You are now viewing Poringa in Spanish.
Switch to English

04: Dinámica de la manada (Parte 2)




Post anterior
Post siguiente
Compendio III


04: DINÁMICA DE LA MANADA (PARTE 2)


Conducía mi camioneta, sintiendo cómo se me endurecía la verga solo de pensar en Katherine. Marisol tenía razón: sentía algo por la hija de Ethan, y el hecho de que fuera una adolescente incomprendida lo empeoraba todo. Tal y como Marisol había adivinado, Kat estaba desesperada por recibir afecto. El problema era que, con un cuerpo como el suyo, esos pechos turgentes, esas piernas largas, yo estaba dispuesto a darle mucho más de lo que ella esperaba. ¿Y Kat? Parecía estar deseándolo.

Cuando me estacioné, ella ya me estaba esperando afuera, parada con las manos enlazadas detrás de su espalda, empujando su pecho hacia adelante como si ella supiera exactamente lo que estaba haciendo. Su vestimenta no era una afirmación destartalada feminista del día: no llevaba pantalones rasgados ni un polerón extragrande. En vez de eso, ella vestía una ajustada musculosa que apenas contenía sus pechos de copa C, la tela estirándose peligrosamente sobre sus pezones. El borde de su falda se subía sobre sus muslos, lo suficientemente cortos para tentar, pero no lo suficientemente reveladores para cruzar la línea. En síntesis, ella tenía esa apariencia: como si ella fuese una inocente jovencita que casualmente tiene un cuerpo esculpido para el pecado.

04: Dinámica de la manada (Parte 2)

• Estaba preocupada. – Exclamó mordiéndose el labio inferior de una manera que me puso sospechoso al instante. – Pensé que te habías atrasado.

El tono desafiante en su voz era indiscutible: Kat estaba probándome, buscando algún tipo de reacción.

- ¡Tú sabes que no llegaría tarde para nuestra cita, gatita loca! – le respondí, observando con satisfacción el rubor en sus mejillas.

Ella jugueteó con el borde de su falda, sus dedos acariciando la suave piel de su muslo antes de darse cuenta y volvió a colocar sus manos detrás de su espalda.

- ¡Te vistes bien! – proseguí, dejando que mi vista se retrasara al apreciar la forma que su musculosa se apegaba a sus curvas. - ¿Tienes planes para la tarde?

Kat se tensó, su respiración acelerándose cuando mis ojos indagaron a fondo.

• ¡N-no! – tartamudeó ella, moviendo su peso de un pie hacia el otro. - ¡Tú sabes!... el pronóstico del clima dijo que iba a ser caluroso hoy… así que me preparé.

La mentira era dolorosamente obvia. Sus pezones ya estaban endurecidos debajo de la delgada tela y ella aun ni siquiera empezaba a sudar.

Me reí en voz baja, acercándome unos pasos.

- ¡Ethan debe ser un pésimo padre, entonces! – reflexioné, dejando que mi vista se arrastrara por su casi expuesta retaguardia. – Si tú fueras mi hija, no te permitiría salir vestida así en público.

La respiración de Kat se agitó cuando invadí su espacio personal, sus pupilas dilatándose a medida que subía el mentón de forma desafiante.

• ¿Y acaso me azotarías, papito?

(And would you spank me, daddy?)

infidelidad consentida

La palabra se salió antes que ella pudiera atraparla, su propia inhalación profunda traicionándola de su admisión accidental. Ella aplastó su boca con una mano (demasiado tarde), mientras yo estallaba a carcajadas, profundas e irreverentes.

Pero a medida que caminábamos hacia la corral de Titan, le conté que envié los palos de golf de su padre a reparaciones. El reparador me miró confundido, dado que el mordisco del perro era apenas un rasguño. Me dijo que el palo en cuestión (un driver con cabeza plástica) podía ser fácilmente reparado y que él podía pulir y pintar sobre el rasguño en un santiamén. Le conté al tipo lo que había ocurrido y este se rió despacio, pensando que quizás Ethan quería apretarme los bolsillos para un nuevo set de palos, ya que estos palos se desgastaban naturalmente tras su uso. El hombre, conociendo su profesión y aparentemente habiendo lidiado con este tipo de situaciones, me propuso que él pintase por encima de la marca de la mordida y me cobraría por el costo de la pintura, aunque me sugirió que le dijera a Ethan que tuvo que reemplazar toda la cabeza. Y le dije a Kat que los iría a buscar por la tarde.

• ¡Espera un poco! – Ella me interrumpió, deteniéndose a mitad de paso. Su sandalia se deslizó sobre el adoquín. - ¿El tipo te dijo que la cabeza era de plástico? (parpadeó, procesando mis palabras) Papá me juró que era una mierda ultra rara de fibra de carbón.

feminista

Su nariz se arrugó de la misma manera que lo hace cuando huele mierda. Me encogí de hombros, observando una gota de transpiración descendiendo de su cuello.

- El reparador me dijo que era producido en masa. Más barato que tu musculosa. – Mi dedo se deslizó sobre la delgada tela alrededor de sus costillas, haciéndola jadear. - Probablemente por eso Titan apenas lo dañó.

