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Convenciendo a mi mejor amiga part 2

Después de esa tarde de confesiones con el vino y la pizza, Lara se animó poquito a poco. Le ayudé a practicar lo que le iba a decir a Nico: empezó suave, como le sugerí, una noche en la cama mientras se besaban. Le susurró algo tipo: “Amor… a veces fantaseo con que otro me toca mientras tú miras… ¿te excitaría verte eso?”. Nico se quedó callado un rato, la besó y le dijo que no… que la quería solo para él, que le daba celos imaginarla con otro. Lara se sintió rechazada, pero no insistió. Se quedó con la espinita clavada, pensando en lo que yo le había contado, en cómo me había sentido tan deseada y libre esa noche en el hotel.
Convenciendo a mi mejor amiga part 2
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Pasaron unas semanas y la espina no se iba. Lara me escribía casi todos los días: “Kei, no dejo de pensar en eso… me da curiosidad, pero Nico no quiere”. Yo le decía: “Tranquila, no lo fuerces… pero si algún día surge algo natural, pruébalo. La vida es corta”. Ella se reía nerviosa, pero se notaba que la idea la tenía obsesionada.
Un viernes salimos las dos solas al antro (Fede y Nico se quedaron en casa porque tenían que madrugar). Nos pusimos bien sexys: yo con un vestido corto negro pegadito, ella con uno rojo que le marcaba todo el culito y las tetitas. Bailamos, tomamos unos tragos y de repente se nos acercaron dos morenos altos, guapos, con esa onda confiada. Uno era más moreno y musculoso, el otro más delgado pero con sonrisa matadora. Empezaron a tirarnos la onda: bailaron con nosotras, nos invitaron shots, nos decían piropos sucios pero lindos.

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Lara al principio se ponía tímida, se sonrojaba y miraba para otro lado, pero yo vi cómo se le encendían los ojos cuando uno de ellos la agarró por la cintura para bailar pegadito. Le susurré al oído: “Mira, Lara… si te los coges hoy, nunca vas a volver a querer comer chocolate blanco. ¿Qué pierdes? Nico ni se va a enterar, y si te gusta… pues ya sabes cómo se siente de verdad”. Ella se rió nerviosa, dijo “ay Kei, no sé…”, pero ya estaba bailando más suelta, moviendo las caderas contra él.
De pronto el moreno musculoso la besó en el cuello mientras bailaban, el otro le rozaba el culo por atrás. Lara soltó un gemidito bajito que solo yo escuché. Los dos la llevaron al baño del antro (uno de esos grandes con cubículos amplios). Yo me quedé afuera un rato, pero entré después porque quería ver que estuviera bien… y también porque me estaba prendiendo la escena.

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Adentro fue una locura. Lara, que siempre había sido tan tímida, se dejó llevar por completo. Uno la besaba en la boca mientras el otro le subía el vestido y le metía los dedos. Ella gemía bajito al principio: “Ay… no… despacio…”, pero en minutos ya estaba de rodillas chupándoles las dos pollas negras gruesas, sacando la lengua como yo le había contado que hacía yo. La pusieron contra la pared, uno por delante y otro por atrás. Se la metieron los dos al mismo tiempo (uno en el coño, el otro en la boca), bombeando fuerte. Lara se corrió gritando ahogado, las piernas temblando, diciendo “más… por favor… más duro…”. La llenaron de leche: uno se corrió en su coño (con condón, pero se notaba lo lleno que quedó), el otro en su boca y cara. Salió del baño con el maquillaje corrido, el vestido arrugado, oliendo a sexo y semen, pero con una sonrisa enorme y los ojos brillantes.
Cuando volvimos a la pista, me abrazó y me dijo al oído: “Kei… tenías razón. Fue… increíble. Nunca me había sentido tan puta y tan viva”. Yo me reí y le dije que me tocaba mi turno después (pero eso ya les cuento en otra parte).
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Llegó a su casa esa madrugada. Nico estaba dormido. Lara, todavía caliente y llena de leche de los dos morenos, se metió a la cama, se sentó en la cara de él y le dijo bajito: “Amor… necesito más… chúpame, por favor”. Nico se despertó medio dormido, la lamió sin saber nada, tragándose todo lo que quedaba de los otros sin enterarse. Lara se corrió otra vez en su boca, gimiendo “más… necesito más… uno más grande… tú no me haces nada…”. Desde ese día, cada vez que están en la cama, ella le dice lo mismo: “Amor, necesito más… más grande… no me llenas como quiero”. Nico se pone duro, pero ella ya no es la misma tímida de antes… ahora sabe lo que quiere y no tiene pena de pedirlo.
Lara me escribe casi todos los días contándome cómo lo provoca, cómo lo hace sentir cornudito sin que él sepa toda la verdad. Dice que algún día le va a contar todo… o quizás no, y siga disfrutando en secreto.
¿Quieren que les cuente mi parte de esa noche en el antro? Porque yo tampoco me quedé atrás… 😏

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