaje. Se fue a dormir. Nosotros nos quedamos un rato más en el living. Jesi se acurrucó contra mí en el sillón. Sofía se sentó enfrente, cruzando las piernas. Mica estaba en el otro sillón con el celu.

La charla derivó a temas más personales. Sofía contó, casi sin filtro, que con Darío las cosas “ya no eran como antes”.

—Viaja mucho, llega cansado… ya sabés, faltan las cosas que tiene que haber en una relación —dijo mirando el vaso de vino.

Jesi se rio incómoda.

—Ma, no cuentes eso delante de Esteban.

Sofía sonrió con esa expresión dominante.

—Qué querés que haga, hija. Las cosas son como son.

Pensamiento de Sofía: “Si Darío supiera lo que estoy pensando ahora mismo… Esteban tiene pinta de que sabe cómo manejar a una mujer. Y yo hace meses que no siento nada.”

Cerca de la medianoche Jesi y yo subimos. Apenas entramos a la pieza la empujé contra la cama y la cogí con ganas, pero más callado que otras veces. Mientras la tenía abajo mío, escuché pasos en el pasillo. Probablemente Sofía yendo al baño.

Pensamiento mío: “Si nos escuchan… si Sofía nos escucha. ¿Le calienta? No pienses eso, pelotudo.”

Al otro día, sábado, Darío se levantó tarde y se fue a ver un partido a lo de un amigo. Quedamos los cuatro en casa. Decidimos ordenar el garaje, que estaba hecho un desastre. Entre cajas y herramientas, en un momento me quedé solo con Sofía buscando unas cosas arriba de un estante. Yo estaba subido a una escalera, ella abajo sosteniéndola.

Al bajar, calculé mal y mi cuerpo rozó el de ella. Mi entrepierna le pasó cerca de la cara. Sentí que se le cortó la respiración un segundo.

—Uy, perdón —dije, bajando rápido.

Sofía se acomodó el pelo, un poco colorada.

—No pasa nada… —contestó, pero su voz sonó más ronca.

Cuando me di vuelta para seguir, se me había puesto bastante dura y se me marcaba en el short de gimnasia. Sofía lo vio. No dijo nada, pero se mordió el labio inferior un instante antes de seguir buscando cajas.

Pensamiento de Sofía: “Es grande… más grande que la de Darío, seguro. Y está duro. Por mí. Dios, estoy mojada solo de pensarlo. Pero es el novio de Jesi… no puedo.”

Yo subí al baño a calmarme, puteándome mentalmente.

Pensamiento mío: “Te vio la verga dura, Esteban. Esto se está yendo de las manos. Tenés que poner distancia o vas a terminar arruinando todo lo que tenés con Jesi.”

Mica, que estaba más lejos ordenando, no vio nada… o eso creí.

Esa noche, ya en mi depto solo, me pajeé pensando en Sofía. Después me sentí la peor mierda del mundo y le mandé un mensaje cariñoso a Jesi.

La culpa estaba ahí, pesada. Pero también la excitación. Y eso me asustaba.

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Volví de estar con mis amigas, un poquito borracha y caliente jiji así que quise subir otra parte
Ojalá les guste, se que va lento pero ya va a venir lo bueno

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