Pero al caminar unos pasos, me percaté...

- ¿Sabes de golf? – le pregunté, asombrado de esta increíble adolescente.

Enrojeció ante mi escrutinio.

- ¡No es que me guste la maldita cosa! – farfulló pateando una piedrecilla con su sandalia.

La forma que ajustó una hebra de sus cabellos platinados detrás de la oreja, el brillo del sol sobre su anillo nasal me aceleró el corazón.

- Papá constantemente habla del tema y aprendí algunos términos. Pero no puedo creer que él hiciera tanto alboroto por unos palos baratos. – sus dedos jugueteaban con el borde de esa pecaminosa musculosa, estirando la tela aún más sobre su pecho.

- Sí. – respondí encogiéndome de hombros, contemplando cómo sus pezones se marcaban debajo de la delgada tela. – El reparador dijo que yo podía comprar uno nuevo por veinte dólares en la tienda o que él podía venderme uno nuevo también…

Acercándome a ella, bajé el tono de voz, sonriendo ante sus escalofríos…

- Pero jamás pensé que fueras una experta de palos de golf, ¡Gatita tierna, loca y golfista! – ronroneé, estirando su apodo ridículo solo para verla estremecerse.

(Mad kittie cutie golfie Kat!)

El sonrojo de Kat se hizo más intenso, salpicando sus mejillas como si fuera vino derramado.

• ¡Cállate! – se rió, golpeándome suavemente el pecho, con sus dedos acariciándome un segundo más sobre la tela de mi camiseta.

La manera en que después ella se mordió el labio, como si hubiese probado lo prohibido, me envió una ola de calor derecho hacia mi verga.

- Aun así, si hubiese sabido que conocías de palos de golf, podríamos haber ido a comprarlos juntos. – continué con naturalidad, siguiendo el borde de su falda con la vista.

Su respiración se agitó ruidosamente, su pecho alzándose debajo de esa obscena musculosa. El rubor color cereza se esparció por su cuello, desvaneciéndose debajo de la tela.

• ¿T-tú me llevarías? – tartamudeó, su voz repentinamente pequeña, sus dedos jugueteando con el borde de su falda con nerviosismo.

La forma en que me miró (parte esperanza, parte calentura) me aceleró el pulso.

¿A un motel? ¡En un minuto!” Pensé para mis adentros, ya sintiéndome duro. La forma que se mordía el labio inferior, sus dientes hundiéndose sobre esa piel carnosa, me causó un golpe de calor directo sobre mi verga. Ella estaba prácticamente vibrando de anticipación, sus ojos verdes enormes y sin pestañear.

- Sí, porque no tengo idea del tema. – admití alzando los hombros.

La sonrisa de Kat se amplió, su anillo nasal resplandeciendo mientras doblaba la cabeza.

• ¿Y cuáles deportes son los que te gustan? Porque te ves tan musculoso como un gladiador. – exclamó sin pensar, sus dedos rozando mi bíceps antes de retirar su mano de vuelta como si se hubiese quemado.

jovencita

El rubor bajó por su cuello confirmando que no había querido confesar eso en voz alta. Flexioné por impulso, contemplando cómo sus pupilas se dilataban cuando mi camiseta se ajustaba sobre mis hombros.

- Ninguno en particular. – reconocí, arremangándome solo para ver su respiración acelerarse. – Solo corro y entreno porque mis niñas me lo pidieron.

La risita de Kat fue más suave esa vez, casi intima. Como si me estuviera viendo sin camiseta, cubierto en sudor y esforzándome bajo las pesas.

• ¿Quéeeee? – me molestó, empinándose hacia mí hasta que la esencia a vainilla de su champú ahogó el aroma a pasto y a tierra humedecida.

- Sí, mis niñas querían que su papá fuera el “hombre más fuerte del mundo”. – reconocí, flexionando los hombros que hizo que toda mi camiseta se estirase sobre mi pecho. Kat bajó la mirada, su diente hundiéndose en su labio inferior. – Así que estoy tratando de vivir con sus expectativas.

• Bueno, como puedes ver, mi padre podría haber aprendido un par de cosas de ti. – comentó, sus dedos jugueteando sobre su cuello.

Su tono juguetón disfrazaba la agitación en sus respiros, como si ya no estuviésemos hablando de palos de golf.

- ¡Hola, grandulón! ¿Cómo estás? – le pregunté a Titan cuando llegamos a su corral.

Pero por primera vez, estaba feliz de verme: no me ladró, ni me saltó encima. Solo movió la cola despacio mientras trotaba. Kat se reía a mi lado, sus dedos acariciando mi antebrazo mientras se apoyaba sobre mí.

• ¡No puedo creer que él esté tan feliz de verte después de coscorronearlo tres veces! – se burló, su aliento tibio sobre mi oído.

esposa infiel

Pero entonces, Titan saltó encima. No de mí, pero de ella. El husky se lanzó encima de ella con tanta fuerza para hacerla trastabillar, su lengua lamiendo el rostro de su ama mientras que sus patas presionaban sobre su pecho, bastante cerca de arrebatarle esa endeble sudadera. Kat chilló, medio riendo, medio asustada, mientras que Titan le acariciaba el cuello con la nariz, su cuerpo entero sacudiéndose sobre las piernas de su ama como si ella fuese su juguete favorito.

