El avión tocó tierra en Río de Janeiro a las once de la mañana y Tuli Acosta soltó un suspiro largo, de esos que se guardan durante meses de gira, ensayos y estrés. - Por fin, che… -, murmuró mientras bajaba la escalerita con su valija rosa chiquita y el pelo todavía revuelto del vuelo. El calor húmedo de Brasil la abrazó como un amante ansioso: pegajoso, pesado, prometedor. Se subió a un taxi descapotable, se sacó las zapatillas y apoyó los pies descalzos en el asiento de adelante.
- Pra Copacabana, por favor - le dijo al chofer con esa sonrisa que desarma a cualquiera.
Llegó al departamento que había alquilado por Airbnb: un monoambiente con vista al mar, terraza chiquita y una cama enorme. Se duchó rápido, se untó crema bronceadora con olor a coco y se miró al espejo. Tuli tenía un cuerpo que volvía locos a los pibes: tetas firmes y llenas, cintura estrecha, cadera ancha y un culo redondo, carnoso, de esos que se mueven solos cuando camina. Se puso una remerita blanca ajustada y un minishort azul que le marcaba cada curva. Las tetas se le notaban perfectas debajo de la tela fina y el short le apretaba tanto el culo que las nalgas asomaban apenas por abajo. Perfecto para la playa.

A las tres de la tarde ya estaba caminando por la arena caliente de Copacabana. El sol le quemaba la piel. Se sacó la remera despacio, sintiendo cómo las miradas se clavaban en ella. Los pibes brasileños, los turistas europeos, hasta los vendedores ambulantes giraban la cabeza. Tuli sonrió para adentro. Le encantaba. Se bajó el shortcito y quedó en un bikini azul plateado microscópico: dos triangulitos apenas cubriendo las tetas y un hilo dental atrás que desaparecía entre sus nalgas. El sol le dio de lleno en la piel blanca y suave. Se sintió húmeda al instante, no solo por el calor.

Caminó hasta su reposera alquilada, moviendo las caderas más de lo necesario. Sabía que todos la miraban: el grupo de surfistas a la derecha, los dos alemanes a la izquierda, el morocho que vendía mate cocido… Se recostó boca abajo, abrió las piernas apenas y dejó que el culo quedara completamente expuesto. El hilo del bikini se le metía entre las nalgas, marcando cada curva. Sentía las miradas como caricias calientes.
- Disculpá… ¿sos Tuli Acosta? -
La voz argentina la sacó del trance. Abrió un ojo. Un pibe de unos 28 años, morocho, alto, con el pelo corto y una remera de Los Redondos estaba parado al lado de su reposera. Tenía la cara roja, no solo por el sol.
- Sí, soy yo - contestó ella con una sonrisa grande, girándose un poco para mirarlo mejor. Las tetas se le aplastaron contra la toalla y el culo quedó todavía más en evidencia.
- Soy Nicolás, pero todos me dicen Nico. Vivo acá hace tres años… Soy fanático tuyo desde el primer tema que sacaste. ¿Puedo sacarme una foto? Es que… no lo puedo creer. -
Tuli se rió bajito, esa risa ronca que volvía locos a los pibes. - Obvio, boludo. Vení. -
Se levantó despacio, dejando que él la viera completa. El bikini era tan chiquito que casi no tapaba nada. Nico temblaba cuando levantó el celular. Tuli se pegó a él, le pasó un brazo por la cintura y apoyó la cabeza en su hombro.
- Tranquilo, Nico… no muerdo - le dijo con voz tierna, casi maternal, mientras le acariciaba la espalda con la punta de los dedos.
El abrazo duró más de lo necesario. Tuli sintió el cuerpo firme de él contra el suyo: pecho duro, olor a protector solar y a hombre. Nico, mientras la abrazaba, bajó la vista sin disimulo y se quedó mirando ese culo enorme, redondo, brillante de bronceador. Las nalgas se le marcaban perfectas, separadas apenas por el hilo. Se le paró la pija al instante. Tuli lo notó: el bulto duro contra su muslo. No dijo nada, pero sonrió para adentro.
Cuando se separaron, Nico estaba más nervioso todavía.
- ¿Qué hacés en Brasil, Tuli? ¿Gira? -
- No, che… vacaciones. Necesitaba despejar la cabeza. Giras, entrevistas, el quilombo de Buenos Aires… Vine sola a descansar, a tomar sol, a no hacer nada. -
Nico tragó saliva. - Esta noche hay una fiesta de espuma acá, en la playa. Empieza a las nueve. Es re grosa, hay música, espuma hasta las rodillas… ¿te gustaría ir? Si querés, te paso a buscar. -
Tuli lo miró de arriba abajo. Le gustó lo que vio: alto, buen cuerpo, cara de buen pibe pero con esa mirada de hambre que no podía esconder.
- Dale, me copa. A las nueve en punto acá mismo. No me dejes plantada, eh. -
Nico sonrió como un nene. - Ni en pedo. -
Se despidieron con otro abrazo. Esta vez Nico se animó más: le pasó las manos por la espalda baja y, “sin querer”, una palma le rozó la nalga derecha. La apretó apenas, un segundo. Tuli sintió el calor de esa mano grande sobre su culo desnudo y un escalofrío le bajó directo al concha. Cuando se separaron, vio clarito el bulto enorme que le marcaba el short de baño. La pija de Nico estaba dura como piedra, apuntando hacia arriba, la cabeza casi asomando por el elástico.
Ninguno dijo nada. Solo se miraron a los ojos un segundo más de lo normal.
- Nos vemos después, Tuli. -
- Nos vemos, Nico… no llegues tarde. -
Tuli se quedó mirando cómo Nico se alejaba por la arena, con ese andar nervioso pero decidido, el short todavía marcándole la pija dura que no bajaba ni a palos. Ella se mordió el labio inferior con fuerza, hasta que le dolió un poquito. La mano derecha se le fue sola, disimuladamente, por encima del bikini.
- La puta madre… qué pija gruesa se le marcaba, boludo -, pensó, imaginándosela saliendo del short, roja, venosa, goteando.
Volvió a cerrar los ojos, pero no pudo concentrarse en el sol. La concha le latía, caliente, mojada, pidiendo más. Se imaginaba a Nico volviendo, agarrándola de las caderas, bajándole el hilo de un tirón y metiéndosela de una. - ¿Te gusta así, Tuli? ¿Te gusta que te la meta toda? -, le diría al oído con esa voz medio ronca de nervios. Ella se apretó los muslos y soltó un gemidito bajito que nadie escuchó por el ruido de las olas.
A unos cincuenta metros, detrás de un grupo de pibas que jugaban vóley, Nico no se había ido del todo. Se había escondido entre los puestos de artesanías, con una cerveza en la mano que ni había abierto, y la miraba fijo. Hipnotizado. El culo de Tuli brillaba bajo el sol, redondo, perfecto, las nalgas separadas apenas por ese hilo negro que parecía pintado. Cada vez que ella movía las piernas, el hilo se tensaba y dejaba ver un poquito más de piel. Nico sentía la pija tan dura que le dolía. Se acomodó disimuladamente, pero no sirvió de nada: seguía apuntando para arriba, la cabeza asomando un poco por el borde.
Tuli abrió un ojo, como si hubiera sentido la mirada. Lo vio. Ahí estaba Nico, medio escondido, con la cerveza olvidada en la mano y los ojos clavados en ella. Sonrió para adentro, maliciosa. - Mirá vos, el pibito no se va ni en pedo… -. Decidió jugar un poco más.
Se levantó despacio de la reposera, estirándose como gata, arqueando la espalda para que las tetas se le marcaran contra los triangulitos del bikini. Caminó hacia las duchas al aire libre que estaban al final de la playa, a unos treinta metros. Cada paso era calculado: cadera para un lado, cadera para el otro, el culo moviéndose como si tuviera vida propia. Las nalgas se le tensaban y aflojaban, el hilo desapareciendo y apareciendo entre ellas.
Llegó a las duchas. Abrió la canilla de agua fría. El chorro le pegó directo en la espalda, bajándole por la columna hasta perderse entre las nalgas. Se dio vuelta despacio, dándole la espalda completa a Nico. Apoyó las manos en la pared de azulejos, abrió un poco más las piernas y dejó que el agua le corriera por todo el cuerpo. El bikini se le pegó a la piel como segunda piel: los triangulitos transparentes dejaban ver los pezones duros, y atrás… atrás era un espectáculo. El hilo dental se le metía tanto que parecía que no llevaba nada. El agua le chorreaba por las nalgas, juntándose en el hilo y cayendo en gotas gruesas por la cara interna de los muslos. Tuli se pasó las manos por la espalda, bajó despacio hasta las nalgas, las abrió un poquito con los dedos, solo un segundo, lo suficiente para que Nico viera el agujerito apretado y rosado debajo del hilo, y después las soltó. Las nalgas volvieron a su lugar con un rebote suave.

Nico se había acercado unos pasos sin darse cuenta, como atraído por imán. Estaba a unos quince metros ahora, semioculto detrás de un cartel publicitario. La pija le latía tan fuerte que sentía cada pulso en la cabeza. Se la agarró por encima del short, apretando fuerte, subiendo y bajando la mano despacio. No se la sacó, no se animaba, pero se masturbaba con movimientos cortos, desesperados, mirando ese culo mojado, brillante, moviéndose bajo el chorro de agua. Imaginaba agarrarla de las caderas, ponerla contra la pared de azulejos, bajarle el hilo y meterla despacio, sintiendo cómo ella se abría, cómo gemía su nombre.
Tuli giró la cabeza apenas, lo suficiente para verlo. Vio la mano de él moviéndose, vio la cara de sufrimiento y placer mezclados. Sonrió con picardía, se mordió el labio otra vez y se pasó una mano por delante, rozándose el clítoris por encima del bikini empapado.
Cerró la canilla de golpe. El agua dejó de caer. Tuli se sacudió el pelo como perrita mojada, gotas volando para todos lados, y empezó a caminar de vuelta hacia su reposera.
- La concha de la lora… - dijo Nico entre dientes, apretándose la pija con más fuerza. Estaba a punto de acabar ahí mismo, en medio de la playa, solo de mirarla.
Tuli se tiró otra vez boca abajo en la reposera y miró el reloj: faltaban cuatro horas para la fiesta de espuma. - Va a ser larga la espera, pendejo… -, pensó, mientras se imaginaba cómo iba a terminar la noche.
El sol ya se había escondido detrás de los edificios de Copacabana cuando la fiesta de espuma arrancó de verdad. A las nueve en punto, las máquinas empezaron a escupir nubes blancas y espesas que se elevaban como humo de discoteca barata. La música electrónica retumbaba desde los parlantes gigantes, un reggaetón mezclado con funk carioca que hacía vibrar la arena. La gente gritaba, saltaba, se perdía en la espuma que ya llegaba a las rodillas y subía rápido hasta la cintura.
