No soy una nena así que Viajé a Jamaica sola con esa idea de “voy a relajarme”. Pero la verdad es que quería algo más que playa y ron.
Entré a una tienda medio escondida, de esas que no figuran en los folletos turísticos. Ventilador girando lento, olor a madera y aceite de coco. Y él.
Detrás del mostrador estaba ese jamaiquino grande, sólido, piel oscura que parecía absorber la luz. No dijo mucho. Solo me miró. Esa mirada que te desnuda sin tocarte.
Le pedí un plug anal como quien pide un recuerdo más del viaje. Lo sostuvo en la mano, lo giró despacio, como evaluándolo… o evaluándome a mí.
habia uno que tenía la banderita , el me lo mostró, tenía forma de pene pequeño y le pregunté cómo quién curiosea , así la tienen los jamaiquinos , el me dijo what ? Como si no hubiera entendido bien , hasta que se dio cuenta y entró en confianza en medio segundo, se sacó la verga y se puso al lado el plug , vaya que contraste pensé, se me hizo agua la concha ,
—Tenés que relajarte —me dijo en voz baja—. No es el juguete… es la actitud. Me dio vuelta y me levantó la falda, podía huir ? Si , gritar si quería pero me reí nerviosa. Y me quedé. Con la falda arriba y la bombacha roja corrida a un lado .
Me explicó cómo usarlo. Cómo respirar. Cómo dejar que el cuerpo mande. Su voz era lenta, envolvente. Sentí que el calor ya no venía del clima.
Cuando nuestras manos se tocaron al pasar el juguete, hubo un segundo que se estiró más de la cuenta. No fue vulgar. Fue eléctrico.
Me preguntó si quería probar cómo se sentía. Yo asentí sin pensarlo demasiado. Viajar tiene eso: te da permiso.
Me metió un poco el plug y luego por la humedad deduje que era su lengua , vaya que pedazo de lengua …
desde donde estábamos veíamos las cámaras , nadie venía
.
En el pequeño cuarto detrás del mostrador no hubo prisa. Me guió con una seguridad tranquila, firme. Yo estaba consciente de cada roce, de cada respiración compartida.
El juguete fue apenas una excusa.
Porque en un momento dejó de ser demostración y se volvió exploración. Él se inclinó hacia mí con una paciencia que me desarmó. No hubo palabras. Solo la sensación de ser descubierta.
Cuando me besó ahí abajo, no fue brusco ni exagerado. Fue lento, casi reverente. Como si estuviera probando algo raro y valioso. Sentí que las rodillas me temblaban. Que el viaje había cambiado de tono.
vaya chulada de concha y culo que me dió este negrito
me abrí para que me penetre pero vio algo en la cámara , me dijo que alguien iba a entrar
Salí de la tienda con el plug en la cartera y una sonrisa que no podía disimular.
me prometió ir a verme a mi hotel , total todo está cerca, pensé que me podía dar una buena cogida total verga tenía y negra como me gustan .
igual esa noche en el hotel fue otra historia ,
de la tienda me retiré cinco el culo bien chupado y relamido , me encanta caminar así , húmeda
en cuanto al plug veces lo uso y me acuerdo de su voz diciéndome que el secreto no era el juguete.
Era animarse.
Y Jamaica… bueno, Jamaica me enseñó bastante más que eso.



Entré a una tienda medio escondida, de esas que no figuran en los folletos turísticos. Ventilador girando lento, olor a madera y aceite de coco. Y él.
Detrás del mostrador estaba ese jamaiquino grande, sólido, piel oscura que parecía absorber la luz. No dijo mucho. Solo me miró. Esa mirada que te desnuda sin tocarte.
Le pedí un plug anal como quien pide un recuerdo más del viaje. Lo sostuvo en la mano, lo giró despacio, como evaluándolo… o evaluándome a mí.
habia uno que tenía la banderita , el me lo mostró, tenía forma de pene pequeño y le pregunté cómo quién curiosea , así la tienen los jamaiquinos , el me dijo what ? Como si no hubiera entendido bien , hasta que se dio cuenta y entró en confianza en medio segundo, se sacó la verga y se puso al lado el plug , vaya que contraste pensé, se me hizo agua la concha ,
—Tenés que relajarte —me dijo en voz baja—. No es el juguete… es la actitud. Me dio vuelta y me levantó la falda, podía huir ? Si , gritar si quería pero me reí nerviosa. Y me quedé. Con la falda arriba y la bombacha roja corrida a un lado .
Me explicó cómo usarlo. Cómo respirar. Cómo dejar que el cuerpo mande. Su voz era lenta, envolvente. Sentí que el calor ya no venía del clima.
Cuando nuestras manos se tocaron al pasar el juguete, hubo un segundo que se estiró más de la cuenta. No fue vulgar. Fue eléctrico.
Me preguntó si quería probar cómo se sentía. Yo asentí sin pensarlo demasiado. Viajar tiene eso: te da permiso.
Me metió un poco el plug y luego por la humedad deduje que era su lengua , vaya que pedazo de lengua …
desde donde estábamos veíamos las cámaras , nadie venía
.
En el pequeño cuarto detrás del mostrador no hubo prisa. Me guió con una seguridad tranquila, firme. Yo estaba consciente de cada roce, de cada respiración compartida.
El juguete fue apenas una excusa.
Porque en un momento dejó de ser demostración y se volvió exploración. Él se inclinó hacia mí con una paciencia que me desarmó. No hubo palabras. Solo la sensación de ser descubierta.
Cuando me besó ahí abajo, no fue brusco ni exagerado. Fue lento, casi reverente. Como si estuviera probando algo raro y valioso. Sentí que las rodillas me temblaban. Que el viaje había cambiado de tono.
vaya chulada de concha y culo que me dió este negrito
me abrí para que me penetre pero vio algo en la cámara , me dijo que alguien iba a entrar
Salí de la tienda con el plug en la cartera y una sonrisa que no podía disimular.
me prometió ir a verme a mi hotel , total todo está cerca, pensé que me podía dar una buena cogida total verga tenía y negra como me gustan .
igual esa noche en el hotel fue otra historia ,
de la tienda me retiré cinco el culo bien chupado y relamido , me encanta caminar así , húmeda
en cuanto al plug veces lo uso y me acuerdo de su voz diciéndome que el secreto no era el juguete.
Era animarse.
Y Jamaica… bueno, Jamaica me enseñó bastante más que eso.



2 comentarios - En Jamaica de vacaciones