You are now viewing Poringa in Spanish.
Switch to English

Juguete de todos, Amor mío - Capítulo 7

Capítulo 1 https://www.poringa.net/posts/relatos/6226792/Juguete-de-todos-Amor-mio---Capitulo-1.html
Capítulo 2 https://www.poringa.net/posts/relatos/6227112/Juguete-de-todos-Amor-mio---Capitulo-2.html
Capítulo 3 https://www.poringa.net/posts/relatos/6227476/Juguete-de-todos-Amor-mio---Capitulo-3.html
Capítulo 4 https://www.poringa.net/posts/relatos/6228886/Juguete-de-todos-Amor-mio---Capitulo-4.html
Capitulo 5 
https://m.poringa.net/posts/relatos/6229604/Juguete-de-todos-Amor-mio---Capitulo-5.html
Capítulo 6
https://m.poringa.net/posts/relatos/6232310/Juguete-de-todos-Amor-mio---Capitulo-6.html
Capitulo 7
https://m.poringa.net/posts/relatos/6237363/Juguete-de-todos-Amor-mio---Capitulo-7.html
Capitulo 7 - Dormí caliente, desperté igual

Después de acostarme, caí en un sueño profundo.
Mi cuerpo estaba completamente relajado, pesado, quieto… pero mi mente no. Seguía despierta, girando, reviviendo todo lo que había pasado antes de cerrar los ojos. No sé si fue por eso, por el desorden que traía encima, pero esa noche soñé algo que me gustó.
Y lo acepté sin resistirme.
Estaba en mi cuarto.
El mismo de siempre, pero no del todo. Había algo raro en el aire, como si las paredes respiraran lento, como si el tiempo estuviera suspendido. Sabía que estaba ahí… y al mismo tiempo sabía que no era real.
El clóset estaba entreabierto.
No recordaba haberlo dejado así.
La puerta se abrió despacio, sin ruido, y de ahí salió María.
No llevaba nada puesto, pero en el sueño eso no era shock ni escándalo. Era natural. Como si siempre hubiera sido así. Como si su cuerpo no necesitara explicación.
Juguete de todos, Amor mío - Capítulo 7


Me miró con una calma que me desarmó.
—Hola —dijo, con una sonrisa suave, casi cómplice.
Su voz no sonó como en la realidad. Sonó más cerca. Más directa. Como si no entrara por mis oídos, sino por la cabeza.
Se acercó un poco más, sin prisa.
No había vergüenza en ella. Tampoco sorpresa en mí. Solo esa sensación extraña de estar exactamente donde debía estar.
—Sabes que estoy aquí porque tú me pensaste —continuó—. Porque me llevas dando vueltas desde antes de dormirte.
Se detuvo frente a mí.
Demasiado cerca para ser casual. Demasiado tranquila para ser inocente.
—Y sabes algo más —añadió, inclinando ligeramente la cabeza—: en los sueños no hace falta mentirse.
Ahí me quedé mirándola, con la certeza inquietante de que lo que venía después no iba a ser amable… pero sí honesto.
Se acercó despacio, como si supiera que no podía huir ni quería hacerlo.
Su mirada me atravesaba con una seguridad casi cruel.
—Te gusta lo que ves —dijo, sin preguntar—. Siempre te ha gustado.
Llevó las manos hacia su pecho, no para mostrarse, sino para recordarme que estaba ahí. Que era real dentro del sueño. Que yo la estaba mirando.
cuckold


—Pero no te gusta por las razones normales —continuó, con una sonrisa torcida—. No es solo deseo. Yo sé exactamente por qué te calientan.
Se inclinó un poco hacia mí.
—Estas tetas… aunque a veces sean tuyas en tu cabeza, también lo han sido para otros. Y eso es lo que de verdad te enciende.
Se rió bajito. No con burla vacía, sino con conocimiento.
—Hay gente que me mira y piensa “mujer fácil”. Que cree que porque me dejé usar, porque otros me tocaron, porque otros me desearon… eso me quita valor.
Negó lentamente con la cabeza.
—Pero tú no lo ves así, ¿verdad?
Se acercó aún más, hasta que su voz fue casi un susurro.
—Tú lo ves desde otro lugar. Desde el morbo. Desde la calentura de saber que no fuiste el único. Que no eres el único. Que nunca lo serás.
Me sostuvo la mirada.
—Y eso… eso es lo que más me gusta de ti.
De pronto, algo cambió en la escena.
Su cuerpo ya no era el mismo de antes. Había semen sobre ella. Rastros evidentes de algo que no venía de mí, de algo ajeno, reciente, imposible de ignorar.
incesto