- Sí, los perros son así. – comenté, cruzándome de brazos mientras veía la tela de su musculosa ajustarse en torno a sus pechos, el borde subiéndose para exponer un pedazo de la cautivante piel de su cintura.

Kat suspiró cuando la nariz húmeda de Titan rozó la parte inferior de su mandíbula, sus dedos enredándose sobre su grueso pelaje mientras ella intentaba (y fracasaba) quitárselo de encima.

• ¡Ay, Dios! Él está… ¡Marco! ¡Ayúdame!

Su suplica se disolvió en risitas a medida que el husky la empujó atrás un paso, su cola meneándose furiosa.

mamada

- ¡Por supuesto que no! ¡Me gusta lo que estoy viendo! – respondí cruzándome de brazos, observando su cuerpo entero sacudirse y reírse con las cariñosas lamidas de Titan.

Kat chillaba mientras que la nariz húmeda de Titan chocaba con su cuello, sus patas presionando peligrosamente arriba de su pecho. Un movimiento en falso y esa musculosa se habría arruinado por completo. La tela se estiraba obscenamente, la sombra de sus pezones visibles a medida que las caricias entusiastas de Titan la hacían estremecer los dedos de los pies.

• ¡Marco, ayuda! – ella jadeó entre risas, sus manos aleteando inútilmente sobre el grueso pelaje del husky.

- ¡Está bien, grandulón! Te divertiste y yo también.

Lo jalé y él entendió. Ver a Kat tras ser acosada por el perro era delicioso y sexy a la vez.

- Por eso te dije que era malo si él me tenía miedo. Un perro debe saber que él es importante y tu apoyo. Que él puede hacer cosas que tú no y a cambio, tú lo cuidas.

• Nunca paro de aprender contigo. – exclamó con un suspiro mientras se arreglaba el cabello, sus dedos peinando a través de los mechones platinados que Titan había deshecho.

Su respiración era todavía desigual, sus labios levemente hinchados, ya fuera por la risa o algo más, no sabría decir. Una vez que le puse el arnés a Titan, asegurándolo firme sobre su pecho, él esperó pacientemente, moviendo la cola ansiosa por su paseo. Me di cuenta de que los ojos de Kat estaban fijos en mi antebrazo, donde las venas se alzaban prominentes al sujetar la correa.

• ¡Eres muy fuerte! – la admiración en su voz no era fingida. Era sincera, casi reverente. Sus dedos se deslizaron sobre mis muñecas antes de que ella se diera cuenta y los sacó, poniendo las manos en su espalda como una niña culpable.

- En realidad, no. – mentí, flexionando lo suficiente para tensar las venas de mi antebrazo. La respiración de Kat se agitó. - ¿Quieres probar?

Sus ojos verdes se dilataron, -en parte por incredulidad, en parte por deseo- a medida que asentía enérgicamente.

• ¿Puedo? ¿De verdad?

La forma que sus dedos temblaban hacia la correa traicionaban sus nervios, pero la determinación de su mandíbula era completamente suya.

- ¡Por supuesto, Kat! – me reí, deliberadamente acariciando la palma de su mano cuando le pasé la rienda. - ¡Es tu perro! Eventualmente, tendrás que manejarlo tú sola.

Aunque la había dejado otras veces llevar a Titan de la correa en el camino de regreso, para ese punto el perro había gastado sus energías y era mucho menos inquieto, por lo que cedérsela en esos momentos, en el trayecto de ida, era una gran cosa para ella.

Pero como ya esperaba, sus dedos apenas se afirmaron de la rienda antes que Titan se largara a correr con el entusiasmo de un perro de trineo al divisar la tundra. El tirón repentino le robó un suspiro ahogado de los labios de Katherine a medida que sus sandalias patinaran sobre el pavimento. La alcancé a tomar de la cintura con un brazo antes que cayera de bruces, mi otra mano atajando la descontrolada correa, sin siquiera agarrarla como corresponde, solo tomándola por la rienda con dos dedos como si ni siquiera pesara. El impulso de Titan se detuvo a media carrera, sus patas arañando el concreto como si hubiera encontrado una pared invisible.

masturbacion

Nos congelamos en el acto, con su espalda presionada contra mi pecho, mi antebrazo afirmado bajo sus costillas donde podía sentir el errático palpitar de su corazón. Su champú de vainilla mezclado con la salada esencia de su sudor tras el pánico, el calor de su cuerpo filtrándose a través de mi camiseta. Sus labios se abrieron en una exhalación temblorosa, rosada y brillante, tan cercana que podía contar cada peca adornando su nariz.

• ¡G-gracias! – tartamudeó, sus palabras enganchadas a su garganta mientras su vista se deslizaba desde mis dedos, que todavía controlaban a Titan sin mucho esfuerzo, hasta mi boca.