Nico estaba ahí desde las ocho y media, con una cerveza en la mano que ya iba por la tercera. Se había cambiado: pantalón corto de baño negro y una musculosa blanca que se le pegaba al pecho por el sudor y la humedad. Miraba para todos lados, nervioso, con el corazón latiéndole en la garganta. - ¿Y si no viene? ¿Y si fue joda? -, se repetía. Pero no podía sacarse de la cabeza la imagen de Tuli en la ducha: el culo mojado, el hilo desapareciendo, esa sonrisita de reojo. La pija se le paraba cada dos por tres solo de recordarlo. Se acomodaba disimuladamente cada rato, tratando de que no se notara tanto.
De repente la vió. Tuli apareció caminando desde el borde de la playa, como si nada. Se había puesto un vestidito corto blanco de tela fina, casi transparente con la luz de las antorchas, y debajo… el mismo bikini micro de la tarde. El vestido se le pegaba al cuerpo por la humedad del aire, marcándole las tetas y el culo de una manera obscena. Se metió directo entre la espuma sin dudar, riéndose sola, levantando los brazos mientras la nube blanca la tragaba. El vestido se le empapó al instante y se volvió casi invisible. El bikini quedó a la vista, brillando bajo las luces.
Nico la perdió de vista dos segundos y sintió que se le caía el alma al piso. - No, no, no… -. Empezó a caminar entre la gente, empujando cuerpos, buscando esa silueta. La espuma era densa, cegadora. Solo se veían formas borrosas, risas, manos en alto.
Tuli, adentro de esa nube espesa, sintió las primeras manos casi de inmediato. Alguien le rozó la cintura “sin querer”. Otro le pasó la palma por la nalga derecha, apretando un segundo. Un tercero le rozó el pecho al pasar “bailando”. Ella dio un gritito ahogado, se puso tensa, el cuerpo se le erizó. - ¡Eh, pará, boludo! -, susurró fuerte, pero la música se lo comía todo. Nadie la escuchaba, o nadie quiso escuchar.
Y lo peor… o lo mejor: una parte de ella no quería que pararan del todo.
Las manos seguían llegando: una le apretó el culo con ganas, dedos metiéndose un poquito por debajo del hilo. Otra le rozó entre las piernas, solo un segundo, pero suficiente para que la concha se le contrajera de golpe. Tuli se mordió el labio, el miedo y la calentura peleándose adentro. Gritaba bajito - ¡Dejen de tocarme, la puta madre! -, pero no se movía mucho, no armaba escándalo. El anonimato de la espuma la protegía… y la excitaba. Sentía la concha mojada, más allá del agua y la espuma. Los pezones duros le dolían contra la tela del bikini.
Entonces lo vió: Nico, a unos metros, buscándola desesperado, girando la cabeza para todos lados, con cara de perdido.
Tuli sonrió en la oscuridad. - Ahora te sorprendo yo, pendejo -.
Se acercó por detrás, sigilosa entre la espuma. Cuando estuvo pegada a su espalda, le pasó la mano derecha por delante y la metió directo adentro del short de baño. Agarró la pija dura como fierro, caliente, venosa, ya goteando. Con la izquierda le acarició el abdomen firme, bajando despacio hasta el elástico, jugando con los dedos en la piel.
Nico se quedó helado un segundo, después soltó un gemido ronco que se perdió en la música.
- ¿Me buscabas a mí? - susurró Tuli al oído, la voz ronca, pegajosa, mientras le daba dos pajitas lentas y firmes con la mano derecha.
Nico giró la cabeza, la miró con los ojos negros de deseo.
- Te busqué todo el día, Tuli… - dijo con la voz temblando. - No sabés las ganas que tengo de cogerte desde lo de la playa. -
Ella se rio bajito, le apretó la pija un poco más fuerte y le mordió el lóbulo de la oreja. - Entonces disfrutá la fiesta conmigo, boludo. -
Se puso delante de él, de espaldas, y empezó a bailar pegada. El culo se lo pegó directo contra la pija dura, moviéndolo en círculos lentos, subiendo y bajando. La espuma los cubría hasta el pecho ahora, nadie veía bien qué pasaba. Tuli arqueaba la espalda, le restregaba las nalgas contra él, sintiendo cómo la cabeza de la pija se le clavaba entre las nalgas, separando apenas el hilo del bikini. Nico le agarró las caderas con las dos manos, fuerte, clavándole los dedos en la carne. Se controlaba como podía para no bajarle el vestido ahí mismo, no meterla de una contra alguna pared invisible de espuma.
- Pará un poco o te cojo acá nomás, Tuli… te juro que no aguanto - le dijo al oído, la voz entrecortada.
Ella se giró apenas, le dio un beso rápido en la comisura de la boca y le susurró: - Todavía no, Nico… dejame calentarte un rato más. -
Siguieron bailando así un buen rato: culo contra pija, manos que se escapaban, roces que eran casi cogidas disfrazadas. Tuli sentía la concha latiendo, empapada, pidiendo que la llenaran. Nico estaba al borde, la pija tan dura que le dolía.
Cuando la fiesta empezó a bajar, las luces se atenuaron y el cielo se puso violeta oscuro, Nico la agarró de la mano.
- Vení… vamos a tomar unas caipiriñas a uno de los puestos de la playa. Necesito aire… y necesito verte mejor. -
Tuli lo miró con esa sonrisa traviesa que lo volvía loco. - Dale, pero no creas que esto termina acá, eh. -
Salieron de la espuma tomados de la mano, empapados, con el cuerpo todavía vibrando de calentura. Caminaron por la arena hacia uno de los quioscos iluminados con luces de neón. La música seguía sonando de fondo, pero ahora era solo un rumor lejano.
Se sentaron en unas banquetas altas, pidieron dos caipiriñas bien heladas. Tuli cruzó las piernas, el vestido todavía pegado y transparente, el bikini negro marcándose perfecto. Nico no podía dejar de mirarla: las tetas, el cuello, los muslos, ese culo que había tenido pegado contra él toda la noche.
Brindaron con las copas.
- Por las vacaciones… y por lo que viene - dijo ella, guiñándole un ojo.
La tercera caipiriña ya les había subido lindo. Estaban sentados en la arena, lejos del ruido del quiosco pero todavía con el mar rompiendo a unos metros, la espuma de las olas lamiendo la orilla. Tuli tenía las piernas estiradas, el vestido empapado y transparente pegado al cuerpo. Nico no podía dejar de mirarla. Ella se reía de cualquier pavada que él decía, esa risa ronca que lo ponía más caliente todavía.
De repente, Nico se inclinó. La agarró suave de la nuca y la besó. Labios contra labios, tibios por la caipiriña, con gusto a limón. Tuli se quedó quieta un segundo, sorprendida, y después lo frenó poniendo una mano en el pecho de él.
- Pará… - dijo bajito, con una sonrisa pícara.
Nico se apartó de golpe, la cara de nene regañado. - ¿Qué pasa? ¿Hice algo mal? -
Tuli se rio, se mordió el labio y negó con la cabeza. - No, boludo… es que si empezamos acá te beso como loca y no paro. -
Y sin darle tiempo a reaccionar, ella se tiró encima. Lo besó con hambre, lengua adentro desde el primer segundo, chupándole el labio inferior, mordisqueándolo. Nico respondió igual de desesperado: le metió la lengua hasta el fondo, le agarró la cara con las dos manos, la besaba como si se la quisiera comer entera. Se besaban con ruido, saliva mezclándose, gemiditos ahogados. Las manos de Tuli le recorrían el pecho, bajaban por el abdomen, le apretaban la pija por encima del short. Nico le metió una mano por debajo del vestido, le agarró una teta completa y le pellizcó el pezón hasta hacerla gemir contra su boca.
Pero Tuli se separó de golpe, jadeando.
- Todavía hay un montón de gente dando vueltas por acá… no quiero que nos vean como dos desesperados. -
Nico miró alrededor: efectivamente, todavía había grupos de pibes riendo, parejas caminando, algún vendedor ambulante. Asintió, la pija tan dura que le dolía contra el short. - Vení… vamos a las rocas de más allá. Ahí no llega nadie. -
Se levantaron. Tuli caminó adelante, descalza sobre la arena fría de la noche. El vestido se le pegaba al culo con cada paso, marcando las nalgas redondas que se movían hipnóticas. Nico la seguía dos pasos atrás, hipnotizado. De repente levantó la mano y le dio una nalgada fuerte, sonora, que resonó en la playa vacía.
- ¡Ay, la concha de tu madre! - se quejó Tuli entre risas, girándose un poco.
- Perdón… es que tenés el culo más rico que vi en mi vida, Tuli. Es un delito que lo tengas tapado. -
Ella se rio fuerte, se mordió el labio y siguió caminando, meneando el culo todavía más a propósito.
Llegaron a la zona rocosa, donde las piedras grandes formaban una especie de pared natural contra la vista de la playa principal. La luna iluminaba apenas, el mar negro rompiendo contra las rocas con ruido constante. Ahí sí estaban solos.
Se pegaron de nuevo. Besos profundos, desesperados. Nico le levantó el vestido hasta la cintura, le agarró el culo con las dos manos, lo abrió, lo apretó, metió los dedos por debajo del hilo dental hasta rozarle el agujerito apretado. Tuli gemía contra su boca, le bajó el short de un tirón y le agarró la pija dura, caliente, venosa. La pajeaba despacio, con la mano entera, sintiendo cómo latía en su palma.
Entre besos y jadeos, Tuli se separó un poquito, lo miró a los ojos. - Nico… quiero hacer algo que nunca pude hacer y siempre quise - susurró, la voz ronca de calentura.
Él tragó saliva. - ¿Qué? -
Tuli no contestó con palabras. Se arrodilló despacio frente a él, la arena pegándosele a las rodillas. Le bajó el short hasta los tobillos. La pija de Nico salió liberada, rebotó fuerte contra su mejilla izquierda. Era gruesa, larga, la cabeza roja e hinchada, venas marcadas. Tuli la miró como si fuera un tesoro.
- Siempre quise chupar una pija en la playa… - dijo bajito, casi como un secreto, mientras le daba un beso suave en la punta.
Y empezó. Primero besos lentos por todo el tronco, lengua plana subiendo y bajando, lamiendo las venas. Después se metió la cabeza en la boca, chupando suave, girando la lengua alrededor. Nico soltó un gemido largo, le agarró el pelo con las dos manos. Tuli se la metió más profundo, despacio, hasta que llegó a la garganta. Sintió las arcadas venir, leves pero reales, los ojos se le llenaron de lágrimas. No paró. Bajó más, hasta que la nariz le tocó el pubis, la garganta apretando la cabeza. Saliva le chorreaba por la comisura de la boca, caía en hilos gruesos sobre la arena. Se la sacaba entera, jadeando, y volvía a meterla, más rápido, más profundo. Nico gemía bajito, controlándose para no gritar.
- Así, Tuli… la puta madre, qué boca tenés… -
Ella lo miró desde abajo, ojos vidriosos, saliva brillando en la barbilla, y aceleró. Chupaba fuerte, metía y sacaba, la mano en la base pajeando lo que no le entraba. Nico empezó a temblar, las piernas flojas.
