Pido a mis queridos lectores que lean los anteriores relatos para acabar de comprender totalmente esta nueva vivencia con la yegua de mi Tía.


Un día fui a visitar a mi tía con mi novia. Estábamos en los primeros meses de la relación y follábamos a cada rato. Mi tía nos dejó su habitación y ella se trasladó a la que solía utilizar yo. Para que «podamos tener intimidad» según sus palabras...

Cada mañana mientras dormíamos, ella entraba a sacar la ropa para su trabajo del armario, a veces la veía con los ojos entrecerrados cómo se quedaba observándonos, eso hizo que cada mañana yo intentara excitarla un poco más. La mañana siguiente descubrí la sábana así ella podía ver nuestros cuerpos desnudos en la penumbra de la habitación. Así cada día iría subiendo el voltaje de la escena. Un día le cogí la mano a mi novia y la puse sobre mis huevos, mi tía cada vez se quedaba un rato más, se iba calentando. Era muy puta y yo quería calentarla. Mi novia tenía un culo descomunal y le encantaba que se lo llenara con mi barra cada vez. Una mañana le introduje la pija en el orto y me hice el dormido, cuando mi tía entró se quedó alucinada mirando, y decidió vestirse en la misma habitación, jugaba a que no sabía que la estaba mirando, pero ambos ya sabíamos el juego. Se quitó la toalla que llevaba después de la ducha que se había dado, y poco a poco se fue vistiendo, primero el tanga de hilo dental, luego las medias negras y por encima un vestidito corto de varios colores y los zapatos de yegua puta que siempre utilizaba. Todo lo hacía mientras veía mi enorme verga en el culo de mi amada.

Cuando fue a la cocina a desayunar me levanté y fui a acompañarla un rato disimulando y haciéndome el recién despierto. Ella me vio aún con la verga dura pero disimuló, me preguntó qué tal la estaba pasando, me ofreció un café y fumamos juntos, yo desnudo como siempre, era normal. Me dijo que le encantaba mi novia, y que le parecía bastante puta y que era ideal para mí. También dijo que tenía un muy buen culo, «casi como el mío» dijo riendo...

Una de esas mañana mi novia salió a hacer ejercicio por la mañana sin despertarme, era muy deportista y aprovechó el día tan bueno que hacía. Cuando mi tía entró en la habitación y me vio solo, no aguantó la excitación y quitándose la toalla se recostó en mi cama, de espaldas a mí, con todo su orto casi rozándome la pierna, yo al ver toda la situación me di cuenta que ella quería pasar por mi novia, aprovechando la oscuridad de la habitación.

Poco a poco me fui moviendo hasta tener cerca su agujero, le fui metiendo la cabeza de la pija y noté que la muy puta se había lubricado y dilatado su orto para que yo no notara la diferencia. Así lentamente le metí el tronco hasta los huevos. La culeé un largo rato, ella se hacía la dormida. Bombeé por más de 20 minutos, a diferentes ritmos, a veces casi imperceptiblemente y a veces con fuerza, ella movía su culo y aguantaba el dolor y el placer. Cuando mi chorro de leche inundó su canal fue precioso, con su culo apretaba mi verga y me ordeñaba, la leche salía con mucha presión. Me hice el dormido y ella se levantó sigilosamente tapando su agujero para conservar mi semen.

Al cabo de un rato me levanté y la muy puta estaba desayunando un plátano cubierto de un dulce manjar blanco...

Así era mi tía y así la recuerdo en esos días de verano.