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Compendio III
05: LA CORREA ES OPCIONAL
(Nota de Marco: Nuevamente, me vi forzado a partirlo en 2 partes. Disculpen por subir ambas partes juntas.)
Por la noche, después de que nuestras hijas jugaran conmigo, cenaran, escucharan mis cuentos antes de dormir y se fueran a la cama, Marisol y yo nos pusimos a calentar la cama, con nuestro hijo Jacinto durmiendo a pocos pasos de nosotros.

+ Ahh... pero ¿Por qué... no dejaste... Kat... te hiciera... una mamada, mi amor? - Mi esposa Marisol, mi despeinada y joven milf de 30 años, con pechos grandes, tipo vecina tierna de al lado, con cabello castaño miel hasta los hombros, ojos verdes, nariz pequeña, labios muy finos, pechos turgentes en forma de flan de copa C, caderas delgadas y nalgas redondas, me preguntó mientras la penetraba con fuerza a lo perrito.
- ¡Porque no estaba de humor! - logré responder, disfrutando de cómo su sexo húmedo y apretado me apretaba con fuerza y dulzura. - ¡Es difícil de explicar!
Una vez más, fuimos implacables en la cama, como la noche anterior. Explosivos.
Marisol contuvo el aliento mientras clavaba las uñas en las sábanas, con su colita redondo rebotando contra mis caderas con cada embestida. El crujido amortiguado de nuestra cama se mezclaba con sus gemidos ahogados: Jacinto dormía al otro lado de la fina cortina que dividía la habitación, y ninguno de los dos quería despertarlo. Pero, Dios mío, el riesgo solo hacía que su sexo se apretara más a mi alrededor, caliente y resbaladizo, como si me retara a ir más fuerte.
A mi mujer le encantaba la idea de que follara a la mujer y a la hija de mi rival en el trabajo, con suerte, en su propia cama. Era una idea que había estado alimentando nuestra vida sexual durante gran parte del mes de enero.

Y cuando me corrí dentro de ella, fue como una explosión. Marisol había tenido al menos siete orgasmos y, cuando se abrió mi compuerta, cuatro potentes descargas la golpearon directamente en el útero, llenándola y haciéndola retorcerse de éxtasis. Nos derrumbamos juntos, con mi verga hinchada dentro de ella como de costumbre, como si hubiéramos soportado una explosión nuclear.
+ ¡Por favor!... cuéntame otra vez lo que pasó con ellas... - Me preguntó con la voz todavía agitada.
Le conté a mi esposa que la hija de Ethan me había hecho una paja en su patio trasero y que, antes de correrme en su cara, me había colado en el dormitorio de Ethan, donde Clarissa, que estaba dormida, me había hecho una mamada y se había tragado mi semen. Después de eso, salí de la casa y me encontré con Kat una vez más, besándola por primera vez y apretándole el culo.
+ Pero ¿Por qué no dejaste que Kat te hiciera acabar? - preguntó Marisol después de que finalmente logré salirme de ella y me di la vuelta para mirarla.
- Bueno... habría sido difícil explicarle a Clarissa por qué mi verga estaba sucia y su hija cubierta con mi semen después de que me fuera. - bromeé.
Marisol me miró asombrada y luego se rió.
Marisol se dio la vuelta y se tumbó boca arriba, con el pecho subiendo y bajando mientras trazaba circulitos cariñosos en mi bíceps. El aroma del sexo impregnaba el aire húmedo: su dulzura almizclada, la sal de mi sudor, el ligero olor acre de mi semen que aún goteaba de ella. Se mordió el labio inferior, con los ojos entrecerrados y curiosos, imaginando la escena.
+ ¿Así que Clarissa simplemente... se lo tragó? ¿Sin más? - Sus dedos bajaron, rozando mi estómago. - ¿Y Kat? ¿De verdad te dejó besarla? ¿Después de todo eso?
- Sí. Ahora Clarissa me hace mamadas más decentes y está más acostumbrada a mi tamaño. Incluso me elogia por mi mayor tamaño en comparación con el de Ethan. – me jacté con una sonrisa orgullosa, recostándome y relajándome. - Y Kat, había estado coqueteando conmigo toda la mañana. Incluso fingió tropezar y casi me hizo una mamada allí mismo, elogiando mi glande rosado y lamiendo un poco la punta.
Marisol apretó mi miembro, recorriendo las venas con sus dedos de forma provocativa.
