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Cachonda e inocente

¿No os ha pasado que al levantaros sentís un fuego desbocado ahí abajo entre las piernas?
A mí me pasa a veces. La mente pierde el control y me pide vivir una experiencia sin control donde el sexo gobierne mi mente como un barco entre gigantescas olas?
La respiración se agota, el corazón empieza a girar sobre su mismo bombeando sangre con una decidída orden: sexo.
Desperté sudada. Un sueño lejano aún me susurraba con gemidos una escena violente donde era penetrada por varios hombres transformados en simios deseosos de alcanzar sus orgasmos dentro de mí.
La ventana estaba abierta. Yo vivo en un primer piso en un calle muy céntrica junto a la plaza mayor. Decidí asomarme desnuda. Ardia y mis piernas temblaban sin tener claro hacia donde me llevaban.
Abajo algunas personas, familias, otros perdidos buscando la puerta del sol o algún barrendero limpiando las calles inmersos en sus descafeinados universos.
Apoyé mi pequeño pero firme trasero desnudo en la barandilla dando mi espalda tatuada a la calle, y me fumé un porro medio terminado que nos había quedado en el suelo. Inspiré sintiendo el fresco aire de la calle en mi delgado y atlético cuerpo. Quizás alguien me estuviera mirando, o haciéndole fotos, o solo me observaban con desprecio .. no importaba. Mi mente estaba atrapada en un solo camino, necesitaba sexo, necesitaba sentir esa experiencia descontrolada que tanto anula mi mente para alejar la realidad caótica y sin sentido que suele golpearnos con los primeros rayos de luz.
Y no tardaron en llegar del cuarto de al lado, donde guardo mi mesa de dj mis tres amigos tan o más excitacos como yo. Rafa fuerte, con una barba descuidada y una mirada traviesa esnifo una raya que quedaba en la mesa mientras me seafiaba con la mirada y enorme ballesta apuntando hacia el vacío como si fuera una enorme vara de hierro.
Albert se acaeiaba su miembro mientras caminaba hacia mi con esos pasos chulos que tanto le caracterizaban y sentado a mi derecha en el sofá Rauk se masturbaba baboseabdo mientras me observaba
Yo decidí sonreír, me di la vuelta, apreté fuerte las manos en la barandilla y tras lanzar la última calada al aire dejé que uno a uno me fueran penetrando .
El primer roce me erizó la piel, Rafa acarició mi espalda dibujando con el dedo el as de picas negro que es mi tatuaje, luego cuando llego a mí trasero separó mis nalgas suavemente y empezó a lamer me como un animal buscando comida para sobrevivir.
Me estremecí, un rato atravesó mi espalda haciéndome poner de puntillas mientras un estertor de placer se apoderaba de mi.
Fue una experiencia brutal pero no tanto como cuando fue penetrandome lentamente, saboreando ese momento... Mis piernas cedieron...
Rafa gimió con rabia, sacando toda el ansia que le gobernaba su mente. Me apretó con fuerza rodeándome con sus poderosos brazos la cintura... Y entonces otro espasmos, otro calambre de placer hizo que mis senos pareciesen explotar. Gemi con desesperación sin ser consciente de que abajo en la calle la gente paseaba como si nada ajena a nuestro mundo de pasión y locura...
continuará...
Cachonda e inocente
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