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Historias de Madres📑274

Historias de Madres📑274
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# La Tentación del Verano.

Soy Laura, una madre soltera y sexy, siempre consciente del deseo que despierto en los hombres. Mi hijo, Marcos, de 19 años, es tímido pero no puede ocultar la lujuria en sus ojos cuando me mira.

Sé que se masturba pensando en mí; a veces, encuentro sus sábanas manchadas de semen. Una vez, lo pillé mirando porno en su teléfono, y otra, lo vi espiándome mientras me cambiaba. Nunca le dije, pero su curiosidad y deseo me excitaban.

Un caluroso día de verano, mientras Marcos estaba en la piscina, decidí seducirlo. Me puse un bikini que realza mis curvas y me acerqué a él, mojándome con agua fría.

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"Hace mucho calor, ¿verdad, hijo?" le dije, pasando mis manos por su torso. Él tembló y me miró con deseo. "Sí, mamá," respondió con voz entrecortada.

Lo atraje hacia mi, besando su cuello mientras mis manos exploraban su cuerpo.

"Necesitas relajarte," le susurré, desatando la parte superior de mi bikini, dejando al descubierto mis pechos. Él los miró con los ojos muy abiertos, y los tomé, ofreciéndoselos.

"Chúpalos," le ordené, y él obedeció, succionando mis pezones con avidez.

Lo llevé adentro, desnudándolo lentamente. Su pene estaba duro, y se lo acaricié, haciendo gimiera. "Te enseñaré cómo darle placer a una mujer," le dije, guiándolo hacia el sofá. 

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Me saqué la parte de abajo del bikini y me monté sobre él, le agarre la pija y me lo acomodé dentro de mí concha, cabalgándolo con intensidad, sintiendo cada centímetro de su erección dentro de mí. Gemimos juntos, perdidos el placer.

Lo hice tumbarse boca arriba y me senté sobre su rostro, frotando mi vagina contra su boca.

"Lámeme," le ordené, y él lo hizo con desesperación, haciendo que me corriera en su cara.

Luego, me puse de rodillas y le tomé la pija en mi boca, chupándolo con fuerza hasta que eyaculó en mi garganta.

"No olvides nunca cómo me gusta," le dije, sonriendo. "Ahora sabes cómo complacer a una mujer." Él asintió, una mezcla de gratitud y lujuria en sus ojos. 

Sabía que lo había marcado, que nunca olvidaría este verano de pasión y deseo.

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Pasó una semana desde nuestra primera vez, y el deseo entre nosotros crecía cada día. Marcos no podía sacarme de su mente, y yo, su madre, no podía resistir la tentación de su juventud y su erección.

Una noche, decidí llevarlo aún más lejos. Lo encontré en su habitación, viendo porno en su computadora.

"Hijo," le dije, entrando sin llamar. "Veo que necesitas algo de ayuda con eso."

Me acerqué quitándome la bata que llevaba puesta, revelando mi cuerpo desnudo. Sus ojos se abrieron de par en par, y su pene se endureció bajo sus pantalones.

"Mamá, ¿qué haces?" preguntó, su voz temblando de anticipación.Voy a enseñarte algo nuevo," respondí, subiendo a la cama y arrodillándome frente a él. Desabotoné sus pantalones, liberando su erección.

"Hoy, te enseñaré a cogerme por detrás," le susurré dándome la vuelta y ofreciéndole mi trasero.

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Me incliné hacia adelante, abriendo mis piernas. "Penétrame lentamente," le indiqué, guiando su pene hacia mi vagina. Él obedeció, entrando poco a poco, llenándome la concha por completo.

Gemimos juntos, y comenzó a moverse, primero con cuidado, luego con más intensidad.

"Sí, así," lo animé, moviendo mis caderas al ritmo de sus embestidas. "Más fuerte, Marcos. Cogeme como una puta."

Él aceleró el ritmo, sus manos agarrando mis caderas con fuerza, bombeandome la concha. sus embestidas profundas y rítmicas.

Sentí cómo el placer crecía dentro de mí, y supe que estaba cerca. "Marcos," gemí, voy a correrme. Hazlo conmigo."