+ ¡Lo sé! ¡Parece un dulcecito gigante cada mañana! - se rió, haciendo girar su pulgar sobre la sensible punta. - ¿Y cuál es tu plan? No vas a seguir provocándolas para siempre, ¿Verdad?
Apretó ligeramente, instándome a revelar los detalles.
- Bueno... quiero follarme a Clarissa. - admití, exhalando bruscamente mientras su mano me devolvía a la dureza total.
La confesión la dejé en el aire: ¿Se echaría Marisol atrás? En cambio, se mordió el labio y sus ojos se oscurecieron con picardía.
- Así no se dará cuenta de que tengo la verga cubierta de semen cuando Kat me haga acabar.
Marisol me sorprendió de nuevo, riendo deliciosamente.
+ ¡Lo has pensado todo bien! - Sus dedos se movieron con la fuerza justa, haciendo que mis caderas se sacudieran. - ¿Y cuál es tu plan *final*? ¿Sigue siendo ese trío con ellas en la cama de Ethan?
Su sonrisa cómplice me provocó un calor inmediato en la verga.
- ¡S-sí! - gemí, mientras ella seguía con su ritmo implacable.
+ Y también les romperás el culo, una vez que sean tus putas, ¿Verdad? - Apretó más fuerte, cruel y perfecta.
- ¡S-sí! - las palabras salieron a borbotones de mi boca.
+ ¡Convertirás a la familia de Ethan en tus putas anales! - ronroneó, pellizcándome el pezón con la mano libre. - ¿Igual que yo?
Ya no pude contenerme más.
- Sí. Pero primero tengo que follarte el trasero.
Marisol se puso a cuatro patas con entusiasmo, mientras yo le tocaba las nalgas con mi virilidad hinchada.
+ Mi amor, ¿Por qué nunca me has pedido que use un tapón anal? - preguntó mi esposa confundida.
- ¿Y perderme el placer de estirarte yo mismo? ¡Por supuesto que no!», respondí enérgico, empujando la punta de mi verga dentro de su ano.
Marisol jadeó de placer.

+ ¿Es tan malo que me guste más que me folles por la colita que el sexo normal? - preguntó con tono quejumbroso.
- En realidad, no. Yo también lo disfruto. Pero en mi caso, prefiero tu sexo. ¡Sigue estando estrecho! - respondí.
Ella se rió despacito.
+ ¡Mi amor! La tuya es tan gruesa que todavía me haces sentir como una virgen, aunque ya haya tenido cuatro hijos contigo. - exclamó con un suspiro mientras yo empujaba más profundo por su colita.
La puse boca abajo antes de que pudiera seguir provocándome, y su jadeo se disolvió en una risa ahogada cuando me monté sobre ella. En el momento en que la punta de mi pene presionó su estrecho anillo, su risa se detuvo y luego se convirtió en un gemido agudo. Ella arqueó la espalda y clavó los dedos en las sábanas.
+ ¡Ay, sí, mi amor! ¡Carajos, sí! ¡Ábreme! - La penetré hasta el fondo con una brutal embestida, y su cuerpo se apretó como un guante. Luego, gritó con voz quebrada. - ¡Ay, Marco! ¡Qué rico!¡Vas a arruinarlas!
Gruñí en su oído, moviendo las caderas.
+ ¡Imagina el culo de Clarissa, mi amor! ¡Apretado, intacto! ¡Piensa en cómo gemirá cuando la abras!

Marisol se estremeció debajo de mí, alcanzando el clímax mientras mis palabras pintaban la escena.
+ ¡S-sí! ¡Aprieta sus tetas, así! -Me agarró la mano y la llevó a sus pechos rebotantes.
Mis dedos se hundieron en la suave carne, y mi pulgar le acarició el pezón hasta que gritó:
+ ¡Más fuerte! ¡Trátala como la puta infiel que es!
+ ¡Sabes que ese inepto de Ethan la tiene más pequeña que tú, amor mío! - jadeó Marisol, moviéndose con pasión hacia mi cintura. - ¡Clarissa te suplicará que la folles! ¡Que la trates como a tu pequeña muñeca sexual casada!
Marisol contuvo el aliento al alcanzar el orgasmo.
+ Y esa chica, Kat... - continuó con un gemido. - ¡La convertirás en una pequeña ninfómana, como siempre lo haces!
