Saludos a quienes estéis leyéndome. Soy Celeste, aunque para nada soy escritora erótica me da mucho morbo escribir sobre lo que me está pasando en los últimos meses.
Estamos en una página de relatos eróticos, así que voy a ir directa al grano describiéndome físicamente. Para bien o para mal cumplo con algunos clichés: soy madura, atractiva, rubia, tetona y con culazo. Y ese es mi físico real.
Soy cincuentona, nací en octubre de 1970, así que tengo 55 años, muy bien llevados según la gente, me dicen que aparento ser más joven y que soy una mujer muy guapa y atractiva con muchas curvas.
Soy rubia, sí rubia teñida, pero rubia al fin y al cabo (mi color natural es el castaño). Tengo ojitos vivarachos de color marrón oscuro y llevo el pelo en media melena lisa, muchas veces me hago flequillo, es algo que me gusta mucho.
Y soy tetona, muy tetona, una 95/K es mi talla actual de sujetador. Desde jovencita he tenido las tetas muy grandes y voluminosas, pero con la menopausia he ganado algunos kilos y las tetas me han crecido todavía más en tamaño y volumen, lo mejor es que han crecido sin descolgarse. Esto es lo único bueno que me ha traído la menopausia, porque el resto es un auténtico fastidio.
No tengo vientre liso ni mucho menos cintura de avispa. Mido 1,70 y mis medidas son 115/72/98 con algún kilito que sobra. Estoy muy orgullosa de mi cuerpo, sobre todo de mis tetas, me encanta lo grandes y voluminosas que son y lo poco caídas que están para su gran tamaño y mi edad, son una auténtica bendición de la genética. Tienen una bonita forma de gota, con volumen ya nada más empezar el canalillo, nacen casi juntas para ir separándose y creciendo hacia abajo y hacia los lados. Están coronadas por unas areolas intensamente rosadas y grandes como galletas maría y por unos pezones de color rosado, grandes y abultados que apuntan siempre al frente.
Tengo un buen culo, redondeado y bastante firme y compacto todavía. Y en el medio un agujerito estriado de color marrón clarito.
En el pubis tengo una mata de pelo oscuro y rizado que hace un llamativo contraste con mi melena rubia. Nunca me ha gustado depilarme por completo ahí porque luego tengo muchos picores y tampoco me gusta esa sensación de chochito de niña. Si abro las piernas se ve un coño rosa oscuro, con una raja alargada y un clítoris prominente que siempre está a la vista aunque no esté excitada.
Ahora os cuento algo de mi historia sexual. No me desvirgué hasta los 23 años con mi tercer novio (tres años mayor que yo). No estuvo nada mal mi primera vez, aunque no llegué al orgasmo tuve sensaciones placenteras y apenas me dolió la penetración. A partir de ese día tuvimos relaciones con frecuencia y pronto llegaron mis primeros orgasmos. No tuvimos sexo oral.
Yo tenía 25 años cuando cortamos la relación y en pocos meses me salió otro novio (de mi misma edad). Este tío era muy activo y dominante en la cama, tanto que a veces se pasaba. Realmente era demasiado intenso para mí, pero tenía ese algo que tienen los malotes que te engancha. La primera polla que me comí fue la de él y en poco tiempo aprendí a hacer muy buenas mamadas. Y este sí que me comía el coño, y joder qué bien me lo comía. Era capaz de provocarme varios orgasmos en poco tiempo follándome o comiéndome el coño. Aunque no todo eran orgasmos, a veces se pasaba de intenso y como tiene una picha muy grande me hacía daño al penetrarme, y si yo me quejaba, se enfadaba y me dejaba a medias.
Cuando quería metérmela por el culo yo nunca me negaba si me lo hacía con cuidado. Pero era demasiado intenso y siempre me ponía a cuatro patas y me enculaba sin ningún miramiento. Total, que me dolía y apenas aguantaba unos segundos con su pollón tan grande dentro del culo. Y ya teníamos otro motivo para que se enfadara y me dejara de lado. Solía burlarse de mí diciéndome que su polla siempre me vencería y que yo era poca mujer para tanta polla. Eso hizo que cada vez me gustara menos follar con él.
