A veces, cuando estoy solo, me viene todo de golpe y no sé si me da más bronca o más calentura. Carla y yo ya no estábamos juntos, pero tiempo después ella misma me terminó contando todo, entre lágrimas y con culpa. Yo ya había visto parte de la verdad revisando su celular, pero escuchar los detalles de su boca fue otra cosa.
Todo empezó con Fer, el hijo de 40 años de una compañera de trabajo de Carla. Un vago total que no trabajaba, vivía mantenido por la madre y pasaba el día fumando porros y jugando a la Play. Una noche vi en el WhatsApp de Carla la foto que Fer le mandó: su pija dura y gruesa, tomada desde arriba en el baño, con el mensaje “Mirá lo que me ponés cuando me hablás de esa hermosa cola que tenés”.
Lejos de bloquearlo, Carla le siguió dando charla. Le contestó con emojis, indirectas y mantuvo la conversación caliente varios días. Cuando le pregunté en su momento si se lo había cogido, me negó todo. Pero después, cuando ya no estábamos juntos, me confesó la verdad completa.
La primera vez fue en una reunión de compañeras de trabajo en la casa de la madre de Fer. Mientras las mujeres charlaban y tomaban vino en el living, Fer llevó a Carla a su habitación del fondo. Apenas cerró la puerta, la empujó contra la pared y le bajó el jean hasta las rodillas. Carla tenía un tanga negro chiquito. Fer se arrodilló, le corrió la tela y le comió el culo con hambre, metiendo la lengua bien profundo mientras le metía dos dedos en la concha empapada. Carla mordía su antebrazo y susurraba: “Fer… seguí… me estás poniendo loca”.
Fer se levantó, sacó su pija gruesa y se la metió de una sola estocada. La cogía fuerte contra la pared, agarrándola de las caderas y repitiéndole: “Tenés la cola más hermosa que vi en mi vida, Carla… sos una puta”. Le daba cachetadas que le dejaban el culo rojo. Carla empujaba para atrás gimiendo bajito hasta que Fer se corrió adentro de ella, llenándola mientras le apretaba las tetas.
Más tarde, cuando la reunión ya estaba terminando y la madre de Fer estaba distraída en la cocina, se escaparon al baño. Carla se arrodilló y se la chupó con ganas, metiéndose casi toda la pija en la boca, babeando mientras Fer le agarraba el pelo y le follaba la boca. Le llenó la garganta y Carla tragó todo.
La vez que casi los descubren fue en otra tarde en la misma casa. La madre de Fer (compañera de Carla) había salido a hacer compras, pero volvió mucho antes de lo esperado. Fer tenía a Carla toda la siesta en su habitación. Primero la puso de cuatro sobre la cama y le comió el culo con ganas, lamiendo y escupiendo. Después la cogió fuerte por la concha, dándole cachetadas. Al final la preparó con saliva y crema y se la metió por el culo. Carla gemía contra la almohada: “Más fuerte Fer… rompeme el culo…”. Fer la embestía agarrándola del pelo y diciéndole “Esta hermosa cola es mía”.
Estaban en pleno culo cuando escucharon la llave en la puerta de entrada y la voz de la madre de Fer llamando. Fer se quedó congelado con la pija adentro del culo de Carla. Ella, muerta de miedo y todavía excitada, apretó las sábanas. Fer tapó la boca de Carla con la mano y se quedó quieto, la pija palpitando dentro de ella. Escucharon los pasos de la madre acercándose por el pasillo. Fer salió despacio del culo de Carla, que casi gime por la sensación. Se vistieron a las apuradas, con el corazón a mil. Carla salió primero disimulando que había ido al baño, mientras Fer se quedó escondido un rato más en la habitación. Casi los descubren, pero se salvaron por poco.
Carla me contó que después de ese susto siguieron viéndose varias veces más en la casa, aprovechando cuando la madre salía. En una de esas siestas Fer la tuvo otra vez de cuatro, cogiéndola por el culo con más fuerza, dándole nalgadas fuertes y repitiéndole lo rica que era su cola.
Cada vez que volvía, Carla llegaba con la culpa y la excitación mezcladas. Me lo negó todo mientras estuvimos juntos, pero después me confesó hasta el último detalle. Saber que mi ex se dejaba coger por ese vago de 40 años mantenido por la madre, que empezó todo por una foto de pija y una charla que ella decidió seguir, me genera una mezcla rara de bronca y calentura que todavía no se me va.