- Me vengo… me vengo, Tuli… -
Ella no se sacó. Se la metió hasta el fondo una última vez y se quedó ahí, garganta apretando, mientras él explotaba. Chorros calientes, espesos, directo a la garganta. Tuli tragó todo, sin dejar salir ni una gota. Cuando Nico terminó de temblar, ella se la sacó despacio, lamiendo la cabeza para limpiarla. Sonrió, los labios pegajosos de semen, la lengua todavía saboreando.
Se levantó, se pegó a él y lo besó profundo. Nico sintió el gusto salado de su propia leche en la boca de ella. Tuli le pasó la lengua por los labios.
- Gracias, pendejo… me hiciste cumplir una fantasía que tenía desde piba. -
Nico la abrazó fuerte, todavía jadeando. - Ahora te quiero coger acá nomás, Tuli. Te quiero partir al medio contra estas piedras. -
Ella se rio bajito, le dio un beso suave en la comisura. - Mañana, Nico. Estoy muerta… el viaje, la playa, la fiesta, todo esto. Necesito dormir. Pero te prometo que mañana te dejo hacerme lo que quieras. -
Él la miró fijo, serio. - Entonces con una condición: cuando yo quiera, donde yo quiera. Sin excusas. -
Tuli se pasó la lengua por los labios, todavía saboreando el resto de semen. - Trato hecho, boludo. Cuando vos digas. -
Sacó el celular del bolsito que había dejado en una roca, le pasó el número. - Mandame un mensaje cuando te despiertes… -
Se besaron una última vez, lento, profundo, con promesas. Nico le dio una última nalgada suave al culo antes de que ella se acomodara el vestido.
A la mañana siguiente, el sol ya pegaba fuerte contra las cortinas del monoambiente cuando el celular de Tuli vibró sobre la mesita. Abrió los ojos despacio, todavía con el cuerpo pesado de la noche anterior, el bikini torcido y pegado a la piel por el sudor seco. Agarró el teléfono y vio el mensaje de Nico. Era una foto tomada en primer plano: la pija dura, venosa, la cabeza brillante y roja apuntando directo a la cámara, tomada desde arriba con la luz del baño. Abajo, el texto corto y directo: "Me desperté así pensando en tu culo y en cómo me la chupaste anoche en la playa. No aguanto más. Decime dónde estás ya.”
Tuli sintió un latigazo de calor directo en la concha. Se mordió el labio inferior con fuerza, se sentó en la cama y se miró en el espejo del ropero. Se acomodó el pelo revuelto, arqueó la espalda y sacó una selfie en espejo: culo levantado, piernas abiertas apenas, cara de trola. Mandó la foto con un mensaje: “Vení volando, pendejo. Apart Hotel Copacabana Dreams, monoambiente 504. Te espero… y ya estoy empapada.”
Nico contestó en menos de un minuto: “En camino. 12 minutos. Preparate porque hoy no salimos de ahí.”
Tuli se rió sola, se lavó la cara rápido, se puso el shortcito azul que uso el dia anterior y una remerita blanca ajustada sin nada abajo. Bajó a la puerta del hotel a esperarlo.
Cuando Nico apareció en la vereda, con musculosa gris ajustada y short de baño negro, los ojos se le clavaron directo en el cuerpo de ella. Se acercó sin decir nada, la agarró de la cintura con fuerza y le metió la lengua en la boca desde el primer segundo. Beso largo, húmedo, con ganas acumuladas. Tuli le mordió el labio y le susurró al oído: - Subamos antes de que te la saque acá en la calle, boludo. -
Subieron por la escalera porque el ascensor tardaba. Nico iba dos escalones atrás, hipnotizado por ese culo moviéndose delante de él. Cada paso hacía que las nalgas se tensaran bajo el shortcito, el borde del hilo del bikini asomando apenas por los costados. En el tercer piso sacó el celular sin pensarlo, le dio zoom y sacó una foto rápida: el culo perfecto en primer plano, el short marcando cada curva.

Tuli giró la cabeza justo y lo pescó. - ¿Estás sacándome foto al orto mientras subimos? Sos un enfermo… -
Nico sonrió sin culpa. - Es que es demasiado rico, Tuli. No me pidas que no lo mire… y menos ahora que sé cómo se siente agarrado. -
Ella se rio bajito y siguió subiendo, meneando el culo todavía más a propósito, sabiendo que lo estaba volviendo loco.
En el pasillo del quinto piso ya no aguantaron más. Nico la pegó contra la pared mientras caminaban hacia la puerta, le metió las manos por debajo de la remerita y le agarró las tetas completas, pellizcándole los pezones duros hasta hacerla arquear la espalda. Bajó una mano al frente del short, le metió los dedos por encima de la tela y le rozó la concha empapada, sintiendo cómo el bikini estaba chorreando. Tuli soltó un gemidito ahogado, se mordió el labio para no gritar en el pasillo. Con la otra mano le bajó el cierre del short a Nico, metió la mano adentro y le agarró la pija dura, pajeándolo despacio pero con fuerza, sintiendo cómo latía y goteaba en su palma.
- Pará… o me corro acá mismo - susurró él, la voz entrecortada.
Tuli se rió contra su boca. - Entonces abrí la puerta rápido, porque yo ya estoy a punto de explotar. -
Apenas cruzaron el umbral del 504, la puerta se cerró de un golpe y se besaron como desesperados. Lenguas enredadas, manos por todos lados, sin quitarse la ropa todavía. Nico la apretó contra la puerta, le levantó la remerita y le chupó una teta entera, mordiendo el pezón hasta hacerla gemir fuerte. Tuli le clavó las uñas en la espalda, jadeando.
- Vení… - dijo ella, agarrándolo de la mano.
Lo llevó hacia la sala, donde estaba el sillón blanco grande frente a la ventana con vista al mar. Lo sentó de golpe. - Quedate quietito un segundo, pendejo. Dejame hacerte un show antes de que me rompas. -

Puso música bajita desde el celular, algo lento y perreo suave, y empezó a bailar delante de él. Se quitó la remerita despacio, dejando las tetas al aire, pezones duros y rosados. Se bajó el shortcito, quedando solo en el bikini azul plateado microscópico. Giraba, se agachaba, le mostraba el culo, se pasaba las manos por el cuerpo, se tocaba los pezones, se rozaba la concha por encima del hilo. Cuando fue a desatar el lazo del triangulito de abajo, Nico la frenó con voz ronca.
- No… dejátelo puesto. Quiero cogerte con el bikini, Tuli. Me mata verte así, medio tapada, con ese hilo metido entre las nalgas. -
Ella sonrió, traviesa. - Dale… como vos digas. -
Nico se levantó del sillón, la agarró del pelo con fuerza pero sin lastimarla, la llevó hacia él y volvió a sentarse. Se bajó el short de un tirón y se sacó la pija dura, apuntándola directo a la boca de Tuli. - Chupámela fuerte… como anoche, pero más profundo. Quiero sentir tu garganta apretándome. -
Tuli se arrodilló entre sus piernas, abrió la boca y se la metió entera de una. Hasta el fondo. La garganta se contrajo, las arcadas vinieron rápido, lágrimas le corrieron por las mejillas de placer y esfuerzo. Gemía como loca alrededor de la pija, vibraciones que lo volvían loco a Nico. Saliva le chorreaba por la barbilla, caía sobre las tetas. Él le agarraba el pelo con las dos manos, la movía como quería, metiéndosela hasta que la nariz le tocaba el pubis. Tuli tosía un poco, gemía, pero seguía chupando con hambre, la lengua girando, la mano en las bolas masajeando.
Nico no aguantó mucho más. La levantó de un tirón, la dio vuelta y la puso contra la ventana grande. El vidrio frío contra las tetas de Tuli. Le bajó el hilo del bikini de un lado, solo lo suficiente para abrirle la concha, y se la metió de una, de pie. Estaba empapada, caliente, apretada. Tuli soltó un grito ahogado, las manos contra el vidrio.
- Así… cogeme fuerte, Nico… no pares… -
Él la agarró de las caderas y empezó a bombear con fuerza, profundo, cada embestida haciendo que las tetas rebotaran contra el vidrio. El mar de fondo, el ruido de los cuerpos chocando, los gemidos de ella cada vez más altos.
Después la llevó a la cama, la tiró boca abajo, le levantó el culo y volvió a meterla desde atrás. La dominaba por completo: le agarraba el pelo, le daba nalgadas fuertes que dejaban marcas rojas en las nalgas, le metía un dedo en el culo mientras la cogía con fuerza. Tuli gemía sin parar, la cara hundida en la almohada, el cuerpo temblando.
- Más… más fuerte… me vengo, me estoy viniendo… -
Nico aceleró, sintiendo cómo la concha se contraía alrededor de su pija en un orgasmo que le hizo temblar todo el cuerpo. Pero él no se corrió todavía. Se la sacó despacio, la dio vuelta y se arrodilló sobre su pecho, pajeándose fuerte frente a la cara de ella.
- Abrí la boca, Tuli… quiero verte llena. -
Ella abrió la boca, sacó la lengua, lo miró con ojos vidriosos de placer. Nico se corrió fuerte: chorros espesos, calientes, le cayeron en la frente, en las mejillas, en los labios abiertos, en la lengua. Tuli gemía de satisfacción, se pasó la lengua por los labios, saboreando.
Se quedó tirada en la cama, exhausta pero feliz, la cara marcada de semen, el bikini torcido, las nalgas rojas de las nalgadas. Nico se desplomó al lado de ella, jadeando, le dio un beso suave en la frente pegajosa.
- Esto no termina acá, boluda… - susurró él.
Tuli se rió bajito, todavía con la respiración agitada, se lamió un resto de semen de la comisura de la boca. - Esto recién empieza. -
Nico sonrió, le acarició el culo todavía caliente. - Preparate, porque hoy no vas a poder caminar -
Después de esa cogida brutal contra la ventana y en la cama, Tuli se quedó tirada un buen rato, el cuerpo todavía temblando de a ratitos, la cara pegajosa de semen seco, el bikini torcido y las nalgas marcadas de rojo por las nalgadas.
Pasaron unos minutos en silencio, solo el ruido del aire acondicionado y el mar lejano por la ventana abierta. Tuli se movió primero. Se sentó despacio en la cama, el semen se le corrió un poco por la mejilla y le cayó una gota en la teta izquierda.
- Boludo… mirá cómo me dejaste. Parezco salida de una película porno barata. -
Nico se incorporó sobre un codo, le pasó el pulgar por la mejilla limpiándole el resto y se lo metió en la boca a ella. Tuli lo chupó despacio, mirándolo fijo.
- Voy a ducharme… estoy toda pegoteada y sudada. ¿Venís o te quedás acá roncando? -
Nico sonrió con esa cara de hambre que no se le iba ni después de venirse. - Ni en pedo me pierdo una ducha con vos. -
Se levantaron. Tuli caminó adelante hacia el baño chiquito del monoambiente, todavía con el bikini puesto, el hilo dental metido entre las nalgas rojas. Nico la siguió, la pija ya medio levantada otra vez solo de verla caminar así.
