Emily revoloteaba de lado a lado por su habitación. Se cercioró, de nuevo, de haber ordenado los apuntes por colores, preparado lápices de repuesto y dejado los dos vasos de agua sobre el escritorio. Y mientras lo hacía por enésima vez, llamaron a la puerta: debía ser él. Volvieron de súbito esos calores y el sobresalto en el pecho, como cuando hablaron en las taquillas por la mañana.
—¿Emily? —aquella masculina voz le delató tras la puerta.
—Sí. Pasa. —dijo ella con un hilo de voz.

Jake entró a la habitación con una mochila colgada al hombro y su cazadora de football. Aquella mañana había sido la primera vez que Emily había hablado con él y aun estaba asimilando que el capitán del equipo le hubiera pedido ayuda para preparar el examen de matemáticas.
—Gracias por recibirme, en serio —de nuevo esa voz—. Me han dicho que eres la mejor de la clase.

—Bueno, yo... Sólo es que me gusta estudiar —apenas si la chica conseguía levantar la mirada.
—Espero que puedas hacer un milagro conmigo. El examen es el viernes y estoy bastante perdido.
—No te preocupes. Empezaremos desde el principio e iremos poco a poco.
Jake se sentó junto al escritorio, las sillas estaba dispuestas la una frente a otra, pero él acercó la suya a la de la chica. Ella, como acto reflejo, resopló al sentir la cercanía.
—¿Qué te parece aquí? Así puedo ver mejor tus apuntes.
—Bien...
—¿Vale, ¿por dónde empezamos? —preguntó Jake animoso.

Emily bajó la mirada hacia el cuaderno.
—Yo creo que por aquí, por las ecuaciones. Vamos a ver desde dónde partimos, mira. Si tenemos dos equis más cuatro igual a diez, ¿qué tenemos que hacer para despejar la incógnita?
Jake examinó el ejercicio.
—¿Dividir entre dos?
—Primero tienes que restar cuatro.
—Puede ser —dijo el chico rascándose la cabeza.
—Y después divides entre dos.
—Seis dividido entre dos. Tres.
—Exacto.
Jake sonrió.
—Jajaja. No estoy tan mal, ¿eh?
—No. Lo has hecho bien.
Emily intentaba comportarse con naturalidad, tenerlo tan cerca la estaba matando. En clase, Jake solía estar rodeado de compañeros, siempre con la voz cantante. Sin embargo, sentado a su lado, parecía mucho más real.
—¿Y esto? —preguntó él, señalando el siguiente problema—. Con estas operaciones siempre me pierdo.
Emily se acercó al cuaderno para explicárselo, pero al hacerlo, fortuitamente, rozó el hombro del chico. Al contacto sintió aquella intensidad y tuvo que apartarse resoplando, fingiendo necesitar más espacio para escribir.
—Mi... Mira —"calma, Emily... Bufff" se dijo para no tartamudear—, tienes que seguir estos pasos. Si te saltas uno, es fácil equivocarse.
—¿Y si me equivoco?
—Lo intentamos otra vez.
—Jajaja, matemáticas y perseverancia... Está bien.
—Las matemáticas lo requieren.
—Bufff, Emily, gracias por la paciencia, ya ves lo duro de mollera que puedo llegar a ser —a ella le encantó escuchar su nombre en los labios del capitán.
—Lo estas entendiendo bien, no desesperes, sólo es que tienes que trabajarlo más.
—Entonces voy a necesitar más horas de tus clases —Emily apretó el lápiz entre los dedos reprimiendo una sonrisa—. Tienes que dejarme pagarte de alguna manera.
—Ya te dije esta mañana, no es necesario... Lo hago encantada —y al decirlo apartó la mirada.
Jake sonrió pensativo.
—Encontraré la manera de compensarte. Me estás salvando la vida.
Jake copió la siguiente ecuación. Sin poder evitarlo, Emily lo observó hacerlo de reojo, pero apartó la mirada rápidamente al verlo girarse hacia ella de repente.
—Oye, ¿tú siempre sacas buenas notas?
—Lo intento.
—¿Y cómo consigues sacar tiempo para todo? Estudiar, socializar, el novio... Esas cosas.
—No socializo demasiado, además... No tengo novio.
—Bueno, claro, es otra forma de ser. Yo quizá tenga demasiada vida social, estoy tan acostumbrado, quizá ese sea el problema.
No habría un momento mejor, el balón esperaba a ser pateado. Emily inspiró armándose de valor de valor.
—¿Y tú... tienes novia? Quiero decir... Con los entrenamientos y todo eso, debes de estar también muy ocupado.
Jake negó con la cabeza.
—Novia, novia, así como se entiende, no. Una relación formal requiere de mucho tiempo y yo ahora no lo tengo.
—Claro... —la chica trazó una pequeña línea en el margen de sus apuntes, aunque no había ninguna razón para hacerlo —. Bueno, será mejor que sigamos —propuso la chica reprimiendo otra sonrisa—. Todavía nos queda mucho.
—De acuerdo, profesora, pero dame un minuto, tengo que ir al baño.
En ese impás Emily echó un vistazo al móvil, tenía cuarenta mensajes sin leer de Jodie, su amiga. No paraba de preguntarle.

