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Compendio III
Una vez más, fuimos a ese rincón de su patio trasero cubierto por setos. Titan nos miraba inquieto desde su jaula, probablemente oliendo también el aroma travieso que provenía de la entrepierna de su dueña. El olor a hierba aplastada y su excitación espesaban el aire, lujurioso y dulce. Me bajé la cremallera de los pantalones y los calzoncillos, y la tela se enganchó en mi glande hinchado.
• ¡Vaya! ¡Ya está muy duro! - dijo en tono juguetón, lamiendo sus labios cuando se liberó. Sus dedos se cernieron, temblorosos, antes de envolver el tallo. - Y la punta está tan rosada y bonita.
El contraste de su cabello platino con mi piel enrojecida era obsceno.
Al principio, su agarre era torpe, demasiado fuerte, luego demasiado flojo, pero el calor de su palma hizo que mis caderas se sacudieran involuntariamente. Ella se rió cuando una gota de líquido preseminal brilló en la punta, y su pulgar la untó en lentos círculos.
• Tendrás que ser paciente. Es la primera vez que quiero hacerle esto a un hombre. - reconoció, bajando la boca para besar la hendidura.

Su lengua se asomó tímidamente, probándome, y me pregunté si detectaría el sabor que aún dejaba Marisol. Pero Kat solo gimió, cerrando los labios alrededor de la corona como si fuera algo sagrado. La succión era torpe, sus dientes rozaban la sensible carne, aunque la visión de su cabeza rubia moviéndose torpemente hizo que el calor se enroscara en mis entrañas.
- ¿Qué? - pregunté incrédulo, al poder reaccionar.
• ¡Sí! - repitió, rozando con los labios la cabeza hinchada mientras hablaba. Su aliento era cálido contra mi piel húmeda. - La mayoría de los chicos con los que he estado no respetaban mi privilegio como mujer... así que nunca lo hice por ellos.
Su lengua se disparó para atrapar una gota de líquido preseminal antes de que pudiera rodar por mi miembro. La punta rosada desapareció entre sus labios de nuevo con un suave chasquido.

• Además… - me sonrió con picardía a través de sus pestañas, apretando los dedos en mi base. - el tuyo se ve tan limpio y rosado, como un caramelo, que solo quiero cubrirlo de besos y lamerlo para siempre.
No pude aguantar más y mis caderas empezaron a moverse por sí solas.

• ¡Más despacio, Marco! - protestó Kat, apartándose lo justo para hablar, con saliva entre sus labios y mi hinchada punta. Tenía las mejillas sonrojadas y los ojos llorosos mientras luchaba por mantener la mandíbula lo suficientemente abierta. - ¡Nunca he tenido algo *tan grande* en la boca!
Sus dedos se clavaron en mis muslos, sus uñas desgastadas dejando marcas en la piel.
• ¿A menos que quieras que me *ahogue* con ella?
(Unless you want me to *choke* on it?)
La amenaza se vio socavada por la forma en que su lengua se movió para atrapar el líquido preseminal que brotaba de mi hendidura, sus fosas nasales dilatándose con el aroma erotizado.

No sé si lo dijo para excitarme aún más, pero el estilo de Kat es completamente diferente al de su madre y, por supuesto, al de mi esposa.
Clarissa lo hacía porque estaba sexualmente hambrienta, y Marisol porque le encantaba chuparme el pene, mientras que la motivación de Kat era aprender, conmigo estirándole la boca poco a poco para que se acostumbrara a mi tamaño.
• ¡Gulk! ¡Gulk! ¡Marco, detente!... ¡Me estás llegando a la punta de la garganta! – me avisó Kat claramente molesta, empujándome hacia atrás con ambas manos en mis caderas. Se limpió los labios con el dorso de la mano, con los ojos verdes ligeramente llorosos. - ¡Te lo dije! ¡Despacio!