Adentro del baño, Tuli abrió la ducha. El chorro salió fuerte y caliente al principio, después se reguló a tibia. Se metió primero, dejó que el agua le cayera por la cara, por las tetas, por la espalda. El semen se le fue diluyendo y cayendo por el desagüe. Nico entró atrás, pegándose a ella desde el primer segundo. El espacio era chico, apenas les alcanzaba para los dos. Los cuerpos se rozaban todo el tiempo: la pija de él contra el culo de ella, las tetas de Tuli contra el pecho de él.
Nico agarró el jabón líquido, se puso un poco en la palma y empezó a enjabonarla despacio. Le pasó las manos por las tetas, masajeándolas, pellizcándole los pezones con los dedos resbaladizos. Bajó por la cintura, por las caderas, llegó al culo. Le abrió las nalgas con las dos manos, le pasó los dedos por el hilo del bikini, rozándole el agujerito y la concha por encima de la tela. Tuli soltó un gemidito, apoyó las manos en la pared de azulejos y arqueó la espalda.
- Seguí… no pares, boludo… -
Nico siguió enjabonándola, pero el jabón se le resbaló de las manos y cayó al piso con un ruido sordo. Tuli se agachó despacio para recogerlo, de espaldas a él, las piernas abiertas apenas, el culo apuntando directo a la cara de Nico.
Sin pensarlo dos veces, le agarró las caderas con fuerza, le corrió el hilo a un lado de un tirón y se la metió entera de una. Hasta el fondo. Tuli soltó un grito fuerte, de sorpresa y placer mezclado, las manos se le resbalaron un poco en los azulejos mojados.
- ¡La puta madre, Nico! ¡Me la metiste sin avisar, hijo de puta! -
Él no contestó con palabras. Empezó a bombear fuerte, profundo, el agua cayendo sobre los dos, salpicando para todos lados. Cada embestida hacía que el culo de Tuli rebotara contra la pelvis de él, el sonido de carne mojada contra carne mojada retumbando en el baño chiquito. Tuli gemía sin control, la cabeza echada para atrás, el pelo pegado a la cara.
- Así… cogeme… más fuerte… ¡me estás rompiendo, boludo! -
Nico le agarró el pelo con una mano, tiró un poco para atrás para que arqueara más la espalda, y con la otra le dio una nalgada fuerte que resonó como un latigazo. Tuli gritó de placer, la concha se le contrajo alrededor de la pija. Se giró la cabeza lo que pudo y lo besó torpemente, lenguas chocando mientras él la sacudía sin parar. El agua les entraba en la boca, se mezclaba con la saliva, caía por las tetas de ella.
Siguieron así un rato largo: él dominando, ella entregada, los gemidos cada vez más altos. Tuli se tocó el clítoris con una mano mientras él la cogía, acelerando el ritmo. Nico sentía que no iba a aguantar mucho más.
- Me vengo… me vengo adentro, Tuli… -
- Dale… llename… quiero sentirte todo… -
Él aceleró tres o cuatro embestidas más, profundas, y se corrió fuerte adentro de ella. Chorros calientes que Tuli sintió golpearle bien adentro. Eso la llevó al borde: se vino temblando, las piernas flojas, tuvo que apoyarse en la pared para no caerse. Nico la sostuvo por las caderas, todavía metido hasta el fondo, los dos jadeando bajo el chorro de agua.
Cuando terminaron, se quedaron así un rato, pegados, el agua lavando todo. Nico se la sacó despacio, le dio un beso suave en la nuca. - Sos una loca… me volvés loco. -
Tuli se rio débil, todavía temblando. - Y vos un animal… mirá cómo me dejaste las piernas. -
Salieron de la ducha. Se secaron rápido con la toalla chiquita del hotel. Tuli se puso solo una tanguita negra finita, de encaje, que apenas le tapaba nada. Las nalgas quedaban casi completamente al aire, el hilo atrás desapareciendo entre ellas. No se puso nada más arriba. Se tiró en la cama, boca abajo, el culo levantadito, todavía rojo de las nalgadas.
Nico se acostó al lado, desnudo, la abrazó por atrás y le pasó una mano por la cintura. - Durmamos una siesta… que después seguimos, eh. -
Tuli suspiró contenta, se acurrucó contra él. - Dale… pero no me dejes dormir mucho. Quiero más. -
Cerraron los ojos. El aire acondicionado zumbaba bajito, el mar se escuchaba lejano. Los dos se durmieron rápido, exhaustos, pegados, con el olor a sexo y jabón todavía en el aire.
La siesta duró un par de horas, de esas pesadas y calurosas que solo pasan en Brasil cuando el cuerpo está agotado de sexo y sol. Tuli se despertó primero. Nico seguía dormido a su lado, boca arriba, la sábana apenas cubriéndole la cintura, la pija relajada pero todavía grande apoyada contra el muslo. Ella sonrió para adentro, se estiró como gata y sintió el cuerpo dolorido en los lugares justos: las nalgas rojas, la concha sensible, un leve ardor en la garganta de tanto chupar.
Se levantó despacio para no despertarlo. Fue al armario, sacó una bata de seda rosa pastel que había traído “por las dudas”, fina como papel de seda, corta hasta la mitad del muslo. Se la puso encima de la tanguita negra de encaje, sin nada más. El roce de la tela contra los pezones todavía duros la hizo suspirar. Salió a la terraza chiquita del monoambiente, descalza, el piso tibio por el sol acumulado.
Apoyó los codos en la baranda, miró la playa de Copacabana abajo: gente todavía jugando al vóley, vendedores de coco, el mar turquesa rompiendo suave. El viento le movió el pelo y levantó un poco la bata. No se dio cuenta, pero la seda se enganchó en el elástico de la tanga atrás, subiéndose lo suficiente para dejar una nalga completa al aire: redonda, carnosa, todavía marcada de las nalgadas de antes. La piel blanca contrastaba con el rosa suave de la tela y el negro del encaje. Cualquiera que mirara desde las terrazas vecinas o desde la calle habría visto ese culo perfecto expuesto sin pudor.
Nico se despertó minutos después. La cama vacía, el baño abierto y vacío. Oyó el viento en la terraza y salió. La vio así: de espaldas, apoyada en la baranda, la bata enganchada dejando ver esa nalga desnuda moviéndose apenas con la brisa. Se le paró al instante, la pija levantándose bajo la sábana que se había envuelto en la cintura como pareo improvisado.
Se acercó despacio por detrás, le pasó las manos por la cintura y le acomodó la bata con cuidado, bajándola para taparle el culo. Le habló al oído, voz ronca de recién despierto. - No podés ir mostrando ese culo por todo el hotel, Tuli… te van a ver. -
Ella giró la cabeza apenas, sonriendo con picardía. - ¿Y por qué no? ¿Te molesta? -
Nico le apretó la cintura, pegándose más, la pija dura contra las nalgas de ella por encima de la seda. - Porque me dan ganas de cogerte acá nomás, boluda. Y no quiero que nos echen del hotel por escándalo público. -
Tuli se rió, desafiante. Se dio vuelta despacio, lo miró a los ojos y, sin decir nada, se abrió la bata de un tirón. La seda rosa cayó a los lados, dejando las tetas al aire, los pezones duros por el viento, la tanguita negra apenas cubriendo la concha. Le agarró la pija dura, pajeándolo lento pero firme.
- ¿Ah, sí? ¿Tanto te dan ganas? Demostramelo entonces, pendejo… a ver si sos hombre de palabra. -
Nico no necesitó más. Le agarró las tetas con las dos manos, las apretó fuerte, los pulgares rozándole los pezones. Bajó la boca al cuello de ella, besándolo, chupándolo, mordisqueando suave mientras ella seguía pajeándolo. Tuli soltó un gemidito, arqueó la espalda. Él la dio vuelta de golpe, la pegó contra la baranda, le chupó un pezón entero, lo mordió suave, pasó al otro. La besó profundo, lengua con lengua, saliva mezclándose mientras el viento les pegaba en la cara.
Le bajó la tanguita de un tirón hasta los tobillos. Tuli la pateó a un lado. Nico la levantó un poco por las caderas y la puso de frente contra la baranda, las manos de ella aferradas al fierro. Le metió la pija de una, despacio al principio, sintiendo cómo la concha todavía sensible se abría para él. Tuli soltó un gemido largo, la cabeza echada para atrás.
- Así… metémela toda… no pares… -
Nico empezó a bombear fuerte, profundo, el culo de ella rebotando contra su pelvis con cada embestida. La baranda crujía un poco, el viento llevaba los gemidos hacia la playa. Desde abajo nadie veía bien por el ángulo, pero el riesgo estaba ahí, y eso los ponía más calientes. Él le agarraba las tetas desde atrás, las apretaba, le pellizcaba los pezones. Tuli se tocaba el clítoris con una mano, acelerando.
- Más rápido… me vengo… ¡me estoy viniendo! -
Nico sintió la concha apretarse alrededor de su pija, los espasmos del orgasmo de ella. Él estaba al borde. Se la sacó de golpe, la agarró del pelo suave y la hizo agacharse. - Abrí la boca… rápido. -
Tuli se arrodilló en la terraza, el piso tibio contra las rodillas, abrió la boca y sacó la lengua. Nico se pajeó dos veces y se corrió fuerte: chorros espesos le cayeron en la lengua, en los labios, en la barbilla. Ella tragó lo que pudo, después se metió la pija en la boca otra vez, chupándola despacio, limpiándola con la lengua mientras él temblaba todavía.
Se miraron, jadeando, sonriendo. Tuli se levantó, se limpió la comisura con el dorso de la mano.
- Volvamos adentro… que esto no termina acá. -
Entraron a la habitación. La bata rosa quedó tirada en la terraza. Nico cerró la puerta corrediza, pero dejó la cortina abierta para que entrara luz. La tiró en la cama de nuevo, esta vez boca arriba. Le abrió las piernas, se metió entre ellas y volvió a cogérsela, lento al principio, profundo, mirándola a los ojos. Tuli le clavaba las uñas en la espalda, gemía su nombre bajito.
Nico aceleró, la levantó por las caderas, la puso en cuatro patas otra vez, la cogió desde atrás mientras le daba nalgadas suaves. Después la puso arriba, ella cabalgándolo, moviendo las caderas en círculos, las tetas rebotando. Él le chupaba los pezones, le apretaba el culo. Terminaron los dos al mismo tiempo otra vez: ella temblando encima, él corriéndose adentro, llenándola hasta que le chorreó por los muslos.
Se desplomaron en la cama, exhaustos, sudados, pegajosos. Tuli se acurrucó contra el pecho de él, todavía con la concha latiendo. - Boludo… creo que estas vacaciones van a ser las mejores de mi vida. -
Nico le besó la frente, le acarició el pelo. - Y recién estamos en el día dos, Tuli… imaginate lo que queda. -
Se besaron lento, profundo, con promesas de más. Afuera, el sol empezaba a bajar, la playa se vaciaba poco a poco. Adentro, en ese monoambiente con olor a sexo y mar, las vacaciones de Tuli Acosta recién empezaban a ponerse interesantes de verdad.