Y otra cosa que tampoco me gustaba nada es cuando se corría dentro de mi boca sin avisarme, primero se reía de mí, pero terminaba cabreado porque yo escupía enseguida su leche y no me tragaba nada. Al final terminé cogiéndole un asco tremendo a las corridas en la boca y a tragar semen (aunque nunca llegué a tragarlo), desde entonces que no le permití a ningún tío correrse en mi boca.
Decidí cortar la relación con este tío. Yo tenía 28 años y entonces opté por olvidarme de novios y disfrutar la vida. Fueron unos años muy locos en los que salía de juerga con mis amigas solteras todos los fines de semana y fiestas de guardar. Conocí a una gran variedad de chicos (no todos eran malotes) y follé con algunos de ellos. Lógicamente hubo de todo: polvos buenos, polvos normalitos, auténticos polvazos, y también polvos para olvidar. Cada vez mamaba mejor las pollas y me decidí a volver probar el sexo anal, ahora sí que disfrutaba la mayoría de las veces que me follaban por el culo, algunos tíos saben hacerlo muy bien.
El caso es que me encontraba muy bien soltera y sin compromiso, de fiesta y disfrutando del sexo. El mes de agosto de 2002 fue todo un desmadre, alquilé un apartamento todo el mes en Benidorm junto con tres compañeras solteras del trabajo y no se nos ocurrió otra cosa que picarnos para ver quién follaba más, con premio especial para la que lograra follar todos los días, la que lo consiguiera no pagaría su parte del alquiler del apartamento. Pues lo creáis o no yo fui la ganadora, follé todos y cada uno de los 31 días de agosto, algunas veces también por el culo, y hubo un día muy caliente (el día 23) en el que follé tres veces con tres tíos diferentes (de buena mañana en la playa, a mediodía en una calita y por la noche en el apartamento).
Tras esas desmadradas vacaciones volvimos a la rutina diaria. Pocos días después en una comida familiar bebí bastante y se me soltó la lengua con una prima, muy beata por cierto, y le conté mis aventuras sexuales, sobre todo las más recientes en Benidorm. Ella se escandalizó muchísimo y me echó un interminable sermón que se resume en que yo era una “promiscua” y una “pecadora” a disposición del vicio de cualquier hombre, que usaba muy mal y en exceso mi vagina y, lo que era mucho peor, usaba mi boca y mi ano para tener sexo de manera totalmente contraria a la natural. Que así ningún hombre decente se fijaría en mí ni me tomaría en serio y que acabaría con algún macarra impresentable.
Al principio me lo tomé a risa y la mandé a esparragar. Pero los días siguientes, no sé por qué, empecé a darle demasiadas vueltas a lo que me había dicho y acabé rayándome mucho. Fui entrando en una espiral de “moralidad y corrección”, me sentía mal por lo que había hecho en vacaciones y cuando follaba con un tío acababa con una sensación de indecencia y culpabilidad que cada vez me dejaba disfrutar menos del sexo.
Y así estaba cuando el día que cumplía 32 años me volví a encontrar en un restaurante con un chico al que ya había conocido unas semanas antes de mis locas vacaciones en Benidorm, el que hoy es mi marido, Toni (de mi misma edad), y que no tenía nada de malote, por cierto. Fue un flechazo por parte de ambos y en cuestión de menos de 3 años empezamos a salir, nos casamos y tuvimos nuestro primer hijo, el segundo nació pocos años después.
Con Toni todo fue muy bien desde el primer día, lógicamente tenemos nuestros altibajos como pareja después de 23 años juntos. Nuestra vida sexual ha sido siempre activa, aunque muy tranquila y convencional. Toni era bastante moderado en el sexo y nunca quise confesarle cómo era mi vida sexual antes de conocernos. Por ejemplo, el sexo anal se nos quedó en el cajón porque me daba vergüenza confesarle que no era virgen por el culo y que me gustaba hacerlo por ahí, nunca quise que pensara algo malo de mí… el sermón que me echó mi prima estuvo resonando en mi cabeza durante demasiados años.
