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El dia que convertí a mi mujer en una hotwife

Luego demeses de intentar convencer a su pareja, Martín finalmente logró que ella acceda a estar con otro hombre. Llegarona un acuerdo, y así entonces seleccionaron para la ocasión del debut, que fuerael mejor amigo de ella, Mauricio, con quien tuvo algo en el pasado y que segúnella es un caballero que jamás va a contar lo sucedido. La puerta del baño se abriócon un chasquido suave, cortando la charla trivial entre Martín y Mauricio. Losdos se callaron de golpe, como si un interruptor hubiera sido accionado. Roxanaestaba parada en el umbral, y el aire de la sala se espesó, se cargó de unaelectricidad palpable.
Ella, tenía38 años en ese momento, pero esa noche lucía una edad atemporal. Su pieltrigueña brillaba bajo la luz tenue de la lámpara, y su pelo lacio y negro caíacomo un velo de seda sobre sus hombros. La boca, pintada de un rojo intenso yaudaz, prometía pecados. El vestuario era el golpe de gracia: su delantal de docente. De ese blanco inmaculado, con el cuello ylos bolsillos negros, el corte de poncho que la favorecía y los botones en loscostados. Solo dos de los cuatro botones de cada lado estaban abrochados,dejando que la tela se abriera justo en el curva de sus pechos medianos y, másabajo,  revelando el misterio de lo quehabía (o no) debajo. Martín, su novio, la miró con una mezcla de orgullo ydeseo; era su mujer, y era una diosa. Pero fue la mirada de Mauricio la quequemó, su amigo se quedó boquiabierto, los ojos fijos en el triángulo de piel oscura que se divisaba entrelas telas blancas. Y luego bajaron más, a donde el delantal se abría porcompleto en la parte inferior, dejando al descubierto sus caderas generosas yel inicio de una cola que parecía una obra de arte. La tanga roja era apenas unhilo, una promesa casi invisible que se perdía en la hondura de sus enormes yesponjosas nalgas.
Señor Mauricio dijo Roxana, y su voz era un murmullo deterciopelo, cargado de una autoridad nueva, juguetona y peligrosa. Parece que no está prestando  atención.
Mauriciotragó saliva, incapaz de articular palabra. Martín sintió un nudo en lagarganta, una punzada de celos que se mezcló con una excitación que le subíapor las piernas y le endurecía la pija en el pantalón. Sabía de qué iba esto, habíanhablado, habían fantaseado, pero verlo y sentirlo en carne viva, era otra cosa.
Esta noche, vos sos mi alumno continuó Roxana, acercándose despacio,caminando como una pantera. Y yo voy adarte una clase particular. Una clase de educación sexual avanzada. Y vos, Martíndijo, volviéndose hacia su noviocon una sonrisa pícara. Vos sos el castigado. El que se quedaen el primer pupitre, mirando y aprendiendo. Sin tocar. Entendido? Martínasintió, sumiso, la mano ya rozándose el bulto que crecía en su pantalón.
Roxana searrodilló frente a Mauricio, que todavía estaba sentado en el sillón. Eldelantal blanco se desparramó sobre el suelo, un lienzo puro para la escenasucia que estaba por comenzar. Con movimientos lentos y deliberados, desabrióel cinturón y el pantalón de su amigo, liberando una verga ya tiesa ypalpitante. La miró con ojos de maestra satisfecha.
Primera lección: reverencia susurró, y entonces se inclinó.
Su boca rojase cerró sobre la cabeza de la verga de Mauricio, y un gemido ronco escapó delos labios de él. Roxana lo hizo con maestría, con una devoción que era a lavez tierna y salvaje. Su lengua bailaba, sus labios deslizaban, y cadamovimiento era una demostración de poder. Martín observaba, hipnotizado, lamano moviéndose ya con ritmo propio sobre su propia verga, sintiéndose elespectador de una película pornográfica en la quela protagonista era la mujer que amaba.