- Pra Copacabana, por favor - le dijo al chofer con esa sonrisa que desarma a cualquiera.
Llegó al departamento que había alquilado por Airbnb: un monoambiente con vista al mar, terraza chiquita y una cama enorme. Se duchó rápido, se untó crema bronceadora con olor a coco y se miró al espejo. Tuli tenía un cuerpo que volvía locos a los pibes: tetas firmes y llenas, cintura estrecha, cadera ancha y un culo redondo, carnoso, de esos que se mueven solos cuando camina. Se puso una remerita blanca ajustada y un minishort azul que le marcaba cada curva. Las tetas se le notaban perfectas debajo de la tela fina y el short le apretaba tanto el culo que las nalgas asomaban apenas por abajo. Perfecto para la playa.

A las tres de la tarde ya estaba caminando por la arena caliente de Copacabana. El sol le quemaba la piel. Se sacó la remera despacio, sintiendo cómo las miradas se clavaban en ella. Los pibes brasileños, los turistas europeos, hasta los vendedores ambulantes giraban la cabeza. Tuli sonrió para adentro. Le encantaba. Se bajó el shortcito y quedó en un bikini azul plateado microscópico: dos triangulitos apenas cubriendo las tetas y un hilo dental atrás que desaparecía entre sus nalgas. El sol le dio de lleno en la piel blanca y suave. Se sintió húmeda al instante, no solo por el calor.

Caminó hasta su reposera alquilada, moviendo las caderas más de lo necesario. Sabía que todos la miraban: el grupo de surfistas a la derecha, los dos alemanes a la izquierda, el morocho que vendía mate cocido… Se recostó boca abajo, abrió las piernas apenas y dejó que el culo quedara completamente expuesto. El hilo del bikini se le metía entre las nalgas, marcando cada curva. Sentía las miradas como caricias calientes.
- Disculpá… ¿sos Tuli Acosta? -
La voz argentina la sacó del trance. Abrió un ojo. Un pibe de unos 28 años, morocho, alto, con el pelo corto y una remera de Los Redondos estaba parado al lado de su reposera. Tenía la cara roja, no solo por el sol.
- Sí, soy yo - contestó ella con una sonrisa grande, girándose un poco para mirarlo mejor. Las tetas se le aplastaron contra la toalla y el culo quedó todavía más en evidencia.
- Soy Nicolás, pero todos me dicen Nico. Vivo acá hace tres años… Soy fanático tuyo desde el primer tema que sacaste. ¿Puedo sacarme una foto? Es que… no lo puedo creer. -
Tuli se rió bajito, esa risa ronca que volvía locos a los pibes. - Obvio, boludo. Vení. -
Se levantó despacio, dejando que él la viera completa. El bikini era tan chiquito que casi no tapaba nada. Nico temblaba cuando levantó el celular. Tuli se pegó a él, le pasó un brazo por la cintura y apoyó la cabeza en su hombro.
- Tranquilo, Nico… no muerdo - le dijo con voz tierna, casi maternal, mientras le acariciaba la espalda con la punta de los dedos.
El abrazo duró más de lo necesario. Tuli sintió el cuerpo firme de él contra el suyo: pecho duro, olor a protector solar y a hombre. Nico, mientras la abrazaba, bajó la vista sin disimulo y se quedó mirando ese culo enorme, redondo, brillante de bronceador. Las nalgas se le marcaban perfectas, separadas apenas por el hilo. Se le paró la pija al instante. Tuli lo notó: el bulto duro contra su muslo. No dijo nada, pero sonrió para adentro.
Cuando se separaron, Nico estaba más nervioso todavía.
- ¿Qué hacés en Brasil, Tuli? ¿Gira? -
- No, che… vacaciones. Necesitaba despejar la cabeza. Giras, entrevistas, el quilombo de Buenos Aires… Vine sola a descansar, a tomar sol, a no hacer nada. -
Nico tragó saliva. - Esta noche hay una fiesta de espuma acá, en la playa. Empieza a las nueve. Es re grosa, hay música, espuma hasta las rodillas… ¿te gustaría ir? Si querés, te paso a buscar. -
Tuli lo miró de arriba abajo. Le gustó lo que vio: alto, buen cuerpo, cara de buen pibe pero con esa mirada de hambre que no podía esconder.
- Dale, me copa. A las nueve en punto acá mismo. No me dejes plantada, eh. -
Nico sonrió como un nene. - Ni en pedo. -
Se despidieron con otro abrazo. Esta vez Nico se animó más: le pasó las manos por la espalda baja y, “sin querer”, una palma le rozó la nalga derecha. La apretó apenas, un segundo. Tuli sintió el calor de esa mano grande sobre su culo desnudo y un escalofrío le bajó directo al concha. Cuando se separaron, vio clarito el bulto enorme que le marcaba el short de baño. La pija de Nico estaba dura como piedra, apuntando hacia arriba, la cabeza casi asomando por el elástico.
Ninguno dijo nada. Solo se miraron a los ojos un segundo más de lo normal.
- Nos vemos después, Tuli. -
- Nos vemos, Nico… no llegues tarde. -
Tuli se quedó mirando cómo Nico se alejaba por la arena, con ese andar nervioso pero decidido, el short todavía marcándole la pija dura que no bajaba ni a palos. Ella se mordió el labio inferior con fuerza, hasta que le dolió un poquito. La mano derecha se le fue sola, disimuladamente, por encima del bikini.
- La puta madre… qué pija gruesa se le marcaba, boludo -, pensó, imaginándosela saliendo del short, roja, venosa, goteando.
Volvió a cerrar los ojos, pero no pudo concentrarse en el sol. La concha le latía, caliente, mojada, pidiendo más. Se imaginaba a Nico volviendo, agarrándola de las caderas, bajándole el hilo de un tirón y metiéndosela de una. - ¿Te gusta así, Tuli? ¿Te gusta que te la meta toda? -, le diría al oído con esa voz medio ronca de nervios. Ella se apretó los muslos y soltó un gemidito bajito que nadie escuchó por el ruido de las olas.
A unos cincuenta metros, detrás de un grupo de pibas que jugaban vóley, Nico no se había ido del todo. Se había escondido entre los puestos de artesanías, con una cerveza en la mano que ni había abierto, y la miraba fijo. Hipnotizado. El culo de Tuli brillaba bajo el sol, redondo, perfecto, las nalgas separadas apenas por ese hilo negro que parecía pintado. Cada vez que ella movía las piernas, el hilo se tensaba y dejaba ver un poquito más de piel. Nico sentía la pija tan dura que le dolía. Se acomodó disimuladamente, pero no sirvió de nada: seguía apuntando para arriba, la cabeza asomando un poco por el borde.
Tuli abrió un ojo, como si hubiera sentido la mirada. Lo vio. Ahí estaba Nico, medio escondido, con la cerveza olvidada en la mano y los ojos clavados en ella. Sonrió para adentro, maliciosa. - Mirá vos, el pibito no se va ni en pedo… -. Decidió jugar un poco más.
Se levantó despacio de la reposera, estirándose como gata, arqueando la espalda para que las tetas se le marcaran contra los triangulitos del bikini. Caminó hacia las duchas al aire libre que estaban al final de la playa, a unos treinta metros. Cada paso era calculado: cadera para un lado, cadera para el otro, el culo moviéndose como si tuviera vida propia. Las nalgas se le tensaban y aflojaban, el hilo desapareciendo y apareciendo entre ellas.
Llegó a las duchas. Abrió la canilla de agua fría. El chorro le pegó directo en la espalda, bajándole por la columna hasta perderse entre las nalgas. Se dio vuelta despacio, dándole la espalda completa a Nico. Apoyó las manos en la pared de azulejos, abrió un poco más las piernas y dejó que el agua le corriera por todo el cuerpo. El bikini se le pegó a la piel como segunda piel: los triangulitos transparentes dejaban ver los pezones duros, y atrás… atrás era un espectáculo. El hilo dental se le metía tanto que parecía que no llevaba nada. El agua le chorreaba por las nalgas, juntándose en el hilo y cayendo en gotas gruesas por la cara interna de los muslos. Tuli se pasó las manos por la espalda, bajó despacio hasta las nalgas, las abrió un poquito con los dedos, solo un segundo, lo suficiente para que Nico viera el agujerito apretado y rosado debajo del hilo, y después las soltó. Las nalgas volvieron a su lugar con un rebote suave.

Nico se había acercado unos pasos sin darse cuenta, como atraído por imán. Estaba a unos quince metros ahora, semioculto detrás de un cartel publicitario. La pija le latía tan fuerte que sentía cada pulso en la cabeza. Se la agarró por encima del short, apretando fuerte, subiendo y bajando la mano despacio. No se la sacó, no se animaba, pero se masturbaba con movimientos cortos, desesperados, mirando ese culo mojado, brillante, moviéndose bajo el chorro de agua. Imaginaba agarrarla de las caderas, ponerla contra la pared de azulejos, bajarle el hilo y meterla despacio, sintiendo cómo ella se abría, cómo gemía su nombre.
Tuli giró la cabeza apenas, lo suficiente para verlo. Vio la mano de él moviéndose, vio la cara de sufrimiento y placer mezclados. Sonrió con picardía, se mordió el labio otra vez y se pasó una mano por delante, rozándose el clítoris por encima del bikini empapado.
Cerró la canilla de golpe. El agua dejó de caer. Tuli se sacudió el pelo como perrita mojada, gotas volando para todos lados, y empezó a caminar de vuelta hacia su reposera.
- La concha de la lora… - dijo Nico entre dientes, apretándose la pija con más fuerza. Estaba a punto de acabar ahí mismo, en medio de la playa, solo de mirarla.
Tuli se tiró otra vez boca abajo en la reposera y miró el reloj: faltaban cuatro horas para la fiesta de espuma. - Va a ser larga la espera, pendejo… -, pensó, mientras se imaginaba cómo iba a terminar la noche.
El sol ya se había escondido detrás de los edificios de Copacabana cuando la fiesta de espuma arrancó de verdad. A las nueve en punto, las máquinas empezaron a escupir nubes blancas y espesas que se elevaban como humo de discoteca barata. La música electrónica retumbaba desde los parlantes gigantes, un reggaetón mezclado con funk carioca que hacía vibrar la arena. La gente gritaba, saltaba, se perdía en la espuma que ya llegaba a las rodillas y subía rápido hasta la cintura.
Nico estaba ahí desde las ocho y media, con una cerveza en la mano que ya iba por la tercera. Se había cambiado: pantalón corto de baño negro y una musculosa blanca que se le pegaba al pecho por el sudor y la humedad. Miraba para todos lados, nervioso, con el corazón latiéndole en la garganta. - ¿Y si no viene? ¿Y si fue joda? -, se repetía. Pero no podía sacarse de la cabeza la imagen de Tuli en la ducha: el culo mojado, el hilo desapareciendo, esa sonrisita de reojo. La pija se le paraba cada dos por tres solo de recordarlo. Se acomodaba disimuladamente cada rato, tratando de que no se notara tanto.
