Con esto doy por finalizada la serie, gracias por leer dejen sus puntos si les gustó. 😉😘
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El kiosko de la esquina, regentado por un hombre pequeño y amargado llamado Don MatÃas, era el centro neurálgico del barrio. Todos los chismes pasaban por allÃ. Elena, en una jugada maestra, decidió que era hora de que Don MatÃas dejara de vender chismes y empezara a probar el producto.
Lo citó una tarde, bajo el pretexto de comprar cigarrillos. Cuando llegó, Roberto lo esperaba dentro, de rodillas, con una lata de lubricante al lado. "Don MatÃas", dijo Elena con una voz de seductora. "Sabemos todo lo que murmuras de nosotros. Hoy tienes dos opciones: o sigues murmurando desde fuera, o entras y te conviertes en uno de los que se rÃen desde dentro. La elección es tuya".
Don MatÃas, un hombre cuyo único poder era el control que ejercÃa desde su pequeño imperio de periódicos y golosinas, se vio fascinado. Cerró el kiosko, puso el cartel de "Cerrado" y entró. Miró a Roberto arrodillado y una sonrisa turvia se dibujó en su cara. "Asà que el gran hombre de la casa se ha convertido en el agujero del barrio. Qué puta ironÃa".
Se desabrochó el pantalón, revelando un miembro sorprendentemente largo y delgado. "De rodillas, mequetrefe. Voy a joderte hasta que te duela el alma". No fue una violación, fue una conquista. Don MatÃas lo tomó con una ferocidad acumulada durante años de impotencia. Lo follo por el culo, primero con los dedos, luego con su polla, sin piedad, insultándolo, llamándolo "maricón sumiso" y "esclavo de puerta". Roberto gemÃa, no de dolor, sino de pura y absoluta rendición. Cada embestida de Don MatÃas era un clavo más en el ataúd de su antiguo yo.
A partir de ese dÃa, el kiosko se convirtió en el punto de encuentro. Don MatÃas se jactaba de ser "el que doma al puto". A veces, durante la noche, llevaba a Roberto al kiosko y lo follarÃa entre las estanterÃas, sobre los periódicos del dÃa, mientras el olor a tabaco y a dulces se mezclaba con el olor a sexo. Roberto se convirtió en su atracción estrella, el secreto mejor guardado y peor vigilado del barrio
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El kiosko de la esquina, regentado por un hombre pequeño y amargado llamado Don MatÃas, era el centro neurálgico del barrio. Todos los chismes pasaban por allÃ. Elena, en una jugada maestra, decidió que era hora de que Don MatÃas dejara de vender chismes y empezara a probar el producto.
Lo citó una tarde, bajo el pretexto de comprar cigarrillos. Cuando llegó, Roberto lo esperaba dentro, de rodillas, con una lata de lubricante al lado. "Don MatÃas", dijo Elena con una voz de seductora. "Sabemos todo lo que murmuras de nosotros. Hoy tienes dos opciones: o sigues murmurando desde fuera, o entras y te conviertes en uno de los que se rÃen desde dentro. La elección es tuya".
Don MatÃas, un hombre cuyo único poder era el control que ejercÃa desde su pequeño imperio de periódicos y golosinas, se vio fascinado. Cerró el kiosko, puso el cartel de "Cerrado" y entró. Miró a Roberto arrodillado y una sonrisa turvia se dibujó en su cara. "Asà que el gran hombre de la casa se ha convertido en el agujero del barrio. Qué puta ironÃa".
Se desabrochó el pantalón, revelando un miembro sorprendentemente largo y delgado. "De rodillas, mequetrefe. Voy a joderte hasta que te duela el alma". No fue una violación, fue una conquista. Don MatÃas lo tomó con una ferocidad acumulada durante años de impotencia. Lo follo por el culo, primero con los dedos, luego con su polla, sin piedad, insultándolo, llamándolo "maricón sumiso" y "esclavo de puerta". Roberto gemÃa, no de dolor, sino de pura y absoluta rendición. Cada embestida de Don MatÃas era un clavo más en el ataúd de su antiguo yo.
A partir de ese dÃa, el kiosko se convirtió en el punto de encuentro. Don MatÃas se jactaba de ser "el que doma al puto". A veces, durante la noche, llevaba a Roberto al kiosko y lo follarÃa entre las estanterÃas, sobre los periódicos del dÃa, mientras el olor a tabaco y a dulces se mezclaba con el olor a sexo. Roberto se convirtió en su atracción estrella, el secreto mejor guardado y peor vigilado del barrio
2 comentarios - El verdadero deseo de Roberto 2