<Jodie> Tía, ¿está en tu casa? ¿Está ahora allí?
<Emily> Sí... acaba de ir al baño.
<Jodie> ¿Es tan guapo de cerca?
<Emily> Más, me está volviendo loca. Es un auténtico Adonis, casi no puedo ni hablar ni mirarle a la cara de guapo que es... Tía y qué músculos, es impresionante.
<Jodie> Hazle una foto por lo que más quieras.
<Emily> Nooo, ¿estás loca?
<Jodie> Cuando se descuide... y me la mandas. Sería genial poderme masturbar esta noche con ella.
<Emily> Estas Muuuy loca, tía...
<Jodie> Síii!!
<Emily> Oye, ¿sabes qué? Me ha dicho que no tiene novia...
<Jodie> ¿En serio? ¿Y lo de Amanda...?
<Emily> Tía, que vuelve... Luego te escribo.
—Ya estoy aquí ¿Por dónde seguimos?
—Tengo más problemas, a ver este —dijo señalando en su cuaderno— ¿Cómo lo resolverías? Primero léelo con calma y piensa.
Y así, luchando contra el cálculo, pasaron un par de horas de arduo estudio. Jake tenía las mejillas coloradas cuando pidió tiempo muerto.
—Tía, necesito un descanso —dijo soltando el lápiz sobre la mesa—. Si sigo mirando números, voy a empezar a ver el código de la realidad como en Matrix.
Emily sonrió.
—Podemos parar cinco minutos.
—¿Cinco? ¿No podríamos negociar diez?
—Siete.
—Eres una negociadora implacable, Emily Parker —de nuevo, que bien le sonó su nombre en boca de Jake.
—¿Agua?
—Por favor, he de refrigerarme.
Ella soltó una risita mientras se levantaba a rellenar el vaso. Todavía le resultaba extraño tenerlo allí, en su habitación, hablando como si fueran... ¿amigos?. En la universidad, Jake siempre estaba rodeado de moscardones pidiendo turno para revolotear a su vera. A ojos externos, resultaba tan presuntuoso. Sin embargo, nada más lejos de la realidad, nunca hubiera imaginado que fuera un chico tan cercano y agradable. Exhalaba la calma de los auténticos líderes.
—Sabes muchísimo de esto —dijo el después de darle un sorbo al vaso.
—Solo sé que no se nada, Jajaja... Me queda mucho por aprender aun.
—¿Y nunca te cansas? Quiero decir, está bien esforzarse, pero tiene que haber algo más en la vida que los libros. No te lo tomes a mal, simplemente quiero entenderlo.
—Es pura apetencia, tengo mucha curiosidad, hambre de conocimiento. Además, mi sueño es ser algún día investigadora científica.
—Es un bonito sueño... Y lo explica todo.
—¿Y tú, qué haces cuando no estás entrenando?
—Bufff, depende. Mi vida es mucho más convencional la verdad. Mucho cuerpo y poca mente, jajaja.
—¿No haces nada aparte de entrenar?
—No.
—¿No?
—¿No te lo crees?
—No, no es por eso...
—¿Y por qué lo preguntas?
—Es por... Bueno, ya sabes que eres muy popular en el campus...
—Venga, dispara... que se cuenta de mi.
—Que... Bueno... Qué eres un experto en masajes...
—¿En serio? ¿Eso se rumorea por ahí? Lo comenté el otro día y ya está puesto en el tabón de anuncios.
—Yo lo escuché la semana pasada... ¿Es verdad?
—Jajaja, sí que lo es, hace un par años hice un curso de masaje, en verano, en la playa, durante los quince días que estuve allí. Igual ese curso es lo menos convencional que he hecho en mi vida.
—¿Tan especial fue?
—De veras que sí...
Emily parpadeó y cambió el rictus.
—¿Y esa cara? —preguntó Jake al ver gesticular a la chica—. ¿Qué has escuchado sobre el curso?
—Nada... Un curso de masaje normal... Pero especial, claro.
—Jajaja, claro que sí, y yo me lo creo.
—Bufff, cuéntamelo tú, lo que me han dicho puede ser cualquier cosa.