De repente la vió. Tuli apareció caminando desde el borde de la playa, como si nada. Se había puesto un vestidito corto blanco de tela fina, casi transparente con la luz de las antorchas, y debajo… el mismo bikini micro de la tarde. El vestido se le pegaba al cuerpo por la humedad del aire, marcándole las tetas y el culo de una manera obscena. Se metió directo entre la espuma sin dudar, riéndose sola, levantando los brazos mientras la nube blanca la tragaba. El vestido se le empapó al instante y se volvió casi invisible. El bikini quedó a la vista, brillando bajo las luces.
Nico la perdió de vista dos segundos y sintió que se le caía el alma al piso. - No, no, no… -. Empezó a caminar entre la gente, empujando cuerpos, buscando esa silueta. La espuma era densa, cegadora. Solo se veían formas borrosas, risas, manos en alto.
Tuli, adentro de esa nube espesa, sintió las primeras manos casi de inmediato. Alguien le rozó la cintura “sin querer”. Otro le pasó la palma por la nalga derecha, apretando un segundo. Un tercero le rozó el pecho al pasar “bailando”. Ella dio un gritito ahogado, se puso tensa, el cuerpo se le erizó. - ¡Eh, pará, boludo! -, susurró fuerte, pero la música se lo comía todo. Nadie la escuchaba, o nadie quiso escuchar.
Y lo peor… o lo mejor: una parte de ella no quería que pararan del todo.
Las manos seguían llegando: una le apretó el culo con ganas, dedos metiéndose un poquito por debajo del hilo. Otra le rozó entre las piernas, solo un segundo, pero suficiente para que la concha se le contrajera de golpe. Tuli se mordió el labio, el miedo y la calentura peleándose adentro. Gritaba bajito - ¡Dejen de tocarme, la puta madre! -, pero no se movía mucho, no armaba escándalo. El anonimato de la espuma la protegía… y la excitaba. Sentía la concha mojada, más allá del agua y la espuma. Los pezones duros le dolían contra la tela del bikini.
Entonces lo vió: Nico, a unos metros, buscándola desesperado, girando la cabeza para todos lados, con cara de perdido.
Tuli sonrió en la oscuridad. - Ahora te sorprendo yo, pendejo -.
Se acercó por detrás, sigilosa entre la espuma. Cuando estuvo pegada a su espalda, le pasó la mano derecha por delante y la metió directo adentro del short de baño. Agarró la pija dura como fierro, caliente, venosa, ya goteando. Con la izquierda le acarició el abdomen firme, bajando despacio hasta el elástico, jugando con los dedos en la piel.
Nico se quedó helado un segundo, después soltó un gemido ronco que se perdió en la música.
- ¿Me buscabas a mí? - susurró Tuli al oído, la voz ronca, pegajosa, mientras le daba dos pajitas lentas y firmes con la mano derecha.
Nico giró la cabeza, la miró con los ojos negros de deseo.
- Te busqué todo el día, Tuli… - dijo con la voz temblando. - No sabés las ganas que tengo de cogerte desde lo de la playa. -
Ella se rio bajito, le apretó la pija un poco más fuerte y le mordió el lóbulo de la oreja. - Entonces disfrutá la fiesta conmigo, boludo. -
Se puso delante de él, de espaldas, y empezó a bailar pegada. El culo se lo pegó directo contra la pija dura, moviéndolo en círculos lentos, subiendo y bajando. La espuma los cubría hasta el pecho ahora, nadie veía bien qué pasaba. Tuli arqueaba la espalda, le restregaba las nalgas contra él, sintiendo cómo la cabeza de la pija se le clavaba entre las nalgas, separando apenas el hilo del bikini. Nico le agarró las caderas con las dos manos, fuerte, clavándole los dedos en la carne. Se controlaba como podía para no bajarle el vestido ahí mismo, no meterla de una contra alguna pared invisible de espuma.
- Pará un poco o te cojo acá nomás, Tuli… te juro que no aguanto - le dijo al oído, la voz entrecortada.
Ella se giró apenas, le dio un beso rápido en la comisura de la boca y le susurró: - Todavía no, Nico… dejame calentarte un rato más. -
Siguieron bailando así un buen rato: culo contra pija, manos que se escapaban, roces que eran casi cogidas disfrazadas. Tuli sentía la concha latiendo, empapada, pidiendo que la llenaran. Nico estaba al borde, la pija tan dura que le dolía.
Cuando la fiesta empezó a bajar, las luces se atenuaron y el cielo se puso violeta oscuro, Nico la agarró de la mano.
- Vení… vamos a tomar unas caipiriñas a uno de los puestos de la playa. Necesito aire… y necesito verte mejor. -
Tuli lo miró con esa sonrisa traviesa que lo volvía loco. - Dale, pero no creas que esto termina acá, eh. -
Salieron de la espuma tomados de la mano, empapados, con el cuerpo todavía vibrando de calentura. Caminaron por la arena hacia uno de los quioscos iluminados con luces de neón. La música seguía sonando de fondo, pero ahora era solo un rumor lejano.
Se sentaron en unas banquetas altas, pidieron dos caipiriñas bien heladas. Tuli cruzó las piernas, el vestido todavía pegado y transparente, el bikini negro marcándose perfecto. Nico no podía dejar de mirarla: las tetas, el cuello, los muslos, ese culo que había tenido pegado contra él toda la noche.
Brindaron con las copas.
- Por las vacaciones… y por lo que viene - dijo ella, guiñándole un ojo.
La tercera caipiriña ya les había subido lindo. Estaban sentados en la arena, lejos del ruido del quiosco pero todavía con el mar rompiendo a unos metros, la espuma de las olas lamiendo la orilla. Tuli tenía las piernas estiradas, el vestido empapado y transparente pegado al cuerpo. Nico no podía dejar de mirarla. Ella se reía de cualquier pavada que él decía, esa risa ronca que lo ponía más caliente todavía.
De repente, Nico se inclinó. La agarró suave de la nuca y la besó. Labios contra labios, tibios por la caipiriña, con gusto a limón. Tuli se quedó quieta un segundo, sorprendida, y después lo frenó poniendo una mano en el pecho de él.
- Pará… - dijo bajito, con una sonrisa pícara.
Nico se apartó de golpe, la cara de nene regañado. - ¿Qué pasa? ¿Hice algo mal? -
Tuli se rio, se mordió el labio y negó con la cabeza. - No, boludo… es que si empezamos acá te beso como loca y no paro. -
Y sin darle tiempo a reaccionar, ella se tiró encima. Lo besó con hambre, lengua adentro desde el primer segundo, chupándole el labio inferior, mordisqueándolo. Nico respondió igual de desesperado: le metió la lengua hasta el fondo, le agarró la cara con las dos manos, la besaba como si se la quisiera comer entera. Se besaban con ruido, saliva mezclándose, gemiditos ahogados. Las manos de Tuli le recorrían el pecho, bajaban por el abdomen, le apretaban la pija por encima del short. Nico le metió una mano por debajo del vestido, le agarró una teta completa y le pellizcó el pezón hasta hacerla gemir contra su boca.
Pero Tuli se separó de golpe, jadeando.
- Todavía hay un montón de gente dando vueltas por acá… no quiero que nos vean como dos desesperados. -
Nico miró alrededor: efectivamente, todavía había grupos de pibes riendo, parejas caminando, algún vendedor ambulante. Asintió, la pija tan dura que le dolía contra el short. - Vení… vamos a las rocas de más allá. Ahí no llega nadie. -
Se levantaron. Tuli caminó adelante, descalza sobre la arena fría de la noche. El vestido se le pegaba al culo con cada paso, marcando las nalgas redondas que se movían hipnóticas. Nico la seguía dos pasos atrás, hipnotizado. De repente levantó la mano y le dio una nalgada fuerte, sonora, que resonó en la playa vacía.
- ¡Ay, la concha de tu madre! - se quejó Tuli entre risas, girándose un poco.
- Perdón… es que tenés el culo más rico que vi en mi vida, Tuli. Es un delito que lo tengas tapado. -
Ella se rio fuerte, se mordió el labio y siguió caminando, meneando el culo todavía más a propósito.
Llegaron a la zona rocosa, donde las piedras grandes formaban una especie de pared natural contra la vista de la playa principal. La luna iluminaba apenas, el mar negro rompiendo contra las rocas con ruido constante. Ahí sí estaban solos.
Se pegaron de nuevo. Besos profundos, desesperados. Nico le levantó el vestido hasta la cintura, le agarró el culo con las dos manos, lo abrió, lo apretó, metió los dedos por debajo del hilo dental hasta rozarle el agujerito apretado. Tuli gemía contra su boca, le bajó el short de un tirón y le agarró la pija dura, caliente, venosa. La pajeaba despacio, con la mano entera, sintiendo cómo latía en su palma.
Entre besos y jadeos, Tuli se separó un poquito, lo miró a los ojos. - Nico… quiero hacer algo que nunca pude hacer y siempre quise - susurró, la voz ronca de calentura.
Él tragó saliva. - ¿Qué? -
Tuli no contestó con palabras. Se arrodilló despacio frente a él, la arena pegándosele a las rodillas. Le bajó el short hasta los tobillos. La pija de Nico salió liberada, rebotó fuerte contra su mejilla izquierda. Era gruesa, larga, la cabeza roja e hinchada, venas marcadas. Tuli la miró como si fuera un tesoro.
- Siempre quise chupar una pija en la playa… - dijo bajito, casi como un secreto, mientras le daba un beso suave en la punta.
Y empezó. Primero besos lentos por todo el tronco, lengua plana subiendo y bajando, lamiendo las venas. Después se metió la cabeza en la boca, chupando suave, girando la lengua alrededor. Nico soltó un gemido largo, le agarró el pelo con las dos manos. Tuli se la metió más profundo, despacio, hasta que llegó a la garganta. Sintió las arcadas venir, leves pero reales, los ojos se le llenaron de lágrimas. No paró. Bajó más, hasta que la nariz le tocó el pubis, la garganta apretando la cabeza. Saliva le chorreaba por la comisura de la boca, caía en hilos gruesos sobre la arena. Se la sacaba entera, jadeando, y volvía a meterla, más rápido, más profundo. Nico gemía bajito, controlándose para no gritar.
- Así, Tuli… la puta madre, qué boca tenés… -
Ella lo miró desde abajo, ojos vidriosos, saliva brillando en la barbilla, y aceleró. Chupaba fuerte, metía y sacaba, la mano en la base pajeando lo que no le entraba. Nico empezó a temblar, las piernas flojas.