El somier golpeó contra la pared, una vez, dos veces, antes de que Marisol se tapara la boca con la mano para ahogar su grito. Su colita se apretó alrededor de mí como un puño mientras se corría, con los muslos temblando. No reduje el ritmo. No podía. No cuando la fantasía ardía tan vívidamente entre nosotros.
- ¡Kat no sabrá qué la golpeó! - repliqué con voz ronca, imaginando esos ojos verdes dilatados de la sorpresa cuando finalmente empujara su cara contra las sábanas. - ¡La primera vez que trague semen se atragantará, pero suplicará más para la tercera corrida!
Marisol gimió, su cuerpo convulsionando debajo de mí.
+ ¡Dios, sí! ¡Haz que se atragante! - Su voz era áspera, destrozada. - Apuesto a que ahora mismo se está tocando el clítoris... pensando en ti... (Sus uñas me arañaron la espalda mientras se arqueaba, desesperada.) ¡Igual que su madre, mientras su estúpido marido duerme sin preocuparse!

La imagen me impactó: los muslos desnudos de Clarissa extendidos en el lado de la cama de Ethan, los dedos acariciando su sexo mientras ella se mordía el labio en silencio. Kat en la habitación de al lado, frotando su palma contra su clítoris, ambas jadeando mi nombre...

Gruñí, golpeando el trasero de Marisol con una palmada húmeda.
- ¡Carajos, tómalo!
Mis embestidas se volvieron irregulares, erráticas. Sus jadeos ahogados llenaban la habitación.
+ ¡Se pelearán por tu semen! - sollozó, retorciendo las sábanas. - Clarissa... hnn... no dejará que Kat trague primero... ¡Puta codiciosa!
La cama crujía peligrosamente mientras la penetraba, con el sudor goteando por mi pecho. Marisol echó la cabeza hacia atrás.
+ ¡Oh, Dios! ¡Oh, Dios!... ¡Adorarán tu verga!... ¡Ah! ¡Igual que yo!
Eso fue suficiente para mí. Las caderas de Marisol se movían salvajemente debajo de mí, su colita apretaba rítmicamente alrededor de mi pene mientras yo me hundía hasta el fondo. El sonido húmedo de la carne resonaba en el dormitorio, demasiado fuerte, imprudente, pero a ninguno de los dos nos importaba ya. Sus dedos se clavaban en el colchón, manchando las sábanas de sudor mientras ahogaba sus gritos contra la tela. Tres pulsaciones intensas estallaron dentro de su estrecho calor, mi semen inundando sus entrañas en olas calientes y pegajosas. Ella se estremeció violentamente, su cuerpo estrujándome como una esponja mientras su propio orgasmo la atravesaba.
Al otro lado de la habitación, Jacinto se movió brevemente en su cuna, sus diminutos dedos se curvaron alrededor de la manta antes de volver a dormirse. No se me escapó la ironía: allí estábamos, follando como animales a pocos metros de nuestro inconsciente niño pequeño, mientras tramábamos corromper a toda la familia de Ethan. Marisol contuvo el aliento cuando me retiré lentamente, su borde hinchado brillaba con una mezcla de lubricante y mi semen.
+ ¡Ay, Dios! -gimió, girándose hacia mí. Tenía las pupilas dilatadas y los labios hinchados por contener los gemidos. - ¡Las vas a destruir!
Estaba agotado, todavía atrapado en el culo de mi mujer, con el corazón acelerado. Me sentía como si hubiera despertado de un sueño, pero las cálidas nalgas de mi mujer me ataban a esa dulce realidad.
+ Apuesto a que no podrán caminar derecho después de que hayas terminado con ellas. - observó Marisol, con una voz casi inaudible.
Su aliento era cálido contra mi clavícula, sus dedos acariciando mi pecho. La habitación olía a sexo y sudor, las sábanas se enredaban alrededor de nuestras piernas como una segunda piel. Afuera, el débil zumbido de la ciudad por la noche se filtraba a través de las cortinas, un recuerdo lejano de un mundo que no importaba, no cuando el cuerpo de Marisol aún temblaba a mi alrededor, aun exprimiendo las últimas gotas de mi liberación.
Su sonrisa de satisfacción se amplió mientras acariciaba con la nariz el hueco de mi cuello, su respiración ralentizándose para adaptarse a la mía.
+ ¡Vas a arruinarlas! - susurró de nuevo, esta vez con somnolienta certeza.