Me endurecí… y ella se dio cuenta. Aun así, se tomó todo su tiempo para recomponerse. Una vez que llegamos al parque, Kat fue a conseguirnos unas bebidas.

• ¡Déjame compensártelo! – Me dijo, mirando sutilmente a mi entrepierna.

04: Dinámica de la manada (Parte 2)

Me senté en una banca mientras Titan se echaba a la sombra del árbol encima de nosotros, refrescándonos. Sin embargo, un perro salchicha llamó su atención y se puso de pie justo cuando Kat volvía con las bebidas. Como resultado, la correa se tensó y Kat se tropezó encima de mí, derramando los refrescos.

- ¡Al parecer, te sigo atajando! – le dije mientras sujetaba uno de sus firmes pechos después de envolverla con mis manos para evitar su caída.

• A… a mí no me molesta. – exclamó ella en un tono inocente.

Ajusté el agarre de la correa, moviéndome sutilmente para que mi bulto no presionase sobre su espalda baja. Demasiado tarde. La respiración de Kat se cortó cuando me sintió, sus dedos aferrándose de los vasos vacíos que todavía sujetaba. Los cubitos de hielo chocaban, derretidos remanentes goteando sobre sus sandalias.

• Debería… debería ayudar a secarte. – sus palabras tropezaban apuradas a medida que se arrodillaba delante de mí, una servilleta ya lista sobre su mano temblorosa.

Su visión estaba enfocada sobre la mancha oscura esparcida a través de mi muslo izquierdo, directamente encima donde mi verga se tensaba sobre la tela. La servilleta flotaba, titubeante.

infidelidad consentida

• Se ve tan grande… - su susurro se escapó antes que pudiera atraparlo, sus labios separados en un suspiro brusco.

Sonreí, observando sus pupilas dilatarse al darse cuenta de su error.

• ¡La mancha! ¡La mancha se ve tan grande! – su corrección llegó muy tarde, su voz tornándose un poco chillona mientras sus dedos aleteaban encima de mi muslo sin siquiera tocarme. - ¡Lo siento mucho!

- ¡Está bien, gatita loca! -Arrastré mi vista lentamente desde su pecho hasta sus ojos colorados, disfrutando su respiración agitada cuando nuestros ojos se encontraron. – El paisaje tampoco es tan malo.

feminista

El regreso a casa fue tenso, largo y silencioso. Ninguno de los dos habló, dado que mi bulto todavía era visible.

Titan arrastró flojamente sus patas, oliendo cada arbusto en el camino mientras yo ajustaba mi postura (sutilmente, esperaba yo) para minimizar el perfil de mi pene tensando mis jeans. Kat caminó a mi lado, sus dedos jugando con el borde de su falda, sus respiros cortos. Tras algunos pasos, su visión bajaba, luego se rompía, su diente hundiéndose en su labio inferior.

• Oye Marco… hay algo… que quiero preguntarte… - la voz de Kat era apenas un susurro, sus dedos afirmándose de la correa de Titan con tanta fuerza que sus nudillos se pusieron blancos.

Titan no escogió mejor momento para detenerse y levantar su pata sobre un hidrante, su flujo constante alargando el silencio irresistiblemente. Ajusté mi postura, todavía consciente de la tela húmeda aferrada a mi endurecida longitud.

- Por supuesto. ¿Qué deseas?

Los dedos de Kat jugaron con su falda hasta arrugarla.

• ¿Puedes… mostrarme tu pene? – su voz se rompió en la última palabra, su rubor expandiéndose bajo su cuello como un sarpullido.

La correa de Titan se tensó bajo mi agarre antes de darme cuenta de que le di un tirón. El pobre husky gimió, mirándome con sus confundidos ojos blancos.

- ¿Qué? – La pregunta salió más fuerte de lo que pensaba, mi pulso martillándome la yugular.

Los dedos de Kat casi hicieron jirones de su falda.

• ¡Por favor escúchame! – me susurró, su voz destemplada en los bordes.

El sol de media tarde iluminó la plata de su anillo nasal mientras tragaba saliva.

• Lo que pasa es que… he estado con tipos de mi edad… - su garganta se las arregló para dar una confesión. – Los de ellos parecían dedales comparados con… eso.

Su mirada bajó un instante antes de desviarse. Una gota de sudor le recorrió el hueco de la garganta.

Suspiré ruidosamente por la nariz. Titan escogió ese momento para dar tres vueltas antes de echarse sobre la vereda con un suspiro dramático, su correa colgando entre nosotros. El silencio se tensó mucho más que la tela sobre mis muslos.

• Así que estaba pensando… solo por mi curiosidad… si podías mostrármelo… para saber si todos los adultos la tienen de tu tamaño. – Su excusa salió suave e inocente. Yo no tenía palabras.

Los dedos de Kat jugaban con el borde de su falda, levantándola un centímetro más con cada tirón nervioso.