—La verdad es que todo fue idea de mi tío. Aquel año perdimos la liga, yo había estado lesionado los tres últimos partidos y no paraba de culparme, cuando llegue a la playa estaba bastante hundido. Entonces, mi tío, me presentó a un antiguo amigo suyo, un hippie bastante peculiar. Llevaba el pelo hasta la cintura, iba descalzo por todas partes y hablaba de la energía del universo como si estuviera explicando cómo funciona una lavadora.
Emily se rio.
—No quiero ni pensar lo que le hubiera parecido a una estudiante de ciencias como tú. Sus métodos eran tan... únicos. Mezclaba antiguas leyendas hindúes con tradiciones de los pueblos indígenas de allí. Hablaba de puntos de energía, del equilibrio entre el cuerpo y el espíritu, de cómo las tensiones físicas a veces tienen que ver con cosas que ni siquiera sabes que te preocupan.
—He de reconocer que no creo mucho en esas cosas.
—A mi me pasaba igual, pero me dejé llevar por sus enseñanzas, las impartía todo con tanta determinación. Quizá alguna vez te cuente cómo fue el proceso. El asunto es que aprendí bien a hacer aquellos masajes, te sorprenderías lo efectivos que pueden resultar.
Emily, absorta, acariciaba el borde del vaso con la yema del dedo.
—No es eso lo que se dice por el campus... O no todo.
—¿Y qué se dice?
—Que esos masajes son realmente especiales.
—Lo son... son Tántricos... Ya sabes, están orientados a despertar y satisfacer la libido. El curso lo hicimos un grupo de gente muy variopinta y entre nosotros había varias mujeres que querían aprender a conocerse. Los últimos días estuvimos practicando los unos con los otros. No es por alardear pero al final, en la "graduación" me obsequiaron un colgante, todo muy hippie. Era una especie de trofeo MVP. Conseguí que una de aquellas mujeres sintiera cosas increíbles. Jamás hubiera pensado que hacer una cosa así podía dárseme tan bien.
Emily era todo oídos.
—¿Es eso lo que se rumoreaba?
—Sí, en parte... —ella, dubitativa, tardó una eternidad en responder.
—¿Entonces?
—Nada, sólo que estaba pensando en lo que has dicho de esa mujer.
—¡Ah! Margaret se llamaba, menuda historia la suya. Era divorciada y había tenido una vida sexual muy pobre con su marido. Él era el típico hombre antiguo que no se preocupaba nada por sus necesidades. Yo, practicando con ella, logré que alcanzara su primer orgasmo. Bueno, el primero y los cien siguientes. Descubrimos que era multi orgásmica. Las últimas veces, de los temblores, lo dejaba todo perdido.
Emily suspiró...
—¿Qué pasa Emily? ¿No te ha gustado la historia? ¿Quieres que volvamos a estudiar?
—No es eso, es... Bufff. Mientras hablabas algo que me ha hecho recordar.
—Yo estoy confiando en ti, te estoy contando mi vida, si quieres tú puedes hacerlo en mi. Nunca he fallado a un amigo.
A la chica le encantó como sonó esa palabra... "amigo"
—Jake, a mi me pasa un poco como a Margaret, mi vida sexual también es muy pobre... Sólo lo he hecho una vez, con un chico del pueblo, un auténtico animal. No me gustó la experiencia, lo pasé mal... Además, le he cogido miedo a... a explorarme...
—¿De veras? Estás hablando con el MVP de este problema. Yo si quieres puedo ayudarte.
—¿Ayudarme?
—Sí... Ayudarte. Vamos, bájate la falda.
—¿Quéee? ¿Ahora? ¿Aquí...? Nooo.
—¿Por qué no? yo ya estoy saturado de tantas matemáticas. Nos servirá para relajarnos, y verás lo fácul que solucionamos tu problema.
—Joder, Jake... Yo, soy... Bufff… Yo soy muy...
—¿Tímida?
—Sí... ¿no se me nota?
—Venga, no lo pienses, bájate la falda y súbete a la cama. ¿Está bien cerrada la puerta?
Con la mirada perdida miró al pomo de la puerta.
—Sí, está bien cerrada —y diciendo esto se echó mano a la cremallera de la falda —. Me da tanta vergüenza esto.