Las palabras quedaron suspendidas entre nosotros, cargadas de promesas. Su muslo se posó sobre el mío, posesivo, como si me marcara para las conquistas que estaban por venir. El calor de su piel contra la mía era embriagador, las secuelas de nuestra fantasía compartida aún latían entre nosotros como un cable vivo.
Me retiré. Mi pene estaba flácido. Yo estaba cansado y Marisol tenía una sonrisa de satisfacción. Eso era todo lo que ella quería: yo, dejándola destrozada en la cama y ella, dejándome agotado también. Nos acurrucamos y dormimos juntos.
A la mañana siguiente, me desperté con la lengua de Marisol trazando círculos lentos y acuciosos alrededor de la punta de mi pene, con su aliento cálido y sus labios húmedos.

+ ¡Buenos días, mi amor! - saludó con voz ronca por el sueño y la picardía. Deslizó la lengua por toda mi longitud como si fuera un helado derretido, con sus ojos verdes brillantes. -Solo te estoy probando antes de que Kat lo pruebe ella misma.
Una risa ronca se le escapó cuando rozó la punta, enviando una descarga directa a mi ingle. Entonces, sin previo aviso, me tomó hasta el fondo, abriendo su garganta sin esfuerzo a mi alrededor. Los obscenos sorbos y los murmullos ahogados llenaron la silenciosa habitación, con su nariz presionando mi pelvis mientras hundía las mejillas.
+ ¡Apuesto a que Clarissa no puede hacer *ese* truco! - jadeó cuando finalmente se apartó, con los labios húmedos e hinchados.
Golpeó suavemente la punta de mi pene contra su mejilla con una sonrisa de satisfacción. El sonido húmedo resonó, prueba de su experiencia.
- ¡Ni lo sueñes! - gemí, guiándola de nuevo hacia abajo. - Le faltan once años de experiencia devocional.
Marisol se rió despacio alrededor de mi pene, y las vibraciones hicieron que mis caderas se sacudieran. Su ritmo era hipnótico: largas y lentas succiones puntuadas por ocasionales giros de su lengua justo debajo de la corona. El calor húmedo de su boca era implacable, y sus dedos amasaban mis testículos con precisión experta. Cuando hundió las mejillas y succionó con más fuerza, vi estrellas.
- ¡Carajos, Marisol!... - gemí, enredando mis dedos en su cabello castaño miel.
Ella respondió con un murmullo, levantando sus ojos verdes para encontrarse con los míos mientras me tomaba más profundo. La visión de sus labios estirados alrededor de mi verga, con las mejillas hundidas, fue suficiente para llevarme al límite. Mi eyaculación fue como un tren de carga, con pulsaciones densas que inundaron su garganta. Ella tragó sin esfuerzo, moviendo la garganta a mi alrededor mientras exprimía hasta la última gota. Cuando finalmente se apartó con un obsceno «pop», sus labios brillaban y soltó un pequeño eructo de satisfacción.
+ ¡Ups! - se rió, cubriéndose la boca con la mano. - ¡El desayuno estaba delicioso!
Sacó la lengua para atrapar una gota perdida en la comisura de los labios y su sonrisa se amplió cuando mi verga se estremeció en respuesta.
Marisol se subió encima de mí, a horcajadas sobre mi cintura con una gracia natural. La luz de la mañana reflejaba el sudor que aún se secaba entre sus pechos.
+ Entonces... ¿Vas a follar con Kat? - preguntó, inclinándose para morderme la oreja. Su aliento olía ligeramente a mi semen, almizclado, íntimo.
Le cogí la barbilla y la besé profundamente, saboreándome a mí mismo en su lengua.
- ¡No lo sé, Ruiseñor! - gemí contra sus labios.
Ella se rió suavemente, moviendo las caderas contra mi estómago.
+ Nunca se sabe. Por eso las chicas siempre se vuelven locas por ti, mi amor.
La ducha fue una nebulosa: el agua caliente corría por mis hombros, mis manos se apoyaban contra los azulejos mientras las palabras de Marisol resonaban en mi cabeza. «follar a Kat». Solo con pensarlo, volví a excitarme y mi verga se movió contra mi muslo. Me froté con fuerza, el jabón formaba espuma blanca sobre mi piel. ¿La boca de Kat sería diferente a la de su madre? ¿Más estrecha, más dulce? ¿Gemiría cuando le metiera la punta entre los labios? Me enjuagué con un gruñido, sacudiéndome la fantasía.