• Sé que me encuentras linda. – continuó, su voz ganado fuerza como un trineo acelerándose cuesta abajo. Los mechones platinados de su cabello atraparon la luz mientras inclinaba su cabeza, sin rodeos ni juegos, pero con una sorprendente honestidad. – Así que si quieres… (sacó la lengua y humedeció sus labios) puedo mostrarte la mía primero.

jovencita

La oferta quedó entre nosotros, densa en la humedad del verano. Mi cerebro tuvo un corto circuito: en parte por las implicancias, otra parte por la realización que la fantasía onírica de Marisol sobre corromper a la princesa de Ethan se había desencadenado exactamente igual que ella predijo. Lo único es que esto no era un juego de dormitorio pervertido; las pupilas de Kat estaban hinchadas con hambre genuina, su respiración viniendo a jadeos que hacían su pecho expandirse y contraerse debajo de esa maldita musculosa.

Aun así, la idea que una mujer con la mitad de mi edad, curiosa sobre mi verga, me golpeó en un millón de maneras diferentes. De hecho, incluso el peso que Kat es hija del tarado de mi compañero Ethan, el jefe de logística en nuestra oficina corporativa de la empresa minera, me golpeó como un tren de carga.

Llevamos a Titan en silencio a su corral mientras pensaba al respecto. El husky trotaba delante, ignorante de la densa tensión entre nosotros, sus patas levantando pequeñas motas de pasto fresco del fastuoso patio. Los dedos de Kat rozaron los míos cada vez que intentábamos tomar el seguro de la puerta al mismo tiempo, con cada toque accidental dándome un golpe eléctrico. La puerta del corral se cerró con finalidad, la nariz de Titan ya bebiendo a mares de su bol de agua fresca, con gotitas salpicando de su hocico.

Suspiré, estirando mis hombros hacia atrás como si me estuviese sacando una armadura.

- ¡Está bien! – accedí, las palabras sabiendo a plomo, mi garganta apretada.

El suspiro de Kat fue ruidoso, medio sorprendido, medio triunfante, antes de aplaudir sus manos juntas, para después inmediatamente hundir su diente sobre su jugoso labio inferior. La imagen de ese diente deformando esa suave piel me envió otra ola de calor hacia debajo de mi estómago.

Nos movimos a una esquina solitaria del patio donde la valla de arbustos formaba una pantalla natural, las hojas repicando con la brisa de media mañana. Mis dedos dudaban sobre mi cremallera, el susurro del cierre metálico curiosamente ruidoso a través del denso silencio. La respiración de Kat se cortó mientras bajaba mis boxers, la repentina exposición del aire tibio haciendo mi verga estremecer. Sus ojos verdes se agrandaron, sus labios se abrieron mudos hasta que finalmente logró hablar.

esposa infiel

• ¡Wow!… es… ¡Es grande! ¡Es más gruesa de lo que pensaba! – su voz llevaba un tono de admiración genuino, sus dedos sacudiéndose a sus costados como si se estuviera conteniendo a sí misma.

- ¡Gracias! – logré decir, a medias divertido, a medias consciente que su vista seguía cada vena, cada arruga, muy consciente que me estaba exponiendo ante una mujer la mitad de mi edad.

Entonces, con una suavidad que me tomó desprevenido, ella agregó:

• Y la cabeza es tan… linda. Tiene un bonito rosado. Incluso parece un poco tierna.

(And the head is so... pretty. It has a nice pink. It looks even kind of cute...)

Lo absurdo de sus palabras (el tono melodioso que entonó, comparando mi verga con algo delicado) debería haberme hecho reír, pero la forma en que relamía sus labios, la manera que su pecho subía y bajaba cada vez más rápido, me borraron cualquier trazo de humor.

Los dedos de Kat se seguían estremeciendo a sus costados, el timbre de su voz subiendo a un tono casi chillón.

• ¿Puedo tocarla?

La desesperación en su voz era cruda, descuidada, sus ojos verdes parpadeando con los míos pidiendo permiso. Antes que pudiera responder, sus dedos ya estaban agarrando los bordes de su musculosa, exponiendo parte de su estómago suave.

• Puedo mostrarte mis pechos si quieres…

Los dedos de Kat estaban atentos sobre el borde de su sudadera, su respiración agitada mientras esperaba mi respuesta. El sol de mediodía sobre nosotros captó un resplandor en su anillo nasal, haciéndolo brillar como una pequeña estrella sobre su piel colorada. Su pecho subió y bajó rápidamente, la delgada tela estirándose con cada inhalación.

Tragué saliva. Las cosas se estaban descontrolando rápidamente. No es que no quisiera, pero sentía que mi ánimo no estaba todavía allí.

- ¡No te aceleres! – le respondí, tomando su muñeca delicadamente. El pulso bajo mi pulgar se aceleraba como un conejo asustado. – No necesitas intercambiar favores como si estuviéramos en un callejón solitario.

Su labio inferior tembló, ya sea por el rechazo o por las ganas, quién sabe. Pero asintió, sus dedos enrollándose en tensos puños a sus costados.