Su indignación habría sido más convincente si sus dedos no estuvieran todavía envueltos cómodamente alrededor de mi base, con el pulgar acariciando la vena palpitante que había debajo.
Respiró hondo y volvió a sumergirse con renovada determinación, haciendo girar la lengua en lentos círculos para después aplanarla contra la parte inferior. Esta vez, apretó más los labios y hundió las mejillas mientras chupaba con cautela, como si estuviera probando cuánta presión podía ejercer antes de volver a sentir náuseas. Una gota de líquido preseminal brotó de mi punta y ella la lamió con avidez, tarareando de aprobación por el sabor.
•¡Salado! - comentó, chasqueando los labios antes de sonreírme. - Pero salado *bueno*. Como... cacahuetes salados.
La absurda comparación me hizo resoplar, pero su lengua ya estaba recorriendo el borde de mi glande con una precisión agonizante, sus dientes rozándolo lo justo para tensar mis muslos.
Así que me contuve y la dejé chupar a su propio ritmo.
La sensación era irreal: los labios de Kat se estiraban alrededor de mi miembro, su lengua recorría cada protuberancia y vena con curiosas y húmedas caricias. Empezó despacio, casi con cautela, dejando que su saliva se acumulara alrededor de la cabeza antes de tragársela centímetro a centímetro. Cada vez que se retiraba, su respiración se aceleraba en jadeos cortos y excitados, con las pupilas dilatadas por la concentración.
• ¿Ves? ¡Estoy aprendiendo!... - Su voz era ronca, su sonrisa pícara, mientras se limpiaba la barbilla con el dorso de la mano antes de volver a sumergirse.

Entonces, cuando llegó al tallo, su lengua cálida y pegajosa lo exploró como si estuviera descubriendo algo nuevo. Los dedos de Kat temblaban mientras me agarraban los muslos, sus nudillos se ponían blancos mientras se obligaba a profundizar más, centímetro a centímetro, hasta que su nariz se hundió en los rizos ásperos de mi base. Una lágrima se escapó de sus pestañas cuando se atragantó, pero esta vez no se echó atrás. En cambio, su garganta se agitó a mi alrededor en pulsos involuntarios, calientes y apretados, mientras su lengua se arrastraba por mi parte inferior con lentos y adoradores movimientos. Los sonidos húmedos eran obscenos, amplificados por el inquieto ir y venir de Titan más allá de los setos.
Llegó un momento en que volví a presionar la parte posterior de su garganta, pero esta vez ella lo hizo a su propio ritmo y, poco a poco, empezó a moverse más rápido.
Los labios de Kat se estiraron obscenamente alrededor de mi grosor, con la lengua presionando contra la parte inferior mientras me tragaba más adentro con cada movimiento de su cabeza. La saliva se acumulaba en las comisuras de su boca, goteando para lubricar el miembro cuando se retiraba, con respiraciones superficiales y rápidas entre ruidos húmedos y de succión. El ritmo era errático, sin práctica, pero su entusiasmo lo compensaba. Cada vez que se atragantaba, hacía una pausa, tragaba saliva con fuerza y volvía a sumergirse con renovada determinación, clavándome los dedos en los muslos hasta dejarme moretones colorados.
• ¡Dios, qué rico! ¡Podría hacerte esto todos los días! - exclamó con una sonrisa maliciosa mientras recuperaba el aliento.
«Probablemente Kat y Marisol tendrán mucho en común de qué hablar...», pensé para mis adentros.
Los labios de Kat brillaban con saliva y mi líquido preseminal, y su lengua se movía rápidamente para atrapar la gota que colgaba de su barbilla. La forma en que se lamía los labios, lenta y deliberadamente, me provocó otra sacudida en la entrepierna. Sus dedos temblaban mientras me agarraban los muslos, con las uñas clavándose en la mezclilla mientras tragaba saliva de forma audible, con la garganta trabajando alrededor de la sal persistente.
Sus sonidos al tragar me llevaron al límite y mis manos impulsivamente sujetaron su cabeza en su lugar. Ella trató de protestar, pero no me importó.
- ¡Me voy a correr! ¡Estoy por correrme! - le advertí con los dientes apretados, los dedos enredados en su cabello platino.
Los ojos de Kat se agrandaron, no por pánico, sino por algo más parecido a la euforia, mientras asentía frenéticamente contra mi agarre.