Cuando sintióque Mauricio estaba al borde, Roxana se detuvo. Se levantó, y sin quitarse eldelantal, se montó sobre él, de frente. La tanga roja se corrió hacia uncostado, y ella guio el miembro de su amigo hasta su entrada húmeda y caliente.Se dejó caer lentamente, absorbiéndolo hasta el fondo, y ambos soltaron ungemido en unísonoRoxana sintió como la verga grandey gruesa de su mejor amigo le perforaba la vagina; y saber que su pareja laestaba mirando la excitaba mucho más.
Segunda lección: ritmo dijo ella, y comenzó a cabalgar.
Su colagrande y esponjosa rebotaba contra los muslos de Mauricio con cada embestida,un espectáculo hipnótico para Martín. El delantal blanco se movía con ella, aveces revelando sus pechos, a veces ocultándolos, un juego de seducciónconstante. Roxana arqueaba la espalda, la cabeza echada hacia atrás, el pelonegro cayéndole sobre la espalda mientras se entregaba al placer, dictando laclase con cada movimiento de sus caderas.
La verga deMauricio entraba y salía de su interior mientras ella controlaba el ritmo entrerapidez y lentitud; sintiendo todo ese pedazo de carne perforarla como untaladro.
Ahora, de pie ordenó, bajándose de él.
Mauricio laobedeció al instante. Roxana se apoyó en el respaldo del sillón, de espaldas aél, levantando su delantal y ofreciéndole su cola. Su pequeña tanga roja hacíaresaltar sus grandes y gelatinosas nalgas; en ese instante miró a Martín a losojos, con una mirada fiera y dominante.
Tercera lección: sumisión. Mirá,Martín. Ahora quiero que aprendas cómo se penetra a una mujer.
Mauriciodeleitándose con la escena tan morbosa de ver a su amiga en su versión másputa; se acercó sin dudarlo sujetándose el pene. Roxana lo esperaba ansiosa; yMauricio la penetró de
perrito,ingresando lentamente su verga hasta sentir que entraba por completo en sumojada y caliente conchita. Con fuerza y agarrándola por las caderas la penetrócon intensidad. Cada golpe
sacudía elcuerpo de Roxana, y hacía temblar sus nalgas con un ruido ambiente que parecíael de gente aplaudiendo.
El delantalcolgaba de sus hombros, una prenda formal ahora convertida en el uniforme deuna diosa del placer. Los gemidos de ella llenaron la habitación, mezclados conlos jadeos de Mauricio y el sonido ahogado de la masturbación de Martín.
Roxana lomiraba fijamente a su novio mientras eragarchada por su amigo. En sus ojos no había piedad, solo un desafío, unainvitación a sumergirse en la humillación y el éxtasis. Martín se sintió pequeño,insignificante y absurdamente excitado alver disfrutar a Roxana con otro macho; y más aún al reconocer que su miembroviril era demasiado pequeño a comparación del que estaba perforándole laconcha. Era el cornudo que habían fantaseado, y era el momento más erótico desu vida.
Mauricioaceleró, con los ojos cerrados, completamente perdido en el calor y la carne deRoxana. Ella sintió que se venía, un espasmo que recorrió todo su cuerpo, yapretó los dientes, soltando un grito ahogado. Unos segundos después, Mauriciose vino dentro de ella con un rugido sordo agudo, vaciándose.
Su vergaproducía espasmos de eyaculación; mientras que Martín eyaculaba al unísono unchorro potente de su leche.
Al quitarlentamente su verga; el semen fué chorreando de la vagina; dejando petrificado a Martín que no podía creer lo que susojos veían; no podía creer que la concha de su mujer, esa que tanto amabaestuviese goteando el semen de otro hombre. Se quedaron así un momento,pegados, sudando.
Roxana seirguió lentamente, se arregló el pelo con un gesto de cansada satisfacción. Sevolvió hacia Martín, que se había venido en su mano, manchándose la panza consu propio semen. Sonrió.
Clase finalizada Mauricio. Espero que hayanaprendido la lección, chicos.
Y vos Martín;ahora te toca tu turno..vení conmigo que te voy a enseñar otra lección.