Kat suspiró ruidosamente a través de su nariz, su respiración alcanzando mi piel expuesta de una forma que hizo tensar cada músculo de mi abdomen. Entonces, con un pequeño suspiro que olía levemente a chicle de menta, ella sopló sobre la piel colorada de mi verga. El repentino refrescar de evaporación por poco me pone de rodillas: una sensación tan intensa que me dejó la visión borrosa por medio segundo.

- ¡Carajos!

Mis malas palabras salieron a través de mis dedos apretados mientras que mis caderas se sacudían involuntariamente.

Sus dedos me acariciaron después, delicados como una pluma y exploratorios, trazando el relieve de la gruesa vena a través de mi vara.

mamada

• ¡Está tibia! – susurró sonriente, más para sí misma que para mí, su pulgar limpiando la abertura húmeda de la punta con una risita. – ¡Y pesada! ¡Debes usarla bastante!

Su tono burlón fue sorprendido por la forma que su garganta se apretó apenas para tragar, su vista enfocada en la pequeña gotita de liquido preseminal brillando en la punta de su dedo.

Y entonces, con una inhalación profunda (ya sea deliberada o con un genuino tropiezo), Kat se inclinó hacia delante. Sus rodillas golpearon el pasto, sus manos aleteando para afirmarse sobre mis muslos, sus labios deteniéndose para dar un tímido besito sobre mi colorada cabeza. El suspiro caliente de su respiración me hizo estremecer violentamente sobre su labio inferior.

• ¡Oops! ¡Me tropecé! – su voz estaba llena de falsa inocencia, pero la forma en que su lengua se apuraba para alcanzar la gotita de liquido preseminal en la punta la terminó traicionando. - ¡Wow, tu punta se ve tan rosada!... (ella respiró, abriendo levemente los labios) como si fuera una piruleta.

La comparación era absurdamente inocente, pero no así el hambre en sus ojos. Una delgada hebra de saliva conectaba su lengua conmigo mientras se hacía atrás lentamente, lo suficiente para tentar.

masturbacion

Mis manos se dispararon para sujetarla por los hombros, con la intención de apartarla, pero Kat interpretó el movimiento como permiso. Sus dedos se enrollaron en torno a mi verga, apretando lo suficiente para tornar mi visión borrosa por los bordes.

- ¡Kat, si me sigues apretando así, te cubriré con semen! - logré decir, mis caderas meneándose involuntariamente ante su agarre.

Sus pulgares trazaban círculos sobre mi cabeza hinchada, esparciendo la humedad y apenas logré croar…

- … y si eso pasa, los dos estaremos en un tremendo problema.

Kat se detuvo a mitad de caricia, sus labios abriéndose levemente sobre la punta, su lengua flotando solo a milímetros de mi piel. Lentamente, con agonizante pereza, se retiró, su respiración saliendo en jadeos cortos que se diluían a través de mi piel fresca. La realización iluminó su rostro como el amanecer sobre la nieve: sus mejillas enrojeciendo del rosado al carmesí, sus ojos verdes dilatándose hasta que se veía su completa redondez. Sus dedos soltaron su agarre como si se hubiese quemado, aunque las palmas permanecieron lo suficientemente cerca que pude sentir su calor.

• ¡Yo… no estaba pensando! – respondió en voz baja, aunque la forma en que su mirada seguía enfocándose traicionó su fascinación.

Otra nueva y delgada tira de saliva conectaba su labio inferior con mi cabeza hinchada, rompiéndose solo cuando ella se sentó sobre sus tobillos.

- ¡Me di cuenta! – Mi risa salió más forzada de lo que esperaba, mis caderas meneándose cuando una gota de liquido preseminal descendía a través de la vara que ella recién había dejado.

Kat rastreó su progreso con un enfoque hipnótico, su lengua humedeciendo sus labios a modo de reflejo. La sola visión por si sola casi me destruye: su lengua rosada tomando la luz, la manera que su garganta se estremecía tragando saliva…

• Lo… lo siento. Pensé que te gustaría. – trató de disculparse.

- Pues sí, me gustó bastante. – respondí mientras me aferraba a la cintura de mis pantalones para contenerme, la mezclilla arrastrando mis nudillos. – El problema es que… (bajé mi voz, observando sus pupilas dilatarse ante mi tono) si hubieras seguido durante otros treinta segundos, te habría pintado la cara blanca… e incluso algo peor.

La respiración de Kat se agitó ruidosamente, medio sorprendida y lujuriosa, con sus dedos retorciéndose nerviosos hasta que decidió armar un puño. Se dio cuenta de lo que casi había hecho: arrodillada en plena luz de día, el husky de su padre jadeando cerca, los esparcidores de su vecino susurrando del otro lado de la valla, le dieron de golpe en ella como si fueras solas. Aun así, en lugar de retroceder, ella se acercó infinitésimamente, con los labios abiertos.

- Necesito ir al baño y acabar con esto. – reconocí con los dientes apretados, masajeándome yo mismo por los pantalones solo para aliviar parte de la presión. – De lo contrario, no voy a poder conducir de vuelta a casa sin manchar el asiento.

