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Follando en el probador con la amiga de mi novia

Todo empezó porque ella y su mejor amiga, Lizeth, tenían una fiesta ese fin de semana y quisieron ir de compras para verse increíbles. La tienda estaba llena de gente, con música de fondo y ese olor a tela nueva mezclado con perfumes caros. Ellas dos iban de estante en estante, probándose vestidos que se pegaban al cuerpo, ropa casual que dejaba ver un poco de piel, y sobre todo trajes de baño que imaginaba cómo les quedarían en la playa.

Yo las acompañaba, medio distraído al principio, pero ya había notado unas miradas raras de Lizeth hacia mí en otras salidas. Como cuando nos juntábamos los tres y ella me rozaba "sin querer" el brazo, o me sonreía de una forma que parecía decir algo más. Pensaba que era pura imaginación mía, quizás solo era amigable, pero ese día la tensión estaba en el aire. Mi novia estaba super animada, riéndose con Lizeth mientras comparaban bikinis.

En un momento, mi novia y yo nos apartamos un poco a una sección de trajes de baño. Ella sostenía uno negro con tiras finas, y yo no pude resistirme. Me puse atrás suyo, abrazándola por la cintura, y empecé a acariciar sus piernas suavecito, subiendo las manos por sus muslos mientras le besaba el cuello. Su piel estaba cálida, y sentí cómo se erizaba bajo mis dedos. El olor de su shampoo me volvía loco, y noté que su respiración se aceleraba, un jadeo bajito escapando de sus labios.

- Mmm, amor, eso se siente bien... pero estamos en público – murmuró ella, girando un poco la cabeza para mirarme, con los ojos brillantes de excitación.

- Solo un poquito, imagínate cómo te verías en esto... me estás poniendo caliente solo de pensarlo – le respondí bajito, apretándola más contra mí para que sintiera mi erección empezando a crecer.

Ella se rio suave, mordiéndose el labio, y me apartó con una mano juguetona en el pecho.

- Para, travieso. Voy a entrar al probador a probármelos. Quizás te mande una sorpresa si te portas bien – dijo guiñándome un ojo, con esa sonrisa pícara que me encanta, antes de cerrar la cortina del vestidor.

Ahí me quedé esperando con Lizeth afuera, en el pasillo estrecho entre los estantes. Yo seguía excitado por lo de antes, con la polla semi-dura bajo los pantalones, y el corazón latiéndome rápido. Lizeth se acercó más de lo normal, revisando las perchas con bikinis, inclinándose deliberadamente para que su culo redondo, cubierto por esa minifalda corta, quedara pegadito a mi entrepierna. Sentí el roce suave de su piel contra mí, y un calor subiendo por mi cuerpo. Rozaba sus manos con las mías "accidentalmente" mientras agarraba una prenda, o pegaba su pecho a mi brazo como si nada, su perfume dulce invadiendo el espacio entre nosotros.

- Oye, ¿qué te parece este bikini para tu novia? – me preguntó ella, sosteniendo uno rojo con una sonrisa coqueta, girando para que viera cómo le quedaría imaginariamente.

- Le quedaría genial, pero a ti también te sentaría bien – le dije, juguetón, sin pensarlo mucho, solo para ver su reacción.

Ella se rio bajito, acercándose más, su aliento cálido cerca de mi oreja.

- ¿Ah, sí? ¿Crees que me vería sexy en él? – murmuró, con una voz ronca que me hizo tragar saliva.

La tensión era palpable, como electricidad en el aire. Yo sentía mi pulso acelerado, y notaba cómo ella se mordía el labio, mirándome de reojo. Decidí arriesgarme un poco más, no como un idiota agresivo, solo probando el agua. Metí la mano por debajo de su minifalda discretamente y apreté su nalga, sintiendo lo firme y suave que era, cálida bajo mis dedos. Ella se detuvo en shock, su cuerpo tensándose, y pude oír su respiración haciéndose pesada, como jadeos cortos y entrecortados. Pero no se apartó, al contrario, se arqueó un poquito hacia atrás.

- ¿Qué estás haciendo? – susurró ella, pero sin sonar molesta, más bien excitada, con los ojos vidriosos.

- Solo jugando un poco... he notado tus miraditas, Liz, y cómo te arrimas. Pareces una zorrita juguetona queriendo atención – le respondí bajito al oído, manoseándola un rato más, sintiendo cómo su piel se calentaba.

Ella gimió suave, palabras entrecortadas saliendo de su boca.

- Mmm... sí... no pares... pero tu novia está al lado – murmuró, con una mezcla de culpa y deseo en la voz, mordiéndose el labio más fuerte.

Me separé un poco y ella volteó a verme, con los ojos llenos de lujuria, como si estuviera perdida en el momento. Levantó la falda discretamente, mostrándome sus bragas mojadas, el tejido pegado a su coño por la humedad, un olor sutil a excitación flotando en el aire.