—No sé por qué, eres muy guapa.
—¿Tú crees?
—Claro...
—Me pongo así...
—Jajaja, sí, pero has de abrir las piernas.
—Joder Jake... Qué locura.
Se miraron a los ojos y ella comenzó a abrirse de piernas lentamente.
—También las bragas... Fuera.

—¿A... Así? —tartamudeó la chica.
—Sí, así... Ahora respira profundamente... Inspirar, expirar... Inspirar, expirar... Uno... Dos. Relájate… —Jake, comenzó por meterle un pulgar en la boca, para que se entretuviera chupando—. Así... Ahora voy a estimularte... ¿Qué tal?
—Ufff... Bien... —suspiró al sentir el contacto de los dedos del chico sobre su sexo—. Ummmmm… Muuuy bien...

—Eres una chica preciosa...
—Uffff… ¿Tú crees, Jake?
—Sí que lo creo...
—Así... Inspirar... expirar... Eres un todo con el universo, el viento, la lluvia, el mar... El viento de las montañas...
—Ahhhhh…
—Estás muy excitada... Voy a enseñarte a explorarte la pared anterior vaginal... Así, con dos dedos...
—¿Co... Con dos...? —preguntó abriendo los ojos...
—Sí... Respira, mira, así —Jake le introdujo en la vagina el anular y el corazón de su mano derecha, muy lentamente. Emily suspiró con el roce y al sentirlos llegar tan adentro. Con las yemas de los dedos le acarició el interior para después sacárselos y volver a empezar.

—Ahhhhhhh, joder Jake...
—¿Así...?
—Síiiiiiiii.
—La brisa del mar, las estrellas del firmamento, las flores, el sol... Sois todo uno... El universo y tú... Tú y el universo...
—Buffff… Ahhhhhhh… ¿Qué me pasa?
—Estas llegando Emily, es la cima, es el cielo... estas llegando... Déjate llevar...
—Ahhhhh, Ahhhhhhhhh… Me corroooooooooo.
Cuando paró de temblar se le quedo mirando y no pudo parar de hacerlo durante un buen rato. Cuando se lo contara a Jodie no se lo iba a creer.
Continuará...
—¿Emily? —aquella masculina voz le delató tras la puerta.
—Sí. Pasa. —dijo ella con un hilo de voz.

