El sabado Fuimos a un club más exclusivo, de esos donde las parejas ya se conocen y el ambiente es más caliente . Yo me puse un enterizo lila claro, escotado hasta casi el ombligo, que apenas contenía mis tetas.
Apenas entramos, las miradas se me fueron encima. Mis pechos se movían con cada paso y yo lo sabía. Él me rodeó la cintura por detrás, me apretó una teta por encima de la tela y me susurró al oído:
—Hoy quiero verte culear
No tardamos en encontrar pareja. Un hombre alto, de piel oscura, bien vestido, y su esposa, una mujer delgada y sexy que no dejaba de mirarme las tetas. Hablaron un rato con nosotros. Después el hombre me miró directo y preguntó:
—¿Tu esposo te presta… o solo deja mirar?
Mi marido sonrió, me dio una nalgada suave y respondió por mí:
—Hoy la presto.
Nos llevaron a una de las habitaciones privadas del fondo. La luz era roja y baja. Había un sofá grande de cuero y una cama. Apenas cerramos la puerta, la otra mujer se me acercó, me bajó un poco el enterizo y sacó una de mis tetas. La chupó con ganas, mordiendo el pezón oscuro mientras su esposo se quitaba la camisa.
Mi marido se sentó en el sofá frente a nosotros, se bajó el pantalón y empezó a masturbarse despacio, mirándome sin pestañear.
—Súbete encima de él —me ordenó.
Obedecí. Me quité el enterizo completo. Quedé desnuda, con las tetas cayendo hacia adelante. El otro hombre se recostó y yo me monté encima. Agarré su verga gruesa, la guié hasta mi entrada y me la fui metiendo despacio, gimiendo mientras sentía cómo me abría. Cuando llegué hasta el fondo, empecé a subirme y bajarme, dejando que mis tetas botaran frente a su cara. Él las agarró con las dos manos y las chupó mientras yo lo culeaba.
Mi esposo no decía nada. Solo se tocaba más rápido, con la mirada fija en cómo la verga de otro se perdía dentro de mí.
—Más rápido —me dijo de pronto—. Quiero escuchar cómo te suena esa concha.
Obedecí. Empecé a rebotar más fuerte, mis nalgas golpeando contra él, el sonido húmedo llenando la habitación. La otra mujer se arrodilló a un lado y me chupó el clítoris mientras yo montaba a su esposo. Me corrí fuerte, apretando la verga ajena dentro de mí, goteando sobre sus muslos.
Apenas terminé, mi marido se levantó.
—Ahora de cuatro —ordenó.
Me puse en posición en la cama. El otro hombre se colocó detrás y me la metió de un solo empujón. Empezó a culearme duro, agarrándome de las caderas, mientras yo miraba a mi esposo. Él se acercó, me agarró del pelo y me metió la verga en la boca.
—Chúpamela mientras te la meten —me dijo con voz ronca—. Quiero sentir cómo gimes con la boca llena.
Me culearon los dos al mismo tiempo. Uno por atrás, el otro en la boca. Mis tetas colgaban y se movían con cada embestida. La otra mujer se metió debajo de mí y me chupaba los pezones. Era demasiado. Me corrí otra vez, temblando, con la verga de mi esposo hasta la garganta.
Cuando el otro hombre se acercó al borde, mi marido lo detuvo:
—Afuera. Solo yo le acabo adentro.
El hombre se acabo sobre mis nalgas. Mi esposo me volteó, me abrió las piernas y me culeó con furia, profundo, posesivo. Me miraba a los ojos mientras me llenaba.
—Dime de quién eres —exigió.
—Tuya… solo tuya —jadeé mientras sentía cómo me llenaba por completo.
Se corrió tan adentro que sentí el calor subirme hasta el estómago.
Después, mientras nos vestíamos, él me limpió con una toalla, me besó el cuello
Yo sonreí, todavía temblando, con las tetas marcadas de chupetones ajenos y la concha sensible.