- Dios, Liz... estás empapada – le dije, mi voz ronca, sintiendo mi polla endurecerse por completo.

- Es por ti... no aguanto más – respondió ella, jadeando, agarrando unos bikinis de la percha y mi mano al mismo tiempo.

Como no había nadie vigilando los probadores, tiró de mí hacia el cubículo contiguo al de mi novia, cerrando la cortina detrás de nosotros. El espacio era chiquito, con un espejo que reflejaba todo, y el corazón me latía como loco sabiendo que mi novia estaba a solo una pared de distancia.

Una vez dentro del vestidor, el espacio era tan chiquito que nuestros cuerpos se pegaban inevitablemente, el espejo reflejando cada movimiento, y el aire se sentía más caliente, como si el deseo lo estuviera cargando. Sabía que mi novia estaba justo al lado, a solo una pared delgada de distancia, y eso hacía que el pulso me latiera en los oídos, una mezcla de adrenalina y excitación que me ponía la piel de gallina. Lizeth cerró la cortina con un tirón rápido, y se volteó hacia mí, su pecho subiendo y bajando rápido por la respiración agitada.

- Dios, no puedo creer que estemos haciendo esto... tu novia está ahí mismo – susurró ella, con la voz temblorosa, pero sus ojos decían lo contrario, llenos de esa lujuria cruda que me hacía querer más.

- Solo estoy jugando un rato contigo, Liz... pero admito que me tienes caliente con esa actitud tuya – le respondí bajito, sentándome en el banquito, tirando de ella para que se acercara.

Empezó un striptease improvisado, quitándose la blusa despacio mientras me besaba con hambre, sus labios suaves y húmedos presionando contra los míos, su lengua enredándose con la mía en un beso profundo que sabía a menta y deseo. Sus manos bajaron a mi pantalón, desabrochándolo mientras yo le apretaba las tetas por encima del sostén, sintiendo los pezones endurecidos como piedritas bajo la tela. Se probó un bikini azul, girando para mí, su culo perfecto expuesto, y se sonrojó un poco.

- ¿Te gusta cómo me queda? Me siento tan expuesta... – murmuró avergonzada, pero con una sonrisa juguetona, mordiéndose el labio inferior.

- Sí, putita, te ves deliciosa... pero eres una mala amiga por tentarme así – le dije, juguetón, pellizcando su nalga firme, sintiendo cómo su piel se calentaba bajo mis dedos, un gemido escapando de su garganta.

Apreté sus tetas más fuerte, rodando los pezones entre mis dedos hasta que jadeaba, su cuerpo arqueándose hacia mí. El calor nos ganó por completo; se quitó el bikini y se montó sobre mí desnuda, su piel sudorosa pegándose a la mía. Saqué mi verga, dura como una roca y palpitante, el pre-semen goteando de la punta, y ella se hundió en mí despacio al principio, su coño apretado y empapado envolviéndome centímetro a centímetro, resbaladizo por sus jugos calientes que chorreaban por mis bolas.

- Ahh... estás tan grande... me llenas todo – gimió ella bajito, empezando a moverse arriba y abajo, sus tetas rebotando con cada movimiento.

Empezamos a follar con pasión, yo embistiendo hacia arriba con fuerza, tapándole la boca con la mano para ahogar sus gemidos, el olor a sexo llenando el aire estrecho – sudor salado mezclado con su aroma femenino dulce y almizclado. Cada embestida hacía un sonido húmedo, como chapoteos, sus paredes internas contrayéndose alrededor de mi polla, pulsando con cada golpe profundo que le daba, sintiendo cómo su clítoris rozaba contra mi pelvis.

Mientras follábamos como animales en celo, mi teléfono vibró en el bolsillo. Eran mensajes de mi novia: fotos de ella en bikinis, posando con curvas expuestas, preguntando cuál me gustaba más. Le mostré una a Lizeth sin parar, embistiendo más hondo.

- Mira, tu amiga posando para mí mientras te clavo la verga... qué ironía – le susurré, juguetón, sintiendo cómo su coño se apretaba más por la excitación.

- Mmm, sí... es tan caliente... pero no pares, por favor – respondió ella entre jadeos, sus uñas clavándose en mis hombros, dejando marcas rojas.

Luego llegó el video: mi novia desnuda frente al espejo del probador vecino, masturbándose con dedos rápidos metiéndose en su coño húmedo y brillante, haciendo expresiones de ahegao con la lengua afuera y los ojos en blanco, gimiendo en la grabación como una puta en calor. Casi me corro solo de verlo, la situación era tan jodidamente tensa y erótica, con el riesgo latiendo en cada segundo.

Se lo mostré a Lizeth mientras la follaba más fuerte, mi polla entrando y saliendo de su coño chorreante con un ritmo brutal, el jugo goteando por mis muslos, el calor de su interior quemándome.

- Escucha a tu amiga gimiendo mientras te follo... ¿te pone más cachonda? – le pregunté, con voz ronca, juguetón pero dominante.