Kat asintió, asustada y sorprendida. Ella se quedó cerca del corral de Titan, abanicándose con ambas manos, su pecho subiendo y bajando rápidamente por su sudadera arruinada. El husky gimió y le pasó la nariz cerca de su muslo, presintiendo su excitación, pero Kat apenas lo noto: estaba demasiado ocupada recordando el calor de mi piel en sus dedos, el peso de mi hombría sobre su palma. Sus labios todavía se estremecían donde ella casi…

No esperé para ver el resto. La puerta trasera crujió cuando entré, el aire fresco de la casa de Clarissa refrescando mi piel ardiente como si fuera un bálsamo. La casa olía a lavanda y a algo más rico, perfumado y frutal de fondo. Mis pasos eran silenciosos a través de la madera mientras me acercaba al baño, nuestro lugar de encuentro lujurioso con Clarissa, mi corazón martillándome por el cuello.

Eran las doce y media, media hora antes de nuestros encuentros habituales, por lo que cuando entré, ella no se encontraba allí.

La puerta de su dormitorio estaba cerrada, pero me colé. Las bisagras no hicieron ruido. Ethan claramente había gastado más en muebles silenciosos que en la satisfacción de su esposa. Al interior, el dormitorio olía a azafrán y a seda caliente tras dormir, las pesadas cortinas impidiendo el resplandor de mediodía. Clarissa reposaba en diagonal a través de su cama, un brazo por encima de su cabeza, el otro reposando en su estómago. La camisola de seda rosada (Probablemente un regalo de aniversario que Ethan olvidó su significado) se ajustaba a cada curva, el escote se había recogido lo suficiente para revelar la hinchazón de sus pechos alzándose con cada lenta respiración.

04: Dinámica de la manada (Parte 2)

Esto confirmó mi creencia que Ethan es un idiota: Es un crimen contra la humanidad dejar a una esposa como ella mal atendida en la cama. Me desabroché los pantalones y me bajé los pantalones donde la cabeza de Clarissa reposaba.

La primera bofetada fue tentativa: solo mi hinchada cabeza punzando el hueco de su mejilla, dejando una pequeña capa de líquido preseminal en su cálida piel durmiente. No hubo reacción. La segunda llegó con más firmeza, la carne de mi vara golpeando sus labios entreabiertos con un sonido húmedo que hizo tensar a mis testículos. Aun nada aparte del constante subir y bajar de su pecho debajo de esa ridícula seda rosada.

Y entonces, un ronquido. Una suave, indigna exhalación pequeña que dejó su boca abierta lo suficiente. No lo dudé. La gruesa cabeza de mi verga se deslizó entre sus labios con obscena facilidad, su lengua instintivamente presionando hacia arriba en su sueño. Más profundo. Hasta que su nariz se arrugó con la intrusión, su garganta revoloteando alrededor mío mientras su cuerpo luchaba por respirar.

infidelidad consentida

Sorpresivamente, la esposa infiel de Ethan debió ser muy codiciosa, puesto que ella apasionadamente chupó mi miembro rígido hasta que eventualmente despertó. Sus labios se apretaron por instinto en torno mío, su lengua presionando hacia arriba en lentas, adormecidas caricias. En resumen, la perfección en piloto automático. Una delgada línea de baba escapaba la esquina de su boca mientras chupaba más fuerte, su garganta sacudiéndose alrededor de mi cabeza.

o ¡Ethan, no esperaba esto! – susurró alrededor de mi verga, con la voz ronca tras el sueño.

Una perezosa mano se levantó para ajustar la mascara para dormir que todavía cubría sus ojos, sus dedos luchando con la tira de seda.

Tomé su muñeca a mitad de movimiento, sujetándola al colchón con una mano mientras guiaba la cabeza con la otra. La protesta se disolvió en una mordaza húmeda mientras empujaba a fondo, el calor apretado de su garganta convulsionando a mi alrededor.

o ¡Ethan, estás tan grande esta mañana!...

El ronroneo de su voz habría sido halagador si no hubiese irrisoriamente equivocado. Su mano libre se deslizó por mi muslo, sus uñas clavándose en mí cuando embestí a fondo, recompensando su error.

feminista

Con un brutal movimiento de caderas, me enterré hasta la raíz, su nariz chocando contra mi pelvis. La vibración de su gemido ahogado viajó directo hasta mis testículos. Cuando la saqué, restos de saliva conectaban sus labios hinchados y mi cabeza resplandeciente. Su mascara se deslizó lo suficiente, revelando un ojo verde dilatado mirándome con deslumbrado reconocimiento.

o ¿Marco? - Su voz estaba hecha añicos, su garganta recuperándose del estirón fantasma que le di. - ¡Oh, Dios! ¿Eres tú?

Capturé su mentón entre mi pulgar y mi índice, ladeando su cadera para mancharla con una gotita fresca de mis jugos a través de sus labios entreabiertos.

- ¡Sorpresa! – mi voz salió desde el estómago, mis caderas ya pistoneando hacia adelante.