Él me había metido en este mundo.
Apenas entramos, las miradas se me fueron encima. Mis pechos se movían con cada paso y yo lo sabía. Él me rodeó la cintura por detrás, me apretó una teta por encima de la tela y me susurró al oído:
—Hoy quiero verte culear
No tardamos en encontrar pareja. Un hombre alto, de piel oscura, bien vestido, y su esposa, una mujer delgada y sexy que no dejaba de mirarme las tetas. Hablaron un rato con nosotros. Después el hombre me miró directo y preguntó:
—¿Tu esposo te presta… o solo deja mirar?
Mi marido sonrió, me dio una nalgada suave y respondió por mí:
—Hoy la presto.
Nos llevaron a una de las habitaciones privadas del fondo. La luz era roja y baja. Había un sofá grande de cuero y una cama. Apenas cerramos la puerta, la otra mujer se me acercó, me bajó un poco el enterizo y sacó una de mis tetas. La chupó con ganas, mordiendo el pezón oscuro mientras su esposo se quitaba la camisa.
Mi marido se sentó en el sofá frente a nosotros, se bajó el pantalón y empezó a masturbarse despacio, mirándome sin pestañear.
—Súbete encima de él —me ordenó.
Obedecí. Me quité el enterizo completo. Quedé desnuda, con las tetas cayendo hacia adelante. El otro hombre se recostó y yo me monté encima. Agarré su verga gruesa, la guié hasta mi entrada y me la fui metiendo despacio, gimiendo mientras sentía cómo me abría. Cuando llegué hasta el fondo, empecé a subirme y bajarme, dejando que mis tetas botaran frente a su cara. Él las agarró con las dos manos y las chupó mientras yo lo culeaba.
Mi esposo no decía nada. Solo se tocaba más rápido, con la mirada fija en cómo la verga de otro se perdía dentro de mí.
—Más rápido —me dijo de pronto—. Quiero escuchar cómo te suena esa concha.
Obedecí. Empecé a rebotar más fuerte, mis nalgas golpeando contra él, el sonido húmedo llenando la habitación. La otra mujer se arrodilló a un lado y me chupó el clítoris mientras yo montaba a su esposo. Me corrí fuerte, apretando la verga ajena dentro de mí, goteando sobre sus muslos.
Apenas terminé, mi marido se levantó.
—Ahora de cuatro —ordenó.
Me puse en posición en la cama. El otro hombre se colocó detrás y me la metió de un solo empujón. Empezó a culearme duro, agarrándome de las caderas, mientras yo miraba a mi esposo. Él se acercó, me agarró del pelo y me metió la verga en la boca.
—Chúpamela mientras te la meten —me dijo con voz ronca—. Quiero sentir cómo gimes con la boca llena.
Me culearon los dos al mismo tiempo. Uno por atrás, el otro en la boca. Mis tetas colgaban y se movían con cada embestida. La otra mujer se metió debajo de mí y me chupaba los pezones. Era demasiado. Me corrí otra vez, temblando, con la verga de mi esposo hasta la garganta.
Cuando el otro hombre se acercó al borde, mi marido lo detuvo:
—Afuera. Solo yo le acabo adentro.
El hombre se acabo sobre mis nalgas. Mi esposo me volteó, me abrió las piernas y me culeó con furia, profundo, posesivo. Me miraba a los ojos mientras me llenaba.
—Dime de quién eres —exigió.
—Tuya… solo tuya —jadeé mientras sentía cómo me llenaba por completo.
Se corrió tan adentro que sentí el calor subirme hasta el estómago.
Después, mientras nos vestíamos, él me limpió con una toalla, me besó el cuello
Yo sonreí, todavía temblando, con las tetas marcadas de chupetones ajenos y la concha sensible.
Él me había metido en este mundo.
1 comentarios - noche en el boliche sw