El trayecto hasta la tienda de golf transcurrió sin incidentes, y el dependiente me entregó los palos pulidos de Ethan con un aburrido gesto de asentimiento. El precio de la reparación y el peso de los palos en mi maletero me parecieron una broma: las patéticas herramientas de Ethan junto al arma que llevaba entre las piernas para su mujer y su hija. No se me escapó la ironía.
Kat estaba esperando en el jardín delantero, tal y como había prometido, pero, vaya, iba vestida para la guerra. La ajustada camiseta apenas contenía sus tetas, y la tela se tensaba como si suplicara clemencia. Sus pantalones cortos eran prácticamente ropa interior de mezclilla, lo suficientemente cortos como para mostrar la curva inferior de sus nalgas cuando cambiaba de postura. El piercing de la nariz brillaba desafiante bajo la luz del sol. Era el tipo de atuendo que gritaba «Sé exactamente lo que te voy a hacer», a partes iguales rebelión feminista y provocación pornográfica descarada. Ethan habría sufrido un aneurisma si la hubiera visto.

Sus pechos se mantenían en su sitio gracias a lo que podría considerarse un milagro, y sus largas piernas y su culo parecían invitar a escabullirse y tontear.
- ¡Vaya! ¡Qué guapa estás! - le dije en tono burlón.
Kat se puso tensa, con los dedos temblorosos a los lados, antes de levantar la barbilla.
• Bueno... Estoy orgullosa de mi cuerpo, así que no tengo ningún problema en mostrarlo. - replicó, pero su voz tembló cuando mi mirada se detuvo en el contorno de sus pezones, que se marcaban bajo la fina tela.
El desafío en sus ojos verdes parpadeó cuando me acerqué, y el calor entre nosotros espesó el aire. Antes de que ella pudiera protestar, mi mano se deslizó alrededor de su cintura, reclamándola, posesiva, y aplasté mis labios contra los suyos. Ella jadeó durante el beso, su cuerpo se tensó durante medio segundo antes de derretirse contra mí.
Su boca era dulce, vacilante al principio, luego más hambrienta a medida que mi lengua recorría el contorno de sus labios. Cuando me aparté, su respiración era agitada y sus pupilas estaban dilatadas.
• ¿Para qué hiciste eso? - preguntó, pero su pregunta se disolvió en un grito de sorpresa cuando mis dedos se engancharon en la cintura de su tanga.
Tiré con fuerza, y la frágil tela se clavó en su raja, incrustándose más adentro mientras ella se retorcía. Sus muslos se apretaron instintivamente, pero la humedad que ya empapaba el encaje la delató.
- Vamos a ver a Titán, ¿Te parece? - le susurré al oído, saboreando la forma en que su pulso se aceleraba bajo mis labios.
Los ladridos emocionados de Titan resonaron detrás de la puerta antes incluso de que llegáramos a ella. En cuanto Kat entró en el recinto, el husky se abalanzó sobre ella como un torpedo peludo, haciéndola retroceder un paso. Sus patas arañaron sus muslos mientras le lamía el vientre desnudo con la lengua, alcanzando con precisión milimétrica la parte inferior de sus pechos.
• ¡Dios mío, Marco! - chilló Kat, sin aliento, mientras el hocico de Titan rozaba su top corto, estirando aún más la tela.
Su cola se movía frenéticamente, ajena a cómo se endurecían los pezones de Kat bajo el asalto o a cómo sus manos revoloteaban inútilmente entre empujarlo y agarrarse a mi brazo para mantener el equilibrio.
Sonreí con aire burlón, observando cómo se desarrollaba el caos. El entusiasmo de Titán siempre había sido incontenible, pero hoy rayaba en la justicia poética. Su lengua lamía el sudor que brillaba en el ombligo de Kat antes de descender más abajo, recorriendo el borde de sus pantalones cortos, que se pegaban a su piel húmeda.
• ¡Él... él... *ah!* ¡Está... *por todas partes!* - jadeó, apretando instintivamente los muslos cuando la nariz del perro chocó contra su entrepierna.

Sus dedos se retorcieron en mi manga, clavándome las uñas cuando el aliento caliente de Titán sopló sobre la fina tela.
Finalmente, me dio pena, o tal vez solo aproveché la oportunidad.
- ¡Fuera! - ordené, chasqueando los dedos.
Titan se detuvo a mitad de la lamida, con las orejas erguidas. Gimió, pero obedeció, retrocediendo con la cola moviéndose tímidamente. Kat se desplomó contra mí, con el pecho agitado. La camiseta corta ahora era translúcida donde la saliva de Titan la había empapado, sus pezones se habían endurecido y eran evidentes.