Jake entró a la habitación con una mochila colgada al hombro y su cazadora de football. Aquella mañana había sido la primera vez que Emily había hablado con él y aun estaba asimilando que el capitán del equipo le hubiera pedido ayuda para preparar el examen de matemáticas.
—Gracias por recibirme, en serio —de nuevo esa voz—. Me han dicho que eres la mejor de la clase.

—Bueno, yo... Sólo es que me gusta estudiar —apenas si la chica conseguía levantar la mirada.
—Espero que puedas hacer un milagro conmigo. El examen es el viernes y estoy bastante perdido.
—No te preocupes. Empezaremos desde el principio e iremos poco a poco.
Jake se sentó junto al escritorio, las sillas estaba dispuestas la una frente a otra, pero él acercó la suya a la de la chica. Ella, como acto reflejo, resopló al sentir la cercanía.
—¿Qué te parece aquí? Así puedo ver mejor tus apuntes.
—Bien...
—¿Vale, ¿por dónde empezamos? —preguntó Jake animoso.

Emily bajó la mirada hacia el cuaderno.
—Yo creo que por aquí, por las ecuaciones. Vamos a ver desde dónde partimos, mira. Si tenemos dos equis más cuatro igual a diez, ¿qué tenemos que hacer para despejar la incógnita?
Jake examinó el ejercicio.
—¿Dividir entre dos?
—Primero tienes que restar cuatro.
—Puede ser —dijo el chico rascándose la cabeza.
—Y después divides entre dos.
—Seis dividido entre dos. Tres.
—Exacto.
Jake sonrió.
—Jajaja. No estoy tan mal, ¿eh?
—No. Lo has hecho bien.
Emily intentaba comportarse con naturalidad, tenerlo tan cerca la estaba matando. En clase, Jake solía estar rodeado de compañeros, siempre con la voz cantante. Sin embargo, sentado a su lado, parecía mucho más real.
—¿Y esto? —preguntó él, señalando el siguiente problema—. Con estas operaciones siempre me pierdo.
Emily se acercó al cuaderno para explicárselo, pero al hacerlo, fortuitamente, rozó el hombro del chico. Al contacto sintió aquella intensidad y tuvo que apartarse resoplando, fingiendo necesitar más espacio para escribir.
—Mi... Mira —"calma, Emily... Bufff" se dijo para no tartamudear—, tienes que seguir estos pasos. Si te saltas uno, es fácil equivocarse.
—¿Y si me equivoco?
—Lo intentamos otra vez.
—Jajaja, matemáticas y perseverancia... Está bien.
—Las matemáticas lo requieren.
—Bufff, Emily, gracias por la paciencia, ya ves lo duro de mollera que puedo llegar a ser —a ella le encantó escuchar su nombre en los labios del capitán.
—Lo estas entendiendo bien, no desesperes, sólo es que tienes que trabajarlo más.
—Entonces voy a necesitar más horas de tus clases —Emily apretó el lápiz entre los dedos reprimiendo una sonrisa—. Tienes que dejarme pagarte de alguna manera.
—Ya te dije esta mañana, no es necesario... Lo hago encantada —y al decirlo apartó la mirada.
Jake sonrió pensativo.
—Encontraré la manera de compensarte. Me estás salvando la vida.
Jake copió la siguiente ecuación. Sin poder evitarlo, Emily lo observó hacerlo de reojo, pero apartó la mirada rápidamente al verlo girarse hacia ella de repente.
—Oye, ¿tú siempre sacas buenas notas?
—Lo intento.
—¿Y cómo consigues sacar tiempo para todo? Estudiar, socializar, el novio... Esas cosas.
—No socializo demasiado, además... No tengo novio.
—Bueno, claro, es otra forma de ser. Yo quizá tenga demasiada vida social, estoy tan acostumbrado, quizá ese sea el problema.
No habría un momento mejor, el balón esperaba a ser pateado. Emily inspiró armándose de valor de valor.
—¿Y tú... tienes novia? Quiero decir... Con los entrenamientos y todo eso, debes de estar también muy ocupado.
Jake negó con la cabeza.
—Novia, novia, así como se entiende, no. Una relación formal requiere de mucho tiempo y yo ahora no lo tengo.
—Claro... —la chica trazó una pequeña línea en el margen de sus apuntes, aunque no había ninguna razón para hacerlo —. Bueno, será mejor que sigamos —propuso la chica reprimiendo otra sonrisa—. Todavía nos queda mucho.
—De acuerdo, profesora, pero dame un minuto, tengo que ir al baño.
En ese impás Emily echó un vistazo al móvil, tenía cuarenta mensajes sin leer de Jodie, su amiga. No paraba de preguntarle.