La madrugadaestaba en su desenlaceRoxana se paró en medio delliving, como una diosa pagana en el templo de su propia humillación. Eldelantal blanco, ese símbolo de su autoridad diurna, de su enseñanza tandedicada a los niños, colgaba de sus hombros curvilíneos como una toga sacrificial. Por debajo, la tanga roja era uncondimento provocador sobre su piel trigueña y la formalidad de su atuendo. Supelo oscuro caía sobre los hombros, enmarcando unos ojos café que brillaban conuna crueldad nueva y excitante.
A su lado,Mauricio se recostaba en el sillón, el pecho todavía agitado, el flácido orgullo de su victoria colgando entresus piernas. Y en el rincón, Martín. Su novio. Un espectro con la mirada perdida,el pene erecto y dolorido, testigo mudo de la lección que el mejor amigo deRoxana le había dado a la mujer que más amaba.
Roxana lomiró fijamente. Una sonrisa lenta, torva,se dibujó en sus labios carnosos. Andá a la cama,Martín. Es tu turno.
La orden fueun latigazo silencioso. Martín se levantó, como un autómata, y caminó hacia el dormitoriocon la rigidez de un condenado al patíbulo. Roxana lo siguió, caminando con unacadencia sensual que hacía que el delantal se abriese levemente gracias a queno todos los botones de los costados estaban abrochados, ofreciendo destellosde la tela roja y la piel oscura.
Una vezadentro, cerró la puerta con un suave clic. Mauricio, desde el living, seacercó sigilosamente y pegó el oído a la madera, su mano ya buscando sumiembro, que volvió a latir con interés.
Dentro,Roxana se sentó al borde de la cama, abriendo las piernas. La tanga roja estabamojada,
translúcida,ya través de ella se veía el desorden que Mauricio había dejado atrás. Unhilillo blanco y espeso comenzaba a deslizarse lentamente hacia abajo, por elinterior de su muslo.
Vení, mi amor susurró Roxana, y su voz era una mezcla dedulzura venenosa y mandato férreo
. Hoy tu seño te va a enseñar lalección más importante. Te voy a enseñar a comer conchita.
Martín searrodilló frente a ella, temblando. El olor del sexo de ella, mezclado con elsemen ajeno, golpeó sus fosas nasales como un puño. Era el aroma de su derrota.
Acércate más. Límpiala.
Roxana tomó aMartín por el pelo y lo empujó sin piedad hacia su entrepierna. Su cara sehundió en el calor húmedo de su sexo. La primera sensación fue la textura de latela de la tanga, y justo debajo,
la calidezpegajosa del semen de Mauricio.
-Aburrido.Lámemela bien, cornudito le ordenó Roxana, su voz ahora ungruñido bajo y gutural.
Con unsollozo ahogado, Martín extendió la lengua. El sabor era salado, amargo, unaprueba irrefutable de la traición. Comenzó a lamer, obediente, limpiando lacarne húmeda de su novia, devorando la humillación. Lamió sus labios, suclítoris todavía hinchado, y se metió con la lengua dentro de ella,succionando, buscando cada gota del fluidoderramado. Roxana arqueó la espalda, una mezcla de placer físico y poderabsoluto recorriéndole el cuerpo. Apoyó una mano en la nuca de Martín,presionándola más contra ella.
Así se hace, cornudo. Así selimpia a una mujer después de que un hombre de verdad se la coge.
Fuera,Mauricio escuchaba los jadeos ahogados de Martín y los gemidos de placer deRoxana. Se masturbaba con furia, imaginando la escena: el novio de su mejoramiga, de rodillas, lamiendo la vagina llena del semen que el mismo habíadejado mientras ella lo dominaba era demasiado excitante. La imagen era tanpotente, tan depravada, que sentía cómo se acercaba al borde.
Mientrastanto Martín que lamía con devoción hizo estallar a Roxana; que emitió un agudogemido de placer; señal inequívoca de un intenso orgasmo. Con un gruñido sordo,Mauricio eyaculó contra la puerta, manchando la madera mientras el sonido
del orgasmode Roxana resonaba desde el otro lado, coronando la lección más oscura yexcitante que cualquiera de ellos podría llegar a aprender.




Autor: mysterious

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