- ¡Trágatelo! - La orden salió de mi garganta más áspera de lo que pretendía, pero ella obedeció al instante, sellando sus labios con más fuerza a mi alrededor justo cuando llegó la primera pulsación.
Su garganta convulsionó alrededor de la cabeza mientras tragaba desesperadamente, arrugando la nariz por la intensidad.
Dejé que se retirara lo suficiente para jadear entre cada embestida, con el labio inferior temblando y la barbilla brillante, antes de volver a hundirla. La segunda erupción le pintó la parte posterior de la garganta y ella tosió, clavándome las uñas en los muslos mientras luchaba por tragar.

Para la tercera, ya se había adaptado: su lengua lamía la parte inferior para sacar hasta la última gota, sus mejillas se hundían con la succión, lo que me nublaba la vista.
- ¡Cuatro! - conté con voz ronca, observando cómo sus pestañas revoloteaban con cada espesa descarga que inundaba su boca.
Kat finalmente se desplomó sobre sus talones, con el pecho agitado y la camiseta corta empapada de sudor pegada a sus pechos. Un hilo de semen se escapó de la comisura de sus labios hinchados y ella lo lamió perezosamente con la lengua antes de sonreírme.
• ¡Mierda! - jadeó, pasando el dorso de la mano por la boca. - Eso ha sido... intenso.
Titan eligió ese momento para gemir desde su jaula, arañando la valla con las patas. El sonido la sacó de su aturdimiento y resopló, limpiándose la cara con el dobladillo de su top, manchando la tela con una sustancia blanca y pegajosa.
- Supongo que nos hemos olvidado del público.
Me volví a meter el pene adentro, con la tela húmeda de mis calzoncillos pegada de forma incómoda, mientras volvía a mirar mi reloj. El minutero había avanzado y me imaginé a Clarissa ya tumbada en su cama matrimonial, con las sábanas arrugadas y los dedos impacientes entre sus muslos. Kat me agarró la muñeca antes de que pudiera alejarme, con el pulgar recorriendo el contorno de mis nudillos.
• ¡Hey! - exclamó, con la voz aún ronca por el esfuerzo. Sus ojos verdes se posaron en el inconfundible bulto que aún se tensaba contra mi cremallera. - Sigues... *interesado*.

La observación fue acompañada por sus dedos recorriendo el interior de mi muslo, su tacto ligero como una pluma, pero deliberado.
- ¡Será mejor que me limpie! - respondí, metiendo mi pene en los pantalones, a pesar de la mirada persistente y deseosa de Kat.
Kat también se dio cuenta de que yo seguía excitado y listo para una segunda ronda. Se mordió el labio inferior y sus dedos trazaron inconscientemente la mancha húmeda en su top corto donde se había filtrado mi semen.
• S-sí... mi madre me matará si me ve así. - tartamudeó, con la voz aún cargada de excitación.
El sol de la tarde reflejaba el brillo del sudor en su clavícula, haciendo que su piel resplandeciera como la miel.
Sin que Kat me viera, miré mi reloj: era un cuarto pasado del mediodía. Clarissa ya estaría paseándose por su dormitorio, con el aroma de su impaciencia impregnado en la bata de seda que nunca se molestaba en atarse correctamente. Mi pulso se aceleró ante esa imagen.
- ¡Voy al baño! ¡Espera aquí!
Kat asintió distraídamente, hundiéndose en la hierba con las piernas abiertas, presionando con los dedos el estómago como si estuviera trazando el fantasma de mi eyaculación dentro de ella.
Su exhalación fue temblorosa, divertida.
• ¡Claro! - La palabra se disolvió en un jadeo cuando se movió, y sus pantalones cortos se subieron dejando al descubierto la costura interior húmeda. - Aunque ahora... (Su lengua se asomó para atrapar una gota perdida en su labio inferior.) Ahora tengo más curiosidad por saber cómo se sentiría estar llena de todo este semen.