No sorprenderé a nadie si digo que, por parte de los dos, nuestra actividad sexual fue a menos con los años. Y eso se agravó desde finales de 2023 hasta el verano de 2025, en ese momento mi subconsciente y mi cuerpo empezaron a rebelarse.
Coincidiendo con la llegada del verano de 2025 comencé a tener casi todas noches sueños eróticos de todo tipo, algunos muy subidos de tono. Uno que se repetía mucho es este: yo totalmente desnuda y rodeada de un montón de tíos malotes que no pueden parar de masturbarse al verme y que acababan haciendo cola para follarme, estoy toda la noche follando porque me los paso por la piedra a todos. Muchas veces me despertaba totalmente sudada y con el coño chorreando y tenía que masturbarme dos o tres veces seguidas para calmarme.
Otro sueño que también se repetía es uno en el que veo la picha de aquel novio dominante y malote que tuve, ese pollón me folla el coño a saco o se mete dentro de mi culo hasta el fondo y me lo deja bien abierto. En algunos sueños se pone a escupir semen sin parar como si fuera una manguera, hasta que se queda todo en blanco y yo me siento totalmente sumergida en el semen, ¡qué agobio! Cuando me despertaba en medio de uno de estos sueños, además de masturbarme el clítoris también me metía un dedo o dos por el culo hasta correrme. No sé por qué sueño tanto con el pollón de mi ex, si ese cipote me dio más disgustos que alegrías en la vida real.
No sabía qué me estaba pasando, el porqué de esos sueños, no sabía si era por algún desbarajuste de hormonas provocado por la menopausia, o porque necesitaba más sexo, o por alguna otra cosa. El caso es que eso pasaba casi todas las noches. Mi marido no llegó a darse cuenta de nada y me sabía muy mal por él, sentía como que lo estaba engañando sin ningún motivo, pero era como si mi.....
SIGUE LEYENDO AQUI: https://singlerelatos.blogspot.com/2026/04/la-fiesta-que-lo-cambio-todo.html
Estamos en una página de relatos eróticos, así que voy a ir directa al grano describiéndome físicamente. Para bien o para mal cumplo con algunos clichés: soy madura, atractiva, rubia, tetona y con culazo. Y ese es mi físico real.
Soy cincuentona, nací en octubre de 1970, así que tengo 55 años, muy bien llevados según la gente, me dicen que aparento ser más joven y que soy una mujer muy guapa y atractiva con muchas curvas.
Soy rubia, sí rubia teñida, pero rubia al fin y al cabo (mi color natural es el castaño). Tengo ojitos vivarachos de color marrón oscuro y llevo el pelo en media melena lisa, muchas veces me hago flequillo, es algo que me gusta mucho.
Y soy tetona, muy tetona, una 95/K es mi talla actual de sujetador. Desde jovencita he tenido las tetas muy grandes y voluminosas, pero con la menopausia he ganado algunos kilos y las tetas me han crecido todavía más en tamaño y volumen, lo mejor es que han crecido sin descolgarse. Esto es lo único bueno que me ha traído la menopausia, porque el resto es un auténtico fastidio.
No tengo vientre liso ni mucho menos cintura de avispa. Mido 1,70 y mis medidas son 115/72/98 con algún kilito que sobra. Estoy muy orgullosa de mi cuerpo, sobre todo de mis tetas, me encanta lo grandes y voluminosas que son y lo poco caídas que están para su gran tamaño y mi edad, son una auténtica bendición de la genética. Tienen una bonita forma de gota, con volumen ya nada más empezar el canalillo, nacen casi juntas para ir separándose y creciendo hacia abajo y hacia los lados. Están coronadas por unas areolas intensamente rosadas y grandes como galletas maría y por unos pezones de color rosado, grandes y abultados que apuntan siempre al frente.
Tengo un buen culo, redondeado y bastante firme y compacto todavía. Y en el medio un agujerito estriado de color marrón clarito.