<Jodie> Tía, ¿está en tu casa? ¿Está ahora allí?
<Emily> Sí... acaba de ir al baño.
<Jodie> ¿Es tan guapo de cerca?
<Emily> Más, me está volviendo loca. Es un auténtico Adonis, casi no puedo ni hablar ni mirarle a la cara de guapo que es... Tía y qué músculos, es impresionante.
<Jodie> Hazle una foto por lo que más quieras.
<Emily> Nooo, ¿estás loca?
<Jodie> Cuando se descuide... y me la mandas. Sería genial poderme masturbar esta noche con ella.
<Emily> Estas Muuuy loca, tía...
<Jodie> Síii!!
<Emily> Oye, ¿sabes qué? Me ha dicho que no tiene novia...
<Jodie> ¿En serio? ¿Y lo de Amanda...?
<Emily> Tía, que vuelve... Luego te escribo.
—Ya estoy aquí ¿Por dónde seguimos?
—Tengo más problemas, a ver este —dijo señalando en su cuaderno— ¿Cómo lo resolverías? Primero léelo con calma y piensa.
Y así, luchando contra el cálculo, pasaron un par de horas de arduo estudio. Jake tenía las mejillas coloradas cuando pidió tiempo muerto.
—Tía, necesito un descanso —dijo soltando el lápiz sobre la mesa—. Si sigo mirando números, voy a empezar a ver el código de la realidad como en Matrix.
Emily sonrió.
—Podemos parar cinco minutos.
—¿Cinco? ¿No podríamos negociar diez?
—Siete.
—Eres una negociadora implacable, Emily Parker —de nuevo, que bien le sonó su nombre en boca de Jake.
—¿Agua?
—Por favor, he de refrigerarme.
Ella soltó una risita mientras se levantaba a rellenar el vaso. Todavía le resultaba extraño tenerlo allí, en su habitación, hablando como si fueran... ¿amigos?. En la universidad, Jake siempre estaba rodeado de moscardones pidiendo turno para revolotear a su vera. A ojos externos, resultaba tan presuntuoso. Sin embargo, nada más lejos de la realidad, nunca hubiera imaginado que fuera un chico tan cercano y agradable. Exhalaba la calma de los auténticos líderes.
—Sabes muchísimo de esto —dijo el después de darle un sorbo al vaso.
—Solo sé que no se nada, Jajaja... Me queda mucho por aprender aun.
—¿Y nunca te cansas? Quiero decir, está bien esforzarse, pero tiene que haber algo más en la vida que los libros. No te lo tomes a mal, simplemente quiero entenderlo.
—Es pura apetencia, tengo mucha curiosidad, hambre de conocimiento. Además, mi sueño es ser algún día investigadora científica.
—Es un bonito sueño... Y lo explica todo.
—¿Y tú, qué haces cuando no estás entrenando?
—Bufff, depende. Mi vida es mucho más convencional la verdad. Mucho cuerpo y poca mente, jajaja.
—¿No haces nada aparte de entrenar?
—No.
—¿No?
—¿No te lo crees?
—No, no es por eso...
—¿Y por qué lo preguntas?
—Es por... Bueno, ya sabes que eres muy popular en el campus...
—Venga, dispara... que se cuenta de mi.
—Que... Bueno... Qué eres un experto en masajes...
—¿En serio? ¿Eso se rumorea por ahí? Lo comenté el otro día y ya está puesto en el tabón de anuncios.
—Yo lo escuché la semana pasada... ¿Es verdad?
—Jajaja, sí que lo es, hace un par años hice un curso de masaje, en verano, en la playa, durante los quince días que estuve allí. Igual ese curso es lo menos convencional que he hecho en mi vida.
—¿Tan especial fue?
—De veras que sí...
Emily parpadeó y cambió el rictus.
—¿Y esa cara? —preguntó Jake al ver gesticular a la chica—. ¿Qué has escuchado sobre el curso?
—Nada... Un curso de masaje normal... Pero especial, claro.
—Jajaja, claro que sí, y yo me lo creo.
—Bufff, cuéntamelo tú, lo que me han dicho puede ser cualquier cosa.