Se dio cuenta de inmediato de hacia dónde miraban mis ojos.
Sonrió.
—Creo que te gustan más así, ¿no? —dijo, con una voz dulce, casi burlona.
Levantó un poco el pecho, como si lo exhibiera con intención.
—Marcadas. Usadas. Con señales que no son tuyas.
Se rió, una risa lenta, provocadora.
—Así me dejaron… —hizo una pausa, disfrutando mi silencio—. Adrian.
O Samuel. Da igual el nombre.
Se encogió de hombros, restándole importancia.
—Al final, todos hacen lo mismo.
Se acercó un paso más.
—Y lo que tú no sabes —continuó, bajando la voz— es que no fueron solo ellos.
Me miró con intensidad, como si quisiera asegurarse de que entendiera.
—Muchos más me han dejado así.
Su sonrisa se ensanchó.
—Y aun así… aquí estás. Mirándome. Deseándome más que nunca.
Ella levantó el pecho con ambas manos y lo movió lentamente, sin pudor, como si supiera exactamente el efecto que tenía en mí. No había inocencia en el gesto. Era provocación pura.
sexo


—Así… —dijo—. Recién usadas. Con huellas que no son tuyas.
Me miró de reojo, disfrutando mi silencio.
—Para cualquiera esto sería algo que no querría —continuó—. Algo que daría vergüenza.
Pero para ti no, ¿verdad?
Se rió, una risa suave, cruel.
—¿Te excita saber que alguien más estuvo aquí antes? —preguntó—. Yo sé que sí.
Se inclinó un poco hacia mí, bajando la voz.
—Te gusta más saber que dejaron su leche… que ahora puedes tocarme, pero no como si fueras el primero.
Como si llegaras después.
Volvió a reírse, mirándome de arriba abajo.
—Porque para ellos fui un juego —añadió—. Un cuerpo que se usó.
Y tú…
Hizo una pausa, observando mi reacción.
—Tú prefieres el juguete cuando ya fue usado.
Sus ojos brillaban mientras me veía desarmarme por dentro, incapaz de negar lo evidente.
—Mírate —susurró—. Así me quieres. Así te derrites.
Ella me miró con una sonrisa lenta, satisfecha, como si ya supiera exactamente lo que estaba provocando.
—Mírate —dijo—. Esa cara… esa felicidad.
Sabes lo que va a pasar, ¿no?
Se acercó un poco más, invadiendo mi espacio.
—Ven —susurró—. Disfruta las sobras.
No lo decía con ternura; lo decía con burla, con esa crueldad dulce que solo existe en los sueños. Me guió hacia ella, metiendo mi pene entre sus tetas, marcando el ritmo y dejándome claro que no estaba tomando nada… solo aceptando lo que me ofrecía.
cornudo


—Nunca te había visto disfrutar así —continuó—. Y eso es lo que más me gusta.
—¿Sabes por qué se siente distinto? —preguntó—. Porque ya están calentitas; por otras vergas ya fueron usadas.
Me observaba reaccionar, completamente consciente de cada gesto.
—Así quedaron —añadió—. Por ellos.
Por Adrian. Por Samuel. Da igual el nombre.
Hizo una pausa, dejando que la idea se asentara.
—Y aun así, aquí estás tú… —dijo—, aprovechando lo que dejaron, usando su semen como lubricante para deslizar mejor tu verga.
Se inclinó hacia mí, voz cargada de ironía.
—Te gusta más cuando ya no es limpio.
Cuando ya no es exclusivo.
Cuando sabes que estás llegando después.
Volvió a reírse, despacio, disfrutando mi entrega.
—Admítelo —susurró—. Para ti… siempre funciona mejor así.
Y mientras el sueño me envolvía por completo, ella seguía ahí, guiando, burlándose, recordándome exactamente por qué esa fantasía me consumía tanto.
Me aparté apenas, todavía atrapado en esa tensión que ella manejaba como si fuera un juego.
—Alto —dijo de repente, alzando una ceja—.
¿Ya? ¿Tan rápido?
Sonrió con burla, disfrutando verme al borde.
—Si te vas a correr ahora, sería una lástima —añadió—.
Todavía no te he mostrado todo.
Se inclinó un poco hacia atrás, evaluándome de arriba abajo, como si leyera cada reacción en mi cuerpo.
hotwife


—Si te gustaron así… —dijo, señalándose con un gesto lento— …esto también te va a gustar.
Su mano me detuvo con firmeza, no para acelerar, sino para recordarme que el control seguía siendo suyo.
—Mi boca —susurró—.
Sabes que también te gusta.
Rió suavemente, una risa cargada de intención.
—Si supieras cuántos han pasado por ahí… —continuó—.
Y no me refiero solo a besos.
Y no me refiero solo a besos.
Hizo una pausa, saboreando el efecto de sus palabras.
—Me encanta chupar vergas —dijo—.
Y me encanta que tú lo sepas.
Ella se acercó un poco más y, sin decir nada, me miró con una mirada perversa, como quien está a punto de mostrarme algo que me va a encantar, y abrió su boca.
cornudo consentido


