You are now viewing Poringa in Spanish.
Switch to English

Mi esposa de tierna inocente a puta virtual

Después de esa primera noche con el tipo de 25 cm, Elena cambió. Mi esposa reservada, con su cuerpo voluptuoso que siempre había escondido bajo ropa holgada, ahora caminaba por la casa con lencería que yo le compraba: tangas que se perdían entre sus nalgas envidiables, sostenes que apenas contenían sus tetas pesadas. Su cabello afro rojizo caía salvaje sobre sus hombros, y esas pecas en su nariz y mejillas se encendían cada vez que me miraba con ojos lujuriosos. “No puedo creer que lo hice”, me decía mientras se tocaba en la cama, recordando cómo se había estirado y gritado. Pero también había un vacío: quería más, pero no estaba lista para repetir con extraños en persona. “Algo online, amor”, sugerí yo, el cornudo flaco y calvo que siempre había fantaseado con verla degradada. “Apps como Omegle, Chatroulette o Ome.tv. Anónimas. Solo mostramos lo que queremos… y obedecemos si nos gusta”.Ella dudó al principio, mordiéndose el labio con esa cara inocente que contrastaba con su culo redondo. “¿Y si nos graban?”. Yo sonreí: “Eso es lo que excita. Tú eliges cuándo parar”. Accedió esa misma noche. Nos sentamos en el sofá, yo con la laptop abierta, cámara enfocada en su cuerpo desde el cuello para abajo para mantener anonimato. Elena se puso un conjunto negro: top corto que marcaba sus curvas envidiables, shorts ajustados que se clavaban en su culo. Yo me quedé al lado, fuera de cuadro, pero con mi polla dura en los pantalones, listo para sugerir y humillarme.Empezamos en Omegle. El primer chat fue aburrido: un tipo cualquiera que se desconectó al ver que no mostrábamos cara. Pero el segundo… un hombre de unos 30 años, atlético, se mostró desde abajo. Sacó una polla de 22 cm, gruesa y venosa. Elena jadeó, sus pecas ardiendo bajo el rubor. “Dios… es grande”, murmuró. El tipo escribió: “Muéstrame tu culo, puta. Y dile a tu marido que mire”.Elena se levantó, se giró y se bajó los shorts despacio, exponiendo su culo envidiable, las nalgas separadas para mostrar el ano rosado. Yo susurré: “Obedece, amor”. Ella miró hacia atrás: “Mírame, cornudo. Este desconocido me manda”. El tipo ordenó: “Escribe ‘Big Dick Slut’ en tus nalgas con marcador”. Elena tomó el marcador que yo le pasé, se inclinó y escribió torpemente en su propia piel, las letras torcidas pero visibles. Luego insertó dos dedos en su coño como él mandó. “Ahora dile a tu marido que se masturbe viéndote”. Yo saqué la polla y obedecí, humillado: “Sí… me masturbo viéndote obedecer a un extraño con polla grande”. El tipo se corrió en pantalla, y desconectó.Elena estaba mojada, temblando. “Más”, dijo. Cambiamos a Chatroulette. Esta vez conectamos con un grupo: dos hombres, uno con polla de 20 cm, el otro más gruesa. “Humillen al cornudo”, escribió uno. Elena se rio, excitada. Se quitó el top, sus tetas voluptuosas saltando libres. “Mi marido es flaco y calvo, con polla pequeña. Mírenlo”. Me hizo entrar en cuadro, mi cabeza calva brillando bajo la luz, masturbándome lento. Los tipos ordenaron: “Inserta una botella en tu coño, puta. Y dile al cornudo que no te puede tocar esta semana”. Elena tomó una botella de cerveza vacía de la mesa, la escupió y la empujó despacio en su entrada, gimiendo: “Mira, amor… la meto por ellos… no por ti”. Yo gemí: “Sí… soy un cornudo inútil”. Ellos se rieron en chat: “Patético. Ahora escribe ‘Cornudo’s Wife – Owned by Strangers’ en sus tetas”. Elena obedeció, las letras negras contrastando con sus pecas. Se corrieron viéndola follarse con la botella, desconectando después.Para Ome.tv, Elena ya estaba desatada. Se quitó todo, quedando desnuda en el sofá, piernas abiertas. Conectamos con un tipo solo, polla enorme de 25 cm, similar al primero real. “Obedece todo, puta casada”, escribió. Ordenó: “Inserta el control remoto del TV en tu ano”. Elena lo tomó, lo lubricó con saliva y lo empujó adentro, gimiendo fuerte, su culo envidiable tragándoselo. “Ahora dile al cornudo que lama el suelo donde gotéas”. Yo me arrodillé, lamiendo sus jugos del piso mientras ella se tocaba. “Mira qué patético es mi marido”, dijo ella a la cámara. “Lame mi mojadura mientras obedezco a tu polla grande”. El tipo: “Escribe ‘I Love Big Cocks’ en tu cara”. Elena tomó el marcador, se escribió en las mejillas pecosas. Luego insertó tres dedos en el coño junto al control en el ano. “Humíllalo más: dile que su polla nunca te llenó como esto”. Elena miró hacia mí: “Amor… tu polla chiquita nunca me hizo gritar como estos extraños. Eres un cornudo que solo mira”. Yo me corrí en el piso, humillado hasta el fondo.Esa noche duró horas, saltando entre apps. Elena acabó exhausta, el cuerpo escrito como un graffiti: insultos en tetas, culo, cara; objetos insertados y sacados (botellas, controles, hasta un plátano que uno ordenó que comiera después). Yo grabé todo, mi calva sudada, cuerpo flaco temblando de excitación. Al final, Elena se acurrucó conmigo, pero con voz lujuriosa: “Esto es solo el comienzo. Mañana… llama a tus amigos. Quiero real otra vez”.Mi esposa de tierna inocente a puta virtual

2 comentarios - Mi esposa de tierna inocente a puta virtual

Ginza94
Quisiera ser el siguiente