- Parece que alguien te ha dejado *presentable*. - comenté, pasando el pulgar por una raya húmeda a lo largo de sus costillas.
Ella se estremeció y contuvo el aliento cuando mis dedos rozaron el costado de su pecho.
Tropezó dos veces de camino al parque, con las piernas inestables, como si hubiera olvidado cómo caminar. A los pocos pasos, sus muslos se apretaban sutilmente, un reflejo que hacía que sus pantalones cortos se subieran más. Titan trotaba delante, ajeno a la tensión que se acumulaba entre nosotros. Los dedos de Kat no dejaban de moverse hacia su entrepierna, ajustando la tela como si no pudiera soportar la humedad que se adhería allí.
- ¿Estás bien? - le pregunté, fingiendo inocencia.
Ella asintió demasiado rápido, mordiéndose el labio inferior. El rubor rosado que se extendía por su cuello decía lo contrario.
Una vez allí, Kat acaparó las miradas del resto de los dueños de perros: mujeres de mediana edad que agarraban las correas como si fueran brújulas morales, hombres que fingían no mirar mientras sus terriers ladraban.
- ¡Es feminista y está orgullosa de su cuerpo! - Anunciaba cada vez que un par de ojos se detenían demasiado tiempo en su escote rebosante.
Kat se ponía rígida, encogiendo los hombros como si le hubiera clavado una diana en la espalda.
• ¡Detente! - ordenó, pero su protesta se apagó cuando le rodeé la cintura con el brazo con naturalidad y la atraje hacia mí.
Se le cortó la respiración; podía sentir el rápido latido de su pulso a través de la fina tela de su camiseta.
Mientras tanto, Titan zigzagueaba por la hierba como un cometa borracho, con su pelaje blanco difuminándose contra el verde.
- ¡Muy bien, chico! - le llamé, chasqueando los dedos. Se detuvo en seco, girando las orejas hacia mí. - Ahora te voy a dejar correr libremente, ¿Me oyes?
Titan ladeó la cabeza, con la misma expresión que ponía cuando alguien mencionaba el queso. Kat resopló, olvidando momentáneamente su tensión.
- ¡No puedes alejarte demasiado! - continué, rascándole detrás de la oreja. - Y no causes ningún problema, o harás que tu gatita loca Kat se ponga triste. ¿Entendido?
Me lamió la muñeca con entusiasmo antes de lanzarse directamente a la entrepierna de Kat, con su húmedo hocico golpeando la costura mojada de sus pantalones cortos. Ella gritó, doblándose las rodillas.
• ¡Dios mío!... ¡Marco!
Los dedos de Kat se clavaron en mi antebrazo, dejándome marcas en la piel, mientras la nariz de Titan presionaba insistentemente contra la tela húmeda entre sus muslos.

• ¡Dios mío!... ¡Marco! -chilló de nuevo, con la voz quebrada en medio de la protesta.
El perro movía la cola con furia, sacando la lengua para lamer el pliegue sudado donde los pantalones cortos se pegaban a su piel. Podía oler su excitación, almizclada y dulce, mezclada con el aire fresco del verano. No era de extrañar que Titan estuviera obsesionado.
Me reí un poco, pero lo aparté.
- ¡Discúlpalo! Ese olor es intrigante y nuevo para él... igual que para mí. - exclamé, haciéndola sonrojar. Pero una vez que probó sus límites, se marchó.
- ¡Muy bien! ¿Qué pasa con tu actitud feminista de hoy? Creía que ya sabías que me gustaba cómo vestías antes. - le pregunté a Kat sin rodeos.
Ella tiró de su top corto como si de repente le ofendiera.
• No es una actitud. - resopló, pero la forma en que apretó los muslos cuando Titan pasó corriendo contaba otra historia.
Una madre que llevaba a su hijo al fútbol y sostenía a un chihuahua nos lanzó una mirada fulminante, y Kat instintivamente se apretó más contra mí, con su brazo desnudo cálido contra el mío y su cadera rozando mi muslo.
• Solo... quería ver cómo reaccionabas. - Bajó la voz y acarició mi antebrazo. - Si siguieses mirándome de la misma manera cuando me visto así.
Ojalá hubiéramos estado solos para poder besarla de nuevo, pero en lugar de eso, terminé poniendo mi mano sobre su hombro.