—¿Ves? —dijo finalmente, con voz suave y cruel al mismo tiempo—.
¿Notas cuánto uso tiene?
Se rió, una risa baja, casi orgullosa.
—A veces siento que no es solo una boca —continuó—, sino un depósito de leche público.
Se inclinó hacia mí, sabiendo exactamente lo que esas palabras hacían en mi cabeza.
—Y lo peor… —añadió— es que a ti eso no te espanta.
Te enciende.
Me miró como si me hubiera descubierto por completo.
—Te gusta imaginar cuántos pasaron antes.
Cuánto quedó.
Cuánto ya no es solo mío.
Su sonrisa se ensanchó, satisfecha al verme reaccionar sin que ella tuviera que hacer nada más.
Acerqué mi pene a su boca, esperando que ella me chupara mi verga, pero no hizo lo que yo quería.
Ella sonrió.
—¿De verdad pensaste que te lo iba a dar así? —susurró—.
Primero tienes que sentirlo.
Hizo un gesto dejando caer sobre mi pene todo ese semen que había estado guardando. No lo vi venir con claridad, pero lo sentí en la forma en que reaccioné, en cómo mi cuerpo entendió el mensaje antes que mi mente.
puta

esposa puta


—Disfrútalo —continuó, con una burla suave—.
Todo esa leche… no es tuya.
Se acercó más, su voz rozándome.
—Es lo que quedó de otros.
De ellos.
De todo lo que hice antes de ti.
Se rió despacio, satisfecha.
—Me tomó tiempo tenerlo ahí —añadió—.
Y ahora corre sobre ti.
Me miró como si me estuviera marcando.
—Eso es lo que te excita, ¿no?
No tocarme limpia…
sino sentirme después.
Su mirada se clavó en mí, sabiendo que cada palabra era suficiente para llevarme al límite sin hacer nada más.
Fue ahí cuando dejé de resistirme y decidí probar su boca.
cornudo feliz


—Está caliente… —murmuré al fin, con la voz baja, rendida—.
Caliente después de haber sido usada.
Ella no se apartó. Al contrario. Su reacción fue una sonrisa suave, satisfecha, como si esa confesión fuera exactamente lo que estaba esperando oír.
—Lo sé —respondió—.
Por eso te gusta.
Su mirada se alzaba hacia mí, segura, dominante, consciente de todo el poder que tenía en ese instante.
—No porque sea tuya —añadió—.
Sino porque no lo es del todo.
Y en ese momento, dentro del sueño, me entregué por completo a la fantasía, sin culpa, sin preguntas, dejando que esa sensación —mezcla de deseo, humillación y aceptación— me atravesara entero.
El sueño empezó a diluirse sin aviso.
La imagen de María se volvió borrosa, como si alguien bajara lentamente la intensidad de la luz. Su voz se alejaba, su risa se estiraba en el aire… y justo cuando mi cuerpo estaba a punto de perderse del todo en esa fantasía, sentí algo distinto. Real. Cercano.
Abrí los ojos a medias.
La habitación era la mía. La luz tenue de la mañana apenas se filtraba. El peso de las sábanas seguía ahí… pero la sensación no había desaparecido. Al contrario. Continuaba, constante, deliberada, escondida bajo la tela.
Tardé unos segundos en entenderlo.
Mi prima Valeria.
Juguete de todos, Amor mío - Capítulo 7


Mi mente todavía estaba atrapada entre el sueño y la realidad. Por un instante, todo se mezcló: lo que acababa de imaginar y lo que estaba ocurriendo de verdad. No pregunté. No me moví. No quise romper nada.
Solo dejé que pasara.
Ella no dijo una palabra. No hizo ruido innecesario. Parecía concentrada, decidida a terminar algo que —desde mi perspectiva confusa— ya venía en marcha desde antes de despertar.
cuckold


Cerré los ojos de nuevo.
No pensé en por qué.
No pensé en si estaba bien o mal.
No pensé en nada.
Simplemente seguí el ritmo, dejé que mi cuerpo reaccionara, que la fantasía se fundiera con el momento. Como si Valeria hubiera tomado el relevo exacto de lo que María había empezado en mi cabeza.
Cuando acabé, el silencio volvió a instalarse en la habitación.
incesto


Las sábanas se acomodaron.
El colchón crujió apenas.
Sentí cómo ella se alejaba con naturalidad, como si nada extraordinario hubiera ocurrido, como si ese gesto hubiera sido solo una extensión más de la noche. Escuché la puerta abrirse y cerrarse suavemente. Pasos alejándose hacia la cocina. El inicio de un día cualquiera.
Yo me quedé ahí, inmóvil.
Con el corazón acelerado.
La mente revuelta.
Y una sola certeza incómoda creciendo en el fondo:
Ya no sabía dónde terminaban mis sueños…
y dónde empezaban mis deseos.
Me quedé solo en la cama, mirando el techo, con el cuerpo todavía sensible y la cabeza hecha un nudo. No intenté ordenar nada. No busqué explicaciones. Solo respiré hondo, dejando que el eco de la noche —el sueño, mi prima, mis pensamientos— se asentara dentro de mí.
Entonces el celular vibró.
El sonido fue seco, breve, pero suficiente para tensarme de inmediato. Giré la cabeza y vi la pantalla encenderse sobre la mesa de noche.
Un nombre.
María.
Abrí el mensaje.
—Hola, ¿podemos hablar? Estuve toda la noche pensando en lo que me dijiste.
Y en ese instante entendí que nada se había cerrado realmente.
Que lo que acababa de vivir no era un final…
sino apenas el inicio de algo mucho más profundo.

0 comentarios - Juguete de todos, Amor mío - Capítulo 7