- Me vengo… me vengo, Tuli… -
Ella no se sacó. Se la metió hasta el fondo una última vez y se quedó ahí, garganta apretando, mientras él explotaba. Chorros calientes, espesos, directo a la garganta. Tuli tragó todo, sin dejar salir ni una gota. Cuando Nico terminó de temblar, ella se la sacó despacio, lamiendo la cabeza para limpiarla. Sonrió, los labios pegajosos de semen, la lengua todavía saboreando.
Se levantó, se pegó a él y lo besó profundo. Nico sintió el gusto salado de su propia leche en la boca de ella. Tuli le pasó la lengua por los labios.
- Gracias, pendejo… me hiciste cumplir una fantasía que tenía desde piba. -
Nico la abrazó fuerte, todavía jadeando. - Ahora te quiero coger acá nomás, Tuli. Te quiero partir al medio contra estas piedras. -
Ella se rio bajito, le dio un beso suave en la comisura. - Mañana, Nico. Estoy muerta… el viaje, la playa, la fiesta, todo esto. Necesito dormir. Pero te prometo que mañana te dejo hacerme lo que quieras. -
Él la miró fijo, serio. - Entonces con una condición: cuando yo quiera, donde yo quiera. Sin excusas. -
Tuli se pasó la lengua por los labios, todavía saboreando el resto de semen. - Trato hecho, boludo. Cuando vos digas. -
Sacó el celular del bolsito que había dejado en una roca, le pasó el número. - Mandame un mensaje cuando te despiertes… -
Se besaron una última vez, lento, profundo, con promesas. Nico le dio una última nalgada suave al culo antes de que ella se acomodara el vestido.
A la mañana siguiente, el sol ya pegaba fuerte contra las cortinas del monoambiente cuando el celular de Tuli vibró sobre la mesita. Abrió los ojos despacio, todavía con el cuerpo pesado de la noche anterior, el bikini torcido y pegado a la piel por el sudor seco. Agarró el teléfono y vio el mensaje de Nico. Era una foto tomada en primer plano: la pija dura, venosa, la cabeza brillante y roja apuntando directo a la cámara, tomada desde arriba con la luz del baño. Abajo, el texto corto y directo: "Me desperté así pensando en tu culo y en cómo me la chupaste anoche en la playa. No aguanto más. Decime dónde estás ya.”
Tuli sintió un latigazo de calor directo en la concha. Se mordió el labio inferior con fuerza, se sentó en la cama y se miró en el espejo del ropero. Se acomodó el pelo revuelto, arqueó la espalda y sacó una selfie en espejo: culo levantado, piernas abiertas apenas, cara de trola. Mandó la foto con un mensaje: “Vení volando, pendejo. Apart Hotel Copacabana Dreams, monoambiente 504. Te espero… y ya estoy empapada.”
Nico contestó en menos de un minuto: “En camino. 12 minutos. Preparate porque hoy no salimos de ahí.”
Tuli se rió sola, se lavó la cara rápido, se puso el shortcito azul que uso el dia anterior y una remerita blanca ajustada sin nada abajo. Bajó a la puerta del hotel a esperarlo.
Cuando Nico apareció en la vereda, con musculosa gris ajustada y short de baño negro, los ojos se le clavaron directo en el cuerpo de ella. Se acercó sin decir nada, la agarró de la cintura con fuerza y le metió la lengua en la boca desde el primer segundo. Beso largo, húmedo, con ganas acumuladas. Tuli le mordió el labio y le susurró al oído: - Subamos antes de que te la saque acá en la calle, boludo. -
Subieron por la escalera porque el ascensor tardaba. Nico iba dos escalones atrás, hipnotizado por ese culo moviéndose delante de él. Cada paso hacía que las nalgas se tensaran bajo el shortcito, el borde del hilo del bikini asomando apenas por los costados. En el tercer piso sacó el celular sin pensarlo, le dio zoom y sacó una foto rápida: el culo perfecto en primer plano, el short marcando cada curva.

Tuli giró la cabeza justo y lo pescó. - ¿Estás sacándome foto al orto mientras subimos? Sos un enfermo… -
Nico sonrió sin culpa. - Es que es demasiado rico, Tuli. No me pidas que no lo mire… y menos ahora que sé cómo se siente agarrado. -
Ella se rio bajito y siguió subiendo, meneando el culo todavía más a propósito, sabiendo que lo estaba volviendo loco.
En el pasillo del quinto piso ya no aguantaron más. Nico la pegó contra la pared mientras caminaban hacia la puerta, le metió las manos por debajo de la remerita y le agarró las tetas completas, pellizcándole los pezones duros hasta hacerla arquear la espalda. Bajó una mano al frente del short, le metió los dedos por encima de la tela y le rozó la concha empapada, sintiendo cómo el bikini estaba chorreando. Tuli soltó un gemidito ahogado, se mordió el labio para no gritar en el pasillo. Con la otra mano le bajó el cierre del short a Nico, metió la mano adentro y le agarró la pija dura, pajeándolo despacio pero con fuerza, sintiendo cómo latía y goteaba en su palma.
- Pará… o me corro acá mismo - susurró él, la voz entrecortada.
Tuli se rió contra su boca. - Entonces abrí la puerta rápido, porque yo ya estoy a punto de explotar. -
Apenas cruzaron el umbral del 504, la puerta se cerró de un golpe y se besaron como desesperados. Lenguas enredadas, manos por todos lados, sin quitarse la ropa todavía. Nico la apretó contra la puerta, le levantó la remerita y le chupó una teta entera, mordiendo el pezón hasta hacerla gemir fuerte. Tuli le clavó las uñas en la espalda, jadeando.
- Vení… - dijo ella, agarrándolo de la mano.
Lo llevó hacia la sala, donde estaba el sillón blanco grande frente a la ventana con vista al mar. Lo sentó de golpe. - Quedate quietito un segundo, pendejo. Dejame hacerte un show antes de que me rompas. -

Puso música bajita desde el celular, algo lento y perreo suave, y empezó a bailar delante de él. Se quitó la remerita despacio, dejando las tetas al aire, pezones duros y rosados. Se bajó el shortcito, quedando solo en el bikini azul plateado microscópico. Giraba, se agachaba, le mostraba el culo, se pasaba las manos por el cuerpo, se tocaba los pezones, se rozaba la concha por encima del hilo. Cuando fue a desatar el lazo del triangulito de abajo, Nico la frenó con voz ronca.
- No… dejátelo puesto. Quiero cogerte con el bikini, Tuli. Me mata verte así, medio tapada, con ese hilo metido entre las nalgas. -
Ella sonrió, traviesa. - Dale… como vos digas. -
Nico se levantó del sillón, la agarró del pelo con fuerza pero sin lastimarla, la llevó hacia él y volvió a sentarse. Se bajó el short de un tirón y se sacó la pija dura, apuntándola directo a la boca de Tuli. - Chupámela fuerte… como anoche, pero más profundo. Quiero sentir tu garganta apretándome. -
Tuli se arrodilló entre sus piernas, abrió la boca y se la metió entera de una. Hasta el fondo. La garganta se contrajo, las arcadas vinieron rápido, lágrimas le corrieron por las mejillas de placer y esfuerzo. Gemía como loca alrededor de la pija, vibraciones que lo volvían loco a Nico. Saliva le chorreaba por la barbilla, caía sobre las tetas. Él le agarraba el pelo con las dos manos, la movía como quería, metiéndosela hasta que la nariz le tocaba el pubis. Tuli tosía un poco, gemía, pero seguía chupando con hambre, la lengua girando, la mano en las bolas masajeando.
Nico no aguantó mucho más. La levantó de un tirón, la dio vuelta y la puso contra la ventana grande. El vidrio frío contra las tetas de Tuli. Le bajó el hilo del bikini de un lado, solo lo suficiente para abrirle la concha, y se la metió de una, de pie. Estaba empapada, caliente, apretada. Tuli soltó un grito ahogado, las manos contra el vidrio.
- Así… cogeme fuerte, Nico… no pares… -
Él la agarró de las caderas y empezó a bombear con fuerza, profundo, cada embestida haciendo que las tetas rebotaran contra el vidrio. El mar de fondo, el ruido de los cuerpos chocando, los gemidos de ella cada vez más altos.
Después la llevó a la cama, la tiró boca abajo, le levantó el culo y volvió a meterla desde atrás. La dominaba por completo: le agarraba el pelo, le daba nalgadas fuertes que dejaban marcas rojas en las nalgas, le metía un dedo en el culo mientras la cogía con fuerza. Tuli gemía sin parar, la cara hundida en la almohada, el cuerpo temblando.
- Más… más fuerte… me vengo, me estoy viniendo… -
Nico aceleró, sintiendo cómo la concha se contraía alrededor de su pija en un orgasmo que le hizo temblar todo el cuerpo. Pero él no se corrió todavía. Se la sacó despacio, la dio vuelta y se arrodilló sobre su pecho, pajeándose fuerte frente a la cara de ella.
- Abrí la boca, Tuli… quiero verte llena. -
Ella abrió la boca, sacó la lengua, lo miró con ojos vidriosos de placer. Nico se corrió fuerte: chorros espesos, calientes, le cayeron en la frente, en las mejillas, en los labios abiertos, en la lengua. Tuli gemía de satisfacción, se pasó la lengua por los labios, saboreando.
Se quedó tirada en la cama, exhausta pero feliz, la cara marcada de semen, el bikini torcido, las nalgas rojas de las nalgadas. Nico se desplomó al lado de ella, jadeando, le dio un beso suave en la frente pegajosa.
- Esto no termina acá, boluda… - susurró él.
Tuli se rió bajito, todavía con la respiración agitada, se lamió un resto de semen de la comisura de la boca. - Esto recién empieza. -
Nico sonrió, le acarició el culo todavía caliente. - Preparate, porque hoy no vas a poder caminar -
Después de esa cogida brutal contra la ventana y en la cama, Tuli se quedó tirada un buen rato, el cuerpo todavía temblando de a ratitos, la cara pegajosa de semen seco, el bikini torcido y las nalgas marcadas de rojo por las nalgadas.
Pasaron unos minutos en silencio, solo el ruido del aire acondicionado y el mar lejano por la ventana abierta. Tuli se movió primero. Se sentó despacio en la cama, el semen se le corrió un poco por la mejilla y le cayó una gota en la teta izquierda.
- Boludo… mirá cómo me dejaste. Parezco salida de una película porno barata. -
Nico se incorporó sobre un codo, le pasó el pulgar por la mejilla limpiándole el resto y se lo metió en la boca a ella. Tuli lo chupó despacio, mirándolo fijo.
- Voy a ducharme… estoy toda pegoteada y sudada. ¿Venís o te quedás acá roncando? -
Nico sonrió con esa cara de hambre que no se le iba ni después de venirse. - Ni en pedo me pierdo una ducha con vos. -
Se levantaron. Tuli caminó adelante hacia el baño chiquito del monoambiente, todavía con el bikini puesto, el hilo dental metido entre las nalgas rojas. Nico la siguió, la pija ya medio levantada otra vez solo de verla caminar así.