- Kat, te encuentro atractiva con o sin tu actitud feminista. ¡Lo sabes! - comencé, sintiendo el calor que irradiaba su piel desnuda bajo mi palma. El aroma de su champú, algo floral esta vez, con un toque de coco, se mezclaba con el almizcle de su excitación que aún se aferraba a ella. -No soy tu padre. No tienes que impresionarme, porque yo te veo... y sí, quiero acostarme contigo, como cualquier hombre en su sano juicio... pero la cuestión es que tengo edad suficiente para ser tu padre. ¡Diablos! ¡De hecho, tu padre es mi compañero de trabajo imbécil!
Ella se rió divertida, con un sonido grave y a la vez tierno, y sentí la vibración recorrer mis dedos.
• ¡Lo entiendo! - expresó con un suspiro, pero sus dedos se aferraron al dobladillo de sus pantalones cortos, con los nudillos blanqueándose, como si se estuviera conteniendo para no tocarme.
El sol de la mañana reflejó las motas doradas de sus ojos verdes cuando levantó la mirada a través de sus pestañas.
• Pero, francamente, eres un bombón. Puedes manejar a Titan con una sola mano, no le temes a sus mordiscos y has sido amable conmigo... así que he estado sintiendo cosas... por ti...
Dejé que mi pulgar trazara la curva de su clavícula, lenta y deliberadamente.
- ¿Qué tipo de cosas?
La pregunta quedó en el aire, pesada como el aroma de la hierba aplastada y su excitación. Su rubor se intensificó, extendiéndose hasta el contorno de sus pechos que asomaban por encima de la camiseta corta. Titan ladró en la distancia, con la cola como una bandera blanca mientras se encogía ante un mastín que olfateaba demasiado cerca.
• Bueno... digamos que me haces dormir empapada por las noches. - admitió con una pequeña sonrisa orgullosa que no llegaba a sus dedos nerviosos, que retorcían el dobladillo de sus pantalones cortos. La tela se tensó sobre sus muslos cuando se movió, y la humedad oscureció a la mezclilla donde se adhería. - ¡Eso es todo!

Tragué saliva con dificultad, observando el fallido intento de Titan de mostrar su dominio sobre el mastín: con las orejas gachas y el rabo entre las patas, pero aun así intentando olfatearle los testículos como si fuera el dueño del parque. La confesión de Kat quedó entre nosotros más densa que el olor a hierba mojada y orina de perro.
• Además... – prosiguió, su dedo recorrió la costura del bolsillo de mis pantalones, ligero como el ala de una polilla. - Tu cosa es la más grande que he visto nunca… (Las palabras apenas salieron de sus labios.) Así que cuando estoy sola... me pregunto cómo se sentiría dentro de mí.
- Yo me pregunto lo mismo cada mañana que vengo a verte. - confesé.
Kat contuvo el aliento cuando dejé que mis dedos recorrieran su brazo, lenta y minuciosamente, deteniéndome justo por encima del pulso frenético de su muñeca. Titan eligió ese momento para interponerse entre nosotros, rozando con su húmedo hocico su muslo desnudo, como si quisiera subrayar mis palabras.
- Qué tan estrecha debes de estar. - suspiré por encima del jadeo del perro. -Si serás capaz de aguantarlo todo...
Sus pantalones cortos se tensaron cuando se movió, y la tela húmeda se pegó obscenamente a su piel. Una carcajada brotó de ella, repentina y brillante, pero sus dedos retorcieron el dobladillo de su camiseta como si quisiera arrancársela.
•*¡Ugh!*... ¡Eres un maldito provocador! - me acusó, pero sus caderas se balancearon hacia adelante infinitesimalmente, persiguiendo la presión fantasma de mi tacto.
Titan, siempre oportunista, aprovechó el momento para volver a meter el hocico en su entrepierna. Kat gritó, las rodillas se le doblaron y yo la levanté por la cintura, deslizando mi pulgar bajo su top corto para rozar la suave protuberancia de su vientre. Su piel ardía bajo mi palma.

- Pero entonces, recuerdo a la chica en apuros que empezó todo este lío. - continué, golpeando suavemente a Titan en el hocico para detenerlo.
Él gritó, me miró y retrocedió. Los dedos de Kat se aferraron a mi antebrazo mientras Titan se retiraba, clavándome las uñas en la piel. El sol de la mañana reflejó la plata de su piercing en la nariz cuando ella inclinó la cabeza y entreabrió los labios.