La confesión quedó flotando entre nosotros, cruda y pegajosa como el desastre de su camiseta. Titan gimió desde su jaula, arañando la reja con las patas desesperado.
La puerta del dormitorio se cerró detrás de mí con un clic. La silueta de Clarissa se extendía sobre el lado de la cama de Ethan, con una rodilla doblada y la bata abierta, dejando al descubierto la pálida curva de su muslo interior. El aroma del aceite corporal de lavanda y algo más almizclado espesaba el aire. Mis dedos rozaron su tobillo, deslizándose hacia arriba mientras me subía al colchón. Su piel estaba cálida, ligeramente pegajosa por el sudor, allí donde el sol de la tarde había calentado a través de las cortinas.
Una vez más, su cabeza colgaba cerca del borde de la cama, pero sus pechos parecían montañas. Sin pensarlo demasiado, presioné mi verga entre sus pechos y comencé a frotarla contra ellos.

o ¡Oye, pensaba que ibas a despertarme con tu verga en mi boca! - protestó de repente Clarissa, con la voz pastosa por el sueño.
- ¡Lo siento! - murmuré, con las caderas ya moviéndose entre su suavidad almohadillada. -Pero tus tetas parecían demasiado tentadoras.
El aroma de su loción de lavanda se mezclaba con el almizcle de la excitación mientras mi verga se deslizaba por el resbaladizo valle de su escote, con sus pezones endureciéndose contra mi miembro.
Clarissa se rió, con los ojos verdes brillantes mientras me veía frotarme contra ella.
o ¡No te culpo! - ronroneó, arqueando la espalda para apretarme más contra ella. Sus dedos se movieron hacia mis caderas, ansiosos por guiarme, pero le agarré la muñeca y la inmovilicé contra el colchón. - Marco...
- ¡Da la vuelta! - gruñí, apretando la suave piel de su pecho hasta que ella jadeó.
La bata se abrió por completo, dejando al descubierto la piel sonrojada de su vientre y el brillo de sus muslos.
- ¡Clarissa, no tenemos mucho tiempo! ¡Quiero follarte ahora mismo!
Ella me miró parpadeando, con los labios entreabiertos, no en señal de protesta, sino de puro deseo.
o ¿Ahora? - preguntó, con los dedos temblando hacia el dobladillo de su camisón.

La seda se deslizó hacia arriba, dejando al descubierto el suave pliegue donde el muslo se unía con la cadera.
- ¡Sí! —gruñí, agarrándola por el tobillo para ponerla de rodillas.
El colchón crujió cuando ella se apresuró a obedecer, con su cabello platino cayendo sobre un hombro. La bata se abrió, dejando al descubierto los dos hoyuelos sobre su trasero, tan diferentes de las curvas redondeadas de Kat. Mis dedos se clavaron en sus caderas, tirando de ella hacia atrás hasta que sus rodillas golpearon el borde de la cama. Su jadeo resonó contra el cabecero mientras yo me bajaba los pantalones lo suficiente para liberar mi verga, aún resbaladiza por la saliva de Kat.
- Kat está con Titan en la parte de atrás y no tenemos mucho tiempo. ¡Quiero follarte a lo perrito!
La risa de Clarissa se ahogó contra las sábanas.
o ¡Siempre con prisas! - se burló, pero sus muslos temblaban mientras yo deslizaba mi punta por sus pliegues empapados.
El contraste era obsceno: la saliva de su hija mezclada con su excitación, el aroma de lavanda y sal tan intenso que se podía saborear. Me introduje con una brutal embestida, llegando hasta el fondo con un golpe húmedo que hizo que sus uñas rasgaran el edredón.
o ¡Mierda! - gritó con voz quebrada, arqueando la espalda mientras yo marcaba un ritmo implacable, sin provocaciones, sin preparación, solo con el impulso crudo e implacable de un hombre que había estado al límite durante demasiado tiempo.