—La verdad es que todo fue idea de mi tío. Aquel año perdimos la liga, yo había estado lesionado los tres últimos partidos y no paraba de culparme, cuando llegue a la playa estaba bastante hundido. Entonces, mi tío, me presentó a un antiguo amigo suyo, un hippie bastante peculiar. Llevaba el pelo hasta la cintura, iba descalzo por todas partes y hablaba de la energía del universo como si estuviera explicando cómo funciona una lavadora.
Emily se rio.
—No quiero ni pensar lo que le hubiera parecido a una estudiante de ciencias como tú. Sus métodos eran tan... únicos. Mezclaba antiguas leyendas hindúes con tradiciones de los pueblos indígenas de allí. Hablaba de puntos de energía, del equilibrio entre el cuerpo y el espíritu, de cómo las tensiones físicas a veces tienen que ver con cosas que ni siquiera sabes que te preocupan.
—He de reconocer que no creo mucho en esas cosas.
—A mi me pasaba igual, pero me dejé llevar por sus enseñanzas, las impartía todo con tanta determinación. Quizá alguna vez te cuente cómo fue el proceso. El asunto es que aprendí bien a hacer aquellos masajes, te sorprenderías lo efectivos que pueden resultar.
Emily, absorta, acariciaba el borde del vaso con la yema del dedo.
—No es eso lo que se dice por el campus... O no todo.
—¿Y qué se dice?
—Que esos masajes son realmente especiales.
—Lo son... son Tántricos... Ya sabes, están orientados a despertar y satisfacer la libido. El curso lo hicimos un grupo de gente muy variopinta y entre nosotros había varias mujeres que querían aprender a conocerse. Los últimos días estuvimos practicando los unos con los otros. No es por alardear pero al final, en la "graduación" me obsequiaron un colgante, todo muy hippie. Era una especie de trofeo MVP. Conseguí que una de aquellas mujeres sintiera cosas increíbles. Jamás hubiera pensado que hacer una cosa así podía dárseme tan bien.
Emily era todo oídos.
—¿Es eso lo que se rumoreaba?
—Sí, en parte... —ella, dubitativa, tardó una eternidad en responder.
—¿Entonces?
—Nada, sólo que estaba pensando en lo que has dicho de esa mujer.
—¡Ah! Margaret se llamaba, menuda historia la suya. Era divorciada y había tenido una vida sexual muy pobre con su marido. Él era el típico hombre antiguo que no se preocupaba nada por sus necesidades. Yo, practicando con ella, logré que alcanzara su primer orgasmo. Bueno, el primero y los cien siguientes. Descubrimos que era multi orgásmica. Las últimas veces, de los temblores, lo dejaba todo perdido.
Emily suspiró...
—¿Qué pasa Emily? ¿No te ha gustado la historia? ¿Quieres que volvamos a estudiar?
—No es eso, es... Bufff. Mientras hablabas algo que me ha hecho recordar.
—Yo estoy confiando en ti, te estoy contando mi vida, si quieres tú puedes hacerlo en mi. Nunca he fallado a un amigo.
A la chica le encantó como sonó esa palabra... "amigo"
—Jake, a mi me pasa un poco como a Margaret, mi vida sexual también es muy pobre... Sólo lo he hecho una vez, con un chico del pueblo, un auténtico animal. No me gustó la experiencia, lo pasé mal... Además, le he cogido miedo a... a explorarme...
—¿De veras? Estás hablando con el MVP de este problema. Yo si quieres puedo ayudarte.
—¿Ayudarme?
—Sí... Ayudarte. Vamos, bájate la falda.
—¿Quéee? ¿Ahora? ¿Aquí...? Nooo.
—¿Por qué no? yo ya estoy saturado de tantas matemáticas. Nos servirá para relajarnos, y verás lo fácul que solucionamos tu problema.
—Joder, Jake... Yo, soy... Bufff… Yo soy muy...
—¿Tímida?
—Sí... ¿no se me nota?
—Venga, no lo pienses, bájate la falda y súbete a la cama. ¿Está bien cerrada la puerta?
Con la mirada perdida miró al pomo de la puerta.
—Sí, está bien cerrada —y diciendo esto se echó mano a la cremallera de la falda —. Me da tanta vergüenza esto.