En el pubis tengo una mata de pelo oscuro y rizado que hace un llamativo contraste con mi melena rubia. Nunca me ha gustado depilarme por completo ahí porque luego tengo muchos picores y tampoco me gusta esa sensación de chochito de niña. Si abro las piernas se ve un coño rosa oscuro, con una raja alargada y un clítoris prominente que siempre está a la vista aunque no esté excitada.
Ahora os cuento algo de mi historia sexual. No me desvirgué hasta los 23 años con mi tercer novio (tres años mayor que yo). No estuvo nada mal mi primera vez, aunque no llegué al orgasmo tuve sensaciones placenteras y apenas me dolió la penetración. A partir de ese día tuvimos relaciones con frecuencia y pronto llegaron mis primeros orgasmos. No tuvimos sexo oral.
Yo tenía 25 años cuando cortamos la relación y en pocos meses me salió otro novio (de mi misma edad). Este tío era muy activo y dominante en la cama, tanto que a veces se pasaba. Realmente era demasiado intenso para mí, pero tenía ese algo que tienen los malotes que te engancha. La primera polla que me comí fue la de él y en poco tiempo aprendí a hacer muy buenas mamadas. Y este sí que me comía el coño, y joder qué bien me lo comía. Era capaz de provocarme varios orgasmos en poco tiempo follándome o comiéndome el coño. Aunque no todo eran orgasmos, a veces se pasaba de intenso y como tiene una picha muy grande me hacía daño al penetrarme, y si yo me quejaba, se enfadaba y me dejaba a medias.
Cuando quería metérmela por el culo yo nunca me negaba si me lo hacía con cuidado. Pero era demasiado intenso y siempre me ponía a cuatro patas y me enculaba sin ningún miramiento. Total, que me dolía y apenas aguantaba unos segundos con su pollón tan grande dentro del culo. Y ya teníamos otro motivo para que se enfadara y me dejara de lado. Solía burlarse de mí diciéndome que su polla siempre me vencería y que yo era poca mujer para tanta polla. Eso hizo que cada vez me gustara menos follar con él.
Y otra cosa que tampoco me gustaba nada es cuando se corría dentro de mi boca sin avisarme, primero se reía de mí, pero terminaba cabreado porque yo escupía enseguida su leche y no me tragaba nada. Al final terminé cogiéndole un asco tremendo a las corridas en la boca y a tragar semen (aunque nunca llegué a tragarlo), desde entonces que no le permití a ningún tío correrse en mi boca.
Decidí cortar la relación con este tío. Yo tenía 28 años y entonces opté por olvidarme de novios y disfrutar la vida. Fueron unos años muy locos en los que salía de juerga con mis amigas solteras todos los fines de semana y fiestas de guardar. Conocí a una gran variedad de chicos (no todos eran malotes) y follé con algunos de ellos. Lógicamente hubo de todo: polvos buenos, polvos normalitos, auténticos polvazos, y también polvos para olvidar. Cada vez mamaba mejor las pollas y me decidí a volver probar el sexo anal, ahora sí que disfrutaba la mayoría de las veces que me follaban por el culo, algunos tíos saben hacerlo muy bien.
El caso es que me encontraba muy bien soltera y sin compromiso, de fiesta y disfrutando del sexo. El mes de agosto de 2002 fue todo un desmadre, alquilé un apartamento todo el mes en Benidorm junto con tres compañeras solteras del trabajo y no se nos ocurrió otra cosa que picarnos para ver quién follaba más, con premio especial para la que lograra follar todos los días, la que lo consiguiera no pagaría su parte del alquiler del apartamento. Pues lo creáis o no yo fui la ganadora, follé todos y cada uno de los 31 días de agosto, algunas veces también por el culo, y hubo un día muy caliente (el día 23) en el que follé tres veces con tres tíos diferentes (de buena mañana en la playa, a mediodía en una calita y por la noche en el apartamento).