Estaba apretada, estrujándome con pulsaciones desesperadas, su cuerpo protestando y dándome la bienvenida al mismo tiempo. Cada golpe de mis caderas la empujaba hacia adelante, su cabello platino enredándose en las sábanas arrugadas. El cabecero traqueteaba contra la pared, un ritmo entrecortado que habría sido alarmante si no fuera por la forma en que los gemidos de Clarissa crecían con cada impacto.
o ¡Ahí! —jadeó, buscando apoyo con los dedos. - ¡Ahí mismo! ¡Dios mío! ¡Ethan nunca...!
La comparación se le atragantó en la garganta cuando me incliné más profundamente, agarrándola por las caderas con tanta fuerza que le dejé moretones. El sonido de la piel golpeando llenó la habitación, subrayado por sus súplicas entrecortadas y el lejano ladrido de Titan en el patio.
o ¡Dios mío, Marco! ¡Es enorme! – se quejó mientras se deslizaba lentamente hacia dentro.
Clarissa jadeaba suavemente, con los dedos aferrados al edredón arrugado mientras yo llegaba al fondo dentro de ella. Su espalda se arqueó bruscamente, con los músculos temblando, no solo por el placer, sino por el simple estiramiento. Podía sentir cada latido de sus paredes ajustándose, el calor resbaladizo aferrándose a mí como si intentara tragármelo por completo.
o ¡Me estás destrozando! - gimió, con la voz quebrada en la última sílaba.
Me quedé quieto, dejándola ajustarse, observando cómo se le tensaban los omóplatos bajo la piel mientras jadeaba.
- Sí... lo siento. - La disculpa fue automática, aunque mis caderas se movieron involuntariamente, ansiando la fricción.
En otras circunstancias, me habría tomado mi tiempo: le habría quitado la bata de seda de los hombros, habría recorrido cada peca de sus muslos con la lengua hasta que me lo suplicara. Pero el lejano tintineo de las etiquetas de Titan fuera me recordó que era tiempo robado. Clarissa pareció leer mi vacilación. Se balanceó hacia atrás contra mí con un gemido, su espina dorsal sudorosa presionando contra mi pecho.
o ¡No pares! - ordenó, con la orden socavada por la forma en que sus uñas se clavaban en sus propios muslos.
- No te importa que no haya usado condón, ¿Verdad? - le pregunté mientras la penetraba más profundamente.
o ¡Ahh!... ¡Marco, no me importa!... Ethan y yo... no hemos follado en meses... ¡Mierda! - gimió.
La almohada de Ethan olía a su champú, a lavanda y algo cítrico, pero las sábanas apestaban a descuido rancio. Enterré la nariz en el hueco de su cuello, inhalando la sal de su piel mientras me retiraba hasta la punta y volvía a hundirme. Su jadeo era entrecortado, su cuerpo se arqueaba como la cuerda de un arco.
- ¿Meses? - pregunté con voz ronca, empujando más fuerte solo para ver cómo su cabello platino se ondulaba con el impacto.
Ella soltó una risa ahogada, sus dedos arañando el cabecero para mantener el equilibrio.
o ¡Oh, Dios!... ¡Estás tan profundo! - gimió mientras sus caderas se movían a lo largo de mí. -¡Ethan nunca me folló así!

Me sentí en la cima del mundo, penetrándola hasta el fondo. Apreté sus enormes tetas colgantes, pensando en qué clase de idiota era Ethan en la cama.
La voz de Clarissa se quebró cuando le agarré las caderas con más fuerza, inclinándome hacia arriba. Sus pechos se balanceaban pesadamente debajo de ella, los pezones rozando el lado del colchón de Ethan con cada movimiento de mi pelvis. Acaricié uno, apretándolo hasta que ella gritó, la carne derramándose entre mis dedos como fruta demasiado madura.
o ¡Dios, tus manos!... ¡Más grandes!... - El resto se disolvió en un gemido cuando le pellizqué el pezón, haciéndolo rodar entre el pulgar y el índice.
El somier protestó con un chirrido metálico, y el cabecero golpeaba la pared al ritmo de mis embestidas. Una figurita de porcelana, algún pretencioso regalo de boda, se cayó de su mesita de noche y se hizo añicos contra el suelo de madera. Clarissa apenas se dio cuenta. Sus muslos brillaban por el sudor al tensarse contra las sábanas, y sus dedos se curvaban cuando volvía a llegar al fondo.
o ¡Ahí! - jadeó, mientras sus dedos buscaban apoyo en la almohada de Ethan. - ¡Ahí, mierda, ahí mismo!