- Sí... dios, sí... me hace querer gritar – rogaba ella, sus piernas temblando, el sudor rodando por su espalda curva.

De repente, escuchamos la puerta del probador de al lado abrirse; mi novia salía, sus pasos ligeros acercándose. Embestí con toda la fuerza, golpeando su punto G, y Lizeth soltó un gemido alto e incontrolable, su cuerpo convulsionando de placer.

Mi novia se paró frente a nuestra puerta.

- ¿Liz? ¿Eres tú ahí? Oí un ruido raro... ¿estás bien? – preguntó, con tono preocupado pero curioso, como si intuyera algo extraño en el aire.

Yo no paré, seguí follándola despacio pero profundo, sintiendo cómo su coño se contraía por el pánico y el éxtasis, sus jugos fluyendo más, empapándonos a ambos, sus piernas temblando alrededor de mi cintura.

Lizeth, con voz ahogada y entrecortada, respondió mientras yo la embestía:

- S-sí... me tropecé con la ropa... ay, qué torpe soy – dijo, fingiendo una risa, pero su voz salía ronca, cargada de placer.

Mi novia se rio suave.

- Jaja, siempre tan distraída. Oye, ¿has visto a mi novio? No lo encuentro por ningún lado.

Lizeth me miró con ojos suplicantes, sus pupilas dilatadas, mientras yo seguía moviéndome dentro de ella, sintiendo cada pulso de su interior.

- Eh... salió un momento, amor. Recibió unos mensajes y dijo que iba al baño o algo – mintió Lizeth, mordiéndose el labio tan fuerte que casi sangra para no gemir, su coño apretándome como un vicio.

Mi novia suspiró riendo.

- Típico de él, siempre pegado al teléfono. Vale, te espero afuera entonces.

Sus pasos se alejaron, y el alivio nos invadió, pero la tensión solo hizo que el sexo fuera más intenso. Ya solos en los vestidores, pudimos subir el volumen un poco, aunque seguíamos susurrando.

- Por favor, no pares... dame más, necesito tu verga tan profundo – rogaba Lizeth, moviendo las caderas como loca, su coño chorreando audiblemente, el olor a sexo ahora abrumador, sudor y fluidos mezclados en el aire caliente.

- Mira qué necesitada estás, putita... pero solo estoy jugando contigo, no te acostumbres – le respondí juguetón, burlándome un poco mientras embestía con intensidad, sintiendo mi polla hincharse dentro de ella, cada vena pulsando contra sus paredes resbaladizas.

Estaba a punto de correrme, el placer acumulándose en mis bolas, mi polla palpitando salvajemente.

- Sácala... quiero probar tu leche – me pidió jadeando, sus ojos fijos en los míos con pura lujuria.

Se arrodilló frente a mí en el piso estrecho, mamándome con avidez, su boca caliente y húmeda envolviendo la cabeza, lamiendo el eje con la lengua plana y áspera, succionando profundo hasta que sentía su garganta contraerse alrededor de mí. El sabor salado de sus propios jugos en mi polla mezclado con su saliva era embriagador, y sus gemidos vibraban a lo largo de mi longitud. No aguanté mucho; la saqué y me corrí en chorros calientes y espesos por toda su cara, cubriendo sus mejillas sonrojadas, labios hinchados y barbilla con mi semen blanco y pegajoso, goteando hasta sus tetas.

- Mmm... tan caliente... delicioso – murmuró ella, limpiándose con la lengua, tragando todo lentamente, relamiéndose como una gata satisfecha, antes de levantarse para besarme, el sabor salado y amargo aún fresco en su boca, nuestras lenguas bailando en un beso sucio y apasionado.

Se vistió rápido, ajustándose la minifalda con manos temblorosas, y salió primero, distrayendo a mi novia llevándola a otra sección de la tienda con alguna excusa sobre un vestido que había visto.

- Ven, amiga, mira esto que encontré... te va a encantar – le oí decir a Lizeth, su voz aún un poco ronca.

Yo salí sigiloso unos minutos después, uniéndome a ellas como si nada hubiera pasado, el corazón aún latiéndome fuerte. Besé a mi novia con lujuria, pegándome a ella, susurrándole al oído mientras olía su perfume inocente.

- Tus mensajes me pusieron durísimo, amor... no veo la hora de verte en esos bikinis y quitártelos yo mismo.

Ella se rio, sonrojándose, ajena a todo.

- Mmm, travieso... pues espérate a la fiesta.

Detrás de ella, Lizeth me miró con esa expresión de pura lascivia, levantando ligeramente su minifalda para dejarme ver sus bragas aún empapadas y manchadas, su coño visiblemente hinchado a través de la tela, como prometiendo que esto era solo el comienzo. Fue una infidelidad perfecta, justo bajo las narices de mi novia, y ella ni idea, pero la tensión entre los tres seguía flotando, electrificando el aire.
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