Adentro del baño, Tuli abrió la ducha. El chorro salió fuerte y caliente al principio, después se reguló a tibia. Se metió primero, dejó que el agua le cayera por la cara, por las tetas, por la espalda. El semen se le fue diluyendo y cayendo por el desagüe. Nico entró atrás, pegándose a ella desde el primer segundo. El espacio era chico, apenas les alcanzaba para los dos. Los cuerpos se rozaban todo el tiempo: la pija de él contra el culo de ella, las tetas de Tuli contra el pecho de él.
Nico agarró el jabón líquido, se puso un poco en la palma y empezó a enjabonarla despacio. Le pasó las manos por las tetas, masajeándolas, pellizcándole los pezones con los dedos resbaladizos. Bajó por la cintura, por las caderas, llegó al culo. Le abrió las nalgas con las dos manos, le pasó los dedos por el hilo del bikini, rozándole el agujerito y la concha por encima de la tela. Tuli soltó un gemidito, apoyó las manos en la pared de azulejos y arqueó la espalda.
- Seguí… no pares, boludo… -
Nico siguió enjabonándola, pero el jabón se le resbaló de las manos y cayó al piso con un ruido sordo. Tuli se agachó despacio para recogerlo, de espaldas a él, las piernas abiertas apenas, el culo apuntando directo a la cara de Nico.
Sin pensarlo dos veces, le agarró las caderas con fuerza, le corrió el hilo a un lado de un tirón y se la metió entera de una. Hasta el fondo. Tuli soltó un grito fuerte, de sorpresa y placer mezclado, las manos se le resbalaron un poco en los azulejos mojados.
- ¡La puta madre, Nico! ¡Me la metiste sin avisar, hijo de puta! -
Él no contestó con palabras. Empezó a bombear fuerte, profundo, el agua cayendo sobre los dos, salpicando para todos lados. Cada embestida hacía que el culo de Tuli rebotara contra la pelvis de él, el sonido de carne mojada contra carne mojada retumbando en el baño chiquito. Tuli gemía sin control, la cabeza echada para atrás, el pelo pegado a la cara.
- Así… cogeme… más fuerte… ¡me estás rompiendo, boludo! -
Nico le agarró el pelo con una mano, tiró un poco para atrás para que arqueara más la espalda, y con la otra le dio una nalgada fuerte que resonó como un latigazo. Tuli gritó de placer, la concha se le contrajo alrededor de la pija. Se giró la cabeza lo que pudo y lo besó torpemente, lenguas chocando mientras él la sacudía sin parar. El agua les entraba en la boca, se mezclaba con la saliva, caía por las tetas de ella.
Siguieron así un rato largo: él dominando, ella entregada, los gemidos cada vez más altos. Tuli se tocó el clítoris con una mano mientras él la cogía, acelerando el ritmo. Nico sentía que no iba a aguantar mucho más.
- Me vengo… me vengo adentro, Tuli… -
- Dale… llename… quiero sentirte todo… -
Él aceleró tres o cuatro embestidas más, profundas, y se corrió fuerte adentro de ella. Chorros calientes que Tuli sintió golpearle bien adentro. Eso la llevó al borde: se vino temblando, las piernas flojas, tuvo que apoyarse en la pared para no caerse. Nico la sostuvo por las caderas, todavía metido hasta el fondo, los dos jadeando bajo el chorro de agua.
Cuando terminaron, se quedaron así un rato, pegados, el agua lavando todo. Nico se la sacó despacio, le dio un beso suave en la nuca. - Sos una loca… me volvés loco. -
Tuli se rio débil, todavía temblando. - Y vos un animal… mirá cómo me dejaste las piernas. -
Salieron de la ducha. Se secaron rápido con la toalla chiquita del hotel. Tuli se puso solo una tanguita negra finita, de encaje, que apenas le tapaba nada. Las nalgas quedaban casi completamente al aire, el hilo atrás desapareciendo entre ellas. No se puso nada más arriba. Se tiró en la cama, boca abajo, el culo levantadito, todavía rojo de las nalgadas.
Nico se acostó al lado, desnudo, la abrazó por atrás y le pasó una mano por la cintura. - Durmamos una siesta… que después seguimos, eh. -
Tuli suspiró contenta, se acurrucó contra él. - Dale… pero no me dejes dormir mucho. Quiero más. -
Cerraron los ojos. El aire acondicionado zumbaba bajito, el mar se escuchaba lejano. Los dos se durmieron rápido, exhaustos, pegados, con el olor a sexo y jabón todavía en el aire.
La siesta duró un par de horas, de esas pesadas y calurosas que solo pasan en Brasil cuando el cuerpo está agotado de sexo y sol. Tuli se despertó primero. Nico seguía dormido a su lado, boca arriba, la sábana apenas cubriéndole la cintura, la pija relajada pero todavía grande apoyada contra el muslo. Ella sonrió para adentro, se estiró como gata y sintió el cuerpo dolorido en los lugares justos: las nalgas rojas, la concha sensible, un leve ardor en la garganta de tanto chupar.
Se levantó despacio para no despertarlo. Fue al armario, sacó una bata de seda rosa pastel que había traído “por las dudas”, fina como papel de seda, corta hasta la mitad del muslo. Se la puso encima de la tanguita negra de encaje, sin nada más. El roce de la tela contra los pezones todavía duros la hizo suspirar. Salió a la terraza chiquita del monoambiente, descalza, el piso tibio por el sol acumulado.
Apoyó los codos en la baranda, miró la playa de Copacabana abajo: gente todavía jugando al vóley, vendedores de coco, el mar turquesa rompiendo suave. El viento le movió el pelo y levantó un poco la bata. No se dio cuenta, pero la seda se enganchó en el elástico de la tanga atrás, subiéndose lo suficiente para dejar una nalga completa al aire: redonda, carnosa, todavía marcada de las nalgadas de antes. La piel blanca contrastaba con el rosa suave de la tela y el negro del encaje. Cualquiera que mirara desde las terrazas vecinas o desde la calle habría visto ese culo perfecto expuesto sin pudor.
Nico se despertó minutos después. La cama vacía, el baño abierto y vacío. Oyó el viento en la terraza y salió. La vio así: de espaldas, apoyada en la baranda, la bata enganchada dejando ver esa nalga desnuda moviéndose apenas con la brisa. Se le paró al instante, la pija levantándose bajo la sábana que se había envuelto en la cintura como pareo improvisado.
Se acercó despacio por detrás, le pasó las manos por la cintura y le acomodó la bata con cuidado, bajándola para taparle el culo. Le habló al oído, voz ronca de recién despierto. - No podés ir mostrando ese culo por todo el hotel, Tuli… te van a ver. -
Ella giró la cabeza apenas, sonriendo con picardía. - ¿Y por qué no? ¿Te molesta? -
Nico le apretó la cintura, pegándose más, la pija dura contra las nalgas de ella por encima de la seda. - Porque me dan ganas de cogerte acá nomás, boluda. Y no quiero que nos echen del hotel por escándalo público. -
Tuli se rió, desafiante. Se dio vuelta despacio, lo miró a los ojos y, sin decir nada, se abrió la bata de un tirón. La seda rosa cayó a los lados, dejando las tetas al aire, los pezones duros por el viento, la tanguita negra apenas cubriendo la concha. Le agarró la pija dura, pajeándolo lento pero firme.
- ¿Ah, sí? ¿Tanto te dan ganas? Demostramelo entonces, pendejo… a ver si sos hombre de palabra. -
Nico no necesitó más. Le agarró las tetas con las dos manos, las apretó fuerte, los pulgares rozándole los pezones. Bajó la boca al cuello de ella, besándolo, chupándolo, mordisqueando suave mientras ella seguía pajeándolo. Tuli soltó un gemidito, arqueó la espalda. Él la dio vuelta de golpe, la pegó contra la baranda, le chupó un pezón entero, lo mordió suave, pasó al otro. La besó profundo, lengua con lengua, saliva mezclándose mientras el viento les pegaba en la cara.
Le bajó la tanguita de un tirón hasta los tobillos. Tuli la pateó a un lado. Nico la levantó un poco por las caderas y la puso de frente contra la baranda, las manos de ella aferradas al fierro. Le metió la pija de una, despacio al principio, sintiendo cómo la concha todavía sensible se abría para él. Tuli soltó un gemido largo, la cabeza echada para atrás.
- Así… metémela toda… no pares… -
Nico empezó a bombear fuerte, profundo, el culo de ella rebotando contra su pelvis con cada embestida. La baranda crujía un poco, el viento llevaba los gemidos hacia la playa. Desde abajo nadie veía bien por el ángulo, pero el riesgo estaba ahí, y eso los ponía más calientes. Él le agarraba las tetas desde atrás, las apretaba, le pellizcaba los pezones. Tuli se tocaba el clítoris con una mano, acelerando.
- Más rápido… me vengo… ¡me estoy viniendo! -
Nico sintió la concha apretarse alrededor de su pija, los espasmos del orgasmo de ella. Él estaba al borde. Se la sacó de golpe, la agarró del pelo suave y la hizo agacharse. - Abrí la boca… rápido. -
Tuli se arrodilló en la terraza, el piso tibio contra las rodillas, abrió la boca y sacó la lengua. Nico se pajeó dos veces y se corrió fuerte: chorros espesos le cayeron en la lengua, en los labios, en la barbilla. Ella tragó lo que pudo, después se metió la pija en la boca otra vez, chupándola despacio, limpiándola con la lengua mientras él temblaba todavía.
Se miraron, jadeando, sonriendo. Tuli se levantó, se limpió la comisura con el dorso de la mano.
- Volvamos adentro… que esto no termina acá. -
Entraron a la habitación. La bata rosa quedó tirada en la terraza. Nico cerró la puerta corrediza, pero dejó la cortina abierta para que entrara luz. La tiró en la cama de nuevo, esta vez boca arriba. Le abrió las piernas, se metió entre ellas y volvió a cogérsela, lento al principio, profundo, mirándola a los ojos. Tuli le clavaba las uñas en la espalda, gemía su nombre bajito.
Nico aceleró, la levantó por las caderas, la puso en cuatro patas otra vez, la cogió desde atrás mientras le daba nalgadas suaves. Después la puso arriba, ella cabalgándolo, moviendo las caderas en círculos, las tetas rebotando. Él le chupaba los pezones, le apretaba el culo. Terminaron los dos al mismo tiempo otra vez: ella temblando encima, él corriéndose adentro, llenándola hasta que le chorreó por los muslos.
Se desplomaron en la cama, exhaustos, sudados, pegajosos. Tuli se acurrucó contra el pecho de él, todavía con la concha latiendo. - Boludo… creo que estas vacaciones van a ser las mejores de mi vida. -
Nico le besó la frente, le acarició el pelo. - Y recién estamos en el día dos, Tuli… imaginate lo que queda. -
Se besaron lento, profundo, con promesas de más. Afuera, el sol empezaba a bajar, la playa se vaciaba poco a poco. Adentro, en ese monoambiente con olor a sexo y mar, las vacaciones de Tuli Acosta recién empezaban a ponerse interesantes de verdad.
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