Su sexo se apretó alrededor de mí con pulsaciones húmedas y rítmicas, y el calor resbaladizo me llevó al límite.
Sus uñas arañaron mi antebrazo, dejando gotas de sangre mientras yo la penetraba. El golpe de la piel era obscenamente fuerte, ahogando los lejanos ladridos de Titan. Los pechos de Clarissa se balanceaban violentamente con cada impacto, sus pezones se endurecían entre mis dedos. «¡Me estás volviendo loca!», jadeó, con la voz quebrada por un gemido. Esa confesión me provocó una nueva oleada de calor. Me incliné hacia delante y le mordí el tendón del cuello mientras mi ritmo se volvía cada vez más intenso. Ella arqueó la espalda bruscamente, con los músculos temblando como la cuerda de un arco demasiado tensada.
- ¿Sí? ¿Sí? ¡Acostúmbrate! - le dije burlándome, empujando con más fuerza dentro de ella.
o ¡Mierda! ¡Mierda! - Clarissa arqueó violentamente la espalda mientras el orgasmo la sacudía, apretando mis caderas con sus muslos como un tornillo de banco.
El somier crujió bajo nuestro peso y el cabecero golpeó la pared con tanta fuerza que otro adorno cayó al suelo. No bajé el ritmo, sino que, más bien, empujé más profundamente, cabalgando sobre sus convulsiones hasta que ella gimió y se aferró a la almohada de Ethan como si fuera a sujetarla.
- ¡Te voy a romper y te voy a tomar todos tus agujeros! ¡No podrás follar con Ethan sin pensar en mí!
Ella volvió a alcanzar el clímax cuando dije esas palabras, pero yo no me detuve.

El cuerpo de Clarissa convulsionó debajo de mí, su sexo palpitando en ondas erráticas mientras se desmoronaba por segunda vez, su orgasmo la atravesó con tal violencia que sus rodillas se doblaron contra el colchón. Apenas le di tiempo para jadear antes de arrastrar sus caderas hacia mí, mi verga se hundió en sus temblorosas profundidades con un golpe húmedo que resonó en las paredes. Su grito quedó amortiguado en la almohada de Ethan, sus dedos arañando la tela como si quisiera destrozarla.
- ¡Serás mi perra en celo cada vez que te visite! —gruñí, con la voz áspera por la posesión— ¡Y desearás que te folle a ti y a tu hija en la cama de tu estúpido marido! ¿Está claro?
Su respuesta fue un gemido entrecortado, con los muslos resbaladizos por el sudor y la excitación, que temblaban alrededor de los míos.
o ¡S-sí!... ¡Oh, Dios! ¡Sí! - respondió con voz agotada, ronca por los gritos.
El cabecero golpeaba la pared con un ritmo frenético, cada impacto puntuado por el sonido húmedo de la piel y su respiración entrecortada. Me incliné sobre ella, rozándole la oreja con los dientes mientras mis caderas se movían sin piedad.
- ¡Bien dicho, zorra! ¡Ahora, recibe mi corrida y atragántate con ella!
Mis dedos se clavaron en la suave carne de sus caderas, atrayéndola hacia mí justo cuando mi liberación me atravesaba: tres chorros calientes y ardientes que golpeaban directamente su útero. Clarissa gritó, su cuerpo temblando al sentir cada espesa pulsación inundándola, su sexo apretándose en pequeños espasmos impotentes alrededor de mi verga.
o ¡M-Marco...! - Su voz se quebró, sus dedos se retorcieron en las sábanas como si intentara anclarse contra la abrumadora sensación.

Me derrumbé sobre su espalda, todavía enterrado profundamente dentro de ella, nuestra piel resbaladiza por el sudor pegada mientras ambos jadeábamos en busca de aire. El cabello platino de Clarissa estaba enredado contra la almohada, su cuerpo flácido debajo de mí, excepto por algún que otro temblor que recorría sus muslos, permaneciendo los dos jadeando por un rato.