- Así que es duro... en más de un sentido. - admití, observando cómo se le movía la garganta al tragar saliva.
Su risa era inquieta, nerviosa, pero la forma en que apretaba los muslos no lo era. Titan nos rodeaba como un tiburón peludo, con el hocico temblando ante el aroma que flotaba entre nosotros.
- ¡No quiero ser un idiota! - proseguí, acariciando con el pulgar la curva de su cintura, donde se le había subido el top corto. La humedad de la baba de Titan se había evaporado, dejando sal en mi lengua cuando me lamí los labios. - Quiero conocerte primero. Asegurarme de que realmente me deseas.
El pulso de Kat latía acelerado bajo mis dedos, como el de un conejo. Me pregunté si ella podía sentir el mío golpeando contra sus costillas.
- Y estoy seguro de que lo conseguiremos. Pero, aun así, quiero ir despacio, ¿Lo entiendes? - le pregunté, pensando que estaba divagando demasiado.
Ella exhaló por la nariz, un suave sonido ahogado por los alegres ladridos de Titan mientras perseguía una hoja.
• Sí, lo entiendo. - dijo, pero sus dedos se deslizaron por mi brazo, con las uñas rozándome ligeramente. La admisión quedó entre nosotros como el aroma de su excitación, que aún emanaba de sus pantalones cortos—. Es solo que... (su garganta se movió para articular las palabras) No he estado con nadie en tres meses. (Una risa autocrítica brotó de sus labios.) Empiezo a pensar que mis estándares son demasiado altos.
Titan eligió ese momento para lanzarse hacia un grupo de palomas que picoteaban palomitas derramadas. Sus patas resbalaron sobre la hierba húmeda por el rocío, con las orejas aplastadas y la lengua fuera, antes de lanzarse sobre ellas en una ráfaga de pelo blanco y confianza mal depositada. Las aves se dispersaron con graznidos indignados, dejando a Titan jadeando y triunfante por absolutamente nada y siguiéndolas completamente distraído. Se me revolvió el estómago.
- ¡Mierda! ¡Nunca le enseñé a volver cuando hay distracciones!
Los dedos de Kat se clavaron en mi bíceps y, de repente, empezó a rebuscar en su bolso con energía frenética.
El crujido del plástico. Una inhalación brusca…
• ¡Titan!
Su voz resonó como un latigazo y el perro giró su cabeza tan rápido que sus orejas se movieron.
• ¡Golosina!

Levantó una tira de cecina entre dos dedos, agitándola como si fuera una reliquia sagrada. El efecto fue instantáneo: Titán se convirtió en un cometa blanco que regresó a toda velocidad hacia nosotros, con las garras arrancando terrones del césped. Se detuvo derrapando a sus pies, temblando de devoción mientras ella dejaba caer la tira de carne seca en su boca expectante.
• ¡Buen chico! - le dijo con voz melosa, rascándole detrás de las orejas mientras él le lamía los dedos con descuidada gratitud. La sonrisa que me dirigió era de pura victoria. - ¡Sí!... también le he enseñado algunos trucos.
El camino de vuelta fue más lento, más cercano. Mi mano se posó en la curva de su cintura, piel cálida bajo la camiseta corta, el saliente de su cadera bajo mi pulgar. Ella no se estremeció. En cambio, se inclinó hasta que su pecho rozó mi brazo, y su respiración se aceleró cuando mis dedos se flexionaron contra ella.
• Entonces... - La palabra fue un soplo de calor contra mi cuello. Sus dedos jugaron con la cintura de mis pantalones, sus uñas desgastadas raspando la mezclilla. - ¿Podemos continuar donde lo dejamos ayer?
Su gesto tembloroso con la mano, el anillo que formó con los dedos y un sugerente movimiento de caderas puntuaron la pregunta. Mi verga se endureció tan rápido que la cremallera crujió.
Titan trotó delante, felizmente ajeno a la tensión entre nosotros. Los dedos de Kat bailaron más abajo, trazando el contorno de mi erección a través de mis pantalones con una reverencia que me hizo doler hasta los dientes.
- ¡Sí! - logré decir con voz ronca. - Una vez que esté de vuelta en su corral.
Su risa fue sincera, victoriosa.
• ¡Bien! - respondió, poniéndose de puntillas para morderme el lóbulo de la oreja. - Porque esta vez... (Su lengua se deslizó, humedeciendo el pabellón de mi oreja.) Quiero saborearlo.
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