Su gemido se disolvió en un ahogo mojado mientras la cogía por la boca con lentas, deliberadas sacudidas. Cada embestida puntualizada con un azote de piel contra piel.

o Una gran sorpresa, si me lo permites decir…

Los dedos de Clarissa se enterraron por mis muslos mientras me iba tomando más a fondo, su garganta convulsionando alrededor de mi longitud con acostumbrada facilidad. La seda de su camisola susurraba sobre mis rodillas donde cabalgaba su pecho, la esencia de su champú de lavanda mezclándose con el aroma de mi hombría. Sus labios se estiraron obscenamente alrededor de mi grosor, con una gruesa línea de saliva conectándola con mi cabeza reluciente cada vez que ella se retiraba lo suficiente para respirar.

jovencita

Para estas alturas, la esposa de Ethan me la chupaba como una puta y la idea de que ella me diera una mamada justo en su cama matrimonial era de ensueño. No me contuve más y toda la calentura con su hija me sobrepasó, haciéndome acabar dentro de la boca de Clarissa. Sin embargo, mientras ella se retiraba, restos de semen salpicaban su rostro, sus pechos, su camisola de seda y su cama, haciéndola ver como una desquiciada diosa del sexo.

o ¡Vaya, necesitaba eso! – suspiró Clarissa, su pecho subiendo y bajando rápidamente mientras ella inspeccionaba el desastre que había hecho de ella.

esposa infiel

Una gotita color perla se aferraba a su nariz, capturando un poco de luz entrando por las cortinas. Ella se pasó el dedo a través del pegajoso enchastre en sus pechos, levantándolo a sus labios en un movimiento lento y deliberado.

o ¡Delicioso! – ronroneó, su lengua lamiendo para limpiar la punta de su dedo con una chupada obscena.

Y a pesar de todo, ella se dio cuenta que a pesar de toda mi acabada, seguía duro como piedra y se mordió el labio como una colegiala.

o Tú sabes que quiero más ahora… - Clarissa me tentó con un tono juguetón, sus dedos acariciándose los pezones a través de su seda manchada.

mamada

La tela se apegó a su piel, transparente donde mi corrida la había manchado, revelando el claro rosado de las areolas debajo. Me subí los boxers y los pantalones, ajustándome a mí mismo con molestia: la tela todavía estaba tensa sobre mi infatigable erección.

- ¡No te preocupes! ¡La tendrás pronto! – le prometí, inclinándome para besar su frente, saboreando sal y lavanda.

Salí fuera de la casa y una vez más, me encontré con Kat. Ella estaba arrimada al borde del corral de Titan, sus piernas columpiándose como una niña, pero la forma en que sus ojos se oscurecieron cuando me miraron no tenían nada de inocentes.

• ¿Sabes algo? – Preguntó ella con una risita suave, pateando una piedra con su sandalia.

Su movimiento le levantó la falda, revelando un pedazo de muslo que parecía brillar con algo más que transpiración…

• Me di cuenta de que debí haber continuado. Ahora, tengo más curiosidad de cuánto semen puede liberar un adulto. – su voz bajó a un susurro en la última palabra, su dedo hundiéndose en su labio inferior con tanta fuerza que le dejó una marca.

No pude aguantar más. En dos pasos, corté la distancia entre nosotros, mis manos encontrando su cintura con fuerza. Kat suspiró cuando la atraje hacia mí: su cuerpo era tibio, maleable, oliendo a vainilla de su bloqueador solar y al de su champú. Cuando mis labios impactaron los suyos, se deshizo al instante, sus dedos enredándose con la tela de mi camiseta como si temiera que desaparecería si me soltaba. No se resistió, ni siquiera cuando mi agarre se deslizó para estrujar la hinchazón de su trasero, amasando la piel a través de su delgada falda. Un gemido suave vibró por mi lengua mientras profundizaba el beso, saboreando su chicle de menta que había estado mascando y a algo más dulce bajo aquello.

masturbacion

Cuando finalmente me aparté, Kat se tambaleó en sus pies, sus labios húmedos y resplandecientes, su pecho jadeando. Sus ojos verdes estaban vidriosas, con pupilas dilatadas lo suficiente para tragar completamente las irises.

• ¡Eso fue asombroso! – respiró, su voz rasposa con deseo.

Una gota de sudor bajó por la curva de su garganta, desapareciendo debajo del escote de su musculosa. Sus dedos aleteaban sobre sus labios hinchados, presionándolos como si saboreara el hormigueo.

Titan escogió ese momento para meter la nariz entre nosotros, o más bien, su hocico húmedo oliscando la entrepierna de Kat. Ella se sacudió y luego se rió (Un sonido sin aliento y lujurioso) mientras el husky lamía la sal de su piel.

o ¡Ustedes son tan codiciosos! – susurró, acariciando las orejas por detrás de Titan mientras que la otra se quedaba en mi pecho, su pulgar acariciando mi garganta.

Mi pulso acelerado ahí debió traicionarme, porque su sonrisa se tornó felina.

- ¡Te veo mañana, gatita traviesa, loca y besadora! – la molesté, estrujando su anillo nasal entre mis dedos.

Ella me sacó la lengua (rosada y rápida como un lagarto), antes de convertirse en risa…


Post siguiente


0 comentarios - 04: Dinámica de la manada (Parte 2)