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La Joaqui desesperada por sexo

La Joaqui caminaba despacio por las calles de Palermo a las siete de la tarde, capucha negra puesta, auriculares con su propia música sonando bajito. Llevaba un jogging gris ajustado que le marcaba el culo redondo y una remerita blanca corta que dejaba ver un poco de panza tatuada.

La Joaqui desesperada por sexo

 De repente un pibe se le plantó enfrente, nervioso, con una remera negra con su cara estampada.

- Perdoname, Joa… soy tu fan. Me llamo Tomás, tengo 24, te sigo desde siempre. Escucho toda tu música. -

Ella se sacó un auricular, lo miró de arriba abajo con esa sonrisa de lado que la hace peligrosa y le contestó con voz suave, casi tierna:

- Ay, Tomás… qué lindo que sos, boludo. ¿De verdad me escuchás tanto? Me ponés contenta, eh. Dame tu celu. -

Le sacó el teléfono de la mano, se sacó una selfie pegada a su cara, le mandó un beso al aire y después escribió rápido: “Esta noche. 23:30. Avenida Alvear 1500, piso 12. Vení limpio y con ganas. No me falles, eh.”

Le devolvió el celu, le guiñó un ojo y siguió caminando. Tomás se quedó parado en la vereda, con la pija ya dura dentro del jogging.

A las 23:27 exactas tocó el timbre. Ella abrió vestida solo con un short de jean cortísimo y una musculosa blanca sin corpiño, las tetas duras marcándose y los pezones parados. Apenas cerró la puerta lo empujó contra la pared del pasillo, le metió la lengua en la boca y le habló bajito, tierna todavía:

- Viniste… qué bueno, mi amor. Estaba ansiosa, todo el día pensando en vos. -

Pero de repente le bajó el cierre del pantalón, le sacó la pija dura y la apretó fuerte.

- Mirá lo que tenés acá, hijo de puta… qué pija más rica, gruesa, venosa, me la quiero tragar toda. -

Se arrodilló en el piso de madera, lo miró desde abajo con ojos de puta y se la metió entera hasta la garganta en un solo movimiento. La chupaba con ganas, saliva cayéndole por la barbilla, haciendo ruidos húmedos y obscenos. Tomás gemía.

- Joaqui… por Dios… -

Ella sacó la pija un segundo, lo miró y le escupió encima.

- Cállate la boca, boludo. Hoy mando yo. Te voy a comer esta pija hasta que me duela la mandíbula. -

Lo chupó diez minutos seguidos, profundo, lento, rápido, lamiéndole los huevos, metiéndose la cabeza hasta que le lloraban los ojos. Después se levantó, se sacó el short y la bombacha de un tirón. Estaba empapada.

- Mirá cómo me tenés, hijo de re mil puta… mirá lo mojada que estoy por vos. -

Lo llevó al sillón grande del living, se sentó arriba de él y se metió la pija de una sola vez, gritando:

- Ay, la concha de mi madre… qué gruesa… me estás partiendo al medio, boludo… -

Empezó a cabalgarlo como una loca, tetas saltando, uñas clavadas en el pecho de él. Cada vez que bajaba se la metía hasta el fondo y gritaba:

- Más fuerte… cogeme más fuerte, hijo de puta… rompeme la concha… soy tu puta, Tomás… decime que soy tu puta favorita… -

- Sos mi puta favorita, Joaqui… sos una diosa… -

La primera vez la hizo acabar tres veces: una arriba, otra de perrito contra el ventanal con vista a la ciudad, y la última con él arriba, piernas de ella en los hombros, cogiéndola tan fuerte que el sillón se movía. 

Cuando él estaba por acabar ella le apretó las bolas y le dijo: - Adentro, boludo… llename toda… quiero sentir cómo me chorreas. -

Y Tomás explotó adentro de ella, chorros calientes que le salían por los costados mientras ella se corría por cuarta vez mordiéndole el hombro.

A la mañana siguiente, como a las nueve, Tomás se despertó con una boca caliente envolviéndole la pija. Abrió los ojos: La Joaqui estaba completamente desnuda, arrodillada entre sus piernas, chupándosela con una devoción lenta y profunda. Lo miraba fijo, con ojos tiernos.

- Buenos días, mi amor… qué rica pija tenés recién levantada… me la quiero tragar entera, despacito… -

Lo chupaba lento, lengua plana, bajando hasta los huevos, subiendo y metiéndosela hasta la garganta. Tomás ya estaba al borde de acabar en dos minutos.

- Joa… me vengo… -

Ella sacó la pija de la boca con un “plop” húmedo, sonrió con malicia y le dio un beso en la cabeza.

- No, boludito. Hoy no. Te dejo con las bolas llenas para que pienses en mí todo el día.  -

Se levantó, se puso una bata cortita de seda negra que apenas le tapaba el culo y se fue a la cocina.