Todo empezó con Fer, el hijo de 40 años de una compañera de trabajo de Carla. Un vago total que no trabajaba, vivía mantenido por la madre y pasaba el día fumando porros y jugando a la Play. Una noche vi en el WhatsApp de Carla la foto que Fer le mandó: su pija dura y gruesa, tomada desde arriba en el baño, con el mensaje “Mirá lo que me ponés cuando me hablás de esa hermosa cola que tenés”.
Lejos de bloquearlo, Carla le siguió dando charla. Le contestó con emojis, indirectas y mantuvo la conversación caliente varios días. Cuando le pregunté en su momento si se lo había cogido, me negó todo. Pero después, cuando ya no estábamos juntos, me confesó la verdad completa.
La primera vez fue en una reunión de compañeras de trabajo en la casa de la madre de Fer. Mientras las mujeres charlaban y tomaban vino en el living, Fer llevó a Carla a su habitación del fondo. Apenas cerró la puerta, la empujó contra la pared y le bajó el jean hasta las rodillas. Carla tenía un tanga negro chiquito. Fer se arrodilló, le corrió la tela y le comió el culo con hambre, metiendo la lengua bien profundo mientras le metía dos dedos en la concha empapada. Carla mordía su antebrazo y susurraba: “Fer… seguí… me estás poniendo loca”.
Fer se levantó, sacó su pija gruesa y se la metió de una sola estocada. La cogía fuerte contra la pared, agarrándola de las caderas y repitiéndole: “Tenés la cola más hermosa que vi en mi vida, Carla… sos una puta”. Le daba cachetadas que le dejaban el culo rojo. Carla empujaba para atrás gimiendo bajito hasta que Fer se corrió adentro de ella, llenándola mientras le apretaba las tetas.
Más tarde, cuando la reunión ya estaba terminando y la madre de Fer estaba distraída en la cocina, se escaparon al baño. Carla se arrodilló y se la chupó con ganas, metiéndose casi toda la pija en la boca, babeando mientras Fer le agarraba el pelo y le follaba la boca. Le llenó la garganta y Carla tragó todo.
La vez que casi los descubren fue en otra tarde en la misma casa. La madre de Fer (compañera de Carla) había salido a hacer compras, pero volvió mucho antes de lo esperado. Fer tenía a Carla toda la siesta en su habitación. Primero la puso de cuatro sobre la cama y le comió el culo con ganas, lamiendo y escupiendo. Después la cogió fuerte por la concha, dándole cachetadas. Al final la preparó con saliva y crema y se la metió por el culo. Carla gemía contra la almohada: “Más fuerte Fer… rompeme el culo…”. Fer la embestía agarrándola del pelo y diciéndole “Esta hermosa cola es mía”.
Estaban en pleno culo cuando escucharon la llave en la puerta de entrada y la voz de la madre de Fer llamando. Fer se quedó congelado con la pija adentro del culo de Carla. Ella, muerta de miedo y todavía excitada, apretó las sábanas. Fer tapó la boca de Carla con la mano y se quedó quieto, la pija palpitando dentro de ella. Escucharon los pasos de la madre acercándose por el pasillo. Fer salió despacio del culo de Carla, que casi gime por la sensación. Se vistieron a las apuradas, con el corazón a mil. Carla salió primero disimulando que había ido al baño, mientras Fer se quedó escondido un rato más en la habitación. Casi los descubren, pero se salvaron por poco.
Carla me contó que después de ese susto siguieron viéndose varias veces más en la casa, aprovechando cuando la madre salía. En una de esas siestas Fer la tuvo otra vez de cuatro, cogiéndola por el culo con más fuerza, dándole nalgadas fuertes y repitiéndole lo rica que era su cola.
Cada vez que volvía, Carla llegaba con la culpa y la excitación mezcladas. Me lo negó todo mientras estuvimos juntos, pero después me confesó hasta el último detalle. Saber que mi ex se dejaba coger por ese vago de 40 años mantenido por la madre, que empezó todo por una foto de pija y una charla que ella decidió seguir, me genera una mezcla rara de bronca y calentura que todavía no se me va.
0 comentarios - Se la garcho el hijo de la compañera