Tras esas desmadradas vacaciones volvimos a la rutina diaria. Pocos días después en una comida familiar bebí bastante y se me soltó la lengua con una prima, muy beata por cierto, y le conté mis aventuras sexuales, sobre todo las más recientes en Benidorm. Ella se escandalizó muchísimo y me echó un interminable sermón que se resume en que yo era una “promiscua” y una “pecadora” a disposición del vicio de cualquier hombre, que usaba muy mal y en exceso mi vagina y, lo que era mucho peor, usaba mi boca y mi ano para tener sexo de manera totalmente contraria a la natural. Que así ningún hombre decente se fijaría en mí ni me tomaría en serio y que acabaría con algún macarra impresentable.
Al principio me lo tomé a risa y la mandé a esparragar. Pero los días siguientes, no sé por qué, empecé a darle demasiadas vueltas a lo que me había dicho y acabé rayándome mucho. Fui entrando en una espiral de “moralidad y corrección”, me sentía mal por lo que había hecho en vacaciones y cuando follaba con un tío acababa con una sensación de indecencia y culpabilidad que cada vez me dejaba disfrutar menos del sexo.
Y así estaba cuando el día que cumplía 32 años me volví a encontrar en un restaurante con un chico al que ya había conocido unas semanas antes de mis locas vacaciones en Benidorm, el que hoy es mi marido, Toni (de mi misma edad), y que no tenía nada de malote, por cierto. Fue un flechazo por parte de ambos y en cuestión de menos de 3 años empezamos a salir, nos casamos y tuvimos nuestro primer hijo, el segundo nació pocos años después.
Con Toni todo fue muy bien desde el primer día, lógicamente tenemos nuestros altibajos como pareja después de 23 años juntos. Nuestra vida sexual ha sido siempre activa, aunque muy tranquila y convencional. Toni era bastante moderado en el sexo y nunca quise confesarle cómo era mi vida sexual antes de conocernos. Por ejemplo, el sexo anal se nos quedó en el cajón porque me daba vergüenza confesarle que no era virgen por el culo y que me gustaba hacerlo por ahí, nunca quise que pensara algo malo de mí… el sermón que me echó mi prima estuvo resonando en mi cabeza durante demasiados años.
No sorprenderé a nadie si digo que, por parte de los dos, nuestra actividad sexual fue a menos con los años. Y eso se agravó desde finales de 2023 hasta el verano de 2025, en ese momento mi subconsciente y mi cuerpo empezaron a rebelarse.
Coincidiendo con la llegada del verano de 2025 comencé a tener casi todas noches sueños eróticos de todo tipo, algunos muy subidos de tono. Uno que se repetía mucho es este: yo totalmente desnuda y rodeada de un montón de tíos malotes que no pueden parar de masturbarse al verme y que acababan haciendo cola para follarme, estoy toda la noche follando porque me los paso por la piedra a todos. Muchas veces me despertaba totalmente sudada y con el coño chorreando y tenía que masturbarme dos o tres veces seguidas para calmarme.
Otro sueño que también se repetía es uno en el que veo la picha de aquel novio dominante y malote que tuve, ese pollón me folla el coño a saco o se mete dentro de mi culo hasta el fondo y me lo deja bien abierto. En algunos sueños se pone a escupir semen sin parar como si fuera una manguera, hasta que se queda todo en blanco y yo me siento totalmente sumergida en el semen, ¡qué agobio! Cuando me despertaba en medio de uno de estos sueños, además de masturbarme el clítoris también me metía un dedo o dos por el culo hasta correrme. No sé por qué sueño tanto con el pollón de mi ex, si ese cipote me dio más disgustos que alegrías en la vida real.
No sabía qué me estaba pasando, el porqué de esos sueños, no sabía si era por algún desbarajuste de hormonas provocado por la menopausia, o porque necesitaba más sexo, o por alguna otra cosa. El caso es que eso pasaba casi todas las noches. Mi marido no llegó a darse cuenta de nada y me sabía muy mal por él, sentía como que lo estaba engañando sin ningún motivo, pero era como si mi.....
SIGUE LEYENDO AQUI: https://singlerelatos.blogspot.com/2026/04/la-fiesta-que-lo-cambio-todo.html
0 comentarios - La fiesta que lo cambió todo