Dos horas después, cuando Tomás entró al living, ella estaba ahí: lencería roja completa. Corpiño de encaje push-up que le levantaba las tetas y una tanga de hilo que se le metía en el culo. Se paseaba despacio, moviendo el culo, mirándolo por encima del hombro.

joaqui

- ¿Te gusta lo que ves, perrito? Mirá cómo me queda esta lencería… la compré pensando en que me la rompieras… pero hoy no. -

Se acercó, le pasó la mano por el bulto duro.

- Ay, ya estás duro otra vez… qué pajero que sos. -

Tomás la agarró de la cintura, le metió las manos por debajo del corpiño, le apretó las tetas duras, le pellizcó los pezones hasta que ella gimió bajito.

- Así… tocame las tetas, boludo… apretalas fuerte… ay, sí… chupame los pezones… mordelos… -

Le bajó la tanga hasta las rodillas, le metió dos dedos en la concha empapada mientras le chupaba el cuello. Ella se frotaba contra su mano, mojándolo todo, gimiendo como una gata.

- Meteme tres dedos… así… jugá con mi clítoris… ay, la puta madre, qué rico… -

La dejó tocarla casi veinte minutos: dedos en la concha, lengua en las tetas, manos apretándole el culo, un dedo jugando con su orto. Cuando él intentó meterla, ella lo empujó suavemente.

- Todavía no, mi amor. Paciencia. Hoy solo jugamos. -

Esa tarde, La Joaqui estaba en la cocina en corpiño y tanga roja, culo al aire, cocinando milanesas. Tomás se acercó por detrás, le besó la nuca.

- ¿Puedo tocarte mientras cocinás? -

- Podés hacer lo que quieras, boludito… siempre y cuando me termines cogiendo como una perra. -

Le bajó la tanga, le metió la pija de una y empezó a embestirla contra la mesada. Ella gritó fuerte:

- Ay, sí… así… fuerte… rompeme la concha contra la mesada, hijo de puta… metémela toda… más rápido… -

La agarró del pelo, la cogió como un animal mientras ella se agarraba de la mesada y gemía sin parar:

- Decime que soy tu puta… decime que me vas a llenar de leche caliente… -

- Sos mi puta, Joaqui… te voy a llenar toda… -

La hizo acabar dos veces antes de correrse adentro, chorros que le bajaban por las piernas mientras ella temblaba.

Esa noche, alrededor de las once, La Joaqui se metió al baño principal. Tomás escuchó el agua corriendo. Se acercó despacio y espió por la puerta entreabierta.

Ella estaba desnudándose frente al espejo grande. Primero se sacó el corpiño rojo despacio, dejando las tetas al aire, se miró, se las levantó con las manos, se pellizcó los pezones duros y sonrió. Después se bajó la tanga lentamente, abrió las piernas, se tocó la concha un rato, metiéndose dos dedos, mirándose en el espejo y murmurando:

- Qué buena que estoy… qué concha más linda tengo… -

Se metió en la bañera llena de espuma, se recostó, cerró los ojos y empezó a tocarse despacio, gimiendo bajito.

la joaqui

Tomás entró. Ella abrió los ojos y le sonrió con cara de puta.

- Vení, boludo… entrá conmigo. -

Lo desnudó rápido, lo metió en la bañera y se sentó arriba de él. El agua chapoteaba mientras lo montaba lento al principio, después cada vez más fuerte, tetas rebotando contra su cara.

- Cogeme… cogeme fuerte… no pares, hijo de puta… -

La sacó de la bañera, la apoyó contra el lavamanos, la cogió de pie mirándose en el espejo. Después la puso en cuatro sobre la alfombra mojada y la embistió hasta que ella se corrió gritando. Terminaron en la ducha, él atrás, ella con las manos contra los azulejos, agua cayendo, cogiéndola tan fuerte que los dos acabaron juntos, gritando.

La última noche, antes de que Tomás se fuera, La Joaqui lo sentó en el borde de la cama, se arrodilló entre sus piernas y lo miró con ojos llenos de deseo.

- Esta vez sí te dejo acabar… pero quiero todo. Hasta la última gota en mi boca. -

Lo chupó como nunca antes: profundo, baboso, gimiendo todo el tiempo, mirándolo fijo. Le chupaba los huevos, le lamía la cabeza, se la metía hasta la garganta hasta que le lloraban los ojos, saliva cayéndole por las tetas.

- Qué rica pija… me la quiero tragar toda… dame toda tu leche, boludo… llename la boca… quiero tragármela toda… -

Cuando Tomás explotó, ella no sacó ni un centímetro. Tragó todo, gimiendo de placer, lamiendo hasta la última gota, limpiándole la pija con la lengua.

Después se levantó, le dio un beso con lengua con sabor a él y le dijo tiernamente, casi susurrando:

- Volvé cuando quieras, mi amor… esta concha, esta boca y este orto son tuyos cuando se te antoje. -

Y cerró la puerta sonriendo, todavía desnuda, con el labial corrido y la cara de haber sido bien cogida.

1 comentarios - La Joaqui desesperada por sexo

Romilaloca
Que buena fantasía me gustaría que me cojas como a ella