Sus movimientos se volvieron frenéticos, y juntos alcanzamos el clímax, nuestros cuerpos temblando de éxtasis.

Caímos exhaustos sobre la cama, nuestros cuerpos entrelazados. "Mamá, fue increíble." Me dijo. "Lo fue, hijo," respondí, acariciando su cabello. "Y esto es solo el comienzo. Hay mucho más que te queda por aprender."

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# Madre e Hija.

Soy Claudia, de 42 años, y vivo con mi hija, Laura, de 19 años. Siempre hemos tenido una relación cercana y abierta, pero nunca imagine que nuestra intimidad llegaría tan lejos.

Una noche, mientras estábamos solas en casa, decidí explorar un nuevo nivel de conexión con ella.

"Laura," le dije, entrando en su habitación mientras se preparaba para dormir, "hoy quiero hablarte de algo especial." Ella me miró con curiosidad, su short corto revelando sus piernas largas y delgadas. "¿De qué, mamá?" preguntó, sentándose en la cama.

"Del placer," respondí, sentándome a su lado. "Del placer que podamos darnos mutuamente." Ella abrió los ojos, sorprendida pero intrigada. "Mamá, ¿a qué te refieres?" preguntó, su voz temblando de anticipación.

"Quiero que nos masturbemos juntas," le dije, tomando su mano y apoyándola a mi entrepierna. "Siente cómo me mojo solo de pensarlo." Ella exploró con cuidado, sus dedos rozando mi clítoris, haciéndome gemir suavemente.

"Mamá," susurró, "nunca he algo hecho así." "Lo sé, mi amor," respondí, besando su cuello. "Pero confía en mí. Te enseñaré cómo disfrutar de tu cuerpo y del mío." La tumbé en la cama y comencé a desnudarla lentamente, besando cada centímetro de su piel.

"Tócate, Laura," le ordené suavemente, guiando su mano hacia su vagina. "Siente tu humedad, tu deseo." Ella obedeció, sus dedos explorando mientras gemía de placer. "Bien, mi amor," la animé, desnudándome también y masturbándome frente a ella. "Siente cómo tus caricias te llevan al éxtasis."

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Nos miramos a los ojos mientras nos tocábamos, nuestros gemidos llenando la habitación. "Mamá," gimió "me voy a correr." "Yo también, mi amor," respondí, acelerando mis movimientos. Juntas alcanzamos el clímax, nuestros cuerpos temblando de éxtasis mientras gritábamos de placer.

Caímos exhaustas, nuestras respiraciones agitadas "Mamá," No sabía que podíamos sentirnos así." "Y esto es solo el comienzo, Laura," respondí, acariciando su cabello.

"Ven, acuéstate a mi lado," le pedí, acariciando el espacio junto a mí. 

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"Ahora, frota tu vagina contra la mía," le ordené, posicionándome sobre ella. "Siente cómo nuestros cuerpos se entrelazan, cómo nuestros deseos se mezclan." Ella obedeció, moviendo sus caderas lentamente, frotándose contra mí mientras gemíamos juntas.

"Sí, así," la animé, acelerando el ritmo. "Siente el placer, déjate llevar." Ella comenzó a moverse con más intensidad, sus pechos apretándose contra los míos, nuestros pezones duros y sensibles.

"Mamá," gimió, "me encanta esto." "A mí también, mi amor," respondí, besando sus labios con pasión.

"Ahora, chupemos nuestros clítoris," le susurré, cambiando de posición. "Siente cómo tu lengua me lleva al éxtasis."

Nos posicionamos de manera que nuestras bocas pudieran alcanzar nuestros clítoris, y comenzamos a chupar y lamer con avidez, sintiendo cómo su lengua me llevaba al borde del orgasmo. "No, Laura. Sigue así."

"Mamá," gimió, "me voy a correr." "Yo también, mi amor," respondí, acelerando mis movimientos. Juntas alcanzamos el clímax, nuestros cuerpos temblando de éxtasis mientras gritábamos placer, nuestras bocas llenas de nuestros fluidos.

Caímos exhaustas, nuestras respiraciones agitadas. "Mamá," susurró, "fue increble. No sabía que podíamos sentirnos así de rico.

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