o ¡Ahh!... ¡Ahh!... Eso fue... el mejor sexo... que he tenido... - jadeó, con la voz cansada, satisfecha y ronca.
Esa confesión me provocó una lenta euforia diseminándose por el cuerpo, incluso cuando mis músculos dolían por el agotamiento.
- ¡Acostúmbrate! ¡Esto es solo el principio! – gruñí arrogante, sacándola con un suave chasquido que la hizo jadear.
El semen goteaba de sus pliegues hinchados sobre las sábanas, las sábanas de Ethan, y verlo brillar a la luz de la tarde me provocó una nueva oleada de satisfacción.
-¡Ahora, límpiala! - le exigí, presionando mi verga aún dura contra sus labios.
Clarissa no dudó, abriendo obedientemente la boca y pasando la lengua alrededor de la punta para lamer hasta la última gota de nuestros fluidos mezclados. El hambre en sus ojos verdes era casi salvaje mientras me chupaba hasta dejarme limpio, con los labios manchados con la prueba de lo que habíamos hecho.
- ¡Buena chica! – la felicité, enredando mis dedos en su cabello platino mientras ella trabajaba.
Su garganta se convulsionó a mi alrededor, su nariz presionando mi pelvis mientras me tomaba hasta la base, no tan profundo como lo terminó haciendo Kat, pero con una facilidad ensayada que hablaba de años de hambre oculta.
- ¡Mañana también te follaré, zorra! - le prometí, retrocediendo bruscamente y dejando sus labios entreabiertos y relucientes.
Ella me miró parpadeando, aturdida, con el pecho agitado y los muslos aún abiertos y temblorosos. Verla así, despeinada, agotada y completamente mía, casi me hizo reconsiderar mi marcha. Pero el sonido lejano de Titan ladrando fuera me recordó la hora que era.
Me dirigí al baño con pasos desiguales, aún excitado. Usé el lavabo y algunas toallas para limpiarme. El aroma de Clarissa se aferraba a mi piel, mezclándose con la dulzura anterior de Kat, un cóctel embriagador que hacía que mi pulso latiera con fuerza a pesar de mi estado de agotamiento. Me froté con fuerza, el jabón formando espuma blanca entre mis dedos, pero por más agua que usara no podía borrar el recuerdo de los gemidos ahogados de Clarissa ni la forma en que su coño me había dejado seco. Sonreí al imaginar a Ethan limpiándose la cara con parte de mi semen seco mientras me secaba con su toalla.
Los palos de golf brillaban acusadoramente junto a la puerta principal, sus superficies pulidas reflejaban la luz del sol de la tarde en rayos nítidos. Las preciadas posesiones de Ethan, aparentemente más valiosas que su descuidada esposa. Los empujé con el pie, alineándolos cuidadosamente por una retorcida cortesía. Una pequeña misericordia para el cornudo, dejarle conservar sus juguetes impecables mientras yo arruinaba su lecho matrimonial.
Kat esperaba junto al camino de entrada, con la espalda apoyada contra el capó de mi camioneta, calentado por el sol. La brisa levantó el dobladillo de su top corto, acariciando la mancha pegajosa donde mi semen se había secado contra su piel. Se sobresaltó cuando me acerqué, llevándose los dedos a la boca como si aún pudiera saborearme.
• ¡Marco!...
Su susurro se disolvió cuando la empujé contra mi camioneta y mi lengua se hundió entre sus labios antes de que pudiera terminar. Gimió al instante, sus manos se aferraron a mi camisa y sus caderas se inclinaron hacia adelante en una silenciosa súplica de fricción.
Le di una palmada a su trasero a través de esos shorts obscenamente cortos y ajustados, apretando lo suficiente para hacerla suspirar dentro de mi boca. La tela se sentía húmeda, ya fuera de sudor o calentura, no podría decirlo y se apegaba a su piel como una segunda capa. Kat se estremeció, sus uñas rasguñando mi pecho mientras me cernía sobre ella, mi verga todavía medio dura de haberme tirado a su madre a pelo minutos antes. Ella no lo sabía. No podía saberlo. No por la forma que sus muslos temblaban cuando mordí su labio inferior, su respiración agitándose cuando le susurré:
- Entonces… te veo mañana.
Una silenciosa promesa que pronto, también la haría mía. Sus ojos parpadearon, deslumbrados y verdes como hojas tiernas bajo el sol.
• Estaré… estaré esperándote. – suspiró, su voz rompiéndose en la última silaba.

La forma en que sus piernas se apretaron (sutil, por reflejo) la traicionaron. Si Titan hubiese estado suelto, habría estado oliscando ese calor entre las piernas, gimiendo ante su esencia. Sonreí satisfecho, retrocediendo lo suficiente para verla menearse hacia adelante, siguiendo la partida de mis labios. Su musculosa se levantó, exponiendo leves marcas rojas que mis dedos habían dejado en sus caderas antes. Un set idéntico al de Clarissa…
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