—No sé por qué, eres muy guapa.
—¿Tú crees?
—Claro...
—Me pongo así...
—Jajaja, sí, pero has de abrir las piernas.
—Joder Jake... Qué locura.
Se miraron a los ojos y ella comenzó a abrirse de piernas lentamente.
—También las bragas... Fuera.

—¿A... Así? —tartamudeó la chica.
—Sí, así... Ahora respira profundamente... Inspirar, expirar... Inspirar, expirar... Uno... Dos. Relájate… —Jake, comenzó por meterle un pulgar en la boca, para que se entretuviera chupando—. Así... Ahora voy a estimularte... ¿Qué tal?
—Ufff... Bien... —suspiró al sentir el contacto de los dedos del chico sobre su sexo—. Ummmmm… Muuuy bien...

—Eres una chica preciosa...
—Uffff… ¿Tú crees, Jake?
—Sí que lo creo...
—Así... Inspirar... expirar... Eres un todo con el universo, el viento, la lluvia, el mar... El viento de las montañas...
—Ahhhhh…
—Estás muy excitada... Voy a enseñarte a explorarte la pared anterior vaginal... Así, con dos dedos...
—¿Co... Con dos...? —preguntó abriendo los ojos...
—Sí... Respira, mira, así —Jake le introdujo en la vagina el anular y el corazón de su mano derecha, muy lentamente. Emily suspiró con el roce y al sentirlos llegar tan adentro. Con las yemas de los dedos le acarició el interior para después sacárselos y volver a empezar.

—Ahhhhhhh, joder Jake...
—¿Así...?
—Síiiiiiiii.
—La brisa del mar, las estrellas del firmamento, las flores, el sol... Sois todo uno... El universo y tú... Tú y el universo...
—Buffff… Ahhhhhhh… ¿Qué me pasa?
—Estas llegando Emily, es la cima, es el cielo... estas llegando... Déjate llevar...
—Ahhhhh, Ahhhhhhhhh… Me corroooooooooo.
Cuando paró de temblar se le quedo mirando y no pudo parar de hacerlo durante un buen rato. Cuando se lo contara a Jodie no se lo iba a creer.
Continuará...
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